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-"Este es un cuento de Dickens en el sentido más real, lo que significa que es exuberante, intrigante e intemporal, lleno de incidentes, lo que lo hace constantemente sorprendente"
Charles John Huffam Dickens (Portsmouth, Inglaterra,7 de febrero de 1812 – Higham, Inglaterra, 9 de junio de 1870) nació en el seno de una familia que sufrió penurias económicas continuas, situación que fue empeorando con los años.
El joven Dickens asistió a la escuela primaria desde los siete a los nueve años y cuando cumplió los diez se trasladó con su familia a Kent, donde tuvo que ver cómo encarcelaban a su padre a causa de las deudas, lo cual complicó mucho más la situación familiar. Charles, con solo doce años, tuvo que empezar a trabajar en una fábrica, como empaquetador de betunes para calzado, donde vivió de primera mano las terribles y deplorables condiciones de vida de las clases sociales más bajas, así como experiencias traumáticas que más tarde reflejó en sus obras.
No obstante, su madre quiso que tuviera una cierta educación y le enseñó a leer empleando para ello unas cuantas obras clásicas que poseía su progenitor. Pero no todo fueron desgracias, ya que una inesperada herencia hizo que su familia pudiera enviarlo a estudiar a un colegio de Hamstead, donde estuvo dos años.
Su adolescencia la pasó trabajando como pasante de abogado y visitando con mucha frecuencia la biblioteca del Museo Británico. También aprendió taquigrafía y pudo, finalmente, trabajar a partir de 1828 en la redacción del
Morning Chronicle. En aquel tiempo ya publicaba alguna cosa, pero bajo el
pseudónimo de Boz o Bozifer. Eran artículos inspirados en la vida diaria de Londres e iban acompañados de ilustraciones de Cruikshank; estos trabajos llevaban el título Sketches by Boz. Ese mismo año se casó con Katherine Hogarth.
Poco después, en 1836 (hasta 1837), comienza a publicar Los papeles
póstumos del club Pickwick. Y entre 1837 y 1938 publicó la obra Oliver Twist,
hijo adoptivo de la ciudad de Edimburgo y viajó a Estados Unidos. Al comprobar allí que su sociedad estaba igual de corrompida que la inglesa escribió Notas de América, obra que le enemistó con la sociedad estadounidense. Sin embargo, al escribir Canción de Navidad, volvió a ser reconocido por el público. En 1849 fundó un semanario en el que publicó algunas de sus obras, como La casa desierta y Tiempos difíciles, así como obras de autores poco conocidos.
Supo manejar con maestría el género narrativo, con humor e ironía, y con una aguda y álgida crítica social. En su obra destacan las descripciones de gente y lugares, tanto reales como imaginarios.
Críticas posteriores defendieron y aclamaron su dominio de la lengua inglesa como inigualable, sus personajes como inolvidables, y en gran medida su profunda sensibilidad social. No obstante, también recibió críticas que achacaron ciertos defectos a sus obras, como el sentimentalismo efusivo, acontecimientos irreales y personajes grotescos.
Dickens escribió novelas por entregas, el formato usual en la ficción de la época, por la simple razón de que no todo el mundo poseía los recursos económicos necesarios para comprar un libro, y cada nueva entrega de sus historias era esperada con gran entusiasmo por sus lectores, nacionales e internacionales.
Con el tiempo, y ante la gran cantidad de trabajo que le pedían sus lectores, cayó en una crisis con sus editores y a partir de entonces viajó a diferentes países como Italia, Suiza y Francia, entre otros, para dar conferencias públicas.
Sus problemas económicos comenzaron otra vez y llegó a crear una compañía de teatro. En 1859 se separó de su mujer. El 8 de junio de 1870 fallecía en su casa, víctima de un derrame cerebral ocurrido la víspera. Fue enterrado en la abadía de Westminster.
L A N O V E L A O L I V E R T W I S T
L A N O V E L A O L I V E R T W I S T
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La obra original de Charles Dickens comenzó a publicarse por entregas en la revista mensual Bentley's Miscellany, entre febrero de 1837 y abril de 1839. Dos años en los que Dickens mantuvo en vilo a sus numerosos lectores con las aventuras del pequeño Oliver. En un principio, el autor tenía la intención de que formase parte de una obra más extensa, The Mudfog Papers. Todas las entregas llevaban como ilustración un grabado de George Cruikshank. El libro lleva el subtítulo de The Parish Boy's Progress (El progreso del niño
de Parroquia), en alusión directa tanto a The Pilgrim's Progress (El Progreso del Peregrino) de John Bunyan como a dos populares caricaturas
dieciochescas de William Hogarth, "A Rake's Progress" (El progreso del libertino) y "A Harlot's Progress" (El progreso de la ramera).
The Pilgrim's Progress es una novela alegórica publicada en 1678; en ella se
relata el viaje de Cristiano por su vida buscando la salvación. Por su parte William Hogarth (1697-1764) fue un artista británico, grabador, ilustrador y pintor satírico. Se le considera pionero de las historietas occidentales. Es el gran maestro de la sátira social y política.
Oliver Twist es la primera novela en lengua inglesa que tiene a un niño como
protagonista y es también destacable por su escasamente romántico tratamiento del mundo de los criminales y sus sórdidas vidas.
El autor pretendía describir cómo era la vida de un "parish boy" (chico de parroquia).
Dickens era reportero parlamentario del Morning Chronicle cuando se debatió la Poor Law Act (Ley de la Pobreza) de 1834, mediante la que se establecía la creación y funcionamiento de los hospicios. Como le parecía tremendamente injusta, la atacó en sus novelas y en la prensa el resto de sus días.
Antes de 1834, los trabajadores pobres eran compensados por la parroquia con una pequeña suma o "paro" para salvarlos del hambre que pasarían con
sus sueldos fijos como agricultores. Estos fondos de emergencia se hicieron con la intención de echar una mano a la gente hasta que pudieran mantenerse por sí solos. Los enfermos y los parados también eran responsabilidad de cada parroquia.
Sin embargo, ese sistema presentaba muchos problemas que la nueva legislación intentó reconducir. Una nueva legislación, diseñada para impedir que la gente vaga viviese de la comunidad, agrupó a todas las parroquias juntas en lo que se llamó "poor law unions" (sindicatos para los pobres) y estableció "workhouses" (que llegaron a ser conocidas como "unions" (sindicatos). Las "workhouses" (casas de trabajo) era donde la gente sin medios de manutención encontraba techo y un pedazo de pan, a cambio de lo cual trabajaban, muchas veces, en condiciones miserables.
La estructura narrativa de la obra Oliver Twist se caracteriza por presentar la visión de un narrador evaluador. Su "tarea narrativa" está impregnada por sentimientos y valores. El narrador exalta el peso de sus juicios valorativos e ideológicos o el de la sencilla e inmediata emotividad que le despierta un determinado hecho.
El narrador en primera persona comienza la biografía de Oliver en el momento mismo de su nacimiento, enfatizando fuertemente el "mísero" mundo que le ha tocado por destino y la "suerte" que, para este caso particular, supone haber nacido en un asilo. Fortuna y desgracia son los dos palos entre los que va a sucederse a continuación la vida de Oliver Twist, y los permanentes y directos juicios de valor del narrador intentan, de alguna manera, ir vertebrando a través de la narración de una biografía individual una suerte de moraleja filosófica sobre la existencia humana, al menos en el contexto correspondiente a la Inglaterra que a todo vapor se industrializa y ve crecer sus ciudades.
El arranque del mencionado capítulo primero de Oliver Twist ("Que trata del
lugar donde nació Oliver y de las circunstancias que concurrieron a su nacimiento") exhibe también una marcada conciencia "metaliteraria" en
cuanto al armado de la historia que se va a contar y la "necesidad" (retórica y comunicativa) de una suerte de prefacio introductorio, presentación de personajes y un ordenamiento del tiempo y el espacio de la acción por venir.
clase acomodada de la Inglaterra victoriana. Mientras que en la ciudad de Londres malviven los deheredados, es el lugar donde reside la delincuencia, la suciedad, la pobreza, la prostitución y el crimen; es decir, la marginalidad.
Oliver Twist es una de las primeras novelas sociales de la historia de la
literatura. Denuncia los males sociales de la época como el trabajo infantil o la utilización de niños para cometer delitos. El autor critica la hipocresía, y la denuncia con sarcasmo y gran dosis de humor negro.
Uno de los aspectos característicos de la novela realista, sobre todo de la novela naturalista es el determinismo que marca a los personajes: la genética, el ambiente, la familia, el entorno, etc. son determinantes en la actitud, la personalidad y la forma de actuar de las personas. El hombre no es libre, actúa impulsado por el determinismo biológico o por las circunstancias sociales. ¿Será muestra de todo ello el hecho de cómo se mantiene hasta el final la bondad innata de Oliver?
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Abreviado:
Situada en la Inglaterra del ciglo XIX, narra las tribulaciones del pequeño Oliver Twist, cuya madre murió al nacer él. Enviado a un orfanato donde se aplica una hipócrita caridad oficial, indigna de tal nombre, los chicos sobreviven como pueden, pues la alimentación es más que escasa. Una caída en desgracia de Oliver hace que el chico sea ofrecido como aprendiz a aquél que lo desee. Así va a parar a casa de un empresario de pompas fúnebres. Tras diversas peripecias, el chico llega a Londres, y es acogido por el avaro Fagin y su banda de rateros juveniles. Un alma bondadosa se fijará en Oliver, pero Fagin y los suyos le arrastrarán hacia su guarida...
Oliver nace en el hospicio de una ciudad de provincias al que llega su madre moribunda tras un largo viaje. El pequeño, tras la muerte de su progenitora, es tomado bajo la protección de esta institución y llevado a una casa de acogida, donde será maltratado constantemente, como el resto de muchachos que conviven con él. Al cumplir los nueve años es reclamado por el hospicio para que trabaje en beneficio de este. Tras un incidente con las autoridades de la institución es ofrecido para trabajar como aprendiz de aquel que lo solicite. Terminará de ayudante de la funeraria local, donde también será carne de golpes y humillaciones, hasta que consiga escapar y dirigirse a Londres, donde cree que podrá hacerse camino en la vida.
En su viaje a la capital, conoce a John Dawkins, el Artero Perillán, un ratero al servicio de Fagin, un periodista judío metido en todo tipo de turbios negocios. El Artero lleva a Oliver ante Fagin, que lo acoge para convertirlo
salida con sus compañeros, se queda paralizado al presenciar el robo a un distinguido caballero. Los ladrones escapan, pero Oliver es perseguido por una multitud, detenido y llevado ante la justicia. El señor Brownlow, la víctima del robo, cree que Oliver no es el culpable e intenta defenderlo ante el juez, pero este no hace caso a sus peticiones de clemencia hasta que aparece un nuevo testigo. El muchacho es puesto en libertad, pero está muy enfermo y el señor Brownlow lo acoge en su casa, donde se recupera gracias a los cuidados de su ama de llaves.
Oliver se integra en la vida de su nueva casa, donde es querido y apreciado. Hasta que un día, cuando sale a hacer un recado, es secuestrado por Nancy y Sikes, secuaces de Fagin. Lo llevan a casa del judío que intenta convencerle, de nuevo, para que se convierta en uno de los suyos, algo a lo que él se niega. Oliver es obligado a involucrarse en una nueva fechoría. Va con Sikes hasta un pueblo cercano a Londres, allí deberá entrar en una casa para abrir la puerta principal a los ladrones. Pero es herido gravemente por el mayordomo de la casa nada más entrar y, aunque Sikes lo recoge en un primer momento, es abandonado a su suerte en medio del campo. El niño consigue llegar de nuevo hasta la casa y es acogido por la dueña y su familia, la señora Maylie y su sobrina Rose, que lo cuidarán con mimo.
Cuando Oliver se recupera intentará, con ayuda de sus nuevos amigos, encontrar al señor Brownlow, para que certifique su historia y, a su vez, explicarle el porqué de su desaparición. Pero el anciano ha salido de viaje y no consiguen dar con él. Mientras, descubrimos las relaciones de Fagin con un extraño individuo, un tal Monks, y su interés por perjudicar a Oliver y convertirlo en un ladronzuelo. Una de sus conversaciones es escuchada por Nancy, que se pone en contacto con Rose para advertirle de los peligros que acechan al niño. Poco después consiguen dar con el señor Brownlow, que se alegrará de reencontrarse con Oliver. Al anciano le contará Rose su conversación con Nancy, y ambos volverán a reunirse con la joven para recabar más detalles sobre los conspiradores. Nancy describe a Monks, y Brownlow cree reconocerlo. Tras ese encuentro, el anciano da con el villano y le obliga a aclararle su relación con Oliver. Nancy es denunciada a Fagin y este le dice a Sikes que la muchacha va a colaborar con la Policía para que les detenga a todos. El delincuente asesinará friamente a su compañera y huirá.
Oliver es llevado a su ciudad de nacimiento, allí descubrimos que Monk es hermano (por parte de padre) del muchacho. Su padre, un adinerado caballero, era infeliz en su matrimonio, estuvo muchos años separado de su mujer, aunque no obtuvo el divorcio. Conoció a la madre de Oliver y la dejó embarazada. El hombre muere durante un viaje y es entonces cuando su legítima esposa descubre la relación de su marido con otra mujer y previene a Monks contra el peligro que supondrá este niño para sus derechos a la herencia de su padre. Cuando Monks descubre el paradero del niño, decide confabularse con Fagin para convertirlo en un ladronzuelo, pero la inocencia de Oliver lo impidió. Además, descubrimos que Rose es la tía del pequeño huérfano; fue despreciada por su propia familia a causa de la vergüenza de su hermana, pero la recogió la señora Maylie, que siempre la trató como a una hija. La familia se ha reunido por fin, Oliver heredará la pequeña fortuna de su padre. Monks se exiliará, Fagin será juzgado y condenado a muerte por sus delitos, y Sikes morirá intentando huir de la justicia.
G E O R G E C R U I K S H A N K ,
G E O R G E C R U I K S H A N K ,
I L U S T R A D O R D E L A N O V E L A
I L U S T R A D O R D E L A N O V E L AI L U S T R A D O R D E L A N O V E L AG E O R G E C R U I K S H A N K , G E O R G E C R U I K S H A N K ,
George Cruikshank (1792-1878) fue un caricaturista e ilustrador inglés. Nació en una familia vinculada al mundo de la caricatura: su padre era el caricaturista escocés Isaac Cruikshank, y su hermano menor Isaac Robert también se dedicaría al mismo género.
El artista fue conocido por su sátira y sus grandes trabajos en la ilustración de diversos libros ingleses concernientes a la política y la sociedad.
Comenzó su larga carrera con ilustraciones satíricas que atacaban a la familia real y a otros importantes personajes políticos, tal como hacían James Gillray y Thomas Rowlandson. Se cuenta que en 1820 recibió de la casa real un soborno de cien libras, cifra entonces cuantiosa, a cambio de no ridiculizar al nuevo monarca Jorge IV.
Continuó creando caricaturas sociales acerca de la vida británica para populares publicaciones como The Comic Almanack (1835-1853) y Omnibus (1842). Sus críticas eran imparciales ya que se dirigían a todas las facciones del Parlamento de Londres, si bien en ocasiones fue muy radical y cayó en el racismo al aludir a irlandeses y chinos con viñetas groseras.
En 1831 empezó a centrar sus esfuerzos en las ilustraciones de libros. Trabó especial relación con Charles Dickens: ilustró tres de sus obras e incluso participó como actor en su compañía de teatro amateur. Hay que destacar en este aspecto cómo Dickens acostumbraba a trabajar muy cercanamente con los ilustradores: al comienzo les daba un prospecto del trabajo, asegurándose de que los personajes y los ambientes eran tal como él los imaginaba. Su labor más recordada para Dickens fue la ilustración de Oliver
Twist: este relato se publicó por entregas mensuales, entre febrero de 1837 y
radicalmente abstemio y combatió con sus viñetas el consumo de alcohol y tabaco, cuestión muy polémica en el Londres de la época. Dickens defendía un consumo moderado y Cruikshank no transigía en esto. Fallecido Dickens, el grabador publicó una carta en el periódico The Times acusando a Dickens de apropiación o plagio: según él, Oliver Twist se basaba en un argumento suyo. La cuestión suscitó mucho debate, pero Cruikshank no obtuvo beneficio de ello.
Afectado por una parálisis, Cruikshank perdió facultades y falleció en 1878. Fue enterrado en el cementerio de Kensal Green, en el oeste de Londres, pero en pocos meses su féretro fue trasladado a la Catedral de San Pablo.
R O B E R T B L I N C O E :
R O B E R T B L I N C O E :
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¿¿E L V E R D A D E R O O L I V E R T W I S T ?E L V E R D A D E R O O L I V E R T W I S T ?R O B E R T B L I N C O E : R O B E R T B L I N C O E :
Es evidente que Charles Dickens acudió, a la hora de elaborar su novela
Oliver Twist, a la triste realidad de los niños explotados. Aunque también
resulta probable que tuviera en cuenta una biografía anterior de uno de esos niños que logró sobrevivir a pesar de su difícil infancia.
A memoir of Robert Blincoe de John Doherty se publicó en 1832 en forma de
panfleto. El personaje de Oliver Twist pudo construirse a partir de los datos aportados en dicha obra:
• Robert Blincoe nació, aproximadamente, en 1792.
• Era un huérfano que vivió en 1796 en la casa de acogida de St. Pancras en Londres.
• Se desconoce lo que sucedió a sus padres.
• A los 6 años trabajó como asistente de deshollinador, pero por poco tiempo. Su jefe lo mandó de vuelta al centro.
• A la edad de 7 años (en agosto de 1799) fue enviado a trabajar a una fábrica de algodón, cerca de Nottingham.
• Era uno de los 80 chicos de 7 años de St. Pancras vendidos en calidad de aprendiz de parroquia.
• Vivían en un dormitorio y su comida consistía en porridge y pan negro.
• Trabajaban 14 horas al día, 6 días a la semana.
• El primer trabajo de Blincoe consistía en sacar las hebras que quedaban en la máquina de algodón para hacer que funcionara. Perdió la mitad de un dedo con este trabajo.
• Los encargados golpeaban a los chicos a la menor provocación. • Blincoe llegó a considerar la posibilidad de suicidarse.
• Cuando escapó y trató de huir a Londres, un sastre lo reconoció y lo arrastró de vuelta.
• Cuando cerraron el centro, en 1802, los chicos fueron enviados a otro en Derbyshire, donde el trato continuó siendo el mismo.
• Blincoe completó su aprendizaje y estuvo como trabajador adulto hasta que fundó su propia fábrica en 1817.
• En 1822 el periodista John Brown conoció a Blincoe y le hizo una entrevista para un reportaje sobre el trabajo infantil. Brown decidió
escribir la biografía de Blincoe y se la entregó a un activista social llamado Richard Carlile. En 1828 Carlile decidió publicar la historia en el periódico The Lion en 5 entregas semanales del 25 de enero al 22 de febrero.
V E R S I O N E S D E O L I V E R T W I S T
La novela de Charles Dickens ha sido traducida a numerosas lenguas y también ha sido adaptada en múltiples ocasiones. Las adaptaciones más destacables son las siguientes:
• En 1922 Frank Lloyd dirigió a Jackie Coogan, como Oliver y a Lon Chaney como Fagin.
• En 1948 David Lean dirigió una adaptación de la novela, protagonizada por el niño John Howard Davies. Destacó la interpretación de Alec Guinness, en el papel de Fagin.
• En 1968 Mark Lester dio vida al protagonista en la adaptación musical que realizó Carol Reed con el título de Oliver.
¿No han sido incontables las ocasiones en las que este reputado texto literario se ha transformado en imágenes ya sea para la pequeña pantalla o para proyectarse en el cine? Incluso en teatro y musicales.
Cuando Polanski rodó su Oliver Twist ya existían más de 30 versiones. Y tras él, se ha vuelto a grabar una más para televisión.
En 2002, Roman Polanski estrenó la oscarizada película El Pianista, una asombrosa historia de sufrimiento, dolor y supervivencia en el ghetto de Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando Polanski terminó El
Pianista, decidió que su siguiente largometraje iba a ser diferente. Quería
hacer una película familiar dirigida a un público joven. Con este fin, él y sus socios productores, Robert Benmussa y Alain Sarde, empezaron a leer montones de libros infantiles para encontrar la historia ideal.
Confiesa Roman Polanski que el origen de su proyecto nace en su familia. Su mujer, la actriz Emmanuele Seigner, fue la que se lo sugirió; ella conocía su gusto por el musical Oliver de Lionel Bart, del que Carol Reed hizo una precisa versión en 1968.
"Creí -ha declarado Polanski- que debía una película a mis hijos porque siempre estaban interesados en mi trabajo pero no tanto en el tema. De ese modo, empecé a buscar una historia de niños y terminé quedándome con Dickens. Después de esto, Oliver Twist fue la elección obvia. Dickens siempre me encantó cuando era un chaval y particularmente Grandes Esperanzas".
Es cierto que la riqueza de Oliver Twist presenta varios niveles. Polanski sostiene que "por una parte hay momentos muy oscuros, pero al mismo
tiempo hay una gran suma de humor. La ironía, el sarcasmo y el humor inglés aflora en todos los rincones de la historia, es algo que encanta a los adultos, pero en su grado de comprensión, también fascina a los niños".
Sus hijos tienen sendos cameos en la película: Morgana es la niña en la puerta de la casa de campo a la que Oliver se dirige para pedir comida y Elvis es el niño al que los chavales de Fagin consiguen birlar la cartera mientras juegan con su aro.
Polanski ha intentado ser lo más fiel posible al texto de Dickens. Si las anteriores versiones cinematográficas eran muy maniqueas en el tratamiento de los personajes, Polanski ha huido del excesivo tono melodramático, tratando a los personajes con mayor realismo, y con un mayor rigor en la recreación de los ambientes de la época. Todos los personajes, asimismo, han sido retratados con la misma relevancia, incluidos los secundarios. Es, en definitiva, una rigurosa recreación de la sociedad victoriana con sus enormes desigualdades y su peculiar sentido de la justicia.
Roman Polanski opta por contarnos la historia a través de un prisma clásico. El argumento se deja caer, gota a gota, sin ningún tipo de artificiosidad. Como muestra, el filme se abre con un paseo nocturno, en el que vemos a los personajes de espaldas, un hombre lleva en volandas a Oliver por las enfangadas calles de una ciudad para ingresar al niño en una institución que ostentará su tutela. Más tarde, Polanski utilizará la misma estrategia visual cuando dos rufianes se aprovechan del chico para efectuar un robo. La planificación efectuada por Polanski emparenta de este modo a las instituciones sociales y políticas con el lumpen, para quienes la vida de los niños no posee más valor que el provecho que de ellos se pueda sacar.
S I N O P S I S D E L A P E L
Oliver Twist, así como el resto de los chicos de un orfanato de la Inglaterra de la primera mitad del siglo XIX, se está muriendo de hambre y deciden jugarse quién de ellos pedirá más comida. Oliver es el elegido. En la cena de esa noche, después de su ración normal, Oliver se dirige al director del orfanato y le pide más comida.
Tachado de problemático por el bedel, el Sr. Bumble, y por el director, Oliver es ofrecido para trabajar como aprendiz a cualquiera que lo quiera contratar. Tras ser ofertado para limpiar chimeneas, Oliver se convierte en aprendiz de un enterrador, el Sr. Sowerberry. Pero Oliver se pelea con uno de los chicos del enterrador, y decide escapar e irse a Londres.
En las afueras de la ciudad, cansado y hambriento, Oliver conoce a Artful Dodger (Truhán), quien le ofrece un lugar donde hospedarse en Londres. Lleno de inocencia, Oliver se ve inmerso en el mundo del hampa de Londres e ignorando sus tareas reales, se encuentra en medio de una banda de chicos carteristas dirigida por el malvado Fagin y compuesta por Dodger, Bill Sykes, Nancy y otros pequeños truhanes.
Arrestado por el intento de robo al Sr. Brownlow, que no ha cometido, el joven Oliver no traiciona a su banda, hecho que causa muy buena impresión a su víctima, que le lleva a su casa para que se recupere. Su acusador se convierte en su benefactor y tanto Brownlow como su ama de llaves, la señora Bedwin, le tratan muy bien, encargándole pequeños recados para mostrar su valía.
Pero el desalmado Fagin y el violento Bill no tardan en hacerle volver a ir por el mal camino, obligándole a participar en el robo a la casa de su benefactor, el Sr. Brownlow, en contra de su voluntad.
Entonces Oliver Twist se ve precipitado a una serie de trágicos acontecimientos que le revelarán la verdadera naturaleza de los que le rodean y le obligarán a elegir su destino...
A N
OLIVER TWIST
Es el protagonista de la obra. Niño huérfano de madre y padre desconocido, que ingresa a los diez años en un hospicio. A pesar de estar sometido a vejaciones y con mucha hambre, es un niño que tiene buen corazón y que conservará la inocencia de sus pocos años. Tras librarse de trabajar como limpiador de chimeneas, estará a cargo, como aprendiz de enterrador, bajo las órdenes del Sr. Soweberry, aunque poco tiempo después huye de su tutela al enfrentarse a otro de los chicos del empresario de pompas fúnebres. Al llegar a Londres, y tras ser reclutado voluntariamente como ladronzuelo, Oliver pierde muchas de sus ilusiones, aunque permanece intacta su honestidad: no sucumbirá a la vida de delincuencia que podría haber sido la más fácil para él. Tras muchas desventuras, descubrirá que siempre hay una puerta para la esperanza y que su destino está en sus manos.
FAGIN
Es un perista de Londres que dirige a toda una banda de jóvenes ladronzuelos. Detrás de sus maneras dulces y melosas, es un bandido de la peor calaña. Un viejo avaro y vicioso, manipulador y perverso, que ya no roba sino que obliga a los pobres jóvenes que acoge a delinquir para él. Nada se sabe del pasado de este ser que vive cual rata en una casa igual de ruinosa que él. Aunque es rico, es tan sumamente avaro que vive en medio de la podredumbre. Al acoger a Oliver lo que pretende es atraerle a su banda y convertirlo en un ratero más a su servicio. Acaba entre rejas, totalmente solo y desquiciado, a la espera de la horca.
BILL SYKES
Un bruto de verdad, un ladrón sin piedad ni remordimientos. La mano derecha de Fagin que lo usa y teme en igual medida, también mantiene una relación con la joven Nancy. La muerte no le da miedo, ni la propia ni menos la dada. Tiene totalmente aterrorizado al joven Oliver Twist, aunque se encontrará con su destino, en los tejados de Londres, tras el intento de robo en la casa del Sr. Brownlow.
NANCY
Es una de las ladronzuelas de la banda de Fagin. Nancy es una "pobre chica
de la calle" de las miles que malvivían en las calles de Londres de la época.
Condenada por la miseria y su juventud a ejercer la prostitución, es una mujer simpática y generosa que defiende a Oliver en diversas ocasiones; incluso llega a poner en juego su vida para salvarlo, ya que en el fondo es como Oliver: una víctima de la dureza de los tiempos y de la maldad de la humanidad. Terminará encontrando la muerte a manos del despiadado Bill Sykes.
ARTFUL DODGER (TRUHÁN)
Ladronzuelo profesional que recoge a Oliver y se lo presenta a Fagin. Educado en la escuela de la calle, es causa de muchos de los problemas de Oliver, pero no es más que un niño espabilado, maleducado por el traicionero Fagin.
SR. BROWNLOW
Anciano amable y cariñoso, es el perfecto caballero que se convierte en el benefactor de Oliver cuando el destino hace que se crucen sus caminos. Su edad avanzada no le ha hecho perder una mirada penetrante que le permite ver al verdadero Oliver, no al ladronzuelo, sino al niño perdido de buen corazón, al que acoge en su casa. Y se sentirá muy decepcionado cuando cree que el muchacho lo ha engañado. Tras varias aventuras, volverá a estar al lado de Oliver siendo una especie de ángel de la guarda para él.
SR. SOWEBERRY
El enterrador ve a su aprendiz Oliver como un desharrapado al que obliga a trabajar dándole a cambio las sobras del perro como comida. Su mujer defiende que "los chicos del hospicio valen aún menos que lo que se gasta
para mantenerlos". Oliver huirá de él al poco de conocerle tras enfrentarse
ansias de prosperar socialmente.
SR. BUMBLE
Bedel del hospicio donde mata de hambre a los huérfanos; funcionario parroquial encargado de aplicar las decisiones del Consejo que gestiona dicha institución. Representa la crudeza del sistema y el maltrato de este a los pobres y huérfanos que tiene a su cargo. Símbolo de la administración más rancia, sólo piensa en la manera de desembarazarse de sus inquilinos sin importar cómo, pagando incluso para que se los lleven como aprendices. Será uno de los maltratadores del pequeño Oliver en su más tierna infancia y no será capaz de apreciar la bondad del joven.
R O M A N P O L A N S K I
R O M A N P O L A N S K I
R O M A N P O L A N S K I
Hijo de padres polacos, Roman Polanski nació en París el 18 de agosto de 1933 (de padre judío y madre católica -"clasificada racialmente" como judía por parte de padre-). Cuando tenía tres años, al empezar la Segunda Guerra Mundial, se trasladaron a Cracovia (Polonia) en donde no tardaron en darse cuenta de su error. En 1941 su padre fue deportado al campo de trabajo de Mathausen en Austria y su madre a Auschwitz, de donde nunca regresó. Polanski llevó una vida errante sin domicilio, vagando por el país, siendo acogido por diversas familias polacas. Recuerda Polanski que durante esta época de su vida el cine fue su única pasión, "mi única escapatoria a la
depresión y la desesperación que tan frecuentemente me sobrecogían". Tras
la guerra, Polanski pudo reunirse con su padre, que más tarde volvería a contraer matrimonio.
Cuando tenía 14 años, Polanski se inició en la interpretación, apareciendo en teatro, radio y posteriormente en películas. En 1955 fue aceptado en el curso de dirección de la escuela de cine Lodz donde realizó varios cortometrajes. Su primer largometraje como director no llegará hasta 1962 con El cuchillo
en el agua, que obtuvo un enorme éxito (nominada a los Oscar como mejor
película extranjera). Gracias a que consiguió atraer la atención internacional de la crítica, se trasladó al Reino Unido donde rodó dos películas muy personales, Repulsión (1965) y Callejón sin salida (1966); también hizo una apuesta valiente con Macbeth (1972). Su carrera en Hollywood comenzó con el ya clásico título La semilla del diablo (1968), a la que seguiría el film policíaco Chinatown (1974), en el que también actúa.
A sus indudables cualidades como polémico director de cine se ha sumado una vida personal proclive a los escándalos. En 1969 su mujer, Sharon Tate, fue una de las víctimas del múltiple y cruel asesinato de la banda de Charles Manson en Los Ángeles; y en 1977 Polanski acaparó los titulares de los periódicos al declararse culpable de perversión de menores por haber mantenido relaciones sexuales con una menor. Huyó, estando en libertad bajo fianza, para evitar una condena mayor, y desde entonces ha realizado sus películas en el Reino Unido, y sobre todo en Francia; entre los títulos de esta época destacan Tess (1979), a partir de la novela de Thomas Hardy, y La muerte y la doncella (1994). Entre sus últimas películas rodadas destacan la oscarizada El pianista (2002), Oliver Twist (2005) y El escritor (2010).
por la pérdida de la madre, la reclusión del padre en Mathausen y su huida del gueto de Cracovia. Construye una historia dura y crítica, en la que la presencia del mal golpea la inocencia del niño. Sin sentimentalismos, opta por un relato frío e irónico, similar al de Dickens. El mal, obstinado y persistente, no conoce redención: sus salidas son la locura o la muerte. La presencia reiterada de la muerte evidencia que ésta es el mejor aliado del mal, al que alimenta y engrandece. La muerte de la madre priva al niño de su bien más preciado, el cariño y el amor. Critica los abusos de poder, su uso arbitrario y las normas inhumanas que impone. Denuncia el maltrato infantil, los castigos físicos y la explotación de menores. La sátira alcanza a la policía, los jueces y la administración pública, especialmente la de beneficiencia. Reprueba la pena de muerte. Explica la realidad de la pobreza, el hambre, la marginación, la ignorancia y la injusticia. Elabora un interesante retrato de la época victoriana, salpicado de humor.
Roman Polanski opta por mostrarnos este emotivo relato sin añadirle ningún tipo de artificiosidad, simplemente deja que la narración se desarrolle con sencillez, evitando que se note demasiado su mano y dejando que el propio contenido del libro de Charles Dickens se convierta en absoluto protagonista de la película.
El guionista, Ronald Harwood, ha sabido respetar el texto dickensiano y acelera la historia, simplifica tramas... El guión busca la concisión y la elipsis, en aras de una sobriedad puesta al servicio de la eficacia narrativa.
En la historia que manejaron Lean y otros, más respetuosas con la novela, el Sr. Brownlow tiene la certeza o la firme sospecha, según la versión, de que guarda algún parentesco de consanguineidad con Oliver (generalmente abuelo-nieto). Polanski renuncia a exponer a las claras semejante relación. Igualmente "se olvida" de Monks, el hermanastro de Oliver.
El argumento original de la novela es severamente recortado, como indica el propio Polanski: "Quité lo que corresponde a los imperativos comerciales del
siglo XIX, la cuestión folletinesca, relativa a la identidad de los padres de Oliver y el suspenso en torno de ello".
Las principales omisiones se refieren a los orígenes de Oliver, tal vez considerados como demasiados folletinescos: la muerte y nacimiento con
Fagin.
Igualmente se aprecia cómo en el caso de Fagin, el judío al frente de la banda de niños ladrones, no es el revulsivo personaje que Dickens pinta, sino un hombre "determinado" por ciertas circunstancias desafortunadas, con fuertes atenuantes de su maldad.
A este respecto, hay que señalar cómo Fagin, frente a otras versiones, no es tratado bajo el cliché estereotipado del judío como un ser ruin y enemigo de la Humanidad. Polanski afirma que "en mi versión jamás se dice si Fagin es
judío o no". Añade incluso que "y si comparamos a Fagin con otras instituciones como la policía o los magistrados, resulta ser el personaje menos hipócrita de todos".
Polanski no nos muestra la muerte de Fagin en el patíbulo, aunque sí la de Bill Sykes, un matón odioso que acaba ahorcándose a sí mismo mientras trata de huir de la policía. Por otra parte, se insinúan también con trazos gruesos los elementos que Dickens utiliza para denunciar la hipocresía de la sociedad anglicana burguesa de su tiempo.
Polanski tampoco carga demasiado las tintas, y hasta matiza los grados de maldad y bondad, dejando a Mr. Sowerberry como modelo de compasión: es un calzonazos que cae simpático, reservándose para su mujer y sus empleados los papeles de antipáticos explotadores.
El mérito de la Nancy de Polanski consiste en ser la que más nos conmueve de las anteriores adaptaciones cinematográficas. Su encariñamiento con Oliver resulta verdaderamente creíble.
Las actuaciones son muy acertadas: algo caricaturescas allí donde debían serlo, dramáticas y cómicas como marca el tono dickensiano.
Polanski contrató sólo actores británicos para que pudieran reproducir el acento característico de la época.
Por otro lado, el realizador se ha rodeado de una serie de colaboradores que aportan una innegable vistosidad a la cinta, empezando por los encargados del vestuario y del maquillaje y prosiguiendo con todos aquellos que han
construido los suntuosos decorados repletos de extras que vemos en el filme. Se usan 800 extras en las calles de Londres y 175 en el orfanato.
La música viene firmada por Rachel Portman, quien, teniendo en cuenta la trama del largometraje, elabora una pieza que combina con una serie de notas sombrías que se escuchan durante buena parte del metraje.
La música ocupa una posición prominente. La partitura consta de 18 cortes, de gran belleza, con una melodía central ("Tema de Oliver") y dos complementarios ("Tema de Fagin" y "Tema de Truhán"). Predominan las composiciones de cuerdas y sobresale la estremecedora trompeta que acompaña la secuencia del orfanato.
A N
A NA N ÁÁ L I S I S C I N E M A T O G RL I S I S C I N E M A T O G R ÁÁ F I C OF I C O
Al contrario del colorido Oliver musical de Carol Reed (1968), el Oliver de Polanski le debe más a la versión oscura, triste y en blanco y negro, de David Lean (1948). Ahora bien, sí se han tomado muchos elementos estéticos de la comedia musical de Carol Reed.
En su trabajada reconstrucción de Londres para Oliver Twist, Roman Polanski se inspiró en grabados de Doré.
Ya los créditos iniciales son una declaración de intenciones: imagen fija sobre un carboncillo en el que la campiña inglesa se dibuja oscura y con un cielo abierto y claro que parece dar esperanza. Así es el resto de la película: planos fijos, que se muevan los actores, que actúen, que para eso la selección de personal ha estado tan acertada.
Oliver Twist es un clásico de la literatura y el director polaco respeta hasta tal
punto este clasicismo que no se contenta con adaptar la novela a nosotros, a nuestro tiempo, sino que introduce al espectador en la Inglaterra victoriana a base de fotogramas geniales donde nada se improvisa. El azar no existe. El camino es tan real que podemos ver nuestras pisadas. Cada plano es un cuadro de William Turner (pintor inglés del siglo XIX considerado uno de los grandes maestros de la pintura paisajista británica en acuarela) pero con el detallismo y la precisión que son posibles gracias a la tecnología del siglo XXI.
Algunos críticos consideran que aunque es una película muy cuidada desde el punto de vista técnico, abusa de los planos generales y no consigue la cercanía, el pellizco emocional que proporcionan los primeros planos dispuestos estratégicamente para que el espectador se asome al interior de los personajes clave.
La exquisita fotografía nos ofrece muchas escenas rodadas en el crepúsculo, sobre todo en los desplazamientos de Oliver por los caminos. Pero sobre todo abundan las imágenes sombrías, oscuras y con mucho contraste, lo que ayuda a acentuar la denuncia social de Dickens, un sistema que condenaba a muchos chicos huérfanos a la delincuencia y a la miseria por la falta de oportunidades.
luces doradas y los grises (un gris ceniza, entre azulado y verdoso, que ya utilizara en El pianista y que confiere esa atmósfera tan especial). Hace uso frecuente de la cámara subjetiva y explica la acción desde el punto de vista del niño.
La película se rodó en Chequia, en Barrandov Studios, en exteriores de Beroun, Zatec y Praga. Los decorados reproducen 5 calles, entre ellas King Street, varias plazas y dos barrios periféricos de Londres. El rodaje comenzó el 12 de julio de 2004 y terminó el 16 de septiembre del mismo año.
La atención puesta por Polanski a los detalles de ambientación influye en todos los aspectos; la escenografía es arrebatadora y por un momento, el espectador siente que está ahí, en el taller, viendo cómo Oliver es humillado por atreverse a pedir un poco más de comida. Pronto llegará a Londres, donde encontrará protección y explotación en manos de Fagin (un fascinante Ben Kingsley quien, como es su costumbre, se mete magistralmente en la piel de su personaje), que en esta versión mantiene iguales dosis de perfidia y patetismo, por lo que resulta más difícil odiarlo que compadecerlo: después de todo está ofreciéndoles a estas criaturas la única salvaguardia que conoce y su intención parece no ser tan canallesca.
Hay momentos en que no sabemos si odiar definitivamente a Fagin y condenarlo a nuestra aversión, como hacemos sin dudarlo con Bill, o si enternecernos ante un temblor suyo y llegar a creernos su sonrisa pedigüeña. Tan pronto saca a relucir su enajenación y odio como un volcán en erupción como pasa la tormenta y saca a relucir sus artes llenas de ternura y misterio hacia sus "chicos". Fagin acaba loco, presa del conflicto que le arde dentro: el brillo del metal o el brillo de los ojos de Oliver, el tacto crujiente de las libras o pasar la mano por el pelo del noble niño.
Resulta inolvidable la escena final de la película, en la que Fagin, encerrado en una oscura y desamparada celda, es visitado por Oliver Twist antes de ser ajusticiado. Fagin formula la siguente pregunta:
"Oliver, ¿sabes cuál es el pecado más grave del ser humano?". "... la ingratitud".
inmundo Bill Sykes (notable Jamie Foreman) atrae una sobreentendida y silente referencia al trágico sino de la hermosa Sharon Tate.
De hecho, éste y otros detalles contribuyen a suponer que ésta es la cinta más autobiográfica que el director polaco ha realizado en su carrera. Acaso él es Oliver Twist, o lo fuera un poco, en su infancia fugitiva del régimen Nazi. Todas las interpretaciones de los niños son excelentes, llenas de trasparencia y credibilidad. Entre ellas, destaca la del niño Artful Dodger, interpretado por Harry Eden. Por otro lado, el niño encargado de dar vida al papel de Oliver Twist es Barney Clark, londinense de 11 años, que tiene una interpretación más discreta y humilde, pero impregnada con una gran dosis de naturalidad e inocencia. Polanski, gracias a la directora de casting Celestia Fox, en su búsqueda de "un chico que no fuese guapo pero
atractivo, de cierta inteligencia y algo de melancolía", encontró al pequeño
Barney después de una selección de entre cientos de críos.
Los actores secundarios están muy bien elegidos, siendo sus rostros y ademanes muy propios de cualquier producción de época.
Resulta destacable cómo Polanski utilizó el asesoramiento de un mago, James Freedman, como "pickpacket consultant" (consultor carterista). Hay muchas secuencias mágicas en la película, pero la de los carteristas mostrando su juego a Oliver, o en plena acción en la calle, es un auténtico ballet. James Freedman comenta que "en esa época había muchas bandas
de carteristas en Londres. La razón por la que la gente como Fagin usaba niños era que tenían las manos pequeñas".
G U S T A V E D O R G U S T A V E D O R ÉÉ L O N D R E S : U N A P E R E G R I N A C I L O N D R E S : U N A P E R E G R I N A C IG U S T A V E D O RG U S T A V E D O R ÉÉ ÓÓ NN L O N D R E S : U N A P E R E G R I N A C I L O N D R E S : U N A P E R E G R I N A C IÓÓ NN
presupuesto de 60 millones de euros. El productor de diseño, Alan Starski, fue el encargado de ofrecer todos los elementos visuales con los que contar esta clásica historia creando un espectacular decorado de las calles de Londres a mediados del siglo XIX. Starski y el director de arte, Keith Pain, obtuvieron un mapa de 1835 que contenía los nombres y tipo de negocios de las principales tiendas de aquel tiempo. También encontraron varios cuadros que mostraban claramente la apariencia de este periodo. Ahora bien, será en los grabados de Gustave Doré donde se basen fundamentalmente para recrear el Londres victoriano. Londres se ve como una sucesión de laberínticas calles y callejones, patios por los que Oliver es arrastrado, y en los que vive la pobreza, la suciedad o la delincuencia.
Durante la época victoriana (1837-1901) Londres era la urbe por excelencia, la capital del mundo, tan grandiosa e imperial como insalubre y sórdida. Centro de la revolución industrial, su enorme crecimiento demográfico le había hecho alcanzar los 6 millones de habitantes, apiñados primero en su casco histórico y derramados luego por las afueras de la ciudad, cuya área edificada se multiplicó por diez.
Precisamente en Londres, en 1869, el conocido periodista inglés Blanchard Jerrold (que ya había publicado varios libros) propuso a Doré trabajar juntos para hacer un retrato de aquella capital.
El resultado de aquella aventura literaria y gráfica sería Londres, una
peregrinación, guía para viajeros urbanos impresa en un volumen que
incluye 180 grabados. Se publicó en 1872 y se convirtió de inmediato en un éxito comercial.
El resultado de la inspección que hizo Doré por los bajos fondos de Londres, contraponiéndolos a los lujos de la nobleza y la burguesía, fue la indignada denuncia de situación de extrema pobreza e injusticia en la que agonizaban la gran mayoría.
La descripción melodramática que hace Dickens de los niños que morían de hambre, vestidos con andrajos, trabajando en fábricas, minas, limpiando chimeneas, padeciendo el éxito de la Revolución Industrial, está en las imágenes de Doré con pequeños que son fantasmas de rostro renegrido, desfigurado por la inanición y el rictus de quien respira con los pulmones
deshechos. Doré, como Dickens, se sumerge en la avaricia moral de las instituciones religiosas y la caridad, en el trabajo esclavo, en la podredumbre de las enfermedades incurables, en la sífilis como única herencia y hace grabados oscuros. La Inglaterra victoriana es un fracaso social, la vileza es la constante puritana.
Sin embargo, aunque el libro fue un éxito financiero, hubo críticos a quienes su publicación no dejó satisfechos; concretamente les disgustó que Doré iluminase la oscura pobreza existente en la ciudad victoriana, orgullosa capital de un extenso imperio. Tildado por unos de "fantasioso más que
ilustrador", su obra fue considerada, por otros, de "cáustico boceto de la realidad popular del momento".
Dichas quejas se debían al hecho de que entonces, como ocurre ahora, en los libros de viajes, ya muy populares, no salía la gente pobre, la insalubridad, la explotación laboral ni los barrios bajos de las grandes ciudades.
Contra esta tendencia, en su inspiración "dickensiana", Londres, una
peregrinación aspiraba a dar una imagen integral de la metrópoli inglesa, sin
excluir aquellos aspectos que el gusto burgués y satisfecho de la alta sociedad londinense pudiera considerar desagradables.
Si Doré fue acusado de "inventar, no de copiar lo que veía", los libros de Dickens también desataron protestas por su denuncia de las atrocidades cometidas por la industria y las instituciones. El espejo social que hicieron Dickens y Doré está plenamente vigente en nuestros días.
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denuncia en sus libros las desigualdades que se producían en la Inglaterra victoriana y especialmente el modo en que se explotaba a los trabajadores para conseguir la industrialización del país. Marx, contemporáneo suyo, dijo que "en sus libros se proclamaban más verdades que en todos los discursos
de los políticos y moralistas de su época juntos". Y sin ninguna duda, el autor
de Grandes esperanzas es la mejor prueba de que Balzac estaba en lo cierto cuando dijo que las buenas novelas son la historia privada de los países.
Dickens fue el primer novelista que hizo de Londres el centro de su ficción, convirtiéndola en la gran protagonista de sus libros, uno de los personajes mejor dibujados dentro de sus novelas. Desde los bares de las afueras de la ciudad hasta las orillas del Támesis, todos los aspectos de la capital británica son descritos por alguien que la amaba verdaderamente y que pasaba muchas horas caminando por sus calles.
Peter Ackroyd, autor de la biografía Dickens, comenta que "Si alguien
pudiera viajar al Londres de Dickens se pondría enfermo, por los olores, las miasmas y lo insalubre del entorno". Si en 1800, la ciudad contaba con un
millón de habitantes, el siglo XIX se cerró con cuatro millones y medio. "Era
la ciudad más grande del mundo, una megalópolis, el centro del universo financiero, de la revolución industrial y del pujante imperio británico". Además
de la fiebre del ferrocarril, que extendió sus railes por toda la urbe, existían las fiebres propiamente dichas, que era como llamaban a "las enfermedades,
que se propagaban como manchas de aceite. Dickens sobrevivió a cuatro epidemias de cólera, y de forma regular se producían brotes de tifus, fiebres tifoideas, diarreas epidémicas, disentería, viruela y otras dolencias. Los niños caían como moscas".
Las novelas de Dickens eran, entre otras cosas, trabajos de crítica social. Él era un fiero crítico de la pobreza y de la estratificación social de la sociedad victoriana. A través de sus trabajos, Dickens mantiene una empatía por el hombre común y un escepticismo por la familia burguesa. La novela Oliver
Twist fue la responsable de la limpieza del arrabal de Londres que fue la
base de la historia La isla de Jacob. Además, con el personaje de la trágica prostituta, Nancy, Dickens "humanizó" a tales mujeres para los lectores, mujeres que eran apreciadas como "desafortunadas", inmorales víctimas inherentes de la economía del sistema victoriano. La casa desolada y La
victoriano: los interminables litigios de la corte de la Cancillería que destruyeron las vidas de las personas en La casa desolada y el ataque doble en La pequeña Dorrit con la patente ineficiencia y corrupción de las oficinas y con la irregular especulación de los mercados.
Al día siguiente de la muerte de Charles Dickens, podía leerse, en The Daily
News: "Gracias a sus estampas de la vida diaria, que no a las crónicas oficiales, las generaciones futuras tendrán la oportunidad de saber cómo se desarrollaba la vida en el siglo XIX".
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fue un "indignado" del siglo XIX. En la misma línea se sitúa Benjamín Prado, quien nos recuerda que Charles Dickens murió en 1870, pero sigue estando presente. La mayoría de sus temas característicos, como la lucha de clases, la explotación infantil o la ineficacia de la justicia, siguen de actualidad. También continúan entre nosotros sus personajes, con los mismos problemas aunque con nombres diferentes:
• ¿O es que no podrían estar dentro de Oliver Twist, junto a los niños callejeros que la protagonizan, esos otros niños reales que hoy son abandonados en las calles de Grecia por sus familias, con la esperanza de que alguien los alimente?
• ¿No nos recuerdan los convictos de La pequeña Dorrit, presos en la cárcel de Marshalsea, a orillas del río Támesis, por no poder pagar sus deudas, a los desahuciados que aquí y ahora, en la España del siglo XXI, arrojan a la miseria los bancos cuando ya no pueden pagar la hipoteca salvaje que tenían con ellos?
• ¿No nos hacen pensar muchos de los métodos y teorías del neoliberalismo a los del usurero Scrooge en Cuento de Navidad o a los del avaro Uriah Heep en David Copperfield?
Pasados más de doscientos años del nacimiento de Dickens, nuestro mundo se parece en demasiadas cosas al suyo. No hay más que leer el principio de
Historia de dos ciudades:
"Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación".
La historia de Oliver tenía un enorme fondo social, que era la enorme migración del campo a la ciudad de aquellos años, hasta el punto de que mucha gente llegaba a la ciudad y se encontraba sin medios para sobrevivir. Hoy sabemos que desde 2012, en China, por primera vez, hay más habitantes urbanos que rurales, eso es algo que ocurrió en Inglaterra en vida
de Dickens.
Según Polanski, la de Oliver es "una historia que hoy está más viva que
nunca", no hay más que pensar en lugares como "Bombay o Bangkok, donde tantos niños pobres libran mil batallas diarias por la supervivencia. En México D.F. viven más de diez millones de personas amontonadas. Oliver Twist es la historia de un chico huérfano en una ciudad superpoblada y desarrollada... ¿no es eso contemporáneo? Son temas universales que por su naturaleza siempre serán contemporáneos".
En Tiempos difíciles, Dickens critica ácidamente las lamentables condiciones de vida de los obreros ingleses y la desproporcionada distancia que había entre su existencia y la de los ricos del país. Hoy, en plena crisis, con la Bolsa en números rojos, los impuestos por las nubes y los sueldos por los suelos; con los Gobiernos de Europa intentando llenar con dinero público el pozo sin fondo del sistema financiero y las cifras del paro creciendo en nuestro país hasta el borde del abismo, es muy posible que el lector se asombre al ver cómo esa novela publicada en 1854 describe la actualidad. ¿O acaso el desequilibrio entre las miserables casas de los proletarios que dibuja Dickens, frías, oscuras y casi sin muebles, y las lujosas mansiones de los capitalistas, que consideran a sus empleados simples bestias de carga, no es comparable al que hay entre los salarios de los mileuristas y los sueldos astronómicos que se ponen a sí mismos los directivos de los bancos, hoy día? La única diferencia entre aquellos privilegiados y estos es que entonces se llamaban utilitaristas y hoy se llaman neoliberales, y que unos citaban a Stuart Mill y otros a Milton Friedman, pero nada más.
En el fondo, y como demuestran de forma brutal las colas ante las oficinas del INEM y en los comedores de beneficiencia de nuestras ciudades, las novelas de Charles Dickens son una constatación de hasta qué punto el capitalismo ha fracasado en su búsqueda del famoso Estado de bienestar. Otra de las obsesiones de Dickens es la lentitud, ineptitud y en ocasiones impureza del sistema judicial, que tiene su mayor expresión en Casa
desolada, donde se refleja la mezcla de incompetencia y prepotencia de una
Corte de la Cancillería que a algunos les podrá hacer pensar en ciertos magistrados de nuestra Audiencia Nacional y nuestro Tribunal Supremo. O en Oliver Twist, donde se puede ver la forma en que la ley es cuidadosa con
más, en Tiempos difíciles, donde el escritor se burla de la incompetencia del sistema y de su invento más perverso, la burocracia, un laberinto sin salida simbolizado en el supuesto Departamento del Circunloquio cuya función es
"hacer lo que sea necesario para que no se pueda hacer nada". En un país
como España, donde sólo el 27% de los ciudadanos opina que los medios que el Estado destina para garantizar la defensa jurídica son suficientes y la gran mayoría piensa que funciona mal, está anticuada y es ininteligible, los libros de Dickens siguen contando la verdad: nuestro mundo no ha sabido mantenerse a flote porque no ha sabido ser ni solidario, ni ecuánime, ni flexible, y al final se ha quedado sin respuestas.
Tanto Charles Dickens como Karl Marx vivieron en el Londres del siglo XIX y lanzaron desde diferentes perspectivas sus críticas al sistema capitalista en unos tiempos convulsos y difíciles como los actuales. Como nosotros, Dickens vivió una época de profundas transformaciones sociales, resultado doloroso e injusto del capitalismo y la industrialización que se cebaron en las clases más desfavorecidas.
El autor de El Capital y Dickens vivieron el mismo Londres y reflexionaron sobre la misma sociedad buscando soluciones cada uno a su manera. Marx se instaló en Londres en 1849, el mismo año que el novelista publicó David
Copperfield. Los años de gestación de El Capital fueron los mismos de Tiempos difíciles, La pequeña Dorrit o Grandes Esperanzas. El primer libro
de El Capital se empezó a publicar en 1867, a la vez que El guardavía dickesiano.
Como dijo George Bernard Shaw, las relaciones entre ambos son múltiples, aunque, mientras Marx se sentía un revolucionario, Dickens no sabía cuál era su papel más allá de lo literario. Ambos reflexionaron sobre las diferencias sociales y lanzaron desde diferentes perspectivas sus críticas al sistema capitalista en unos tiempos decimonónicos convulsos y difíciles. Y cambió la interpretación del mundo. Con la crisis actual, los recortes y dramas sociales que vivimos, con este neocapitalismo salvaje que nos envuelve, a falta de nuevas voces que nos expliquen lo que pasa, Marx y Dickens siguen estando vigentes.
Hoy, frente a la catedral de St. Paul (que aparece en tantas de sus obras, como David Copperfield), acampan los indignados, con sus pancartas que
identifican capitalismo y crisis. Parece un buen sitio para evocar el compromiso social de Dickens, sus visitas a los orfanatos, las fábricas, su fundación de una institución para "mujeres desorientadas"... Peter Ackroyd manifiesta que fue un "feroz crítico de su sociedad, un indignado del siglo
XIX" que, a pesar de haberse hecho famoso y rico, nunca olvidó su ideal de
justicia.
L A F R A G I L I D A D D E L A I N F A N C I A
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humana aparece o desaparece sobre todo en nuestra relación y conciencia crítica con la infancia. Los niños son víctimas fáciles y terribles de cualquier abuso: niños mineros, niños de la calle, niños de la guerra, niños hambrientos, niños violados, niños vendidos o comprados... La lista es tan interminable como la historia general de la infamia que imaginó Borges.
Es una actualidad insoportable que ya se denunciaba en Dickens y Marx. En 1848, Lord Ashley describía a más de 30.000 niños "abandonados,
vagabundos, despojados, desnudos y delincuentes" que circulaban por todo
Londres. El mundo de la cultura ofreció su perspectiva del asunto con personajes como Kim, de Kipling, un niño de la calle indio, o Gavroche, en
Los miserables de Víctor Hugo. También la banda de carteristas de Fagin en Oliver Twist atestiguan la presencia de niños de la calle en el Londres
decimonónico.
Los niños del Londres de Dickens eran alcohólicos y prostitutas. Calles enteras eran convertidas en burdeles. El abuso infantil, la prostitución infantil y el asesinato eran probablemente el equivalente a los niños desahuciados hoy en día en diferentes latitudes del mundo... y sus expectativas de vida eran prácticamente las mismas.
Dickens analiza, en un tono de melodrama e ironía aguda, la miserable conducta humana y los niveles de bajeza que puede alcanzar el placer de abusar de un ser indefenso.
Oliver Twist es un profundo análisis sobre la fragilidad de la infancia y la
maldad siempre presente en la especie humana. Esta novela transformó la mirada de la propia sociedad hacia tragedias que hasta entonces eran invisibles.
Demasiada tristeza y desamparo recorren los rincones de este cuento para adultos, y en sus pequeños instantes de ternura, se vislumbran los mejores momentos de una obra superior.
Comenta Polanski que "un niño huérfano en un país en vías de desarrollo
siempre parece ser el mismo y siempre tiene un destino similar". En Oliver Twist, los adultos le repiten una y otra vez que es un huérfano sin nombre y
que no merece ser amado.
Ronald Harwood, el guionista, llama a Dickens
"el primer escritor realista de su tiempo. Las Casas de Trabajo, y la manera en que los pobres y los huérfanos eran tratados, fueron su inspiración. Dickens mismo provenía de una familia pobre y trabajó en una fábrica explotadora cuando era pequeño porque necesitaba el dinero. En la película hay una secuencia en la cual los niños son forzados a recoger 'oakum' [estopa, las fibras de una cuerda gastada] para volver a usar la cuerda. Era el más doloroso, agonizante y sucio trabajo, y ponían a niños y convictos a realizarlo. Dickens sabía de estas cosas".
Sus biógrafos señalan como una marca o registro significativo la "sensación
de humillación y abandono que le acompañó desde muy pequeño y por el resto de su vida", cuando a muy temprana edad debió abandonar sus
estudios y ponerse a trabajar como consecuencia del encarcelamiento de su padre a causa de no poder pagar sus deudas. Así en Oliver Twist nos muestra a un niño abandonado en un orfanato, estigmatizado como un ser problemático, solo, indefenso, golpeado, maltratado, explotado...
El problema de los niños abandonados en reformatorios y su posterior educación, relacionado con la formación hacia la delincuencia y, en algunos casos, su posterior salvación a manos de una familia, ha sido un tema abordado en la literatura desde antiguo. En Rinconete y Cortadillo nos lo presenta Cervantes. Un adiestrador de delincuentes es el ciego de El
lazarillo de Tormes, que enseña la picaresca de la supervivencia en una
sociedad hostil a la marginación. Fagin será, en Oliver Twist, el maestro de carteristas que enseñará a robar a Oliver con didácticas muy precisas. Ya lo afirmaba desde el conductismo Skinner: "dadme un niño, que yo haré de él
un criminal o un santo".
El niño del orfanato es maltratado sin sentido, o entregado a empresarios sin escrúpulos que les enseñan un oficio a costa de una vida de esclavos.