1.5 La subjetividad levinasiana: el paso “de la existencia al existente”
1.5.1 La soledad del yo
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En el principio hay una cuestión fundamental a partir del cual el judío comprende la realidad. Él tiene siempre delante de sí el primer versículo de la Biblia: “En el principio Dios creó el cielo y la tierra”120. Crear es crear algo fuera de sí, es decir, sin necesidad ni dependencia respecto del creador. Existe una distancia dada por la propia palabra creadora y ordenadora de la creación. Dios no entra en la creación, pero ha creado a alguien que es capaz de escucharle en la distancia, a través de una respuesta a un llamado. Un ser único respondiendo al Único que, como Él no puede entrar en una síntesis. Es lo que él llama el ser ateo, ser separado. Este ser separado se revelará en las obras que vamos a estudiar a continuación. “De la existencia al existente”
(EE)121 y “El tiempo y el otro” (TA)122 nos revelarán que la existencia es soportada por un existente. Éste al mismo tiempo se revelará como pasividad y no como mera posibilidad, tal como acontece en Heidegger, pues la existencia sin rostro es impotencia, soledad, tal como se describe a Adán en el comienzo del libro del Génesis. Esa existencia va a ser descrita en el siguiente apartado.
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de la huida del sí mismo, siempre en busca de la alteridad que lo libere. Siempre a la espera de la exterioridad liberadora.
La noción del “hay indeterminado” (Il y a)125 nos ayuda a comprender el aparecer del existente. Ella muestra la posición del hombre en el mundo. En el apartado de la “Existencia sin existente”126 Levinas imagina la vuelta a la nada. Es la experiencia de la noche como experiencia del “hay”. En la experiencia anónima de la noche se da un ser impersonal. En la “noche del hay”
no percibimos propiamente un objeto, porque las formas se desvanecen, no hay propiamente una cosa, pero hay algo. Es una ausencia cargada de presencia donde la exterioridad rompe con la interioridad. La relación sujeto-objeto no es posible. “La desaparición de todo y la desaparición del yo remiten a lo que no puede desaparecer, al hecho mismo del ser en que se participa, se lo quiera o no, sin haber tomado la iniciativa, anónimamente”127.
En el anonimato “del hay” se pierde toda perspectiva y se provoca en nosotros la inseguridad. El “hay” se convierte en una amenaza. En la noche del “hay indeterminado” estamos entregados al ser y la conciencia pierde su subjetividad. Esta pérdida “nos remite a la ausencia de Dios, a la ausencia de todo ente”128. Es la imposibilidad de huir de la existencia. Antes que el
“miedo a la nada” lo que hay es “el miedo al ser”, porque el ser representa el horror de la indeterminación. Lo que preocupa no es la nada, sino la imposibilidad de salir del ser.
“En el fin del mundo”, lo que aparece no es ni la nada ni la muerte, ni el “yo pienso”,
“sino el hecho anónimo del ser”129. No se trata propiamente de una relación, porque en el anonimato del ser no aparece un ente concreto, sino el “impersonal hay”. Se descubre la existencia como ya siendo, por eso está fuera del ámbito del conocer y de la afectividad. No hay separación entre el existente y su existencia, sin embargo hay una dualidad (adherencia y separación). El existente descubre su existencia separada del “ser en general”. Existir no es relación con el mundo. Es nacer “fuera del mundo”, es “un acontecimiento de nacimiento”130.
125 El término “hay indeterminado” o simplemente “hay” es la traducción del término francés Il y a. El mismo Levinas nos explica la comprensión de este concepto: “«hay» es para mí, el fenómeno impersonal: «ello». Mi reflexión sobre este asunto parte de recuerdos de la infancia. Uno duerme solo, los mayores continúan la vida; el niño siente hondamente el silencio de su dormitorio como
«ruidoso»”. LEVINAS, Emmanuel. Ética e Infinito. Madrid: A. Machado Libros, 2015, p. 43-44.
126 Id., De la existencia al existente, p. 69-77.
127 Ibid., p. 70.
128 Ibid., p. 73. Levinas se está refiriendo aquí al caos originario del libro del Génesis.
129 Ibid., p. 23.
130 Ibid., p. 24.
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En dicho nacimiento, el existente ya está de cara al ser, por eso “la dualidad de la existencia y el existente”. Dicha dualidad se debe a que la existencia ya está dada de antemano.
Es el asombro de estar ya existiendo:
El asombro no se produce en relación con el orden cualquiera más natural que la naturaleza, sino simplemente ante lo inteligible mismo. Su extrañeza podríamos decir, atañe a su carácter mismo de hecho; al hecho de que hay existencia. La cuestión de ser es la experiencia misma del ser en su extrañeza131.
En la relación entre la existencia y el existente se nos muestra la realidad de la hipóstasis, es decir, cómo aparece un existente en el seno “del ser en general”. De esta manera, Levinas se mete en el interior de la reflexión heideggeriana, para luego desde dentro hacer estallar sus argumentaciones. Es lo que mutatis mutandis se llama la toma de Grecia por parte de Jerusalén. En la soledad del existir emerge el “hay impersonal”, sin contenido, que no es “ni sujeto ni sustantivo”132. Aquí se confronta con la imposibilidad de la nada, incapacidad de huida como en el caso de insomnio.
Caer en la cuenta del “Hay” en la soledad radical es ya la constatación de la relación única del existente con su existir. El existente se descubre ligado a su existir que es intransferible, es el “fondo indeterminado” que, sin embargo no puede ser aprehendido con categorías como el ser y la nada, porque no es propiamente tal. El existente tiene una relación única con su existir, es una posesión que es poder, un poder que es libertad, instante absoluto, comienzo sin comienzo.
La inseparabilidad radical conlleva una responsabilidad por el propio existir del existente. “Su libertad está limitada inmediatamente por su responsabilidad. En eso reside su enorme paradoja: un ser libre que ya no es libre porque es responsable de sí mismo”.133 Estamos delante de la materialidad propia del ser humano que exige responsabilidad con la propia identidad, porque está encadenado a sí mismo. La posición del existente nunca es neutra porque él ya descubre su existencia como una tarea a ser asumida, “empeño por permanecer en el ser”.
El interés de Levinas en estas reflexiones es encontrar una salida del ser (sí mismo) que no sea por la vía del conocimiento. “En el conocimiento siempre hay una adecuación entre el pensamiento y lo que éste piensa. En el conocimiento hay, al fin y al cabo una imposibilidad de
131 LEVINAS, De la existencia al existente, p. 25.
132 LEVINAS, El tiempo y el otro, p. 84.
133 Ibid., p. 93.
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salir de sí; por tanto, la socialidad no puede tener la misma estructura que el conocimiento”134. En el ser no hay salida, porque abarca todo. No hay posibilidad para la pluralidad.
La materialidad del existente ligado a su existir, lejos de ser una tragedia o una caída, representa más que nada la búsqueda de la salvación. La materialidad cotidiana es la manifestación de un ser que se descubre insatisfecho (incompletud). La vida cotidiana es expresión de la soledad que acompaña el existir del existente preocupado por su salvación.