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La erradicacion de la malaria y la educacion higienica

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LA ERRADICACION DE LA MALARIA Y LA EDUCACION HIGIENICA”

NORMAN CRAIG

Asesor en Educación Higiénica, Ojicina Sanitaria Panamericana, Ojicina Regional de la Organización Mundial de la Salud, Zona Il

Desde que se propuso y aceptó el nuevo y dinámico plan de erradicación de la malaria en este hemisferio se hizo evidente que la educación higiénica tendría que jugar un importante papel en la empresa.

La erradicación de la malaria significa, seguramente, el mayor reto con que los funcionarios de salud pública se han en- frentado, con excepción del programa de erradicación del A. aegypti en Brasil, pues nunca en la historia de la salud pública en la América Latina se hizo un esfuerzo de tal amplitud geográfica y llamado a beneficiar a tantas personas.

Para llevar a cabo este empeño se presen- tar& múltiples y variadas ocasiones de enseñar y aprender, y habrá que asumir en materia de educación higiénica grandes responsabilidades. De la medida en que se reconozca esta necesidad, en que se le conceda la importancia que tiene, se defina su alcance y propósito, se planee y realice con competencia y energía, ha de depender en gran parte el éxito de la campaña de erradicación de la malaria.

La forma y manera de planear la labor de educación sanitaria en este caso particular debe hallarse justamente en los lineamientos mismos de la campaña de erradicación de la malaria.

Con motivo de las encuestas preliminares y de los reconocimientos geográficos para localizar e identificar los lugares donde el rociamiento de insecticidas deba hacerse, muchas personas establecerán, por vez primera, contacto con los funcionarios de salubridad. Este primer contacto es de primordial importancia pues debe ser también la primera oportunidad de llevar a cabo educación higiénica. Deberá explicarse de manera clara y sencilla, en términos comprensibles, el propósito de la visita, la

* Manuscrito recibido en mrtrao de 1956.

causa y los efectos de la malaria, y la ma- nera de prevenir y erradicar la enfermedad.

La manera de abordar a las personas y la terminologia que se use para explicar los propósitos de la visita, tendrán efectos muy importantes sobre la actitud que dichas personas adopten, no ~610 hacia el personal requerido por otras etapas de la erradicación, sino también hacia los programas de salud pública en general.

Sin duda alguna, durante esta primera etapa de la campaña el personal responsable de su ejecución entrará en contacto con las autoridades de la localidad donde actúe, y puede también obtener datos preliminares sobre quiénes son las personas que ocupan posiciones clave o que, por una razón o por otra gozan de ascendiente en la localidad. Este conocimiento se transmitirá a donde proceda con miras a su utilización en tareas educativas posteriores.

Importa mucho dar todos los conocimien- tos esenciales para la justa inteligencia del propósito de la visita a la localidad, y preparar el terreno para futuros contactos de modo que se suscite una actitud favorable por parte de sus autoridades y habitantes en general, sin entrar en explicaciones en- gorrosas de carácter técnico que puedan crear confusión y fomentar fntima resisten- cia a los fines perseguidos.

Si se dispone de tiempo para ello y una buena proporción de los habitantes están en condiciones de leerlos e interpretarlos correctamente, se pueden distribuir algunos carteles 0 folletos para que las personas más preparadas los lean a los demás una vez que los trabajadores de la campaña se ausenten.

A esta etapa o fase exploratoria seguirá la de rociamiento. Tanto las autoridades locales como el vecindario en general necesitan ser notificados con suficiente

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anticipación para hacer los preparativos indispensables. Tal vez se necesite repetir la sencilla explicación del objetivo de la campaña y tomar medidas para reunir al vecindario con el objeto de nombrar grupos de ciudadanos que asuman la responsabilidad de prestar ayuda al personal encargado del rociamiento. Para evitar el encalado o la pintura de paredes de casas recién rociadas y notificar las infracciones de la recomenda- ción hecha al efecto, hay que contar con la colaboración popular.

Siempre que las circunstancias sean pro- picias, o que se pueda despertar suficiente interés, conviene formar grupos que actúen de comités de salubridad y de organización promotora de actividades educativas en el seno del vecindario. Los sacerdotes, los maestros, los peritos 0 técnicos agrfcolas, y otros aliados deben ser movilizados para los fines educativos de la campaña en progreso. Habrá que distribuir, por los medios más seguros y eficaces, el suficiente material informativo, tendiente a esclarecer el sig- nificado, el alcance y la técnica de la lucha contra los vectores y demás circunstancias que favorecen la propagación de la malaria. En resumen, hay que explorar todos los métodos y técnicas para evitar que el rocia- miento quede incompleto y con ello se malogre el esfuerzo llevado a cabo en los demás puntos.

Se estima que el rociado periódico de insecticidas requerirá alrededor de unos cuatro años. De aqui que la educación sani- taria tenga que estar bien planeada y ser llevada a efecto de un modo sistemático si se pretende mantener vivo el interés de cada colectividad por una sola campaña durante un período tan largo. A fin de cortar permanentemente la cadena transmisora de la malaria es necesario mantener sin des- fallecimientos la alta presión educativa concomitante de la campaña de erradicación. Sin embargo la educación sanitaria no se puede limitar a esto. Como se sabe, el rociamiento solo puede cesar si el área rociada se mantiene bajo una estricta vigilancia por parte de equipos de personal

especializado. Hay que investigar todos los casos de fiebre; los focos residuales de malaria tienen que ser eliminados por medidas terapéuticas apropiadas, Y el rociamiento debe reanudarse donde quiera que haya pruebas de que la reinfección es probable o ha ocurrido ya.

Se prevee que los organismos de salubri- dad de cada localidad puedan asumir la responsabilidad de descubrir la reaparición de malaria y de hacer frente al problema así creado. Si el programa de rociamiento sigue su curso satisfactoriamente y la enfermedad deja de ser epidémica, esta responsabilidad puede ser aceptada ya a los tres años de haber comenzado la campaña de erradicación. Y para esta eventualidad la planificación de la educación sanitaria tiene que contener disposiciones para el fortalecimiento de la preparación sanitaria de los servicios locales en lo concerniente a los aspectos de la educación sanitaria. Estas medidas serán de la mayor importancia al objeto de que la educación sanitaria siga su curso normal una vez alcanzado ya el estadio más complejo de la erradicación de la malaria.

Veamos ahora de qué medios disponemos para esta labor y cómo se puede hacer frente a las mencionadas necesidades.

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242 BOLETIN DI?/ LA OFICINA SANITARIA PANAMERICANA

a fin de obtener el máximo provecho de la labor de los educadores sanitarios bien preparados con que ahora se cuenta. Por otra, a fin de hacer frente a los compromisos resultantes de esta planificación, hay que asignar partidas presupuestarias concretas a los aspectos de la educación sanitaria del programa de erradicación de la malaria.

Conviene recalcar, por segunda vez, la necesidad de contar con los educadores sani- tarios desde los primeros pasos de la plani- ficación de los programas. Ya se hizo notar el problema planteado por la escasez de educadores capacitados de esta clase. Y la situación, difícil ya, se agrava aun más si los educadores sanitarios son llamados a comparecer en las últimas etapas de la pla- nificación para encontrarse con decisiones y responsabilidades definidas sin una con- ciencia clara de lo que un educador sanitario puede hacer o sin saber si tendrá tiempo y facilidades para llevar a cabo funciones esta- blecidas a espaldas suyas. Vistas las cosas desde otro punto de vista, la pronta inter- vención de los educadores sanitarios en el proceso de elaborar los planes de un pro- grama puede ser de provecho a los demás especialistas, dado que la mayoría de aqué- 110s han tenido ocasión de participar en otros programas educativos en sus países respectivos. Ellos deben estar en condiciones de informar a los técnicos en qué lugares existen ya mecanismos que se pueden utili- zar en beneficio de la campaña, de qué perso- nas se puede echar mano como agentes de educación sanitaria y de cuánto trabajo preparatorio se necesita en una dada comarca antes de comenzar las operaciones.

El Comité de Expertos en Educación Sanitaria hizo notar la desproporción entre los gastos ocasionados por la adquisición de costosas películas y otro material de ense- ñanza y la asignación en pro de otros aspec- tos de un programa educativo, y llama la atención a la importancia de “conceder un gran margen de preferencia a la organización de cursos de capacitación en educación sani- taria para trabajadores de salud pública,

maestros, personal auxiliar, trabajadores voluntarios locales y otros”.

Ya se indicó que la campaña de erradica- ción pondrá gran número de trabajadores sanitarios en contacto con grandes masas de personas; también se mencionó la impor- tancia de convertir estos contactos en expe- riencias educativas valiosas y efectivas. A la luz de la recomendación del Comité de Ex- pertos parece evidente que el servicio más importante que los educadores con que ahora se cuenta pueden prestar, consiste en adies- trar en educación sanitaria, en cuanto a cantidad y a clase, los trabajadores necesa- rios para la campaña de erradicación en to- das sus fases.

Los dedicados al reconocimiento geográfico necesitarán adiestramiento en sencillez de expresif>n, en eficaz comunicación oral y en la mejor manera de tratar a la gente. Este mismo adiestramiento será necesario al per- sonal de las brigadas de rociamiento, y tal vez las personas clave de las mismas puedan ser instruídas en la manera más efectiva de utilizar recursos didáctico-visuales. Los trabajadores sanitarios asignados a los or- ganismos de sanidad locales y llamados a estar en contacto con la población interesada, requerirán una preparación más intensa y compleja; y lo mismo puede afirmarse en relación con los dirigentes locales, con los maestros, asesores agrícolas y otros que puedan participar en el programa. A medida que surgen in sz’tu los problemas, se requerirá con toda probabilidad otro adiestramiento en servicio.

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y en consecuencia sería improcedente pensar en la impresión de gran número de carteles o de folletos para su empleo en tales circuns- tancias. Sería aconsejable, en cambio, espe- rar los resultados de los primeros contactos con los pueblos y colectividades interesados por parte de los trabajadores encargados de las encuestas o por parte de otro personal de vanguardia de la campaña, y planear en consonancia con dichos resultados la clase y la cantidad del material de enseñanza que mejor se adapta al nivel mental y a las cir- cunstancias de las comarcas a que se destina. En esta fase de la campaña sería mejor pen- sar en recursos educativos que a su vez se puedan emplear en el adiestramiento de trabajadores de campo, de personas clave, de maestros, etc., capaces de desempeñar funciones de educación sanitaria. Esta ma- nera de elaborar recursos de enseñanza re- sultará ser más económica y útil que la impresión en gran escala de folletos y de carteles del mismo contenido.

La erradicación de la malaria ofrece la oportunidad de adiestrar gran número de

trabajadores, tanto de plantilla como volun- tarios, en el empleo de los métodos y técnicas fundamentales de educación sanitaria Esto quiere decir que se puede organizar un cuerpo de ciudadanos que pueden y deben ser de valor, no sólo para esta campaña en particu- lar, sino para otras que se acometan en el futuro. También ofrece esta campaña una buena ocasión, en muchos casos por primera vez, de crear en las colectividades rurales disposiciones favorables a los programas de salud pública. Por último, ofrece a los mis- mos educadores sanitarios la ocasión de adquirir una experiencia profesional nueva, de ensayar nuevos métodos y procedimien- tos, y de poner a prueba el valor de los que venían empleando.

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