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El Estado y los programas de salud para pueblos indígenas: ANAHI y Medicos Comunitarios

Programa de Apoyo Nacional de Acciones Humanita-rias para las Poblaciones Indígenas (ANAHI)

El programa ANAHI4 fue creado en el año 2000 y ha tenido como objetivo mejorar la calidad de la atención médica, las condiciones de acceso a los servicios de salud y desarrollar actividades de prevención y participación comunitaria y capacitación de agentes sanitarios indígenas en el marco de pautas interculturales. Este programa apela a un enfoque de interculturalidad, según sostiene el Ministerio de Salud, y los agentes sanitarios indígenas constituyen un nexo fundamental con la comunidad al facilitar el acceso de las comunidades a la salud pública.

Según Lorenzetti (2010, p. 9) “El impulso a relanzar un “programa especial” apelando al reconocimiento de pautas culturales y creencias ancestrales descansaba, entonces, en concebir al indígena como

“facilitador intercultural” que contribuiría a limar las “interferencias”

que estarían impidiendo la accesibilidad a los servicios de salud. La retórica de tornar los programas “participativos” aparecía con fuerza.

En ese marco, el indígena, como portador de un “capital social”, era invocado para ser incorporado en la gestión de las intervenciones, atribuyéndole capacidad para el cambio”. El programa se desarrolló en algunas provincias (Jujuy, Salta, Tucumán, Chaco, Formosa y Misiones) logrando resultados desiguales y generando cuestionamientos en torno a la forma de acercamiento a las comunidades indígenas.

4 El programa ANAHI es sucesor de un programa que fue creado en 1993 en las zonas de riesgo por el cólera que fue denominado “Fortalecimiento de la Atención Primaria de la Salud en Comunidades Aborígenes”.

Programa Nacional de Médicos Comunitarios

Es un programa que forma parte del Plan Federal de Salud como un área de fortalecimiento de la Atención Primaria a la Salud, y que surge en el año 2005 pero cuya duración fue menor a los dos años.

Este programa intentó un abordaje intercultural basado en el respeto por la especificidad cultural de los pueblos indígenas. Se conformaron 16 equipos interdisciplinarios que incluían 2 médicos, 1 enfermero, 1 obstetra, 1 trabajador social y 1 antropólogo y el programa se estableció en 11 provincias del país. Se creó un “Posgrado en Salud Social y Comunitaria orientado a Pueblos Originarios” y se brindó capacitación en Buenos Aires a los equipos. Este programa confrontó serios problemas en las comunidades como ser la falta de alimentos y pobreza estructural que limitaba la posibilidad de mejorar la situación nutricional de la comunidad. A nivel comunitario, el equipo concentró sus actividades en brindar información y atención materno-infantil, atención médica ambulatoria, y articulación entre los distintos centros de salud como ser el hospital, y el CAPS comunitario (LORENZETTI, 2010, p. 59). Este programa realizaba reuniones en las comunidades y planeaba actividades en torno a la salud materno-infantil, sin embargo la falta de recursos económicos, insumos, y una formación más específica para enfrentar situaciones en terreno distaba de facilitar la labor del equipo.

Tanto el programa ANAHI como el de médicos comunitarios incorporaron a agentes sanitarios indígenas, algunos de los cuales aún no tenían la adecuada capacitación y además, su situación laboral era precaria (en cuanto a contratos y salarios). Al mismo tiempo, como estos programas no tuvieron continuidad, fue limitada su operatividad en las comunidades indígenas.

Asimismo los programas de salud que dependen del Ministerio de Salud a nivel nacional, no coordinan las actividades entre sí o con los programas de salud locales, y además no se produce el seguimiento necesario. De igual forma, se observa una ausencia de sistematización en los datos epidemiológicos, y no se cuenta con suficientes datos desagregados por grupo indígena – lo cual constituye un insumo fundamental para la elaboración de políticas y programas de salud. En suma, la cobertura de salud con mayor efectividad es la que se realiza a través de los hospitales zonales y los centros de salud periféricos, a los cuales llegan los pacientes, y a través de los cuales se realizan derivaciones en casos de gravedad.

Los agentes sanitarios indígenas y no indígenas constituyen un importante nexo articulador entre lo local, es decir la comunidad y el hospital, pero también es limitado lo que pueden realizar por la misma limitante de su formación, y por su falta de poder en la toma de decisiones. Asimismo, como indica Lorenzetti (2010), recae sobre los agentes sanitarios indígenas una doble y tensa presión: ser miembros de sus comunidades y un nexo con el sistema de salud pública, como ser también parte de ese sistema de salud pública que debe transmitir determinados preceptos y prácticas del Ministerio de Salud que son gestados en otros ámbitos y que desconocen la realidad local.

A nivel local y micro, hay varios casos en el país en los cuales se han producido notables mejoras en la salud de la población a partir del trabajo realizado por médicos rurales, con el apoyo de las comunidades y de los agentes sanitarios. Estos equipos han llevado a cabo proyectos de atención y mejoramiento de la salud, abordando las necesidades locales y tomando en cuenta la especificidad cultural. Estos casos si bien son limitados, han mostrado la posibilidad de realizar cambios, resultando em la mejora de las condiciones de salud desde un enfoque intercultural, con los recursos del Estado.

Algunos ejemplos de este tipo de intervención incluyen: el trabajo del Dr. Tomás Torres como médico y director del hospital de Iruya (en la provincia de Salta), quien trabajó con los agentes sanitarios para lograr una reducción de la mortalidad materno-infantil incorporando las necesidades y las prácticas culturales de las mujeres (TORRES ALIAGA; TORRES SECCHI, 2010). Otro caso es el de la capacitación de parteras indígenas llevadas a cabo en la provincia del Chaco entre mujeres wichí y tobas, financiado por Unicef y a cargo del antropólogo Marcelino Fontán (1999) que ayudó a mejorar el parto hospitalario y disminuir la mortalidad materna, o el trabajo del Dr.

Esteban Maradona que trabajó en comunidades wichi, toba, mocoví y pilaga, y ayudó a reducir la incidencia de mal de Chagas y lepra. Estos ejemplos son casos aislados y, por lo tanto, no constituyen políticas de salud hacia la población indígena que logren cambiar estructuras de exclusión, pero ejemplifican que, aún dentro de ciertos contextos, es factible realizar cambios y mejoramiento de la situación sanitaria que contemplen un pleno respeto a la especificidad cultural y las prácticas de la población local.