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ERRADICACION DE LA MALARIA EN LAS AMERICAS*
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El problema del dominio de la malaria ha recibido preferente atención de la Oficina Sanitaria Panamericana. Como medio de mantener el interés en dicho problema, que por muchos años fué el más serio de ex- tensas regiones del Continente, la Oficina ha auspiciado la presentación periódica de informes especiales acerca de los progresos realizados y de las perspectivas futuras de la lucha antimalárica en el continente americano. Se presentaron informes de esta clase a la XI Conferencia Sanitaria Panamericana (1942), a la V Reunión de Directores de Sanidad (1944) y a la XII Conferencia Sanitaria Panamericana (1947) por medio de la Comisión Panamericana de Malaria; y a la XIII Conferencia Sanitaria Panamericana (1950) por el Dr. Carlos A. Alvarado, en su calidad de Consultor Especial de la Oficina,
Por la favorable acogida que han tenido estos informes y por la conveniencia de continuarlos, la Oficina consideró oportuno preparar un quinto informe que abarcara el período de 1950 a 1953, y encomendó al mismo Consultor su preparación para pre- sentarlo a la XIV Conferencia Sanitaria Panamericana.
Desde la aparición de los insecticidas de acción residual y dentro de sus disponibili- dades, la Oficina estimuló la ejecución de programas antimaláricos en el Continente, con la convicción de que el uso justo de tales insecticidas en sustitución de los viejos métodos de lucha-lentos, costosos y de acción limitada-permitiría a los países resolver definitiva y económicamente el problema de la malaria, que ha venido retardando el progreso de extensas regiones del Hemisferio y reduciendo los beneficiosos efectos de los programas generales de salud pública.
La XIII Conferencia Sanitaria Panameri- cana reconoció que “merced a la adopción
* Organización Sanitaria Panamericana, Docu- mento CSP14/36.
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de las nuevas técnicas de lucha antipalúdica y al esfuerzo suficientemente intenso y coordinado de los Países Miembros y terri- torios” es posible la erradicación de la malaria del continente americano; y recomendó a la Oficina que prosiguiese “el desarrollo de las actividades necesarias para propender a la intensificación y coordinación de las labores de lucha anti- palúdica en el Continente, estimulando los programas en curso y suministrando inter- cambio de información y asistencia técnica y, cuando fuere posible, económica a los diferentes países a objeto de procurar la erradicación del paludismo en el Hemisferio Occidental” (Resolución XVIII, XIII Con- ferencia Sanitaria Panamericana, Ciudad Trujillo, 1950). Para cumplir esta Resolu- ción, la Oficina ha dado mayor importancia a la lucha antimalárica utilizando recursos de sus presupuestos regulares y del Pro- grama de Asistencia Técnica de las Naciones Unidas. Así ha colaborado con un apreciable número de países y territorios, la mayoría de los cuales han recibido tam- bién la colaboración del UNICEF, que proporcionó materiales y equipo necesario para las actividades de campo.
238 BOLETIN DE LA OFICINA SANITARIA PANAMERICANA Se llama muy especialmente la atención
a la posibilidad de que los anofeles desarrollen resistencia a los insecticidas de acción residual. Hay ya informes que indican que tal resistencia ha aparecido en condiciones naturales en ciertas regiones del mundo, después de algunos años de rociamientos repetidos; y hay indicios que permiten suponer la posibilidad de la aparición del mismo fenómeno entre los vectores americanos. Existen, pues, razones muy poderosas para considerar el factor ‘%iempo” como vital, y que es necesario extirpar todas las “fuentes de infección” antes que el fenómeno biológico de la re- sistencia pueda desarrollarse en los anofeles del Nuevo Mundo. Hay, por consiguiente, una grave responsabilidad que es necesario encarar con firmeza en plazo relativamente corto, en el cual se deben concentrar todos los esfuerzos posibles si los países de AmBrica desean terminar definitivamente con la malaria.
Hay, por otra parte, informes según los cuales una vez que se interrumpa la trans- misión de la malaria, la infección desaparece más rápidamente de lo que antes se creía a consecuencia de la muerte natural del parásito, o sea sin recurrir a medidas quimioterápicas.
A lo anterior, debe agregarse una poderosa razón de carácter económico. El costo de las operaciones de un programa de simple control antimalárico resulta a la larga sumamente elevado, ya que implica gastos anuales que deben hacerse mientras se desee mantener bajos los índices de transmisión. El costo de un programa de erradicación, si bien es alto durante cierto período, permite después su reducción al límite de los gastos relativamente bajos de la vigilancia necesaria para asegurarse definitivamente que la erradicación ha sido conseguida. Vale la pena recordar, por otra parte, el hecho bien conocido de que los gastos de un programa de erradicación de malaria son compensados a la larga y con creces por las ganancias adquiridas en todos los aspectos de la vida de los pueblos.
No se puede seguir considerando la erradicación de la malaria como una mera ’ cuestión de carácter local o nacional. Debe por el contrario enfocarse desde un punto de vista continental, puesto que la per- sistencia de “focos maláricos” en alguna región del hemisferio constituye un peligro
para todo país que haya erradicado la 1 enfermedad. Debe considerarse que este peligro no ~610 consiste en la posible im- portación de la infección malárica en SI, sino también en la importación de anofeles resistentes a los insecticidas.
Es dificil lograr el reconocimiento general - de la absoluta y urgente necesidad de los programas de erradicación como la única solución racional del problema de ciertas enfermedades transmisibles o de sus vec- tores, y ello se debe, en gran parte, al argumento de que no se justifican los gastos .’ después de haber obtenido buenos re- sultados parciales y de haber hecho bajar substancialmente los índices de prevalencia. Debe recordarse, sin embargo, que tales resultados parciales pueden estar sujetos al fracaso cuando, por circunstancias que
hubieran podido evitarse, una enfermedad ^ o un vector puede reaparecer con la misma o mayor intensidad que tenía anteriormente.
Se espera que la XIV Conferencia Sani- taria Panamericana dedique a este asunto el interés que se merece y tome las acciones que considere oportunas a fin de que la erradicación continental de la malaria sea
z una realidad dentro del menor plazo posible.
Uno de los pasos de mayor importancia en este sentido sería proveer de recursos financieros a la Oficina, la cual está lista para asumir las obligaciones de “Agencia
Sanitaria Central de Coordinación” de los ” países del hemisferio occidental, como lo expresa el Código Sanitario Panamericano.
Debe recalcarse, sin embargo, que la Oficina no podrá cumplir satisfactoriamente tales obligaciones con el personal y con los recursos financieros ordinarios a su disposi- t ción; es indispensable que disponga de personal técnico especializado para prestar, por todo el período que dure el programa,
Marx0 19551 ERRADICACION DE LA MALARIA 239 la ayuda técnica directa que los países
soliciten, y de recursos con que atender otros gastos inherentes a trabajos de esta naturaleza. Tales recursos deben catalo- garse como extraordinarios, es decir, no sujetos a los trámites de los presupuestos regulares, a fin de permitir el planeamiento ti
a largo plazo y la elasticidad administrativa necesarios para afrontar las diversas situa- ciones que pueden presentarse. Conviene
añadir que la experiencia de la Oficina le permitirfa administrar dichos recursos extraordinarios en forma tal que se ob- tuvieran los más rápidos y mejores resulta- dos al menor costo posible.