530 OFICINA SANITARIA PANAMERICANA 25 pies de madera de 1” x 12” para las escaleras de los tanques. 50 pies de madera de 4” x 4”.
100 pies de madera de 2” x 4”.
120 pies de madera de g” x 12” para piso.
2 varas de medir de madera lisa y pintada con dos manos de albayalde de X” x 3’(.
1 lata dé albayalde para unir la tuberia. Clavos.
Herramientas: Martillo, serrucho, cepillo, 2 llaves inglesas para tubos de 12”, destornillador, cortador de alambre y alicates.
Accesorios adicionales: 1 v8vula esférica de 1”. 1 válvula esférica de g”. 1 válvula esférica de x”. 2 uniones para manguera de 1”. 2 uniones para manguera de g”. 2 uniones para manguera de M”. 6 tuercas de seguridad de 1”. 4 tuercas de seguridad de x”.
2 pezones de 1” x 3” de rosca normal. 2 pezones de x” x 2%” de rosca normal. 2 codos de x”.
1 encaje de metal de K” y uno de g” para las válvulas reguladoras del tanque.
1 pezón de 1” x 2%“, 1 de x” x 2x”, 1 de x” x 2x”, con rosca normal en un extremo y rosca de manguera en el otro.
NOTA.-NO se incluyó en la lista anterior lo siguiente: Un abastecimiento de
agua, sin tratar, con dos salidas, una de ti” para la solución de hipoclorito y otra de M” para surtir la caja de succi6n, el cual debe instalarse dentro de unos 20 pies del aparato, mediante la tuberia y manguera necesarias.
Para aplicar la solución, por el sistema de gravedad, substitúyase la caja de succión por un embudo con las debidas conexiones hasta el punto de aplicaci6n.
Si el sitio de aplicación está a más de 10 pies del aparato, agréguese la cantidad necesaria de manguera o tuberla.
El Estado Actual de Nuestros Conocimientos sobre la
Vacunación Antituberculosa
*
Por el Profesor A. CALMETTE,
Subdirector del Instituto Pasteur de Paría
Habiéndome hecho el honor mi eminente colega el Profesor F. Widal de invitarme a exponer en el curso de esta primera reunión de las “Journées médicales de Paris” el estado actual de nuestros cono- cimientos sobre la vacunación contra la tuberculosis, procurar6 cumplir con esta obligación de la mejor manera posible, pero para ello solicito toda vuestra benevolencia, puesto que es bastante difícil exponer de una manera conveniente un asunto tan extenso como éste en el corto tiempo que se me ha concedido.
1 Discurso pronunciado ante las “Journ&s médicales de Paris,” en el Grand Palais des Chanqx-Elysées
LA ~AcuivAcIóN ANTITUBERCULOSA 531 Siendo la tuberculosis la más mortffera de todas las enfermedades humanas, puesto que en el conjunto de los pueblos civilizados es la responsable de cerca de una quinta parte de las defunciones, y dado que éstas recaen, podríamos decir casi exclusivamente, entre los niños, entre los adolescentes y entre los adultos menores de 40 años, no debe admirarnos el hecho de que después de los trabajos de Pasteur, de Villemin y de Robert Eoch, los microbiólogos hayan multiplicado sus investigaciones tendientes al descubrimiento de algún método eficaz de tratamiento o de vacunación preventiva.
Esforzáronse, al principio por aplicar a la infección tuberculosa los procedimientos pastorianos de atenuación del virus o por verificar la inmunidad con la ayuda de los productos secretados por el bacilo en los medios artificiales de cultivo, inspirándose en lo que habfan llevado a cabo con tanto éxito primero Behring y luego Roux para el tratamiento y la profilaxis de la difteria o del tétanos. Pero puede decirse que todos los ensayos en los que se utilizan los bacilos matados o modificados por el calor o por diversas substancias químicas o los extractos bacilares o las tuberculinas, han fracasado. Nosotros vemos actualmente la razón en el hecho-reconocido ya como pro- bable desde 1886 por las observaciones clínicas del Profesor Marfan y que fué plenamente esclarecido por virtud de investigaciones recientes, a saber, que la inmunidad antituberculosa difiere en su esencia de la inmunidad contra la mayor parte de las otras enfermedades microbianas.
En aquellas de estas últimas que nos son mas conocidas, a saber, la fiebre carbuncular que, por ejemplo, ha sido tan bien estudiada por Pasteur, la difteria, el tétanos, la fiebre tifoidea, las paratifoideas, la disentería bacilar, el cólera, la peste y muchas otras, el estado refractario de los individuos sensibles proviene, ya de la enfermedad misma, espontáneamente curada, o de la inoculación artificial del organismo por un microbio específico o por las toxinas que de él se derivan.
En la tuberculosis, lo mismo que en la sífilis y también otras enfer- medades ocasionadas por los protozoarios, tales como las piroplas- mosis bovinas, la inmunidad, o sea la resistencia a las rekfecciones, no se manifiesta hasta que el organismo ya comienza a alojar algunos elementos del parásito, y a condición expresa de que estos elementos sean bien poco numerosos, vivientes, y bien poco v&uZentos, a fin de no determinar por su sola presencia y por su multiplicación (dema- siado rápida para emplear útilmente las defensas naturales del orga- nismo) trastornos funcionales o lesiones graves incompatibles con la vida.
532 OFICINA SANITARIA PANAMERICANA
estará expuesta posteriormente, y este estado de inmunidad, o si se prefiere llamarlo de resistencia a Zas reinfecciones, persiste por todo el tiempo en que los bacilos protectores no sean eliminados ni destruídos por los procesos fagocitarios. Cuando se ha verificado su eliminación o destrucción, lo que acontece algunas veces a la larga, el individuo queda expuesto o contraer, después de una infección accidental virulenta, una tuberculosis evolutiva, mortal en un período más o menos breve.
Por lo tanto, la inmunidad antituberculosa está ligada a la presencia en el organismo de algunos bacilos vivientes, pero poco virulentos, es decir, a la preexistencia de una infección ligera, benigna, compatible con la más perfecta salud y la cual no se manifiesta por ningún otro signo clínico que, en, algunos casos solamente, por la sensibilidad a la tuberculina.
El gran uso que, sobre todo desde 1908, se ha hecho de esta subs- tancia para descubrir las tuberculosis ocultas o latentes, sobre todo en el caso de los niños, nos ha suministrado abundantes pruebas de la extrema difusión de la infección bacilar a través del mundo y de la precocidad de tal infección en la primera infancia, sobre todo en las familias de tuberculosos reconocidos. Es así que Parisot (de Nancy) ha demostrado recientemente que en las casas de familia infectadas, 40 por ciento de los niños de más de dos años de edad que han sobre- vivido, y 90 por ciento de aquellos de 4 a 10 años, reaccionan a la acción de la tuberculina, en tanto que en las casas no infectadas la proporción de los que reaccionan es nula desde el nacimiento hasta los 2 años de edad, y de 3 por ciento a los 10 años.
LA
VAcuNAcIóN ANTITUBERCULOSA
533 Por otra parte, las reacciones tuberculínicas nos han enseñado que hoy día, en todos los países de civilización antigua, casi ninguna per- sona que llega a la edad adulta se ha podido escapar a la infección bacilar. Además, entre los numerosos individuos que las reacciones tuberculínicas obligan a considerar’como infectados por bacilo, no hay más o menos sino uno en cada cinco en que la infección tuberculosa determine una enfermedad mortal. Los otros cuatro permanecen perfectamente indemnes y manifiestan una resistencia evidente a las reinfecciones a que están expuestos, sobre todo los que viven en compañía de enfermos tuberculosos propagadores del microbio.Las observaciones hechas en la medicina veterinaria, así como los experimentos, demuestran que lo mismo sucede en el caso de los animales sensibles a la infección tuberculosa.
Parece por lo tanto evidente que si se quiere tratar de provocar, en el caso de las personas indemnes, este estado particular de resis- tencia a las reinfecciones que caracteriza a la inmunidad antituber- culosa, es necesario procurar desde su nacimiento poblar los órganos linfáticos de algunos bacilos lo menos nocivos posible y vivientes- los bacilos muertos y los extractos bacilares no poseen ningún poder de protección-y parece que ése sea el obstáculo difícil de vencer con el cual han chocado casi todos los experimentadores.
Las únicas tentativas que en los últimos años se han aproximado
a ese
fin, son las de Behring, quien en 1902 propuso vacunar terneros de tres a seis meses de edad inyectándoles en las venas, en dos oca- siones, con seis semanas de intervalo, una pequeña dosis de bacilos tuberculosos de origen humano, cuya virulencia es muy débil para los animales de la especie bovina, en tanto que, por el contrario, es muchísimo más marcada para el hombre. Esta “jennerización” de los bovinos, como la ha designado, impropiamente, su iniciador, ha sido objeto de numerosos experimentos y de importantes aplicaciones en el ganado en diversos países. Se puede llegar a la conclusión que la bovo-vacuna de Behring confiere efectivamente a las vacas una resistencia apreciable a los diversos métodos de infección natural o artificial, pero que esta resistencia manifiesta-de breve duración, puesto que no excede de catorce meses-evidenciada en tanto que persiste ‘por la falta más o menos completa de lesiones tuberculosas no llega hasta permitir que el organismo reabsorba los bacilos viru- lentos de prueba, y niaún
introducidos como vacunas. Tanto los unos como los otros son retenidos durante algunos meses, a lo menos en parte, en los ganglios linfáticos, y quedan allí dispuestos a hacer sentir bruscamente su presencia por medio de desórdenes anatómicos, cuando la resistencia artificialmente conferida por la infección vacuna1 está a punto de flaquear.534
OFICINA SANITARIA PANAMERICANA
C. Titze, que los animales vacunados eliminan por largo tiempo, de manera intermitente, por medio de sus defecaciones y, en el caso de las vacas lecheras, por las glándulas mamarias, bacilos tuberculosos que guardan los caracteres del tipo humano. Esta eliminación puede, pues, entrañar para el hombre tan graves peligros que se ha decidido abandonar el método por completo.
Los mismos inconvenientes han hecho rechazar el empleo de procedimientos análogos propuestos, ya sea por Roberto Koch, que utilizó un bacilo bovino de virulencia débil, ya sea por S. Rrloing
(de Lyon), que se servía de un bacilo humano en un cultivo homo- géneo, o bien sea por Theobald Smith, que inyectaba de una sola vez a los bovinos por la vía intravenosa 1 a 2 milígramos de un bacilo bovino atenuado por la edad.
Ahora bien, muchos experimentadores han preferido emplear el bacilo de la tuberculosis de las aves. Mas aparte de que est’e bacilo es virulento para ciertos mamíferos, en particular para el cerdo, el caballo, el conejo y algunas veces el hombre, no parece dar ninguna resistencia apreciable con respecto a los bacilos humanos y bovinos. Trátase de un bacilo afín, si no idéntico, al bacilo aviario, de origen equino, que emplea actualmente H. Vahee (d’Alfort) para sus ensayos de vacunación contra la tuberculosis bovina, con un excipiente llamado “inabsorbible” (irrésorbable) que tiene por objeto impedir o retardar la absorción de los microbios con cuya presencia parece estar ligada la resistencia contra las reinfeccioncs.
Recientemente se ha hecho gran ruido en Alemania acerca de las tentativas realizadas por Priedmann con un bacilo ácidorresistente aislado de una tortuga en el acuario de Berlín. No solamente se pre- tendía vacunar preventivamente, sino que hasta se afirmaba que las inyecciones de este microbio ejercían un poder curativo sobre la tuber- culosis. No ha sido necesario que pase mucho tiempo para conven- cerse que esto no es cierto y por lo tanto el llamado “remedio de Friedmann” fué pronto abandonado. Se habían también abrigado algunas esperanzas sobre la sensibilización de los bacilos vivientes por medio de ciertos sueros ricos en anticuerpos y procedentes de animales tuberculosos a los cuales se inyectaban bien sea bacilos muertos o extractos bacilares. Sin embargo, se descubrió que los microbios así sensibilizados en lugar de vacunar producían una infección más rápida que los mismos bacilos vivos no impregnados dc anticuerpos.
LA
VACUNACIÓN AXTITUBERCULOSA
535 Un sabio español muy conocido, Jaime Ferrán, de Barcelona, llevó a cabo por espacio de muchos años otros experimentos de vacunación haciendo uso de una bacteria análoga al Bacterium coli la c,ual, según él, procedía del bacilo tuberculoso por una serie de cambios sucesivos. Pero resulta que esta bacteria no posee ninguna de las características del bacilo de Eoch y no tenemos tampoco prueba alguna de que provenga de un bacilo de Koch auténtico, ni que ejerza una protec- ción eficaz contra una infección virulenta en el caso de los animales sensibles. Actualmente no podemos, por lo tanto, emitir opinión alguna sobre los ensayos hechos directamente por J. Ferr&n en el hombre.Todos los principios sobre los cuales está basado el procedimiento de vacunación antituberculosa cuyo estudio prosigue actualmente el Instituto Pasteur, esforzándose por aplicarlo a la conservación de los niños recién nacidos, son diferentes de los que han sido propuestos hasta ahora para la inmunización de los animales. Se debe forzosa- mente tener en cuenta que, por una parte los experimentos, y por la otra los resultados de las pruebas con la tuberculina hechas en per- sonas de todas las edades, nos han enseñado el papel relativamente protect,or de los bacilos aislados vivientes y la precocidad, así como la gravedad de la infección tuberculosa en el caso de las personas jóvenes. Por otra parte, la necesidad de recurrir a los bacilos vivien- tes para procurar este estado particular de resistencia a las reinfec- ciones que caracteriza a la inmunidad antituberculosa, obligó a buscar, como Pasteur lo había hecho para la bacteria del carbunclo, un a.rtificio de laboratorio que permitiera transformar el bacilo tuber- culoso viviente, tuberculígeno, en un bacilo apto para vivir en sim- biosis con las células linfáticas del organismo sin ocasionar lesiones tuberculosas.
536
OFICINA SANITARIA PANAMEEWANA
poco masivas, el fenómeno de Koch y la formación de anticuerpos específicos descubiertos por medio de la reacción de fijación de Bordet-Gengou.
Esta clase de bacilos, conocidos hoy día bajo la denominación de BCG (Biliado Calmette-Guerin) es perfectamente tolerada, aun en las inyecciones intravenosas, por todos los animales tuberculizables y por el hombre. Su eliminación y su dispersión en los medios exte- riores no ofrecen por consiguiente ningún inconveniente ni peligro, en tanto que no sucede lo mismo con los bacilos humanos, bovinos, equinos o aviarios, todos más virulentos y tuberculosos, que han sido propuestos hasta ahora como vacunas por distint,os experimentadores.
En un gran número de experimentos hechos en los terneros jóvenes, en los monos, en los conejos y en los cobayos se ha podido comprobar que cuando se introduce el bacilo BCG a dosis convenientes en el organismo de los animales indemnes a toda infección bacilar pre- existente, confiere a dichos animales una resistencia manifiesta a las infecciones virulentas producidas artificialmente y seguramente mor- tales para los testigos. Esta resistencia ha podido ser compro- bada y ha resultado ser perfecta en los bovinos hasta los
18
meses, contra los efectos de la inyección intravenosa de una dosis de bacilos virulentos que ocasionan constantemente la muerte de los testigos, de granulia aguda, en un período máximo de 60 días. De igual manera se ha mostrado perfecta en el caso de los monos antropoides vacunados desde hace tres años y mantenidos en constante contacto con tuberculosos. Está justificado pensar que esa resistencia se prolongaría por mayor tiempo en presencia de los contagios naturales.Nosotros habíamos establecido desde 1906, y esto ha sido confir- mado más tarde por Romer y por otros experimentadores, que la resis- tencia adquirida de ese modo con respecto a las infecciones virulentas o a las reinfecciones es correlativa de la vida del bacilovacuna con ciertos elementos celulares de origen mesodérmico. De esta vida simbiótica resulta un complejo, en cierto sentido autónomo, la célula kw&ada (cellule bacillisée), comparable al Ziiquen que es el producto de la simbiosis de un alga con un hongo, célula gigante, pero que no produce necesariamente una lesión tuberculosa. Una vez que se ha realizado este complejo y en tanto que el tal subsista, el organismo donde se encuentra el parásito reacciona de una manera característica a la llegada de nuevos bacilos o de sus productos de secreción (tubercu- lina); y no tolera ninguno de ellos, ni aun en el estado de cuerpos microbianos matados por el calor, tendiendo a expulsarlos hacia fuera. Este es el “fenómeno de Koch,” cuya constatación ha sido el origen del descubrimiento de la tuberculina.
LA
Vacusacnh
AKTITUBERCCLOSA
537 los bacilos que ellas albergan han sido eliminados por los emunc- torios naturales de los micro-organismos (bilis, intestino, glándulas mamarias). Entonces la inmunidad se extingue y los bacilos viru- lentos de reinfección, si son introducidos de nuevo al organismo, recobran, por eso, todo su valor de bacilos patógenos. Esta inmuni- dad, que resulta de una precaución bacilar, ofrece ese carácter particular que no puede producirse sino en el caso de los individuos exentos de toda infección preexistente, de manera que, a lo menos en nuestros países de antigua civilización donde la infección bacilar está tan esparcida que más del 60 por ciento de los niños y más del 40 por ciento de los bovinos hasta los cinco años o más acusan una reacción positiva a la tuberculina, la vacuna antituberculosa no es aplicable más que a las personas muy jóvenes, a los recién nacidos 0 a los terneros jóvenes, en los primeros días de su existencia, y antes de que hayan tenido ocasión de absorber y de capturar en sus ganglios linfáticos algunos bacilos tuberculosos.En presencia de los resultados netamente favorables de los experi- mentos hechos en las diversas explotaciones agrícolas con los terneros, así como de aquellos que han podido efectuarse con los monos, espe- cialmente con los chimpancés, en el laboratorio que el Instituto Pasteur ha establecido en la Guinea Francesa cerca de Kindia, parecía que no se tenía, pues, el derecho de no intentar aplicar el mismo método a la preservación de los niños de.tierna edad nacidos de madres tuberculosas o especialmente expuestos al contagio familiar. Toda vacilación tenía mucha menos razón de ser si se tiene en cuenta que desde 1921 y en los primeros meses de 1922 los señores Weill- Hallé, médico de hospitales, y Turpin, en ese entonces interno del hospital de Charité, nos ofrecieron su valiosa cooperación haciendo absorber a algunos niños de pecho de la casa de maternidad de los señores Devraigne y Levy-Sola1 el cultivo de vacuna preparado por el Instituto Pasteur.
El primer ensayo fué hecho en julio de 1921 en un recién nacido fatalmente condenado a la infección tuberculosa por virtud de la inevitable necesidad de vivircon su abuela que estaba tísica. Se le hizo ingerir, en tres ocasiones, durante el tercero, quinto y séptimo día después de su nacimiento, seis milígramos de BCG o sea 240 millones de bacilos, no presentándose incidente alguno. Este niño, no obs- tante haber sido criado en un ambiente infectado de bacilos, se ha desarrollado normalmente y hoy día goza de perfecta salud.
Durante el año 1922 los señores Weill-Hallé y Turpin sometieron a 217 niños de pecho a tres ingestiones preventivas, cada una de un centigramo de BCG (es decir, a un total de 1,200 millones de bacilos). En los años subsiguientes ninguno de ellos ha sucumbido a una afección tuberculosa, no obstante que 17 de ellos han vivido en con- tacto con sus madres bacilíferas.
538
OFICINA SANTARIA PANAJIERICASA
Como parecfa evidente que esta vacunación cra a lo menos inofen- siva, puesto que ninguno de los niños experimentó el menor trastorno fisiológico en el curso de los años subsiguientes, se resolvió, a partir del 1” de julio de 1924, extender el experimento y poner a la disposi- ción de todos los colegas que lo solicitaran las dosis de BCG necesarias para la protección del mayor número posible de niños nacidos de madres tuberculosas o expuestos directamente al contagio en sus propios hogares.
Pero era de todo punto necesario que se pudiera determinar con la mayor precisión posible los efectos de esta protección ocasionada por el BCG para poder comparar de esta manera la mortalidad causada por la tuberculosis en las distintas edades de la vida en cl caso de las personas vacunadas y en el de las no vacunadas. Esta comparación no es posible ahora sino en el caso de los niños hast’a de un año de edad, siendo, por otra parte, dicha categoría la más importante, puesto que todos sabemos que a esta edad es cuando la tuberculo- sis hace los mayores estragos entre los niños nacidos de madres tuberculosas o criados en hogares donde ‘prevalece la enfermedad.
Además, las cifras estadísticas son demasiado inciertas. Si uno se guiara por aquellas que León Bernard, Robert Debré y Marcel
- Lelong han publicado, habría que admitir que hasta la edad de un . año la mortalidad infantil de niños nacidos de madres tuberculosas,
que no ha sido posible separar después del nacimiento, es de un 80 por ciento. El profesor H. Forssner da para su clínica de Estocolmo la cifra de 70 por ciento.
En realidad, nosot’ros creemos que el promedio es notablemente menor. A este respecto el Instituto Pasteur hizo una extensa investigación en 1925 en los dispensarios de higiene social y en las clínicas antituberculosas. asta dió por resultado que en París la mortalidad de los niños nacidos de madres tuberculosas fué, en 1923 y 1924, de 32.6 por ciento en el primer año de vida, y en el resto de Francia de 24 por ciento. Lo mismo sucede más o menos en Ingla- terra y en Bélgica, según los datos que bondadosamente nos han sido suministrados por los servicios públicos de higiene.
Se puede, por lo tanto, admitir la cifra de 25 por ciento como la que con más seguridad se aproxima al mínimo verdadero.
La comparación de esta cifra con aquellas que pueden suministrar- nos ya los registros de los niños que han sido inmunizados con el BCG, nos servirá por consiguiente para avaluar los beneficios que ofrece la vacunación preventiva.
Desde el lo de julio de 1924 hasta el 30 de junio de 1926,
o
sea dos años completos, el número de recién nacidos que han sido vacu- nados, no sólo en París sino en toda la Francia, por la simple ingestión de tres dosis de 1 centígramo cada una de emulsión fresca de BCG expedidas por el Instituto Pasteur y absorbidas del tercero al décimoI;A ~‘AC~XACIÓX hTITISBERCLLOSA 539 De estos 11,208 recién nacidos ya inmunizados 1,885 lo han sido de hace seis meses a dos años, habiendo podido ser vigilados indi- vidualmente. Cada uno de ellos tiene su ficha en el Instituto Pasteur, y en ella se anotan todos los informes que, en vista de nuestra demanda renovada cada semestre, nos envían bondadosa- mente nuestros- colegas.
Estos informes pueden resumirse en la forma siguiente:
De 1,210 inmunizados de hace uno a dos años, de los cuales 291 son hijos de madres baciliferas y han permanecido casi todos en contacto con ellas, se nos ha indicado que ll han fallecido a causa de enfermedades consideradas como tuberculosas (8 diagnósticos de meningitis, 3 de tuberculosis ganglio-pulmonar). En sólo 3 de estos niños se han podido confirmar los diagnósticos con la autopsia.
La mortalidad por tuberculosis en los niños de pecho de esta categoda ha sido por lo tanto de 0.9 por ciento.
De los 568 inmunizados desde hace seis meses a un año solamente, de los cuales 106 eran hijos de madres tuberculosas, dos han muerto a causa de enfermedades consideradas como tuberculosas (menin- gitis). Por lo tanto la mortalidad tuberculosa de este grupo ha sido hasta ahora de 0.3 por ciento. Si abandonásemos este último grupo para no retener más que el primero, veríamos que la mortalidad por tuberculosis en los niños de pecho vacunados de 0 a 1 año de edad es menor de i por ciento, en tanto que en los no vacunados es de un minimum de 25 por ciento.
Parece, por lo tanto, que se debe admitir que la inmunización por el BCG es capaz de proteger a 99 por ciento de los niños de pecho expuestos después de su nacimiento al contagio por parte de la madre o de la familia. Muchos otros extensos experimentos, análogos al emprendido por el Instituto Pasteur, se llevan a cabo desde hace dos años en diversos paises y sobre las diferentes razas humanas. Es así que por ejemplo en Indochina más de 6,000 niños annamitas y chinos habian sido inmunizados hasta el lo de enero del presente año. Ellos han sido frecuentemente visit,ados por los consultorios de lac- tantes y hasta ahora ninguno de ellos ha sucumbido a causa de tuber- culosis. En Dakar la maternidad y los consultorios de lactantes han vacunado unos 500 negritos con los mismos resultados cons- tantemente favorables. En Europa varios países cuentan con laboratorios que preparan y distribuyen ellos mismos la vacuna entre los médicos que desean emplearla. Esto acontece en Bélgica, Italia, Suiza, Rumanía, la Unión de las Repúblicas Rusas, Grecia, Yugo- eslavia y algunos más.
540
OFICINA SAXITARIA PANAMERICANA
mente en nuestros laboratorios, y confirmadas por diversos sabios franceses y extranjeros, demuestran que existen casos, felizmente raros, pero ciertos, en que los elementos virulentos del bacilo tuber- culoso, tan penetrantes que pueden filtrarse a través de las bujías de porcelana porosa, traspasan la barrera de la placenta sin dañarla y pueden infectar gravemente al niño de una madre tísica antes de su nacimiento. Est,os elementos filtrables parecen dotados de una alta toxicidad, y acarrean la muerte de los recién nacidos en las primeras semanas de vida, a menudo sin lesión tuberculosa alguna visible.
Es evidente que, en tales casos de infección preexistente, verificada . en el útero, la inmunización después del nacimiento result)a com- pletamente inútil. Es natural que sea a las excepciones de esta especie que deban atribuirse los pocos fracasos registrados hasta ahora de la vacunación antituberculosa.
Hasta ahora no tenemos suficientes datos acerca de la probable duración de la inmunidad que confiere esta vacunación con respecto a las contaminaciones naturales. Sabemos solamente por los experi- mentos muy precisos que se han podido efectuar en los bovinos jóvenes y en los monos, así como también por las observaciones
clínicas que han podido hacerse en los niños inmunizados desde 1921 y 1922, que la resistencia a las infecciones por cohabitación muy íntima con tuberculosos contagiosos parece persistir a lo menos tres años y quizá más.
Esto ya constituye un resultado apreciable, puesto que sabemos que el período peligroso para la contaminación de los niños es precisa- mente la edad más temprana y que pasado el primer año de la vida los riesgos de una infección masiva y continua, los más temibles de todos, son mucho menos frecuentes. Además, a juzgar por los experimentos hechos en los bovinos jóvenes y en los niños mismos, parece que no hay ningún inconveniente en repetir
aos
0 tres veces la vacunación, con uno o dos años de intervalo, en los sujetos que han sido vacunados al tiempo de su nacimiento, Su inmunidad inicial se encuentra de esta manera probablemente reforzada y puede ser bastante definitivamente, puesto que escapan en seguida los riesgos de contagio a los cuales vendrían accidentalmente a quedar expuestos.En cualquier estado de cosas no se podrá juzgar sino mucho más tarde los resultados de la vacunación con el BCG y de los beneficios sociales que es susceptible de producir. Toda afirmación, lo mismo que toda hipótesis sobre este asunto, estarían fuera de lugar. No se puede ni se debe considerar sino los hechos adquiridos, de los cuales derivamos dos pruebas:
1. La de la importancia de la inmunización de los recién nacidos por medio del BCG.
LA
VAcn~acIóiv ANTITUBERCULOSA
541 No esperemos por el momento obtener los más perfectos resultados, mas como es necesario en el interés social intensificar con toda nues- tra fuerza la lucha antituberculosa, no abandonemos ninguna de las demás armas que puedan tener una eficacia parcial, tanto más que entre ellas hay algunas excelentes cuyos efectos son, por decirlo así, convergentes con aquellos de la vacunación, puesto que son dirigidos hacia la preservación de la infancia, o más todavía, hacia la protec- ción de ésta contra las fuentes de infección o de reinfección fuerte y frecuente. Este es el objeto de las obras de “Tout-Petits” para colocación de los pequeños en familias, de las Obras Grancher, de preventorios para niños y de las colonias escolares de vacaciones. Este es el objeto, en especial, de los dispensarios de higiene social que coordinan, que activan todas esas obras, que buscan las fuentes de contagio para alejar a aquellos a quienes amenazan y que-supremo beneficio-enseñan alas familias, a los enfermos y a los que ya no lo son, los medios de preservarse de los ataques y de los efectos del bacilo tuberculoso.Es bueno saber que estas armas merecen toda nuestra confianza. En cualquier lugar en donde se ha sabido emplearlas bien han dado sus resultados. Es así que en Nueva York se han mostrado capaces de reducir la mortalidad por tuberculosis en los niños de pecho, hasta de un año de edad, de 6.09 por ciento en 1898 a 0.94 en 1923.
Los pueblos de la vieja Europa, y en especial la Prancia que ha visto nacer a Pasteur, Laënnec y Villemin, podrían útilmente inspirarse en ese ejemplo.
La República de Honduras Hace Efectivas las Provisiones del Código Sanitario Panamericano
La Oficina Sanitaria Panamericana publica la siguiente carta, recibida por conducto del Director General de la Unión Panamericana, por razón de los datos informativos que ella encierra, de interés para los funcionarios de sanidad:
SEROR DIRECTOR GENERAL: WASHINGTON, D. C., 7 de mayo de 19.27 Tengo el gusto de poner en conocimiento de Ud., rogándole transcribirlo a la Oficina Sanitaria Panamericana, un oficio de la Secretaria de Gobernacih, Justicia y Sanidad, Tegucigalpa, Honduras, dando la clasificación de los puertos de Honduras para los fines del articulo XXXIV, capitulo IV del Código Sanitario Panamericano :
“Secretaría de Gobernación, Justicia y Sanidad. Tegucigalpa, 11 de abril de 1927.-Señor Ministro: Para su conocimiento y demás efectos tengo el honor de transcribir a Ud. el oficio que a la letra dice: