órdenes mendicantes, a pesar de la situación de crisis que se vivía en aquellos
1.11 Antiguo convento de las monjas concepcionistas de
Loulé (la rueda de los expósitos)
69
Fr. Casimiro Vloon, O.C., citado por SANTOS, Rossel Monteiro. Ob. cit., p. 230.
70
GOMES, Paulo Varela. “Arquitectura de mulheres. Mundo de homens. Intervenções da DGEMN em edifícios de mosteiros femininos extintos (1930- 1950)”. DGEMN. Caminhos do Património. Lisboa: DGEMN e Livros Horizonte, 1999, p. 84.
71
1.3.5.
El dinamismo de la red monástico-conventual:
fundaciones, substituciones y supresiones
La vida de las diversas comunidades regulares del Algarve no fue obviamente un fenómeno estático. Dentro de este marco hubo llegadas y partidas, substituciones y supresiones, y hasta, cambios de instalaciones.
Algunas comunidades ocuparon casas ya existentes, que habían sido abandonadas. Este fue el caso de la comunidad de capuchos que ocupó el convento del cabo de San Vicente, que había pertenecido a una comunidad de jerónimos; de la comunidad de franciscanos observantes que sustituyó a los claustrales instalados en Tavira72; de la comunidad de agustinos calzados que ocupó el convento que pertenecía a los franciscanos claustrales de Loulé; de la comunidad de terceros franciscanos que se instaló en el convento abandonado por los capuchos en Silves; y también, de la comunidad de camilos que ocupó el convento dejado por los jesuitas, en Portimão.
Hubo también comunidades que “trasladaron” sus edificios, cambiando su localización al interior de la ciudad (los eremitas de San Pablo de Tavira) o para fuera de ésta (como los hospitalarios de San Juan de Dios de Lagos que, tras el seísmo de 1755, se trasladaron extramuros).
Finalmente, y además de algunas situaciones de abandono temporal del inmueble por razones diversas73, existió un extraño caso de intercambio de instalaciones: los franciscanos
72
En este caso habrá sido más una conversión de la comunidad a la nueva tendencia “observante” que literalmente una substitución.
73
Sabemos por ejemplo que los capuchos de Silves abandonaron el edificio varias veces debido a las condiciones de insalubridad del lugar, y también que los capuchos del cabo de San Vicente dejaron varias veces su casa como consecuencia de los diversos ataques que sufrió el convento. Ver Anexo II, ficha 1.1, Antiguo Convento del cabo de San Vicente y ficha 1.9, Antiguo Convento de Nuestra Señora del Paraíso en Silves. Además de esto, el terremoto de 1755 provocó también el abandono temporal de prácticamente todos estos edificios.
observantes instalados en Portimão cambiaron de convento con los frailes capuchos de Faro74.
Las alteraciones que hubo en la red monástico-conventual algarvía se debieron así a diversos factores: a las transformaciones que se produjeron en el seno de algunas órdenes (como por ejemplo la reforma que dividió la orden franciscana en dos tendencias y que provocó alteraciones en su estructura conventual), a la supresión de algunos institutos que consecuentemente dejó vacíos los edificios que ocupaban (como fue el caso de la Compañía de Jesús suprimida en Portugal en 175975), o también a acontecimientos esporádicos y aislados que provocaron el abandono de determinada casa.
La salida de una orden religiosa de determinado edificio fue casi siempre precedida por la llegada de otra. Muy raramente estas casas permanecían abandonadas, por lo que parece ser que hubo una cuidada gestión de esta red monástico-conventual. De esta dinámica resultó que, las treinta y tres comunidades que citamos, habitaron tan solo treinta edificios monástico- conventuales, e incluso estos, nunca llegaron a estar todos ocupados al mismo tiempo.
Eliminando de este conjunto aquellas casas de las que no nos llegó más referencia que la noticia de su existencia, como por ejemplo: la casa de los trinitarios en Silves (que permanecieron en esta ciudad entre 1239 y 1450, pero de la cual se desconoce actualmente tanto su localización exacta como su configuración76); la de la Orden de Cristo en Castro Marim (que, a pesar de conocerse su localización, no se sabe con certeza cuales serían sus características tipológicas, ya que se trataba de una
74
Sobre este asunto ver Anexo II, ficha 1.5, Antiguo Convento de Nuestra Señora de la Esperanza en Portimão y ficha 1.17, Antiguo Convento de San Francisco en Faro.
75
Sobre la extinción de la Compañía de Jesús ver ALMEIDA, Fortunato de.
História da Igreja em Portugal. Porto/Lisboa: ed. Livraria Civilização, 1968. vol.
III, p. 124-125. 76
Se sabe solamente que fue fundada por el infante D. Fernando, hijo de D. Afonso II, junto al palacio de Silves. Ver ALBERTO, Edite. "Trinitários". AZEVEDO, Carlos A. Moreira (dir.). Dicionário da História Religiosa de Portugal. Lisboa: Círculo dos Leitores, 2000.
casa de una orden militar77); y también las dos primeras casas de los paulistas [eremitas de San Pablo] de Tavira (que casi desapareció por completo) y de los hospitalarios de San Juan de Dios de Lagos (que fue totalmente demolida por el terremoto de 1755), nos quedamos con un conjunto de veintiséis casas, que ilustran la presencia de las órdenes en el Algarve, y que nos sirven de base para este estudio.
Antiguo Convento de San Pablo en Tavira 1.12. La primera fundación São Marcos 1.13. La segunda fundación Tavira 77
Recordemos que ésta era una orden militar y que en la fecha de su fundación no presentaba las características de vivencia en espacio regular de las órdenes
1.3.6.
Las casas monástico-conventuales
La presencia de diferentes comunidades regulares en el Algarve tuvo como resultado la constitución de una red de casas monástico-conventuales, que estuvo en su mayoría formada por conventos78.
Para realizar el análisis de estos edificios hemos elaborado un cuadro (cuadro de análisis 1.4. Las casas monástico-
conventuales)79, donde se identifican veintiséis de las casas
fundadas en esta región, durante el período estipulado, y según los criterios antes definidos. Hablemos pues de edificios.
Según Braunfels, cada verdadero edificio monástico- conventual representa un organismo a través del cual la vida según la Regla, es, en primer lugar, posibilitada, después
racionalizada, y por último simbolizada80. Es un espacio que se
construye a partir de las necesidades funcionales, y también espirituales, de sus habitantes. Cada casa regular es, de este modo, el reflejo de la religiosidad de cada orden, pero es también, al mismo tiempo, un vehículo de comunicación de su mensaje espiritual.
1.14. Las casas monástico-conventuales
El clero regular tuvo, como hemos visto, diferentes características y diferentes valías, que fueron obviamente llevados a sus casas. Estas son, por tanto, no sólo el espejo sino también el lenguaje, la forma con que cada comunidad comunica con el