TRATAMIENTO DE LOS LEPROSOS
POR EL DR. VICTOR G. HEISJSR Director de la Junta de Sanidad Internacional
Fundación Rockefeller Oriental de la
Como quiera que esta conferencia fue preparada mucho antes de tener yo noticias de ella, debo considerarme algo así como un intruso, pero, sin embargo, estoy profundamente interesado en mejorar el bienestar de los leprosos, y por eso os pido vuestra indulgencia. Como estoy identificado con la Fundación Rockefeller y asociado a ella, con frecuencia se supone que dicha Fundación emprende trabajos en esta esfera de acción, pero, en realidad, no es así, puesto que todo lo que hago en relación con la lepra lo llevo a cabo bajo mi propia responsa- bilidad.
Como le sucedió al Dr. Long, mientras yo estuve en las Filipinas obtuve mi primera experiencia al tratar de dominar y combatir la lepra. Ahora bien; la cuestión práctica en relación con la lepra es la siguiente : ¿Qué puede hacerse para aliviar los sufrimientos del leproso? ¿Y puede la lepra dominarse? No podemos afirmarles dogmáticamente a los varios países aquí representados que dicha en- fermedad puede dominarse por completo. Sin embargo, estamos en- terados de muchas de las condiciones bajo las cuales la enfermedad se propaga y podemos dominarla. Por lo general los que han tenido una experiencia limitada en relación con dicha enfermedad son los que tienen ideas definidas en cuanto a la manera exacta de cómo se verifica la trånsmisión.
La experiencia demuestra que la lepra no puede contraerse sin tener contacto con un caso humano y, por lo tanto, si todos los leprosos pudieran separarse o aislarse y no se les permitiese ponerse en con- tacto con otras personas, es razonable suponer que dentro de unos cuantos aÍios la enfermedad disminuiría gradualmente y, por último, desaparecería, La historia del mundo indica que la lepra ha desa- parecido casi por completo en aquellos países donde se ha establecido el aislamiento 0 separación. Por ejemplo, dicha enfermedad pre-
valeció extensamente en Europa, pero actualmente no existe allí, excepto en ciertas regiones del norte de Europa y en áreas limitadas donde la separación o aislamiento no se efectuó enteramente, es decir, donde una gran parte del aislamiento no se hizo en debida forma. De- bido al horror que inspiraba la enfermedad, se evitaba tener contacto con los leprosos y se huía de ellos. En muchas partes de Europa acon- teció Con frecuencia que los leprosos tenían que llevar consigo una
campanilla y anunciar su aproximación o Ilegada, a fin de que el pueblo tuviese la oportunidad de alejarse de ellos, y de esta manera el aisla- miento se efectuó indirectamente. En vista de los buenos resa@$loe obtenidos en otros países, se resolvió seguir el mismo curso en l& Filipinas y, por consiguiente, se instituyó el aislamiento. No tengo a,hora a mano la estadística detallada sobre este asunto, pero creo que durante los quince últimos años se recogieron cerca de 15,000 leprosos. Debido a la dificultad que se presenta para interpretar exactamente los datos estadísticos y muchos factores desconocidos, no es posible decir si la lepra está disminuyendo rápidamente en las Filipinas, pero es indudable que se está progresando mucho en ese sentido.
La experiencia que se ha adquirido justifica la conclusión de que si los leprosos se aislan la enfermedad propende a desaparecer. En los Estados Unidos apenas se ha puesto en práctica ninguna medida especial para efectuar el aislamiento de los leprosos en colonias, pero como quiera que la opinión pública no ha tolerado la presencia de ningún leproso en ninguna comunidad de los Estados Unidos, estos desgraciados fueron lanzados gradualmente hacia ciertos lugares que suministraban aislamiento en localidades especiales, obteniéndose así de otra manera los beneficios del aislamiento. Merced a la apertura del hospital en Carville, Estado de Luisiana, los leprosos tendrán me- jores oportunidades para que se les aplique el debido tratamiento, y se abriga la esperanza de que de esta manera la lepra empiece a disminuir en este país. Sabido es que los Estados Unidos tienen más de cien millones de habitantes. El número de leprosos que hay en el país se ha calculado que varía desde 500 hasta 1500, pero suponiendo que haya 1000, esta proporción representaría aproximadamente un leproso por cada cien mil habitantes.
Examinemos ahora las cifras relativas a la América del Sur que tiene aproximadamente una población de 80,000,OOO de almas. A juzgar por los reconocimientos que se han hecho, se ha calculado que en Sudamérica hay por lo menos 150,000 leprosos, o sea un leproso por cada 533 habitantes, o, que es lo mismo, la lepra allí es un problema 150 veces más serio que en los Estados Unidos. Por lo tanto, parece lógico que tal situacin merece que se hagan nuevos estudios y se tomen nuevas medidas. Debe suponerse que en lo sucesivo la enfermedad aumentará con mucho mayor rapidez, a menos que se tome alguna medida enérgica y eficaz para impedirlo.
En la India, a pesar de que la proporción de los atacados de la lepra es muy alta y los recursos económicos muy escasos, ha sido posible empezar a tomar medidas adecuadas para llevar a cabo el aislamiento, 9 con tal fin las provincias están adoptando gradualmente planes para
efectuar el aislamiento de leprosos. Hace poco que en el Japón, donde se cree que hay unos 50,000 leprosos, el Gobierno creyó que el pro- blema era de tal magnitud que no era posible resolverlo, pero después de hacer detenidos estudios sobre el particular, se empezaron a hacer los debidos esfuerzos sobre el asunto, y en muchos otros países se están tomando medidas análogas. En vista, pues, del éxito obtenido reciente- mente en el tratamiento de la lepra, se nos ocurre naturalmente hacer la siguiente pregunta : i Es conveniente aislar los leprosos, o auxiliarlos mediante el establecimiento de colonias? Si los leprosos pueden curarse el aislamiento es innecesario. La experiencia adquirida en Hawaí, merced al uso de los éteres etílicos del aceite de chalmugra, es suma- mente alentadora. Hace aproximadamente un año que, mientras me hallaba en Honolulu, tuve ocasión de examinar a 137 leprosos some- tidos a, tratamiento, y me es grato manifestar que la mayor parte de ellos mostraron una gran mejoría.
En la colonia de leprosos de Culión, establecida en las Filipinas, hay más de 5000 pacientes, y cumple agregar-de paso-que el General Wood est8 profundamente interesado en este problema, y espero que bajo su administración pueden someterse a tratamiento todos los 5000 leprosos. Para tener una idea dé la magnitud de la empresa, bastará decir que ya se ha hecho un pedido inicial de tres toneladas de aceite de chalmugra. Es razonable esperar que una prueba o experimento hecho en tan gran escala débe ponerle a uno en condiciones de apreciar debidamente la importancia del tratamiento. Cuando tengamos tal conocimiento será posible predecir la extensión y tipo de la futura colonia de leprosos. Además, en vista de la alentadora perspectiva en cuanto a la curación de la lepra, en este momento no sería prudente tomar en consideración un programa de construcción de los edificios necesarios. Por otra parte, abrigo la esperanza de que en el transcurso de unos cuantos años el tratamiento de la lepra llegará a ser tal que no será necesario que ningún país aisle sus leprosos en gran escala y de una manera perpetua. Semejante resultado sería, en verdad, muy beneficioso, por cuanto haría que llegara a ser posible y realizable el dominio práctico de la enfermedad.
Dado caso que el éter del aceite de chalmugra resulte satisfactorio, la cuestión de encontrar cantidades suficientes de aceite reviste mucha importancia, y es probable que los varios países aquí representados
pudieran hacer algo para suministrar la cantidad que de dicha medi- cina se necesita. El aceite extraído de la nuez del Taraktogenos kurziz es el que promete ser más eficaz, pero hay otros aceites que pueden contener la substancia esencial que se requiere partr el -tratai- miento de la lepra. Si fuese posible recoger aceite de árboles afines
o de la misma variedad, no cabe duda de que se encontrarían químicos que podrían hacer el análisis necesario. Tanto en la China como en las Filipinas se encontraron recientemente algunos árboles que ‘pow~. propiedades que, por lo menos, son un tanto semejantes a las del Taraktogenos de la India. En la actualidad, en la Oficina de Investi- gaciones Científicas, establecida en Manila, se está analizando el aceite extraído de las nueces producidas por árboles filipnos.