576 OFICINA SANITARIA PANAMERICANA
de la alimentación: predicando, por un lado, la templanza y las desventajas de la gula, mas educándoles, por otro, el apetito, a fin de que sepan escoger platos sanos y que les faciliten las substancias que necesitan para un desarrollo armónico y perfecto. En esos casos, el ejemplo equivale a cien pláticas.
Claro está que, al tratar de evadir la Escila de la glotonería, no debe irse a naufragar en la Caribdis de la inanición, pues el ayuno encierra también sus peligros. Como prueba no muy remota ahí está la Guerra Mundial c.on sus secuelas. Cierto es que, a consecuencia de las privaciones impuestas por el bloqueo a los imperios germánicos, disminuyeron enfermedades tales como obesidad y diabetes, mas también aumentaron sobremanera y por bastante tiempo después, la tuberculosis y la osteomalacia, el mixedema, la infecundidad y la desnutrición.
Todo extremo es malo. Con respecto a los niños, ese punto reviste aún mayor importancia. Esto ha sido reconocido muy bien en los Estados Unidos, y también en la Argentina, en donde con ayuda del Estado, de las municipalidades y de Sociedades de Protección de la Niñez, se provee a la alimentación de los alumnos en las propias escuelas o en establecimientos ad hoc diseminados en puntos ade- cuados, y que llevan los nombres de Copas de Leche, Migas de Pan, Cantinas Escolares, Escuelas de Niños Débiles, Colonias de Vaca- ciones y Clínicas de Nutrición. Alimentado el niño, luego vendrá la corrección de los defectos flsicos y el ataque a las enfermedades y la resistencia al contagio. Muchos escolares acusados de retraso mental en realidad son niños desnutridos.
El ejemplo argentino y estadounidense merece ser considerado cuidadosamente en otras partes.
LA MORTALIDAD PUERPERAL
El número de muertes relacionadas con el parto alcanza todos los años en los Estados Unidos el formidable número de casi 15,000.’ Lo más triste consiste en lo poco adelantado en los últimos años. Cuando comparamos, por ejemplo, la reducción lograda en la tifoidea, de 35.9 por 100,000 en 1900 a la séptima parte de esa cifra en los dos últimos años (6.5 en 1926), y la asombrosa disminución en la tuber- culosis, de 300 por 100,000 allá por los años 80, a unos 90 en el decenio actual, y en la mortalidad infantil, que disminuye cada año (por ejemplo, en unas 700 poblaciones fué en 1927 de menos de 65 por 1,000 nacimientos, o sea casi 10 puntos menos que en 1926), da pena reflexionar que la mortalidad puerperal de 15.7 en 1900, alcanza hoy día cifras casi iguales.
EDITORIALES 5'77 Que esas cifras son todavía excesivas en los Estados Unidos lo demuestra una comparación con Inglaterra, país este en que, sin embargo, sostienen las autoridades de higiene que la mortalidad puerperal es demasiado elevada y debe hacerse algo para reducirla. En Inglaterra, la mortalidad puerperal fué de 4.12 por 1,000 naci- mientos en 1925, comparado con 5.5 en los Estados Unidos, y la correspondiente a septicemia puerperal de 1.6 por 1,000 nacimien- tos, comparado con 2.4 en los Estados Unidos.
Lo más trágico de esta situación es que esa mortalidad anual recae principalmente en mujeres jóvenes que tienen su primer hijo, víctimas en gran parte de la apatía, la ignorancia y e:‘ descuido. La única manera de remediar en parte, si no del todo, la situación, consiste en aumentar marcadamente la hospitalización de los casos de materni- dad, y ofrecer cuidados mejores de enfermería. Las estadísticas demuestran que hay demasiada partería indocta. Toda muerte de septicemia puerperal constituye una acusación contra el que atendiera al parto, y por lo tanto, debería ser cuidadosamente investigada por las autoridades para precisar la causa, y sobre quien recae la culpa- bilidad. Las autoridades brasileñas, chilenas y ecuatorianas obraron, pues, con suma justicia al reforzar, hace poco, las disposiciones, rela- tivas al ejercicio de la partería por comadronas.
AVANCES EN LA NEUMONfA
Hay una enfermedad, conocida desde la época de Hipócrates, que figura, aún hoy día, entre las más frecuentes y mortíferas, superando a veces, en lo tocante a lo titimo, hasta a la tuberculosis. Nos referimos a la neumonía, a la cual se debió 10 por ciento de la morta- lidad general de 1900 a 1920 en el Area de Registro de los Estados Unidos. Esta dolencia no respeta clima alguno, ni tropical ni templado y ni frío, si bien revela ciertas diferencias geográficas y étnicas. También ataca a todas las edades, aunque con distinta intensidad, desde el pequeñuelo en los brazos de la madre hasta el anciano a quien ya sonríe la muerte.
Aún en la edición de 1924 del Tratado de Medicina de Osler y McCrae, aparece consignado que la neumonía se ha convertido en el “capitán de los hombres de muerte,” nombre este aplicado por el escritor inglés Bunyan a la tisis. De un estudio de las estadísticas del Hospital de Londres de 1854 a 1903, comprendiendo 5,097 casos, Greenwood y Candy dedujeron que la mortalidad no ha variado mayor cosa en ese período. Las cifras revelan, sin embargo, muchas diferencias en distintas partes.