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El problema de la lepra en los Estados Unidos

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Academic year: 2017

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El Problema de la Lepra en los Estados Unidos

Por el DR. 0. E. DENNEY”

Que la lepra existe actualmente en los Estados Fuidos y que ha existido durante muchos años, es una perogrullada qvc rara vez se

le ocurre al promedio de las personas, hasta que algunos encabe- zamientos de periódicos le llaman la atención a un infortuna.do que padece dicha terrible enfermedad. Entonces, tlespuk de consa- grarle cierta atención histérica a dicho asuuto durante algunos días, la cuestión vuelve a olvidarse temporalmente.

El problema de la lepra se ha considerado importante en algunos Estados de la Unión Americana, a causa de su existencia en comar- cas vecinas probladas por descrndientcs de algunos do los primeros colonizadores, y también por el hecho be que su propagación allí se debe a ciertos factores que no se conocen bien. A falta de mejores razones, se consideran como causas de dicha enfermedad la predis- posición etnológica o de familia, los hábitos y costumbres locales y

otras causas semejantes. En otros Estados, sobre todo en aquellos que tienen grandes puertos marítimos, la lepra se dcssrrolla entre los inmigrantes qur han logrado entrar al país sufriendo ya la ex- presada enfermedad en un período o forma inicial o que no ha po- dido diagnosticarse, y así la enfermedad se ha propagado lenta- mente, en verdad, cnt,re la población nativa. Una tercrra fuente dc infección es la que se encuentra cn la población militar y marítima. es decir, cn el soldado o marino que ha vivido varios años en un te- rritorio infectado, y que ha contraído la lepra y posleriormenk ha regresado a su país natal.

Desde el punto de vista geográfico, consideramos los Estados’ dc la costa del Golfo de México como los focos de lepra más importan- tes, pues es precisamente en esos lugares que desde luego se encuen- tran pruebas irrefutables de la continuada propagacjí>n de la lepra, donde ésta ha existido durante generaciones, sostenida por el con- tacto con la América tropical por medio de fuentes comerciales, por la trata africana y, además, cuando se trata de ciertas regiones de la Luisiana, probablemente se ha aumentado por la colonización lle- vada a cabo por los acadianos.

Un cálculo moderado de la existencia de la lepra cn los Estados

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Habitación

del Director

Médico

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468 OFICINA SANITARIA PANAMERICANA

Unidos continentales, fija el número de leprosos aproximadamente en 1,200. Por muchas razones cs casi imposible hacer un cálculo ’ exacto del número de estos pacientes que han residido en 10s ES-

tados Unidos. Es probable que muchas veces la lepra se haya con- fundido con otras enfermedades cuyos síntomas son muy scmejan- tes ; además, debe tenerse en cuenta que la lepra no se ha denun- ciado debidamente a los funcionarios de sanidad y, por lo tanto, los registros públicos necesariamente representan informes muy super- ficiales. Además de eso, en muchos casos los médicos han vacilado hacer una denuncia de casos de lepra conocidos, a causa de la in- fundada alarma que el informe de ella ocasionaría en el vecindario donde no existían elementos adecuados para el debido aislamiento y tratamiento de la enfermedad, y donde a los pacientes de ella se les había permitido y estimulado irse. Algunas veces este método de tratar a los leprosos ha sido sumamente humillante para eI en- fermo y de funestas consecuencias para la comunidad.

Hace más de treinta años que era evidente que se hacía necesario llevar a cabo alguna acción concertada, si era que había de con- tenerse el progreso de la lepra en los Estados Unidos y, en tal vir- tud, se formularon planes para que el Gobierno federal se hiciera cargo del control de tal situación. Sin embargo, los esfuerzos ver- daderamente progresistas no se realizaron hasta el 3 de febrero de 1917, fecha en que el Congreso sancionó una ley y suministró fondos para el establecimiento de un Asilo Nacional de Leprosos. La, in- terkención de los Estados Unidos en la Guerra Mundial impidió que se tomaren medidas activas en la realización de este proyecto, aunque se nombró un comité para que eligiese el sitio para dicho asilo. Como consecuencia de ello, este comité fué objeto de una gran oposición cuando pretendió obtener un local adecuado, por el hecho de que ningún Estado quería cederle territorio al Gobierno para usarlo como una colonia de leprosos, y se llegó a una solución final del problema mediante la compra, al Estado de Luisiana, de la finca ocupada por el Asilo de Leprosos de Luisiana.

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directiva, cuya atribución era suministrar un asilo para leprosos y el consiguiente cuidado y asistencia de éstos. Esta ‘junta fué nom- brada en el mes de agosto de 1894, y en septiembre se organizó, tras la debida promulgación de la mencionada ley. Por todas partes se le presentaron obstáculos a los esfuerzos que la junta hizo en su empeño de cumplir los deberes que se le habían impuesto.

Una vez que se encontró el sitio conveniente y cuando esto era ya una cosa casi segura, debido a un criterio erróneo, se rehuso san- cionar la construcción del asilo para estas víctimas infortunadas dc ’ la lepra, a pesar de que durante muchos años se les había permitido

andar por las calles .y en los tranvías, comer en restauran1 CY pú- blicos, mendigar en la avenidas y exponerse de otra manera sin pro- tección del público.

Finalmente, se obtuvo un sitio mediante el arrendamiento, por un período de cinco años, en la parroquia de Íberville. Esta era la antigua finca del campamento indio, que resultaba conveniente por todos conceptos para el asilo dr los pacientes a cargo de la junta, con la excepción de que no era de fácil acceso.

El 30 de noviembre de 1394, durante la noche se trajo de Nueva Orleáns el primer número de leprosos a su actual asilo. Esta opera- ción se llevó a cabo con gran dificultad, en un alijador carbonero que fué remolcad,o por un vaporcito. Los tristes detalles de la ex- curs’ión fueron descritos en la prensa diaria.

Durante cierto tiempo, los habitantes de la prrcitada parroquia amenazaban la permanencia del asilo. Sin embargo, un criterio más racional sucedió a la primera equivocada prcdisnosición, y los pobres pacientes inspiraron más lástima por el hecho de que se mos- traron dispuestos a someterse al aislamiento que la !cy les imponía.

En 1900 la legislatura del Estado de Luisiana asignó una suma de dinero para comprar un sitio más convenient,e y adecuado para el Asilo de Leprosos del Estado, y entonces se tomaron en consi- deración y se efectuaron las mediciones de la finca, y se trazaron los planos para la construcción dc una leprosería. Las protestas que en la localidad se hicieron contra el traslado de dicho asilo a un lugar próximo a Nueva Orleáns, muy pronto llegaron a enarde- cerse a tal extremo que poco antes de la verdadera ocupación del nuevo sitio propuesto, todos los edificios que existían en la finca fueron completamente quemados.

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Comedor y cocina de los pacientes-vista

exterior

.

Comedor y cocina de los pacientes-patio

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1917), tomando en consideración todos los locales disponibles, reco- mendó que el Gobierno federal comprara el Asilo de Leprosos de Luisiana, situado en Cárville. La venta se efectuó el 3 de enero de 1921, y por vez primera, desde la fundación del Gobierno, se hizo una prescripción específica para los leprosos que pudieran encontrarse entre sus empleados, sobre todo aquellos que regresaban del servicio en ultramar. En la época en que el Servicio de Sanidad Pública de los

Estados Unidos se hizo cargo de dicho asilo, existían aproximada- mente 80 camas y el asilo estaba completamente lleno. Casi imme- diatamente se tomaraon medidas para ensanchar el mencionado local y para reconstruir los edificios existentes y, por consecuencia, el número de pacientes en seguida ascendió a 172.

Por una ley del Congreso fechada el 4 de marzo de 1923, que asignó la suma de 645,000 dólares, se llevó a cabo un progreso adi- cional en el programa de construcción de edificios, merced a lo cual en 1924 había elementos disponibles aproximadamente para 425 pa- cientes, y entonces en seguida se tomaron medidas para admitir en el hospital los leprosos conocidos que andaban sueltos.

La ley del 3 de febrero de 1917, que autoriza y le ordena al Ciru- jano General del Servicio de Sanidad Pública para que establezca un asilo de leprosos, estipula que los pacientes deben ser admitidos de acuerdo con reglamentos redactados por el Cirujano ‘General, con la debida aprobación del Secretario del Tesoro, y que en dicho asilo deben ingresar:

(1) Cualquiera persona que sufra de la lepra que se presente para que a él o a ella se le detenga y preste asistencia y tratamien- to, 0

(2) Que ‘sea detenida con arreglo a las leyes de cuarentena de los Estados Unidos, o

(3) Cualquier leproso al cual se le ordene que ingrese en dicho asilo por orden de las debidas autoridades de sanidad de cualquier Estado, Territorio o el Distrito de Columbia.

En tal virtud, a petición de dichas autoridades, el Cirujano Ge- neral del Servicio de Sanidad Pública está autorizado para disponer que se traiga cualquiera persona que padezca de la lepra, dentro de las respectivas jurisdicciones de las autoridades de sanidad com- petentes, y Ilevarlo a la Leprosería para detenerlo allí y someterlo a tratamiento.”

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Comedor de los Dacientes

Comedor de los pacientes-mesas

de servicio

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Por supuesto que contraer la lepra no es un crimen, siendo así que en la mayoría de los casos no puede evitarse. Sin embargo, una vez que se ha detenido un leproso, es un crimen que comete contra la sociedad cuando SC escapa y somete sus semejantes al riesgo de contraer una enfermedad que es practicamente incurable. Luego, aislar a dicho paciente constituye un beneficio público. Esto cs lo que la ley hace con justicia.

Con muy contadas excepciones, los leprosos que hay en Cárvilic están resignados con su suerte. Situados en un local cómodo. cons- truído en unos terrenos pintorescos que contienen 358 acres, pro- vistos de buen alimento, de excelente asistencia rncdica y quirúrgica, así como de enfermeras profesionales y de una gran variedad de pasa tiempos, estos infortunados seres que están bajo la tutela del Gobierno pasan su vida sin preocupaciones y se dan cuenta. cabal del hecho de que en su aislamiento no proporcionan ninguna ame- naza a la salud y contento de sus semejantes.

La lepra fué la primera enfermedad acerca de la cual se dictaron reglamentos en los Estados Unidos, en cuanto al transporte de personas infectadas. Desde 1912 el Reglamento de Cuarentena Entre los Estados ha venido prescribiendo, reglas para el transporte de los leprosos sin peligro de contagio. El reglamento rcvisndo prcscribc el siguiente procedimiento :

Sección 5. Transporte de leprosos. Los ferrocarriles y otras compañías de transporte público no aceptarán para la debida conducción o transporte entre los Estados, a ninguna persona que sepan que padece de la lepra ni tampoco el paciente de dicha enfermedad aceptará el transporte que se le

ofrece, excepto según más adelante se prescribirá en la presente.

(a) A un lenroso se le permitirá atentar el transuorte al uresentar un permko expedcdo por el Cirujano General del Servicio de Sanidad Pública de los Estados Unidos, o nor su representante autorizado, y también por las autoridades de sanidad-de los E&ados, Territorios o Diktrito de ColÜm- bia, adonde dicho paciente pretenda trasladarse y de su procedencia, ex- presando que tal persona puede ser aceptada con arreglo a las restricciones que se especificarán claramente en cada caso, las cuales impedirán la pro- pagación de la enfermedad, con tal que dicho paciente haya convenido por escrito cumplir, y cumpla efectivamente, las restricciones tales como se han especificado.

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Cocina de los pacientes-estufas

de vapor y de petróleo bruto, etc.

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’ El &andard Railway Code ha dictado .un reglamento prácticamen- te igual acerca del transporte de leprosos, como sigue:

Sección 8. La Lqwa. Los ferrocarriles y otras compañías de trans- porte público no acepatarán, para su traslado ni conducción en ningún tren de ferrocarril LI otros medios de transporte, a ninguna persona que se sepa que padece de la lepra, a menos que dicho leproso presente un permiso expedido por el Cirujano General del Servicio de Sanidad Pública de los Estados Unidos o d,e su representante autorizado, y de los departamentos de sanidad de los Estados desde el cual y hacia el cual el paciente via.je, ex- presando que tal persona puede ser recibida con las restricciones necesarias que impidan la propagación de la enfermedad, debiendo en cada caso ex- presarse dichas restricciones, y ninguna persona que sepa o sospeche que padece de la lepra, ni cualquiera persona que lo represente, deberá solicitar, procurar o aceptar el transpote de ninguna empresa de transporte público, a menos que tal permiso haya sido recibido y presentado, y también 8 menos que el paciente se comprometa a cumplir, y cumpla efectivamente, las restricciones estipuladas.

Una vez que se hayan recibido los permisos del Estado, los pacien- tes se trasladan a la Leprosería, acompañados por un médico del Sewicio de Sanidad Pública. Entonces se proporciona un aparta- mento para el paciente que queda enteramente aiskdo durante el viaje. Todos los platos y utensilios se desinfectan completamente antes de salir del apartamento, y también se desinfectan todas las seereciQnes o excrementos los cuales se trasladan de una manera ade- cuada, y el espacio ocupado se desinfecta inmediatamente después que el paciente sale del mismo.

Así, el aislamiento de los leprosos durante su transporte puede efec- tuarse con entera seguridad. Los funcionarios de ferrocarril con fre- cuencia se oponen a conceder un sitio adecuado para este fin. Sin embargo, en conformidad con el Reglamento de Cuarentena Entre los Estados, expedido por el Secretario del Tesoro, una empresa de trans- gorte no puede rehusar dicho medio de alojamiento, si lo hay dis- ponible. Tal como actualmente lo pone en práctica el Servico de Sanidad Pública, el transporte de leprosos se lleva a cabo sin exponer al público a ningún peligro de infección:

Desde que el Servicio de Sanidad Pública emp& a ocupar la Leprosería, todo el local-algunas de cuyas partes anteriormente eran terrenos montañosos 0 cenagosos- ha sido rellenado y cultivado CI útilizado como terreno de pasto. Ya se han terminado los extensos trabajoe de desagüe, convirtiéndose así el terreno más propicio para

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Lavandería

del personal (edificio temporal)

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. .-

I

‘II-r

.

Lavandería

de los pacientes (edificio temporal)

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ladado un rebaño de lechería, habiéndose escogido el ganado proce- dente del Hospital del Servicio de Sanidad Pública, situado en Fort

Stanton, Nuevo México y, además, se ha construido una lechería moderna de manera que puedan suministrarse abundantes productos

de aquélla. A los robles, que figuran entre los árboles más hermosos del Estado de Luisiana, se les consagra el cuidado más esmerado que bien lo merecen, y se han plantado muchos árboles de sombra seme- jantes para conseguir el embellecimiento permanente de los terrenos.

La finca de que se trata queda frente al Río Misisipí, lo cual facilita el despacho de los cargamentos por medio de vapores. La estación ferroviaria está situada aproximadamente a una distancia de seis millas, y el campo que se encuentra en el intermedio está escasamente poblado y proporciona cierto grado de aislamiento. El clima es sub- tropical, de manera que la vida al aire libre para los pacientes puede hacerse durante todo el año.

Un chalet típico para leprosos se compone de doce cuartos inde- pendientes, un salón de recreo, baños y excusados modernos y dos verandas protegidas por tela metálica. Estos chalets están provistos de calefacción central, agua caliente y fría, alumbrado eléctrico y, además, la ventilación es excelente. Los fines de esta clase de habita- ción es proporcionarle a cada paciente un cuarto y alrededores que él pueda considerar como su hogar. Para que los pacientes puedan pasar cómodamente de un edificio a otro, todos estos últimos se comu- nican con sus vecinos por un pasadizo protegido con tela metálica.

El hospital actual, propiamente dicho, se compone de cuatro pabc- Dones destinados para los pacientes que sufren de un período avanza- do de la lepra o de otras complicaciones. Existen elementos modernos disponibles para la asistencia de tales casos, los cuales medios com- prenden lo siguiente: un salón quirúrgico bien montado; un labora- torio dental ; un departamento de rayos X ; otro para las afecciones de los ojos, oídos, nariz y garganta ; un departamento de’fisioterapia ; y una clínica especial para tratamientos experimentales. Se mantiene un laboratorio bien equipado para los exámenes clínicos rutinarios, así como para los fines de las investigaciones.

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Capilla Católica-vista

exterior

Capilla católica-vista

interior

,

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Capilla Protestante-vista

exterior

Capilla Protestante-vista

interior

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LA LEPRA EN LOS ESTADOS UNIDOS 481

mínima expresión la posibilidad de una infección secundaria o de que se infecten entre sí los pacientes.

‘A intervaIos determinados, so efectúan exámenes físicos y bacte- rioscópicos y, entonces, los pacientes que presentan una mejoría clíni- ca se separan de sus compañeros, hasta donde sea posible. Tras repetidos exámenes, cualquier paciente que durante un año ha de- mostrado una mejoría clínica y que durante dicho período de tiempo se haya encontrado que, desde el punto de vista bacterioscópico, no puede considerarse leproso, se somete a una observación especial du- rante un período de dos años y, a la terminación de este período, es objeto de un escrupuloso examen final. Si el paciente pasa con éxito dicho examen final, se le recomienda para que se le dé de alta, que- dando sujeto, sin embargo, a otros exámenes que las autoridades sanitarias del Estado efectuarán cada seis meses durante un período de tres años. 5% el estado del paciente continuase siendo satisfactorio, se le da de alta finalmente, como un caso de lepra contrarrestado, que ya no ofrece ninguna amenaza a la salud pública.

La opinión general entre los leprólogos, tal como se expresa en las resoluciones aprobadas por varias conferencias y en monografías escritas sobre el asunto, es que la le’pra se considera una enfermedad transmisible y peligrosa, y que a la luz de los conocimientos que actualmente se tienen, el aislamiento de todos los leprosos es indis- pensable para lograr el completo exterminio de la enfermedad. En la mayoría- de los países del mundo, las severas medidas necesarias para resolver este problema de importancia vital, no sólo tropiezan con estorbos para ponerse en práctica a causa de la falta de leyes adecuadas para efectuar el completo aislamiento de los leprosos, sino también con las grandes dificultades que hay que vencer para romper los poderosos lazos sociales y las costumbres de los leprosos como individuos o clases, amén del consiguiente desembolso de enormas sumas de dinero para el mantenimiento del deseado aislamiento.

Ya se ha recon&ido que cada país tiene que resolver el problema de la lepra, y que los métodos que parecen ser aplicables en una comunidad, no pueden ponerse en práctica en otra. El estricto ai5- lamiento de todos los leprosos en los Estados Unidos constituye un bello ideal, cuya realización, sin embargo, exige algún saérificio.

Referencias

Bi-Annual Report of the. Board of Control for the Leper Home of the State of Louisiana to the Governor and General Assembly, año de 1962.

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