• Nenhum resultado encontrado

Un tema de actualidad

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2019

Share "Un tema de actualidad"

Copied!
28
0
0

Texto

(1)

ρτψυιοπασδφγηϕκτψυιοπασδφγηϕκλζξ

χϖβν

µ

θωερτψυιοπασδφγηϕκλζξχϖβν

µ

θωερτψυιοπασδφγηϕκλζξχϖβν

µ

θωερτψ

υιοπασδφγηϕκλζξχϖβν

µ

θωερτψυιοπασ

δφγηϕκλζξχϖβν

µ

θωερτψυιοπασδφγηϕκ

λζξχϖβν

µ

θωερτψυιοπασδφγηϕκλζξχϖ

βν

µ

θωερτψυιοπασδφγηϕκλζξχϖβν

µ

θωε

ρτψυιοπασδφγηϕκλζξχϖβν

µ

θωερτψυιο

πασδφγηϕκλζξχϖβν

µ

ρτψυιοπασδφγηϕκ

λζξχϖβν

µ

θωερτψυιοπασδφγηϕκλζξχϖ

βν

µ

θωερτψυιοπασδφγηϕκλζξχϖβν

µ

θωε

ρτψυιοπασδφγηϕκλζξχϖβν

µ

θωερτψυιο

πασδφγηϕκλζξχϖβν

µ

θωερτψυιοπασδφγ

ηϕκλζξχϖβν

µ

θωερτψυιοπασδφγηϕκλζξ

χϖβν

µ

θωερτψυιοπασδφγηϕκλζξχϖβν

µ

θωερτψυιοπασδφγηϕκλζξχϖβν

µ

θωερτψ

υιοπασδφγηϕκλζξχϖβν

µ

θωερτψυιοπασ

δφγηϕκλζξχϖβν

µ

θωερτψυιοπασδφγηϕκ

λζξχϖβν

µ

θωερτψυιοπασδφγηϕκλζξχϖ

βν

µ

ρτψυιοπασδφγηϕκλζξχϖβν

µ

θωερτψ

OCCIDENTE  explicado  a  todo  el  mundo

 

Roger-­‐Pol    Droit  

Filosofía    e    Cidadanía        –        1º  Bachillerato

 

(2)

Introducción

Un tema de actualidad

En todas partes se habIa de Occidente. Se trata de un concepto clave de nuestra actualidad. Encended la radio o la televisión, abrid un diario o una revista, buscad las noticias en la Red, lo encontraréis continuamente. Los terroristas atacan Occidente, lo desafían, lo quieren destruir. Las riquezas mundiales están en manos de Occidente, o se hallan a punto de dejar de estarlo. El estilo de vida occidental parece que ha conquistado el planeta, pero los valores de Occidente parecen cuestionados en todo el mundo...

El término se encuentra en todas partes, pero su significado no parece claro. A menudo uno no se da cuenta, pues cree saber de qué está hablando. Por consiguiente, si se pregunta qué es Occidente, empiezan las perplejidades.

¿Se trata de un lugar, de una región del mundo? ¿Europa o América? ¿O las dos? ¿O, mejor aún, el conjunto de los países ricos? ¿Se trata de un período de la historia? ¿O de un sistema económico? ¿Puede que sea una moral? ¿Una religión? ¿Un estilo de vida? ¿Un estado del espíritu? ¿Se trata de una bendición o de una maldición?

En la actualidad, ¿Occidente se encuentra únicamente en ciertas partes del mundo o está casi por doquier?

Éstos son los interrogantes de este libro. Profundizaremos en ellos con la mayor simplicidad y claridad posibles. Sin duda, para algunos no hallaremos una respuesta definitiva, pero intentaremos clarificarlos todos para que podamos percibir los elementos que los componen. Las imágenes confusas y las ideas superficiales no ayudan a nadie y se convierten en fuente de violencia y odio. Es necesario combatirlas mediante la explicación y el conocimiento.

(3)

Capítulo 1

¿Dónde está Occidente?

- ¿De dónde procede este término: «Occidente» ?

-En efecto, es necesario empezar por ahí, pues el origen del nombre y su evolución son un buen hilo conductor. El término deriva del verbo latino occidere, que significa «caer», «desaparecer». De hecho, al principio, se trata sencillamente de una historia del sol. Occidens, en latín, indica el lado por donde se «cae» el sol, es decir, la dirección por la que desaparece. El sentido original del término «Occidente» es, pues, «poniente», «el ocaso», el lugar por donde el sol finaliza su trayecto todos los días.

A primera vista, parece muy simple. Pero vale la pena desconfiar de las afirmaciones que parecen tan sencillas. Con mucha frecuencia ocultan toda una serie de preguntas que no aparecen hasta que nos acercamos más al tema. Éste es aquí el caso. Esta asunción básica -Occidente: lugar por donde desaparece el sol plantea al menos tres cuestiones.

Para empezar, se trata de una dirección en el espacio. En principio, «occidente» es el nombre de una dirección, como lo son, por ejemplo, derecha o izquierda, arriba o abajo, delante o detrás. Por tanto, no se trata de una forma particular de civilización, de religión o de política.

Por otra parte, es necesario remarcar que todos esos conceptos que señalan posiciones en el espacio aparecen de dos en dos y forman parejas de opuestos. Esto es evidente: la derecha no existe sin la izquierda, y viceversa. Lo mismo vale para arriba y abajo, delante y detrás. Occidente no es una excepción. El lado por donde desaparece el sol se opone al lado por donde aparece: Oriente, que con frecuencia también se denomina «Levante».

En consecuencia, Occidente no existe solo, sino únicamente como uno de los dos elementos de una pareja de opuestos. Por un lado, aparece el sol. Ese lado se denomina «Oriente»-a raíz de un verbo latino que significa «subir», o «Levante» o «este». Al otro lado, el sol se pone, al oeste, por el lado de Occidente.

-Aquí hay algo que no funciona. En efecto, en todos los puntos del globo terrestre existe un lado por donde aparece el sol y un lado opuesto por donde desaparece. Si uno se encuentra en Tokio, por ejemplo, Pekín se encuentra al oeste, hacia el Poniente, es decir, en Occidente...

-¡Efectivamente, he aquí una dificultad! Aunque, por fortuna, es fácilmente superable. La pregunta llama la atención sobre un punto que ha quedado a oscuras: ¿Dónde se encuentra el punto de referencia? Cuando situamos las direcciones en el espacio siempre existe un centro, sea explícito o no. «A la derecha», «arriba»o «delante» no son lugares que existan por ellos mismos. Sólo existen en relación con un punto de referencia (“a la derecha” de la casa en la que nos encontramos, «arriba» o «delante» en relación con la posición de mi cuerpo, etc.). Aunque uno no haya indicado cuál es el punto de referencia, siempre nos encontraremos en la misma situación: todos los puntos del globo terrestre tienen «su» Oriente y «su» Occidente. Desde un punto de vista teórico, esto es exacto. Pero resulta claro que ocurre algo completamente diferente cuando hablamos cotidianamente de Occidente y de Oriente.

(4)

sería: Atenas. En efecto, Oriente y Occidente se definieron en relación con el centro griego del mundo. El primer meridiano de referencia no fue, pues, el de Greenwich (en Inglaterra), sino el de Atenas y de la pequeña franja de tierra de la Antigua Grecia.

Grecia fue el centro a partir del cual Oriente y Occidente se definieron por primera vez. Hacia el este, los griegos se encontraban con Persia (el actual Irán), la costa de Asia Menor (la actual Turquía mediterránea) y, más allá del mar Negro, los primeros contrafuertes de la cordillera del Cáucaso y Asia central. Eso es lo que, para ellos, cubría el «Oriente». Hacia el oeste, por el lado que pronto se denominaría «Occidente», se ubicaban Italia, Sicilia, España, la Galia, el conjunto de tierras que separan Grecia de la otra orilla del Mediterráneo y, más allá, las que separan el Mediterráneo del Atlántico. Desde el punto de vista geográfico, eso era «Occidente».

Esa división variará poco. Incluso cuando el centro de referencia dejó de ser Atenas para trasladarse a Roma; incluso cuando el poder político, militar y económico se concentró en el Imperio Romano, la división siguió siendo, poco más o menos, la misma. Así hemos pasado de una división del espacio a la designación de una región del mundo.

-¿Cómo se delimitó esa región llamada «Occidente»?

-Sus fronteras han variado, pero básicamente lo que denominamos Occidente coincide en líneas generales con la actual Europa occidental. En la Antigüedad, sólo designaba a una parte de esta Europa. Por aquel entonces, lo que se llamaba Occidente no incluía Escandinavia (que casi no se conocía y se creía poblada por los «hiperbóreos», un pueblo legendario del Norte), ni las llanuras de Europa central, ni los países bálticos, ni Polonia, ni Dinamarca, y apenas el sur de Inglaterra. A lo largo de los siglos, nuevas regiones se fueron integrando a Occidente. Así, ya en la etapa final del Imperio Romano, cuando se separó en dos entidades políticas, un imperio de Oriente y otro de Occidente, este último comprendía toda la parte occidental de Europa, desde el sur de España hasta Escocia y desde Bretaña hasta los cursos del Rin y el Danubio.

Esta delimitación no ha cambiado demasiado hasta la época moderna. Occidente, desde el punto de vista de la geografía, es Europa, principalmente la Europa del Oeste, pero también la del Norte y la del Sur. Las discusiones empezaron con el emplazamiento de la Europa del Este. Yendo hacia Rusia o hacia Turquía, uno se acerca a Oriente, a Asia. La frontera exacta de Occidente, por ese lado, lleva mucho tiempo siendo debatida.

¿A qué conclusión se puede llegar? ¡Que la geografía física no es suficiente! Occidente no es únicamente una cuestión de lugar. No se trata sólo de una región que se definió sobre un mapa. Evidentemente, se organiza a partir de un entramado de ríos, costas, vías marítimas, caminos y ciudades, pero es necesario incluir otros elementos en su definición. Más que una región, Occidente es una forma de sociedad, un conjunto de convicciones y de actitudes que han forjado su historia y han apoyado su expansión.

-¿No se trata de una región, sino de una civilización?

-No vayamos tan deprisa. A día de hoy, no estoy seguro de conocer el significado del concepto «civilización». Además, la historia de Occidente es demasiado rica y compleja para que se pueda hablar, sin un examen previo, de una civilización. No se puede asegurar que la diversidad de Occidente, o mejor aún de los Occidentes, se pueda reducir a una unidad. En cualquier caso, eso habrá que analizado más adelante.

(5)

son planos que deben integrarse si uno quiere comprender eso que se denomina «Occidente». También se ve que el campo es inmenso y sólo podremos dibujar las grandes líneas.

Antes de recorrer esta historia, veamos primero los títulos de los capítulos con el objetivo de comprender cómo se ha formado y transformado la imagen de Occidente. Todo empieza con los griegos, hacia los siglos VI y V a.C. ¡En unas pocas generaciones inventaron la tragedia, el debate democrático, la investigación científica y la reflexión filosófica! Y, sobre todo, tuvieron conciencia de haber creado valores y libertades que no existían antes. Los griegos llamaban «bárbaros» al resto de los pueblos. En su espíritu, ese término no era forzosamente injurioso, ni siquiera peyorativo. Los «bárbaros» eran «todos los demás», aquellos que no hablaban la lengua griega y que, sobre todo, no eran ciudadanos libres. Algunos bárbaros eran groseros, otros eran sabios, pero todos tenían como denominador común que eran súbditos de un emperador, de un rey o de un faraón. Sólo los griegos se daban a ellos mismos sus leyes y formaban ciudades autónomas.

Después, los romanos siguieron a su manera ese edificio. Con sus legiones conquistaron casi todo el mundo conocido en aquella época, pero garantizaron ciertos derechos a los habitantes del Imperio, cualquiera que fuera su lengua, religión u origen.

Al final del Imperio Romano, el cristianismo se impuso sobre las antiguas religiones, y la Iglesia forjó de alguna manera la nueva identidad de Occidente. A partir de la Edad Media, los términos Occidente y cristiandad se confunden. Ser occidental es ser cristiano. Y seguirá así durante mucho tiempo. Pero este aspecto de la identidad occidental se ha ido debilitando con el tiempo y ha dejado paso, en la época actual, a otras visiones de Occidente.

-¿Es que Occidente cambia continuamente?

-Eso es lo que trataremos más tarde. En cualquier caso, ha cambiado frecuentemente de apariencia. A partir del siglo XVI, con el Renacimiento y enseguida con la Edad Contemporánea, Occidente conoció un desarrollo extraordinario. Progresivamente se convirtió en el dominador del comercio mundial. Esta expansión económica estaba vinculada a la llegada de oro y plata procedentes de América y al surgimiento de los sistemas bancarios y del capitalismo mercantil. Pero también está ligada a los grandes descubrimientos científicos, al desarrollo de las técnicas y a la progresiva extensión de los transportes y la industria.

Occidente se convertía entonces en sinónimo de ciencias, de máquinas, de industria. Y también de conquistas, de colonización, de explotación y de masacres. El nuevo poderío de Occidente le permitió, entre los siglos XVIII y XX, extender su dominio sobre prácticamente todo el planeta. Según una concepción racista, en boga durante el siglo XIX, que dividía la humanidad en razas de distintos colores, Occidente encarnaba la civilización de la «raza blanca». Esta pretendida raza se proclamaba superior a partir de una confusión entre el desarrollo científico y técnico y unas cualidades biológicas imaginarias.

En el siglo XIX, en la historia del mundo y de Occidente, los cambios son considerables. Lo que denominamos «Occidente» ya no es sólo Europa. También lo es Estados Unidos, país que a partir del siglo xx dominará cada vez con mayor fuerza la economía mundial. La expansión del dominio norteamericano, primero económico, después político y militar, ha cambiado profundamente la situación de Occidente. Al dejar de confundirse con Europa, cambia de significado.

(6)

del Atlántico Norte (OTAN); es decir, Estados Unidos y los países de Europa occidental, los cuales en 1949, tras la guerra contra el nazismo, habían firmado un tratado de alianza militar.

Durante este período, que finalizó con el hundimiento del bloque soviético, simbolizado por la caída del muro de Berlín en 1989, se utilizó el término «Occidente», u «oeste», para referirse al mundo de la libre empresa y del libre intercambio, dirigido por gobiernos democráticos, en oposición al mundo comunista, en el que reinaba una economía planificada y poderes dictatoriales.

- Y en la actualidad, ¿qué quiere decir «Occidente»?

-En los últimos años, «Occidente» ha acabado por designar cada vez menos un lugar y cada vez más un tipo de sociedad. En la actualidad, la palabra evoca sobre todo desarrollo, técnica y modernidad. Riqueza frente a pobreza, consumo frente a escasez. O, aún mejor dicho, Norte contra Sur, pues la última evolución de Occidente le ha proporcionado otro lugar físico: ¡el Norte por encima del Oeste!

Desde el punto de vista del desarrollo económico y del equipamiento técnico, ni Europa occidental ni Europa en su conjunto son suficientes para representar ese nuevo aspecto de Occidente. Estados Unidos, Canadá y Australia son, evidentemente, elementos esenciales de dicho conjunto. Pero eso no es suficiente. Es necesario añadir los países que desde el punto de vista técnico y comercial, así como desde su forma de vida, se encuentran «occidentalizados» en todos los aspectos, como Japón o Corea del Sur.

La localización geográfica no tiene ya demasiado sentido. Occidente se ha mundializado a grandes rasgos, de manera que en la actualidad se encuentra en países de Asia y Extremo Oriente. A Japón y Corea del Sur hay que añadir China e India, grandes potencias económicas en plena expansión. Comercialmente, todos esos países son competidores de Europa y Estados Unidos. Pero también son socios y clientes. Sobre todo, compiten con los occidentales sobre el terreno con sus propios métodos, hasta tal punto que no es exagerado decir que en ese aspecto ellos también pertenecen, a fin de cuentas, a Occidente.

Lo que se denomina «globalización» constituye una «occidentalización» del mundo. En efecto, en la creación de un comercio mundial son las técnicas, las normas de fabricación y las redes de comunicación nacidas en Occidente las que se difunden por todos los continentes. Sin duda, esta occidentalización no es total, ¡ni mucho menos! Las lenguas, las maneras de vivir, de alimentarse, de pensar y de trabajar siguen siendo en gran número extrañas a Occidente y a su influencia. A pesar de todo, esta diversidad se encuentra recubierta por una película de Occidente, formada por las redes informáticas, las televisiones, los teléfonos, los aviones, así como las músicas, las modas y las ropas, que son cada vez más parecidas de un extremo a otro del planeta.

-Entonces, ¿dónde se encuentra el verdadero Occidente?

(7)

A lo largo de ese recorrido, Occidente no ha dejado de cambiar. Cambio de lugar: del oeste, que es el lado donde se pone el sol, Occidente ha pasado al Norte, que designa los países más ricos y más desarrollados del planeta. Cambio de imagen: ayer, Occidente aportaba la instrucción, las ciencias y las técnicas, el progreso; en la actualidad, ha pasado a ser un explotador sin escrúpulos, peligroso para los pueblos. Cambio de creencias: otrora cristiano, hoy pasa por ser ateo.

Ésos no son los únicos cambios. El más profundo es, sin duda, la difusión de Occidente a través de la globalización. Ayer, se sabía poco más o menos dónde situado. Hoy, como parece estar por todas partes, también parece que no está en ningún sitio.

Precisamente porque está por doquier, porque parece que lo ha recubierto todo con sus maneras de hacer y de ver, en la actualidad se critica a Occidente, se le ataca y combate a veces, incluso de forma violenta.

- ¿Quién critica en la actualidad a Occidente? ¿Quién lo combate? ¿Y por qué razones?

- Los adversarios de Occidente son muy diversos. Algunos desean otra organización económica para el conjunto del planeta y acusan a Occidente de todos los males. Confunden Occidente con capitalismo y explotación. A sus ojos, Occidente representa el beneficio, la transformación de las relaciones humanas en relaciones comerciales y la deshumanización del trabajo. El hecho de que en China e India reine el capitalismo más salvaje no les impide seguir creyendo que sólo América se enriquece a costa de los países pobres. La idea dominante, desde ese punto de vista, es que Occidente agrupa a los ricos y que el resto del mundo está integrado por pobres. En realidad, la situación es muy diferente: juna parte de los países más ricos son los países árabes, grandes productores de petróleo!

Otros han decidido destruir lo que ellos creen que es Occidente mediante atentados suicidas, e instaurar un reinado de terror. Se trata de los islamistas, de los fanáticos que intentan transformar la religión musulmana en una doctrina inhumana y asesina. ¿A qué llaman ellos «Occidente»? Un mundo maldito que sólo existe en su imaginación. Occidente, en su pensamiento, es una sociedad voluble, mediocre, materialista, impía y atea. Lo que combaten no es ya el Occidente cristiano de los tiempos de las Cruzadas, sino el espectro de una sociedad sin Dios, totalmente librada a los placeres y al libertinaje. Esa sociedad profundamente despreciable habría perdido todo el sentido de los valores, toda forma de solidaridad y de respeto humano.

-Pero finalmente, ¿qué es Occidente? ¿Un país, una región, una idea?

-Es una representación, es decir, una idea que sirve para interpretar lo que ocurre. Nadie se va a encontrar nunca el Occidente de carne y hueso, como nos podemos encontrar con la gente por la calle o los elefantes en el circo. Pero, al escuchar ese nombre, todos tenemos algo en la cabeza. Es eso precisamente lo que hemos empezado a examinar. Ese «algo en la cabeza» es quizá nebuloso, o se compone de muchos trozos diferentes, procedentes de épocas distintas de la historia.

- Esta representación, ¿de dónde procede? ¿Cómo se ha formado? ¿A qué corresponde?

(8)

CAPÍTULO 2

Historias de familia

-¿Qué ingredientes entran en la composición de Occidente?

-No es fácil responder en pocas palabras, pues sus ingredientes son múltiples. Tienen procedencias diversas y entran en escena, si lo podemos decir así, en épocas diferentes, a veces incluso con retraso: un descubrimiento hecho en una época,puede pasar desapercibido y tener consecuencias importantes mucho tiempo después.

Se puede decir que la particularidad de Occidente tiende a tres familias de influencias, tres herencias mayores que han construido su identidad y que siguen singularizando en mayor o menor medida su lugar y su papel. Estas tres grandes familias que han dado a Occidente su rostro son: los griegos y los romanos; los judíos y los cristianos, y los científicos y los ingenieros. Intentaremos describir lo que cada una de ellas ha aportado a Occidente. Una primera raíz se sitúa en la cultura griega de la Antigiiedad. De hecho, los griegos inventaron la filosofía, la exigencia científica, la investigación racional, la democracia y los debates populares, el teatro con la tragedia y la comedia..., de manera que estos aspectos diferentes constituyen características principales de la cultura occidental. No han estado siempre presentes a lo largo de los siglos, pero han esurgido en numerosas ocasiones. Por eso, la conjugación de la democracia, el debate público, la crítica filosófica, el análisis libre y racional y la investigación científica siguen siendo lo que define actualmente, de forma esencial, la sociedad occidental moderna.

No todas las ciudades de la Antigua Grecia eran democráticas. Pero el modelo establecido por la democracia ateniense ha desempeñado un papel crucial en la Europa moderna. Lo que tiene más importancia desde ese punto de vista es que la libertad de los atenienses se concreta al distanciarse de la dependencia respecto de los dioses. Por primera vez, son los humanos, y sólo ellos, quienes dictan sus propias leyes. En lugar de recibidas del más allá, en vez de someterse a una supuesta voluntad divina, los ciudadanos de la antigua Atenas se dieron a ellos mismos las reglas de su sociedad. Eso es lo que significa el concepto «autonomía» (del griego autos, «sí mismo», y nomos, «ley»). Los griegos fueron los primeros en establecer una separación entre la política y la religión. Si subrayamos este punto es porque esa herencia lejana se encuentra, en la actualidad, en el centro del debate sobre la laicidad occidental. La separación entre política y religión se sitúa en el lugar opuesto a la sumisión a Dios en todos los dominios, incluidos los asuntos políticos, que preconiza actualmente una gran parte del islam.

Los griegos también legaron a Occidente la idea de una superioridad particular de su civilización por encima de las demás. Los griegos no se creían sencillamente superiores. Todas las civilizaciones se encuentran en el mismo caso y todas están convencidas de encarnar el modelo más perfecto de la humanidad. La singularidad de los griegos reside en el hecho de que proponen que todos compartan una cierta forma de ideal. Este modelo descansa en una educación que transmite el uso exacto de la lengua y del razonamiento, al mismo tiempo que las referencias literarias o artísticas, y los valores fundamentales (coraje, honradez, veracidad, etc.).

(9)

educación que aquellos que comparten nuestro mismo origen». Aunque existe una superioridad supuesta y reivindicada, se puede acceder a ella. Esta convicción de encontrarse en una situación de superioridad, aunque se subraye que la misma es compartible, es una característica perdurable de la identidad occidental. Quien aún no está tan civilizado, puede llegar a estado. Quien ha sido deficientemente educado, se puede transformar. No se trata de afirmar una superioridad cerrada, sino de proponer a los demás un modelo a compartir.

Evidentemente, se puede decir que esta forma de prescribir un modelo válido para todos constituye una arrogancia extraordinaria. Se trata de un debate que todavía no está cerrado y que nos volveremos a encontrar, pues se refiere en última instancia a una de las constantes de la actitud occidental.

- ¿Los romanos aportaron algo claramente diferenciado?

-Sólo en parte. Básicamente retomaron los ideales de la cultura, de los valores y de la educación que procedían de los griegos. Pero también aportaron avances importantes a la historia de Occidente. Los romanos eran ingenieros y, como tales, fueron los primeros en establecer grandes infraestructuras de caminos o puertos, en construir acueductos, termas, puentes, almacenes... En la voluntad romana de administrar el mundo se descubre el poder organizativo de los ingenieros y los urbanistas, que dejará en el estilo occidental sus huellas decisivas e imborrables. De igual forma, los romanos fueron los primeros en inventar las reglas jurídicas válidas para la totalidad del Imperio, en reflexionar sobre las transferencias de poder y, aún más, sobre la posibilidad de vivir a la vez en una identidad cultural local y bajo la autoridad de Roma.

Desde ese punto de vista, los pensadores romanos elaboraron, en especial, una interesante teoría sobre la «doble patria». Cada ciudadano puede tener su patria de nacimiento, de la que habIa la lengua, sigue las costumbres, comparte las creencias y, al mismo tiempo, tener a Roma como segunda patria, con las leyes comunes a todos y los derechos compartidos por el conjunto de los ciudadanos. Esta situación evoca claramente las comunidades contemporáneas de Estados Unidos, en las que el sentimiento de ser norteamericano puede ser muy vivo aunque coexista con una identidad étnica o cultural específica.

Los romanos forjaron igualmente la importante idea de humanidad. Lo que ellos llaman así no es el con junto de los individuos pertenecientes a la especie humana, sino una forma de solidaridad natural entre los miembros de la especie humana. Llevar ayuda a los hombres necesitados, ya estén en el mar, la montaña o el desierto, actuando espontáneamente, sin preguntar quiénes son o si merecen que se les salvela vida, esto es lo que define la humanidad.

En consecuencia, se trata de una coexistencia directa que debe desembocar en unas relaciones armoniosas con nuestros semejantes. Pero esta actitud natural tiene que superar una serie de obstáculos como nuestros deseos de imponernos a los demás, de instrumentalizarlos, de despojarlos, etc. Por eso es necesario establecer reglas jurídicas, políticas, incluso policiales, para que esta humanidad natural quede garantizada, preservada, protegida por un orden social. Así, dentro del pensamiento romano, uno no se puede convertir realmente en «humano» más que transformándose en... romano, es decir, en ciudadano del Imperio. También esta concepción ha dejado su huella en Occidente. A Roma debe Occidente que se considere garante de una forma esencial de moralidad y de universalidad, y que se sienta investido de la misión de hacer reinar en el mundo los principios del derecho y del respeto a los individuos.

(10)

una frontera entre Occidente y los demás, delimitando un «dentro» y un «fuera». Es cierto que el Imperio, al igual que Occidente, se puede extender para englobar nuevos territorios, pero a pesar de esa extensión, siempre subsisten territorios que siguen insumisos, «salvajes», «bárbaros». Esta frontera es móvil, se aleja cada vez más del centro, pero no se puede suprimir: sigue existiendo un más allá de Occidente. He aquí una representación más que hemos heredado.

Pero, aun así, estamos muy lejos de haber completado la revisión de los componentes de eso que nos imaginamos cuando hablamos de «Occidente». La herencia de la Antigiiedad es importante, pero ha sido profundamente modificada, e incluso, cambiada por completo, por la herencia judía y cristiana.

- ¿Por qué tenemos que hablar de una herencia judía?

- Se podría pensar que el judaísmo no pertenece directamente a Occidente en la medida que nació y se desarrolló en Oriente Próximo y no en las tierras de Europa occidental. Eso sería ilusorio e inocente, pues en la misma identidad de Occidente, en la constitución de la moral y de la espiritualidad occidentales, existe un fondo extremadamente importante heredado de la Biblia judía.

En el seno mismo del cristianismo se encuentran los valores fundamentales provenientes de las Escrituras, de la Ley mosaica y de las reglas éticas del judaísmo. Por eso es necesario destacar esta parte judía de Occidente, que no ha dejado de coexistir con el antisemitismo cristiano que se ha manifestado a lo largo de la historia occidental.

¿Qué es lo que Occidente debe al judaísmo? Las reglas morales más importantes y universales a las que se encuentra unido. La misma idea de una ley moral con validez universal procede directamente del judaísmo. Las prohibiciones de matar, de robar, del adulterio, la necesidad de respetar la vida humana, la dignidad de las personas, el respeto eminente que se debe a los padres, todos esos elementos que pertenecen de manera constitutiva a la moralidad occidental salen directamente de la Biblia judía.

Pero su transmisión no fue directa, pues Europa ha recibido y reinterpretado en su provecho las Escrituras del judaísmo a través del cristianismo. La huella del cristianismo es evidentemente decisiva. Para la Edad Media y para una parte de la Edad Moderna, el «Occidente cristiano» es casi un pleonasmo. ¡Si es Occidente, entonces es cristiano! Oriente Próximo y Oriente Medio eran musulmanes, el Extremo Oriente era taoísta, budista o hinduista. Cuando Occidente avanzó, también lo hizo el cristianismo.

-Entonces, ¿«cristiano» y «occidental» se han convertido casi en sinónimos?

-Durante un tiempo, sí que lo fueron; pero sólo temporalmente. Antes del siglo II o III de nuestra era, no se puede hablar de un Occidente cristiano. Sólo fue hacia los siglos V o VI cuando el cristianismo se implantó realmente en los territorios más recónditos. Durante mucho tiempo, ciertos territorios de difícil acceso, como Irlanda o Escandinavia, no fueron evangelizados. Fue hacia el año 1000 cuando se puede empezar a hablar realmente de un Occidente cristiano. Pero esta situación no duró más que unos siglos; a partir del Renacimiento fue cada vez más problemática a medida que progresaba la crítica de los libertinos, los librepensadores y los filósofos. A partir del siglo XVIII, con el movimiento ilustrado, el cristianismo se puso en cuestión y progresó el ateísmo.

(11)

XIX, Occidente ha presenciado el desarrollo de la crítica de la religión, del ateísmo, del anticlericalismo y del rechazo a los dogmas religiosos. Sobre todo, una parte importante de Occidente ha rechazada que el poder político, la construcción de la sociedad y el conjunto de los valores oficiales deban estar sometidos a una forma de doctrina o de dogmatismo religioso, sea cual sea éste.

En definitiva, no se puede olvidar que el adjetivo «cristiano» tiene un significado muy amplio, pues existen divisiones en el seno del cristianismo. No existe una Europa cristiana, sinocristianismos que se diferencian y, con frecuencia, se oponen, sin mencionar las múltiples herejías de los primeros siglos que a veces dieron lugar a corrientes importantes; antes de que se constituyese en dogma oficial y se implantase definitivamente, el cristianismo se dividió entre la Iglesia de Occidente y la Iglesia de Oriente, entre los católicos y los ortodoxos, respectiva mente. Durante el Renacimiento, la aparición del protestantismo, las guerras de religión, la victoria de los protestantes, principalmente en el norte de Europa, Suiza, Alemania, Escandinavia y Gran Bretaña, introdujeron nuevas divisiones. La existencia de un cristianismo ortodoxo, de un cristianismo católico y de un cristianismo protestante no permite que consideremos que la Europa cristiana forma verdaderamente un todo unificado y homogéneo.

En definitiva, el único período en el que se puede hablar sin reservas de un «Occidente cristiano» es la Edad Media. Pero en esa época era bastante difícil imaginar que Occidente se pudiese desarrollar y extender hasta el punto de acabar por dominar el mundo.

- ¿Durante la Edad Media, Occidente estaba subdesarrollado?

-Sí, sin lugar a dudas; aunque en aquel momento no se hablara de desarrollo y subdesarrollo. Ésa es, evidentemente, nuestra forma actual de pensar. Pero sí es cierto que Occidente vivió bastantes siglos de regresión y desorganización. Numerosos pueblos llegados del Este y del Norte se instalaron progresivamente en los territorios del antiguo Imperio romano, principalmente en la Galia, Italia, España y el norte de África. Ostrogodos, visigodos, alanos, vándalos, burgundios, francos y otros pueblos, se sucedieron los unos a los otros y acabaron por establecer múltiples reinoso Ellos también han realizado su contribución a la imagen de Occidente. No sólo les debemos costumbres y leyes que constituyen el componente germánico y «nórdico»de la identidad occidental. Estos «bárbaros» legaron a Occidente una convicción más importante: se puede construir un mundo nuevo sobre las ruinas del antiguo. Incluso si una civilización parece destruida, otra emerge de esa destrucción. Ésa es una lección sobre la que Occidente no dejará de meditar.

Pero esta enseñanza de la historia no aparece de súbito. Lo que primero salta a la vista es la destrucción. Es cierto que Europa sufrió durante muchos siglos los desastres del hundimiento del mundo romano. Los transportes quedaron desorganizados, se instaló la inseguridad, los intercambios comerciales disminuyeron y desaparecieron ciudades. Con menos habitantes, peor alimentados y más violencia, Europa occidental era también más ignorante en el año 1000 que en el año 1.

- ¿ Qué ocurrió en el año 1000?

(12)

universidades y la filosofía se encuentra en todo su esplendor. En los países árabes, contempla el gran desarrollo de la medicina, de las matemáticas, de la metafísica y de todo el saber here dado de los griegos, que los árabes han prolongado y perfeccionado.

Ese extraterrestre, observando la Tierra en el año 1000, también vería el poder de la civilización de los aztecas y de los incas, la fuerza de los grandes reinos africanos, la sabiduría de los pueblos aborígenes en Australia, en el Pacífico y en el continente americano. Por el contrario, en el Occidente geográfico formado por Europa se encontraría con poblaciones pobres, mal alimentadas y mal cuidadas, con la inexistencia de universidades, con los conocimientos reducidos y con un espectáculo de miseria y superstición.

Imaginemos que, en ese momento, dicho observador realiza unas previsiones y se pregunta cuál será el desarrollo de las civilizaciones que está observando. A Occidente no le daría ni la más mínima oportunidad. En el año 1000, el porvenir de la civilización parecía encontrarse en India, en China y en el mundo árabe, pero no en Europa occidental.

- ¿Cómo ha acabado Occidente dominando el mundo?

-He aquí una pregunta muy importante y difícil. Entre el año 1000 y el año 2000, Occidente ha tomado el control de la historia mundial. Las ciencias, las tecnologías, las finanzas y los flujos de información se han convertido principalmente en occidentales. Las otras civilizaciones parece que han pasado a un segundoplano. Algunas simple y llanamente han desaparecido, destruidas por Occidente, como las de los incas y los aztecas. Otras se han visto dominadas, como los reinos africanos o los principados hindúes, y finalmente colonizadas y transformadas, como la civilización china. Entonces, ¿qué es lo que ha pasado?

¿Han intervenido elementos totalmente novedosos? ¿Se ha asistido al desarrollo de elementos antiguos, planteados ya por las sociedades griega y romana, pero que habían quedado arrinconados? Sin duda, se trata de los dos procesos a la vez: los esquemas de pensamiento griegos y romanos, una vez reactivados, ayudaron a la expansión de Occidente, pero unidos a factores extremadamente nuevos. El «despegue» económico, técnico y militar de Occiden te fue posible gracias a la conjunción de una serie de factores que pertenecen a diferentes registros.

Entre los factores económicos, la intensificación de los intercambios marítimos contribuyó al desarrollo del comercio. Venecia fue su primer centro, antes de verse superada por Rotterdam y Ámsterdam. Estas ciudades se convertirían a la vez en plazas comerciales y centros financieros. El perfeccionamiento del sistema bancario, con la invención capital de la letra de cambio, fue un factor esencial de desarrollo. A partir del siglo XVIII, la creación de los bancos centrales y de la moneda fiduciaria, que permite crear dinero a partir de un simple juego de escrituras, fue también una invención decisiva.

Sobre ese registro financiero se asentó el florecimiento de las ciencias y las técnicas. La transformación de las técnicas agrícolas y de la artesanía ya era visible durante el Renacimiento, pero sería en realidad a partir de la constitución de la física matemática cuando se pudieron desarrollar las capacidades de los ingenieros occidentales. Un punto de inflexión decisivo fue la aplicación de las matemáticas al mundo físico. Desde hacía mucho tiempo se conocían las herramientas matemáticas, como las ecuaciones que explican el movimiento uniformemente acelerado, pero no se habían aplicado al mundo real.

(13)

dos tipos de mundos. En el de las estrellas, el movimiento era perfecto, regular y, por ello, calculable. Así, en la astronomía se podían realizar previsiones. Pero en nuestro mundo terrestre, los fenómenos se juzgaban desde un punto de vista aproximativo. Si se lanzaban con una fuerza idéntica dos balas de cañón de peso semejante, una de los dos podía llegar un poco más lejos o quedarse un poco más cerca, sin que eso fuera sorprendente. No se creía que fuera posible calcular con exactitud su punto de impacto o su velocidad de vuelo. Todo cambió radicalmente cuando se admitió que las he rramientas matemáticas podían dar cuenta de los fenómenos físicos. El espacio de la geometría y el espacio del mundo se unificaron.

Así se pudo entonces calcular no sólo la trayectoria de las balas de cañón, sino también la fuerza de las hélices, la superficie de las velas y las capacidades de levantamiento de las máquinas. Los ingenieros se pusieron manos a la obra. Ellos iban a desarrollar hasta el infinito los medios para intervenir en el mundo natural.

- ¿ La técnica es suficiente para explicarlo todo?

- Evidentemente, no. Forma parte de un conjunto en el que los elementos se refuerzan los unos a los otros. El desarrollo de las técnicas refuerza el desarrollo del saber e, inversamente, el perfeccionamiento de las ciencias acelera el de las máquinas. El desarrollo de la crítica y del análisis permite el crecimiento de las ciencias e, inversamente, el progreso científico intensifica el examen racional de las tradiciones, las creencias y las costumbres. La crítica filosófica favorece el desarrollo de las libertades, y éstas hacen que la filosofía sea más activa. De esa forma se puso en marcha la máquina de expansión de Occidente: cada elemento refuerza a los demás, y el conjunto gana continuamente en potencia.

Esta potencia se basa en la duda y el cambio. El crecimiento occidental está dominado y sostenido por un debate permanente sobre qué es la verdad, cómo debe ser la organización de los poderes, cuál puede ser el lugar de los individuos en la sociedad y cómo son las relaciones entre los súbditos y su monarca, entre Dios y los hombres, entre la religión y el poder. Desde finales de la Edad Media hasta la actualidad, Occidente ha conocido una serie extraordinaria de discusiones y de reflexiones que han permitido la emancipación progresiva de la investigación científica respecto de la autoridad de los teólogos y el poder de la Iglesia.

Al disociar el saber científico y la revelación religiosa, al separar igualmente de manera progresiva el poder político de la autoridad religiosa, Occidente se ha encontrado en una posición de novedad histórica muy singular, y ha terminado por inventar la idea de una emancipación completa de los individuos frente a toda forma de autoridad religiosa o de opresión política. Esta soberanía de los individuos quedó afirma da por primera vez con la Revolución francesa y la

Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que fue proclamada en 1789.

- ¿Cuál es la relación entre la Revolución francesa y Occidente?

- Ése fue un acontecimiento decisivo para Francia y para la historia europea, pero también fue un momento capital para la imagen de Occidente en el mundo hasta nuestros días. Muchas razones lo explican. De hecho, la Revolución francesa proclamó de nuevo la posibilidad para las comunidades humanas de autorreglamentarse, de darse a sí mismas una Constitución, de terminar con las leyes que procedían ya fuera de una supuesta voluntad divina, ya fuera de un pasado al que era necesario someterse obligatoriamente.

(14)

consecuencias serán diferentes y encontrarán un eco mucho más amplio, pues la revolución de 1789 proclama ante todo la universalidad de los derechos del hombre. Por el simple hecho de estar en el mundo, un ser humano tiene derechos. No los puede ceder a nadie, nadie se los puede sustraer. Estos derechos fundamentales están de alguna forma ligados a su existencia de una manera inseparable.

Desde ese punto de vista, uno se equivoca si mantiene que en cierta parte del mundo, en cierta civilización, en cierto régimen, esos derechos «no existen». Ésa es una trampa que nos tiende la forma de expresarnos. Hay que decir que esos derechos existen, pero que no son reconocidos, no son respetados. Los derechos de las mujeres, por ejemplo, no son reconocidos ni respetados en numerosos países del mundo, pero es precisamente porque las mujeres tienen esos derechos por lo que se puede protestar contra esa situación.

En definitiva, estos derechos están fundamentalmente ligados a una persona, un individuo, y no a un grupo, una comunidad, una clase o una casta. Es en este sentido que la Revolución francesa marcó el primer triunfo del individuo. Este rasgo característico del Occidente moderno es también el que suscita más dudas y tensiones con otras culturas, más centradas en la colectividad que en los individuos.

- ¿Esta vez todo se encuentra en su sitio para la expansión de Occidente?

- ¡Totalmente! Durante dos siglos esa expansión será fulgurante. En todos los frentes: económico, científico, técnico, militar y político. Los pocos países de Europa y América que integraban en aquel momento Occidente acabaron por constituir la potencia más ofensiva y más extraordinariamente eficaz que haya conocido la historia. El devenir de los siglos XIX y XX se confunde con el de la expansión mundial de las potencias occidentales, a través de la colonización, el dominio de las otras civilizaciones y la explotación de los recursos naturales.

Cuando los países que habían sido colonizados terminaron por reconquistar su independencia fue oponiéndose a Occidente su concepción de los derechos políticos, de la libertad de expresión y de la autonomía. Las herramientas intelectuales forjadas por Occidente se habían vuelto contra su dominio.

- ¿ Ha terminado esta historia?

(15)

CAPÍTULO 3

Cara amable, cara sombría

-¿Por qué algunos detestan a Occidente en la actualidad?

- Con lo que hemos dicho hasta este punto, aún no podemos dar una respuesta. En efecto, si Occidente representa el desarrollo económico, el florecimiento técnico, la racionalidad científica, la riqueza educativa, la democracia, las libertades, el respeto por las personas, la igualdad de los sexos y los valores morales, ¿dónde se encuentra entonces el problema? ¡Habría que cantar sus alabanzas noche y día! Como no es el caso, tiene que haber algo más.

Hasta aquí sólo hemos evocado un rostro, el amable, el luminoso. No es el único. Junto a esa cara, donde se desarrollan las ciencias, las artes, las ideas más generosas, los valores morales más fuertes, también existe un Occidente asesino, genocida, que fue capaz de borrar de la superficie de la Tierra civilizaciones enteras. A lo largo de la historia del mundo, ninguna civilización ha provocado tantas muertes como Occidente. En el rostro sombrío, pues, la lista está repleta de horrores perpetrados, de pueblos eliminados y de dolores infligidos por Occidente al resto de la humanidad.

Las conquistas de Occidente han sido sangrientas; han saqueado los continentes. Veamos si no, por ejemplo, la forma en que los occidentales del Renacimiento -españoles, portugueses y holandeses, principalmente- hicieron desaparecer en pocas generaciones a millones de indígenas de América Latina y América Central. Las grandes civilizaciones de los incas y los aztecas se hundieron ante la llegada de los «conquistadores». Esos pueblos no sólo perecieron víctimas de los nuevos virus traídos por los europeos. No sólo fueron destruidos por el alcohol y la desorganización de su forma de vida. En la mayoría de los casos fueron víctimas de masacres en masa organizadas voluntariamente, perpetradas de forma consciente por oficiales que en su patria eran buenos padres de familia y personas devotas.

Es necesario leer lo que informan los cronistas de la época. Sus relatos ponen los pelos de punta: pueblos en llamas, familias dispersadas, niños asesinados ante sus padres, pequeños entregados como comida a los perros ante sus madres... La lista de suplicios, torturas y masacres infligidos a los indígenas, enerva los ánimos y da una primera idea de las atrocidades de las que Occidente ha sido capaz. Este exterminio fue conducido, en general, con buena conciencia. Excepto algunas protestas, a la mayoría de los coetáneos les parecía que ese montón de muertos entraba dentro del orden de las cosas: esos indios no eran verdaderamente humanos, esos salvajes no tenían un alma como la nuestra.

- ¿Se les consideraba como si fueran animales?

(16)

totalmente humanos, que tienen la apariencia, pero que no lo son del todo. Es con ese tipo de concepción con la que Occidente despobló África mediante el comercio de esclavos.

Millones de negros fueron separados de sus familias, de sus vidas en los poblados, transportados hacia las tierras de América, y otros vendidos en el mundo árabe, para llevar una existencia miserable. Lo peor es que el Occidente de la edad dorada de Luis XIV (el Rey Sol), Moliere, del palacio de Versalles y la música de Lully, codificó ese crimen contra la humanidad de forma oficial. El «Código negro» explicaba los castigos aplicables a los esclavos fugitivos, o precisaba, por ejemplo, que el niño de una mujer esclava era propiedad del amo de dicha mujer, y no del amo del esclavo que era el padre. Así, en el corazón de un Occidente desarrollado, cristiano, moral, capaz de ofrecer grandes discursos universalistas, se producen, dentro de la total legalidad, actos de una barbarie sin nombre. Y eso, una vez más, en el mismo corazón de la Edad Moderna, hasta después de la Revolución francesa, porque la esclavitud no fue abolida definitivamente hasta 1848 (en Francia).

- Por lo que parece, ¿la situación no cambió demasiado?

- En lo que se refiere al tráfico de seres humanos, sí, porque ahora se había convertido en ilegal y podía ser perseguido y castigado. Pero las muertes provocadas por Occidente prosiguieron bajo otras formas. Cuando la esclavitud fue ilegalizada, las conquistas coloniales tomaron el relevo.

En América del Norte, es el momento de la «conquista del Oeste», de la masacre de los in dios y de sus culturas ancestrales. En el resto del mundo, es la época de las conquistas y de la creación de los imperios coloniales. En el transcurso de unos pocos decenios, en el siglo XIX algunas grandes naciones de Occidente, los principales países de Europa occidental, se repartieron el mundo. Gran Bretaña, Francia, España, Portugal, Alemania, Italia y Países Bajos dominaron prácticamente el planeta entero; conquistaron y colonizaron las tierras y las riquezas de África, América Latina, Asia, desde la península de Indochina hasta Malasia y Australia …

Occidente acapara así los recursos naturales y las riquezas humanas del resto de continentes. Y estas conquistas van acompañadas de baños de sangre, pues lo que asegura una victoria rápida y total a las tropas poco numerosas en misiones desarrolladas a miles de kilómetros de la metrópoli es la superioridad de su armamento. La ametralladora automática fue una de las grandes causas de la expansión colonial. Un solo artefacto podía matar cada día a centenares de hombres armados únicamente con arcos y flechas.

He aquí otra forma de ver la expansión de Occidente. Su dominio también está ligado a su capacidad para matar más, más rápido y a mayor distancia que sus adversarios.

- ¿Hay que llegar a la conclusión que Occidente es un monstruo?

- En cualquier caso, Occidente posee, en efecto, aspectos monstruosos. En su historia existe un lado «exterminador» que se ha manifestado de manera regular y repetitiva. De repente, uno puede tener la sensación de encontrar en el devenir occidental una dimensión realmente asesina. Cuando los adversarios de Occidente lo consideran portador de una peligrosa deshumanización, de una sequedad espiritual capaz de destruir todos los valores humanos, ¿no tienen razón? Resulta indispensable planteárselo.

(17)

Esta respuesta es insatisfactoria. En primer lugar porque no tiene en cuenta el poderío científico y técnico de Occidente. Si uno puede constatar que todas las civilizaciones son más o menos asesinas, Occidente sigue siendo diferente porque su potencia destructiva no tiene comparación con la de cualquier otra. Su capacidad de destrucción procede de su superioridad tecnológica, pero no sólo de ella.

Occidente tiene una especie de genio particular para las matanzas, que se manifiesta a lo largo de la historia. Su mayor capacidad para matar que la de sus adversarios ha constituido un factor de dominio casi permanente. Si los ejércitos griegos se impusieron a los persas en Salamina y Platea, aun cuando sus tropas eran cuatro o cinco veces inferiores en número que las de sus enemigos, fue gracias a su mayor capacidad para matar, a un potencial de masacre más importante. Es lo mismo que les ocurrió a portugueses y españoles frente a los incas y los aztecas; e igualmente a británicos, franceses y alemanes durante la conquista de África y Asia.

- ¿Occidente quiere destruir a los demás?

-Más bien los quiere dominar, controlar; o bien los quiere transformar para que se le parezcan. La colonización, las innumerables medidas antiguas o modernas para educar y asimilar a los «extranjeros» a las normas de Occidente, constituyen medidas que pretenden transformar a los otros. Decir que se trata de una destrucción es en parte verdad, pero sólo en parte, porque los otros no sólo sufren una destrucción física, sino que también adquieren nuevos medios para afirmarse y combatir. En cierto sentido, ahí radica el núcleo del problema actual: Occidente lo transforma todo, pero esa transformación se le escapa de las manos acaba transformándose a sí mismo. Volveremos a ello, pues es un punto esencial.

Pero es necesario proseguir con el análisis de este problema del poder de la muerte que parece residir en la cara sombría de Occidente más que en otras civilizaciones. Ésta ha conducido a Occidente a situaciones en las que da la impresión de que no destruye al otro, sino que se destruye a sí mismo. La primera vez que aparece esta autodestrucción a gran escala fue durante la Primera Guerra Mundial. Antes de convertirse en un conflicto planetario, supuso una gran carnicería en la que las grandes naciones de Europa occidental combatieron entre ellas mismas.

Entre 1914 y 1918, millones de jóvenes perecieron bajo los obuses y las granadas, en el barro y el frío. El drama es constatar que nada pudo evitar semejante locura. El desarrollo de las ciencias, los progresos de la educación, la multiplicación de las universidades, todos los adelantos de la civilización de Occidente no fueron suficientes para evitar la destrucción más salvaje y cruel. En cierto sentido, ahí se encuentra una forma de fracaso de esta civilización.

- ¿Occidente no ha intentado salir de este fracaso?

- Sí, pero se puede considerar que las soluciones han sido aún peores. La Gran Guerra de 1914-1918 suscitó, en efecto, la aparición de dos nuevas monstruosidades asesinas, muy diferentes en sus intenciones, pero que rápidamente se convirtieron en máquinas exterminadoras. Se trata, por un lado, del nazismo, y por el otro, del comunismo. No se deben confundir sus objetivos, que eran radicalmente diferentes.

(18)

Para el comunismo, al contrario, los objetivos eran profundamente generosos: instaurar la igualdad entre todos, poner fin a la explotación del hombre por el hombre y terminar con la dominación y los sufrimientos que engendra.

Sin embargo, en ambos casos, el resultado final fue la masacre de millones de víctimas inocentes. En el caso del nazismo, las víctimas fueron principalmente los millones de judíos ejecutados en los países del este de Europa, desde los países bálticos hasta Ucrania, o asesinados en las cámaras de gas de los campos de exterminio en Alemania y Polonia. En el caso del comunismo, las víctimas fueron los millones de rusos que fueron deportados a los campos de trabajo del Gulag, en Siberia, o ejecutados sumariamente en nombre de la necesidad de eliminar físicamente a los supuestos explotadores del pueblo.

Ambos regímenes asesinos son hijos de Occidente. Hijos monstruosos, sin duda, pero descendientes directos de la civilización occidental. Uno y otro son, en efecto, el producto de Europa, ambos nacidos a finales del siglo XIX en los países occidentales más civilizados y desarrollados. Sobre todo, en ellos se reencuentra esa característica principal de Occidente: la pretensión de mantener una verdad válida para toda la humanidad, que traerá un bienestar general si se puede aplicar totalmente, si se llega a concretar plenamente en la realidad.

Esos regímenes, que se designan como totalitarismos porque pretenden controlar la totalidad de la sociedad y de la vida de los individuos, engrandecen de manera terrorífica unos rasgos que existen en toda la historia de Occidente: la voluntad de conseguir la felicidad de todos según un modelo preestablecido, y la destrucción física de los adversarios.

- En consecuencia, ¿Occidente es un peligro para la humanidad? ¿Una fuente de barbarie de la que será necesario desembarazarse a cualquier precio?

- No, porque en ningún momento se puede olvidar que también existe una cara amable. Al mismo tiempo que las masacres, las servidumbres y las crueldades, también se elabora el derecho internacional, la mejora constante del nivel de vida mundial, el alargamiento de la esperanza de vida, la expansión demográfica del conjunto del planeta, la generalización de los principios democráticos, la forma constitucional adoptada por casi todos los estados... La dificultad más importante es conseguir la unión de esas dos caras: por un lado, sombras y horrores, y por el otro, también progresos intelectuales, técnicos, financieros, sociales, jurídicos y morales que, sin Occidente, no se habrían producido jamás ni se habrían extendido por el mundo.

- ¿Será Occidente la mejor y la peor de las invenciones humanas?

- Sí, en cierto sentido. Pero a condición de dejar bien claro que es a la vez la mejor y la peor invención. El problema central, cuando se quiere reflejar lo que representa Occidente y en qué se puede convertir, es precisamente ese doble rostro, que tiene una existencia muy particular, porque esta doble cara -amable y sombría- no significa únicamente «cualidades y defectos», o «ventajas e inconvenientes». En realidad, no sólo corresponde a «éxitos y fracasos», ni a «lo que está bien y lo que está mal».

(19)

resultado, se seguirá discutiendo sin cesar para saber si Occidente es, a fin de cuentas, algo bueno o malo. Ésa no es la forma más interesante de abordar el problema.

Ante todo, lo que cuenta es preguntarse sobre los lazos entre esas dos vertientes. Lo que constituye el mayor problema es la coexistencia de esas dos caras. ¿Cuál es la consecuencia principal de su existencia permanente? Finalmente, Occidente, más que otras civilizaciones, ha conjugado caridad y masacres, progreso científico y dominio, afirmación universal de los derechos del hombre y erradicación de pueblos enteros. Es eso lo que más nos tendría que llevar a la reflexión.

¿Cómo funciona esa pareja entre los discursos igualitarios, morales, universales, y esas masacres de gran envergadura? Ahí se encuentra una particularidad sin ningún equivalente. Es con los valores morales en la cabeza y con los discursos universalistas en la boca, como los occidentales han matado, masacrado, aplastado y colonizado, y han luchado entre ellos mismos.

Este lazo tan enigmático se encuentra en todas las épocas. Son los cristianos, que se refieren al amor al prójimo y a la compasión de Cristo, quienes organizaron las hogueras de la Inquisición y los que durante la conquista del «Nuevo Mundo» exterminaron a las poblaciones indígenas. Es manteniendo el discurso de la victoria sobre el salvajismo, de la educación para todos y de la llegada de la civilización como los colonos llegados de Occidente devastaron África y Asia y doblegaron a sus poblaciones bajo su yugo.

Esta doble cara deja en la memoria una huella que no resulta fácil borrar. La desconfianza que suscita Occidente en la actualidad en la mayoría de los países del Sur o del Tercer Mundo procede en buena parte, del hecho de que los pueblos han escuchado de boca de sus perseguidores el discurso de la universalidad y del derecho. Fue en nombre del derecho por el que esos países se vieron dominados; fue por aquellos que profesaban los principios de la justicia y la igualdad por los que se han visto aplastados y reducidos a la servidumbre.

La singularidad de Occidente se encuentra, en consecuencia, en haber sostenido los valores de respeto y tolerancia a la vez que se disponía a destruir y masacrar. ¿ Habría que concluir así que la civilización occidental es la peor de todas? Sería perversa porque no hace lo que dice y no dice lo que hace. Sería inaceptable porque aplasta cuando pretende liberar y subyuga proclamando que emancipa.

- ¿Cómo explicar el lazo entre esas dos caras de Occidente?

- Existen tres esquemas de explicación posibles. El primero de estos esquemas acentúa el papel de la cara sombría y considera que los discursos morales y los valores universalistas no son más que máscaras y fachada. La realidad principal, en este caso, estaría formada por la destrucción y la dominación. Desde esta perspectiva, la civilización de Occidente es principalmente hipócrita. Sólo es apariencia y engaña al mundo con su cara amable cuando su único objetivo es explotar y dominar todo el planeta. En este caso, el combate debe ser la denuncia de esa hipocresía y desenmascarar a Occidente para que aparezca su verdadero rostro asesino.

El segundo esquema admite la existencia de fuerzas contrarias y sitúa las dos caras de Occidente en un plano de igualdad. Desde esta óptica, existen en el seno de la historia de Occidente, así como en la realidad contemporánea, corrientes portadoras de justicia, solidaridad, tolerancia, y otras que acarrean muerte y odio. El combate debe consistir en reforzar las primeras y debilitar las segundas. Se trata de conseguir que Occidente se comporte en función de los valores que promueve.

(20)

serían tan inocentes como parecen. Al obviar todas las diferencias, suprimirían la existencia de las singularidades, la de los otros en la realidad de lo que son, y conducirían a la violencia y a los enfrentamientos.

- ¿A qué solución podemos llegar?

(21)

CAPÍTULO 4

¿Qué significa “occidentalizado”?

-¿Qué

es lo que la globalización ha cambiado en el problema de Occidente?

-En la actualidad se habla de «globalización» o «mundialización». Se trata de un proceso histórico de mayor envergadura que provoca que los cambios se implanten en todo el planeta. ¿Qué cambios? Todos aquellos relacionados con la industria, el comercio, las finanzas, la información, la cultura, los espectáculos, las modas. .. Se llevan los mismos tejanos o las mismas gafas en Tokio que en París, en Nueva Delhi que en Nueva York. Un acontecimiento que tiene lugar en Islamabad o en Beirut se difunde en cuestión de pocos segundos por el mundo entero, de Pekín a Sídney y de Roma a Los Ángeles.

Para todo tipo de intercambios que en otros tiempos tardaban días o semanas, el tiempo ha desaparecido. Este proceso está en marcha desde el siglo XIX. Comenzó con la creación de las redes mundiales de telegrafía, de teléfonos, de electricidad. A lo largo del siglo xx no dejó de acelerarse, especialmente bajo los efectos de las dos guerras mundiales. Pero, a finales de la centuria, con los enlaces por satélite e Internet, la comunicación instantánea hizo que se pudiera hablar verdaderamente de la Tierra como de una «aldea global».

Y esta globalización es también una occidentalización. Al convertirse en uno, el mundo se ha transformado parcialmente en occidental. De hecho, parece que Occidente casi se ha volatilizado, dispersado. Países muy alejados del primer Occidente geográfico, como Japón, Australia o la República de Sudáfrica, son en la actualidad países «occidentalizados»; es decir, tintados, coloreados por la civilización de Occidente.

-¿Cuáles son los rasgos de Occidente que se encuentran en un país occidentalizado?

-Entre los componentes de la occidentalización se pueden encontrar a la vez elementos económicos, un cierto estado espiritual y reglas jurídicas, que vamos a intentar clarificar.

Contrariamente a lo que se podría creer, el hecho de ser rico o pobre no es el criterio determinante. Existe, evidentemente, un desequilibrio entre la riqueza del modo de vida occidental en los países más desarrollados, y la vertiente frugal de la vida cotidiana en los países donde no existe un modo de vida occidentalizado. Pero ese criterio de riqueza no es suficiente, porque en algún as regiones del mundo han existido dinastías riquísimas que no han adoptado el modo de vida occidental. Así, en la India de los maharajás, las familias extremadamente ricas, pero también las regiones prósperas, no adoptaron la forma de vida occidental. La riqueza no es, por tanto, un índice de occidentalización suficiente.

(22)

Podríamos seguir interrogándonos sobre los medios de transporte, los ritmos de trabajo, los tipos de ocio, las maneras de cuidar el cuerpo y los comportamientos sexuales. Ninguno de estos elementos parece con tener una respuesta simple y definitiva a la cuestión del modo de vida occidentalizado. Evidentemente, es posible constatar modificaciones en cada uno de estos dominios en el caso de los que se han occidentalizado, pero en realidad no es ahí donde reside lo esencial.

Para encontrarlo, hay que fijarse en los objetos técnicos que son comunes en la actualidad a todos nosotros, sea cual sea el clima, la forma de alimentarse, de vestirse o de alojarse. Entonces se podrá constatar que el modo de vida occidental que se ha globalizado comprende el uso de un cierto número de bienes de consumo técnicos: ordenador, automóvil, televisión, teléfono, etc. Y el conjunto de estos objetos no aparece sin una cierta organización del trabajo y también de las relaciones entre las personas, ya que estas máquinas, presentes de un extremo al otro del mundo, son difícilmente separables de una educación específica que enseña a respetar los horarios, los datos cifrados y toda una serie de códigos de conducta o de modos de empleo.

Los objetos técnicos, aunque nosotros ya casi no nos demos cuenta, llevan consigo una forma de organización racional de la existencia cotidiana. Obligan a organizar de una forma racional el trabajo, la producción, los intercambios comerciales, el conjunto de los desplazamientos, los transportes y los encuentros. A través de todas las diferentes maneras de vivir, esta forma de racionalidad práctica aparece como el rasgo más constante de la forma de vida occidentalizada.

Vivir al estilo occidental consiste, en consecuencia, en vivir en el interior de un cierto nivel de educación, de conocimientos técnicos o científicos, de racionalización del mundo. Se trata de tomar una calculadora y comportarse como un ingeniero para conseguir que el tren llegue a su hora.

-Entonces ¿ estar occidentalizado es únicamente vivir en un mundo técnico?

-Seguramente no. Ésa es la parte más visible, pero quizá también la más superficial. Imaginemos un mundo donde los conocimientos científicos, las herramientas técnicas y la educación que suponen estuviesen extremadamente desarrollados, pero en el que no existiera ninguna forma de igualdad, ninguna libertad política, ningún concepto de la dignidad humana o de respeto por las personas. ¿Diríamos que se trata de un mundo occidentalizado? Evidentemente no, porque pensamos también en un conjunto de valores morales y civiles cuando hablamos de la forma de vida occidentalizada.

Denominamos modo de vida occidentalizado al que valora una serie de libertades individuales que parecen esenciales a ese modo de vida. La libertad de expresión, la libertad de culto, la libertad de movimiento son fundamentales. Éstas no pertenecen propiamente dicho a Occidente, porque han sido conocidas y formuladas por otras civilizaciones, pero sí que es en la cultura occidental, después del Renacimiento, donde han sido más claramente elaboradas y desarrolladas.

De esta forma, en Inglaterra el principio de habeas corpus expresó con claridad la necesidad de proteger la integridad física de las personas. Todos los que luchan en el mundo entero contra las mutilaciones sexuales y contra las torturas se inscriben en la continuidad de esta regIa.

En consecuencia, en un modo de vida occidentalizado no sólo existe la técnica. ¡Nada más lejos de eso! También se encuentran, como principios fundamentales claramente admitidos -su puesta en práctica es otro tema-: la igualdad de sexos, el respeto a la vida privada, y la separación entre el dominio político y el religioso. Dicho de otra forma: el hecho de estar occidentalizado reposa esencialmente en compartir un conjunto de valores que son indisociablemente intelectuales, filosóficos, morales, jurídicos y espirituales.

Referências

Documentos relacionados

Puede que sea discuible airmar que el paciente es semejante a un texto que el médico iene que interpretar, pero lo cierto es que el acto médico, tanto en su veriente clínica, como

El problema psicológico del tipo de Zaratustra consiste en cómo aquel que niega con palabras, que niega con hechos, en un grado inaudito, todo lo afirmado hasta ahora, puede ser

O Curso A possui duas disciplinas de orçamento em sua grade curricular, sendo uma delas exclusiva para obras de estradas e pavimentação, deste modo possui

Cuando el movimiento por la Salud de los Pueblos invita a reflexionar sobre cómo la APS de- vino tecnocráticamente en un fin en sí mismo y no en un medio para el logro

Os valores da eficiência de conversão do alimento ingerido (ECAI), que demonstram quanto do alimento foi ingerido e convertido em biomassa do inseto,

Precisamente, lo que proponemos en este artí- culo es que el modelo de influencia planteado por Bayarri & DeGroot (1989) puede ser usado para entender por qué hay una

Cuando el investigador se siente a gusto y relajado y se centra en lo que está sucediendo, y los participantes comienzan a entender qué es lo que se está estudiando y reconocen

En lo siguiente se quiere mostrar, como se puede derivar la representación del espacio de estado a través de la función de transferencia de un sistema univariable. Para eso y en