LAS TENDENCIAS SEGUIDAS EN EL CONTROL DE LA BRUCELOSIS* K. F. MEYER, M.D.
George Williams Hooper Poundation, Universidad de California, San Francisco, Calijornia, E. U. A.
La brucelosis es un problema sanitario mundial que, tanto por sus efectos sobre la salud humana y la salud animal, como por sus repercusiones económicas (l-4), ocupa uno de los primeros lugares en la lista, cada vez más larga, de las infecciones trans- mitidas por los animales al hombre. Por desgracia, se desconoce la verdadera ex- tensión de la brucelosis en grandes zonas del mundo. Sin duda, el número de casos notificados no está en relación con la inci- dencia real de la enfermedad en seres hu- manos. La infecciún afecta directamente a grandes sectores agrícolas y a otros grupos de población expuestos, originando una enfermedad prolongada y reduciendo la capacidad de trabajo. Así ocurre especial- mente en ciertas regiones de América Latina y del Mediterráneo, donde la Brucella meli- tensis abunda mucho en las cabras.
EPIDEMIOLOGIA
La mayor parte de las infecciones sufridas por las personas son resultado del contacto directo con los fetos, placentas y demás descargas que siguen al aborto o al parto de las reses infectadas o cuando se sacrifican para el consumo. Además, muchas personas contraen la enfermedad al alimentarse de productos lácteos procedentes de vacas y cabras infectadas.
Tres son las especies de Brucda que se sabe infectan al hombre: la abortus, la melitensis y la suis. Existe entre ellas tal parecido que para distinguirlas hay que utilizar pruebas especiales. Probablemente, las tres proceden de un t’ronco genérico común y adquirieron características espe- ciales al adaptarse a nuevos huéspedes. La
* Trabajo presentado a la D6cimotereera Reu- nión Anual de la Asociación Fronteriza Mexicana- Estadounidense de Salubridad, celebrada en la Ciudad de México del 6 al 9 de mayo de 1955.
relación, bastante estable, que hay entre el ganado vacuno y la Br. abortus indica que esta especie bien pudo ser la primera. En general, los cerdos y las cabras reaccionan con mayor fuerza, en los casos de infección por suis y melitensis, respectivamente, que el ganado vacuno, en los de infección por abortus. La idea de que la abortus es la es- pecie más antigua encuentra nuevo apoyo en la presunta ausencia, 0 por lo menos rareza, de infección natural de Brucella entre los animales salvajes. El ganado vacuno fué una de las primeras especies animales do- mesticadas por el hombre; los cerdos, las ovejas y las cabras no fueron sometidos a domesticidad hasta más tarde. Las reac- ciones que se observan en todos los animales, e incluso en el hombre, cuando contraen infecciones de melitensis o suzk, sugieren que estas dos especies son de origen más reciente.
En las zonas donde abunda el ganado vacuno infectado por la Br. abortus son muchas las personas que se exponen al con- tagio bebiendo leche sin pasteurizar. A pesar de la invasión por la Brucella que experimen- tan los tejidos de estos individuos, los signos y síntomas clínicos manifiestos son consi- derablemente inferiores al número de per- sonas realmente infectadas. En una pobla- ción rural expuesta a la brucelosis bovina por medio del consumo de leche cruda, la prueba intrad6rmica en que se usa el brucelógeno puede dar un porcentaje muy elevado de casos positivos, y revelar, en cambio, muy pocos casos de brucelosis clínica. Además de que la virulencia de la Br. abortus es relativamente baja, hay otros factores que tienden a atenuar el peligro de beber leche contaminada por tales microorganismos: la leche infectada puede haberse diluido con grandes cantidades de leche no infectada, al mezclarse en la lechería la de varios orígenes; pero el más importante de estos
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factores es que los niños, que son los mayores consumidores de leche, ofrecen una resisten- cia natural a la enfermedad clínica después de ser expuestos a la Brucella. Esto explica que la mayoría de los casos humanos de brucelosis debida a la Br. abortus sean con- secuencia del contacto directo con animales de granja, vivos o en canal, pero esto no * resta a la necesidad de pasteurizar la leche. Los microorganismos penetran general- mente a través de la piel o de una membrana mucosa intacta. La mayor parte de las personas que contraen brucelosis clínica debida a la Br. abortus han estado en con- tacto con ganado vacuno, o, en algunos casos, con ganado porcino infectado. Los cerdos que se encuentran próximos a ganado vacuno infectado, en pesebres o abrevaderos, pueden contraer la Br. abortus, y recientemente se han descubierto en California ovejas ataca- das por este microorganismo.
En algunos estados donde crían cerdos en gran escala, por ejemplo, en Iowa, la bru- celosis porcina constituye una amenaza para el bienestar humano. Se puede transmitir al hombre en dos formas: 1) Por contacto directo con animales infectados, ó 2) por propagación indirecta al ganado lechero que comparta los establos con cerdos infectados. En este último caso, las posibilidades son mucho más graves porque la Br. suis, que, en general, es más patógena para el hombre, puede llegar en casos excepcionales a los consumidores de leche cruda. Sin embargo, es por lo común esporádica y aparece en personas expuestas individualmente al con- tacto directo con algún animal infectado, bien sea en la granja o en el matadero.
En las regiones dedicadas a la cría de cabras la brucelosis se halla muy diseminada entre estos animales, y constituye la causa principal de brucelosis humana en México, en Francia, Italia, España, Yugoeslavia, Tur- quía, Israel y Egipto. Hace cosa de 30 años la cabra constituía la fuente de infección brucelósica de un escaso número de casos humanos en el suroeste de Estados Unidos. La tasa de mortalidad oscila entre el 4% y el ll %. La Br. meliten& puede infectar
también al ganado vacuno, y la situación indicada con respecto a la Br. suis puede presentarse asimismo en este caso, alcan- zando la infección a consumidores de leche cruda. En los Estados Unidos se compro- baron casos de infección humana por Br. melitensis procedente de cerdos. En otros países, por ejemplo en Francia y reciente- mente en Alemania (5), se ha comprobado que el ganado lanar es una fuente importante de infección humana grave e incluso mortal.
La Br. melitensis penetra en el organismo por ingestión, por contacto o por inhalación del polvo contaminado que haya en la atmósfera que circunda al ganado. Tanto del ganado caprino como del lanar se ob- tienen productos lácteos, particularmente el queso fresco, en los que puede abundar la Brucella. Cuando el queso es pegajoso, lo probable es que permanezca en la boca du- rante un tiempo considerable lo que facilita la penetración de los microorganismos a través de las membranas de la boca, subs- trayéndose así a la acción de los jugos gástri- cos que pudieran destruir la Brucella. Por lo general, en la brucelosis humana de origen caprino se suelen infectar Simultáneamente varios miembros de una familia, mientras que en la de origen bovino sólo se presentan casos individuales en el mismo hogar. En los corrales y establos de las cabras, el suelo puede estar muy contaminado de Brucebla expulsada de continuo en las heces. Por ser resistentes a la desecación, estos microor- ganismos pasan fácilmente a formar parte del polvo que levatan los animales al moverse. Otra fuente de infección para Ias cabras es la ingestión del agua estancada en los abrevaderos de los corrales.
ASPECTOS ECONOMICOS
neral, las pérdidas consisten en: 1) un des- censo de la producción de leche: un promedio del 22 % ; 2) pérdidas de cabezas de ganado debido a merma de la fecundidad-un promedio de 40%-o por abortos, y 3) de- preciación de las vacas, cabras, ovejas, ,cerdos y caballos infectados. Según datos del Consejo Nacional de Investigación delosEsta- dos Unidos (6)) en este país hay por lo menos 1.300.000 vacas lecheras y 800.000 destinadas al matadero que padecen brucelosis, y las pérdidas econbmicas resultantes se estiman en $100.000.000. De acuerdo con una esti- maci6n más reciente del Consejo de Investi- gación Agrícola la pérdida anual ha descen- dido a $45.000.000. Los daños causados por la Br. aborlus a la ganadería suiza, durante un año, varían entre 3 y 25 millones de dólares. Desgraciadamente no se dispone de cálculos similares sobre otros países. En las zonas afectadas, la brucelosis bovina es causa de pérdidas económicas muy con- siderables para la industria lechera, con consecuencias probablemente mayores de las que, por lo general, se reconocen. Varuega estima que la erradicación de la brucelosis en el país cuesta menos que las pérdidas económicas anuales ocasionadas por esta enfermedad.
atención a la lucha contra la brucelosis. La Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, están abordando en escala mundial los problemas creados por esta enfermedad. Cuentan para ello con el asesoramiento de un cuadro de expertos en medicina y veterinaria, proce- dentes de diversos países, y colaborando estrechamente con la Ofirina Internacional de las Epizootias y con varios congresos interamericanos están atacando el problema sobre una hase mundial. La única manera de impedir que la hrucelosis ataque a los seres humanos consiste en eliminarla de los ani- males. Las medidas adoptadas por las organizaciones mencionadas se inspiran en el objetivo señalado actualmente: la erradi- cación completa de la brucelosis hovina, más bien que el mantenimiento de medidas de control.
También son incompletas las valuaciones de las pérdidas sufridas a consecuencia de la brucelosis en zonas de cría de ganado caprino y lanar. Así, en el sur de Francia 1) están infectados del 15 % al 40 % de los rebaños; 2) abortan del 10% al 40 % de las cabras y ovejas infectadas, y, en consecuencia, 3) se pierden anualmente 100.000 crfas de oveja y 50.000 de cabra (7). Nadie ha evaluado hasta ahora los efectos de estas pérdidas, junto con los estragos de la enfermedad, sobre la salud y el bienestar en muchos países. Tal negligencia se ha de atribuir, en gran parte, al hecho de que son muchos los que no reconocen que esta enfermedad
constituye una entidad específica, por lo insidiosa y difícil que es de diagnosticar.
Es ésta una t,area difícil, pero los progresos alcanzados en los Estados Unidos, en Puerto Rico y en los países escandinavos (8) per- miten abrigar esperanzas. Hace ya cerca de 50 años se vi6 la posibilidad de identi- ficar la infección de las vacas con conside- rable precisión mediante una sencilla prueba de aglutininas del suero. Para erradicar la brucelosis bovina, los primeros esfuerzos se dirigieron a la destrucción de los animales clasificados como reactores en esta prueba, lo mismo que se hizo en la campaña contra la tuberculosis. Por desgracia el tipo de con- trol a base de la prueba y el subsiguiente sacrificio de los reactores es tan costoso, cuando se sigue concienzudamente, que no ha sido posible adoptarlo en escala mundial.
La cooperación del ganadero no puede depender solamente de medidas legislativas. Hace falta también un programa educativo eficaz, apoyado por una información certera que haga ver a todos los interesados la necesi- dad de eliminar la brucelosis.
Los esfuerzos realizados para elaborar un programa de control eficaz, viable y aceptable, pusieron de manifiesto varios
CONTROL inconvenientes del plan inicial. Posiblemente
Para mejorar el bienestar de los países de uno de los más enojosos es la naturaleza de todo el mundo hay que prestar la debida la propia prueba de aglutinación. Esta
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tiene la ventaja de ser relativamente barata y se puede repetir con la frecuencia necesaria, pero presenta varias desventajas. Una es que los resultados pueden ser desorienta- dores. El suero de algunas vacas no infec- tadas puede causar una aglutinación no es- pecífica, o al principio de la infección puede ocurrir que no sea apreciable la presencia de aglutinas. Se ha dado el caso de que algunos rebaños considerados libres de infección basándose en la prueba y en el subsiguiente sacrificio de los reactores, se infectasen ulteriormente. Este contratiempo tan desa- lentador y a veces tan desastroso ocurrió por lo general cuando los animales sacrificados se substituyeron por reses de hatos no incluidos en el programa de pruebas. Otro inconveniente fué la falta de informa- ción apropiada y completa de todos los grupos interesados y las consiguientes difi- cultades de la coordinación de los esfuerzos de los ganaderos y de los funcionarios res- ponsables de la salud del ganado.
En una fase desalentadora de los pro- gramas de control, se consiguieron de pronto progresos muy alentadores. Gracias a las investigaciones de Buck (9), Buck y Cotton (lo), y de Traum (ll), se halló que una cepa de Br. abortus, la cepa 19, es eficaz para pre- venir abortos de vacas vacunadas entre los 4 y los 8 meses de edad. Los experimentos mostraron que las terneras vacunadas con- servaron durante la primera gestación bas- tante inmunidad para contrarrestar la ex- posición al contacto con otras cabezas de ganado infectado. La cepa 19, viva, si bien atenuada, protege sin causar la enfermedad generalmente, debido a su estable virulencia, y produce una infección temporal de poca intensidad a los animales vacunados, de la cual se reponen por entero. No hay en ab- soluto transmisión de las cebezas vacunadas a las susceptibles. El aborto ocurrió con poca frecuencia y sólo cuando la vacunación se efectuó durante la preñez. La vacuna pre- parada con cepa 19, en suspensión salina, resultó ser un producto de muy corta vida, que se deteriora al manipularlo en con- diciones adversas. Muchos casos de supuesto fracaso vacunal-indudablemente debidos a
la vacunación con microorganismos muertos o inactivos-condujeron a otra serie de desengaños. Actualmente hay un sistema que parece más prometedor y consiste en la liofiliación, o deshidratación al vacío (12), de los microorganismos en estado de con- gelación. La vacuna así producida, que por desgracia pierde con frecuencia en su pre- paración un 50 % de las células viables, es la que hoy se prefiere. A fin de que la produc- ción de la vacuna estándar que se utiliza pueda ser debidamente inspeccionada, la cámara legislativa de California ha facultado al departamento de salud pública de dicho estado para que ensaye los productos bio- lógicos e imponga unos métodos adecuados de transporte y conservación.
En California, donde se ha implantado un programa de vacunación obligatoria, y en otros estados con programas semiobli- gatorios, se ha logrado, en la mayoría de los casos, un excelente nivel de protección general. Las pérdidas por aborto han des- cendido a un nivel muy bajo. Se ha estudiado el grado de inmunidad conferido por una sola vacunación 0 por vacunaciones múl- tiples, y en ningún caso la revacunación reforzó dicho grado de inmunidad. Se re- conoce plenamente que la única manera de conseguir la erradicación definitiva es utili- zando la vacunación de las terneras como una medida que complemente las pruebas hemá- ticas y la eliminación de los reactores.
Hasta que se descubra una prueba de campo práctica y plenamente satisfactoria para distinguir las reacciones de la aglutina- ción vacuna1 de las reacciones debidas a la infección virulenta, un animal cuyo suero reaccione a ciertos niveles en la prueba que hoy se utiliza, deberá ser considerado peli- groso, tanto si está vacunado como si no, especialmente si ha llegado ya a la edad de dedicarlo a la reproducción. El título que hoy se considera como positivo es 1:200; para los animales vacunados. Desde el punto de vista de la salud pública, es absolutamente imperativa la eliminación de estos animales, particularmente si están diseminando Br. abortus a través de la leche.
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30 vacadas, integradas por 2.958 animales, en las que se había practicado la vacunación de terneras durante cinco años, revelaron la existencia de 89 reses diseminadoras de la infección. S610 cuatro de las vacadas se hallaban libres de ésta. Como el porcentaje de reactores, y en particular de disemina- dores, es bajo, se puede sentar la afirma- ción de que el paso siguiente consiste en identificar las reses diseminadoras por medio de un método sencillo. Desde el punto de vista de la vacada destinada al matadero, lo único que importa es apartar de ella los animales diseminadores. Desde el punto de vista de la propagación de la infección, es esencial la adopción de todas las medidas preventivas posibles, preferentemente la eliminación de las reses atacadas.
La aplicación de nuevos métodos de cul- tivo de muestras de la leche y de la crema en un medio especial tiene la ventaja de que proporciona a los organismos sanitarios una información valiosa acerca de los progresos de un programa de erradicación en el ganado lechero. Se deben poner a prueba los métodos expuestos por Hess y Sackman (13) y por Goode y sus colaboradores (14).
La prueba de aglutinación fué modificada por Fleischhauer (15) para descubrir la existencia de aglutininas de Brucella en la sangre; la nueva modalidad se denomina prueba del anillo en la leche o la crema, “ABR” (Abortus-Bang-Ring) o prueba de lacto-aglutinación. Su éxito depende del empleo de un antígeno adecuado, preparado a base de una suspensión densa de Brucella teñida con hematoxilina. La prueba se lleva a cabo añadiendo antígeno a la leche en la proporción de una gota por mililitro. Tras una incubación de una hora a 37%entí- grados, la muestra se somete a centrifuga- ción y se lee. Los microorganismos teñidos y aglutinados se adhieren a los glóbulos grasos y suben a la superficie, a la vez que la grasa que contiene los microorganismos teñidos produce una coloración purpúrea en la capa de leche o crema. En Dinamarca y en Es- tados Unidos se ha hecho amplio uso de esta prueba. No se declara a un hato libre de
infección hasta después de haber realizado en una muestra compuesta del mismo, tres pruebas anulares consecutivas-a intervalos de 4 a 6 meses-con resultado negativo, y de haber practicado seguidamente tambibn con resultado negativo una prueba de aglu- tinación en la sangre de todos los animales del hato. En el ganado de grado A, se consi- deran suficientes las tres pruebas anulares negativas. En los Estados Unidos un cierto número de Estados estudiaron el estado del ganado lechero, mediante la prueba de la leche en la granja, con la colaboración de los organismos a cargo del control de las enfermedades del ganado en general. Esta prueba resultó de gran valor como prueba de campo, en especial para descubrir vacadas positivas de Brucelìa (14).
En un amplio y minucioso estudio sobre las infecciones de las ubres, Goode, Amerault y Manthei (14) utilizaron el cultivo de la leche para determinar el estado de infección de los hatos vacunados y de los no vacuna- dos, y, por este procedimiento, lograron evaluar la proporción de animales dise- minadores, la prueba de seroaglutinación y la relación entre ambas y la vacunación con cepa 19.
No es necesario insistir aquf sobre el hecho de que la determinación definitiva del estado de infección de una res aislada o de todo un hato, no se puede hacer con seguridad a base solamente de la prueba del anillo o cultivo de la leche. Estos procedimient’os tienen ciertas limitaciones inherentes, especial- mente cuando se aplican a hatos vacunados, pero son muy valiosos cuando se utilizan como complemento de las pruebas hemáticas. Para que continúen los progresos hacia la erradicación, es necesario que se utilicen adecuadamente todos estos procedimientos, cada uno en su caso, junto con una pronta identificación y desplazamiento o segrega- ción de los animales enfermos y la aplica- ción de medidas sanitarias.
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ciones a las pruebas hemáticas observadas en animales vacunados o si se permite que animales serorreactores no sometidos a prueba o seronegativos, de hatos de origen desconocido, circulen en el comercio, en lugar de destinarlos inmediatamente al mata- dero. Como la funesta experiencia de Latino- américa ha mostrado, es antieconómico incorporar reses sanas en vacadas infectadas de brucelosis.
Sin duda alguna, las disposiciones inter- estatales relativas a la brucelosis, reco- mendadas en 1953 (16) para el interior de los Estados Unidos se podrían aplicar para reglamentar la importación de ganado en los pafses latinomericanos.
Brucelosis capr2na
Las observaciones hechas por el Dr. G. Renoux, director interino del Instituto Pasteur de Túnez, y expuestas por él du- rante una visita que hizo a los Estados Unidos en mayo de 1954, pueden servir de base para un estudio del control de este tipo de brucelosis.
En Túnez se está desarrollando un pro- grama con ayuda de subvenciones de la FAO y la OMS. De acuerdo con 61, se pro- cedió a infectar artificialmente, por vía con- juntival, cabras susceptibles importadas de Suecia, determinándose así la dosis infectiva LDba para estos animales. La dosis infectiva media LD~,J de la cepa más patógena, la Br. mel&nsis 53H38 de origen mexicano, fué de 20.000 microorganismos (campo: 8.300- 48.000). Probablemente las cabras que reci- bieron pequeñas dosis infectivas se repu- sieron espontáneamente. Pero las razas de ovejas destinadas al matadero fueron más resistentes; la LD50 fué de 400.000 Br. meli- tensis de la misma cepa. Esto no es aplicable necesariamente a las ovejas lecheras. La sus- ceptibilidad del ganado cabrío no varió por razón de la edad, del sexo ni por la preñez de algunas cabras. Las crías fueron susceptibles a la infección y algunas permanecieron in- fectadas durante muchas semanas. Las cabras infectadas subclmicamente, que con-
trajeron la infección en el primer año de vida, desempeñan indudablemente un papel de relativa importancia en la epidemiología de la brucelosis caprina.
Con ayuda del medio inhibidor elaborado por Kuzdas y Morse (17), se consiguió aislar fácilmente la Br. melitensis de las heces de cabras muy infectadas; también se aisló de la vagina, independientemente del estado de preñez y del parto. La leche de las cabras no parturientas contenía Br. melitensis en tantos casos como la de las parturientas. Los depósitos centrífugos de la leche, con más frecuencia que los de la crema, contenían Br. melitensis; la presencia del Br. abortus se manifiesta con más frecuencia en la crema.
La prueba de aglutinación en placa o tubo de ensayo dió resultados persistentemente negativos en cierto número de cabras infecta- das que excretaban Brucella. El título de aglutinación varió mucho de una a otra prueba en la misma cabra. El fenómeno de la prozona se manifestó frecuentemente en el suero de las cabras. Los anticuerpos in- hibidores parecían específicos y se encon- traron en más del 90 % del suero negativo de cabras infectadas. La inyección de melitina (un antfgeno de prueba dérmica preparado a base de melitensis) no ejerció ninguna in- fluencia manifiesta en el título de aglutina- ción.
El estado alérgico se manifestó lentamente después de la infección, y las pruebas intra- dérmicas fueron claramente positivas en las cabras muy infectadas.
Hasta que las pruebas de Túnez estén más completas, las recomendaciones sobre el control se han de apoyar en experiencias anteriores.
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percibida si no se practican pruebas espe- ciales, y persiste en el país en que ha pene- trado la infección.
En América Latina la enfermedad existe desde hace siglos y tiene carácter crbnico. Los problemas que se han de abordar son los siguientes: 1) Las pruebas de diagnbstico requeridas como guía para la ident,ificación y la eliminación de las reses infectadas ex- cretadoras de Br. melitensis, no pueden ejecutarse en la escala apropiada más que con grandes dificultades. La prueba de aglutinación que se utiliza corrientemente, tiene limitaciones. Su interpretación ha de hacerse a base de todo un rebaño, y no de un solo animal. En opinión de Renoux (18) la prueba modificada del anillo para el estudio de la leche de cabra parece ser altament,e es- pecífica si los tubos se incuban durante 12 horas a 37” centígrados. También están trabajando en esta prueba Alivisatos y Edi- pides (19). La prueba puede ofrecer una solu- ción a algunos de los actuales problemas de diagnbstico. Hace 20 años se puso de relieve que la prueba alérgica intradérmica revela la existencia de la infección en una res caprina probablemente con mayor precisión que las pruebas serológicas más definidas (20). Hoy se dispone de antígenos adecuados, pero el trabajo que representa la aplicación de la prueba parece ser un factor que dificulta su uso. 2) La separación de las cabras que den reacciones positivas al someterlas a las diversas pruebas debe ir acompañada de rigurosas medidas sanitarias en el cuidado del ganado, particularmente en áreas donde el hombre vive en estrecha relación con las cabras. Quienes conocen bien las prácticas seguidas en la cría de cabras por los colonos y granjeros pobres que poseen pequeños re- baños alimentados con pastos naturales de terrenos abruptos, semidesérticos y arenosos, se dan plena cuenta de lo difícil que es con- seguir mucho en este orden. Para que la gente se familiarice con las consecuencias econ& micas y sociales de la pérdida de cabritos y corderos y de la propagación de la enferme- dad al hombre se necesita un programa edu- cativo adaptado cuidadosamente a las
necesidades locales y ejecutado con pericia hasta que se consigan sus objetivos, Ade- más, nunca se aprecia-y, en consecuencia, rara vez se pone de relieve-que el ambiente de las moradas humanas en las que se ha dado albergue, durante décadas, a cabras infectadas con Br. melitensis se halla comple- tamente impregnado del agente infeccioso. No se sabe cómo eliminar la Brucella de ese medio contaminado, y se han hecho pocos esfuerzos para estudiar las condiciones que exige la obtención de los resultados apeteci- dos. 3) Aun en el caso de que se puedan satisfacer todos los requisitos y organizar un programa de prueba previa al sacrificio de reses digno de confianza, el funcionario de salud pública precavido debe mirar hacia el futuro. Una población atrasada que dependa solamente de las cabras para el abasteci- miento de leche y de product,os lácteos dehe recibir el apoyo económico del gobierno, porque la única manera de hacer frente a la hrucelosis consiste en suhstituir las reses in- fectadas por otras importadas y sanas. Esto no es compatible con la economía de los países que sienten más las gravosas conse- cuencieas de la brucelosis caprina. Las pérdidas t’emporales se verán más que com- pensadas en el futuro. Serán menos los ani- males que se pierdan ron los abortos y aumentará la productividad.
Ya se ha hecho referencia a la utilidad de la vacunación de terneros ron la cepa 19. Est’o indica la necesidad de proseguir los trabajos para encontrar una cepa de Br. melitensis adecuada para la varunación de cabras y ovejas. Parere evidente que no se dehiera regatear ningún esfuerzo para descu- brir una vacuna de esta clase. Entretanto conviene pensar en algunos de los problemas que presupone est,e esfuerzo. Una serie limi- tada de pruehas ha mostrado que las rabras que se han repuesto de una infección de Br. melitensis tienen una inmunidad que, con rapidez y eficacia, lihra sus tejidos del agente infeccioso ruando se les administra una dosis relativamente grande de Br. melitensis virulenta. Pero no son inmunes a la infección por Br. abortus. En consecuencia,
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la inmunidad adquirida por las cabras es un estado biológico demostrado. Hasta ahora hay pocas pruebas que induzcan a pensar que una vacuna muerta o la cepa 19, pueda conferir una inmunidad adecuada contra los constantes peligros de infección que prevale- cen en las regiones donde se crían cabras. Por otra parte, una gran cantidad de datos procedentes de Francia, de Inglaterra, de Australia y los Estados Unidos, deja pocas dudas en cuanto a que, por el momento, la única inmunidad efectiva contra el aborto originado por la Brucella se induce mediante la proliferación in vivo del agente vacuna1 o infectante. Por ahora, es preciso llegar a la conclusión de que la síntesis in vivo de los antígenos inmunizantes es de inmunogenici- dad superior -bien sea en calidad o en can- tidad- a la producida por microorganismos cultivados en un medio artificial. Es difícil hallar una cepa de Br. meìitensis que reúna
estas propiedades.
Elberg (21) expuso la hipótesis de la posibilidad de aislar una colonia de Br. melitensis (cosa que ha hecho Berman en Wisconsin con la abortus y la suis) dotada de requerimientos nutricionales no satis- fechos por el huésped normal. Suministrando al huésped un factor nutricional preformado, se podría propagar el microorganismo a discreción hasta inducir una inmunidad efectiva. Llegando este punto, la retirada del substrato de crecimiento necesario para- lizaría el desarrollo del microorganismo y la inmunidad normal y activamente adquirida del huésped limpiaría de infección los teji- dos de éste.
Con este fin Elberg y sus colaboradores, desarrollaron una mutante de la Br. meli- tensis dependiente de la estreptomicina. Esta mutante protegió a un 50% de los animales vacunados con ella en pruebas de infección bastante intensas: la IDs para ratones, de
10 a 20; para cobayos de 5 a 10; para ca- bras, 1; y para monos, 5. La infección se hizo mediante dos inyecciones de lOlo cé- lulas, administradas subcutáneamente.
Desgraciadamente, la estreptomicina no
pudo llegar hasta los microorganismos si- tuados intracelularmente y, por lo tanto, no pudo estimular su desarrollo. Sin em- bargo, estos pudieron multiplicarse 3 ó 4 veces, utilizando la estreptomicina que habían acumulado en su citoplasma durante la fase de desarrollo en el agar con estrepto- micina. La cepa no era patógena de acuerdo con el criterio histopatológico macroscópico y microscópico.
Se aisló entonces un agente inmunizante más prolífero de una colonia de Brucella dependiente de drogas, en un medio libre de drogas. Esta mutante se estudió cuidadosa- mente y se comprobó que no dependía de drogas. No era patógena para las cabras ni para algunos otros animales, pero era menos atenuada que las cepas dependientes de la estreptomicina, puesto que se multiplicaba más profusamente en ratones y cobayos. Como resultado de esta capacidad para multiplicarse, la cepa reversible 1, entre otras, pudo inmunizar, en dosis de 103 células, un 70 % de ratones, en contraste con 220 IDs0 , y un 60 % de cobayos, en contraste con 35 a 50 IDbo. Aún no se ha experi- mentado en cabras ni en monos.
La proliferación in vivo de la cepa reversi- ble 1, es tal que se multiplica y permanece en el bazo de los animales vacunados, du- rante ll semanas, antes de ser eliminada de los órganos. La prueba de infección se rea- liza por lo menos 6 semanas después de haberse eliminado la cepa. Se cree que la impresión efectiva de los depósitos de in- munidad es más intensa cuantitativamente, y en hipótesis sólo puede tener lugar, aunque en escasa medida, con antígenos producidos in vitro.
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de la adaptación de los microorganismos in vitro. El valor prot’ector de tal variante en la inmunización activa de las cabras está todavía por determinar.
iPor qué se ha elegido esta ruta experi- mental que, al parecer, es tan complicada? La posibilidad de seleccionar de una colonia de Br. melitensis, que se desarrolle en una placa de cultivo, una variante de baja pato- genicidad y alta inmunogenicidad es tan escasa, y el trabajo que requiere consume tanto tiempo, que parece más prometedor forzar el desarrollo de una cepa inmuno- génica mediante la adaptación gradual a la estreptomicina. La experimentación misma justificó que se adoptara este procedimiento y los progresos hechos nos llevan mucho más cerca de la creación de un método efectivo de inmunización contra la brucelosis caprina. Desgraciadamente, ~610 hay dos laborato- rios-el Centro de Brucelosis establecido en el Instituto Pasteur, de Túnez, que cuenta con el apoyo de la FAO y con la cooperación de la OMS, y el Departamento de Bacterio- logía de la Universidad de California, que dispone de una pequeña subvención de los Institutos Nacionales de Higiene de los Estados Unidos-que dedican sus energías a la solución de un problema de tanta impor- tancia para el bienestar de poblaciones que mal pueden resistir los daños directos e indirectos infligidos constantemente por la brucelosis caprina.
RECOMENDACIONES GENERALES
1. Se debiera emprender un programa de control contra la brucelosis, con la coopera- ción plena y entusiasta del Servicio de Tn- vestigaciones del Departamento de Agri- cultura, de los departamentos de salubridad estatales y locales y de los ganaderos.
2. La formulación de un programa de control debe ir precedida de un estudio siste- mático de la amplitud y distribución de la brucelosis en diferentes animales en que es desconocida aún.
3. Es esencial contar con un laboratorio central y de campo bien equipado y sufi- cientemente provisto de personal.
4. El control de la brucelosis bovina se debe emprender con los medios conocidos de que se dispone.
5. Se deben adoptar medidas para la pasteurización de toda la leche. La importan- cia de la pasteurización es decisiva, pues destruye la Brucella. En las zonas en que la leche de vaca se adultera con leche de cabra, este procedimiento debe ser objeto de una supervisión cuidadosa.
6. No es prudente confiar sólo en la pas- teurización, sin tener en cuenta otras rutas de transmisión, pues la mayoría de las infecciones se difunden, en muchas regiones, por el contacto directo con animales infec- tados.
7. Los reactivos para el diagndstico deben ser estandarizados por un laboratorio cen- tral.
8. La producción y distribución de va- cuna preparada con la cepa 19 de la Br. abortus debe ser objeto de inspección cons- tante, de preferencia por parte del departa- mento de salubridad nacional o estatal o de centros agrícolas.
9. Donde y cuando sea posible, el pro- grama oficial de erradicación de la brucelosis debe estar bajo la dirección de veterinarios del estado, a tiempo completo, preferen- temente especializados en salud pública con la cooperación de funcionarios de salubridad.
10. Se debe prestar seria atención a la adopción de medidas legales que ~610 permi- tan la importación de animales vacunados por los servicios oficiales, siendo terneros, y que tengan más de 30 y menos de 36 meses de edad, siempre que las pruebas hemáticas efectuadas dentro del plazo de 30 dfas del embarque no descubran una reacción in- completa en una solución al 1: 200.
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