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Tuberculosis

Escuela de perfeccionamiento.-El Profesor Maragliano, senador,

ha establecido en Génova una escuela de ampliación para el estudio de la tuberculosis, cuyo director será, y en la cual medicos y estu- diantes de medicina podrán cursar estudios avanzados en cualquier

período del año.34 Los cursos comprenderán estudios prácticos,

diagnóstico y terapéutica, a la cabecera de los pacientes, y trabajos

w de laboratorio. La escuela quedará instalada en el nuevo hospital

de S. Martino d’Albaro.

Congreso del seZZo.-El Comité Nacional de Defensa contra la

t Tuberculosis en Francia celebró hace poco el primer congreso nacional

del timbre tuberculoso. De los discursos pronunciados se desprende

que el sellito “Salut au Soleil” ha rendido en un mes 40 millones de francos, y avivado en todas partes el interés en Ia cruzada antituber- culosa, habiéndose vendido 137 millones del mismo.

Diseminación por objetos contaminados.35-A varias mujeres con

tuberculosis abierta ‘se les pidió que tosieran, pero sin esputar, en

pañuelos durante tres días consecutivos.35 Los pañuelos fueron bien

lavados después en suero fisiológico, y éste fué centrifugado. El

sedimento obtenido fu6 inyectado subcutáneamente en dos cobayos,

sin encontrar signos de tuberculosis al examinarlos en la autopsia.

Se repitió después el mismo experimento con pañuelos en que las

tuberculosas habían expectorado, y esta vez todos los cobayos mani-

festaron tuberculosis. A juzgar por estos experimentos, las gotillas

que tose el tuberculoso son relativamente no infecciosas, en tanto

que el esputo es infecciosísimo.

Caries dental.-En bastantes casos Goicoechea36 ha podido com-

probar que las lesiones de caries dental preceden a la aparición clínica

de la tuberculosis. Con cierta frecuencia, aunque de un modo irre-

* gular, la tuberculosis ha hecho presa en individuos en que se ha com-

probado la presencia del bacilo de Koch en las lesiones dentarias. En un caso, a pesar de la fntima convivencia del sujeto con’un tubercu- loso, aquel permaneció sano bastante tiempo después de la muerte del

II enfermo; tratandose precisamente de un sujeto con buen estado

bucal relativo.

Ií$u~o de Za vasculakación cutáneb sobre la cutirreaeción.-Cim-

mino 37 cita dos series de 24 y 16 casos para demostrar que el resultado de la reacción de Pirquet varía según el estado de la circulación

periférica. El estasis sanguíneo producido por’una venda acrecienta

la reacción. En las criaturas anérgicas el resultado de la Pirquet

puede hacerse más manifiesto aplicando antes un torniquete. ti 3’ Carta de Italia: .Tour. Am. Med. Assn. SO: 1232 (abr. 14) 1928.

35 Braeuning, H., y Wsnkel: Zeitsohr. Tuberk. 50: 21 (Ibro.) 1028. 36 Goicoechea, J. E.: Ars Med. 4: 111 (mm.) 1928.

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Tratamiento de los reclutas.-En la Academia de Medicina tic París, el Dr. Brouarde13* hizo, hace poco, una proposición que ha

recibido después la atención del Ministro de Guerra. Hasta ahora,

los reclutas en que se descubre tuberculosis son meramente devueltos

a sus hogares, pero Brouardel propuso que, en vez de eso, se les

tratara en los sanatorios por cuenta del Gobierno. El tiempo pasado

cn el sanatorio formaría parte del periodo del servicio militar. Ya se ha introducido un proyecto de ley en ese sentido.

Resistencia del bacilo a la putr<facción.-Al practicar la autopsia +

c*on fines legales en un sujeto que había muerto cuatro meses antes de

tuberculosis pulmonar, Palmieri 3g encontró bacilos ácido-alco-

resistentes en los tejidos pulmonares. El colorante de Bozzelli -

sirvió para identificarlos. El hallazgo fué puramente fort’uito.

Mortalidad en Chicago.-La mortalidad por tuberculosis (todas

formas) en la ciudad de Chicago ha disminuido de 173.8 en 1900 a

83.0 cn 1926.40 En cambio, desde 1922 ha aumentado la mortalidad

correspondiente a la forma pulmonar. La mortalidad es mayor para

los varones que para las mujeres, y de dos a tres veces mayor para

los negros que para los blancos. La marcada disminución de la

tuberculosis en los últimos 12 años correspondo a las edades de 0 a ll años y de 20 a 60 años. En la infancia es debida a la marcadísima disminución de las muertes de tuberculosis extrapulmonar.

Diagnóstico

temprano

¿le la tuberculosis intestinal.-Bonafé 4’ reitera

tres puntos: la frecuencia, posible curación, y evolución relativa- mente independiente de la tuberculosis entérica en los casos de tubor-

culosis pulmonar abierta. Puede comenzar con cualquiera de los

siguientes cuadros clínicos: (1) iniciación latente con emaciación inex- plicable; (2) iniciación larvadp bajo un síndrome de dispepsia gás- trica; (3) iniciación con dolores abdominales que tal vez constituyan la

única manifestación inicial; (4) iniciación con una hemorragia intes-

tinal; (5) iniciación con fenómenos diarreicos, que es lo más frecuente. l

Dos síntomas importantísimos son: pérdida de peso, y fiebre, que

falta a veces y es frecuentemente muy irregular. No hay pruebas

seguras de laboratorio: la busca del bacilo en las heces no posee

valor, salvo de no haber expectoración, y aún entonces, los resultados ”

quedan en tela de juicio. El medio más valioso de diagnóstico

consiste en el examen radiológico sistemático del tubo digestivo.

Obtención de esputo.-Dundas-Grant 42 obtiene esputo evocando tos

por la instilación trasnasal 0 recogiendo una pla.quita de esputo

suficiente para la coloración en un laringoscopio. La administracibn

88 Carta de París: Jour. Am. Med. Assn. 90: 1641 (mayo 19) 1928. 30 PaJmieri, V. M.: 44: 205 (fbra. 27) 1928.

40 Robey, L., y Falk, 1. S.: Jour. Prevent. Med. 2: 79 (mm.) 1928. II Bonafé, L.: Presse Med. 3F: 404 (mm. 31) 1928.

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de yoduro de potasio durante algunos dfas, si no está contraindicado, también facilita la expulsión bel esputo.

Colesterina en el esputo.-Eelly y Pinner 43 buscaron colesterina en

el esputo de 59 enfermos de tuberculosis pulmonar y de 10 con

lesiones pulmonares no tuberculosas. A medida que avanzan las

lesiones y la destrucción de los tejidos aumenta la colesterina. Parece también que el esputo procedente de los procesos exudativos acusa una tendencia a contener más colesterina que el de las lesiones

‘Y productivas. Sin embargo, hay cierto entrelazamiento entre los

varios grupos, de modo que las determinaciones de Ia colesterina no

suelen aportar datos fidedignos acerca de Ia forma de las lesiones,

4 y por lo tanto, del diagnóstico. Tampoco existe ninguna relación

entre la cantidad de esputo tuberculoso y la cantidad de colesterina.

TécnGa de Za Pirquet.-Las reacciones obtenidas por Stewart,44

al practicar la Pirquet con una sola punción con una aguja de coser,

penetrando el epitelio a través de una gota de tuberculina colocada

en la piel, resultaron positivas en 100 por ciento de los 223 niños que habían acusado positivas, al ser comprobados con Ia técnica de

la escarificación. Cuando se emplea la misma aguja a través de dos

gotas separadas de tuberculina colocadas en el antebrazo, el sitio

puncionado la segunda vez acusa frecuentemente la reacción más

pronunciada. La prueba no fracasó en ningún caso en que se limpió

la gota de tuberculina después de practicar la punción. Cuando

se practica sin aplicar tuberculina a la piel, las reacciones son, por lo común, pero no siempre, positivas en los sensibles a la tuberculina.

Nuevo antigeno para la jijación EZel complemento.-Oberste-Berg-

haus 45 examinó 414 sueros de tuberculosos y no tuberculosos con el antígeno que describiera hace cosa de un ano. De los primeros sólo 14 por ciento rindieron reacciones negativas, y de los últimos sólo 2.8

por ciento acusaron positivas. En la tuberculosis ósea dos sueros

-m resultaron positivos y cinco negativos. Dos casos de tuberculosis

ganglionar fueron negativos. En la meningitis tuberculosa dos casos

fueron positivos y dos negativos. En la tuberculosis generalizada,

la reacción fué a menudo negativa antes de la muerte, lo cual explica i

algunas de las ocasionales reacciones negativas en los casos positivos. Al sobrevenir mejoría local y general, la reacción se volvió a menudo negativa, aún habiendo todavía bacilos tuberculosos.

Diagnóstico.-Para poder atender a los tuberculosos en su incipien-

cia más frecuentemente que ahora, dice Hawes 46 que hay que enseñar

a todos, los signos tempranos de la tuberculosis: la fatiga crónica y exagerada, y la pérdida de peso, fuerzas y energía.

~~__I 43 Eelly, R. Q., y Pinner, M.: Am. Rev. Tubere. 17: 430 (abr.) 1928.

44 Stewart, C. A.: Am. Jour. Dis. Child. 35: 388 (mm.) 1928. 16 Oberste-Berghsus: Zentrlb. inri.. Mediz. 49: 150 (fbro. 18) 1928. L 40 Hawes, J. B.: New Eng. Jou. Med. 198: 336 (abr. 5) 1928.

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Sero&agno’stico.-A Klopstock y Neuberg,4’ los antígenos obtenidos

por la extracción alcohólica de bacilos tuberculosos previamente

tratados con epiclorhidrina, resultaron superiores a los “extractos”

salinos.

La reacción ¿Le Xatéfu.-A Erlandsson y Akerberg ha la reacción de

Matéfy no les resultó-tan característica como cree el descubridor,

pero sí indicó la intensidad del proceso, poseyendo, por lo tanto, algún

valor pronóstico, que armoniza bien con la reacción de la sedimenta- 1

cibn. Sus observaciones se basan en 355 casos.

Intradermorreacción salina.-En 26 enfermos de tuberculosis pul-

monar, 2 de granulia, 1 de tuberculosis pulmonar y granulia aguda,

y 1 de peritonitis tuberculosa, Feldman 4g practicó la intradermoclo- c

rurorreacción. En 24 de los 29, el tiempo de desaparición de la

flictena producida por la inyección fue algo menor que lo normal, y

en la mayor parte, mucho menor. En general, el tiempo más breve

correspondió a los enfermos con sfntomas de toxicidad. En los

pacientes con tendencia a hipotermia se solió prolongar el tiempo de

desaparicibn. En 5 enfermos, 4 de los cuales murieron dentro de 15

días, se notó un tiempo de desaparicibn de 60 minutos o más, lo

cual demuestra que la tuberculosis pulmonar no acorta siempre

dicho tiempo. Hay que considerar la posibilidad de que la infeccibn secundaria interviniera en la disminución del tiempo de desaparición.

EscoZares.-En 1912 Frölich6” investigó la frecuencia de la tubercu-

losis en 2,900 escolares de 7 años, que representaban 66.1 por ciento del total (4,388) de los escolares de dicha edad. A todos los vacunó

con tuberculina humana y bovina. Ochenta y seis por ciento acusaron

una reacción positiva; 4.3 por ciento tenían tuberculosis de los ojos, huesos, articulaciones o piel, y acusaban signos de pleuresía en vfas

de resolución. Cuatro y ocho décimas por ciento de los niños que

reaccionaron positivamente procedían de familias en que habla casos

de tuberculosis abierta; 48.4 por ciento vivfan en 631 casas de las -*

que se habían denunciado alas autoridades 1,400 casos de tuberculosis. El autor reexaminó algunos de estos casos en 1925. De 1,830 niños

223 (12.2 por ciento) manifestaban alguna forma de tuberculosis; 4.3 .

por ciento habían muerto antes de cumplir veinte años; 2.9 por

ciento de tuberculosis. Hubo muy poca diferencia entre los varones

y mujeres, salvo en la tuberculosis pulmonar, en que predominaban las últimas, 5.3 por ciento contra 3.9 por ciento. La mortalidad fue de 3.9 por ciento para las niñas, y de 2 por ciento para los niños. De 332 niños que acusaron una reacción negativa en 1912, 9.3 por

ciento manifestaron tuberculosis después.

(7 Klopstock, F., y Neuberg, C.: Klin. Wchnschr. 7: 537 (mzo. 13) 1928. 48 Erlandsson, S., y Akerberg, K.: Beit. klinik Tuberk. 68:527 (fbro. 27) 19%. 49 Feldmsn, A.: Arch. Intern. Med. 41: 549 (abr.) 1928.

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Aaance de las lesiones.-Heise 61 trató de determinar la extensión local de la tuberculosis pulmonar abierta y su propagacion a nuevas

zonas, por medio de roentgenogramas de los pulmones y pleuras de

, 152 enfermos. El avance de la enfermedad sólo se tradujo por

aparición o aumento del espesor pleural en 27 casos. En 12 aumentó

el tamaño de las cavernas, sin más infiltración. En los otros 113

aumentó marcadamente la infiltración colateral, o se presentaron

nuevos tubérculos. De los 113, en 21 la enfermedad era uni- y en 92

\ bilateral. En los casos unilaterales la propagación tuvo lugar dentro

o inmediatamente junto a la enfermedad existente en 14 casos.

Sólo en 7 enfermos se presentaron nuevas zonas remotas, en 5 de

-L ellos en el lado opuesto. En 10s 92 casos bilaterales la propagación

tuvo lugar contiguamente o dentro de la zona de la enfermedad

existente en 65, y en nuevas zonas remotas en 27. Parece, pues, que la propagacion más frecuente de la tuberculosis pulmonar Crónica en el adulto es por contigüidad directa, o sea por vía linfática.

TaZZa, peso, y circunferencia tordcica.-La talla de los reclutas

tuberculosos del ejército italiano fué 2.5 cm. mayor que la de los

sujetos sanos.62 La circunferencia torácica en los primeros ha dis-

minuido en 2.6 cm. en los recIutas recientes comparada con los

antiguos, en tanto que en los sujetos sanos la disminución sólo llega

a 1.5 cm. En los antiguos reclutas la circunferencia torácica de

los tuberculosos só1o se diferenciaba de la de los sujetos sanos en 0.9 cm., y en los recientes en 2 cm. El peso medio de los tuberculosos

en los reclutas recientes es 12.5 kilogramos menos que lo corres-

pondiente a su talla.

CamKos de peso.-Los estudios de Grönberg 63 en 2,180 enfermos

de un sanatorio de Finlandia abarcan unas 42,000 pesadas y un

periodo de siete años. La curva del peso mensual fue casi idéntica de enero a abril, bajando algo en mayo, subiendo en el verano, y bajando

* de nuevo al mínimum en diciembre. Hubo una marcada semejanza

entre la curva del peso y el promedio de la temperatura mensual y las horas de sol.

. que la herencia no es mayor factor en la propagación de la tuberculosis. Herencia.-Después de un estudio minucioso, Bernard64 declara La transmisión hereditaria sólo tiene lugar en uu numero pequeñísimo de los casos. La causa principal de la difusión reside en el contagio. Esto es lo que hay que tener presente en la tuberculosis.

Trastornos g&stticos.-Entre cien casos de tuberculosis pulmonar

examinados por Jäggi,66 la acidez gástrica estaba disminuída más a

menudo en los casos graves que en los ligeros. En los tíltimos

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jamás había hiperclorhidria. En los primeros disminuyó la acidez, pero no la secreción. La pepsina disminuyó en todos pero no lo mismo que la acidez. En la tercera parte de los casos, pero jamás en los de

hipersecreción, disminuyó la motilidad gástrica. En los casos muy

evolutivos notó marcada insuficiencia motriz y secretoria. Casi sin

excepción se descubrieron bacilos tuberculosos en el estómago ayuno, a veces hasta cuando los enfermos negaban tener expectoración.

SensiMización con clara de huevo.-Dienes 56 describe la sensibili-

zación de cuatro series de cobayos tuberculosos con clara de huevo. Con esas inyecciones en un foco creado con bacilos tuberculosos

muertos fue posible producir una sensibilización poderosa.

_DesensibiZización.-Pastore b7 declara que es posible desensibilizar

a los niños cuyas lesiones tuberculosas no son muy graves, pero el

resultado no parece permanente. No se puede desensibilizar a los

tuberculosos avanzados.

Presión sanguinea en los _#Zpinos.-Los filipinos, declaran Avellana

y Chlemena,68 y otras razas orientales tienen una tensión sangulnea menor (112 mm. sistólica y 73.1 mm. diastólica) que los caucásicos. Dejando aparte otras condiciones anormales, una constante disminu- ción de la tensión sanguinea lateral es muy indicativa de tuberculosis.

En los tuberculosos, a medida que se acentúa la gravedad de la

dolencia, disminuye la tensión sanguínea. En los casos de los

autores, si la tensión sangufnea inicial era alta, el pronóstico fue

bueno. También se notó un aumento en la tensión sanguínea -

lateral antes de una hemorragia. En 12 tuberculosos, el promedio

sistólico fue de 105 mm., y el diastólico de 65 mm.

Granulia.-De los 18 casos de tuberculosis miliar observados por

Ferrer,5Q 1 fue intersticial, 7 caseosos, 6 fibrosos, y 4 fibro-caseosos.

Para él, la. tuberculosis miliar diseminada tiene siempre origen

hemático, cualquiera que sea su forma. La denominación de exu-

dativa, para designar los procesos de neumonía caseosa debe desapare-

cér, por la confusión a que se presta. Todo proceso tuberculoso

comienza por una reacción neumónica caracterizada por la presencia de un exudado más o menos intenso. Es a esta fase inicial a la que le

corresponde exclusivamente la calificación de exudativa. Las

formas caseosa y esclerosa son fases de evolución del período inicial

exudativo. Las lesiones caseosas, mal llamadas exudativas no se

hacen fibrosas por sí mismas, sino que tan sólo se encapsulan por un tejido fibroso, formado a expensas de nuevos brotes de exudado

,fibrinoso organizado. Los procesos exudativos pueden reabsorberse;

los caseosos, no. Estos sólo se eliminan previa fusión purulenta por

los conductos aereos. La tuberculosis miliar, tras los procesos

.

60 Dimes, L.: Jour. Immnn. 15: 153 (mzo.) 1928. 67 Pastore, R.: Pediatria 36: 306 (mzo. 15) 1928.

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exudativos iniciales, puede adoptar una evolución caseosa o fibrosa;

esta última puede también caseificarse. No se ha observado ningún

caso de tuberculosis miliar en que aparezcan entremezcladas las

distintas formas de tubérculos fibrosos y caseosos puros. En cambio

se han estudiado casos en que existen, o caseosos puros o mezcla de

fibrosos fibro-caseosos y en un principio, los llamados tubérculos

exudativos. El tubérculo fibroso o granulación miliar, en la mayoría de casos, no se forma en el tabique, sino en el alveolo, a expensas de

. los elementos de aquéllos. Sin embargo, el tubérculo intersticial

puede aparecer en determinadas circunstancias. En la evolución

caseosa, intervienen ante todo los tóxicos adherentes y solubles del

9 bacilo tuberculoso. El estado general del individuo, así como el de

inmunidad específica, desempeñan un papel importante.

Huesos y articulaciones .-Para Cobbett,BO en Inglaterra y Gales, la

mayorfa de los casos de tuberculosis articular y ósea se deben a

bacilos humanos que no tienen nada que ver con la vaca. Hay sí casos de origen bovino, y en los lactantes muy pequeños constituyen casi la tercera parte del total, pero en conjunto no llegan a la quinta parte. En las vértebras las infecciones bovinas son más comunes que en la cadera, y en la última más que en la rodilla, quizás por proceder algunas de las primeras, del abdomen.

La tubercdosis osteoarticular como accidente del trabajo.-En más

de 3,000 enfermos observados por Ollerel en el Instituto de Ree-

ducación de Barcelona en un período de cuatro años, solamente en tres casos se planteó la posibilidad etiológica del accidente. La pro- porción es, pues, más pequeña que la de Zollinger, siendo además de citar el hecho de que al instituto vienen de preferencia los casos dudosos, los de litigio, y que por lo tanto, la estadfstica debfa ser más

desfavorable que la de Zollinger, que abarca todos los accidentes

sin excepción.

I Tuberculosis Za%gea.-Para Plum,B2 el tratamiento de la tuber-

culosis laríngea debe encaminarse primero a modificar el estado

inmunológico. En el Instituto de Finsen emplean baños luminosos

1 generales con la operación paliativa, si está indicada. La fototerapia

cura la tuberculosis laríngea, pero el tiempo y gastos imponen fre-

cuentemente la fototerapia general y el tratamiento local. De los

163 casos repasados, 52.2 por ciento se curaron, 6.8 por ciento mejora- ron mucho, 12.3 por ciento mejoraron, y 25.7 por ciento no se modi-

ficaron o empeoraron. En ciertos casos la falta de mejoría se debió a

complicaciones, y en otros a intervenciones cruentas inoportunas.

El tratamiento ambulante no resultó tan satisfactorio como el aplicado en el hospital.

80 Cobbett, L.: Brit. Med. Jour. 1: 626 (abr. 14) 1928. 61 Oller, A.: Am Med. 4: 123 (abr.) 1928.

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Amigdalas, pilar faucial y laringe.-En el caso de Murray y Maxwell 63 de tuberculosis amigdalina, la amigdalectomfa fue seguida de ulceración, primero del pilar faucial, y después de la laringe. Aunque el tórax fue reconocido varias veces, no se descubrió la enfermedad hasta que un examen roentgenológico reveló una invasión

algo extensa de ambos pulmones, tratándose sin duda, de una

tuberculosis latente agravada por la intervención. El enfermo

murió de tuberculosis generalizada con meningitis terminal al cabo ~

de seis meses.

Tuberculosis amigdalina en los niños.-El estudio de 200 casos por

ScarfF y Whitby 64 recalca la necesidad de practicar la amigdalectomfa

siempre que haya que extirpar ganglios tuberculosos del cuello. La +

frecuencia de tubérculos en las amfgdalas llegó a 3 por ciento. Eso

representa una marcada rebaja de las estadísticas anteriores, lo cual se atribuye en parte al mejoramiento de los abastos de leche y a la educación del público en cuanto al peligro de utilizar leche infectada.

Tuherculosis amigdalina múZple.-En el caso de Horgan 05 había

focos múltiples de tuberculosis miliar en una amígdala, sin infarto

de los ganglios amigdalinos. La laringe tenía aspecto normal, los

pulmones se mostraron sanos, y el esputo no contenía bacilos. La

Wassermann fue negativa.

Raquis.-Los 108 casos de espondilitis tuberculosa analizados por

Businger eB tuvieron lugar en soldados en la treintena. En el total de dolencias comunicadas en las fuerzas militares, el porcentaje de dicha enfermedad llegó a 1.08. En 14.8 por ciento había tara y en

31.5 por ciento antecedentes tuberculosos. El traumatismo sólo fué

un factor etiológico en 6.5 por ciento. El pronóstico de la espondi-

litis tuberculosa traumática es malo, llegando la mortalidad a 57.1

por ciento. No debe hacerse el diagnóstico de lumbago, ciática o

reumatismo, sin un examen cuidadoso del raquis, La mortalidad

media fue de 24.1 por ciento, pero los exámenes subsecuentes la harfan -

aumentar. En los casos fatales, la duración media de la enfermedad

fue de cuatro años y un tercio, y en los curados cuatro años y medio.

La segunda vértebra lumbar fue la atacada más frecuentemente. _

El pronóstico es peor en la porción cervical y mejor en la dorsal. En la mitad de los enfermos habfa gibosidad perceptible, y en 62.9 por

ciento abscesos. Estos empeoraron el pronóstico, en particular si

había ffstulas o infecciones mixtas, rindiendo una mortalidad de

60.8 por ciento. Los sfntomas medulares ligeros fueron frecuentes

y no peligrosos. Los más graves, que existían en 11 por ciento, se

acompañaron de una mortalidad de 66.6 por ciento. En 56.6 por

ciento había tuberculosis de otros órganos, llegando la mortalidad a

63 Murray, W. H., y Maxwell, J. A.: Jour. Laryng. & Otol., 43: 335 (mayo) 1928. 04 Scarff, 0. R., y Whitby, L. E. H.: Jour. Laryng. & Oto]. 43: 328 (mayo) 1928. 06 Horgan, J. B.: Jour. Laryng. & Otol. 43: 338 (mayo) 1928.

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36 por ciento. En 18.5 por ciento la enfermedad recurrió. La espondilitis deja secuelas permanentes en 63.1 por cient,o de los casos curados.

Intestino.-Para Blumberg y WallerF’no debe hacerse el diagnóstico

de tuberculosis intestinal a menos que el enfermo manifieste signos de

tuberculosis activa en otra parte. El diagnóstico sólo puede hacerse

despu& de correlacionar los signos y síntomas, de excluir otros posibles estados, y de considerar la actividad tuberculosa y la duración de la

tuberculosis extraintestinal abierta. El conocimiento por el médico

del estado del enfermo le ayuda en el diagnóstico, y ningún síntoma

clínico ni signo roentgenológico lo capacitará para ello. Obrase con

acierto tratando con gravedad una dolencia tal como la tuberculosis

intestinal, pero hay que mostrar cuidado al comunicarlo al enfermo,

en particular en la incipiencia de la afección. La terapéutica es

puramente empírica y consiste en aliviar los síntomas molestos.

La extirpación cruenta temprana de pequeñas zonas intestinales

enfermas tal vez logre la curación.

Genitales femeninos.-Según Torre Blanco,BS muchas infecciones

bacilares de localización genital recaen en enfermas ya predispuestas. La tuberculosis del aparato genital, lo mismo que la de otras localiza- ciones fímicas, acusa febrícula, salvo si hay infección aguda o mixta, en cuyo caso la fiebre puede ser alta. En cuanto al tratamiento local,

hay que escoger entre fisioterapia o intervención cruenta. De alber:

garse dudas diagnósticas, debe procederse a la laparotomía. En la

fisioterapia, dan buenos resultados la helio- y la roentgenoterapia.

Simultaneidad con el cáncer.-En el caso de Derischanoff 6g había

carcinoma primario de un bronquio con metástasis pulmonares y

cerebrales en un sujeto de 22 años que también padecía de tubercu- losis pulmonar y de meningitis tuberculosa. Para él, la tuberculosis

combinada con cáncer suele ser exudativa. Es sumamente difícil

encontrar bacilos tuberculosos en el esputo de esos casos. La com- binación es muy rara hasta la edad de 30 años.

Tratamiento quirúrgico de la tuberculosis pulmonar.-Vaccarezza y

Silvestre ‘O obtuvieron excelentes resultados con la toracoplastia

extrapleural total de Sauerbruch, en un grupo de enfermos con

lesiones pulmonares complicadas, en los cuales, discutida la indicación

operatoria, no podrían haber sacado beneficio con otro proceder. El

resultado de la toracoplastia es semejante o quizás superior, al del

neumotórax artikial. Las lesiones de tipo productivo y retráctil son

las de mejor pronóstico. El éxito fundamental del tratamiento reposa

en la exacta indicación operatoria. La indicación surge del fracaso de la contraindicación, de lo inoficioso y de la impracticabilidad de todos

8’ Blumberg, A., 7 Wakr, C. P.: U. S. Vet. Bur. Med. Btil. 4: 295 (abr.) 1928. 08 Torre Blanco, J.: Arch. Med., Cir. & Esp. 28: 405 (mzo. 24) 19%.

6Q Derischanoff, S. M.: Zsitschr. Krebsfrsch. 26: 275 (mzo. 6) 1928.

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los demás métodos conocidos. Sólo el médico especializado está capacitado para hacer la indicación operatoria.

Fototerapia.-Bullock ” declara que está bien fundada la opinión

de que la luz solar posee muy poca o ninguna utilidad en la tubercu-

losis pulmonar. Los baños de aire, sí poseen mucha importancia, y

llegará un día en que, en las instituciones favorablemente situadas

durante todo el año, y en otras peor situadas parte del año, se les

quitará a los tuberculosos toda la ropa salvo un taparrabos. Esos

enfermos no se resfrían fácilmente, no se atienen tanto al calor

artificial, tienen mejor aspecto, se sienten mejor, comen mk, y se

reponen con mayor rapidez y seguridad.

La helioterapia en la tuberculosis quirúrgica.-Para Bernhard,72 en la

tuberculosis quirúrgica el método de elección es la helioterapia. Las

ventajas de su aplicación en las regiones montañosas se deben a la mayor intensidad de la luz del sol, mayor calor, propiedades lumínicas y químicas, abundancia en rayos violetas y ultravioletas, y duración

más prolongada. Otros factores favorables consisten en la menor

presión atmosférica, y la sequedad y limpidez del aire, que está

libre de polvo y de microbios. En sus 25 años de practica en St.

Moritz, Bernhard ha tratado a 2,000 casos de tuberculosis quirúr- gica que comprendía la piel, los tendones, las mucosas, los ganglios linfáticos, los huesos y articulaciones, el aparato urogenital, las serosas,

,el intestino, el ojo, y localizaciones múltiples. Por medio de la

helioterapia sanan casi todos los casos de espondilitis tuberculosa y

tuberculosis de la cadera, sin o con ligera deformidad. De sus

primeros 1,000 casos se curaron 856, mejoraron 120, no mejoraron 14 y murieron 8, o sea una mortalidad de 0.8 por ciento. Seis de los casos que no mejoraron murieron después de tuberculosis, dando una mortalidad de 14, o sea 1.5 por ciento. Entre 70 casos de peritonitis serosa tuberculosa, hubo una sola muerte, debida a invasión tubercu- losa de los pulmones.

La helioterapia en las tierras bajas.-Para Kisch,73 se ha exagerado

mucho la superioridad de las alturas alpinas sobre las tierras bajas,

en lo tocante a la helioterapia. Los resultados obtenidos por él

durante 10 años en las cercanías de Berlín son casi iguales a los de lás

instituciones alpinas. La helioterapia es una activación más bien

que una terapéutica especffica. El valor curativo de los rayos solares

debe ser atribuido principalmente a su facultad hiperémica. El

método del autor le ha resultado en particular útil pro- y postopera- toriamente con la toracoplastia.

La helioterapia en las alturas alpinas.-No se acaba de comprender la

reacción del organismo, en particular el patológico, a los rayos solares. 71 Bullock, E. S.: Am. Rov. Tuba. 17: 375 (abr.) 1928.

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Rollier ‘4 afirma que la luz desempeña probablemente el papel mas importante, y recalca los bafios de sol de a cuerpo entero. El lupo curó con la misma rapidez cuando se cubrían las lesiones, si se exponfa todo el cuerpo al sol. La pigmentación abundante es un buen signo. Los rayos anestesian, de modo que el dolor desaparece a las pocas semanas. Los abscesos fríos excitan la producción de inmuni- cuerpos, y por dicha razón deben ser puncionados lo más tarde posible.

Fototerapia cíe Finsen.-Reyn 75 declara que la introducción del

principio de exponer todo el cuerpo a la luz ha labrado notables

diferencias en los resultados obtenidos en el Instituto Finsen de

Copenhague, pues con la exposición local sólo se curaban 70 por ciento de los casos favorables y ahora se curan 90 por ciento. Tam- bién se acorta mucho el tratamiento.

Eritema nudoso.-Entre 1,500 tuberculosos pulmonares, Mag-

nússon ” encontró eritema nudoso ll veces. Dos de los casos

eran ligeros sin bacilos y dos avanzados sin fiebre, pero con bacilos.

En los primeros la aparición se acompañó de fiebre alta. En los

últimos no hubo fiebre. Cuatro enfermos no manifestaron artralgia,

cinco la tuvieron breve, y dos muy intensa. En cuanto al trata-

miento, la helio- y fototerapia resultaron lo mejor. El yoduro de

sodio al parecer acrecentó el efecto. Los salicilat,os resultaron

inútiles. En cambio, la sanocrisina rindió resultados muy satisfac-

torios y duraderos.

Reumatismo articular agudo.-En más de cuatro quintas partes de

los enfermos de reumatismo articular agudo comprobados por

Reitter,?? se presentó marcada alergia cutánea tras la inyección

intracutánea de 0.2 mg. de tuberculina antigua. En 20 la inyección

intracutánea de tuberculina antigua diluida, después de la regresión

de los síntomas agudos, fué seguida, no sólo de una reacción local, sino de fenómenos inflamatorios en el tejido conjuntivo de ciertas

articulaciones, y a veces en las serosas. Tal vez la amigdalitis u

otra infección bacteriana culmina en el complejo sintomático del

reumatismo articular si los tejidos, en particular los conjuntivos, son

hipersensibles. En el segundo período de Ranke, o sea el llamado

de latencia o generalización de la tuberculosis, existe profunda alergia

acompañada a veces de hipersensibilidad general, de modo que la

infección bacteriana evoca fenómenos semejantes a los anafilácticos,

aunque el cuadro sanguíneo es absolutamente distinto. Hay otra

posible explicación, y es que, en un reumático hipersensibilizado por

la tuberculosis, la existencia de una infección de otro género podría provocar brotes generalizados con pocos bacilos tuberculosos.

74 Rollier, A.: Strahlenter. 28: 259, 1928. E ‘6 Reyn, A.: Strshlenter. 23: 306,19X

(12)

Tubercdinoterapia en ei! lupa eritematoso.-De 21 casos tratados

por Oro78 con la tuberculina, obtuvo curaciones completas en 33

por ciento, aproximadas en 13.7 por ciento, gran mejoría en ll.7 por ciento, considerable mejoría en 7.84 por ciento, ligera en 7.84 por ciento, y fracasos en 25.46 por ciento. Por supuesto, hay que ejercer suma prudencia al emplear una sustancia tan activa.

Enfermedad de Hodgkin experimental.-En cinco pollos sanos,

L’Esperance7g inoculó intravenosamente emulsiones de ganglios

linfáticos, procedentes de dos casos típicos de la enfermedad de

Hodgkin. Todos ellos manifestaron tuberculosis típica o atípica, y

en los frotes de dos se encontraron granulos ácido-resistentes y

bastoncillos, y gránulos anacido-resistentes en uno. Eso tal vez

indique que el factor etiológico de ciertas formas de la enfermedad es patógeno para las aves, o que el bacilo tuberculoso aviario es un factor en la producción de algunas de las lesiones consideradas como granuloma de Hodgkin.

Eliminación en el ganado.-Con su método de segregación, Adeane

y Gaskell 8o afirman que puede convertirse a cualquier rebaño en

negativo a la tuberculina dentro de tres a cuatro años sin disminuir

de número. Los datos aportados indican que el ganado vacuno

puede reponerse de la tuberculosis.

Papagayos.-Belanco 81 (Gazz. Clin.) se ocupa de la tuberculosis de los

papagayos, la cual reviste mucha importancia, por padecer esas aves

de la forma aviaria y de la humana. En un trabajo previo ya se

ocupó el autor de la histología de la tuberculosis lingual producida por

material proveniente de un papagayo infectado del hombre. Como

conclusión práctica, declara que no debe considerarse a los papagayos como huéspedes inocuos.

Más so6re BCG.-En la tercera edición de su obra, Calmette 82

repasa los principios fundamentales de su vacunación preventiva,

describe sus primeros experimentos, expone la técnica de la prepara-

ción y empleo de la vacuna, y sumariza conservadoramente los

resultados obtenidos, aunque para 61 el procedimiento ya ha pasado

del período experimental, y puede ser aplicado universalmente.

Otro asunto al cual dedica bastante atención es la filtrabilidad del

virus de la tuberculosis, en la cual tropieza con una paradoja, pues de aceptar su existencia, la infección prenatal por vía placentaria debería ser frecuente, en tanto que su método consiste an inocular a la pro- genie de madres tuberculosas en los primeros días de vida antes de que pueda tener lugar la infección por íntimo contacto con la madre.

18 Oro, A.: Riforma Med. 44: 275 (mzo. 12) 1928. 70 L’Esperance, E. S.: Jour. Immun. 15: 123 (mzo.) 1928.

80 Adeane, C. R. W., y Gaskell, J. F.: Jour. Hyg. 27: 248 (mzo.) 1928. 81 Gior. R. Soc. Ital. Ig. 50: 116 (abr. 1) 1928.

(13)

Para salvar ese dilema, recalca la rareza de la infección congénita demonstrable y la eficacia de su vacunación.

Patogenicidad del BCG.-Fundándose en unos experimentos cuida-

dosos, Chiari y sus colaboradores 83 dicen: (1) El BCG de Calmette puede producir no tan sólo alteraciones tuberculosas específicas en los

cobayos, sino hasta la muerte. (2) La resistencia de los cobayos

tanto a los bacilos virulentos como a los BCG varía. (3) La adminis-

tración de la vacuna por vía bucal no produce alteraciones, pro-

bablemente porque los bacilos son casi siempre eliminados sin haber

infectado al portador. (4) Si BCG inmuniza, esto se debe siempre a

la infección. (5) No puede demostrarse con seguridad en el cobaya

que las alteraciones tuberculosas producidas cicatricen espontánea-

mente. (6) En contraposición a lo sostenido por Calmette, quede

hacerse aumentar la virulencia de su vacuna por medio de inocula-

ciones repetidas en animales sanos. (7) La vacunación profiláctica

con BCG debe limitarse todavía a la experimentación en animales.

D’&rania.-Este trabajo 84 contiene los experimentos practicados

por la comisión de Ukrania, deduciéndose las siguientes conclusiones :

(1) BCG inyectado a dosis pequeñas o grandes en cobayas sanos o

debilitados sólo produce lesiones localizadas de tendencia regresiva. Ni los pases sucesivos jamás producen procesos tuberculosos progresi- vos; (2) BCG introducido, encobayas sometidos después a inyecciones repetidas de tuberculina, no aumenta en virulencia; (3) los cultivos de BCG, aislados tras uno o dos pases en el cobaya, no resultaron

virulentos; (4) los cultivos histológicos permitieron demonstrar la

avirulencia de BCG; (5) la vacunación con BCG de los roedores de

laboratorio rindió resultados relativamente buenos; (6) la vacunación

del ganado vacuno con BCG confirió resistencia marcada a la inyec-

ción intravenosa experimental de bacilos tuberculosos virulentos;

(7) los BCG eliminados en la leche de las vacas son completamente

avirulentos; (8) los estudios practicados durante más de dos años de-

muestran que el empleo de BCG para la vacunación profiláctica de

los recién nacidos resulta inocuo. La bajísima mortalidad tuberculosa observada en las criaturas vacunadas de una zona infectada milita en favor de esa vacunación.

Acción inmunizante de BCG.-Para Lange y LydtinF5 la vacunación

de los cobayos y conejos con grandes dosis de BCG produce una infec-

ción tuberculosa, pero inocua, y que desaparece pronto. La inocula-

ción repetida de BCG no acrecienta la virulencia de los bacilos.

Puede aumentarse la resistencia de los cobayos a bacilos tuberculosos

virulentos con vacunaciones de BCG, pero ese aumento es limitado

y transitorio. Las observaciones de los autores confirman las decla-

raciones de Calmette acerca de la inocuidad y propiedad inmunizante 83 Chiari, H., Nobel, E., 7 Solé, A.: Zeitschr. Tuberk. 50: 24 (fbro.) 19%.

(14)

de su cultivo, pero no creen que se haya demostrado definitivamente la eficacia de la administración perora1 de BCG.

Reglas para la vacunacion h2podérmica.-Weill-Hallé sB resume así las

reglas que Calmette y él han creído deber dictar para la vacunación con BCG: 1. La vacunación con BCG puede ser practicada por vía subcutánea en los lactantes que han pasado de los diez dias. Se dirigirá sobre todo a las criaturas amenazadas por la contaminación y a los adultos, y en particular al personal de enfermería y a los indí-

genas que lleguen de países indemnes de tuberculosis. 2. Es indis-

pensable asegurarse antes de la falta de una contaminación previa,

comprobando a los sujetos con la Pirquet y sometiéndolos a una

cuarentena de cinco a seis semanas, si ha habido peligro de contami-

nación. 3. La dosis de vacuna para inyección ser% de 0.020 mgm., o

sea de unos 800,000 cuerpos bacilares. 4. Los sujetos vacunados

deben permanecer alejados del foco de contaminación por los menos

cuatro semanas, o sea hasta el probable establecimiento de la immu-

nidad.

Aplicación de Za vacunación hipodérmica.-Parisot y Salem (de

Nancy) comunicaron a la Academia de Medicina de París 87 que la

utilización de la vía subcutánea ha extendido considerablemente el

campo de la “premunición.” Desde el 1 de abril de 1927, han

vacunado de esa manera a 318 sujetos de algunas semanas a 16 años de edad. La dosis única empleada fué de 0.1 mgm#, y los vacu- nados pertenecfan tanto a medios familiares infectados de tubercu-

losis como indemnes. Las reacciones locales variaron de nódulos a

tendencia supurativa, pero jamás se observó la nenor repercusión

general. En la discusión, Calmette afirmó que, hasta nueva orden,

hay que mostrarse sumamente prudente en la aplicacion de la vacu-

nacion subcutánea. Lignières intervino para apuntar que, a fin de

evitar las reacciones locales y generales, ha sido necesario reducir la dosis a 400,000 bacilos inoculados en una sola inyección, y preguntó: iQue experiencias demuestran que se obtenga suficiente premunición inyectando 400,000 BCG?

Perplejidades en la campaña antiven&ea.-El problema venéreo coloca agrandes intereses en oposición mutua. Mas de un sujeto sincero se ha preguntado si, dado un maltusianismo perfeccionado y eliminado el mal venéreo, no se derrum- barfan los baluartes del existente orden moral. Hacia ese dia inevitable en que la decisión, en lo tocante a moral sexual, quede emancipada de todo temor a las consecuencias de las enfermedades horripilantes y se guie puramente por principios elevados y una idea de profunda responsabilidad hacia el compañero y la raza, higienista y venereólogo, deben marchar, y así lo haran, mano en mano.-J. H.

STOKIW, Jour. Am. Med. Assn. 90: 743 (mzo. 10) 1928. __-~~ -~ ~~ ~~~ ~- -~ ~-.

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