Envejecimiento biológico
Biológicamente, el envejecimiento es una ocurrencia natural, un proceso dinámico, heterogéneo y progresivo. Según Rodríguez y Hernández (2006) y Dziechciaż y Filip (2014) comienza después de la madurez, caracterizado por cambios en el metabolismo y en las propiedades fisicoquímicas de las células con posterior alteración en su autorregulación, regeneración y pérdida de la capacidad funcional o funcionamiento anormal. Así, se presenta un descenso gradual de las distintas funciones biológicas y con diversos cambios estructu- rales en el organismo. Este proceso dependiente del tiempo, ocurre a un ritmo individual difiriendo de sujeto a sujeto e incluso en los diferentes órganos y tejidos corporales.
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Al respecto, Govindaraju, Atzmon y Barzilai (2015) refieren que durante el proceso de envejecimiento, los cambios individuales específicos de todo el sis- tema se inician en la etapa cigótica y progresan hasta la muerte. Estos cambios se acumulan progresivamente ocasionando un desgaste a lo largo del curso de la vida, lo que es descrito como “fragilidad”.
Dentro de las principales consecuencias del proceso envejecimiento están:
(1) los efectos sistémicos como cambios de la composición corporal, (2) el desbalance entre la producción y la utilización de la energía necesaria para los procesos y actividades vitales, (3) la desregulación homeostática que incluye el sistema complejo de hormonas, mediadores inflamatorios, antioxidantes, y (4) la neurodegeneración asociada a una disminución cognitiva gradual e in- dividual, en dependencia a la neuroplasticidad, como la capacidad de reorga- nización y compensación del cerebro. Estas causan una mayor susceptibilidad a la enfermedad, una salud inestable, reducción de la reserva funcional, de la capacidad de recuperación y pueden originar un círculo vicioso entre multi- morbilidad y fragilidad (BEKTAS et al., 2018).
Bilder (2016) se refiere a la complejidad de este proceso que se explica en una diversidad y multiplicidad de teorías, siendo las evolutivas; aquellas que buscan una explicación del envejecimiento que va más allá de ser un proceso programado. De esta manera, envejecer no es una proceso adaptativo, es un efecto secundario de evolución en dependencia de variantes genéticas bene- ficiosas que refuerzan la buena forma física y la reproducción; además de la evolución del grado de mantenimiento y los sistemas de reparación de daños intrínsecos y extrínsecos que influyen directamente en la vida de la especie.
En el ser humano, el envejecimiento se produce por un proceso acumu- lativo de interacciones entre las distintas influencias (herencia, el ambiente, las características culturales, la dieta, el ejercicio, las enfermedades previas y muchos otros factores) a lo largo de la vida (RODRÍGUEZ; HERNÁNDEZ, 2006). Por tanto, una serie de factores modificables y no modificables cons- truidos en contextos socioculturales específicos y que determinan la expe- riencia individual y colectiva de envejecer, siendo un fenómeno que solo los sucesos fisiológicos no podrían explicar.
Envejecimiento psicológico
Existen diversas teorías del envejecimiento que estudian los cambios psi- cológicos como resultado del envejecimiento y aquellos mecanismos psicoló- gicos adaptativos que son utilizados por los sujetos, o incluso la falta de ellos, para afrontar las pérdidas asociadas al proceso de envejecer.
Entre los aportes que realizan esas teorías, se destacan las premisas de que (1) el desarrollo humano y el aprendizaje están presentes a lo largo del ciclo vital, incluyendo en el envejecimiento, donde las ganancias son posibles; (2) Una persona que envejece con éxito puede redefinir sus metas personales para adaptarse a la pérdida natural de recursos; (3) La experiencia de las emociones negativas genera un impacto en el bienestar mental y físico, siendo que el adul- to mayor aprende a regular los conflictos y emociones a través del desarrollo de estrategias de control usando la virtud de la sabiduría; y, (4) Con el avance de la edad, una selectividad socioemocional permite una preferencia hacia la información positiva e interacciones sociales gratificantes (WERNHER; LIP- SKY, 2015).
Sin embargo, los sujetos pueden enfocar su envejecimiento con una pers- pectiva de pérdidas siendo que los recursos psicológicos adquiridos a través de los años permiten una experiencia diferenciada de envejecer por medio del desarrollo de mecanismos de afrontamiento que permiten una adaptación a los cambios y desafíos propios de este proceso. Igualmente, como es referido por la Organización Mundial de la Salud (OMS): “Hombres y mujeres que se preparan para la vejez y se adaptan a cambios hacen un mejor ajuste en su vida después de los 60 años” (WHO, 2005, p. 27).
Al respecto, una revisión sistemática identificó las principales pérdidas y las estrategias de afrontamiento utilizadas por adultos mayores para lidiar con el envejecimiento y la muerte; las cuales pueden generar resultados tanto favo- rables como desfavorables para la salud. Los autores refieren:
[…] las principales pérdidas fueron: pérdida de la sa- lud y/o de la capacidad física; pérdida de la funciona- lidad; pérdida en la calidad de las relaciones emocio- nales; muerte de los seres queridos; menor integración social; reducción de bienes materiales; pérdida finan- ciera; reducción de la cognición; pérdida de la sensa- ción de dominio; pérdida de la sensación de ser útil;
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reducción del bienestar subjetivo y de la calidad de vida. Las estrategias de afrontamiento utilizadas frente a las pérdidas del envejecimiento y la muerte fueron:
luto anticipado, deseo de morir, soledad, sumisión, ne- gociación, acomodación, búsqueda por soporte social, búsqueda por confort espiritual y de vivir el presente.
(RIBEIRO et al., 2017, p. 880).
Dentro de este abordaje, Martin, et al., (2014) y Carver y Buchanan (2016) se refieren al concepto gerontológico de “envejecimiento exitoso”, definición que busca superar los constructos biomédicos por medio de enfoques recien- tes para integrar los aspectos físicos como longevidad, independencia, fun- cionalidad, presencia de enfermedad, funcionalidad cognitiva, salud mental;
a los componentes psicosociales como la satisfacción con la vida, sentido de propósito, la autoevaluación positiva de la salud y del envejecimiento, opti- mismo, resiliencia, recursos psicológicos, capacidad de adaptación, compro- miso activo con la vida, autoeficacia, actividad social, autoestima, y bienestar social. De esta forma, es multidimensional y adultos mayores con enfermeda- des o discapacidad pueden experimentar un envejecimiento exitoso.
Envejecimiento social
Diferentes cambios acontecen en la etapa de la vejez, los cuales influyen en la salud física, la salud mental y la calidad de vida. Así, se retoma el concepto de edad social que “es definida por la obtención de hábitos y estatus social por el individuo para ocupar los muchos papeles sociales o expectativas en rela- ción a las personas de su edad, en su cultura y en su grupo social” (SCHNEI- DER; IRIGARAY, 2008, p. 590). Dziechciaż y Filip (2014) refieren que cada sujeto dentro de su contexto tiene roles definidos que en la vejez se pierden, continúan o se modifican; además, de aparecer nuevos roles y cambios en su estilo de vida secundarios a pérdidas como la muerte de familiares y amigos, abandono del hogar de los hijos y reestructuración de la familia, pérdidas de la salud y pérdida de la “vida productiva” después de la jubilación.
Según la OMS (WHO, 2005) en la tercera edad aumenta la vulnerabilidad de los sujetos a la soledad y el aislamiento social, a ser víctimas de violencia y malos tratos, a la pobreza, enfermedad y muerte. Por ello, es esencial el
desarrollo de políticas públicas que provean y protejan a individuos y colec- tividades con mejores condiciones socioeconómicas para experimentar pro- cesos de envejecimiento con salud, bienestar y calidad de vida, respetando su identidad, su historia social, cultural y disminuyendo sus desigualdades.
Igualmente, como lo refiere Minayo y Coimbra: “los factores que contribuyen más y mejor para diferenciar la vivencia del envejecimiento son las redes de apoyo social y comunicación, con énfasis en la solidaridad familiar” (2002, p. 14).
Uno de los aspectos sociales que influyen en el envejecimiento es el ima- ginario social que atribuye significado a la vejez estableciendo estereotipos basados en la valorización de la juventud y su capacidad de “producción y posición socioeconómica”; según Oliveira, Scortegagna y Oliveira (2014), mu- chos adultos mayores se niegan a aceptar su edad, su propia existencia, para ser socialmente aceptados; además de creer que sus posibilidades de acción y participación se agotan cada vez más.
Los medios de información y comunicación constituyen un factor funda- mental en la construcción y posicionamiento de las representaciones sociales del envejecimiento con una orientación actual que contribuye al fortaleci- miento de una imagen positiva de la vejez por medio de divulgación de infor- mación y aumento de la participación de adultos mayores, en un esfuerzo de invertir la carga de las pérdidas asociadas a esta etapa. Pero, aun se evidencia su baja representatividad y la superficialidad de temas relacionados a su edad, además de persistir algunas visiones negativas en relación a las vulnerabilida- des que experimentan como malos tratos, bajos valores recibidos de la jubila- ción, la enfermedad, entre otras (AREOSA; BENITEZ; WICHMANN, 2012).
Igualmente, debido al rápido crecimiento poblacional, muchas institucio- nes sociales comenzaron su intervención para promover acciones de partici- pación, visibilidad e inclusión de los adultos mayores pasando a ser una cues- tión abordada en la esfera pública. Con eso, en forma gradual y aun necesaria de mejorar, sujetos que experimentan su proceso de envejecimiento iniciaron una transformación de la imagen y las cargas negativas de la vejez, la adop- ción de nuevos roles, de conquista de beneficios y la construcción de nuevos sentidos de envejecer.
Desde el enfoque de la sociología del envejecimiento, según Minayo y Coimbra (2002), cuatro puntos son esenciales de resaltar: (1) el envejecimiento
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como híbrido biológico-social y la etapa de la vejez siendo una categoría so- cial y culturalmente construida; (2) la vejez puede ser auto-asumida como problema en la medida en que los sujetos sufren por causa de ella y el imagi- nario social que la define; igualmente, el Estado, regulador del curso de la vida en la sociedad contemporánea, construye la idea de la vejez como un peso y problema social; (3) el fenómeno del envejecimiento debe ser focalizado posi- tivamente para el desarrollo humano y pensar la vejez como cuestión pública reorganizando las estructuras sociales que la permean; (4) el adulto mayor es un nuevo actor individual y colectivo que comenzó a redefinirse socialmente.
Desde otro punto, de acuerdo a Dulcey-Ruiz (2010) entendiendo la cultura como la forma de relación entre los seres humanos y sus contextos a través de la cual interpretan su mundo y orientan su comportamiento; las represen- taciones culturales de envejecimiento y vejez corresponden a diversas inter- pretaciones a través de las diferentes épocas y entornos culturales, que osci- lan entre lo milagroso y lo atemporal, además de una alta carga de visiones estereotipadas, prejuiciosas y evasivas, incluso en el presente, a pesar de las transformaciones demográficas, el avanzo en los estudios sobre envejecimien- to humano, las prácticas sociales y las políticas públicas enfocadas hacia una población envejecida.
Es necesario transformar aquellas percepciones y conceptos para evitar una perpetuación de la marginalización, carga negativa de la vejez y mejorar el cuidado del adulto mayor, resignificación que debe partir del estudio de cómo los sujetos atribuyen significado al envejecimiento, la manera como integran estas percepciones a su experiencia y su orientación de comportamientos al respecto. Esta perspectiva holística permite la interpretación y el abordaje del envejecimiento como fenómeno universal que genera problemas comunes, en la cual las personas y comunidades poseen estrategias adaptativas diferentes en relación a su contexto social y cultural (UCHÔA, 2003).