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LA VINCULACIÓN
ÉTICO-SENSIBLE-INTELIGIBLE EN LA ESTÉTICA DE PLATÓN
Alan Rodrigues Souza da Silva1
Hilton Boenos Aires2
RESUMEN: Tratamos inicialmente de un panorama general de la
teoría de las Ideas, tema clave para todo el pensamiento platónico, dentro de lo cual se constituye el paradigma ético para todo el actuar humano. En seguida explicamos cómo las concepciones estéticas, observadas desde la perspectiva de las artes en interacción con la educación, pueden moldear el hombre en la búsqueda por la Belleza trascendente, que se halla en el Mundo Arquetípico Perfecto.
Palabras Clave: Ética, Belleza, Estética.
Résumé: Nous traitons, premièrement d’une vue générale de la
Théorie des Idées, thème basique pour tout la pensée platonique, dans auquel si constitue le paradigme éthique pour tout l’agir humain. Après nous expliquons comment les conceptions esthétiques, envisagées à partir de la perspective des arts en interaction avec l’éducation, peuvent façonner l’homme dans la recherche par la Beauté transcendent, que si trouve dans le Monde Archétypal Parfait.
Mots clés : Ethique, Beauté, Esthétique.
1 Doctorando en Filosofía en la Universidad Católica Argentina - Argentina. – UCA.
2 Doctorando en Filosofía en la Pontificia Universidad Católica Argentina - UCA.
Introducción
Se halla en toda la obra de Platón frecuentes menciones a una política - y por consiguiente, una ética - enteramente relacionada a la metafísica, al trascendente y al trascendental.3 Por ejemplo, en el
Político (268d – 277c), todo el diálogo viene inspirado por un gran
mito:4 los pastores divinos, que cuenta cómo el mundo fue creado
por la divinidad: el mundo que tiene alma y cuerpo, y, como es un ser que posee corporeidad, también está sujeto y sometido a los cambios. Muchas fundamentaciones dadas por platón para su orden político, buscan su esencia última en un orden metafísico.
En Critón (50a -d / 51a) igualmente: cuando Sócrates se recusa a huir de la prisión y salvar su vida, lo hace por sumisión a las leyes de la ciudad, preocupado en mantener el orden. Pero, ese orden al cual Sócrates se refiere no es únicamente inmanente, es también un orden en perspectivas cósmicas. Si uno comete un delito, pone toda la estructura cívica en riesgo, eso quiere decir que, según la cosmovisión antigua, un desorden en la pólis puede traer
3 Para esa cuestión de la relación entre el substrato metafísico religioso y el
surgimiento de la ley, de la política y del derecho en la Grecia, Cf. (VERNANT, 2002)
4 Sobre cómo el “mito” tenía otro valor para los antiguos y civilizaciones arcaicas,
Cf. (ELIADE, 1963): “« Depuis plus d’un demi-siècle, les savants occidentaux ont situé l’étude du mythe dans une perspective qui contrastait sensiblement avec, disons, celle du XIXe siècle. Au lieu de traiter, comme leurs prédécesseurs, le mythe dans l’acception usuelle du terme, i.e. en tant que « faible », « invention », « fiction », ils l’ont accepté tel qu’il était compris dans les sociétés archaïques, où le mythe désigne, au contraire, une « historie vraie » et, qui plus est, hautement précieuse parce que sacrée, exemplaire et significative. Mais cette nouvelle valeur sémantique accordée au vocable « mythe » rend son emploi dans le langage courant assez équivoque. En effet, ce mot est utilisé aujourd’hui aussi bien dans les sens de « fiction » ou d’« illusion » que dans le sens, familier surtout aux ethnologues, aux sociologues et aux historiens des religions, de « tradition sacrée, révélation primordiale, modèle exemplaire ». ” (ELIADE, 1963 : 11)
consecuencias más amplias y más graves dentro de un todo, que está más allá del hombre y el mundo material.5
También en el diálogo Eutifrón, más allá de vernos la discusión sobre el deber de “hacer a lo que es agradable a los dioses”, Eutifrón considera que la acusación de su padre es impía y cree que debe ser purificada.6 A pesar de Sócrates terminar con una solución de que es
necesario hallar una definición universal de piedad, independiente de la querencia de los dioses, eso no quiere decir que no había la necesidad de trascendencia en el orden político, tanto platónico, cuanto antiguo.
5 Para la organización del hombre en un kosmión, que es una representación menor,
imaginativa del cosmos, llena de significado simbólico Cf. los capítulos III y IV en (VOEGELIN, 2006). Ya en Vernant (2002: 71-72) tenemos: “En el Estado espartano, la sociedad ya no forma, como en los reinos micénicos, una pirámide cuyo topo el rey que ocupa. Todos los que, teniendo recibido el entrenamiento militar con la serie de testes e iniciaciones que compuerta, poseen un kleros y participan de las si-sitias, se encuentran elevados al mismo nivel. Es ese nivel que define la ciudad. El orden social ya no aparece entonces bajo la dependencia del soberano, ya no está vinculada al poder creador de un personaje excepcional, a su actividad de ordenador. Es el orden, por lo contrario, que regula el poder de todos los individuos, que impone un límite a su voluntad de expansión. El orden viene primero en relación al poder. La arché pertenece en la realidad exclusivamente a la ley. Todo individuo o toda facción que tiene intención de asegurarse en el monopolio de la
arché es una amenaza, por ese golpe contra el equilibrio de las otras fuerzas, la homonóia del cuerpo social y pone en riesgo, con eso, la propia existencia de la
ciudad”.
6 “Eutifrón era un representante de viejas creencias de la religión antropomórfica,
según las cuales se pensaba que el homicidio era una míasma (mancha, infección, contaminación, impureza) que debía ser curado, reparado, desinfectado, purificado.” Antonio Alegre Gorri (2010), para las ediciones Gredos, en el estudio introductorio a las obras de Platón, p. LXXVII. Ya sobre la impureza del homicidio: “(...) trata de darse a los ciudadanos el sentimiento de que ellos son de alguna manera hermanos. Nada es más susceptible para fortalecer esa convicción de lo que el consumo de un alimento cocido en la misma chimenea y dividido en una misma mesa: la comida es una comunión que realiza entre convivas una identidad de ser, una especie de consanguineidad. Se comprende, desde luego, que el asesinato de un conciudadano puede provocar en el cuerpo social el mismo horror religioso, el mismo sentimiento de impureza sacrílega que si se tuviera tratado de un crimen contra un familiar de la misma sangre.” (VERNANT, 2002: 83).
Sin embargo, no vamos proseguir en búsqueda de innumerables ejemplos7 que podríamos exponer sobre la importancia
de una realidad metafísica para la política platónica, ni tampoco será objeto de análisis la ética política del filósofo griego. Este trabajo es una breve revisión bibliográfica que tiene el objetivo de reflexionar sobre cómo es la relación “ético-sensible-inteligible” en la estética platónica, es decir, como Platón establece una vinculación entre la experiencia sensible y lo racional, dentro de su estética, llegando en una perspectiva ética, como siendo la culminación de todo un proceso de búsqueda por el bien, que, en un primer momento, es hecho desde la inclinación del hombre por la belleza y todo lo que es bello.
Nuestro planteo exige que iniciemos la reflexión fundamentando la metafísica platónica, es decir, no se puede hablar de belleza en Platón sin conocer sus fundamentos metafísicos, lo mismo es dicho para la ética. Así, en el punto 1 hablaremos del mundo de las Ideas para poder comprender su teoría estética, los fundamentos de esta Belleza, tomando este mundo como paradigma del vivir humano, bajo el cual todos deben orientar sus acciones. En el punto 2 haremos un breve recorrido por la estética, como el filósofo contempla algunas expresiones artísticas y el carácter mimético de ellas, como el papel de la sensibilidad en la formación del hombre.
En el punto 3 llegaremos al Eros y la búsqueda por la belleza. Para esto, tendremos como base su obra Banquete, donde Platón habla de la erótica como deseo o apetito. Primero el alma contempla
7 En Menón (77b-77c) el sofista que da el nombre al diálogo dice que la virtud
consiste en “gustar de lo bello y tener poder”, y así llama la virtud: “desear las cosas bellas y ser capaz de procurárselas”. En este punto se halla un elemento que será desarrollado en otros diálogos posteriores, sobre la belleza ser un bien, por lo cual el hombre desea buscarlo. La cuestión del poder es mencionada por Menón porque para él, la virtud del hombre (diferentemente de las mujeres, ancianos y niños) consiste en saber manejar las cosas del estado (71e -71a – Protágoras 318e – 319a; República 334b), un punto que será refutado por Sócrates.
la belleza presente en el mundo de los sentidos, pero no se detiene ahí, sino que sigue la búsqueda. Eros en el pensamiento platónico es el deseo por algo bello, el deseo estético. El objetivo del Eros es hacer un tránsito desde la belleza de los cuerpos hasta la Belleza suprema, inmutable, ideal. Pero este camino inicial pasa por la experiencia sensible. En este sentido ese proceso de búsqueda se torna también una búsqueda ética, visto que lo bello es también un bien.
En el punto 4 hablaremos sobre la belleza bajo la óptica estética, es decir, la noción de lo Bello en sí mismo, contraria a la noción de teoría del arte modernamente comprendida. En el punto 5, el más importante para vislumbrar el aporte ético-estético, contemplaremos su óptica metafísica, o sea, las relaciones entre el Bien y lo Bello y cómo Verdad, Bondad y Belleza son aspectos de una misma realidad suprema. Por fin, en el punto 6 hablaremos sobre la óptica ontológica de lo Bello. Para hacer que el hombre trascienda la realidad sensible es necesario comprender la esencia de lo Bello, o sea, su aspecto ontológico, su ser.
1. LA IDEA Y EL MUNDO SUPRA-SENSIBLE
La filosofía propiamente dicha nace cuando el hombre pasa a contemplar de modo racional su mundo y los acontecimientos. Hasta entonces, el mito era la forma de explicar el origen de todo bien como una tentativa de dar respuestas a los anhelos humanos. Conforme Carlos Eduardo da Silva Rocha, en su reflexión sobre la Metafísica en la era Clásica, los presocráticos son los que lideran esta búsqueda por el saber. Su principal concepto es el tema de la physis, tema con el que buscan explicar la naturaleza que los rodea. El origen
del kosmos es, por excelencia, el tema de la filosofía primitiva, entre cuyos autores se destaca Anaximandro, defendiendo que el origen de todo es el apeiron. Por inclinarse sobre el tema de la physis fueron conocidos como naturalistas (ROCHA, 2009, p. 2).
El desplazamiento del pensamiento empezó con Sócrates, defendiendo la existencia de un alma inmortal y contemplando el mundo de las virtudes. Su alumno Platón sigue las huellas de su maestro y desarrolla de forma extraordinaria el tema de un mundo supra-físico, que está más allá de la física (tá metá tá physicá), o sea, Platón habría de defender de forma racional la existencia de un mundo fuera del mundo sensible, lo que llamará metafísica. Su gran hallazgo es el desplazamiento del tema de la physis para lo metafísico, o sea, lo supra-sensible.
Lo que lleva a Platón a esta insatisfacción con la teoría naturalista es que ésta no puede dar razones satisfactorias en cuanto al origen del cosmos. Para Platón, este origen no puede ser natural: el mundo de los fenómenos no puede ser explicado de forma sensitiva, es decir, la causa de lo material debería ser totalmente inmaterial. Platón, así, desarrolla la teoría de las Ideas, su principal hallazgo y pensamiento.
En su obra Fedón, Platón define lo que sería este mundo Ideal, donde todo lo cuanto existe en el mundo sensible es copia de este mundo meta-sensible. Todo cuanto existe es reflejo de algo más allá de la physis, lo que Platón llamará: mundo Ideal. Sin embargo, esta Idea (Eidos), no tiene nada que ver con el concepto moderno de “idea-pensamiento” o concepto mental. El concepto platónico es que las Ideas son las causas del mundo físico, aunque siendo no-físicas. Las Ideas, o formas, son el “ser por excelencia”, o “ser verdadero”, lo que significa que las ideas existen “en sí mismas” y “por sí mismas”,
es decir, no pueden ser consumidas por el devenir que consume todas las cosas corpóreas, pues las Ideas son “las razones últimas y supremas” y “la verdadera causa de las cosas”, son esencias puras, incorpóreas e inteligibles (ROCHA, 2009: .4). Giovanni Reale (2002) enumera en su obra “Historia de la Filosofía Antigua II” las características de lo que Platón llamará Idea:
a) Inteligibilidad, que significa que las Ideas son objetos de la inteligencia y sólo por ellas pueden ser comprehendidas;
b) Incorporeidad, que las Ideas pertenecen a un plan supra-físico, no corpóreo;
c) Inmutabilidad, que las Ideas son siempre las mismas, sin sufrir la acción del devenir;
d) La perseidad, o sea, las Ideas existen en sí y por sí;
e) Unidad, que cada Idea unifica la multiplicidad. Por fin, la Idea es el ser en sentido pleno, o sea, las Ideas consisten el ser por excelencia.
Al considerar el mundo de las Ideas como el mundo perfecto, ideal, Platón habría de considerar su supremacía ante el mundo de los sentidos. Para él, los fenómenos y cosas concretas de este mundo son apenas sombras pálidas del mundo Ideal, o sea, son copias del otro mundo. Los sentidos, por lo tanto, no son capaces de fornecer conocimiento racional. El filósofo, es decir, el amigo de la verdad, no puede aferrarse al mundo aparente o sensitivo. La idea pura sólo puede ser alcanzada por la razón. Ese es un punto clave para se vislumbrar la ética en el pensamiento platónico, ya que su orientación enseña al hombre a renunciar a los placeres, las honrarías y a las riquezas, a no interesarse por los bienes del cuerpo y del mundo
material. El objetivo del hombre debe ser practicar la virtud. En el mundo sensible el ama vive en un tipo de cárcel, que siempre está em búsqueda de un bien mayor, perdido y casi desconocido.
Así, Platón define su trascendencia del mundo sensible por medio de la razón. Sólo ella puede alcanzar la esencia de las cosas. La comprensión de este concepto de Idea es fundamental también para entender la metafísica platónica, pues por la primera vez en el mundo alguien trató de modo conceptual o racional la idea de un mundo supra-sensible o fuera del mundo de los fenómenos. Él llamará Hiperuranio ( ὑπερουράνιος ) este lugar arriba del cielo donde, según él, habitarían las Ideas. Claro que, siendo la Idea supra-sensible o metafísica, no puede habitar en ningún lugar, tampoco el Hiperuranio es un lugar específico.
Abajo del mundo Ideal estarían los “entes matemáticos”, o sea, seres intermediarios entre las Ideas y el mundo sensible. La Idea de lo Bueno se encontraría en el vértice del Hiperuranio y condicionaría todas las otras ideas. Los “entes matemáticos” poseerían características sensibles y supra-sensibles ya que estarían en el intermedio de ambas. Para explicar el modo cómo las cosas supra-sensibles se volverían modelos para las cosas supra-sensibles Platón afirma la existencia de un Demiurgo, el cual sería un dios-artífice personal, capaz de querer y pensar. Así como las Ideas, este ser también es dotado de eternidad e inmutabilidad. En orden a dar origen al mundo sensible, el Demiurgo, por amor a lo bueno, contempla las Ideas y las toma como modelo para crear los entes del mundo real. Al tomar el mundo de las Ideas como modelo, el artífice divino plasma y llora, lo que será, según Platón, el “receptáculo del mundo sensible”. Así, queda claro que el Demiurgo es la causa eficiente del cosmos físico.
Esta teoría platónica se volvería un marco en el pensamiento occidental, pues tratase de una reflexión por primera vez sobre un mundo supra-sensible y su fundamentación metafísica por medios racionales (ROCHA, 2009: 7).
2. PLATÓN Y LA ESTÉTICA
La teoría estética de Platón tiene total vinculación con su teoría de las Ideas. Ella investiga el concepto de belleza en su naturaleza más profunda, es decir, Platón habla de una belleza que no sufre las transformaciones propias del mundo sensible. No es una belleza sensorial, visible a los ojos, sino que es metafísica, eterna e inmutable. En este sentido, su análisis será diferente de la estética moderna, cuyo nombre debemos a Baumgarten (1750), y cuyo énfasis es la percepción sensorial. Esto no significa que Platón desprecie la experiencia sensitiva, es más: Platón es por naturaleza un hombre que experimentó lo que significa la sensibilidad en la vida y en la formación humana y llevó esto muy en serio.
Hablando sobre la estética platónica, Luis Felipe Bellintani (2007) sostiene que puede parecer con esto que haya una paradoja entre estética y platonismo, ya que estética, por lo menos en conceptos modernos, tiene que ver con sensibilidad, pero no es así. Para él, toda la historia de la estética empieza por Platón. En su artículo para los Cadernos de estética aplicada – Viso – el autor defiende que la metafísica platónica nace después de su estética. Esto porque primero Platón habla de una Belleza Ideal, de la cual todas las bellezas participarían, dicho de otra manera, primero nace el concepto de participación de la copia en la Idea, después, estos conceptos aparecerán en la metafísica y serían derivados de su teoría
estética. Se trata de una ligación del sensible y del inteligible, tan anhelada por la doctrina de la participación. El diálogo Parménides muestra cuan consciente estaba Platón de las consecuencias catastróficas de una separación sin la participación relacionada: sensible e inteligible serían incomunicables, ni los hombres conocerían las ideas, o lo que sería peor, ni los dioses conocerían el mundo humano (BELLINTANI, 2007:9).
Sin embargo, algunos tipos de arte en el pensamiento de Platón no encuentran tanto énfasis, pues él los consideraba la copia de la naturaleza, que, a su vez, también es copia; es decir, el arte es copia de la copia. Lo bello para él no está en los sentidos, y las manifestaciones artísticas desviarían al hombre de la esencia a la que sólo se puede ascender por la razón.
Hay que saber distinguir o definir, antes de todo, lo que es arte y lo que es belleza para el filósofo. El arte se vuelve imitativo (mimesis): imita por medio del pincel del pintor, del cincel del escultor, de los movimientos del cuerpo del bailarín, de la voz del orador (República, 267 y 861a). Una importante distinción se da en el objetivo de la dinámica de la mimesis, es decir, de la imitación que caracteriza el arte. Es posible la imitación ya de la esencia ya de la apariencia. En este sentido, Platón tiene preferencia por el arte de la palabra, pues éstas son más habilitadas. En cuanto al arte de que depende de las manos, el filósofo reconoce que hay un vínculo directo entre inteligencia y manualidad. Aunque las considere inferiores a las demás expresiones artísticas, sostiene que ellas tienen origen divino. (GANZAROLLI, 2005: 97).
Hablando de artes figurativas, Platón no se muestra muy favorable. La cuestión es sencilla: este tipo de arte engaña los sentidos. Si el sabio es amante incondicional de la verdad, no puede
aferrarse a la mera apariencia que este tipo de arte produce. Así como el falso placer intelectual proviene de las falacias enseñadas por los sofistas, el placer ocasionado por la apariencia del arte figurativo es nada más que sombra del verdadero placer. Platón incluso llega a comparar el artista de este tipo de arte con los sofistas de su época, todo por producir el falso conocimiento y falso placer (GANZAROLLI: 98). Dicho de otra forma, Platón critica todo tipo de arte desde un punto de vista epistémico-ontológico. En la República, libros VI y VII, las obras de arte son iconos, que son reflejos del mundo natural, que, a su vez, es reflejo de las Ideas, y su conocimiento es eikasía, representación, imagen, conjetura. Los productos del arte y su conocimiento son los grados más alejados de la verdad. El arte es pura imitación. Pero si critica especialmente a la tragedia, y lo hace por razones políticas, morales, religiosas y educacionales.8
Ahora le toca a la música, arte importantísima para Platón. Además de ser la más importante de las artes, ella es indispensable, para la formación del carácter del hombre y de la polis. La música es capaz de llegar a los más profundo del alma siendo, por ende, capaz de persuadir el hombre en cuanto a los conceptos de lo bello y de lo feo (GANZAROLLI, 2005: 98). Sólo la música es capaz de perfeccionar el gusto, sostiene Platón. En este sentido, Plazaola añade:
Precisamente porque Platón había sentido el enorme atractivo natural que el arte ejerce sobre el hombre, percibe el peligro que puede resultar para la moral. Un placer descontrolado resulta en un peligro descontrolado. Y es en la música que Platón sintió más evidente el carácter hedonista del arte. La esencia de la música es la expresión de las emociones y disposiciones del alma; Así
8 “(…) Las tragedias transmitían ideología; es decir, bajo envoltorios
histórico-mitológico difundían los ideales de la democracia, que en grande parte también los expandía la sofística. La tragedia cantaba los logros de la pólis, prevenía contra los retrocesos que podían provocar los políticos egoístas, pero en todo caso tematizaba y sometía a discusión las vidriosas relaciones entre poder y la sociedad.” (Gorri, 2010: LXIV)
dispone de un gran poder para configurar los hábitos del espíritu (PLAZAOLA, 1970: 15).
Entrando en el tema de la estética, Ganzarolli (2005: 1993) sostiene que suena pleonasmo hablar de estética en Platón, pues todo en la obra platónica converge en la belleza. El motivo por el cual no se halla una ciencia estética en la Grecia de Platón es porque no había necesidad. La belleza se encontraba tan integrada a las cosas y a lo cotidiano que no existía una formalidad sobre el tema, es decir, no había necesidad de una reflexión estética ya que ella se encontraba en todo, incluso en la propia vida.
Surge, entonces, una pregunta, ya que todo es estética para Platón: “¿Qué es ‘estética’ para él?” En Fedro (250c) encontramos la respuesta: algo que tiene el privilegio único de ser claramente perceptible y nos provoca encanto. Como se puede ver, algo muy parecido a lo que dirá Tomas de Aquino cuando define belleza:
Pulchra enim dicuntur quae visa placent ( S. Th. I, q. 5, a. 4.). Pero
Platón no distingue muy bien entre lo bello y lo bueno, que muchas veces suele pasar por conveniente (tó prepón). Tampoco se preocupa en distinguirlos, pues, discípulo de Sócrates, dará más valor a la belleza moral e intelectual que a la física. Para Platón, el cuerpo debe ser embellecido por la gimnasia y por la higiene; el alma, por la filosofía y por la música. Y uno que intenta sanar el cuerpo, no puede olvidar de sanar, antes de todo, el alma.9 Así, queda claro que
9 “[refiriéndose a los ensalmos] (…) Pues es del alma de donde arrancan todos los
males y los bienes para el cuerpo y para todo el hombre; como le pasa a la cabeza con los ojos. Así pues, es el alma lo primero que hay que cuidar al máximo, si es que se quiere tener bien a la cabeza y a todo el cuerpo. El alma se trata, mi querido amigo, con ciertos ensalmos y estos ensalmos son los buenos discursos, y de tales buenos discursos, nace en ella la sensatez. Y, una vez que ha nacido y permanece, se puede proporcionar salud a la cabeza y a todo el cuerpo. (…) cometen los hombres la misma equivocación, al intentar, por separado, ser médicos del alma y del cuerpo.” (Cármides 156d – 157c)
importa para él lograr una belleza absoluta y trascendente, principio de todo cuanto es bello, y llegar a la inteligencia, o sea, a la razón.
Ya Plazaola mira más allá. Para él ética y estética son la misma cosa en Platón, pues la belleza llega al comportamiento:
El principio platónico universal de la armonía como valor absoluto y trascendente es una ley ontológica que alcanza la praxis humana en todos sus aspectos. (...) En Platón ética no se diferencia de la estética (PLAZAOLA, 1970: 13).
Por ende, si el hombre puede entonces ser tocado en lo profundo de su alma por la música o el arte más elevada, este mismo hombre puede ascender al mundo racional, o mundo ideal. Puede llegar a este mundo suprasensible por medio de los sentidos. Pero hay que delimitar qué tipo de trascendencia es esta y qué tipo de experiencia sensible puede hacer al hombre trascender, pues lo sensible puede igual ser un riesgo como vimos anteriormente.
Esta ascensión o trascendencia es capaz de provocar una elección en la vida humana, es decir, si la música (mousike), por ejemplo, tiene un papel educacional o formativo en el hombre, es lo que afirma una vez más Bellintani (2007: 6). Después de analizar el libro III de la República, sostiene que hay en la obra de Platón un nexo entre el tipo de música y el tipo de carácter, virtuoso o vicioso. La formación del carácter del niño por vía estética es comparable al proceso del grabado y la escultura. “Imprimir (ensemaíno) el carácter en el alma” y “modular (plásso) el alma” son las expresiones utilizadas. Como el Demiurgo modula el mundo en Timeo, como Sócrates modula sus interlocutores, así modula la estética teniendo como resultado el hombre bello y bueno.
Por ende, el arte tiene la tarea de formar el hombre en su integridad y hacerlo salir del mundo sensible hacia una vida suprasensible, ya que el hombre es compuesto no solamente de
cuerpo sino que de alma, cuyo tema está presente en casi toda su obra. Este es el deseo de Platón por medio de la estética.
3. EROS Y LA BÚSQUEDA DE LA BELLEZA
En la obra Banquete, Platón habla de una belleza inmune a las transformaciones que ocurren, que son características del mundo sensible. La Belleza eterna e inmutable, infinitamente más real que las bellezas sensibles, se halla más allá de este mundo. Esta Belleza existe como Idea, como forma arquetípica de la cual todas las otras bellezas participan. De este modo, cuánto más una cosa se parece a su arquetipo eterno, más bella es; cuanto más difiere, menos es su belleza. Basándose en la teoría de la reminiscencia, Platón cree que es posible reconocernos rasgos de la Belleza eterna y únicamente verdadera en las formas sensibles. Según el filósofo, el alma humana, antes de unirse al cuerpo, convive con las Ideas en su estado puro; una vez unida al cuerpo, es capaz de recordar estas experiencias (GANZAROLLI, 2005: 94). Por esto, cuándo el hombre hace una experiencia estética, o una experiencia erótica (física o espiritual), él trascendería a la Belleza ideal.
Este deseo de Belleza es explicado con el mito de Eros, es decir, el responsable por hacer con que el hombre tenga una cierta inclinación hacia las cosas bellas. Cuando habla del nacimiento de Eros, narrado en la obra Banquete, Platón defiende que éste es el que busca lo que no tiene, es decir, Eros es el verdadero filósofo, pues busca lo que le falta. Según Lourdes Boulangger Atoche, Eros habría nacido de Erebus, de acuerdo con la teoría de Aristófanes en el diálogo de la obra Banquete. Sin embargo, en el Theogonia, poema épico escrito por Hesiodo, se menciona un Eros acompañante de
Afrodita, pero no su hijo. Otra leyenda afirma que él sería hijo de Zeus e Iris. Generalmente es representado como un joven con alas apuntando su arco y flecha hacia los corazones de los dioses y mortales. Era un Cupido sin escrúpulos, un peligro tanto para los hombres cuanto para los dioses por los daños que hacía. El Eros mitológico es puramente pasional y orientado al amor carnal. Otro tema es que está siempre asociado a Afrodita, diosa de la belleza, la cual está vinculada a la idea de lujuria en el pensamiento griego. La pregunta de Boulangger nos viene muy pertinente para entender el pensamiento platónico: ¿el Eros de la mitología griega es el mismo Eros a que se refiere Platón en el diálogo El Banquete? Según ella no. Este Eros orientado al amor carnal y al deseo sexual es incompatible con el pensamiento platónico, pues para él, el cuerpo es cárcel del alma.10
Platón no sostiene que Eros sea un dios como en los mitos, sino más bien que un daimon, es decir, un espíritu intermediario entre los dioses y los hombres. Los dioses poseen la belleza y la inmortalidad. El amor, en cambio desea siempre lo bello, y lo desea justamente porque carece de ello. El Eros platónico busca amor y trascendencia, por lo tanto, viene a ser una fuerza unificadora de la realidad existente siendo un punto medio entre lo material y lo inmaterial, entre lo terreno y lo celeste. En este sentido, la erótica platónica busca superar el cuerpo, y es a través de la cual, se puede trascender a la esencia o al mundo suprasensible por medio de los sentidos.
10 El alma divina, a causa de una falta cayó en el mundo de la materia, en el
cuerpo; por ese dato se conoce la teoría del sôma-sêma: el cuerpo (sôma) es la tumba (sêma) del alma. En esta vida, el alma debe purificarse mediante la práctica de la virtud. Cf. Fédon, 66b/67b; República, X, 614a/621d. Para la referencia de la cita de Boulangger, en este link: https://filosofiaudep.wordpress.com/el-eros-griego-y-el-eros-platonico-del-mito-a-la-filosofia/
Marcelo da Veiga Greuel (2017: 147) también subraya que en la teoría de Platón el hombre vive inicialmente confinado al mundo de los fenómenos sensoriales. Ahí él puede despertar en si el Eros, el amor, inicialmente apenas vuelto para manifiesto en un determinado cuerpo. Su progreso consiste en convencerse de que lo bello en un cuerpo es el mismo en todos los cuerpos. La trascendencia es cuando él se da cuenta de la belleza en las almas, en las instituciones y en las ciencias. Este es el punto de partida para alzar al supremo nivel en la contemplación de lo bello, que reside en la Idea pura, que solo puede contemplar aquel que se desprendió del mundo sensorial.11
4. LA BELLEZA BAJO LA ÓPTICA ESTÉTICA
Estableciendo una relación entre belleza y las dificultades, tanto Sócrates cuanto Platón las equipararon al oro y las demás piedras preciosas que tienen su alto valor, pero sin embargo son difíciles de ser encontradas. Así, la belleza también exigirá su labor, su reto. Esta era la máxima griega que hace eco en la obra de Platón Hippias Mayor: “kαλεπὰ τὰ καλά”, kalapá tá kalá= las cosas bellas son difíciles (Hippias Mayor, 304e). Esta es la razón de nuestra atracción por esta belleza: nuestro interés por las cosas crece en la medida que crece la dificultad de disponer de este bien. Cuánto más difícil sea algo, o cuanto menos fácil sea de encontrar, más atracción tiene nuestra naturaleza por ello. Con esto, podemos concluir que, si todo fuera bello, como son las teorías relativistas de la actualidad, perderíamos el interés por la belleza. Esta puede ser la razón por la cual haya tanto desinterés por lo bello, en nuestros días. Una vez que todo es
11 “[la educación y el arte platónico de] La periogoge, la dirección del alma para el
fundamento divino y el alejamiento [del alma] de la indolencia y desolación del mundo.” Nota al pie de página 18, en (AIRES, 2016: 16)
considerado belleza (La Fuente “R. Mutt”, de Marcel Duchamp, por ejemplo) el hombre no tiene más criterio de lo que es bello, o no tiene más una educación para la belleza. La cultura de lo feo es característica del arte en el mundo posmoderno.
En la obra Banquete encontramos lo que podemos la teoría platónica de lo Bello. Ella tratará sobre la noción de lo Bello en sí mismo y del Ser de la Belleza, todo lo contrario de lo que entendemos hoy sobre la teoría del arte. Platón no descarta completamente las potencialidades del mimesis para los fines de su filosofía, teniendo en cuenta la Verdad de la forma como algo que se da a conocer a través de un largo proceso de educación del espíritu en que, seguramente están consideradas en sus manifestaciones sensibles. Así, como nos quiso enseñar Diotima, de belleza en belleza, podemos ascender a la forma máxima de lo Bello. Si el arte es tomado como mimesis simplemente, entonces, no pasará esencialmente de simulación y nos alejará de la realidad.
En su tesis Verité et méthode, Gadamer (1976: 484) afirma que la característica esencial de lo Bello, anunciada en los diálogos platónicos es de manifestarse, ser aletheia. La manifestación es propiamente lo contrario de simulación. La Belleza es entonces no-simulación, lo que evidencia su parentesco con la Verdad. Sin embargo, Belleza y Verdad no son una única y misma cosa: la Belleza lanza el alma en dirección a la Verdad, al nivel de lo inteligible, que en el Banquete aparece como una orden de realidad más elevada, donde las Formas no son simuladas en la confusión del mundo sensible. En este sentido, si consideramos la obra de arte como objeto de la Belleza, seremos forzados a admitir que, lejos de la simulación, la Belleza es, como en orden de Eros, un mediador que
nos lleva a la Verdad, pues suscita en nosotros el deseo de poseerla (BRAILE, 2006: 137).
Heidegger establece una relación entre mimesis y Verdad, pero como si hay un riesgo que esta mimesis se aleje de la Verdad en la obra de arte. Si llevamos en consideración la Belleza del mimesis, entonces, el arte mimético tiene el poder de hacer que nuestras almas asciendan a un nivel de realidad más elevado. Esta ascensión es una vía de acceso a la Verdad, es decir, a la realidad en su plenitud (BRAILE, 2006, 138). Lo más importante es subrayar que Platón es muy exigente cuando el tema es arte. Para él, el arte debe someterse a la exigencia educativa. Si no conduce el ser humano a su desarrollo, es decir, si no lo ayuda a ser mejor, de nada sirve. Esto podemos constatarlo en el tercer libro de la República, donde Platón afirma que el teatro, la música y la poesía lírica son medios privilegiados para educar el carácter, para adquirir buenos hábitos y llevar los jóvenes al deseo de actuar correctamente. En este sentido es evidente la relación entre los temas estéticos y éticos, pues la estética conduce a la ética. El arte en el pensamiento de Platón debe imitar los bellos cuerpos, las bellas acciones, el buen carácter, etc., de modo que conlleve al deseo de las bellas cosas, los bellos anhelos. Esto nos permite afirmar la estrecha relación entre Belleza y Bien en la estética platónica. Parecen que son la misma cosa en su pensamiento.
Un ejemplo claro de esta analogía entre belleza y bondad es perceptible en la música. Por la presencia del orden, proporción, armonía, ritmo, por fin, la relación entre los diferentes sonidos y melodías, nos permiten asociar la estética al orden moral, al orden del Bien en el alma. Todo nos lleva a creer que, para Platón, el Bien es casi causa eficiente de la Belleza o su hermano mellizo. En la
República, Platón afirma que el bien es “causa de todo lo que hay de derecho y bello en todas las cosas.” Sin embargo, por más estrecha que sea la relación entre estética y ética, entre bondad y belleza en el pensamiento de Platón, hay que subrayar también que hay una diferencia entre ambas: “esta diferencia implica en que lo bello goza de un privilegio que le es propio.” Una vez que la Belleza se manifiesta de ella misma, es necesario desarrollar en nuestra alma la disposición para recibirla y contemplarla. Del mismo modo que el esplendor de la luz atrae el ojo inmediatamente lo Bello despierta inmediatamente el deseo del alma humana dispuesta. Lo Bello se manifiesta con el esplendor mismo en las cosas sensibles, en el devenir. Ya el Bien no tiene este poder, sostiene Braile (2006: 141) citando una vez más Gadamer. Según él, para Platón “lo Bello es (...) el modo de manifestación del Bien como tal”. Afirmar que lo Bello es la manifestación del Bien, está de acuerdo con lo que decíamos anteriormente, que lo Bello procede del Bien, que es en relación al Bien, que es causado por el Bien. La Belleza de una acción será entonces el signo de su bondad para el alma. La Belleza de una obra de arte será signo de su bondad para el alma. Esto nos permite comprender porque Platón y nosotros mismos asociamos frecuentemente lo Bello y el Bien: la manifestación del primero será la garantía de la presencia del segundo
Al considerar estos tres aspectos subrayados por Gadamer en relación a todo el discurso de Diotima, vemos que, para Platón, la Belleza tiene una función preponderante en la vida humana: la de mostrar el Bien a los hombres y suscitarles el deseo por este. Así, nos damos cuenta cómo para Platón la Belleza está investida de un carácter moral y se revela como elemento esencial de la felicidad. Es por esto que Platón habla de la iniciación a la Belleza en sí, como algo
que deba “empezar de lo que aquí es bello y, en vista de aquello bello, subir siempre, (...) y conozca en fin lo que es bello en sí”, es decir, la felicidad. Es esencial en nuestra educación que las obras a las cuales somos expuestas sean bellas. Vemos así que el pensamiento platónico nos permite concebir la mimesis de modo positivo, o sea, como un signo sellado por la Belleza que puede llevar el alma hacia la Verdad y el Bien.
Por ende, es necesario recordar la importancia alrededor del arte para el pensamiento platónico. Es común oír que Platón tiene poca consideración por el arte simplemente porque reprocha su carácter mimético, pero es innegable que podemos afirmar la importancia que da el autor al arte en todo su corpus literario. Otra prueba es la profunda admiración que él tiene por los mitos, dramaturgias y lindas poesías, lo que lo convierte en uno de los grandes escritores y artistas de la antigüedad. Y también, en aspectos literarios, lo torna un autor más agradable de ser leído que Aristóteles, por ejemplo. Esto hace hincapié en lo que consideramos hasta acá: Platón no tiene problema con el arte pues no tiene problema con la sensibilidad, salvo cuando ésta no contempla lo que está más allá, que es la Idea.
5. LA BELLEZA BAJO LA ÓPTICA METAFÍSICA
El sentido metafísico de lo Bello está evidente en el pensamiento de Platón cuando él defiende la existencia de una Belleza exenta a las transformaciones que ocurren en el mundo visible. Frente a las alteraciones que se encuentran el este mundo, y del cual nada puede escapar, es necesario darse cuenta o buscar una Belleza que no perezca y no mude, la Belleza trascendente, eterna,
inmutable, la cual es más real que cualquier belleza visible o perceptible por los sentidos. Esta Belleza Ideal será arquetípica, o sea, se encuentra allá en el mundo de las Ideas. Para esto, es necesario fundamentar la existencia de este mundo anteriormente. Todas las bellezas de este mundo sensorial participan de esta Belleza arquetípica de modo que, cuanto más una cosa se parece a esta Belleza Ideal, más bella es.
Haciendo puente con la teoría de la reminiscencia, donde Platón sostiene que el hombre en este mundo no aprende, sino que recuerda lo que ya trae del mundo de las Ideas, platón cree que, de igual modo, es posible al hombre reconocer los rasgos de la Belleza eterna en las cosas y en las formas sensibles. El alma, antes de unirse al cuerpo, convive o contempla las ideas en su estado puro; una vez unida al cuerpo es capaz de recordar estas experiencias. Para esta idea de Belleza es que el amor humano necesita ser dirigido (cf.
Mênon, 211 a-b).12
Benedito Nunes (1989: 22), en su obra Introdução à Filosofia
da arte, escribe lo que podemos llamar una noción metafísica de la
Belleza: “Se da una autentica seducción que es ‘propia de los seres y objetos bellos, en que el Amor se fija y a la costa de los cuales impulsa la escalada del espíritu, del sensible al inteligible, sed de la verdadera Belleza y del Verdadero Bien”. Podemos fijarnos que la “Belleza se comunica con el sensible, le infunde cualidades que enriquecen la materia, pero que verdaderamente no pertenecen a este mundo. Es una especie de ardilla con que el Bien capta la atención del alma para arrebatarla de la servidumbre, como el
12 “(...) por el camino del amor, primero físico y después espiritual, el hombre
puede elevarse de la belleza sensible hasta la contemplación extática de la belleza absoluta, única verdadera del cuál todas las otras bellezas menores participan, no siendo la belleza de las cosas sensibles sino un pálido reflejo de la belleza absoluta” (SUASSUNA, 1979: 44).
anzuelo”. Asimismo, “enciende en el alma el deseo de inmortalidad, haciéndola pasar del conocimiento de los bellos cuerpos al deseo de las bellas acciones, de las bellas almas a los bellos conceptos, hasta que, en el pináculo de la contemplación, revelase el océano de la belleza universal’, que confina con la realidad en sí, y donde, finalmente, ella puede aplacar su infinita inquietud.” (NUNES, 1989: 23).
Sobre la imagen suprasensible de lo Bello, en la obra Banquete, Eros es el deseo de las cosas bellas, sin embargo, la imagen final de la Belleza presentada en este diálogo será eidos, una noción que, asociada al Bien y a la Verdad, pertenecen al ámbito superior de la escala metafísica. La palabra eidos debe ser traducida por Forma, pero no será en la mimesis que esta Forma encontrará su lugar más apropiado. Desde La República, Platón ya indicaba que las artes miméticas o imitativas deberían ser extirpadas de una sociedad ideal. Diotima enuncia que Belleza es lo que merece ser visto, y lo que merece ser conocido debe responder como sustancia primordial, única, inalterable y permanente, es decir, como materia de las cosas múltiples y perecederas. La Forma es lo que guarda la sustancia primordial: ser idea, idéntica y única. Quien dice de las cosas no es su materia sino su Forma, visto que la materia se manifiesta en las cosas por imitación y participación (BRAILE, 2006: 150). Con esto, somos llevados a creer que la sustancia primera de la Belleza es el Bien, pues todas las cosas del mundo se dirigen a él y todo es atraído por la Belleza. Asimismo, sólo puede haber verdadera belleza donde hay obediencia al Bien, pues el “conocimiento de las Formas es indispensable a nosotros no solamente para conocer el mundo del devenir, sino que también para actuar en él y sobre él” (GOLDSCHMIDT 2000: 20).
El Bien presente en las cosas siempre apuntará para más allá de sí. Todos los bienes apuntan al el Bien supremo, término estable, del que sólo la ciencia real puede dar cuenta y referirse como único objeto digno. El tiempo en que la felicidad se construye es aquel donde alineamos los bienes inestables en la dirección del Bien como término supremo. Dejamos el Bien y, más allá de ello, que él sea perpetuamente nuestro. Así, “el deseo de la felicidad quiere la eternidad del objeto y la inmortalidad del sujeto”. Por esta razón, todas las cosas múltiples son muebles y oscilantes, de modo que no pueden ofrendar a los mortales satisfacción. Aunque los humanos fueran inmortales, tales bienes inestables no serían capaces de llenar el profundo anhelo que está en el alma. (Idem)
Al respecto de la relación entre Bondad, Verdad y belleza como si ambas fueran aspectos de una misma realidad, Goldschmidt (27) hablará de un proceso llamado rehabilitación de las formas múltiples, en otras palabras, el proceso con el cual la presencia de lo bello en las cosas produciría en nosotros un saber “utilizar” las formas, es decir, hacer como que estos “fantasmas” sean reorientados a participar de una orden superior. La filosofía de la belleza expresada en el Banquete es conocimiento y acción. Conocimiento de las formas provocadas por la acción del Eros. Sin el Élan de Eros, la teoría de las formas permanecería teoría, pero sin la realidad y la revelación de las formas, el Eros, desposeído y desviado, faltaría toda unidad de objeto e intención.
La búsqueda de la Belleza en el mundo sensible será, para Platón, un intento inmediatista de alcanzar el amor (el deseo que viene del otro), pero a través de una inversión jerárquica no percibida, pues desde que el amor y la Belleza son partícipes conceptuales no se hace obligatoria la conclusión de que, provocando
la Belleza, se alcanzará necesariamente el amor. La Belleza del cuerpo es parte del proceso que lleva a la contemplación de lo Bello en sí, pero no se puede obtenerla con fines instrumentales, visto que ella dejaría de ser Belleza si lo que hubiese más allá del cuerpo no fuera Bello. El amor busca la Belleza; sin embargo, siendo él mismo Bello, ya la encontró en sí mismo. Mientras Aristóteles, más tarde, dará un acento más grande al valor objetivo de la Belleza a partir de las nociones de orden, simetría y el carácter definitivo o la claridad que son subrayados en la matemática, la objetividad, se encontrará en Platón apenas en la Forma. Ésta jamás podrá ser alcanzada sino en la muerte o por una anamnesis – memoria – a duras penas conquistada a través del método dialéctico, que aparece como el modo de ser más propio de la Filosofía.
La Belleza que provoca el amor aparece en el cuerpo del otro, aunque él no sea Bello desde el punto de vista de un consenso general. Eros es el amor que nos avasalla como deseo del cuerpo bello del otro. La forma positiva y superior de este amor pasa a constituir un valor moral (lo que debe guiar el hombre a lo largo de toda su vida) y figura como elemento por excelencia del propio método filosófico.
La filosofía depende del amor, es ella misma una especie de amor. Se trata de un amor por la sabiduría y no por un tipo de saber, única forma que conduce al conocimiento e hace posible la revelación, ya que la elevación del alma al Bello inteligible es aspecto de un misterio. Es una especie de dialéctica ascendente, pues ella consiste en subir una serie de escalones sobre cada uno de los cuales se opera una unificación de la multiplicidad determinada, que caracteriza cada escalón, lo que hace que el método de la Erótica se iguale al método dialéctico. Lo bello sensible, cuando disciplinado por
la Filosofía, intelectualizado por la desindividualización, lleva a la contemplación del inteligible (BRAILE, 2006: 154).
Para finalizar, está claro que podemos encontrar tres tipos o grados de belleza en el corpus platónico: primero, la belleza de los cuerpos, estando ésta considerada como belleza inferior (Hipias
Mayor); segundo, la belleza de las almas, que se expresa por la
virtud (Fedro); y la Belleza en sí, como idea suprema junto al Bien (Banquete).
6. LA BELLEZA BAJO LA ÓPTICA ONTOLOGICA
Como vimos en el punto 2 de este trabajo, Belleza, para Platón, es lo que tiene la potencialidad de causar encanto, atracción. Esta atracción, tal como un anzuelo agarra para direccionar el hombre al Bien. Este parentesco entre lo Bello y el Bien también tiene participación de la Verdad, ya que la Verdad es una relación entre una cosa y lo que se dice sobre ella. Esta tríade del Bello-Bueno-Verdadero ejerce una importante influencia en el pensamiento occidental. En la República, Platón afirma: "El hombre que armonice las bellas calidades en su alma con los bellos rasgos de su apariencia externa, de tal modo que los rasgos estén adaptados a las calidades, este es el espectáculo más bello que se puede admirar” (República, 402d). Ya que la Belleza y el Bien están relacionados en sus conceptos, podemos afirmar sin sombra de dudas que estética y metafísica también tienen perfecta vinculación en él. En el Banquete, Platón establece el sentido final de lo Bello en orden metafísica, pero al concebir lo Bello como índole inteligible, lo desvincula del mundo sensible, a través de diversos grados de calidad ontológica. Sin embargo, el hombre sensible solamente podrá ascender a esta idea
movido por el amor a lo Bello y ascendiendo gradualmente desde las cosas bellas hasta alcanzar la definitiva contemplación de la verdad por la razón. Este escalón amoroso, conduce de lo individual hasta lo universal, del contingente hasta el absoluto, del sensible al metafísico, de la cosa bella al Bello en sí, de la apariencia a la Realidad. Aquí queda claro para nosotros que hay una vinculación de lo Bello platónico con la supremacía del eterno inmutable.
El riesgo que sufrimos es, sin embargo, el peligro de las apariencias, pues las pasiones que tenemos someten la voluntad a las ilusiones pasionales, desviándola del verdadero conocimiento. Nuestro esfuerzo debería ser de saber salir de la ilusión para llegar a la cosa en sí. Aquí entra el ejercicio ascético, ya que éste nos libra del dominio de las pasiones en este océano de imágenes múltiples y aparentes, y nos disciplina al alcance de la verdad. Ahora esta comprensión ontológica hace surgir otro concepto, el concepto moral en Platón. Él defenderá la necesidad del ejercicio ascético como un camino a la trascendencia del alma como bien superior al cuerpo y a todo lo que pertenece al mundo visible. Las ilusiones provocadas por la pasión del cuerpo se deben combatir para no impedir al hombre contemplar la esfera eterna e inmutable. Aunque Platón haga hincapié de que esta ascensión a las realidades superiores depende de las realidades sensibles, que ambas tengan vinculación, igual subraya que el alma (psyque) es, sin duda, superior al cuerpo (soma).13
13 “Platão ensina que para conseguir a felicidade é necessário renunciar aos
prazeres e às riquezas e dedicar-se à prática da virtude. Esta, para ele como para seu mestre Sócrates, consiste esencialmente no conhecimento, ao passo que o mal consiste na ignorância. Ora, sendo o conhecimento verdadeiro um só, segue que também a virtude é uma só: a conquista da verdade. Mas ela pode exercer várias funções e assumir vários nomes. A virtude que dirige a alma racional tem o nome de sabedoria, a que dirige a alma irascível chama-se fortaleza, a que dirige a alma concupiscível, temperança, e a que controla as relações entre as três almas
chama-Este concepto ontológico nos permite creer que el Bello absoluto contiene todas las realidades en sí y que todo cuanto existe de bello no es otra cosa sino una participación, que refleja esta Realidad suprema. Sólo lo eterno puede ser considerado real. Todo lo sensitivo o temporal será considerado efímero, irreal, aunque importante para la ascensión del hombre al nivel de la idea. Esta realidad está contemplada en el discurso de Diotima cuando afirma la importancia del amor. Diotima considera que la finalidad del amor es conocer lo que “en sí es bello”. Asimismo, es importante recordar que esta ontología platónica, o sea, toda la comprensión sobre la teoría de las Ideas, mundo inmaterial, supra-sensible, más allá de haber sido heredado de la influencia que Platón recibe del Orfismo, también
se justiça. Este ensinamento moral de Platão não podia deixar de causar impressão profunda entre seus contemporâneos, uma vez que subvertia radicalmente os valores tradicionais, herdados de Homero e codificados na religião pública. De fato, na moral tradicional, os valores supremos eram a saúde física, a beleza do corpo, a riqueza honesta e a juventude desfrutada com os amigos, ao passo que na concepção ética de Platão, todos esses valores são condenados como ilusórios e irreais. Como pôde Platão chegar a esta negação tão radical? Tendo-se presente a sua perspectiva filosófica, não é difícil compreendê-lo, uma vez que, como dissemos, o seu ensinamento moral é conseqüência lógica desta perspectiva. Ora, o fundamental na concepção platônica da realidade é a distinção clara entre mundo sensível e mundo suprassensível, entre mundo material e mundo ideal, distinção que divide em duas partes não somente o universo em geral, mas também o microcosmo que se chama homem. Mas, uma vez descoberto que o homem tem duas dimensões, a sensível (corpórea) e a suprassensível (espiritual), e uma vez estabelecido que o verdadeiro eu é o suprassensível, isto é, a alma, está automaticamente determinado o fim verdadeiro e autêntico da vida moral. O homem deverá pôr de lado o corpo e os “valores” do corpo, e “cuidar da alma” e dos valores da alma. E como se “cuida” da alma? Procurando “purificá-la”, isto é, libertá-la dos laços que a prendem ao corpo e ao mundo material, a fim de habituá-la a viver só consigo mesma e só para si mesma. Esta purificação e libertação realiza-se de fato quando a alma, deixando os sentidos e a esfera dos conhecimentos e das afeições sensitivas, adere ao puro mundo inteligível e espiritual, unindo-se a ele como ao que lhe é semelhante e conatural. Aqui a purificação, bem diferente das cerimônias iniciáticas e propiciatórias dos órficos, coincide com o processo de elevação ao conhecimento supremo do inteligível, ou seja, a contemplação das Ideias. Do que acabamos de expor resulta que para Platão há perfeita coincidencia entre o itinerário gnosiológico e o ético: as etapas do primeiro correspondem às do segundo, assim como a meta final do primeiro é também a meta última do segundo.” (Mondin, 79-80)
es notable la influencia del Pitagorismo (SCHUHL, 1952), que concibe el cosmos como causa del orden, igualmente geométrica, que permite mantener unido el Todo, configurándolo a través de aquél.
José Pessanha considera que la influencia de este pensamiento religioso se fundamenta en las ideas del regreso para el alto, las estrellas como patria del alma y la Tierra como pasaje purificador. En sentido científico, el Pitagorismo respondía a una “matemática ascensorial” de salvación de las almas y de la polis. De allí viene la cuestión de los “irracionales como inexistencia de medidas comunes (inconmensurables) entre grandezas aparece como un dado escandaloso a los ojos del Pitagorismo primitivo. Esta influencia evidencia en la comprensión de la belleza en Platón como armonía y orden, como es propia de la teoría pitagórica. El principio pitagórico de la Kalokagathía recibe en Platón otra dimensión, ya que ahora él une los conceptos de armonía y orden a los conceptos de Bien y de Verdad. Ahora, lo que antes tenía una dimensión matemática, ahora asume una dimensión ontológica, es decir, lo armónico y ordenado conduce al hombre al Bien y a la Verdad. Para concluir, si nos fijamos bien en el discurso de Diotima, veremos que los elementos de la ontología platónica de belleza pueden ser concebidos de forma jerárquica, pues comprehende la posibilidad humana de ascensión o trascendencia en muchos niveles hasta llegar a un nivel supremo, donde Bondad y Belleza, se asemejan, son parejos.
CONCLUSIÓN
Platón define su trascendencia del mundo sensible por medio de la razón. Sólo ella puede alcanzar la esencia de las cosas. Sin embargo, esta transcendencia es un camino a ser hecho, es decir,
ésta comienza en la experiencia sensible para después llegar al inteligible. Este último, por lo tanto, depende de aquél primero y está vinculado a él. Al contrario de lo que se pensó, Platón no rechaza el arte sino lo que se reduce a una mera experiencia mimética. El arte es copia de la copia, que es la naturaleza, pero esta copia nos debe remitir a su esencia, a una Belleza que no sufre mutaciones ni alteraciones. Una Belleza suprema que a su vez está relacionada al sumo Bien y a la suma Verdad. Esta es la relación de la Estética platónica con los transcendentales.
En este trabajo buscamos responder de modo breve que la experiencia estética en el concepto platónico direcciona a una dimensión mucho más allá del sensible, o sea, mucho más profunda que los sentidos pueden tocar o experimentar. Para esto, fue necesaria la comprensión del concepto de Idea en el mismo Platón, o lo que sea el mundo de las Ideas para entender la metafísica platónica. Ética, Estética y metafísica en Platón son realidades parejas. La teoría platónica investigó el concepto de belleza en su naturaleza más profunda, es decir, él habla de una belleza que no padece las oscilaciones del mundo sensible. No es una belleza sensorial, visible a los ojos sino metafísica, eterna e inmutable.
Así, si esta transcendencia a este mundo Ideal, inmutable y metafísico necesita una experiencia sensible anterior, pues por medio del deseo de Belleza (Eros) el hombre asciende a una Belleza Suprema, el sumo bien. Entonces sensible e inteligible en la Estética platónica están profundamente relacionadas y no pueden ser entendidas como realidades inconexas o desparejas. Por ende, concluimos que los fenómenos son muy importantes en la óptica platónica. Sin ellos no se puede acceder al mundo racional, lo que nos hace afirmar que son imprescindibles en la ascensión hacia la razón.
Todo empieza con Eros: éste produce el deseo de belleza y hace el puente entre el mundo de los fenómenos y el mundo inteligible, pues el objetivo de Eros es pasar de la belleza de los cuerpos hacia la Belleza suprema.
De entre las artes más importantes para él, la música encuentra un lugar superior. Ella une el alma al trascendente. Ella une el sensible al espiritual, el sensitivo al supra-sensible, el material y el inmaterial. A raíz de esto, Platón defiende la importancia de una educación musical o estética para la juventud, pues nadie como ella puede suscitar en ellos el deseo del Bien, el deseo de las bellas cosas, más que el deseo de los cuerpos. Por esta razón también, estética tendrá relación muy estrecha con ética dentro del pensamiento platónico. Así, Platón rechazará toda música bien como todo tipo de arte que no permite al hombre trascender o hacer este tránsito de lo sensitivo para lo racional.
Lo que buscamos reflexionar es que en Platón hay una relación de dependencia entre los aspectos sensibles e inteligibles, es decir, hay una vinculación entre estos conceptos, al contrario de lo que se pensó que un concepto rechaza al otro, o que Platón, a raíz de la creencia en un mundo superior o metafísico, no aceptaría todo lo que es sensitivo o sensorial; también por su comprensión de cuerpo como cárcel del alma. Aunque Platón sostenga que el alma sea superior al cuerpo, esta alma, como la razón humana, sólo alcanza el mundo supra-sensible por medio de la experiencia sensible. De ahí que el arte y sobre todo la música encuentran su importancia, como toda la estética.
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