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¿POR QUÉ CONFIAMOS EN LOS LIBROS DE TEXTO? UNA TRAMA ENTRE ESTUDIANTES Y PROFESORES DE HISTORIA

1. Libros de texto: una confianza construida en la larga duración

¿POR QUÉ CONFIAMOS EN LOS LIBROS DE TEXTO? UNA TRAMA ENTRE ESTUDIANTES Y PROFESORES DE HISTORIA

Massone, Marisa1

1Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Instituto de Historia Argentina y Latinoamericana “Dr Emilio Ravignani”, Argentina [email protected] En un contexto de “ebullición cultural”, entre la cultura letrada y la cultura digital estudiantes y profesores siguen confiando en los libros de texto en la historia escolar. ¿Cómo se construye esa confianza? ¿cuál es el lugar de estos materiales en la enseñanza de la historia? ¿qué usos de los libros de texto despliegan los profesores? Esta comunicación se propone responder a estas preguntas y para ello recurrimos al entrecruzamiento de una selección de datos cuantitativos, correspondiente al Proyecto Residente, y cualitativos, a la tesis doctoral “Enseñar a leer y escribir en Historia hoy: los cambios escolares en un contexto de transición cultural”.

Metodológicamente, dicha tesis optó por un estudio de casos de seis profesores de la Ciudad de Buenos Aires que involucró la realización de encuestas, observaciones no participantes de clases, entrevistas en profundidad a profesores y análisis de fuentes normativas, pedagógicas y áulicas entre 2017 y 2018.

1. Libros de texto: una confianza construida en la larga duración

La adhesión al libro de texto constituye una certidumbre de los profesores de historia de todos los tiempos. Informes oficiales, materiales educativos, fuentes normativas (como las legislativas y las curriculares), entrevistas a usuarios y libros pedagógicos destinados a maestros o profesores ratifican su extraordinaria vigencia como objeto de lectura en la historia escolar hasta la actualidad (Massone, 2020). Entre muchas otras, puede escucharse la voz primigenia de Ricardo Rojas quien producto de su misión oficial destinada a estudiar los sistemas de enseñanza de la historia en Europa en 1907 publica dos años después “La Restauración Nacionalista”. Allí subraya el valor de los libros de texto como el material didáctico principal para la tarea del profesor de historia:

Pero el mejor maestro nada conseguirá en tal sentido, si no se le provee del material didáctico que sirve para la formación del sentido histórico, sin el cual todo estudio de historia es en absoluto inoficioso y falaz, pues el sentido histórico consiste en la representación imaginativa de la idea del tiempo.

Démosle, pues, al profesor de Historia el material didáctico necesario para encarnar la realidad del pasado, pues toda esa imaginería es tan apta para ello, que con máquina análoga, el dramaturgo da a sus ficciones en la escena las apariencias de la verdad. (…) Esa representación del pasado obtiénese por diversos medios. El principal de todos es el texto de clase. Este guarda el elemento verbal del pasado: las fechas, los nombres, el encadenamiento lógico o dramático de las causas y los efectos, los actos en fin. Ese libro puede ser el manual, que nosotros hemos usado hasta ahora casi exclusivamente, y también el volumen con hojas facsímiles de documentos como el original de la Carta Magna, el acta de nuestra Independencia, el Tratado de Westfalia. (Rojas, 1909: 67).

¿Sigue vigente este lugar en el actual contexto de la cultura contemporánea? ¿Por qué?

¿De qué modo? Ante la pregunta sobre cuáles formas en las que se presenta la Historia confían más, los estudiantes entre 15 y 16 años encuestados respondieron lo siguiente en las muestras correspondientes a Argentina y Ciudad de Buenos Aires respectivamente:

Gráfico 1: ¿En cuáles formas en las que se presenta la Historia confiás más?.

Fuente: Datos del Proyecto Residente correspondientes a la Argentina, 2019. Organizados por la autora.

Gráfico 2: ¿En cuáles formas en las que se presenta la Historia confiás más?.

Fuente: Datos del Proyecto Residente correspondientes a la CABA, 2019. Organizados por la autora.

Entre los materiales escolares jerarquizados por los estudiantes (luego de los documentos y vestigios, huella del “culto a los documentos” propio de la impronta academicista de la historia escolar), los textos escolares ocupan un segundo lugar. Se trata de una confianza que transmiten

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los propios profesores considerando la experiencia sobre la práctica del oficio construida a lo largo de su formación inicial, su socialización profesional y su formación contínua.

Además de considerar los promedios de confianza de los diversos ítems del punto 5 de la encuesta del proyecto Residente, desagregando el ítem 5.1 puede observarse que tanto en la Argentina como en CABA los estudiantes simplemente confían en estos materiales.

Argentina Ciudad de Buenos Aires

Fuente: Datos del Proyecto Residente correspondientes a la CABA, 2019. Organizados por la autora.

Esta confianza también puede explicarse a partir de una de las características del código disciplinar de la historia: el libro de texto cumple una función clave como elemento de evaluación. Por un lado, los profesores eligen libros de texto para el estudio de los temas en época de evaluaciones, porque funcionan como resguardo de los contenidos por evaluar, como material básico de referencia y como “garantía de conocimiento confiable” (Massone, Romero y Finocchio, 2014). Así lo expresa una de las profesoras encuestadas al preguntarle por qué elegía trabajar con libros de texto: “Porque lo tienen de seguridad a la hora de evaluar, de confiabilidad de la información, por suerte”. En la misma dirección y como modo de preparación para la evaluación, en una observación de clase el profesor Pablo señala: “No voy a tomar nada que no esté en el texto”. Por otro lado, el libro de texto cobra una presencia subterránea, no visible, pero fundamental para evitar la subjetividad en la corrección de los exámenes tal como propone Javier Merchán Iglesias en su libro “Enseñanza, examen y control. Profesores y alumnos en la clase de Historia”:

Será preferible preguntar por los aspectos del contenido que quedan registrados por escrito, bien sea en los apuntes dictados por el profesor, o bien en el libro de texto; ello en detrimento de los aspectos que son objeto de comentario en las clases (las cuestiones de actualidad, por ejemplo) pero que no aparecen en el libro de texto o no son dictados, ya que a la hora de corregir y calificar las respuestas es mejor disponer de referencias escritas con las que contrastarlas. (Merchán Iglesias, 2001: 321).

El mismo autor señala que, en este sentido, los alumnos generalmente también prefieren que el enunciado de las preguntas de los exámenes sea el mismo que el de los epígrafes del libro de texto. Se trata de un modo de tener claramente delimitado lo que es preciso saber para aprobar.

En el contexto cultural actual, sin embargo, esa certidumbre de los profesores de historia de todos los tiempos que es la adhesión al libro de texto, está transformándose. Como ayudas escolares –

concepto acuñado por Knudsen (2013)-, los libros de texto continúan desempeñando un rol importante en la planificación anual y en vida cotidiana de clases tanto para los docentes como para los estudiantes. Sin embargo, los profesores estudiados valoran su uso para los estudiantes que inician la escuela media. Producto de diversas tácticas presentadas como criterios propios o institucionales, los profesores suelen recomendar el uso de libros de texto solo a los estudiantes de primero y segundo año. Para ellos, los libros resultan herramientas de referencia y organización para iniciarse en el estudio de la historia escolar. Para los más grandes prescriben la lectura de fotocopias de libros de texto combinadas con fragmentos de libros académicos, de divulgación u otros materiales. Es que existe una desconfianza en su uso como única fuente de la enseñanza. Los profesores prefieren el trabajo con diversas fuentes que incluye el uso de diversos textos escolares. Alan Purves (en Johnsen, 1996) ubica la difusión de una fama ambigua en torno a los libros de texto a finales de la década de 1980. Muchos profesores no los solicitan anclados en sus propias concepciones sobre éstos. Críticos del texto único, entienden el uso de fotocopias como el medio para incluir diversas voces y debates en la enseñanza de la historia. Es una idea que se hace propia en la formación inicial de profesores, asociada con la visión de los académicos sobre los libros de texto, tal como evidencia el profesor Francisco al mismo tiempo que asume sus límites:

Siempre me gustó tener mi propio material. Yo… no sé, creo que es una cosa también de formación de Puán31, que siempre leímos… [se corrige] Nuestra forma de ver la historia es leyendo textos originales y lo menos masticado posible, que también tiene sus cosas contraproducentes porque nos cuesta mucho ver el valor del manual, eso lo he aprendido. (Entrevista realizada el 20 de marzo de 2019).

También consideran que el uso del libro les quita protagonismo a los profesores y a los estudiantes, en el proceso de enseñanza y aprendizaje (Verón, 1999). De este modo, descartar el uso de libros de texto constituye un prerrequisito para alcanzar la independencia como docente (Jonhsen, 1996), una representación muy presente en la pedagogía crítica de Michael Apple y seguidores de habla hispana como Jaume Martínez Bonafé. Es así como estos libros resultan necesarios pero no suficientes, particularmente para los estudiantes de los últimos años de la escuela media. Asimismo, el contexto de algunas escuelas, particularmente las públicas, condiciona la compra de ejemplares nuevos al mismo tiempo que los profesores suelen confiar en un texto escolar por un tiempo largo y no siempre lo utilizan de manera completa. A su vez, tales prácticas docentes se articulan con un mercado editorial que, determinado por la lógica de producción de novedades, no asegura la misma oferta de textos cada ciclo lectivo. Es en este escenario en el cual los profesores, los más interesados en los libros de texto y quienes más intensamente se ocupan de ellos, disminuyen la prescripción de estos libros.

Los profesores ponen en juego diversos saberes para planificar con libros de texto y recetarlos.

Se trata de saberes pedagógicos, acerca de qué es un libro texto, saberes disciplinares, cuando deciden “abrir” el texto escolar a otras lecturas a partir de nuevos conocimientos historiográficos, saberes didácticos sobre el enfoque de la enseñanza de la historia y reflexiones sobre el papel de la lectura de diversos lenguajes en esta disciplina escolar. En el despliegue de estas prácticas de lectura utilizan libros en su nuevo tipo, las fotocopias, tal como desarrollaré en el próximo apartado.

31 Refiere a la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, ubicada en la calle Puán.

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