INDEXED
M
ENSAJE
DEL DIRECTOR
L
A CULTURA COMO FACTOR DE CAMBIO
Enlas discusiones y consideraciones sobre la salud y el desarrollo rara vez se hace referencia a la influencia de la cultura. Me refiero, en este contexto, al conjunto de valores e instituciones sociales que de algún modo regulan el comportamiento de los individuos, grupos y sociedades. Es obviamente un factor importante, ya que condiciona las expectativas,reacciones, acciones y decisiones, y la forma en que estas se expresan en relación con la salud, la enfermedad, el trabajo y demás aspectos de la vida diaria.
En los países de América Latina, ciertos rasgos culturales determinan una actitud de indiferencia hacia el trabajo, la responsabilidad y la participación. Esta disposición limita la agilidad con que podrían efectuarse las transiciones y ajustes necesarios para mejorar la situación de salud y darle ímpetu al desarrollo. Paradójicamente, para poner en marcha estos procesos que necesariamente implican innovaciones en la cultura, se requiere una fuerte identidad cultural en el sentido de pertenecer y de tener la autoconfianza y la capacidad para actuar. La proposición es bastante compleja: recuperar los valores de la tradición para reforzar el principio de identidad que potencie nuestra confianza y seguridad, de forma que podamos cambiar.
La salud es una de las perspectivas de la vida humana más directamente relacionada con el comportamiento y, por lo tanto, más dependiente de la cultura que la condiciona. Sin embargo, la mayoría de las personas consienten en alterar los
comportamientos que ponen en riesgo su salud y la de su familia. Esta tendencia se puede extender del individuo a grupos sociales más amplios y de la salud a otros aspectos de la vida. Es un principio útil para promover la evolución de la cultura o, por lo menos, la conciencia de que es necesario cambiar, no solo frente al riesgo de enfermedad sino también a la manera en que se organiza y se utiliza la prestación de servicios de salud y de otros sectores. Se trata de un proceso lento, que no debe forzarse, e implica una estrategia educativa que condicione el cambio mediante la creación de un marco intersectorial de espacios para la discusión en instituciones locales. Además, antes de iniciar cualquier acción, es esencial conocer las normas que rigen la conducta de los diversos grupos. Ese conocimiento servirá como trampolín para el examen de las creencias y modos de vida que limitan o facilitan las oportunidades de salud y desarrollo. El objetivo principal es influir en el aprendizaje social, pues es dentro de la familia y de los grupos de interacción cotidiana donde se manifiestan poco a poco las nuevas tendencias que terminan por ser obedecidas, si no como ley, como reglas sociales legitimadas por
aceptación consensual.
Recuperar los valores tradicionales y promover su utilización para dinamizar el s proceso de transformación es un asunto delicado. Sería contraproducente exagerarlos hasta el iz punto de fomentar solamente su permanencia. Por un lado, hay que preservar los valores que s afirmen esa identidad mínima necesaria para actuar en conjunto, como sociedad, como país y .$ como región, en beneficio de nuestro propio futuro. Por otro lado, tenemos que identificar s
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aquellas modalidades culturales que nos
inmovilizan, para desecharlas, modificarlas o 3 adaptarlas a las reformas que necesitamos. Al õ Q recuperar lo que es propiamente nuestro,
podremos sentirnos más seguros para determinar