Como un nuevo pentecostés - Patti Gallagher

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Texto

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EL DRAMÁTICO COMIENZO DE LA

RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA

Patti Gallagher Mansfield

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El vigor y la fecundidad de la renovación, ciertamente testifican la poderosa presencia del Espíritu Santo en las obras de la Iglesia en estos años después del Concilio Vaticano II; claro, el Espíritu ha guiado a la Iglesia en cada época, produciendo una gran variedad de dones entre los que están llenos de fe. Debido al Espíritu, la Iglesia preserva una vitalidad juvenil y continua. Y la Renovación Carismática es una mani-festación elocuente de la vitalidad actual, una declaración valiente de lo que “el Espíritu está diciendo a las iglesias” (Ap 2,7), mientras nos aproximamos al cierre del segundo milenio.

Mientras ustedes celebran el 25 aniversario del comienzo de la Renovación Católica Carismática, yo dichoso me uno a ustedes para alabar al Señor por tantos frutos que han surgido en la vida de la Iglesia. El surgimiento de la Renovación que siguió al Concilio Vaticano II fue un don particular del Espíritu Santo a la Iglesia. Fue un signo del deseo de parte de muchos católicos de vivir su dignidad bautismal y su vocación como hijos e hijas adoptados del Padre para conocer el poder redentor de Cristo nuestro Salvador en una experiencia más intensa tanto individualmente como en grupos de oración, y para seguir  las enseñanzas de las Escrituras leyéndolas en la luz del mismo Espíritu que las inspiró. Ciertamente uno de los resultados más importantes de este nuevo despertar espiritual ha sido la sed incrementada por una santidad que se ve en la vida de los individuos y en toda la Iglesia.

Carta del Papa Juan Pablo II

dirigida a la Conferencia de Líderes Internacionales de la Renovación Carismática Católica.

Mayo 15 de 1987.

Papa Juan Pablo II

dirigida a la Oficina del Concilio de la

Renovación Católica Carismática Internacional marzo 14 de 1992.

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PREFACIO

Durante una de las primeras convenciones Carismáticas en los Estados Unidos, conocí a una joven dama llamada Patti Mansfield. Ella me habló acerca de los eventos que rodeaban el origen de la

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ción Carismatica Católica el fin de semana de Duquesne, el cual es tan notable en la historia contempo-ránea de la Iglesia.

Me quedé impresionado por su testimonio —calmado, sereno, balanceado— pero más aún por el énfa-sis que añadió al decir que al siguiente día después de aquellos eventos, su primera reacción personal fue la de tratar de saber lo que la Iglesia jerárquica pensaba acerca de esta clase de fenómenos, por lo que ella comenzó a leer el documento Lumen Gentium, en el que el Vaticano II habla de los carismas. Esto la hizo sentirse más segura; se sintió completamente una hija de la Iglesia: abierta a recibir al Espí-ritu Santo y sus sorpresas.

Ella se dio cuenta —y esto es igualmente importante— que esta gracia de Renovación Espiritual es para toda la Iglesia. El Espíritu Santo no es monopolio de alguna persona y al clasificar a la Renovación Pentecostal dentro de “movimientos especiales” es negar su significado.

La iniciativa de publicar los testimonios de aquellos que vivieron en carne propia este famoso fin de se-mana en Duquesne, es especialmente una iniciativa de felicidad. Define y establece un punto de historia.

En su testimonio, ella también relaciona al bautismo en el Espíritu, el nombre y la Maternidad Espiritual de María, con lo cual nos recuerda que Jesucristo continúa naciendo místicamente “del Espíritu Santo y de María” y que nunca debemos separar lo que Dios ha unido.

El padre Karl Rahner, S.J., haciendo eco a la gran tradición, escribió que “el elemento carismático pertenece a la esencia de la Iglesia de una manera que es justamente tan necesario y permanente como el ministerio jerárquico y los sacramentos”.

Este libro nos ayuda a todos nosotros a releer los Hechos de los Apóstoles con ojos nuevos. Entonces veremos más claramente que la historia de Pentecostés continúa y que la Renovación Carismática, es de hecho, en palabras de Pablo VI, “una oportunidad para la Iglesia y para el mundo”.

L. J. Cardenal Suenens

Santo Domingo, 14 de octubre de 1992 Cuando uno ama mucho a su familia, le encanta leer la historia de los orígenes de la misma, las anéc-dotas que sucedieron cuando se casaron sus padres, cuando nacieron los primeros hijos, cuando suce-dieron acontecimientos de importancia en la familia. Y esta es la alegría que tuve yo al leer el hermoso libro de Patti Gallagher Mansfield —COMO UN NUEVO PENTECOSTÉS—. La lectura de lo que Patti llama EL DRAMATICO COMIENZO DE LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA, es apasionante. A mí me encantó saber de un testigo ocular, algo de lo que pasó realmente cuando se mani festó esta sorpresa del Espíritu Santo en la Iglesia Católica. Gracias, Patti, por contarnos con tanta amenidad lo que pasó entre los primeros católicos que vivieron con gozo, con emoción, esas manifestaciones del Espíritu Santo en la Iglesia Católica son un fruto maduro del Concilio Vaticano II. Pero cuando comenzó a manifestarse ese viento recio de Pentecostés entre los estudiantes de Pittsburgh, comprendemos fácilmente la reac-ción de ciertas autoridades en la Iglesia. Y Patti nos ayuda a ver cómo esa manifestación del Espíritu en la Iglesia Católica fue no solamente motivo de sorpresa, sino también motivo de inquietud entre ciertas autoridades de la Iglesia. Pues el Señor dice en el Evangelio que EL ESPÍRITU SOPLA DONDE QUIE-RE, y entre nosotros hay más bien esa tendencia a SOPLAR DONDE CONVIENE. Por esa nueva profu-sión de carismas en la Iglesia Católica, fue acogida primero con cierta preocupación, pues no había sido planificada en nuestras reuniones pastorales, y muchos no sabían cómo discernir lo que viene de Dios y lo que no viene de Dios. Patti nos ayuda a comprender cómo esas reacciones de sorpresa y de temor se han ido pacificando poco a poco al juzgar el árbol por los frutos.

También los numerosos testimonios de testigos de la primera hora nos llenan de gozo y de admiración por lo que el Señor nos ha manifestado a través de ellos. Realmente el libro de Patti nos invita a escuchar  más atentamente lo que el Espíritu dice a la Iglesia de hoy. ¡Bendito sea el Señor por las maravillas de amor que está derramando en su Iglesia en este Nuevo Pentecostés!

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Comentarios de los Líderes Ecuménicos Carismáticos

A su sombra, trescientos millones de personas se alimentan en sus frutos, casi todas las denominacio-nes, aun aquellas que cuestionan su derecho a existir. Hablo de la Renovación Carismática, que, de acuerdo a David Barret, es el movimiento más largo y que más rápido crece en la Cristiandad. Qué árbol tan grande.

Pero todavía muchos, aún aquellos que están bajo su sombra, que descansan en sus ramas, no se dan cuenta de sus raíces Católicas. La ven como un árbol protestante del que los católicos tomaron una parte. Debo confesar el haberme encontrado entre esos muchos hasta que conocí los hechos en el libro de Patti, COMO UN NUEVO PENTECOSTÉS: el Dramático Comienzo de la Renovación Carismática Católica.

Allá por 1967, cuando escuché que el campus de Duquesne se había convertido en el pesebre de la Renovación Carismática Católica Romana, dejé al rebaño que pastoreaba en Mount Vernon, Nueva York, y me apresuré a ir a Pittsburgh para ver “el gran evento que ha sucedido” y para hacer lo que pudiera para alentarlo. Cuando hablé con Patti y con los demás estudiantes involucrados, supe que la Iglesia Católica Romana ya no sería la misma, ni yo tampoco. El leer su libro ha sido una oportunidad para mí de revivir uno de los momentos más grandes en la historia de la Iglesia.

Rev. Harald Bredesen.

Iniciador de la Fundación Príncipe de la Paz.

El libro de Patti Mansfield, COMO UN NUEVO PENTECOSTÉS: el Dramático Comienzo de la Renova-ción Carismática Católica, es una afectuosa cuenta de los comienzos de uno de los movimientos religio-sos más increíbles de este siglo. Esta es una historia sobrecogedora de cómo los profesores y jóvenes estudiantes de la Universidad de Duquesne dieron nacimiento a un movimiento Carismático Católico en 1967.

Este libro debe de ser leído por cualquiera que desee introducirse a las raíces del Movimiento Caris-matico en la Iglesia Católica, un movimiento que ha tocado aproximadamente a 75 millones de personas en los pasados 25 años.

Dr. Vinson Synan,

Presidente del Comité al Servicio de la Renovación Norteamericana.

PROLOGO

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Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos  y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida —

pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó— lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su hijo  Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestro gozo sea perfecto.

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San Juan fue capaz de escribir estas bellas

palabras en su primera epístola, debido a que él fue un testigo. Conoció a Jesús personalmente. Habló con Él y lo escuchó. Comió con Jesús, presenció sus milagros, estuvo de pie junto a la Cruz, recibió a su Madre en su hogar, y tocó el cuerpo resucitado del Señor. En Pentecostés Juan fue llenado con el Espíritu Santo, precisamente para que pudiera llevar a cabo completamente su misión: ser un testigo de Jesucristo y proclamar su bendito nombre a todos los confines de la Tierra.

Soy valiente al comenzar este libro con estas palabras de San Juan, porque yo también soy un testigo, sin méritos propios, yo también he tenido contacto íntimo con el Señor Jesús resucitado por el poder de su Espíritu Santo. Jesucristo es “el mismo, ayer, hoy y siempre” Heb 13,8. El Jesús que San Juan cono-ció y amó es el mismo Jesús que ustedes y yo y que todo hombre y mujer podemos conocer y amar en la actualidad. Los testimonios que aparecen en las siguientes páginas no son historias de santos; son histo-rias de gente ordinaria que han sido tocados por una extraordinaria corriente del Espíritu del Dios Vivien-te.

Muy a menudo, durante la realización de este libro, pedí al Señor que encontrará a otra persona que lo hiciera. “No soy teólogo, ni historiador. Ni siquiera soy una escritora talentosa para hacer justicia a tus Obras”, he protestado. Pero el Señor me ha recordado quien soy: soy un testigo. He visto Su gloria. Y he reunido aquí los testimonios de otros testigos, aquellos que estuvieron ahí ese fin de semana en Duques-ne, del 17 al 19 de febrero de 1967, cuando el poder del Espíritu Santo se derramó COMO UN NUEVO PENTECOSTES.

Me alienta el compartir esos testimonios al recordar las palabras del Papa Paulo VI en el Evangelii Nuntiandi: “el hombre moderno escucha más deseoso a los testigos que a los maestros, es porque ellos son testigos”. Aquellos cuyas historias aparecen aquí fueron testigos de un evento que ha dejado una marca en la Iglesia Católica de nuestros días.

En 1967

, el libro del Rev. Don Basham, “Enfréntalos con un milagro”, fue publicado y en él se contaban sus propias experiencias con el bautismo en el Espíritu Santo. En las últimas páginas de ese libro relató la historia de su visita a una reunión de oración en la casa de la señorita Flo Dodge, en las colinas al norte de Pittsburgh el 20 de enero de 1967; el Rev. Basham recalcó que a través de aquellas pequeñas reuniones de oración, nuevos movimientos del Espíritu Santo habrían de nacer. En esa particular reunión de oración acudieron dos instructores de la Universidad de Duquesne, y antes de que terminara la reu-nión esos hombres pidieron recibir el bautismo en el Espíritu Santo. Este evento llevó a originar el fin de semana en Duquesne un mes después, que marcó el comienzo de la Renovación Carismática en la Iglesia Católica. Don Basham tuvo razón, un nuevo movimiento del Espíritu Santo nació a través de un pequeño grupo de oración. El Rev. Basham terminó su libro con el comentario de que el Espíritu Santo se estaba moviendo muy rápido en 1967, pero que ese testimonio escrito no era suficiente para dar a conocer los actos milagrosos de Dios. Recomendó que se escribieran más libros acerca de testimonios, que se publicaran más libros contemporáneos de sus “Hechos” para que el mundo pudiera llegar a conocer que Dios está vivo. Y mientras Don Basham terminaba el último capítulo de su libro en 1967, el Espíritu Santo estaba comenzando el primer capítulo de un nuevo libro de “Hechos” dentro de los Católicos.

Como un Nuevo Pentecostés, es un libro de testimonios. Detalla los eventos que llevaron al fin de se-mana en Duquesne, y presenta las historias de aquellos que estuvieron ahí hace 25 años. El buscar a mis amigos de Duquesne que ahora se encuentran dispersos a lo largo y a lo ancho del país, ha sido una experiencia agridulce. Ha sido de gran alegría renovar viejas amistades. Pero también hay un sentimiento de tristeza al ver signos de propia falta de fe a la gracia de Dios a través de los años. Déjenme aclarar  esto: No me pongo a mí, ni a ninguno de mis compañeros del fin de semana de Duquesne como un ejem-plo de santidad. La vida de la gente nombrada y no nombrada en estas páginas, tal vez no es lo que podrían ser ahora.

Pero la abundancia de la gracia divina de hace 25 años, no dependió de nuestra santidad; ni tampoco depende de nuestra santidad actual. Fue elección de Dios visitarnos con una fresca abundancia del Espí-ritu Santo y sus dones aquel fin de semana en Duquesne. A pesar de nuestros defectos personales, el

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Señor nos usó para llevar adelante un movimiento de su Espíritu a través de la Renovación Carismática en la Iglesia Católica.

Recientemente me di cuenta qué tan importante es relatar la historia de lo que sucedió aquel fin de semana en Duquesne, cuando hablé con un grupo de predicadores carismáticos en Nueva Orleáns, Loui-siana. Me sorprendió el darme cuenta que todos esos jóvenes, nacidos después del Vaticano II, han cre-cido en una Iglesia donde es normal hablar acerca de los regalos carismáticos y de la Renovación Caris-matica. Mis jóvenes amigos se sorprendieron al saber que antes de 1967, dones espirituales como el don de lenguas, interpretación de ese don, sanación y profecía, no eran comúnmente escuchados en los medios católicos. Ahora, 25 años después, hay sólo unos pocos lugares que no han escuchado de este trabajo del Espíritu Santo.

Mi esposo Al, se contentó de que finalmente yo viera la necesidad de escribir este libro. Por años me ha alentado (importunado y engatusado) para que lo hiciera.

Su interés en el fin de semana en Duquesne viene desde septiembre de 1968 cuando se graduó en la Universidad de Iowa. En ese tiempo él vio un número de la revista ACTS, que presentaba un artículo acerca del trabajo del Espíritu Santo dentro de los Católicos. Dos años después me dijo que cuando leyó acerca de la experiencia de una participante de Duquesne llamada Patti Gallagher, se dijo a sí mismo: “quiero conocer a esa chica y escuchar el testimonio de sus propios labios”. Dios ciertamente respondió a su petición, debido a que no sólo me conoció, sino que se casó conmigo. A través de los años, Al ha escuchado mi testimonio cientos de veces de mis propios labios. Finalmente me ha convencido para que escribiera toda la historia, esta vez con la ayuda de mis amigos de Duquesne.

A pesar de que la historia del fin de semana en Duquesne ha sido publicada someramente en otros libros, nunca había habido una lista de testimonios tan extensa, de testigos visuales acerca del fin de semana en Duquesne, que pudiera servir como fuente primaria para referencias futuras. Debido a que del 17 al 19 de febrero de 1992 se celebró el Jubileo de plata del fin de semana en Duquesne, pareció una fecha perfecta para publicar esta colección.

Este libro consta de 4 partes. Parte uno:Ven Espíritu Santo, que describe aquellos eventos que propi-ciaron el fin de semana en Duquesne, comenzando con una oración intensiva al Espíritu Santo para el cambio de siglo. Parte dos:No Podemos Ayudar, Pero sí Hablar de lo que Hemos Visto y Oído; es una colección de relatos de aquellos testigos visuales que estuvieron el fin de semana en Duquesne. Parte tres:También Nosotros lo Hemos Visto; contiene testimonios de otros que estuvieron involucrados en los eventos inmediatamente después de la semana. Parte cuatro:Renueven la Faz de la Tierra: es mi pro-pia reflexión acerca del Bautismo en el Espíritu Santo como una gracia para toda la Iglesia. En conclu-sión, comparto algunas lecciones que el Señor me ha estado enseñando acerca de que espera de noso-tros mientras nos preparamos para una nueva ola de su Espíritu.

Mientras trabajaba en este texto me sentí inspirada para hacer una novena de intercesión entre los días de la Ascensión y el Pentecostés en 1991. Mi intención específica fue que el Espíritu Santo se derra-mara y refrescara a todos aquellos que contribuyeron en este libro, a aquellos que lo lean, y a toda la Iglesia. Mi novena consistió en una Hora Santa, usualmente ante el Santísimo Sacramento expuesto. Y mientras pedía a Jesús que nos mandara a todos el agua viva de su Espíritu Santo para que nos refres-cara y nos diera poder, me sentí alentada por las palabras de Jesús:

Espero que estén sedientos. Yo lo estoy. Es el prerrequisito para recibir más del Espíritu Santo. El Señor desea darnos a su Espíritu sin medida, si tan sólo nos abriéramos nosotros mismos a Él sin medida. Yo oro:

Patti Gallagher Mansfield Fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo Julio 16 de 1991

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Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en Mí, dice la Escritura, “De su seno correrán ríos de agua viva”.

Esto lo decía refiriéndose al Espíritu, que iban a recibir los que creyeran en Él. (Jn 7,37).

Concédame Dios hablar según Él quiere y concebir pensamientos dignos de sus dones, porque Él es quien guía a la Sabiduría y quien dirige a los sabios; que nosotros y nuestras palabras en sus manos estamos con toda nuestra prudencia y destreza en el obrar.

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HIMNO SECUENCIAL PARA PENTECOSTÉS

PARTE UNO

¡VEN ESPÍRITU SANTO!

¡Renueva tus maravillas en este nuestro día Como un Nuevo Pentecostés! 

Papa Juan XXIII 

Ven, Espíritu Santo, ven Y de tu hogar celestial Derrama rayos de luz divina; Ven Padre de los pobres;

Ven fuente de todas nuestras provisiones;

Ven, y dentro de nuestros corazones resplandece. Tú eres de los que confortan el mejor; Tú eres del alma el mejor invitado Dulce frescura vienes a mí;

En nuestra labor hay más dulzura; Alivio lleno de gracia en el calor; Consuelo en la aflicción.

¡Oh luz divina tan bendita!, Brilla dentro de estos corazones tuyos; Y llena nuestro ser más profundo.

Donde no estás, el hombre no es nada; Nada bueno en obra o pensamiento Nada libre de mancharse de maldad.

Sana nuestras heridas, renueva nuestra fuerza; Llena nuestra sequedad con tu humedad; Lava las manchas de culpa de nosotros.

Doblega a los de corazón duro; Derrite a los fríos y abriga a los desapacibles; Guía los pasos de los extraviados.

A los que tienen fe y te adoran Y confiesan, más que antes Llénalos de dones.

Dales la recompensa segura de tus virtudes; Dales la salvación, Señor; Dales alegrías que nunca terminen.

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Nunca pensé que cambiaría mi vida.

Abril 29 de 1967 Estimado Señor Iacovantuno,

¡Hola! Por favor perdóneme por no haberle escrito rápido, pero este semestre ha sido inusualmente atareado para mí. En realidad me gustaría estar sentada junto a usted y platicarle las cosas maravillosas que me han pasado últimamente. Sin embargo, esta corta carta tendrá que ser suficiente.

Tal vez le mencioné que soy miembro de un grupo que estudia la Sagrada Escritura en la Universidad. Tuvimos un evento grupal el fin de semana del 17 al 19 de febrero. Al prepararme para el mismo, leí los Hechos de los Apóstoles del capítulo 1 al capítulo 4, y un libro titulado La Cruz y el Puñal, de David Wil-kerson. Me impresionó el poder del Espíritu Santo, y la fuerza y el coraje con que los apóstoles pudieron diseminar las buenas noticias de Pentecostés. Naturalmente yo creí que el fin de semana sería beneficio-so, pero debo admitir: nunca pensé que cambiaría mi vida.

Durante nuestro grupo de discusión uno de los líderes sacó el hecho de que debemos constantemente reafirmar nuestros votos de bautismo y confirmación y abrirnos más al Espíritu de Dios. Encontré intere-sante, pero difícil de creer, cuando se me dijo que los dones carismáticos que se otorgaron a los apósto-les se siguen dando hoy en día —que hay todavía signos y maravillas— y que Dios ha prometido derra-mar su Espíritu sobre todos. Decidimos renovar nuestros votos de confirmación y bautismo como una parte de la Misa el sábado por la noche.

Sin embargo, el Señor tenía algo más en mente para nosotros; el sábado por la noche íbamos a tener  una fiesta de cumpleaños para uno de los compañeros, pero las cosas no salieron como pensamos. Uno a uno llegamos a la capilla y recibimos lo que llama el Bautismo en el Espíritu Santo en el Nuevo Testa-mento. Les sucedió a varias personas en forma diferente. Me quedé impresionada por un profundo senti-miento de que Dios es real y nos ama, surgieron oraciones de mis labios que nunca hubiera tenido el valor de decir en voz alta anteriormente. Ahora comprendí lo que Claudel quiso decir con “una voz dentro de nosotros más que lo que somos”. Este no solamente fue un buen fin de semana, fue una experiencia real que cambió nuestra vida, que ha continuado derramándose y creciendo.

Los dones del Espíritu se manifiestan ahora —yo puedo testificarlo— porque he escuchado gente orar  en lenguas, sanar, discernir, hablar con extraordinaria sabiduría y fe, dar profecías e interpretarlas. Y ahora me doy cuenta que no tenemos nada que esconder, oraciones que Dios no conteste, necesidades que Dios no tenga la capacidad de llenar y siento tanta libertad al depender de Él, del verdadero Dios. Pudimos intentar vivir como cristianos y morir nosotros mismos a nuestros pecados, pero sin el poder del Espíritu será un intento desalentador; hay muchas tentaciones y problemas pero ahora tengo confianza y creo en Dios tengo la fuerza del Señor para cambiar y vivir con Él. Es verdad que recibimos al Espíritu Santo en la confirmación y que somos su templo, pero no nos abrimos suficientemente a sus dones y a su poder en nuestra vida. Es verdad que el Espíritu es un maestro porque he aprendido de Él en tan poco tiempo, la Escritura está viva. Estoy segura que nunca podré tener tanto conocimiento por mí misma a pesar de mis buenas intenciones y esfuerzos.

Es por esto que cancelé mi viaje a Europa para el verano. Estoy segura que posteriormente enseñará francés y visitaré Francia. Sin embargo, en este momento ya le perdí el interés, parece que en el presen-te, el Señor me ha dado ciertos dones que debo usar para acercar más gente hacia Él, me he dado cuen-ta de que hablo con la gente acerca de Cristo y realmente estoy viendo resulcuen-tados. Antes nunca me hu-biera atrevido a hacerlo, pero ahora no puedo dejarlo. Como los apóstoles dijeron después de Pentecos-tés: “Cómo podemos dejar de hablar de las cosas que hemos visto y oído”.

Lo más maravilloso es la completa falta de ansiedad. Nunca antes estaba tan insegura del futuro; sin embargo, nunca antes estuve tan libre de miedos y feliz. Si tiene oportunidad trate de leer el libro que le sugerí anteriormente y otro más de John Sherrill, “Ellos hablan con otras lenguas”. Me gustaría saber de usted y ver qué es lo que piensa. Cuídese mucho.

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Amor y oraciones. Patti.

El fin de semana en Duquesne.

Escribí esta descripción entusiasta del fin de semana en Duquesne, dos meses después de que el retiro había terminado. Mi amigo, el señor Val Iacovantuno fue mi profesor de francés en la preparatoria. Yo sabía que era católico, pero nunca antes habíamos discutido acerca de religión. Debido a que me había convencido para dar clases de francés y me estaba ayudando a hacer mi itinerario para unas vaca-ciones en Francia, le escribí para explicar mi súbito cambio de planes. La presencia de Dios llegó a mi vida con el bautismo en el Espíritu Santo. Supe que mi vida ya no me pertenecía. Para mi sorpresa cuan-do el señor Iacovantuno me respondió, me dijo que dejara tocuan-do a un lacuan-do y siguiera al Señor Jesús incon-dicionalmente. De hecho él fue una de las pocas personas que realmente pareció entender lo que estaba sucediendo.

El retiro del 17 al 19 de febrero de 1967, que describo en mi carta, ha llegado a conocerse alrededor  del mundo como el fin de semana de Duquesne y es generalmente aceptado como el comienzo de un movimiento de la Renovación Carismática en la Iglesia Católica. Este fue el primer evento en el que un grupo de católicos experimentaron el bautismo en el Espíritu y los dones carismáticos.

Mientras que tal vez haya habido católicos que fueron bautizados en el Espíritu antes del fin de sema-na de Duquesne, este retiro fue el comienzo de un movimiento de Renovación Carismática Católica que rápidamente se esparció en todo E.U.A. y alrededor del mundo.

Pero no fue el único evento Católico que presenció los exuberantes dones que se estaban dando a través del Espíritu Santo en 1967. A través de cartas, llamadas telefónicas y visitas personales, las noti-cias acerca de la experiencia pentecostal se derramaron como pólvora encendida. Uno de los profesores que era líder en el retiro de Duquesne reportó a sus amigos en Notre Dame, “no tengo por qué no creer  en Pentecostés, porque yo lo he visto”.

La Oración del Papa

Mucha gente que se reflejó en el brote de la Renovación Católica Carismática de 1967, recuerda la oración del Papa Juan XXIII al comienzo del Concilio Vaticano II. Ellos ven a la Renovación Carismática como una respuesta providencial a la oración hecha por el Santo Padre para un nuevo Pentecostés.

¿Qué era lo que tenía en mente el Papa Juan XXIII cuando oró por un nuevo Pentecostés? ¿Qué era lo que estaba esperando? ¿Y de dónde venía este deseo? Desde aquel primer Pentecostés cuando na-ció la Iglesia, el Espíritu Santo ha estado trabajando continuamente. A través de los siglos, el Señor ha levantado a grandes santos, hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo, que han manifestado dones carismáticos extraordinarios. También han existido comunidades de creyentes católicos en el pasado que experimentaron la presencia del Espíritu Santo actuando en su medio tal y como Él lo hizo en los comien-zos de la Iglesia. El Papa Juan XXIII estaba bien consciente de esto cuando imploró al Espíritu Santo que renovara sus signos y maravillas en nuestros días. El sabía que una experiencia viva de Pentecostés era posible. El la presenció por sí mismo.

Una villa llena del Espíritu

Cuando Angelo Roncalli todavía era Obispo, acostumbraba visitar una pequeña villa checoeslovaca de aproximadamente 300 personas, en la que vivía una amiga cercana a mí, la señora AnneMariea Schmidt. Por siglos muchos católicos en esta villa han experimentado el privilegio completo de los dones carisma-ticos, tal y como está escrito en 1 Cor 12-14. Para ellos era una parte normal de su vida cristiana... Pente-costés era una realidad diaria.

Renueva tus maravillas en este nuestro día como un Nuevo Pentecostés. Otórgale a tu Iglesia el que, siendo de un solo pensamiento y constante en oración con María la madre de Jesús y siguiendo a Pedro el bendito, haga avanzar el Reino de nuestro divino Salvador, el reino de la verdad y la justicia, el reino de amor y paz. Amén.

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AnneMariea me relató las circunstancias que rodearon a la primera manifestación de los dones caris-máticos en el siglo XI. Cuando los pobladores estuvieron en peligro de morir de hambre debido a una fuerte nevada que arruinó sus plantíos, oraron pidiendo la ayuda de Dios. Una hermosa dama que no se identificó, apareció en la montaña y les enseñó cómo implorar al Espíritu Santo. Al seguir sus instruccio-nes se llenaron del Espíritu Santo y recibieron doinstruccio-nes carismáticos, como el don de discernimiento, profe-cía y don de lenguas; también experimentaron un crecimiento en los dones santificantes del Espíritu Santo, especialmente amor. El pan que ellos cocinaron aquel invierno se bendijo, y su provisión duró milagrosamente hasta la próxima cosecha. Cada generación sucesiva de pobladores manifestó los dones del Espíritu Santo; no se dieron cuenta de que esta experiencia Carismática era única, debido a que la villa estaba alejada. AnneMariea, que era niña en esa época, lo recuerda como un sacerdote lleno del amor de Dios. Le encantaba sentarse a sus pies y escucharlo hablar de Jesús, él parecía como si estu-viera en casa, en medio de manifestaciones carismáticas, mientras oraba por su familia y por los demás habitantes de la villa.

Cuando le pregunté a AnneMariea si ella creía que la oración del Papa Juan XXIII pidiendo por un nuevo Pentecostés estuvo inspirada por las visitas que él hizo a la villa, ella dijo que creía que sería pre-suntuoso llegar a tal conclusión. AnneMariea creía que su deseo por un nuevo Pentecostés nació en su corazón mucho antes de que él los visitara, él sabía muy bien lo que era posible cuando la gente se vol-vía a Dios con arrepentimiento, corazones humildes, e imploraban al Espíritu Santo que actuara en su medio.

La descripción del Obispo Angelo Roncalli hecha por AnneMariea es confirmada por muchas otras personas. Ciertamente el Papa Juan XXIII es reconocido como una de las figuras más carismáticas del Siglo XX. Ha sido llamado por el cardenal Suenens, como un “hombre completamente dócil al Espíritu Santo, un hombre que, liberándose de sí mismo, siguió el camino del Espíritu Santo”.

Fue profetizado en la década de 1930 que una prueba muy severa se presentaría a la villa de AnneMariea y mermaría su población, pero que habría alegría porque los habitantes se mantendrían fir-mes en esta prueba. Esta profecía se cumplió cuando tropas nazis llegaron en 1938 y mataron a casi todos los habitantes de la villa. Pero el poder del Espíritu Santo los sostuvo y ninguna persona renunció a su fe. Le agradezco a Dios por haber conservado la vida a AnneMariea Schmidt, que sobrevivió a cam-pos de concentración nazis y rusos, y que me permitió compartir esta porción de su asombroso testimo-nio.

El apóstol del Espíritu Santo

La primera persona que fue beatificada por el buen Papa Juan XXIII fue una mujer religiosa llamada Elena Guerra. El fraile Val Gaudet ha apuntado que el Papa Juan XXIII pudo haber estado influenciado para orar pidiendo por un nuevo Pentecostés gracias a los esfuerzos de Elena Guerra, a quien él llamaba el Apóstol del Espíritu Santo, la bendita Elena Guerra vivió cerca del cambio del siglo, en una época de gran significado en la historia pentecostal, como podremos ver.

La hermana Elena Guerra fue la fundadora de las hermanas Oblatas del Espíritu Santo en Lucca, Italia. Cuando ella tenía 15 años, la hermana Elena se sintió inspirada para escribirle al Papa León XIII pidiéndole que renovara la Iglesia a través de un retorno al Espíritu Santo. Sin embargo ella no volvió a tener esta inspiración hasta muchos años después, cuando el Señor reveló a una mujer devota que tra-bajaba en la cocina lo que él quería que Elena hiciera. Con el ánimo de su director espiritual, la hermana Elena escribió doce cartas confidenciales al Santo Padre entre 1985 y 1903 pidiendo por una oración renovada en el Espíritu Santo, “quien es el que forma a los santos”.

El Papa León XIII escuchó la llamada del Señor a través de la hermana Elena y respondió publicando la “Próvida Matris Caritate”, en la que pedía a toda la Iglesia celebrar una novena solemne al Espíritu Santo entre las fiestas de la Ascensión y Pentecostés. La propia hermana Elena en ese tiempo comenzó a formar un grupo de oración que llamó “Cenáculos Permanentes”.

La hermana Elena comunicó al Santo Padre su deseo de ver a toda la Iglesia unida en oración cons-tante, al igual como estuvieron María y los apóstoles esperando la venida del Espíritu Santo. Ella expresó su deseo de la siguiente manera: “si tan sólo el Espíritu Santo, pudiera llegar a ser tan popular como el

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Viva María”. La hermana Elena tuvo la profética misión de llamar a la Iglesia a ser un cenáculo perma-nente de oración. En 1897, su director espiritual, el Obispo Volpi, regresó de Roma, con la promesa del Papa de que haría todo lo posible para honrar al Espíritu Santo. Fue cuando el Santo Padre publicó su Encíclica sobre el Espíritu Santo “Divinum Illud Munus”. La hermana Elena se sintió satisfecha con esta Encíclica, pero se decepcionó con la pobre respuesta dentro de la Iglesia, especialmente de los pastores de esta misma.

Y ellos se llenaron con el Espíritu

A sugerencia de la hermana Elena, el Papa León XIII invocó al Espíritu Santo en enero 1 de 1901, el primer día del primer año del siglo XX. Cantó el himno Veni Creator Spiritus (Ven Espíritu Creador) en nombre de toda la Iglesia. El mismo día se llevó a cabo un evento en Topeka, Kansas, que marcó el comienzo de un gran renacimiento del poder y dones del Espíritu Santo, destinados a esparcirse en todo el país y alrededor del mundo.

En Topeka, entre la calle 17 y la calle Stone Avenue (ahora el lugar de la Iglesia Católica del Inmacu-lado Corazón de María) se encontraba una mansión de 30 recámaras, la cual se convirtió en el hogar del colegio Bethel y la Escuela Bíblica en septiembre de 1900; el Rev. Charles Fox Parham y sus jóvenes estudiantes se dedicaron a orar y al estudio de la Palabra de Dios referente al Bautismo en el Espíritu Santo. De hecho la más alta de las tres torres en la mansión fue designada como una torre de oración, y se organizó un maratón de oración. 24 horas al día, 7 días a la semana, esas personas jóvenes estuvie-ron pidiéndole a Dios que los bautizara a uno o a todos en el Espíritu Santo. Eso sí que fue un cenáculo continuo, precisamente lo que la bendita hermana Elena Guerra quería.

Cerca de las 11 de la mañana de aquel primero de enero de 1901, una de las estudiantes llamada Agnes Ozman, le pidió al Rev. Parham que le diera la imposición de manos y que orara para que ella recibiera el Bautismo en el Espíritu, y eso precisamente fue lo que sucedió. Agnes comenzó a hablar en lenguas al igual que otros en la escuela, incluyendo al Rev. Parham que tuvo la misma experiencia en los días siguientes. Este evento es generalmente aceptado como el comienzo del Pentecostalismo.

Dios respondió a la ferviente oración de aquellos que le pidieron día y noche. A pesar de la pobre res-puesta de los católicos al llamado del Papa León XIII para orar continuamente al Espíritu Santo, hubo creyentes de otras denominaciones que humildemente buscaron y alegremente recibieron el derrama-miento del Espíritu y de sus dones carismáticos al comienzo de este siglo.

En 1906 un derramamiento continuo del Espíritu Santo ocurrió en Los Angeles y es comúnmente cono-cido como el Renacimiento de la “calle Azusa”. Aquellos que aceptaron esta experiencia pentecostal fue-ron la mayoría proveniente de las iglesias establecidas. Se congregafue-ron en nuevas iglesias y denomina-ciones que usualmente se categorizar como Pentecostales.

El pentecostalismo es declarado por muchos historiadores como una tercera fuerza que crece rápida-mente dentro del mundo cristiano al lado del protestantismo y el catolicismo.

Durante los años 50 al tiempo que los carismas empezaron a ser recibidos por miembros de iglesias establecidas que rechazaron retirarse de sus denominaciones, surgió un nuevo movimiento neo-pente-costal. La experiencia del bautismo en el Espíritu Santo se comenzó a dar entre los Episcopales, Lutera-nos, PresbiteriaLutera-nos, y otros que se mantuvieron en sus iglesias esperando trabajar para una renovación interior. Por lo tanto no es sorprendente que para la mitad de los años 60, la Iglesia Católica comenzara a experimentar una Renovación Carismática también en su seno. Lo que sorprendió a muchos observado-res, sin embargo, fue lo rápido que el Bautismo en el Espíritu se dispersó entre los Católicos, y la apertu-ra que la Renovación Carismática conoció entre los oficiales de la Iglesia Católica.

 Antes del fin de semana en Duquesne

A mediados de los años 60 se formó una cadena de amistades entre la Universidad de Duquesne en Pittsburgh, Pennsylvania, y la Universidad de Notre Dame en South Bend, Indiana. Varios miembros de la U. de Duquesne hicieron sus estudios y se graduaron en Notre Dame (entre ellos Patrick Bourgeois de Nueva Orleáns, Louisiana). También había ciertos estudiantes que se graduaron en Notre Dame, estu-diantes preuniversitarios en Duquesne, notablemente Dorothy Garrity Rabaghan y Bert Ghezzi, ambos

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nativos de Pittsburgh. Dorothy y Bert mantuvieron lazos personales con algunos miembros de la Facultad de Duquesne.

En adición a esta cadena de amistades, también se llevó a cabo una preparación para la Renovación Carismática a un nivel espiritual. Se organizaron reuniones de oración en Notre Dame y en South Bend, mucho antes de marzo de 1967. El fraile Edward O’Connor, C.S.C., un líder de los comienzos de la Reno-vación Carismática Católica, describe la situación de la siguiente forma:

La conexión del cursillo

Es importante notar qué tan profundamente impactó el movimiento del cursillo a la gente de Notre Dame y Duquesne, que después se convertirían en los líderes de la Renovación Carismática Católica. El artículo en Una Nueva Alianza de febrero de 1973, describe a los hombres que estuvieron relacionados en el cursillo en Notre Dame:

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U

 

na ola de entusiasmo por las vigilias bíblicas y reuniones de oración se ha dado a través del país durante los comienzos de 1960. Especialmente en Notre Dame, durante el año de 1963-1964, tales actividades parecen haber florecido. Se mantuvieron reuniones de oración semanalmente organizadas por un grupo de estudiantes graduados, entre los cuales hubo varios que eventualmente jugarían un rol importante en el movimiento pentecostal. Esas primeras reuniones consistieron en lecturas de las Escrituras, oración espontánea, cantos y predicación. Sin embargo, la oración fue menos espontánea, y la predicación más prominente y humanística, que en reuniones pentecostales posteriores.

Se organizó también un evento especial masivo para los estudiantes graduados cada domingo por la mañana, en el cual muchos participaron con un Espíritu vivo, que para esos días fue notable. Fue seguido por un desayuno, que estuvo realmente lleno de cordialidad en Jesús. También un número de estudiantes recitó juntos vísperas diariamente.

Ese mismo año, el cursillo fue llevado a South Bend, en gran medida a través de un estudiante graduado llamado Steve Clark. A través de los siguientes años tuvo un poderoso impacto espiritual en cientos de personas en la ciudad y en la universidad. Por algún tiempo esos cursillistas se reunieron un día a la semana en la capilla de Pangborn en Notre Dame. De esos cursillos surgió el fin de semana de “Antioch”, designado para confrontar a los estudiantes preuniversitarios con el significado de lo que es ser cristiano. Ambos, el “cursillo y el fin de semana en Antioch”, hicieron surgir programas que se llevaron en grupos de oración semanalmente en los que se daban pláticas, examen personal, ánimo mutuo y oración. Otro grupo que comenzó en el mismo año se localizó en el Seminario Moreau, donde varios estudiantes comenzaron a mantener reuniones bisemanales para nutrirse de un crecimiento espiritual, inspirado en el ejemplo de Nuestra Señora.

Por lo que, el fuego pentecostal que surgió en la primavera de 1967, estuvo preparado por un considerable fermento de pláticas, oración y actividades apostólicas... La gran mayoría de estas actividades cesaron después de un año o dos, sin embargo,... (estos movimientos fueron de ran im ortancia en la re aración del movimiento entecostal

Los hombres que estuvieron alrededor del cursillo en Notre Dame en los años 60 vinieron de una gran variedad de medios con algunos lazos comunes significantes. Todos eran intelectuales altamente educados que lograron distinciones académicas considerables. La mayoría profesaban el catolicismo o el ortodoxismo. Y les preocupaba la renovación personal espiritual y litúrgica, a pesar de que algunos habían adquirido educaciones teológicas progresivas y la mayoría había trabajado en acción social y en movimientos de derecho civil...

Hubo excepciones a este patrón, uno de ellos fue Ralph Martin, un brillante estudiante de filosofía y editor de la universidad, que no le importaba la Iglesia para nada. A comienzos de 1964 finalmente se sintió libre de las represiones de su educación católica, y se ganó la reputación de un ateo convencido en la universidad y sus alrededores. La primera vez que Martin conoció a Steve Clark, entraron en discusión acerca de la cristiandad en un restaurante estudiantil cerca de la universidad.

La conversión de Martin ocurrió repentina e increíblemente, durante el segundo cursillo en Notre Dame. Fue una conversión tan dramática que Bert Ghezzi, que también estaba ahí, al principio dudó de su autenticidad. “Nunca vi un cambio tan radical en la vida. No creí que tales cosas fueran posibles”.

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Ralph Martin recuerda que después de tener ese encuentro con el Señor Jesús resucitado, en ese cur-sillo, se sintió lleno con el poder de las alturas, y proclamó: “yo quiero ser Su testigo”. Hombres como Ralph Martin y Steve Clark se dieron cuenta de que lo que los fundadores del movimiento del cursillo iniciaron fue esencialmente un nuevo Pentecostés. Eduardo Bonnin, uno de los fundadores del cursillo dijo explícitamente:

Pero para muchos de los cursillistas de Notre Dame Pentecostés había llegado. De hecho, en una de las reuniones de oración, que se llevó a cabo en el departamento de Phil O’Mara en 1965, hubo un ins-tante en que se habló en lenguas. Esta reunión fue detenida por el líder de la misma, por no entender lo que pasaba. Después que el compañero de Phil, Ralph Martin, tuvo su dramática conversión en el cursi-llo, habló en lenguas un mes después, pero se dio cuenta de lo que era en esa fecha. Eventos milagro-sos, sanación, discernimiento, respuesta a las oraciones, acompañaron a los cursillos en esa época en Notre Dame. la mayoría de los líderes tuvieron encuentros personales con Jesús al menos tan intensos como en sus últimas experiencias con el Bautismo en el Espíritu. George Martin resume la experiencia de esos días llamándolas “épocas increíblemente llenas de gracia”.

Durante las vacaciones navideñas de 1965 Ralph Martin y Steve Clark se reunieron en la casa de Mar-tín, en Nueva Jersey, y decidieron pasar el verano orando en el Monasterio del Monte Salvador, en la ciudad de Elmira, Nueva York. Durante su permanencia en el monasterio, sintieron que el Señor los guia-ba a dejar la escuela (Clark había permanecido en Notre Dame y Martin estaguia-ba en Princeton) para estar  más disponibles al servicio cristiano. Una vez que tomaron la decisión, fueron invitados a dar las pláticas de apertura y cierre de la convención de Cursillos Nacionales en Kansas City, Missouri. Se unieron al equipo de los estudiantes de San Juan de la Universidad Estatal de Michigan y al Secretariado Nacional del Cursillo, también localizado en East Lansing, Michigan. Entre 1965 y 1970 Ralph y Steve presentaron docenas de talleres de cursillos a través de los E.U.A. Los contactos hechos a través de los cursillos fue-ron muy útiles después para diseminar las noticias acerca del Bautismo en el Espíritu Santo.

Dos libros que eran difíciles de soltar 

Hubo dos libros que sirvieron de base para dirigir a Ralph, Steve y su cadena de amigos de Notre Dame, Duquesne y el Cursillo hacia la experiencia del Bautismo en el Espíritu. Uno de ellos es La Cruz y  el Puñal de David Wilkerson y John y Elizabeth Sherrill, originalmente publicado en 1963 por Publicacio-nes Pirámide, para Fleming H. Revell. El otro libro es Ellos hablan con otras lenguas, de John Sherrill, originalmente publicado por McGraw Hill en 1964.

Ambos libros eran de lectura fascinante, difíciles de soltar. En Ellos hablan con otras lenguas, John Sherrill detalla su investigación del fenómeno no muy común de hablar en lenguas “la pronunciación que da el Espíritu”. Durante los años de investigación de Sherrill, él fue bautizado en el Espíritu y describe la experiencia primero como un observador, y después como participante. Este libro es considerado como un clásico pentecostal.

  La Cruz y el puñal , es la dramática historia de un predicador pentecostal de un pequeño pueblo, que es llamado por el Espíritu para trabajar con las pandillas callejeras en la sección Bedford-Stuyvesant de la ciudad de Nueva York. Es un testimonio poderoso de fe dinámica de Wilkerson y una introducción

intri-La cristiandad, después como antes, es esencialmente un derramamiento del Espíritu Santo. Es el milagro de Pentecostés. Y donde no puedes ver el derramamiento del Espíritu, ahí el Consejero no ha pasado. Ahí pueden encontrar hombres que crean en el Padre y, debido a una egocentricidad ingenua, estén convencidos acerca de la práctica de una cristiandad, cuando ellos van a pedirle dones al Padre. Deben también tener hombres que crean en la Palabra, y en el sentido de todas las cosas que en Él se han revelado. Inspirados por la nueva idea adquirida de Dios, esos hombres intentarán modelar sus vidas como la de Él, con una fidelidad laboriosa, ellos son hombres diligentes con una moral establecida. Pero no son hombres del Espíritu Santo con amor que se derrama; no son hombres con ojos que destellan. Para ellos no ha llegado

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gante al poder que se desata en el Bautismo en el Espíritu Santo. Wilkerson describe las diferentes for-mas en las que trabaja al Espíritu Santo a través de la guía divina y de dones carismáticos.

La historia de cómo esos libros se hicieron conocidos en los círculos católicos es muy interesante. Peter Collins, un graduado de Notre Dame en 1966 pasó unas semanas en Toronto Canadá, cuando se topó con Ellos hablan con otras lenguas, mientras visitaba una iglesia pentecostal. Peter describe cómo sucedió esto en un testimonio que después leerán en este libro. Suficiente es decir que Peter le dio el libro de John Sherrill a Steve Clark en junio de 1966, cuando conoció a Steve y a Ralph en una sesión de entrenamiento para voluntarios en San Antonio Texas. Steve Clark ya tenía una copia del libro La Cruz y  el puñal que le dio un trabajador de la Universidad Estatal de Michigan. Se impresionó con los efectos que el bautismo en el Espíritu tuvo en las vidas de los drogadictos. Ralph y él habían considerado visitar  a Wilkerson en su ministerio para jóvenes con problemas en la ciudad de Nueva York, pero nunca lo hicieron. Steve le dio a Peter una copia del libro de Wilkerson.

Debido a este cambio inicial de libros en junio de 1966, un número de otros estudiantes en Notre Dame comenzó a leer estos libros y a maravillarse acerca del Bautismo en el Espíritu Santo. Jim Cavnar y Jerry Rauch, preuniversitarios de Notre Dame estaban pasando el verano de 1966 en East Lansing, con Ralph y Steve. Tal y como Jim compartirá su testimonio más tarde en este libro, él creía que los eventos que estaba leyendo eran probablemente ciertos, quedaría más satisfecho si alguien más los investigaba. Y eso fue precisamente lo que sucedió.

Hambre espiritual en Duquesne

Meses después del cambio de libros que describimos arriba, en la primavera de 1966, dos miembros de la Facultad de la Universidad de Duquesne entraron en un periodo de oración y reflexión intensa acer-ca de la vitalidad de su fe. Uno era profesor de historia; el otro era instructor de teología. Ellos sintieron la necesidad de un dinamismo interior más grande y de un nuevo poder para vivir como cristianos y ser tes-tigos de Cristo. Ambos hombres se habían entregado al Señor por muchos años; ambos eran cursillistas. De hecho, el profesor de historia fue el instrumento que llevó el movimiento del cursillo a Pittsburgh. El testimonio de Eileen Karl, que encontrarán después en este libro da más detalles sobre este punto. Ellos también fueron moderadores de la sociedad Chi Rho del campus de Duquesne, que uno de ellos fundó años antes para estimular la oración, la participación de la liturgia, el testimonio cristiano y la acción social. “Pero aún querían algo más”. No estaban seguros de lo que era, pero hicieron un pacto para orar  el uno por el otro.

Cada día que siguió desde la primavera de 1966, ellos oraron para que el Espíritu Santo les renovara todas las gracias de su bautismo y confirmación, que los llenara con el poder y amor del Señor Jesucris-to; diariamente esos hombres oraron la famosa y bella “secuencia dorada”, que se usa por la Iglesia en la Liturgia de Pentecostés. Se puede encontrar en el comienzo de este libro.

Un nuevo descubrimiento

La convención nacional de cursillos, en agosto de 1966, fue destinada a ser una reunión importante para los dos profesores de Duquesne. Fue ahí donde se encontraron con sus amigos, Ralph Martin y Steve Clark. Se les dieron copias de los dos libros acerca de la experiencia pentecostal y se les urgió a que los leyeran, lo que ellos hicieron. Dios ya los había estado preparando para una nueva dimensión de vida en el Espíritu, despertando en ellos una profunda hambre espiritual y llevándolos a la oración con-certada.

El Espíritu Santo estaba trabajando. Mientras leía La Cruz y el puñal , uno de los hombres de Duques-ne decidió checar las referencias escritas del trabajo del Espíritu Santo y de cómo recibir el Bautismo en el Espíritu Santo. El se enfocó al Evangelio según San Lucas y a los Hechos de los Apóstoles. Después escribió: “comencé a buscar como loco en toda la Biblia, particularmente en el Nuevo Testamento y en-contré, por 4 horas continuas, que la Biblia se me abrió, de una forma que nunca antes lo había hecho. Creo que no me moví de mi silla”.

Ellos vieron más claramente que antes, el rol del Espíritu Santo en la vida del creyente, que como maestro, es el único que da poder y guía.

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“Parecía tan claro, tan compulsivo, tan envolvente. Era como descubrir la cristiandad por vez primera”.

¿Y ahora qué sigue? 

Los profesores se enfrentaron a varias posibilidades. Podían continuar orando y predicando esta vida profunda en el Espíritu para ellos mismos, pero eso no les pareció prometedor. Ya habían estado orando y predicando por un tiempo. Tal vez pensaron que debían tomarse de las manos y orar para recibir el Espíritu Santo, pero no estaban convencidos de que esta sería la mejor alternativa. Otra opción fue la de atender a una Iglesia Pentecostal, pero estaban dudosos de hacerlo; al final la alternativa más atractiva pareció ser la de encontrar a unos neopentecostales, aquellos que hubieran permanecido dentro de sus propias denominaciones después del Bautismo en el Espíritu. No era un paso muy seguro, pero decidie-ron tomarlo.

Había un sacerdote episcopal que fue una vez al campus de Duquesne para dar una plática. Rápida-mente ellos llamaron al fraile William Lewis, de la Iglesia de Cristo en las colinas al norte de Pittsburgh, para preguntarle si le eran familiares los libros de Wilkerson y Sherrill. De hecho él los conocía, y aunque no había sido bautizado en el Espíritu, se ofreció a presentarles a otra persona de su comunidad que sí lo era; el fraile Lewis la describió como una mujer muy fina y de muy buena reputación en su comunidad, ella era madre de un sacerdote episcopal, y miembro de un grupo de oración carismática interdenomina-cional, que se reunía en una casa enfrente de la iglesia.

Debido a que no se pudo realizar una reunión en las vacaciones navideñas, ellos decidieron esperar  hasta un viernes, 6 de enero de 1967. Esa fecha fue significativa para los hombres de Duquesne porque recuerdan al 6 de enero como la fiesta de Epifanía, la manifestación de Jesucristo como Hijo de Dios, como el Único bautizado por el Espíritu Santo, y como el Único que bautiza en el Espíritu Santo. Los dos hombres de Duquesne llegaron a la oficina del fraile Lewis y fueron presentados con la feligresía llena del Espíritu. El testimonio que ella les compartió fue sencillo, directo y escritural; ellos se quedaron impresio-nados. Al terminar la reunión ella los invitó a una reunión de oración carismática el siguiente viernes por  la noche. Fue un encuentro que cambiaría sus vidas.

Donde dos o más se reúnen en Mi Nombre

Estoy profundamente agradecida con Flo Dodge, que ahora vive en Lower Burell, Pennsylvania, por  proporcionarme la siguiente información acerca de su grupo de oración (después conocido como el grupo de oración de la capilla Hill) que dio origen a un importantísimo movimiento del Espíritu Santo entre los católicos.

Flo, presbiteriana, fue bautizada en el Espíritu Santo en el año de 1962. Fue criada en un hogar cris-tiano de gran educación que continuamente era lugar de reunión en que se desarrollaban actividades cristianas y donde se encontraban misioneros extranjeros. Fue especialmente significativo para la madre de Flo, que vivía con ella en 1967, que una vez más su hogar, ahora en la capilla Hill, sería usado para un importante trabajo de Dios.

De dos a tres años y medio antes de la famosa visita hecha por los miembros de la Facultad de Du-quesne, Flo sintió la necesidad de formar un grupo de oración. En esas fechas ella tenía una posición responsable, como directora de entrenamiento en una gran tienda departamental en Pittsburgh y también tomaba parte activa en su Iglesia. Una a una, el Señor trajo mujeres de diferentes características a las reuniones de oración en su casa, en donde Él se presentó a cada una de ellas de una manera mara-villosa. Hubo un grupo de 7 mujeres que fueron bautizadas en el Espíritu, pero a veces las reuniones llegaron a tener hasta 30 personas.

Flo dijo que el Señor entrenó al núcleo del grupo en intercesión y lo puso bajo una estricta disciplina. Ellas experimentaron una unidad profunda en el Espíritu Santo al tiempo que Él se movía en su medio. Las mujeres se estaban preparando a través de la oración y ayuno a ser muy obedientes y dóciles al Espíritu Santo.

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En octubre de 1966, el Señor dirigió a Flo en una oración, a leer todo Isaías 48; ella sintió que encon-traba un mensaje muy importante para el grupo de oración. En este pasaje el Señor proclama:

Flo sintió que el Señor le estaba comunicando 4 cosas a través de este pasaje y habló acerca de ellas en la reunión de oración. Primero: Él estaba haciendo algo nuevo.Segundo: ellas no deben decir, “mi ídolo lo hizo”. Tercero: Un proceso de refinamiento se estaba llevando a cabo. Cuarto: Nadie debe tocar  la gloria de Dios dirigiéndose a la carne en vez de al Espíritu. En retrospección, ella vio cómo el Señor  estaba preparando al grupo de oración de la capilla Hill para el rol que el grupo habría de tomar para llevar el Bautismo en el Espíritu Santo a los católicos.

Dios tenía un claro plan en mente para ellos aunque no se habían dado cuenta en ese tiempo. El pasa- je de Efesios 2,10 fue de especial significado para Flo. “Lo que somos es obra de Dios: Él nos ha creado en Cristo Jesús, con miras a las buenas obras que dispuso desde antes, para que nos ocupáramos en ellas” .

Un poco antes de la reunión de enero 13 de 1967, Flo recibió una llamada telefónica de una mujer  episcopal, que se había reunido con gente de Duquesne. Esta hermana en Cristo estaba muy emociona-da y ansiosa de hacer algo especial la noche en que los católicos la visitarían. Flo sintió que el grupo de oración necesitaba una meditación para después proceder como siempre. Pero cuando colgó el teléfono le preguntó al Señor que estaba sucediendo y si debía contactar a su grupo; ella recuerda que el Señor  parecía decirle, “Pídeles que ayunen y oren y que sean obedientes al Espíritu Santo y se hará historia”.

La noche del 13 de enero de 1967, alrededor de las 19:30, 4 visitantes de Duquesne arribaron a la casa de Flo, ubicada en el número 25 de Chapel Drive en las colinas al norte. Se encontraban los 2 miembros de la Facultad ya mencionados, una de sus esposas, otro instructor de teología, llamado Patrick Bourgeois. Flo recuerda que cuando su madre abrió la puerta y los vio sintió un amor profundo por  ellos y los recibió como hijos. Se recibieron los unos a los otros con un cálido abrazo. El Señor dio a la madre de Flo un sentimiento de unidad en el Espíritu que Él deseaba que surgiera. El amor del Señor se vertió sobre todo el grupo y duró toda la tarde.

Flo fue profundamente tocada por un hambre espiritual que ella percibió en los 2 hombres que habían ayunado y orado por una Renovación en el Espíritu Santo. El instructor de teología le comentó a una amiga de Flo que estaba sorprendido por la fuerza interior que llevaba a las personas en las reuniones a predicar. La tarde procedió como siempre con himnos, oración espontánea, breves testimonios, lectura de las Escrituras y oración en lenguas.

Cerca del fin de la reunión se puso una silla en medio del cuarto para cualquiera que quisiera pedir una oración para una necesidad en especial. Pero esa noche, Flo sintió que el Señor le dijo que dejaran de la-do esta costumbre. Ella recordó el pasaje de Isaías “No dar mi gloria a otros”. Flo quiso obedecer el anuncio del Señor de que no hubiera ninguna imposición de manos esa noche. Era importante que nin-gún miembro del grupo tuviera el crédito, por decirlo así, de haber sido la persona que puso las manos sobre los visitantes católicos en el Bautismo en el Espíritu.

Pero al intentar ella terminar la reunión el profesor de historia de Duquesne, brincó. Flo Dodge vívida-mente recuerda que el profesor la alcanzó moviendo sus manos, deteniéndola y diciéndole. “Oh no, usted no puede terminar, he esperado mucho tiempo para esto. Vine a recibir el Bautismo en el Espíritu Santo y no me voy hasta que lo haya recibido”.

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Yo les había anunciado los acontecimientos mucho tiempo antes. Salieron de mi boca y los di a conocer, de pronto las hice y se cumplieron.

 Yo sabía que eres porfiado, que tu cuello es como una barra de hierro, y tu frente como de bronce. Por eso te había anunciado los acontecimientos y te los di a conocer antes que llegaran. Si no, hubieses dicho: “Mi ídolo fue el que los hizo, mi estatua tallada o fundida fue quien los mandó”. Tú has oído todo esto, ¿no vas a admitirlo? Ahora te revelo cosas nuevas y secretas no sabidas...

Mira cómo te he puesto en el fuego, igual que la plata y te he probado en el horno de la desgracia. Tan sólo por mi amor, por mi amor, lo he hecho, pues, ¿cómo mi nombre sería profanado? No cederé a otro mi gloria.

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Flo preguntó entonces a Jim Prophater, un artista comercial que también estaba presente esa noche con su esposa, que se reuniera con este profesor y que determinaran si de hecho él estaba preparado para el Bautismo en el Espíritu.

De acuerdo con Flo, Jim le preguntó que expresara lo que creía acerca de Jesucristo; el profesor res-pondió que amaba al Señor con todo su corazón y que estaba dispuesto a recibir más de su Espíritu Santo.

Todos los presentes unieron sus manos en un círculo y Jim Prophater ofreció una oración sencilla pidi-éndole al Espíritu Santo que descendiera. Flo recuerda que Jim dijo: “Señor Tú conoces su corazón y necesidades. Llénalo ahora para que se derrame con tu Espíritu”. Ella dijo que pudo sentir al Espíritu Santo descendiendo sobre el profesor, aunque él no oró en lenguas y nadie le impuso las manos. Pero había tal poder en el cuarto aquella noche que todos los presentes recibieron más de Dios. En un Espíritu de alegría, cada uno se levantó y dio gracias por lo que el Señor estaba haciendo. Uno de los instructores de teología cantó un himno y la reunión se terminó.

Para los 4 católicos que estuvieron en la primera reunión, fue significante lo que sucedió el 13 de ene-ro, el octavo día de Epifanía, establecido en la liturgia Católica, para celebrar el bautismo de Jesús en el río Jordán.

Otra descripción

Es interesante ver cómo gente diferente describe el mismo evento. Somos afortunados de tener la siguiente historia de uno de los 4 católicos originales que estuvieron en la reunión de oración en la capilla Hill, allá en casa de Flo. Fue escrita por el instructor de teología que se hizo la promesa original de orar  por una Renovación en el Espíritu Santo:

Me ha dicho mucha gente que estuvo presente, que este profesor salió de la casa de Flo a caminar  tiempo después que terminó la reunión de oración; había tenido en general una experiencia positiva de la misma, como lo menciono anteriormente. Pero ciertos elementos le causaron una inquietud emocional que sintió la necesidad de estar solo y pensar en todo lo que había sucedido.

Regresando por más

Mi esposa, 2 colegas y yo caminamos lentamente hacia un hogar suburbano y nos quedamos gratamente impresionados por la calidez de la gente que ahí estaba. Era como una reunión familiar y nosotros pertenecíamos a ella. Recuerdo que cantaron 4 o 5 himnos tradicionales de tipo Escuela Dominical para abrir la reunión, continuaron con una sesión espontánea de oración. Una persona era la que llevaba la guía esa vez y aunque ciertamente no eran balbuceos se oían oraciones en voz baja y en lenguas. Esto también fue hecho suavemente; ellos comenzaron después a compartir textos bíblicos de la forma más notoria. Compartieron lo que habían leído en la última semana y lo relacionaron con una variedad de experiencias pasadas y presentes, lo que nos sorprendió acerca de esto, fue que la teología de la vida cristiana que surgió fue excelente. Fue una teología de gracia orientada a la resurrección, del tipo que se encuentra en los cursillos y en los buenos libros de teología; pero todavía no se había ideado para un libro de texto. La teología operativa del grupo que conocí y en el que oré era positiva, natural, y alegre, debido a que tenía su base en las epístolas paulinas.

hecho iba a empezar a rechinar los dientes cuando alguien dijo: “Usted sabe, creo que el Señor quiere que también usemos eso...”. Y esto comenzó una reflexión muy positiva. Mi única objeción pareció centrarse en la forma en que ellos usaban las Escrituras. La palabra correcta no es Fundamentalismo, era mucho más, el que ellos intentaran leer las Escrituras como lo hacen los padres en las iglesias, de una forma altamente alegórica. Me desconcertó por unos momentos, pero aún con esto pude ver un sentimiento real y un testimonio de la presencia de Dios. Tal vez por eso me molestó. Temí una mentalidad del tipo “Línea súper directa a Dios”. Todavía como uno de mis amigos dijo después de la reunión, tal vez porque nosotros damos más énfasis a causas secundarias, tenemos la impresión de que Dios nunca trabaja. No fue una tarde extraordinaria, pero nos llevó a pensar y a orar. Nos dejó con un sentimiento de que sí había un movimiento de Dios.

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El siguiente viernes 20 de enero de 1967, 2 de los 4 católicos regresaron a la casa de Flo en la capilla Hill. El instructor de teología compartió sus impresiones de lo que fue esa segunda reunión, a unos ami-gos a través de una carta:

Pidan y se les dará

En la siguiente semana, el profesor de la narración que acaban de leer, oró con su esposa y el profe-sor de historia, con imposición de manos. Ellos también recibieron el Bautismo en el Espíritu. Uno de ellos lo describe de la siguiente manera:

Otro testigo ocular 

Estoy agradecida de contar con otra descripción de uno de los 4 católicos originales que estuvieron en la famosa reunión de oración en la casa de Flo Dodge en la capilla Hill. Es el testimonio del Dr. Patrick L. Bourgeois, nativo de Nueva Orleáns, Louisiana, quien en la actualidad es profesor de tiempo completo de

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De los 4 que estuvimos en la primera reunión, por diferentes razones, solamente Patrick Bourgeois, un compañero instructor en teología, y yo, pudimos estar en la siguiente reunión. Regresamos para encontrar que las oraciones y las reflexiones estaban centradas esta vez en la Epístola a los Romanos. La única forma en que puedo expresar lo que sentimos acerca de esta reunión fue que no estaba turbada por temas de reformación; ellos no estaban diciendo algo que pudiera ser problema. Era una reunión sin denominaciones. Terminó cuando Pat y yo pedimos una oración para el Bautismo en el Espíritu Santo. Ellos habían formado varios grupos porque estaban orando por mucha gente. Simplemente me pidieron hacer un acto de fe para que el poder del Espíritu actuara en mí. Rápidamente me puse a orar en lenguas. No fue particularmente un acto espectacular. Sentí cierta paz (y un poco de valor en mi oración) y verdaderamente algo de curiosidad por saber adonde me llevaría todo esto; después suspendieron para dar un refrigerio y tener una pequeña convivencia, recuerdo que mi comentario para ellos esa noche fue: “Vean lo que tienen cuando vienen católicos, y tienen ritos y ceremonias”. Ellos nunca habían hecho algo así antes. Simplemente cerraban la reunión y se iban a casa. Esa noche, sin embargo, fue una especie de celebración.

Para mí el orar en lenguas fue un aspecto mínimo, un fenómeno puramente concomitante, que parece relacionarse con todo esto. Me sentí interesado en él, primeramente porque sentí que mi fe necesitaba más vida. Ese fue mi principal interés; hablar en lenguas no representó un problema intelectual, porque históricamente yo sabía que es un fenómeno ampliamente aceptado en la Iglesia desde los comienzos del Nuevo Testamento. Y por lo que sé de la historia de la Iglesia, el fenómeno no se limitó al Nuevo Testamento, de ninguna manera. Mi dificultad personal fue al contrario, no podía entender por qué este fenómeno carismático no ocurre más frecuentemente como uno uede es erar. Esto arece estar más en línea con lo ue o es eraba de la cristiandad

Hablar del Bautismo, es como si yo hubiera sido introducido dentro de un gran mar, sólo que el agua era Dios, el agua era el Espíritu Santo... De todo a todo no es una experiencia nueva. No es una experiencia revolucionaria, debido a que reafirmó todas las cosas en las que yo encontraba y trataba de reafirmar desde hace muchos años: mi apreciación a las Escrituras, mi apreciación a la Eucaristía, mi apreciación de la oración y trabajo con otra gente. La diferencia es que a mí me parece que todo

 

es más fácil y espontáneo y que viene del interior, no es mucho el que yo trate de trabajar con gente o advertir a Dios o ponerle atención, de hacerlo a Él el centro de mi vida. Esto me parece ahora mucho más espontáneo, resultado de esas aspiraciones y poder que vienen del interior. Esto no quiere decir que he superado todas mis dificultades, una sola vez, es que hay más espontaneidad e interioridad, más poder en una palabra que antes no hubo.

Y esto ha durado y perdurado. Se puede disminuir o debilitar por la falta de fe, estoy seguro de que Dios trabaja a pesar de nosotros.

Tenemos que cooperar con Él y dejarlo actuar, dejarlo establecer su propio camino, porque no hay nada automático, nada mecánico, nada mágico, nada supersticioso; todavía es la vida cristiana de los viejos tiempos, que se me enseñó cuando yo era niño, que tiene una cierta y nueva dimensión, una nueva fuerza y un nuevo poder e interioridad que no tenía antes, por lo que yo agradezco a Él con todo mi corazón.

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