N. B. McCULLOUGH, PH.D., M.D., G. A. BEAL, PE.D.
Jefe y Bacteriólogo, respectivamente, del Laboratorio de Investigaciones Clinicas, Institutos Nacionales de Higiene del Servicio de Salud Pziblica de Estados Unidos
Desde que se reconoció oficialmente el género Brucella (4), su composición, los criterios de designación de las especies y la estabilidad biológica de éstas han sido objeto de constantes discusiones y contro- versias. En los últimos años se ha inten- sificado el interés por estas cuestiones. Se han formulado muchas y muy variadas propuestas: por ejemplo, transferir al género Brucella organismos a menudo carentes de relación íntima con las especies de este género reconocidas previamente; basándose en rasgos secundarios, reconocer nuevas especies dentro del género; adoptar una sola designación para las especies. El concepto de estabilidad de las especies ha sido impug- nado incluso en ocasiones y lugares diversos y se han presentado informes dando cuenta de la transformación de una, especie en otra por efecto de su paso por determinados huéspedes animales. El momento es oportuno para un nuevo examen crítico de estas cuestiones.
Como orientación y ayuda en la debida evaluación de los puntos que se trata de esclarecer, será de utilidad una breve re- seña histórica de la adopción del género y de la designación de sus especies. Aquélla se demoró por largo tiempo. La Brucella melitensis (Micrococcus melitensis) se aisló y describió en 1887 (1), y la Brucella abortus (Bacillus abortus) en 1897 (2). Transcurrie- ron 20 años antes de que los minuciosos estudios de Evans (3) demostraran la íntima relación entre estos dos organismos, y pasa- ron varios años más antes de que esta rela- ción se aceptara y se estableciera el género Brucella. Dosfactoresprincipales contribuye-
* Presentado en el Cuarto Congreso Interameri- cano sobre Brucelosis, fS8 de octubre de 1957, Lima, Perú, y publicado en ingl6s en el Bulletin of the World Health Organization, Val. 19, No. 4, 1958.
ron a demorar el reconocimiento y acepta- ción de la similitud de estos organismos: uno que Bruce no llegase a reconocer la forma ba- cilar del organismo por él descrito, y otro que Evans incluyese en sus estudios compara- tivos el Bacterium bronchisepticus.
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segundo, y aglutinaba cepas del cuarto grupo en un 30% por lo menos de la titu- lación homóloga. El cuarto grupo se compo- nía de cepas paramelitenses, caracterizadas por la no aglutinabilidad en la mayoría de los demás antisueros y por falta de apti- tud para estimular la producción de un antisuero potente en conejos o cobayos. Esta agrupación serológica de Meyer, se basaba en una técnica de absorción hasta la extinción. Luego, basándose en estudios morfológicos, de cultivos, bioquímicos y serológicos, se recomendó que la B. abortus se eliminase del género Bacterium y que el grupo abortus-melitensis se colocara en un nuevo género, el “Brucella” (de Bruce).
Para incluir el Br. melitensis y el Br. abortus en el mismo género era preciso pro- bar su semejanza, y una vez establecida esta prueba, se procuró definir entre los miem- bros del grupo diferencias que pudieran servir de base para la designación de las especies. Por razones epidemiologicas ostensi- bles importaba poder seguir una infección de brucelosis hasta su posible fuente: cabra, vaca o cerdo. Por consiguiente, todos los primeros intentos de diferenciar las especies tendían a establecer distinciones entre las cepas de Brucella aisladas de estos tres huéspedes. T,a diferenciación de las especies adquirio aun mayor importancia cuando se averiguó que cada una, si bien ataca principalmente a un huésped específico, se puede hallar en otros huéspedes.
En 1914, un organismo que se supuso era Br. aborius (B. abortus), fue aislado por Traum (6) de un lechón prematuro de una granja de Indiana, donde hahían ocurrido abortos entre los cerdos. El aislamiento inicial fue hecho en tubos de cultivo sin cerrar, lo que indicó que este organismo po- seía características de cultivo distintas de las de la mayoría de las cepas de Br. abortus que habían sido aisladas de animales bovinos. Dos años después, Good y Smith (7) comu- nicaron haber aislado Br. abortus (B. abortus) de una cerda que había abortado; también esta cepa parecía depender de condiciones at,mosféricas especiales en menor grado que la mayoría de las cepas de origen bovino.
La diferencia en cuanto a los requisitos at- mosféricos del organismo porcino, fue ob- servada de nuevo por Doyle y Spray (8) en 1920.
La comunicación de Huddleson (9), en 1921, de que las cepas bovinas requerían una mayor tensión de anhídrido carbónico para desarrollarse en el aislamiento inicial, ofrecía una explicación satisfactoria de las diferencias de cultivo, antes anotadas, de las cepas porcinas. En 1924, Buck (10) demostró que la Br. melitensis, en aisla- miento primario, se desarrolla con rapidez igual 0 mayor en una atmosfera normal que en otra de mayor tensión de anhídrido carbónico, y consideró que esta caracterís- tica permitía diferenciar la Br. abortus de la Br. melitensis.
En 1927, Huddleson (ll) describió las diferencias de producción de ácido sulfhí- drico por cepas de Br. abortus (hovinas, porcinas y de origen humano) y de Br. melitensis. En las condiciones de dicho estudio, las cepas de Br. ,melitensis no pro- dujeron ácido sulfhídrico perceptible, mien- tras que las de Br. abortus, lo producían cualquiera que fuera su fuente. A hase de nuevas observaciones, afirmó Huddleson que en las diferencias en cuanto a producción de ácido sulfhídrico por las cepas hovinas y porcinas bastaban para separarlas en dos distintos grupos taxonomicos.
En busca de una prueba única, simple y segura, que facilitara la diferenciación de los tipos primarios de Brucella, Huddleson (12) elaboró la prueba de diferenciación por colorantes. Esta prueba se aplicó a 310 cepas de Brucella aisladas de seres humanos, ganado bovino, porcino, cabrío y caballar, en América, Europa y Africa. Por su manera de reaccionar al cultivarlas en presencia de los colorantes tionina y fucsina básica, todas estas cepas podían ser clasificadas en uno de estos tres grupos: las de crecimiento inhihido por la tionina, mas no por la fucsina
cuencia de estos estudios, propuso que el género Brucella se dividiera en tres especies principales: Br. abortus (Bang), Br. suis
(Traum) y Br. melitensis (Bruce).
En 1933 se hizo patente el valor epide- miológico de tipificar las especies de Brucella por los métodos de Huddleson (requeri- mientos de anhídrido carbónico, producción, de ácido sulfhídrico e inhibición de creci- miento en medios que contengan tionina y fucsina básica). Huddleson (13) aplicó estos métodos de prueba a 1.147 cepas proce- dentes de infecciones humanas y de ganado vacuno, de cerda, cabrío y caballar, así como de aves de corral, de búfalos y de un perro. Aunque la mayoría de las cepas se aislaron en Estados Unidos (G8,9 %), fueron objeto de este estudio cultivos originaria- mente aislados en otros 21 países (Fran- cia, Túnez, Argentina, Italia, Malta, Gran Bretaña, Alemania, Dinamarca, Hungría, Rhodesia, Suecia, Chile, Uruguay, Suiza, Holanda, Argelia, Unión Soviética, Bélgica, México, Colonia del Cabo y China). De 494 cultivos aislados de vacas (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Argen- tina, Suiza, Túnez, Chile, Uruguay, Dina- marca, Bélgica y China) 96,6 % eran del tipo Br. abortus. De 145 cultivos aislados de cerdos (Estados Unidos, Dinamarca, Hun- gría) 98,6% pertenecían al tipo Br. suis. Todas las 51 cepas aisladas de cabras (Esta- dos Unidos, Francia, Italia, Argentina, Túnez, Malta y Unión Soviética) eran del tipo Br. melitensis. Así quedó ampliamente demostrada, en efecto, la preferencia de Br. abortus por el ganado vacuno, la de la Br. suis por el porcino, y la de la Br. meli- tasis por el caprino-los animales de que se habían aislado por primera vez. El valor epidemiológico de estas asociaciones era, y es, de gran importancia práctica. Se ha con- firmado repetidas veces por numerosos inves- tigadores. Este punto no debe perderse de vista.
Los resultados de los estudios inmuno- lógicos de Meyer y sus colaboradores, antes citados, merecen ser examinados con cuida- dosa atención. Todas las cepas Br. abortus correspondieron al mismo grupo serológico,
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extendida la opinión de que la estabilidad a la acriflavina o al calor denota debidamente la fase suave. La selección en una sola co- lonia por los criterios de Huddleson para la fase lisa, con confirmación por infecti- vidad en cobayos empleando un número reducido de organismos, debiera ser impera- tiva al seleccionar cultivos destinados a la preparación de antisueros para la caracte- rización serológica de cepas de Brucella.
La necesidad de una mayor tensión del anhídrido carbónico por parte de la Br. abortus en el aislamiento inicial, es la ca- racterística más decisiva y constante de esta especie. Como quiera que esta caracte- rística, una vez perdida, no se recupera nunca, todos los aislamientos de BrucelZa debieran hacerse en una atmósfera que contenga una mayor cantidad de dióxido de carbono, y asimismo se debe determinar, pronta e inequívocamente, la necesidad de este gas. Esta prueba es de capital importan- cia para poder asignar una cepa dada a la especie Br. abortus. Por desgracia, en muchos laboratorios no se hace estrictamente esta determinación y de esta suerte se pierde para siempre un elemento de prueba de sumo va- lor. Una determinación más cuidadosa de esta necesidad eliminaría no pocos desacuerdos y controversias entre los laboratorios.
La determinación de la producción de ácido sulfhídrico es segura y los resultados constantes si la prueba se hace en forma estandarizada con inclusión de cultivos de referencia que den reacciones conocidas. Para esta prueba, los autores del presente estudio prefieren agar de hígado, que habrá de ser cuidadosamente preparado y probado para obtener resultados seguros. Es de im- portancia contar con un medio estandari- zado, pues si se añaden compuestos de azufre a los medios sintéticos, las tres espe- cies producen, todas ellas, abundantes cantidades de gas durante varios días. La disociación ejerce cierta influencia sobre los resultados de la prueba. Los cultivos de Br. melitensis, que en la prueba estándar no producen este gas, o lo producen en poca cantidad, pueden desprender cantidades im- portantes cuando se disocian.
El crecimiento en presencia de los colo- rantes tionina y fucsina básica ha producido, en diferentes laboratorios, los resultados tal vez más fáciles de reproducir. Para obtener resultados seguros es preciso emplear medios y métodos estándar e incluir cepas de re- ferencia cada vez que se hace una prueba. Hace varios años, siguiendo recomendaciones hechas por el Comité de Expertos en Bruce- losis, la Organizaciún Mundial de la Salud suministró a los diversos Centros de Bruce- losis partes de unos mismos lotes de dichos colorantes debidamente comprobados. Este procedimiento resultó útil para aminorar las discrepancias entre los resultados de las pruebas de distintos laboratorios. Debe reconocerse que una sola dilución de estos colorantes no bastará para diferenciar todas las cepas de Brucella. Si las diluciones re- comendadas no diferencian determinadas cepas, la mayoría de los cultivos pueden asignarse a la especie que les corresponde mediante el empleo de otras diluciones y comparando el crecimiento con el de las cepas de referencia. Si esta práctica se adoptara con carácter general, las noticias sobre cepas no tipificables o aberrant,es serían menos fre- cuentes.
Se ha propuesto la determinación de la actividad de la ureasa como un recurso más para diferenciar las especies (19, 21). Esta prueba no permite estaklecer una distin- ción entre todas las cepas de Br. melitensis y Br. SUZS, y debe considerarse como una prueba suplementaria, cuyos resultados tie- nen aproximadamente el mismo grado de importancia que la tipificación serológica. Es importante que en la prueba se empleen cultivos de metabolización activa. Esta prueba es de cierta utilidad para caracte- rizar cepas que se presenten en áreas circuns- critas.
procedimientos estándar. Modificaciones de esta técnica, por pequeñas que sean, pueden invalidar los resultados. Para el control adecuado de los métodos es preciso emplear siempre cepas de referencia. Aún así, es preciso tener presente que no existe una prueba que, por sí sola, ofrezca seguridad absoluta para identificar las especies. Deben emplearse t’odas las pruebas estándar y proceder, en cada caso, con juicio crítico, a interpretar los resultados y a determinar la importancia relativa que haya de atri- buirse al resultado de cada prueba.
Aun con el uso de las pruebas y métodos estándar que se han descrito, los resultados de las pruebas dependen de una aplicación concienzuda de la técnica en todos sus de- t,alles y del buen criterio que sólo se consigue con la experiencia para juzgarlos.
Suele reconocerse que las t,res especies definidas mediante el empleo de los métodos a que nos hemos referido, bastan para la clasificación del 95% o más de todas las cepas de Brucella aisladas, cualquiera que sea su procedencia. Se reconoce, asimismo, que esta clasificación tiene gran valor epi- demiológico, puesto que la Br. abortus es la más corrient’e en el ganado vacuno, la Br. suis en cerdos y la Br. melitensis en cabras y ovejas. Es preciso estar precavido contra t,oda propuesta de crear nuevas especies, basadas en diferencias secundarias, que quitarían fuerza a estas asociaciones epidemiológicas. Por otra parte, en ciertas zonas se presentan variantes de estas tres especies. Pero estas variantes pueden asig- narse lógicamente a una de las especies existent,es, a pesar de que no concuerden con ellas en ciertos pormenores.
La variedad danesa de Br. suis no produce ácido sulfhídrico, pero concuerda en otros det,alles con la descripción de la especie y, lo más importante, produce en los porcinos una enfermedad que no puede distinguirse de la debida a la Br. suis clásica. Las cepas de abortus de Rhodesia proliferan sin que se les añada dióxido de carbono, pero en los demás respectos se comportan como Br. abortus, incluso en su preferencia por el ganado vacuno. Es lógico incluir en esta
especie esa variante estable. De modo aná- logo, es natural que se incluyan en esta especie cepas designadas como Br. abortus (23), que no llegan a proliferar en ninguno de los dos medios colorantes diferenciales, si bien necesitan dióxido de carbono suplemen- tario, derivadas del ganado vacuno o del hombre. El reconocimiento de estas variantes y su asignación a estas respectivas especies conserva los valores epidemiológicos de la presente clasificación.
De vez en cuando se propone la transfe- rencia de especies de otro género al género Brucella, o la inclusión en él de especies de organismos recientemente reconocidas. En la actualidad el género Brucella comprende un grupo de especies de organismos estrecha- mente unidos entre sí en cuanto a su morfo- logía, estructura antigénica, características de cultivo y patogenicidad. Opinan los auto- res del presente artículo que no debe conside- rarse la inclusión en este género de ninguna especie de organismo que no sea morfológi- camente análogo a sus especies actuales y no esté en estrecha relación antigénica con ellos, y estiman preferible que cualquiera de tales organismos concuerde, además, en todas las características ahora mencionadas.
Todo sistema válido de clasificación de bacterias tiene que fundarse en característi- cas estables de sus miembros. En estos últimos años se ha admitido nuevamente, sin causa justificada, que las especies del género Brucella son lábiles y que sus caracte- rísticas cambian fácilmente bajo la influencia de factores ambientales. Veamos las pruebas aducidas. Ese concepto parece fundarse en pruebas de dos clases: informes aislados sobre experimentos de infección de animales y subsiguiente recuperación de especies distintas de las usadas para producir la infección; e informes reiterados de aisla- miento de cepas de Brucella calificadas de atípicas, que no concordaban en todos los aspectos con las características de ninguna de las tres especies clásicas.
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Br. melitensis aislada del hombre, primero en un mono y luego en una novilla preñada. Al cabo de cinco semanas se aisló Br. abortus del contenido estomacal del ternero recién nacido. En la repetición del experimento en que se emplearon otras cuatro novillas preñadas de la misma vacada, los citados autores no aislaron Br. abortus de los terne- ros de ninguno de los animales, pero sí recuperaron Br. melitensis de los bazos de tres. Inicialmente, los sueros de todas las cinco novillas dieron resultado negativo al someterlos a la prueba de aglutinina. La explicación más plausible de esta observa- ción es que, en el primer experimento, la novilla estaba infectada natnralmente con Br. abortus. Es bien sabido que el ganado vacuno puede estar infectado durante meses antes de que pueda demostrarse la aglu- tinina.
Washko et al (25) alimentaron cerdos con leche de vacas cuyas ubres estaban infectadas de Br. abortus, incluso cepas aisla- das de cerdos naturalmente infectados. Hasta 62 días después recuperaron Br. abortus de los tejidos porcinos, y recupe- raron también Br. suis en cuatro casos. Obs&vese que este trabajo se efectuó en locales ocupados durante años por cerdos experimentalmente infectados con Br. suis. En fecha más reciente se ha dado cuenta (26) de haberse recuperado Br. melitensis de cobayos y ovejas infectados experimental- mente con una cepa atípica de Br. abortus. Y aún después, uno de estos investigadores comunicó la recuperación de Br. melitensis de cabras experimentalmente infectadas con Br. abortus, cepa 19. Se intent6 confirmar el último hallazgo en otro laboratorio, pero los resultados fueron completamente nega- tivos.
Es significativo que, excepto el experi- mento en que se empleó el cobayo, en todos los ejemplos invocados como casos posibles de transformación de especies, los “mu- tantes” hayan sido las especies que, con más frecuencia, producen infección natural en los respectivos animales. La prueba de aglutinación es de menor valor aún para descubrir todos los casos de infección en
cerdos y cabras que en el ganado vacuno. Los autores del presente artículo estiman que todos esos casos representan infecciones no descubiertas de los animales de experi- mentacicín antes de usarlos, infecciones cruzadas o errores de técnica.
En contraste con esos escasos informes no confirmados sobre “mutaciones” in vivo, abundan los informes sobre infecciones ex- perimentales de ganado vacuno, porcino y caprino en que se emplearon especies distintas de la que infecta con mayor fre- cuencia a esos animales, y ~610 se recuperó la especie usada en el experimento, sin modificación en detalle alguno. Se han in- fectado experimentalmente vacas con Br. melitensis y Br. suis; cerdos, con Br. abortus y Br. melitensis; y cabras, con Br. abortus. Especialmente dignos de mencián son los estudios sobre residencia duradera y repe- tidos pases de especies de Brucella en un huésped aherrame. Gilman et al (27), usando cuatro cepas, pasaron Br. abortus en series de dos, cinco y seis cerdos, con una duración total de residencia, en el cerdo, de 239 días en el último caso. No se pudo descubrir ningún cambio en los cultivos y su infecti- vidad para los cobayos permaneció cons- tante. Cameron y Meyer (28) pasaron Br. abortus, cepa 19, en 21 cerdos consecutiva- mente. El período total de residencia del organismo en dichos cerdos fue de 406 dfas. Todas las características de esta cepa, in- cluso la infectividad para el cohayo, no sufrieron alteración. Doyle (29) pasó dos cepas de Br. abortus en una serie de cabras. Una cepa se pasó consecutivamente en seis cabras, durante un período de 385 días; la otra, en cinco cabras, durante un período de 318 días. Las cepas permanecieron inalte- radas y conservaron su infectividad para animales vacunos y cobayos. Asimismo Henricson y Lindstrom (30) pasaron Br. abortus en una serie continua de siete cabras. No sufrió alteración ninguna propiedad, y esto se aplica igualmente a la sensihilidad a los colorantes, a la producción de ácido sulfhídrico, a las propiedades serológicas y a la patogenicidad para monos.
ocho cerdos por vía intravenosa con Br. melitensis (tipo americano, con elevada act,i- vidad de ureasa) procedente de un cerdo infectado naturalmente. El período más largo de residencia en el cerdo fue de 30 semanas. Todos los organismos que se re- cuperaron se asemejaban en todos los porme- nores al cultivo original. Los controles no inoculados expuestos a los animales de experimentación se infectaron y los cultivos aislados de estos cerdos permanecieron también inalterados. Conjuntamente con Hutchings y sus colaboradores (32), los autores del presente trabajo acaban de completar un est,udio experimental de la infectividad para cerdos de cuatro cepas de Br. melitensis (baja actividad de ureasa) con características individuales propias. Tres de las cuatro cepas residieron en cerdos 265 días; la cuarta, durante 119. Se t’omaron cultivos a intervalos durante el período de bacteriemia (de 8 a 134 días) y en la necrop- sia. Se estudió minuciosamente un t,otal de 76 aislamientos, no sólo para comprobar su conformidad con las características de las especies, sino también lo relativo a las dife- rencias secundarias entre cepas, a que antes hemos hecho referencia. En todos los casos, los organismos aislados dieron resultados totalmente conformes con las características de las cepas de los organismos antes de su uso en el experimento.
Los autores han mantenido las tres espe- cies de Brucella en cobayos mediante pases seriales, sin recurrir en ningún momento a medios de cultivo, durante un período de cuatro años. Todos los cultivos recuperados a intervalos de estos cobayos, siguieron coincidiendo en todos los respectos con las características de las respectivas especies. La estabilidad biológica de las especies de Brucella en estos experimentos in vivo es convincente. Contribuye, además, a de- mostrar la estabilidad de las especies de Brucella in vivo el hecho de que la infección de ganado vacuno co11 Br. abortus y la de cabras coll Br. melitensis, se dan en todo el mundo, y la infección de cerdos con Br. suis, siempre y dondequiera que se haya señalado la presencia de brucelosis en cerdos.
La estabilidad inter-huéspedes de las espe- cies de Brucella está confirmada por el hecho de que, con respecto a cada una de las tres especies, se ha señalado que pro- ducen infecciones naturales en diversos animales huéspedes (por ejemplo, Br. abor- tus, en hombres, caballos, aves de corral, cabras, ovejas, cerdos, perros y venados; Br. melitensis, en hombres, bovinos, ovinos, porcinos, aves de corral, cobayos, ratas, perros, gatos y conejos; y Br. suis, en hom- bres, bovinos, caballos, perros, liebres, aves de corral y conejos.) Las variantes estables indentificadas, a saber, la variedad danesa de Br. suis, son de distribución geográfica limitada. Si los miembros del género BrucelEa fueran lábiles y cambiaran continuamente de características bajo el influjo de factores ambientales, en lugar de tres especies y algunas variantes estables reconocidas, se- rían muchas las especies distinguibles con preferencias por huéspedes específicos. Vale la pena hacer notar que donde se dan varian- tes estables reconocidas (su& danesa), éstas son, en general, los únicos representantes de la especie en una zona geográfica limitada.
Los datos más significativos sobre la estabilidad de las especies de Brucella in vitre, son evidentemente los obtenidos en un solo laboratorio por los mismos investi- gadores durante un período de varios años. Por consiguiente, los autores se proponen describir sus trabajos relativos a esta cuestión.
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culadas a los animales. Hemos descubierto esporádicamente errores técnicos de rotu- lación de jaulas o de cultivos o en la señal de animales, que podrían originar confusiones de no ser descubiertos. Es fundamental, aunque con frecuencia se considere inne- cesario, tipificar cada cultivo mientras se emplea en estudios experimentales o inme- diatamente antes.
A nuestro juicio, muchas cepas “aherran- tes” de Brucella son consecuencia de confu- siones en la aplicación de los métodos est’án- dar de tipificación, más que diferencias reales entre los organismos. Esta opinión se funda en la experiencia de tipificar muchas cepas “atípicas” recibidas de otros investigadores. Sin embargo, aun siguiendo estrictamente los métodos en todos sus detalles, no puede prescindirse de la evaluación crítica de los resultados de las pruebas.
La estabilidad de las características de Brucella empleadas en la designación de las especies cuando los cultivos se mantienen durante largos períodos en medios de labora- torio, es de primordial interés. Reciente- mente sometimos a comprobación la est’a- bilidad de estas características en 34 cultivos aislados de cerdos por nosotros mismos hace unos nueve años. Este grupo de cultivos se componía de 9 cepas de Br. abortus, ll de Br. melitensis y 14 Br. suis. Desde su aisla- miento se almacenaron a una t,emperatura entre 4 y 6°C. en tubos inclinados de agar, con infusión de hígado, y se transfirieron a intervalos de 3 a 4 meses. En el momento de la transferencia habían sido subcultivados primero en tubos inclinados de agar, con tripticasa de soja (a causa de su mayor efecto estimulante sobre el crecimiento), y luego en agar con infusión de hígado para el alma- cenamiento. Cada cultivo había sido subcul- tivado en medios de laboratorio por lo menos 70 veces. La observación de los tipos de colonia presentes reveló que cada cultivo contenía disociantes. Se aislaron de estos cultivos por selección de una sola colonia tipos de fase pura S o SI, y se sometieron a los diversos procedimientos de tipificación.
En cada caso, estos cultivos dieron en todas las pruebas reacciones apropiadas concor- dantes con las obtenidas en el momento del aislamiento primario. Cada uno de los nueve cultivos de Br. abortus había retenido el COZ requerido; la sensibilidad al colorante no se había alterado en ningún cultivo, y otro tanto puede decirse de la producción de H& y de la actividad de ureasa.
La función de la disociación, a conse- cuencia de la cual los cukivos dejan de prestarse a la tipificaci6n por métodos serológicos, es universalmente reconocida y sería superfluo hablar de ella en este lugar. Está igualmente hien establecido que los cultivos disociados son de poca virulencia o avirulentos. Para est,udiar la est,ahilidad de las características de que se trat,a, deri- vamos mucoide y disociantes rugosos en su fase pura del grupo de cultivos antes mencio- nado y determinamos sus reacciones en ensa- yos simultáneos con las pruebas sobre las fases S o SI de los cultivos respectivos. Todas estas variantes sometidas a comprobación exhibían la misma sensibilidad al colorante e igual necesidad de dióxido de carbono, producción de ácido sulfhídrico y actividad de ureasa que las respectivas fases S o SI de las cuales se hahían derivado. Como era de esperar, se ohservó una marcada di- ferencia en su comportamiento serológico. Viene a confirmar la estabilidad de las características usadas para la tipificación de Brucclla la circunstancia de que en nuestro lahoratorio, durante años, muchos cultivos, mantenidos debidamente en medios de la- boratorio durante largos períodos, han sido reexaminados y su tipificación ha concor- dado uniformemente con las características de las especies designadas.
varios años. Todos estos cultivos S han pro- ducido uniformemente infección en cobayos al ser inyectados en pequeño número, y al examinarlos de nuevo a intervalos, no había variado el número aproximado de células necesarias para producir infección. Además, los cultivos S aislados de nuevo de cultivos de reserva mantenidos en el laboratorio durante 16 años como máximo, demostraron ser todos de elevada virulencia. La esta- bilidad de la baja virulencia de Br. aborfus, cepa 19, y de okas cepas especiales de Bru- cella probadas en muchos laboratorios du- rante varios años, acredita, asimismo, la es- tabilidad de esta propiedad.
No cabe duda de que, por manipulaciones de laboratorio (“entrenatiento”), puede lograrse que cepas de Brucella adquieran resistencia a los colorantes y otras pro- piedades atípicas de las especies. Sin embargo, nadie ha confirmado la transforma- ción de una especie en otra en el laboratorio 0 en la naturaleza.
Aunque sea de interés filosófico especular sobre la posibilidad de que todas las especies de Brucella pueden proceder de un ante- pasado común, las característ,icas de las respectivas especies, en particular las que actualmente se usan para su diferenciación, son de una gran estabilidad.
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