BOLETIN de la
Oficina Sanítaría Panamericana
Año 31. f Val. XXXIII I Octubre 1952 f No. 4
INFLUENCIA DE LAS COSTUMBRES Y CREENCIAS POPULARES EN LOS SERVICIOS DE UN
CENTRO DE SALUD*
Este trabajo se basa en un breve estudio sobre la influencia que ejer- cen las costumbres y creencias populares, en los servicios de un centro de salud. Las investigaciones fueron llevadas a cabo por antropólogos sociales del Instituto de Antropología Social de la Institución Smith- sonian, que vivían en Brasil, Colombia, México y Perú. Estos estudios consistieron en analizar el funcionamiento de algunos centros de salud de los Servicios Cooperativos Interamericanos de Salud Pública, auspi- ciados por los Ministerios de Salud Pública de los países citados, y el Instituto de Asuntos Interamericanos del Gobierno de los Estados Unidos.
Exceptuando lo que se refiere a enfermería sanitaria, el temario de esta monografía se tomó directamente de los informes contenidos en dicho estudio, no citándose textualmente el origen de los mismos, porque el texto del presente trabajo es un compendio de los datos allí contenidos.
Generalmente se reconoce que el establecimiento de un servicio sani- tario significa que el personal de ese servicio trata de poner al alcance del pueblo medios y hábitos sanitarios mejores que los de costumbre. La idea es que nuevos hábitos higiénicos suplanten los malos. A pesar de todas las razones que se le den a una persona para que adopte métodos sanitarios modernos, no se puede predecir si lo hará o no. 23610 puede sugerírsele que hierva el agua, y a ella toca decidir si la hierve o no.
<Por qué la gente unas veces hace caso de las indicaciones que se le hacen y otras no? iPor qué esa gente a quien tanto se beneficia, critica muchas veces el mismo beneficio recibido y acude a un curandero o a otra persona impreparada, en vez de acudir a los servicios de Salubridad?
* Este-trabajo, leído en la Décima Reunión Anual de la Asociación Fronteriza Mexicana-Estadounidense de Salubridad, Monterrey, México, marzo 24-27, 1952, es un sumario preparado por la Srta. Martha Grant del informe mimeografiado “A Cross-Cultural Anthropological Analysis of a Technical Aid Program,” pu- blicado en Washington, D. C. por la Institución Smithsonian el 25 de julio de 1951. El informe se basó en los trabajos de campo realizados por Charles Erasmus, Isabel T. Kelly, Kalervo Oberg y Ozzie Simmons, y fué editado por el Dr. George M. Fnstw.
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Poco se sabe acerca de cómo predecir la actuación del ser humano. El ser humano no se sujeta a reglas fijas. El estudio sobre las influencias de las costumbres y creencias populares, trata de dar una noción de cómo actuará el pueblo cuando un grupo de personas se dedican a cambiar los hábitos del mismo. El informe que sirve de base a este documento, trata exclusivamente de la reacción del pueblo que se enfrenta a una campaña para cambiar sus medios y hábitos sanitarios y cómo puede utilizarse esta reacción evitando que obstaculice las labores del Centro de Salud.
ALGUNOS ASPECTOS DE LAS CREENCIAS Y COSTUMBRES
DE LA MEDICINA POPULAR
Aunque aparezcan ciertos temas y conceptos al respecto, no existe en realidad una sola teoría central e íntegra de la enfermedad. El elemento principal de las creencias tal vez sea el que nos ha llegado a través de los dos milenios transcurridos desde la patologia humoral de Hipócrates y Galeno. De acuerdo con esa teoría, había salud si los cuatro humores, sangre, linfa, bilis amarilla y bilis negra, guardaban las proporciones debidas en el cuerpo. Este equilibrio se mantenía por una distribución apropiada de los cuatro elementos dentro del cuerpo caracterizándose cada uno de ellos por cualidades opuestas de calor, de frío, de humedad y sequedad. Este concepto, con modificaciones y enmiendas subsecuen- tes, llego a España y Europa Occidental a través del mundo arábigo; se transmitió a Hispanoamérica después de la conquista, y así quedó como base para la clasificación y la enseñanza médicas hasta el siglo XVIII. Los aspectos fundamentales de esta teoría, en particular el concepto de calor y frío como cualidades del cuerpo, tipos de enfermedades, de ali- mentos y de hierbas, formaron parte de las creencias comunes en la mayoría de los pueblos. Prevaleció también el concepto general de los “humores.”
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La distinción entre lo “caliente” y lo ‘<frío” constituye la base que norma la sucesión y condiciones en los cuales ciertos alimentos habrán de comerse, así como las consecuencias de violar dicha norma, los reme- dios que habrán de emplearse contra determinada enfermedad y los resultados que traería la infracción de las reglas. Tal parece que la distinción entre lo “caliente” y lo “frfo” da el cartabón para lo que debe
y no debe hacerse en materia de medicina casera.
Otra creencia común es la que pudiéramos llamar de “estomago lim- pio”; esto es, la creencia de que una limpieza periódica del estómago e intestinos mediante fuertes purgas es esencial para la salud. Esta creen- cia, como las demás, parece asociarse a la idea de que el hígado es fuente abundantísima de enfermedades, y de que la purificación de la sangre es imprescindible para la recuperación y mantenimiento de la salud. La relativamente elevada proporción de trastornos digestivos entre las personas entrevistadas, @arece justificar la preocupación por su estómago, y asimismo exglicar el crecido numero de remedios herbáceos, llamados
“estomacales,” que emplean para “lavarse” el estómago.
Un análisis de estos conceptos populares de la enfermedad, sugiere la
siguiente triple división :
Empírica.-Haciendo referencia a los fundamentos básicos de los conoci- mientos empíricos aprovechados por la medicina popular cualquiera idea o acción es lógicamente consistente, comprobable y comprensible, aunque claro está dentro de la medicina moderna la idea puede ser errónea, pero esto no significa en modo alguno que carezca de sentido en los términos del limitado conocimiento que poseen quienes se apegan a dicha medicina. En este sentido, la norma etiológica popular que define un filo anormal como causa de enferme- dad respiratoria, viene a ser empfrica. Como factor etiológico estrechamente lidago con el frfo extremo, esta el “aire,” o “mal de aire.” Contraer6 uno “aire” casi inevitablemente si sale de una casa con el cuerpo “caliente,” o si respira aire más frío que el que respiraba adentro. Toda infracción de las reglas que prohiben los alimentos “calientes” y “fríos,” ad como de aquellas que ordenan el uso de remedios “fríos o calientes,” puede también clasificarse como norma etiológica empírica cuando esas infracciones causan enfermedad, así como aque- llas que se basan en el concepto del “estómago limpio.” El papel atribuído a los “microbios,” por mal entendido que sea, es otra prueba de un patrón empírico. Las cualidades contagiosas reconocibles de enfermedades como el sarampión y la viruela, colocan también a éstas últimas dentro de la categoría mencionada, - al igual que la creencia de que el contacto sexual con mujer menstruante pro-
picia la gonorrea, o de que el comer ciertas frutas o el no dormir suficiente por las noches predisponen a la malaria.
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Mágica.-Una idea o acción de la medicina popular puede clasificarse como mágica cuando emplea elementos que quedan fuera de los conocimientos físicos o empíricos, y no puede comprobarse en términos realmente empfricos. La enfermedad más importante y común de etiología enteramente magica, es el “mal de ojo,” y consiste en que ciertos individuos enferman a los niños con ~610 mirarlos o lisonjearlos de palabra. Estos mismos individuos tienen la facultad de evitar que el “mal de ojo” tenga efecto, con sólo tocar, o aun pegar al niño al tiempo de mirarlo. De no ocurrir esto último, se tendrá que recurrir al curan- dero, o a los remedios caseros. Hay regiones en las que predomina la creencia de que una mujer en cinta (o a veces menstruante) hará que una criaturita enferme si la toma en sus brazos. Algunos “sustos” son de etiología mágica, pues un espítitu maligno, o fantasma, se posesiona del sujeto, lo espanta y lo enferma. La brujería, que consiste en emplear muñecos o imágenes representa- tivas de la víctima, para pincharlos con alfileres o causarles otros daños, es también una forma mágica de enfermedad.
Psicológica.-Esta es, en muchos sentidos, la mgs interesante de todas las categorías, en cuanto a que implica el reconocimiento que la gente otorga al hecho de que emociones intensas como una gran decepción, un fuerte disgusto, los celos o rivalidades entre niños, sean causa de enfermedad. El “susto” cae frecuentemente en esta categoría, interpretándose entonces como enfermedad mortal ocasionada por el desprendimiento de alma y cuerpo a consecuencia del
impacto de la conmoción o del susto recibidos. La epilepsia se considera a veces una secuela del resentimiento o la ira.
Las tres clasificaciones precedentes indican que existen muchas cate- gorías definibles de enfermedad; son significativas porque los tipos de remedios empleados, asf como el deseo de ver de buena gana a médicos preparados, dependen en gran parte de que el paciente o su familia reconozcan consciente o insconscientemente la naturaleza de la en- fermedad.
Las enfermedades empíricas que se supone reconoce y comprende el médico, y para las cuales tiene preparación y experiencia, son aquellas en que más se utilizan las yerbas medicinales. En contraposición, las enfermedades de etiología mágica y psicológica, aunque también se curan a menudo con yerbas medicinales, son atacadas mucho más fre- cuentemente con masajes, frotaciones de huevo, cataplasmas mágicas, baños y oraciones mágicas, por un curandero. Estas enfermedades son
precisamente las que se cree que el médico no puede comprender y mucho menos curar, y por lo tanto no vale la pena que vea el doctor.
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El personal sanitario desdeña al sujeto que dice que padece de “es- panto” o “mal de ojo” y por eso muchas veces las familias rehuyen al médico cuando creen que en su casa existe una de estas enfermedades.
El papel más importante en el diagnóstico de las enfermedades debidas a causas mágicas o psicológicas, corresponde al tipo de acontecimiento definido por la etiología popular como propio de la enfermedad de que se trata, pues después del acontecimiento se espera la aparición de una enfermedad determinada. Por ejemplo : cae de la cama un niño, se asusta y grita. Los padres del niño esperan la aparición del “susto,” y ya en este plan, cualquier síntoma, por vago que sea, es tomado por ellos como confirmatorio del “susto” diagnosticado previamente. Podrían, sin
mucho esfuerzo de imaginación, discernirse otros síntomas atribuibles a la enfermedad, como la palidez, el crecimiento excesivo de las pestañas, la melancolía, etc. Otros síntomas, que quizás hayan existido todo el tiempo, como ,el llanto y el vómito, adquieren nuevo significado después que surge la expectativa; cualquiera de los síntomas mencionados bas- taría para diagnosticar “mal de ojo,” una vez ocurrido el acontecimiento causante apropiado.
En el sujeto que ha pasado por una extrema vergüenza, puede es- perarse la reacción consiguiente. Claro está, es posible que el sujeto muestre efectivamente estos u otros síntomas como resultado de sus propias emociones. Un ataque de ira o un susto, por ejemplo, pueden ciertamente repercutir psicológicamente. Tampoco es difícil dilucidar el valor funcional de esta conducta, si se la considera como una válvula de escape, o refugio de la experiencia desagradable tenida por el sujeto.
Aunque la medicina moderna critica esas creencias, algunos de los conceptos de la medicina popular nos van a servir de base para discusión.
(1) La salud consiste en sentirse uno bien, ya que no sería posible estar enfermo si se siente bien y no muestra síntoma alguno de enfermedad: Como la enfermedad obedece a faltas de omisión o comisión, o a la fatalidad, es bien poco lo que puede y debe hacerse para conservar la buena salud. Se busca al médico
solamente cuando alguien se enferma, y aun así, se procede usualmente con
apatía, pues casi siempre se espera hasta que el enfermo se agrava. Esta actitud
respecto de la salud, se conforma al concepto de la máquina: si una máquina funciona, es obvio que está en perfectas condiciones y no necesita cuidado. Por lo tanto, lo lógico es repararla cuando necesite dichos cuidados, es decir, cuando, deje de funcionar debidamente.
Este concepto de la salud se relaciona, a‘su vez, con la creencia de que es vergonzoso estar enfermo, o de admitir que se está tan débil como para sucum- bir a los microbios. Hay que ser muy hombre, muy capaz de absorber muchos
elementos patógenos sin ser afectado por ellos.
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(3) Se cree que la ventilación es peligrosa, especialmente durante la noche; por lo tanto, se mantiene a los enfermos encerrados.
(4) Generalmente se reconoce el contagio como característico de ciertas enfermedades, tales como la tos ferina, el sarampión y la viruela. Sin embargo, no existe la idea de que otras enfermedades también sean contagiosas, como la sffilis o la tuberculosis.
(5) En algunos pueblos existe la costumbre de aislar a los enfermos que padecen ciertas enfermedades, por razones de “magia.” Se cree que un enfermo está debil y, por lo tanto, está más expuesto que cualquier otra persona a que entren en su cuerpo elementos peligrosos. Un visitante puede tener la “sangre gorda” y retardar la mejoría del enfermo.
(6) Es muy corriente que los enfermos se dejen aplirar inyerciones. Sin embargo, existen grupos que tienen miedo a este método curativo porque creen que el meter algo dentro del cuerpo no es bueno, especialmente si sale un poco de sangre después del pinchazo, o si se trata de sacar sangre para hacer un análisis.
Los cuidados pre y postnatales son parte muy important’e de todo programa de un centro de salud. Estos períodos de la vida de una madre y su hijo, son motivo de gran preocupación entre la gente común, al igual
que entre otras, y se han desarrollado al respecto creencias y prácticas que rigen los actos de la gente en esas circunstancias. Son relativemente pocas las restricciones dietéticas que afectan la vida de una mujer durante el embarazo. Hay la creencia de que los baños frecuentes y los ejercicios periódicos son esenciales para apresurar la expulsión de la placenta. En un informe puede leerse que la madre permaneció en cama de una a casi tres semanas después del parto, y solamente cuando se levantó de la cama tomó el primer baño, un baño improvisado, de
vapor de agua a la cual se agregaron. algunas hierbas. La reclusión en
casa dura generalmente 40 días, durante los cuales quedan terminante- mente prohibidas las relaciones sexuales.
ANÁLISIS
Para el antropólogo, el mayor problema aparentemente es el de la “comunicación,” que en este caso significa: Ccómo será posible hacer llegar a los pueblos receptores la idea de que la medicina preventiva es un tipo de seguro personal de salud, con el cual el individuo se conservará
más sano, vivirá más, estará mejor capacitado para trabajar con mayor
eficacia y disfrutar de la vida con mayor plenitud? $ómo podrá lo-
grarse que la gente que considera de origen mágico a muchas de las enfermedades, comprenda el concepto científico de enfermedad y micro- bio, y actúe de acuerdo con dicho concepto? ,$ómo podrá convencerse a gente como esa que tome las precauciones elementales para evitar enfer- medades, que visite al médico a la primera señal de enfermedad, que se apegue al tratamiento que él señale y se aleje del curandero?
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que trueque viejas creencias e ideas, por ideas y creencias nuevas que hasta la fecha no formaron parte del mundo que conciben. El especialista en sanidad no trabaja en el vacío; sus sujetos no sienten que el higienista solucione un problema desconocido para ellos. Más bien dicho, el hi- gienista trabaja entre sujetos con creencias definidas y difíciles de ex- tirpar, yuest.0 que se sienten tan seguros de estar en lo justo como el sanitarista de que no lo están. Tampoco están muy seguros de que los métodos del higienista superen a los del curandero, y sí lo están de que, en muchos casos, resultan inferiores. No cabe duda de que muchas de las prácticas de la medicina moderna son sólidas, pero hay también enfermedades que el médico no comprende, cuyos nombres ni siquiera conoce y cuyo tratamiento ridiculiza al exponérselo.
Todos los informes de campo hablan de la magn%ca técnica de los
servicios que se ofrecen. El problema estriba al parecer en descubrir la forma de que un sujeto que inicia un tratamiento, adquiera la convic- ción de’que vale la pena proseguirlo hasta el fin.
Entre las personas que han patrocinado los centros, las críticas más
frecuentes son las siguientes:
(1) Falta de tacto y diplomacia.-En muchísimos casos, m6dicos y enferme- ras se muestran cuando menos impersonales, al grado de asustar a los pacientes;
en muchísimos otros, se muestran consciente o insonscientemente bruscos. En algunos casos, la insistencia continua en el cumplimiento de una cita llega a molestar a los pacientes; otros informan que se les regañó cuando ocu- rrieron al centro después de haber faltado a una cita, y dejaron de ir, para no volverse a exponer a malos tratos.
Por otra parte, los informantes citan a un buen numero de enfermeras com- prensivas y humanitarias que nunca regañaron a los pacientes, sino que los trataron siempre como amigos, llegando en ocasiones hasta el grado de violar el reglamento levemente por prestar un verdadero servicio. Quienes más éxito obtuvieron fueron las jefes de enfemeras bien entrenadas en salubridad pública y las auxiliares de enfermería bisoñas en la práctica, pero con inclinación natural a llevarse bien con los demás.
(2) Pérdida de tiempo.-Esta fue la queja mas frecuente que se tuvo de los servicios en los Centros. En la mayoría de ellos las citas son durante el dia y el
o la paciente tuvieron que esperar hasta que fueron llamados. Para una ama de
casa con niños que atender, un marido hambriento que alimentar a medio dia y las compras matutinas, la pérdida de toda la mañana constituye un desastre. Uno de los informantes, hombre por cierto, manifestó que a él le convko mas trabajar pagando a un médico particular que lo atendiese después de las horas ,. de trabajo, que perder su paga por el tiempo que se veía obligado a esperar en
el Centro.
(3) Falta de atencibn a niños enfermos.-Esta es la mas amarga de todas las críticas dirigidas a los Centros. Da una idea de la falta de comprension para la gente a quien se sirve, de la diferencia que hay entre medicina preventiva y
tratamiento rutinario de enfermos. En otras quejas, se pone de manifiesto que
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datos vitales del caso. En otras ocasiones, se ha dicho a madres ron niños en- fermos que se vayan y vuelvan después. Es indudable que, sea rual fuere la filosofía básica y la lógica que asiste a los programas de los Centros, el enojo de padres a quienes se ha rehusado tratamiento para sus hijos enfermos, ha suscitado por parte de mucha gente un agudo antagonismo hacia todas y rada una de las actividades del Centro.
De las tres citas básicas contra los servicios que presta un centro de salud, las dos primeras entrañan relaciones humanas; la tercera es de naturaleza distinta y se refiere a hechos fundamentales en la filosofía básica de los centros de salud, dando lugar a la siguiente pregunta: <está ya preparada la generalidad de la gente para los grandes programas de salubridad pública en los que se hace hincapié en un tipo de medicina preventiva que requiere alto grado de cultura y comprensi6n por parte de quienes la reciben? El hecho de que la gente no se explique por que una persona sana debe tomar medidas para conservarse así, limita grave- mente la comprensión de aquella hacia el verdadero fin de los centros de salud. Y esto, a su vez, da lugar a la acerba crítica que más romúnmente expresa la falta de tratamiento a los enfermos; crítica esta que es válida desde el punto de vista de la gente, pero injusta a la luz de la meta que se han fijado los centros de salud.
Se recordará que existe una creencia popular según la cual una persona sana es como una máquina que funciona normalmente. El solo hecho de estar sana, demuest’ra que no necesita atencii>n alguna. La profunda sensación de fatalidad que acompaña a la vida, se refleja t,ambién en los conceptos de enfermedad: la “suerte” o “destino” de una persona, se da frecuentemente como explicación real de la enfermedad, la cual “viene ‘cuando tiene que venir,” según una expresión que se oye muy a menudo. Con tal punto de vista, los exámenes peri6dicos (‘arecen sencillamente de razón lógica o explicación en la mente de la gente que se trat,a de beneficiar. Ellos sienten que le hacen al Centro un favor acudiendo a la cita, en vez de sentirse beneficiados con el servicio. De hecho, existe considerable apatía cuando no se solicita asiskncia médica sino hasta que el sujeto esté realmente enfermo.
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la rígida aplicación de la medicina preventiva, la simpatía por los Cen- tros y sus amplios programas redundaría en un progreso mayor a pesar de registros previos o de no haber asistido a una cita. Percibieron tam- bién que la asistencia médica debe ir aunada a la medicina preventiva, y que a menos que el enfermo encuentre medios adecuados a bajo precio para los tratamientos, y llegue a la sincera convicción de que la práctica de la terapeútica científica es superior a la del curandero, jamás recibid de buen grado los programas de la medicina preventiva que, según se ha indicado ya, están completamente fuera de sus alcances culturales básicos.
ENFOQUE DEL ANTROPÓLOGO HACIA PROGRAMAS DE
LOS CENTROS DE SALUD
Un concepto antropológico ampliamente reconocido, es que toda idea o técnica nueva será aceptada más rápidamente por la gente cuando eil la cultura de ésta existe ya algo que sea, o parezca ser, semejante al ele- mento extraño. En los términos del presente problema, esto significa que !os pacientes probablemente otorguen su confianza y acaben por aceptar nuevos conceptos y hábitos, si en las recomendaciones que les haga el Centro encuentran algo parecido a sus propias creencias y prác- ticas que encaje en sus conceptos de enfermedad, en vez de menosprecio e ignorancia para los últimos.
Esta suposición implica que un conocimiento general de las creencias médicas populares por parte del personal del Centro, junto con habilidad para valerse de aquel en ciertas ocasiones críticas y para ciertos fines, contribuiría en gran parte al desarrollo de las actividades del Centro. Esta contribución deberá ocurrir en dos formas: (1) La confianza que el personal capacitado infilke en los pacientes, aparentando conocer los conceptos populares, pero externando sencillamente la sensación de que por lo regular hay medios científicos que son superiores, y (2) la habilidad del personal técnico capacitado para aprovechárse de los conceptos populares para interpretar y hacer comprensibles los tratamientos mé- dicos modernos así como las medidas preventivas, a la par que persuadir a los pacientes a que adopten y sigan la práctica recomendada.
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aparentes. El curandero trata enfermedades populares cuyos síntomas están a menudos tan mal definidos, que no puede sino atinar y aliviarlas. Si los vagos síntomas fisiológicos identificados con el padecimiento persisten, o reaparecen después de la curación, el curandero tiene siempre la salida de que el caso se ha complicado y requiere otra serie de cura- ciones o una curación nueva, o que sobrevino un nuevo padecimiento. Aun más, la mayoría de los curanderos no pretenden curar todas las enfermedades, y suelen a menudo recomendar que el paciente consulte a un médico. Esto los coloca, en el concepto de la gente, en un plano de ser justos, de amplio criterio y conscientes de sus limitaciones.
Por último, la técnica del diagnóstico del curandero no requiere largos ni complicados y cansados interrogatorios para el paciente, sobre los síntomas, historia clinica y demás. El curandero posee ciertos disposi- tivos mágicos y automáticos que aplica a situaciones especificas, y las respuestas siguen casi como un reloj. Hay, además, muchos casos que comunican los observadores del campo, en los cuales un médico no pudo curar a un enfermo, y el curandero se apuntó alli mismo un éxito apa- rente.
El médico disfruta de pocas de estas ventajas. Su diagnóstico es rara vez predeterminado; no puede comprometerse a realizar curaciones rápidas, y rara vez cuenta con la fe y confianza otorgadas al curandero, sencillamente porque el médico pertenece a otra clase social que por instinto ven con desconfianza la mayoría de sus pacientes.
Hay más todavía; el médico nunca admite que el curandero sea capaz de curar enfermedades que él mismo no pueda tratar, y esto lo inter- preta la gente como alarde vanidoso del médico, como fanfarronada de quien se considera poseedor (mido del don de curar. A la luz de la dis- cusión sobre medicina casera, la gente se rehusa a aceptar este punto de vista.
La crítica a los médicos y a sus métodos profesionales, tiene mayor arraigo entre los pacientes de más bajo nivel social, y en muchos casos se basa solamente en la absoluta incomprensión de la medicina, de sus métodos y de sus limitaciones. Hubo entre los informantes algunos que manifestaron haber contestado a muchas preguntas hechas por el médico respecto a sus síntomas, demostrando con ello que no son tan listos como lo creían, puesto que un médico competente no necesita hacer ninguna pregunta. Razonan las gentes que si un curandero no hace preguntas zpor qué ha de hacerlas un hombre que pretende saber mucho más? Por último, el médico viene a ser la víctima de la tendencia general que consiste en agotar todos los remedios caseros y las artes del curandero, antes de consultarlo a él. Por lo tanto, a él toca aceptar muchos casos ya desesperados debido al tiempo transcurrido o que simplemente son in- curables. Por lo tanto, el médico se echa a cuestas el fracaso de la medi- cina casera, aparte de los fracasos de su misma profesión.
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son manifiestos los progresos logrados. Estos progresos hacen alentar la esperanza de que, tarde o temprano, logrará imponerse en todas las regiones atèndidas por los Centros de Salud la práctica firme de la medi- cina preventiva y de la salubridad pública.
Si los pacientes llegaran a creer que médicos y enfermeras participan de sus propias ideas sobre salud y enfermedad, y aprueban sus trata- mientos en lo que respecta a aislamiento, baños y dieta especializada, por ejemplo, con la sensación de que para otras muchas cosas el médico y la enfermera cuentan con métodos mejores aún que los suyos, es muy posible que manifestasen más tolerancia hacia la medicina moderna. Deben ser muchas las personas que quisieran seguir las recomendaciones del facultativo, pero se abstienen de hacerlo por el temor que les inspiran las tradiciones ancestrales y las dudas sobre la capacidad del médico para reconocer la enfermedad que les aqueja.
Si se llevase al médico un niño visiblemente enfermo, con fiebre, vómitos y dolor de cabeza, y su madre dijese al médico sin titubear “me parece que tiene mal de ojo,” el médico no vería su integridad profesio- nal menoscabada si respondiera: ‘<sí, podría ser; pero hay muchas en- fermedades con síntomas parecidos; por mi examen estoy seguro de que su niño está enfermo de - y recomiendo el siguiente tratamiento.” Así, sin ridiculizar la creencia de la madre, el médico se coloca en el plano de un especialista comprensivo, y es más probable que se sigan sus consejos.
Aparte de esta sugerencia principal, hay un cúmulo de casos específicos en materia de creencias populares que podrían servir de base a la expli-
cación sobre la medicina y prácticas sanitarias modernas en términos de
ideología popular. Los casos son puramente ilustrativos. En cada caso,
el conocimiento preciso de la localidad en cuestión debería ser esencial. (1) En apariencia está generalmente reconocido que las enfermedades vené- reas, el sarampi&, las enfermedades de la piel y la viruela son contagiosos, pero no ha llegado a comprenderse todavfa la naturaleza contagiosa de la vari- cela, Ia tos ferina y la tuberculosis, entre otras muchas. Aquf el problema con- siste simplemente en extender una creencia ya existence y de acuerdo con la práctica mMca, y en persuadir a las madres para que traten adecuadamente a los niños. La enfermera o el médico podrían decir: “Usted padece de tubercu- losis, este mal se parece mucho al sarampión que puede pasarse de un miembro de la familia a otro si no se toman ciertas precauciones; el contagio es más lento, pero en forma muy parecida.” Dando explicaciones adicionales a medida que avanza el tratamiento, se podría ir infiltrando gradualmente la idea de que otras muchas enfermedades con contagiosas, y ello redundarfa en beneficio de la medicina preventiva.
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fluencias malignas del “aire.” Sea cual fuere el razonamiento popular, queda ell pie el hecho de que existe una prártica esencialmente higiénira que puede uti- lilizarse en el tratamiento de las enfermedades contagiosas. No necesita 1:1 enfermera hacer observación alguna sobre el posible peligro del “aire”; pero si a secas dijese que son indeseables las visitas, lo más probable es que la familia acatara su recomendadión, sin perjuicio de que la enfermera piense en términos de contagio y la familia en términos de magia. Hasta un miembro de la familia bien intencionado podría, sin quererlo, introducir el “aire”; este roncepto excluye a los parientes y los vecinos.
(3) En ciertas regiones, el número cabalístico es el tres. Algunos remedios para la disentería, la epilepsia, las cardiopatías, el dolor de estómago, etc., se toman durante 3 mañanas sucesivas antes del desayuno. Tanto las medicinas para la tuberculosis como un enema febrífugo, se administran 3 veces al día. El valor cabalístico de un número mágico suele ser obligatorio entre la gente para fijar las normas de conducta. Es muy posible que el tratamiento m6dico prescrito en forma de inyecciones o medicina interna en tres días sucesivos, o tres veces al día, o una vez por semana por tres semanas, se acople a las ideas profundamente arraigadas de la gente en materia de tratamiento terapeútico, y diese por resultado que se le tome con más fe o que se acuda al Centro u Hospital.
(4) En algunas regiones se imponen dietas casi de inanición a las madres, durante los tres dfas posteriores al alumbramiento, en atención a que todos los alimentos permitidos a la madre, excepto el pan, son “alimentos fríos.” Cual- quier esfuerzo para ampliar esta reducida dieta con alimentos “calientesl” encontraría bastante resistencia, a menos que se recomendaran otros alimentos reconocidos generalmente como “fríos,” como son el caldo de pollo o de res, jugos de tomate o naranja y carne asada, a fin de evitar conflictos ideológicos sobre lo que la gente creyese que sería o no apropiado comer.
De igual manera, los primeros alimentos que se permite dar a las criaturas, deberán ser “fríos,” en contraste con la recomendación del facultativo de darles alimentos sólidos. Si para niños menores de un año se recomendase una dieta de alimentos conceptuados como “fríos,” es probable que se progresaría más que si se indicasen alimentos “calientes.”
(5) El primer examen prenatal durante el embarazo constituye una fuerte conmoción para la mayoría de las mujeres. El examen fntimo en sí, es ya em- barasoso y lo es doblemente si quien lo hace es un hombre. La estadística nos demuestra que disminuye considerablemente el número de mujeres que rehuyen el examen, cuando se trata de centros que cuentan con parteras y con la prepa- ración adecuada de la paciente. En este punto, la impersonalidad de la medicina moderna se enfrent.a a una barrera cultural de mucha importancia. Parece que tleberfa al menos darse una explicación comprensiva a cada mujer sobre lo que deberá afrontar, y por que es necesario que así sea. Lo ideal sería que fuesen
doctoras quienes practicasen estos exámenes, dondequiera que fuese posible. Según el sentir de una mayoría de los investigadores, ciertas condes-
cendenrias generales hacia las prácticas populares, si no son peligrosas,
aumentarían la confianza del paciente, a la par que lo irían alejando de
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medicina, si esto es posible, para tomarse en agua caliente. Si la gente cree que los baños, las cataplasmas o pomadas están indicados para curar ciertas enfermedades, si no hacen daño conviene recetarlos aunque no se necesiten.
Al utilizar conceptos populares en la práctica moderna, existe la propensión al exceso. Toda tendencia observada en este sentido, deberá refrenarse para no lastimar el prestigio ya alcanzado por la medicina. Un buen enfoque consistiría en hacer concesiones mesuradas en aquellas ‘regiones que muestran aspectos de medicina popular más estratégicos y persuasivos con la convicción de que en esas zonas con muy poco podría
conseguirse mucho. ,‘.,.r’
Hay regiones, por ejemplo, en las cuales el “mal de ojo” y el “espanto” se citan como ejemplos de enfermedad que los médicos ni comprenden ni curan. Más aún, los padecimientos citados parecen ser los más frecuentes y dominantes entre esas gentes, a la par que asimilan una variedad muy amplia de otras enfermedades que escapan, por su definición, de la aten- ción del médico. Si el personal sanitario admitiera que el “mal de ojo” y el “espanto” son padecimientos reales y positivos (salvando su amor propio profesional con el simple hecho de pasar por alto etiologías popu- lares) y procediera a tratar las enfermedades reales adelantaría mucho en la confianza del pueblo. Probablemente no sería necesario aplicar el mismo procedimiento a las demás enfermedades populares. Una vez que la gente llegara a creer en la capacidad del médico para curar los pade- cimientos que define como “mal de ojo” y “espanto” en el transcurso del tiempo, la dicotomía prevaleciente respecto de otros padecimientos quizá desapareciera gradualmente.
Conviene hacer notar que la medicina popular está ‘evidentemente a la defensiva en grado considerable, a pesar de su ubicuidad. Muchas personas de reconocida preparación en esas doctrinas, hicieron patente a los investigadores que no creían en semejantes tonterías. Gran parte de la gente beneficiada por los centros de salud desearía que se le alejase de las creencias populares y se le hiciese comprender la medicina moderna. Un proceso gradual de educación y de estímulo, y sobre todo, una ,ver- dadera comprensión y simpatía, de la gente ayudarán mucho a lograr este propósito.
LO QUE SIGNIFICA ESTE INFORME PARA LAS ACTIVIDADES Y FUNCIONES DE LA ENFERMERA SANITARIA*
La íntima relación que se establece entre la enfermera sanitaria y las personas a quienes atiende profesionalmente, impone a dicha enfermera la gran responsabilidad de ganarse la confianza de aquellas gentes, para que le presten su colaboración. El éxito de los servicios de un Centro de Salud, depende de la aceptación que el pueblo otorgue a dichos servicios.
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Según este informe, la enfermera sanitaria asume ciertas responsabili- dades que no son únicamente suyas, puesto que cada empleado del Centro debe compartirlas. Sin embargo, es la enfermera la que asume la mayor parte, ya que es ella generalmente la que visita por primera vez a las personas en su domicilio, antes de que éstas entren en contacto con el resto del personal del Centro.
(1) Reconocimiento
de
lamedicina
popular.-Las supersticiones y prácticas populares relacionadas con la enfermedad y la salud, son in- fluencias que pesan mucho sobre la vida de un pueblo. Ya se ha explicado la forma en que estas prácticas y creencias afectan el éxito de un Centro de Salud. Para ganarse la simpatfa y la confianza de esas gentes, el primer paso ha de consistir en reconocer esas practicas y creencias. Negar estas creencias es ridiculizarlas a los ojos del pueblo, y esta actitud no ayuda en modo alguno a la enfermera. La misión de ésta es servir a la comunidad hasta el límite de sus conocimientos, y para este fin, debe escuchar con atención y tomar parte en los problemas de sus pacientes, sean los que sean; al menos por escucharlos sin criticar, ella se conquista cierta confianza del pueblo.(2) Respeto para la medicina popular y su influencia sobre el pueblo. -Una vez que se reconoce la medicina popular, la enfermera debe res- petarla, porque solamente asf podrá lograr que la gente la respete a ella y a su profesión.
Por otra parte, toda influencia popular, buena o mala, merece respeto. Un ciclón, por ejemplo, es una fuerza que reconocemos, la respetamos, y nos preparamos para hacer frente a su furia. De igual manera, debemos prepararnos para adaptar nuestros servicios a la situación creada en una región por las fuerzas de la medicina popular.
Podemos decir que el respeto no se compra, sino que se gana, sin que le cueste nada a los que lo merecen, y a los ojos de quienes lo otorgan.
Como lo indican los antropólogos, este respeto ha de ganarse con pa- ciencia, y empleando los mismos medios de comprensión que emplean los demás. La enfermera que comprende el sufrimiento de una madre que cree que su hijo tiene “mal de ojo,” respeta la influencia de ese temor y comprende la conducta de la madre, la cual a su vez se vuelve más com- prensiva y más dispuesta a aceptar las instrucciones y consejos de la enfermera. Aquí podemos decir que el que comprende la furia de un ciclón, está más preparado para combatirlo, que aquel que no la com- prende. Por eso el respeto y la comprensión de las creencias populares, ponen
en manos
de la enfermera losmedios
para combatir las malas con- secuencias que trae la práctica de esas mismas creencias.(3) Empleo de prácticas populares para mejorar los servicios que se
prestau.---%
la enfermera reconoce y respeta las prácticas populares sobre la salud y la enfermedad, estará en situación de emplearlas en proOctubre 1962] COSTUMBRES Y CREENCIAS POPULARES 297
evitará criticar las prácticas ‘populares, aunque las juzgue peligrosas. Por el contrario, se esforzará por llamar la atención de la gente hacia prácticas menos peligrosas. Nadie se mega a poner en práctica indica- ciones que ya forman parte de sus creencias. Por ejemplo: Una madre que le da té a su niño para curarle la diarrea, le añadirá leche al té si se le indica que con ello la “medicina” será mejor y le hará más efecto. Como principio de enseñanza nueva, se empleará lo que dicha madre tiene costumbre de emplear. Esta experiencia la reconocieron hace mucho tiempo los educadores, como medio efectivo de enseñanza.
(4) Se evitar& que circulen los conceptos que niegan las creencias populares.--Se ha hecho popular la frase de: “más vale una onza de prevención que una libra de curación.” Esta frase se repite diariamente infinidad de veces en la práctica sanitaria. El sanitarista (médico o en- fermera), sin darse cuenta se pone en ridículo en aquellos lugares en que la gente tiene distintos puntos de vista sobre la salud, lo cual disminuye la efectividad de su servicio. ¿A quién inspira respeto el ridículo? A nadie, y por eso es mejor evitar expresar conceptos que sean totalmente contrarios a las creencias populares. Puede explicarse la misma idea en distintos términos, o sea en términos que concuerden con las creencias que sepamos que la gente ha de respetar. En caso de que esto no pueda hacerse, vale más callarse y guardarse el concepto, no expresando ninguna teoría.
(6) Reconocimiento de la enfermedad como medio de acercarse al hogar.-Una ayuda, un auxilio, se agradece más en los malos tiempos, especialmente cuando nos aqueja una enfermedad. La enfermera que ayuda a una madre que está cuidando a su hijo enfermo, lo hace en el momento más oportuno para que ésta acepte el Centro de Salud. Pres- tando su ayuda para curar la enfermedad, la enfermera se gana el respeto de toda la familia Ese respeto puede más tarde y con mucha facilidad aprovecharse para inducir a la familia a adoptar las prácticas sanitarias modernas. La enfermera que se presta gustosa a ayudar en la curación de las enfermedades, verá que pronto se solicita su ayuda en otros aspec- tos de la “salud.”
CONCLUSIONES
Queremos expresar nuestra gratitud al antropólogo social en cuyo estudio se basa este documento, por haber llamado nuestra atención a influencias vitales que afectan directamente la eficacia y efectividad de los servicios que presta un centro de salud. De los temas y conceptos que contiene este informe, hemos llegado a las siguientes conclusiones:
(1) Las creencias y conceptos populares ejercen influencias muy po- derosas sobre la comunidad.
(2) Para que el personal sanitario sea efectivo, deberá operar de acuerdo con estos conceptos, otorgándoles comprensión y respeto y empleándolos, cuando sea posible, para realizar los servicios que presta.