paraguayas
El concepto de comercio fronterizo hace referencia a un tráfico comercial que se basa en el aprovechamiento de las diferencias
cam-10 o 15 minutos. Comprobamos que en las primeras tres horas matutinas, de 8.30h a 11.30h, cruzaron en dirección Encarnación-Posadas alrededor de 250 paseras paraguayas, mientras que por la tarde de 14h a 17h lo hicieron 150.
biarias monetarias y en la comercialización de bienes y servicios “no comercializables” desde el punto de vista del comercio exterior. Es decir que, en un espacio como el de nuestro caso, productos como materiales de construcción o servicios como peluquería son aptos para el comercio a través de la frontera (OVIEDO, 2001). El comercio fronterizo incluye al comercio formal, es decir, un comercio desar-rollado según las normas y requerimientos del país, lo que garantiza la procedencia y la calidad de los bienes. Pero también está incluido el comercio informal, que es aquel que no se rige por las normativas y leyes relativas a las transacciones de bienes y/o servicios del país en donde se ejerce. En este marco, la labor de la pasera paraguaya es des-cripta comúnmente como “contrabando hormiga”, dado que consiste en ingresar al país mercancía sin declarar y en escasas cantidades, argu-mentando que son para “uso personal” para no pagar tributo. Esta es una práctica característica de las áreas fronterizas, como lo demuestra el ejemplo de los sacoleiros y sacoleiras entre Brasil, Argentina y Para-guay, entre otros (CORVALÁN y ELÍAS, 1999).4
Consideramos que la práctica de la pasera paraguaya es “tradi-cional” por dos razones. En primer lugar por tratarse de una práctica comercial de larga data entre las dos ciudades según los habitantes del área: los primeros relatos sobre ésta datan de 1880, apenas unos años después del tratado de límites de 1876 que definió la frontera in-ternacional entre Argentina y Paraguay en este tramo (SCHIAVONI, 1993; GRIMSON, 2002; KRAUTSTOFL, 2014; LINARES, 2017). En segundo lugar, como veremos en el próximo apartado, para muchas paseras su trabajo forma parte de una costumbre o tradición fami-liar femenina en tanto práctica que se transmite de generación en generación (SCHIAVONI, 2000; CORVALÁN y ELIÁS, 1999). Este comercio fronterizo se llevaba a cabo, desde el siglo XIX y hasta 1990, en balsas o lanchas que cruzaban el río Paraná. Pero a partir de 1990 con la inauguración del puente internacional, el volumen de este comercio se redimensionó, al punto que algunos comerciantes posa-deños denunciaron esta práctica como “contrabando”. Sin embargo,
4 Es interesante remarcar que, mientras Corvalán y Elías (1999) califican el trabajo de la pasera paraguaya entre Posadas y Encarnación como “un particular flujo migratorio cotidiano” o una “tradicional institución”, describen el trabajo realizado por los/as sacoleiros5as brasileros como “contrabando de hormiga” (1999, p. 66-67).
la categorización de esta actividad comercial como contrabando, aún como contrabando hormiga, es compleja ya que en algunos casos las paseras tienen la posibilidad de amparar su práctica en los diferentes regímenes aduaneros y migratorios, como los regímenes de Tránsito y Tráfico Vecinal Fronterizo (para aquellas personas que habitan en un radio de 50 kilómetros a la redonda de Posadas y Encarnación, con una franquicia reducida) o el Régimen de Equipaje (para personas con residencia fuera de los 50 kilómetros a la redonda de Posadas y Encarnación, con una franquicia de 150 dólares estadounidenses en artículos de uso personal) (LINARES, 2013). Por esta razón, siguien-do a Alejandro Benedetti (2011) y a la misma auto-identificación de las paseras, llamamos este tipo de actividad “comercio hormiga”. Y decimos “actores del comercio fronterizo” porque, a partir de 1990 no sólo aumentó la cantidad de mujeres que se iniciaron en el “trabajo de la frontera” a través del puente internacional sino que su práctica comercial implicó el movimiento de otros factores afines a la actividad que fuimos descubriendo a partir de la observación participante y de las entrevistas realizadas, éstos son: clientes (que pueden ser particu-lares que les compran a las paseras o dueños de negocios en Posadas a quiénes las paseras le “llevan” mercadería), taxistas o mototaxistas (transporte), estudiantes “paquitos”,5 paseros y puesteros de los mer-cados “paraguayos” (que también contratan a paseras para proveerse de mercaderías) (LINARES, 2013).
Desde el punto de vista laboral, la circulación cotidiana de las paseras paraguayas, sus estrategias comerciales, los medios de cruce in-ternacional, los modos de venta y los clientes, todo está determinado por el tipo de mercancías que “cruza” o “trabaja” cada pasera. Encon-tramos, de acuerdo a estas mercancías, dos tipos de paseras: a) las ver-duleras, que comercian frutas, verduras y “yuyos medicinales” y b) las paseras, que comercian una gran variedad de mercaderías paraguayas e importadas, como por ejemplo artículos textiles (manteles, toallas, sábanas, acolchados), artículos de vestir, termos, paraguas, zapatillas de segundas marcas, maquillaje, medicamentos caseros (jarabes de miel y propóleos) y artículos para el cabello.
5 Se denominan “paquitos” a aquellos estudiantes universitarios de Posadas y Encarnación que, por no ser oriundos de esas ciudades, tienen un régimen de franquicia aduanera especial que “alquilan” a las paseras una vez por mes (LINARES, 2013).
Dentro de la categoría “pasera”, encontramos dos subtipos: las
“intermediarias” y las “vendedoras”. Las paseras “intermediarias” pa-san las mercaderías para un cliente, en general un puestero en los Mercados paraguayos de Posadas (el Mercado Modelo y la Placita del Puente), mientras que las “vendedoras” venden ellas mismas en sus puestos a clientes particulares. Emilia, en una entrevista del año 2010, nos explicaba: “Yo, nosotras somos vendedoras porque compramos allá [por Encarnación], traemos y vendemos acá. Porque hay algunas que son paseras, que le compran otra persona y ellas hacen pasar no-más. Nosotras traemos y vendemos” (Emilia, 6/8/2010).6
De acuerdo a dichas mercaderías se decidirá la vía del cruce ha-cia Posadas: la fluvial o la terrestre, decisión realizada en función del tipo de control que recibirán en cada caso. En el puente internacional se encuentran todos los organismos de control fronterizo (aduanero, fitosanitario, migratorio) mientras que en el puerto de Posadas no existe el control fitosanitario del Senasa, que controla el ingreso de frutas y verduras.
Por esta razón, las paseras “verduleras” prefieren cruzar por me-dio de la lancha para evitar los controles fitosanitarios. Llevan bolsos cargados con productos de sus huertas, que se encuentran en las inme-diaciones de Encarnación (por ejemplo, Coronel Bogado o Colonia Cuatro Potreros). Una vez en Posadas, algunas se dirigen al Mercado Central de frutas y verduras para abastecerse mejor. Luego tienen dos opciones: armar un puesto precario en las veredas de la ciudad o la venta ambulante. Las paseras que trabajan del comercio ambulante ofrecen sus productos “casa por casa” y suelen caminar cargadas de mercadería un barrio o dos. Nuestra experiencia, en el Barrio Villa Sarita, nos indicó que se reparten el barrio entre diez y veinte paseras, que se mueven en grupos de tres o cuatro, ya sea por días (unas van a Posadas solo dos veces por semana) o por calles. Cuando terminan la venta, regresan a Encarnación.
Las paseras intermediarias y las vendedoras realizan el cruce en taxis, mototaxis o en el ómnibus, por el puente internacional,
llevan-6 Debemos aclarar que esta tipología realizada responde al objetivo de identificar tipos de trabajos diferenciados pero, en la realizad, en ocasiones los tipos se encontraron combinados.
do bolsos negros y “surtidos”. Se organizan en grupos para dividir la mercadería de manera equitativa en sus equipajes: luego del aprovi-sionamiento de mercaderías en Encarnación, “arman” los bolsos de manera que, vez de llevar un bolso con 10 termos y otro con 10 pares de zapatillas, cada pasera llevará un bolso con un ejemplar de cada artículo para argumentar que son para “uso personal” y así estar am-paradas por la ley al momento de los controles fronterizos. Cuando llegan a Posadas, las paseras “vendedoras” arman puestos de venta (con mesas o directamente con mantas en el suelo) y hacen un horario
“comercial”, volviendo a sus hogares en Encarnación recién a las 20h.
Las paseras intermediarias, en cambio, esperan en alguna esquina o en las veredas de los alrededores de los mercados paraguayos para “en-tregar” la mercadería a su cliente/empleador. El tiempo de espera es variable, en ocasiones pueden llegar a ser algunas horas. Una vez que entregan la mercadería, vuelven a Encarnación a “buscar más” – si aún es temprano – o regresan a sus hogares. En general, todas las paseras, al terminar su jornada, realizan alguna compra en Posadas y regresan a Encarnación. Entre el cruce de “ida” y el de “vuelta”, las paseras ganan su sustento, conversan con sus clientes, se encuentran con amigas y familiares, descansan, almuerzan, viven su cotidianeidad en la ciudad de Posadas.
Las 30 paseras entrevistadas vivían en Paraguay y cruzaban la frontera una o varias veces por día con fines estrictamente laborales.
Se trata de un ejemplo de circulación fronteriza que no implica la de-cisión de residir permanentemente en otro país que no sea el propio.
En este contexto, al preguntarle sobre sus motivaciones para cruzar la frontera cotidianamente, las respuestas de las paseras paraguayas gira-ban en torno a tres cuestiones: 1) mantener económicamente a sus fa-milias, como ejemplifica el caso de María o Anónima no 8: “Llevamos a casa para el puchero. Siempre salvamos alguito para la casa, para tener nuestra platita” (María, 27/4/2009); “(lo peor es) el cruce, cómo nos tratan ahí. Hemos sufrido maltratos muchísimas veces, de los gen-darmes, de los aduaneros… A veces te da pena venir. Yo quisiera tener plata y nunca venir más a Argentina” (Anónima no 8, 12/8/2010); 2) realizar una actividad laboral más redituable que lo que ofrece el mer-cado laboral paraguayo (específicamente dentro del sector de servicio doméstico y comercio), como explica Laureana: “No hay trabajo en
el Paraguay… y a donde vamos a ir a parar si cuando no hay trabajo, adonde, decime? Tiene que ir al país ajeno, a rebuscarse, si no hay trabajo (…). Nosotras tenemos que callar, a dónde vamos a ir llorar? no hay a donde ir a llorar. A mí nunca me maltrataron, porque cuando me retan me callo” (Laureana, 30/4/2009); y 3) realizar una actividad que les da satisfacción, como nos cuenta Tamara con cierto orgullo:
Crié a todos mis hijos trabajando en la frontera. Gracias a Dios. Tengo siete hijos. Seis varones y una nena. Y gracias a Dios ya soy abuela. Pero sigo tra-bajando porque me gusta! Yo no tengo marido, soy madre soltera. Y gracias a Dios crié a los siete, con el trabajo de la frontera. Me gusta trabajar, veni-mos acá y charlaveni-mos con las compañeras, con las otras compañeras, con los clientes… todo ese clima, ese ambiente que hay… que viene a ser como de amistad ya, por todos los años… ya no es un trabajo… pero tiene también su sacrificio, verdad? hay días y hay días… (Tamara, 6/8/2010).