NUEVOS ASPECTOS DE LA SALUBRIDAD*
Por el Sr. Don VíCTOR ANDRADE
Ministro de Trabajo, Salubridad y Previs& Social de la República del Ecuador**
La Salubridad ha dejado de constituir en cualquier pueblo, un pro- blema nacional circunscrito por los límites geográficos de su territorio. Las epidemias que azotan a la humanidad no conocen de fronteras, y para combatirlas eficazmente, las naciones tienen que sobrepasar los formulismos que un concepto estrecho de soberanía, podría convertirlos en obstáculos que retarden la victoria sobre el dolor y la muerte. Y en estos tiempos, en que cada paso de la humanidad tiende a considerar la especie humana como una sola familia, unida a un solo destino, la acción sanitaria tiende asimismo a extender su radio de acción a campos más vastos, pues la seguridad sanitaria del vecino significa la seguridad sanitaria colectiva.
Permitidme que exprese algunos conceptos sobre la función del
Estado en relación a la Salubridad Pública: El Estado, como suprema delegación de la soberanía del pueblo, debe tender básicamente, en este campo, a garantizar la salud de todos los habitantes, y en ningún caso, concretarse a la curación de las enfermedades, una vez producidas. De ahí que la Medicina Preventiva y la Higiene son, según mi modesta concepción, las obligaciones fundamentales de un Estado de organiza- ci5.r moderna y con proyecciones verazmente sociales.
La curación de los males, mientras una socialización perfecta del ejercicio médico no la transforme, debe hacerse por tres medios: la curación privada, para aquellos que pueden y deben pagar su propia atención en dínicas o a médicos particulares; el seguro social de enferme- dades, financiado con el aporte del Estado, el patrono y el asegurado; y por último, la curación gratuita o asistencial, provistas por las Juntas de Beneficencia que deben funcionar con recursos otorgados por el Estado, y con aquellos que se reúnen por el instinto humanitario y caritativo de las colectividades.
En un país como el nuestro, en el que el factor humano adolece de tantas deficiencias, la política de Salubridad tiene íntimos puntos de contacto con la política propiamente, de previsión social. La defensa de la natalidad y la lucha contra la mortalidad infantil, son actividades que en un medio como el nuestro deben ser acometidasen una primera etapa con medios asistenciales, para derivar luego a un seguro de maternidad; el servicio antituberculoso, no solamente es un problema de dispensarios y sanatorios, sino el de asistencia y vigilancia social mediante una organización adecuada de Visitadoras Sociales, que lleven la edu- cación higiénica a los ambientes de población densa, y complementen la terapéu-
* Phafos del diicurso pronunciado en la inauguración del nuevo edificio del Ministerio de Salubridad el 7 de agosto de 1944.
** El Sr. Andrade cesó en el cargo de Ministro de Trabajo, Salubridad y Previsih Social en agosto de 1944, pasando en diciembre a ser Embajador de Bolivia en Wáshington.
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OFICINA SANITARIA PANAMERICANA WY0tica con instrumentos propiamente sociales como el salario vital, la nutrición, el abrigo y la vivienda. La higiene en nuestras colectividades rurales, debe complementarse con servicios preventivos; visitas a domicilios que tiendan a asegurar métodos higiénicos en el individuo desde el período prenatal hasta el adulto; los servicios preventivos complementarios de la acción higiénica del Estado, deben incluir el tratamiento de las aguas potables, la instalación de letrinas y desagües, obras de ingeniería sanitaria antimalárica, tratamiento de basuras y desperdicios, acomodación de animales y disposiciones que provean el aislamiento adecuado de infectocontagiosos.
En lo que se refiere a la Medicina Preventiva propiamente dicha, la acción del Estado deberá realizar enérgicamente las inmunizaciones en masa contra la fiebre tifoidea, la viruela, disentería, difteria, coqueluche, tifo, etc., y comple- mentar su acción por tratamiento en masa de la malaria, la uncinariasis, pian, venéreas, etc.
Y ya que me he referido a nuestros problemas sanitarios, no debo dejar de anotar uno de los más graves y que debe llamarnos a serias reflexiones;
una atención sanitaria adecuada requiere un número cinco veces
mayor de médicos, de lo que dispone la República. Las Facultades de Medicina titulan un promedio de veinte médicos anuales que no satis- facen las necesidades actuales ni futuras de la colectividad; en conse- cuencia, se impone un reajuste de nuestro régimen, que no copie el existente en paises donde hay plétora de profesionales, sino que con- fronte nuestra típica realidad: un dilatado territorio y una población de 3,000,OOO de habitantes de un bajo nivel vital.
La educación higiénica de las masas debe constituir una de las preo- cupaciones básicas del Estado; una pedagogqa acomodada a nuestro medio social, que imponga sistemas sencillamente realizables en nuestro ambiente, utilizando nuestros productos y los elementos de nuestras
buenas costumbres. La cooperación de nuestros pobladores en una
campaña higiénica, solo será posible, si les solicitamos el ejercicio de medidas sencillas, acomodadas a su idiosincrasia y a su nivel cultural.
Me he permitido enunciar estos conceptos generales sobre nuestra política sanitaria, porque creo que los hombres de Estado, los pro- fesionales y el pueblo en general, debemos hacer conocer nuestras ideas para encontrar de común acuerdo nuestro rumbo en la solución de los problemas sociales.