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Cooperación internacional en salubridad

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Academic year: 2017

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COOPERACIOX INTERNACIONAL En’ SALUBRIDAD* POR EL DR. MANUEL MARTINEZ BAEZ

Jefe del Laboratorio de Anatomía Palológica, Instituto de Salubridad IJ lCnfermedades

Tropicales, México, D.F.

No sería de ext,rañar que alguien de entre los concurrentes a esta re- unión anual considerase ocioso tratar el tema cuyo enunciado sirve de título a esta nota. El solo hecho de que vive y florece la Asociación Fron- teriza Mexicana-Est,adounidense de Salubridad, podría ser ronsiderado como una prueba de que la cooperación internacional en salubridad es útil y aun indispensable. Y sin embargo, obedeciendo a una convicción y siguiendo el impulso que emana de un sentimiento sincero, me atrevo a tomar un poco de vuestro tiempo y de vuestra atención volviendo a hablaros de algo que todos sabéis y sobre lo cual, tal vez, estáis todos de acuerdo.

Quienes se interesan en cuestiones históricas pueden registrar el herho de que en este año cumple medio siglo de existencia la más antigua de las organizaciones sanitarias internacionales, la Oficina Sanitaria Pana- mericana y señalarían después otras fechas, que como piedras miliarias marcan-etapas importantes en el camino que va recorriendo la coopera- ci6n entre los pueblos par% lograr un nivel más alto de salud en la huma- nidad toda. Es posible que, considerando la cuesti6n desde un punto de vista más amplio, t’engamos que reconocer que la cooperacir>n inter- nacional en la lucha por la salud del hombre tiene orígenes más remot,os, tan remotos que se pierden en las sombras del pasado. Cuando el escriba desconocido que t,razaba los signos que han persistido en el papiro de Ebers, hace más de seis mil años, y por medio de esos signos consignaba, para el conocimiento de otros hombres y de otras épocas, las nociones que los egiprios tenían, por ejemplo, acerca de lo que hoy conocemos como uncinariasis ¿no es verdad que podemos decir que estaba roope- rando con otros hombres, de otros tiempos y de otros pueblos, en la tarea de hacer algo para reducir el daño que los seres humanos podían sufrir a causa de tal parasitosis? Murhos siglos después Duhini enruentra el agente causal; más tarde Perronrito señala cuál es la importancia de la enfermedad que tal parásito causa; hombres de rienria en diversas partes del mundo amplían nuestros conocimientos sobre t,al cuestión; la Fundación Rockefeller la toma como objeto de sus actividades primero en parte de los Estados Unidos y después en el mundo, y gracias a esta organización cuyos beneficios no serán loados nunca en demasía, nuest,ros conocimientos se precisan y crecen, y nos capacit,an hoy para luchar eficazmente contra esa plaga.

* Trabajo presentado en la Décima Reunión Anual de la Asociación Fronteriza Mexicana-Estadounidense de Salubridad, Monterrey, México, marzo 24-27, 1952

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La disentería era conocida desde hace siglos. Un día un ruso, Lösch, encuentra unas amibas en las heces de un disentérico; mediante un trabajo acucioso exhibe hechos que señalan el papel etiológico de la amiba histolítica; Kartulis y Koch confirman en Egipto los hallazgos de Lösch y los amplían. Walker y Sellards, Osler, Councilman y Laflen, Strong, Schaudinn, Craig y otros más en varios países, van acumulando poco a poco el caudal de conocimientos sobre la enfermedad, que ahora está al alcance de cualquier estudiante de medicina. Los brotes epidémi- cos de Chicago dan ocasión para que se aclaren algunos puntos obscuros sobre la epidemiología del mal y en estos momentos mismos, en diversas partes del mundo, siguen los hombres de ciencia buscando sin desmayo, tratando de afinar nuestros conocimientos, de hallar nuevas drogas curativas, de contribuir para que un día la humanidad se vea libre de una de las plagas que la azotan. En este trabajo contra la amibiasis no hay que ignorar la aportación valiosa del empirismo más crudo, cuando en la droga americana que es la ipeca, se ofrece a la humanidad que sufre el primer medicamento eficaz contra el mal. ZQué otra cosa es todo esto sino una cooperación internacional en relación con la salud de los seres humanos? Podría afirmarse que en la historia de la mayor part’e de las enfermedades del hombre se registran hechos semejantes, que revelan que los progresos alcanzados en la lucha contra la enfermedad y en pro de la salud, han sido siempre el resultado de la cooperación, de trabajar con un propósito común, y que esta cooperación ha tenido el carácter de una cooperación internacional.

Se podrá decir que en lo dicho antes se juega con los conceptos o con las palabras. Se podrá objetar que el término “cooperación internacional en salubridad” tiene una connotación precisa. Pero yo he querido re- cordar, tan solo, que los organismos creados y sostenidos expresamente para servir a la salubridad mundial tienen antecedentes remotos, no organizados ni sistematizados, y que prueban sencillamente que la en- fermedad y la salud no son patrimonio exclusivo de tales o cuales pueblos, sino que constituyen, tal vez, los fenómenos más universales y en rela- ción con los cuales el hombre ha sentido más claramente la conveniencia de asociarse para el logro de un objetivo común.

“Las enfermedades infecciosas,” ha escrito Charles Nicoller “hacen a todos los hombres hermanos y solidarios.” Es natural que los hombres de diversas naciones se agrupen y aúnen sus esfuerzos para satisfacer necesidades que no saben de fronteras políticas y que saltan por encima aun de las fronteras geográficas.

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y dejando a otros que sufrieran su propio destino. Cuando los conoci- mientos científicos enseñaron las causas de las enfermedades y la manera como éstas se diseminan, se vino a comprender, tras de años en que los viejos errores sobrevivieron por la fuerza de la tradición y de la costum- bre, la futilidad de los medios de prevención entonces en uso. Cuando las comunicaciones comenzaron a intensificar el contacto de los diferentes pueblos del mundo, cuando las necesidades de la vida hicieron indispen- sable para todos lo que todos en el mundo producen, se vino a la con- vicción de que, con muy escasas excepciones, las enfermedades de unos pueblos amenazan la salud de los demás y se hizo pat’ente la necesidad de organizar la lucha en común por conservar y por fomentar la salud, primer requisito de una vida íntegra, próspera y feliz.

No ha sido sino hasta estos últimos años, corridos todos dentro del siglo actual, cuando se ha organizado el movimiento internacional para trabajar en pro de la salud y en contra de la enfermedad. Para orgullo nuestro, es la Oficina Sanitaria Panamericana el primer resultado con- creto de esta actividad y, todavía más concretamente, los mexicanos debemos estar satisfechos de que haya sido aquí, en México, donde tal institución nació a la vida. Vienen después las organizaciones beneméritas que siguieron a aquella que he mencionado, la Oficina Internacional de Higiene Pública en 1907, la Sección de Higiene de la Sociedad de las Naciones en 1922 y, en 1946, la Organización Mundial de la Salud, para no mencionar sino aquellas instituciones de más amplia envergadura. Además de las anteriores, teniendo su origen en diversas circunstancias, aparecen otras organizaciones que es preciso mencionar con sentimiento de justicia y de verdad. La División de Salubridad Internacional de la Fundación Rockefeller, la Fundación Kellogg, el Instituto de Asuntos Interamericanos, la UNRRA, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el Fondo Internacional de Socorro a la Infancia, son otras tantas instituciones, internacionales en su compo- sición o en sus aspiraciones, que han surgido para servir a la causa de la salud humana. Otras, como esta Asociación Fronteriza Mexicana-Esta- dounidense de Salubridad, han venido a sumarse a las anteriores. Todas ellas tienen, en el fondo, idénticos fines, se basan en los mismos postula- dos, reconocen las mismas verdades, se empeñan en alcanzar similares objetivos.

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el mundo todo; otras trabajan en relación con una región del mundo. Otras más, y dejarlas para lo último no es tenerlas en menos, no han sido propiamente internacionales, por más que sus beneficios se hagan sentir en muchas naciones en el mundo todo. Entre estas últimas, la primera en el tiempo, en la magnitud y en la calidad, es sin duda la Fundación Rockefeller. Organización esencialmente altruísta, basada en noble sentido de solidaridad humana que alcanza jerarquía de generosi- dad, ha servido al mundo con eficiencia insuperada y muchos son los países, México entre ellos, que le deben agradecimiento y nunca se lo han negado.

Algunas, como esta Asociación que hoy celebra su evento anual, nacie- ron como consecuencia de una situación accidental. No es por casualidad que nuestra organización haya nacido hace diez años. La guerra que más de media humanidad hizo a costa de tanto esfuerzo y sacrificio para salvar los ideales de respeto a la persona de justicia y democracia, llamo a nuestras puertas y nos envolvió. Fué preciso contribuir al esfuerzo común; nuestro continente se vió amenazado y necesario fué adoptar medidas para salvarlo. Entre esas medidas se encontró la de prevenir el ataque de las enfermedades o la vida de los combatientes y de la población civil. En aquellos momentos, como nunca antes en la historia de la humanidad, apareció claro el valor de la salud, y la solidaridad del hombre ante las enfermedades. Se ha dicho, alguna vez, que la intensi- ficación de las actividades sanitarias a lo largo de nuestra frontera norte y de nuestra carretera internacional no sirvió sino a los intereses norte- americanos. Aunque así hubiera sido, en aquel momento nuestro deber era contribuir, dar facilidades, hacer cuanto en nuestro poder estuviera para alcanzar el objetivo común: ganar la guerra. Pero la verdad a medias no es la verdad. Y no es cierto que esas actividades sanitarias no hayan traído beneficio alguno al pueblo de México. Muchas de aquellas actividades han servido para mejorar las condiciones sanitarias en las ciudades y en los pueblos a lo largo de nuestra frontera. De haberse realizado los planes trazados, muchas poblaciones más dentro de nuestro país estarían en condiciones sanitarias mejores de las que hoy tienen. De no ser cierta la anterior afirmación, habría que preguntarse por qué, entonces, esta Asociación no murió al terminar la guerra; habría que inquirir por qué están hoy aquí representantes de las más altas autori- dades sanitarias de México y de los Estados Unidos; habría que investigar por qué en este salón se leen trabajos científicos que son escuchados con interés y con mutuo sentimiento de respeto y de estimación.

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los hombres de nuestro tiempo dicen: “si quieres la paz, prepárate para la paz.” La paz no es hoy, no debe ser hoy una mera ausenria de con- flicto armado. Debe ser algo posi$ivo, la convivencia armoniosa de todos los hombres, de todas las razas, de todas las lenguas, de todos los credos, dentro de normas de justicia y de libertad. Y no puede haber libertad, ni justicia, ni armonía, ni convivencia, en un mundo en donde más de las dos terceras partes de la humanidad viven atadas al potro de la miseria, de la ignorancia, de la enfermedad. Mientras haya pueblos débiles, habrá presas sobre las que los pueblos fuertes querrán echarse y las disensiones que por tal causa se originen habrán de degenerar en conflictos armados que no solo sufrirán los fuertes que quieran dirimirlos, sino que, romo lo hemos visto, como lo estamos sufriendo, nos afectarán a todos, y no por igual, sino siempre con más rudeza a quienes tienen más escasos medios para subsistir.

Hoy en día las organizaciones internacionales para la salubridad no son organizaciones benévolas, inspiradas en sentimientos tan respet,ables que alcanzan carácter de virtudes, pero que, como las virtudes, son cuali- dades individuales, sujetas a aparecer solo esporádicamente. Hoy en día la preocupacion por elevar el nivel de salud de la humanidad es vital para todos, y aun se podría decir que lo es más para quienes Genen más que perder, para aquellos que han alcanzado los más altos niveles de vida. De aquí el hecho de que sean estos países, los más afortunados, los más desarrollados, los más ricos y los más poderosos, los que deban estar más interesados en este objetivo.

Si recordamos la verdad antes expuesta, muchas dudas se aclaran, muchos prejuicios se desvanecen, muchas suspicacias acaban. Hay quienes piensan que los organismos internacionales son instituciones mediante las cuales los grandes imponen su voluntad a los pequeños Es posible que todavía en lo íntimo de muchos de aquellos que tuvieron la suerte de nacer formando parte de un pueblo poderoso, aliente esta idea. Pero esta idea es errónea. Clara y lúcida o confusa y como complejo sumergido, debe desaparecer. Como debe desaparecer, clara o lúcida o como complejo sumergido en las mentes de aquellos que el destino hizo formar parte de pueblos débiles. Todos debemos trabajar por el bien de todos, sin resabios, sin temores, sin prejuicios. Es derecho indiscutible de todo hombre disfrutar de una vida sana; el desconocimiento o el atropello de tal derecho traerá siempre consecuencias que van más allá del campo individual. Las grandes verdades casi siempre tardan en abrirse paso, pero una vez que se lo han abierto nadie podrá cerrárselo.

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nes indudables a la acción, exige procedimientos delicados, requiere tacto y prudencia, pero estas cualidades las encontrará siempre quien no se olvide de la esencia misma, de los ideales básicos de la organización internacional. Hay ansiosos que se desesperan al no ver ya, inmediata- mente, cosecha más abundante como resultado de la vida de tales organi- zaciones. Hay críticos agudos que saben bien hallar los puntos débiles y hacerlos valer, con verdades o con sofismas. I\;o olvidemos algunas verdades elementales, sin embargo; ninguna obra humana es perfecta, pero toda obra humana es perfectible; las actividades internacionales realizadas sobre las nuevas bases, comienzan apenas; no queramos juzgar- las como definitivas, como consolidadas, como inconmovibles. Es humano que algunos tengan prisa y quieran para hoy mismo los resultados caba- les; pensemos que la humanidad tiene todavía ante sí largos siglos de vida y que toda obra t,an grande que sea capaz de merecer alguna vez el epíteto de grandiosa, ha de dar sus plenos frutos en el futuro. En un futuro que los que aquí estamos hoy no veremos, seguramente, pero que otros, más afortunados verán y disfrutarán.

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Entre tanto, sigamos, como hasta ahora, sintiéndonos solidarios de la humanidad, en el espacio y en el tiempo. Esta Asociación, que tan bien está viviendo y trabajando, es un ejemplo concreto, modesto por su magnitud, pero grande por su ideal, de esa solidaridad.

Referências

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