PEQUEÑO
TEATRO
• En primer lugar, el teatro de marionetas aparece como una analogía de la vida humana, interpretada
satíricamente como un escenario de farsa, barnizado de un tinte fatalista. Éste es el tema fundamental de la
novela Pequeño teatro.
• La referencia al teatro de marionetas constituye uno de los medios más habituales de establecer un ambiente de falsa e irracional felicidad en la obra de Matute,
como se observa en Pequeño teatro: «Un enjambre de muchachos subían por la callejuela, corriendo,
charlando. Todos acudían al teatrito de Anderea. Ilé
Eroriak miraban a Marco. La luna iluminaba su cabeza, plateándola con vívidos destellos» .
• Los inolvidables personajes son muñecos, marionetas zarandeadas por la vida, verdadera manejadora de las cuerdas de nuestro destino; hay mucha poesía en cada momento de esta historia de amor que va más allá de lo
efervescente preciosista y que se acerca más a lo que tiene de oscuro el amor, o su falta de él:
• “Súbitamente, Kepa experimentó una gran decepción, salió de allí, con paso rápido. En realidad, Kepa huía. Huía de su casa, de su hija, del muchacho. De aquel muchacho, que, en un rincón, le miraba anonadado y confuso. “Todo es siempre igual. El vacío, la tristeza, la inútil soledad. Yo sé de
hombres que no encontraban la orilla, que se ahogaban sin remedio y no alcanzaban la orilla. Siempre igual. ¿No
• Cuadro que refleja con toda su sordidez (belleza igualmente) el desigual camino que tenemos que seguir todos. Ciertamente dolorosa, pero hermosa sin lugar a dudas.
• La familia es la primera escuela de las emociones.
• La autora desarrolla un mundo rico , ubicado en una población del litoral
vasco, Oiquixa, durante la posguerra, plasmando una galería de personajes variopintos, dotando a todos ellos de muchos matices, describiendo al detalle las peculiaridades de Oiquixa, y de sus gentes
marineras, los diferentes estratos sociales, donde no falta el ricachón local, un Kepa Devar regente de un Hotel, Zazu su hija , sus tías, Mirentxu y
Eskarne, dedicadas a la beneficiencia, sin nadie con quien compartir ni su
vida ni su soledad, el chico raro y menudo, Ilé Eroriak, objeto de burlas y desaires por parte de los otros, Marco, el extranjero, rubio, joven y generoso, presuntamente rico, llovido del cielo (es un decir porque llega en velero) a quienes todos darán la bienvenida con expectación, cansados todos ellos de sus vidas grises, sin brillo, Anderea, con su teatro de títeres, divirtiendo (a falta de más ofertas de ocio) con sus historias a sus paisanos..
• Cada cual tiene su historia triste, su dolor, su fracaso, cada cual su pasado fangoso y sus heridas abiertas, y por supuesto, sus sueños. Un pasado al que volver, como hace Kepa, para
arrostrarlo a su presente amargo, sin una hermana, sin una mujer, sin padre ni madre, casi sin una hija, en un casa vacía, solariega, con una jardín marchito, a juego con el interior de él mismo, o Mirentxu tiranizada por su hermana Eskarne, desde niñas, anudada a sus entrañas, lazos que siendo adultas serán incapaces de romper, ahogando los sueños y desvelos en
lágrimas, o Zazu, sin madre, con un padre que no siente como tal, enamorada fatalmente de Marco, a quien a su vez detesta, Ilé quien encuentra en Marco un hermano, algo sólido a lo que aferrarse, con el que puede dejar el pueblo y ver mundo y
Marco perdido en sus delirios y devaneos, en sus aires de grandeza, en su voz pomposa y ampulosa, en su múltiples aventuras, en su belleza subyugante, en un quehacer vacío.
• Solo el viejo Anderea, el maestro titiritero, será un amigo de verdad para Ilé Eroriak, al que deja dormir, como a sus viejos muñecos, en una de las estanterías donde reposan
recordando viejas historias; lugar desde el que observa el movimiento pausado de los títeres evolucionando con las historias inventadas por el viejo Anderea, historias que el maestro titiritero manipula con sus manos al igual que el destino (metáfora de la vida) zarandea al resto de los
personajes, manejándolos como títeres de hilos invisibles en un pequeño teatro donde se presiente la tragedia, donde las pasiones marcarán las decisiones y donde se anticipa un
final poco feliz donde el amor y la amistad son zarandeados y quebrados como un junco por el viento. Los personajes no son marionetas por su complejidad, por su difícil
encasillamiento, pero sí lo son si consideramos que el destino mueve los hilos de sus vidas y que esos hilos del
destino constituyen la materia esencial de la novela. Todos, desde luego, comparten la ignorancia de la vida, viven
• Se percibe una melancolía que recorre la novela y un aire de leyenda cotidiana que sitúa la acción en un lugar
mítico. A pesar de que tanto las características físicas del pueblo de Oiquixa como la sonoridad de los nombres de
sus calles nos hagan asimilarlo en un primer momento a un pueblo costero del País Vasco, Oiquixa parece alzarse en un lugar lejano cubierto por la bruma, en el que la lluvia es un “llanto nostálgico” que atrapa a sus habitantes.
• La novela habla de cómo un grupo de personas tratan de escapar a su destino. De cómo a veces creen que van a conseguirlo y de cómo a veces temen no poder hacerlo. Pero, suceda lo que suceda, lo intenten como lo intenten, los protagonistas de esta obra no serán demasiado
• ‘Pequeño teatro‘ es una novela de gran dramatismo. • Pero si hay una cosa que destaca en esta obra es la
construcción de sus personajes y describirlos de un modo que resulte revelador para el lector.
Y eso lo consigue apoyándose en dos pilares bien diferenciados.
• Por una parte, utiliza una serie de imágenes para describir el modo de ser de cada uno de ellos:
“Kepa tendrá la cabeza llena de cajoncitos, como la mesa de Anderea, que abre y cierra cuando necesita. Claro está que así nunca olvida nada. ¡Cómo me gustaría ser así! Pero, en
cambio, mi cabeza está enmarañada, y cuando algo se busca, todo se pierde dentro.”
• Y por otra parte se esfuerza por replicar con gran
exactitud el habla de cada uno de ellos. A pesar de su
juventud, por ejemplo, Matute tiene el oído necesario para transcribir las pequeñas barbaridades lingüisticas que
perpetran los habitantes de Oiquixa al hablar en una lengua a la que no terminan de estar del todo habituados:
“Si yo viviese aquí, Kepa. Si aquí yo… Pues tendría bonito jardín con plantas para regar, y todo lleno de margaritas. Y otras flores, pequeñas y rojas. Y, detrás de la casa, hermoso manzano tendría yo. Pero mi casa, mi casa grande, grande sería, pues. Yo andaría, te digo, con vestido largo, de cola. Arrastrando por el suelo, despacito, volvería la cabeza para ver la cola del vestido. Pero disimulando, ¿sabes?
• La autora unas veces pone sobre sus hombros el oscuro manto de la tristeza, otras les anima a perseguir la luz, a buscar la escapatoria. Porque de eso se trata: de huir del destino. De soñar con el barco que les sacará del pequeño teatro y les llevará de puerto en puerto a ciudades
maravillosas, encantadas, allí donde el mundo se ensancha y donde todo puede suceder.
• Ilé Eroriak habla poco y se expresa mal, no entiende lo que sucede a su alrededor, es menospreciado, maltratado, bebe, pero hay quien busca su compañía y habrá también quien lo quiera salvar. Ilé Eroriak se convertirá durante unos
instantes -unos días que son como instantes- en un símbolo para todo Oiquixia, porque todos necesitan símbolos, todos quieren distinguirse por algo, saber ver algo, saber
• Ilé Eroriak, el loco, es quien más profundamente ha de
conocer la prisión del destino. Pero en su conocimiento, en su dolor, es vencedor. Marco, el forastero seductor, lo escoge, le habla, le dice cosas que Ilé no puede comprender, le lanza a compartir sus sueños. Pero Marco también está atrapado por el amor. El amor o la necesidad, el amor o el ansia de la
conquista.
• Ilé Eroriak es el guardián de la inocencia. Por eso es tenido por sabio, por eso su locura atrae al forastero. Por eso se
quedará siempre en Oiquixia, junto a los títeres; observando cómo actúa el destino, cómo zarandea el amor, cómo destruye la nostalgia.