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189065845 Casanova Giacomo Historia de Mi Vida Libro I

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(1)

'• , G I A C O M O C A S A N O V A

HI ST ORI A DE MI VI DA

P r ó l o g o d e F é l i x d e A z ú a

T r a d u c c i ó n y n o t a s d e M a u r o A r m i ñ o

*

L A N T A

T O M O I

(2)

ROBERTOKLES

ROSANAE FECIT

(3)
(4)

i

&

(5)

G I A C O M O C A S A N O V A

H I S T O R I A DE MI V I D A

P R Ó L O G O F É L I X DE A Z Ú A T R A D U C C I Ó N Y N O T A S M A U R O A R M I Ñ O

I I

A T A L A N T A

2009

(6)

En cubierta: dibujo de Casanova de autor anónimo. En guarda delantera: J. H. Fragonard. El beso robado (ca. 1780).

Musco del Hermitage.

En guarda trasera: J. H. Fragonard. El cerrojo (ca. 1778). Musco del Louvre.

Dirección y diseño: Jacobo Siruela Coordinación y maquctación: Rosa María García

Corrección: Santiago Cclaya y Noelia Moreno

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista

por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar

o cscancar algún fragmento de esta obra. Todos los derechos reservados. Título original: Histoire de ma vie O De la traducción: Mauro Armiño

O Del prólogo: Félix de Azúa

O E D I C I O N E S A T A L A N T A , S. L.

Mas Pou. Vilaür 17483. Girona. España Telefono: 972 79 58 oj Fax: 972 79 j 8 34 atalantaweb.com ISBN: 9 7 8 -8 4 - 9 37 2 4 7 2 - 6 Depósito Legal: B - 3 J . 13 0 -2 0 0 9

Í N D I C E

U n a c ru z en D u c h o v XXV N o ta del tr a d u c to r x x x v C r o n o lo g ía XI.I H I S T O R I A D E M I V ID A H A S T A E I. A Ñ O 179 7 V olu m en 1 P refac io 3

H isto ria de G iaco n io C a san o v a de Sein galt, veneciano, escrita por él m ism o en D u x , Bohem ia

C a p ít u lo I

' 7

C a p ítu lo II

Mi abuela viene a internarme en casa del doctor G ozzi. Mi primera amistad tierna

3 °

C a p ít u lo III

Bcttina tomada por loca. Fl padre M anda. La viruela. Mi marcha de Padua

50

C a p ítu lo IV

El patriarca de Venecia me otorga las órdenes menores. Mi amistad con el senador M alipiero, con Teresa Imer, con la sobrina del cura, con la señora O rio,

(7)

Me hago predicador. Mi aventura en Pasiano con Lucia. C ita en el tercero

69 C a p ítu lo V

N oche lamentable. Me enam oro de las dos hermanas; olvido a Angela. Baile en mi casa. G iulietta

humillada. Mi regreso a Pasiano. Lucia desgraciada. Torm enta favorable

102 C a p ítu lo V I

M uerte de mi abuela, y sus consecuencias. Pierdo el favor del señor de M alipiero. Me quedo sin casa.

La Tintorctta. Me meten en un seminario. Me expulsan. Me meten en una fortaleza

124 C a p ítu lo V II

Mi breve estancia en el fuerte de Sant’ Andrea. Mi prim er arrepentim iento galante. Placer de una venganza y hermoso efecto de una coartada. Arresto del conde Bonafede.

Mi excarcelación. Llegada del obispo. D ejo Venecia

145

C a p ítu lo V I I I

M is desventuras en Chioggia. El padre recoleto Stefano. Lazareto de Ancona. La esclava griega.

Mi peregrinación a N ostra Signora de Loreto. Voy a pie a Rom a y de ahí a N ápoles en busca del obispo,

al que no encuentro. La fortuna me ofrece los medios para ir a M artorano, de donde enseguida salgo

para regresar a N ápoles 169

C a p ítu lo IX

Mi breve pero feliz estancia en N ápoles.

Don A ntonio Casanova. Don Lelio C araffa. Voy a Roma en encantadora compañía y entro al servicio

del cardenal Acquaviva. Barbaruccia. Testaccio. Frascati

207 C a p ítu lo X

Benedicto xiv . h xcursión a T ívoli. Marcha de doña Lucrezia. La marquesa G . Barbara Dalacqua.

Mi desgracia y mi salida de Roma

24 5

V olum en 2 C a p ít u lo I

Mi breve y demasiado movida estancia en Ancona. C ecilia, Marina, Bellino. La esclava griega

del lazareto. Bellino se da a conocer 281

C a p ítu lo II

Bellino se da a conocer; su historia. Me arrestan. Mi involuntaria huida. Mi vuelta a Rím ini y mi llegada a Bolonia

299 C a p ítu lo III

D ejo el hábito eclesiástico y me visto el uniform e militar. Teresa parte para N ápoles, y yo voy a Venecia, donde entro al servicio de mi patria.

Fm barco para C o rfú y desem barco en O rsara para dar un pasco

(8)

C a p ítu lo IV

Encuentro cóm ico en O rsara. Viaje a C o rfú . Estancia en Constantinopla. Bonncval.

Mi regreso a C o rfú . La señora F.

El falso príncipe. Mi huida de C o rfú . Mis locuras en la isla de C asopo. Me dejo llevar a los calabozos de

C o rfú . Mi pronta liberación y mis triunfos. M is éxitos con la señora F.

334

C a p ítu lo V

Progresos de mis amores. Voy a O tranto. E ntro al servicio de la señora F.

Un rasguño providencial 402

C a p ítu lo V I

H orrible desgracia que me aflige. Enfriam iento am oroso. Mi partida de C o rfú y mi regreso a Venecia.

Abandono el servicio militar y me hago violinista

4 3 '

C a p ítu lo V II

Me convierto en un verdadero golfo. Una gran suerte me saca de la abyección y llego a ser un hom bre rico

445

C a p ítu lo V III

Vida desordenada que llevo. Z aw oiski. Rinaldi. L’ Abadic. La joven condesa. El capuchino don Stcffani. Ancilla. La Ram ón. Me embarco en una

góndola en San G iob be para ir a Mestre 462

C a p ítu lo IX

Me enam oro de C ristina y le encuentro un marido digno de ella. Sus bodas

493

C a p ítu lo X

Leves contratiem pos que me obligan a salir de Venecia. L o que me ocurre en Milán y en Mantua

520 C a p ítu lo X I

Voy a Ccsena para apoderarm e de un tesoro. Me establezco en casa de Francia. Su hija G enoveffa

544

V olu m en 3 C a p ítu lo I

Intento mi operación mágica. Se produce una tormenta terrible. Mi miedo. G en oveffa no pierde su virginidad.

Abandono la empresa y vendo la vaina a Capitani. Vuelvo a encontrar a G iulictta y al sedicente conde C cli, convertido en conde Alfani. D ecido partir para N ápoles.

Lo que me hace cambiar de ruta

559

C a p ítu lo II

C o m p ro un buen coche y salgo para Parma con el viejo capitán y la joven francesa. Vuelvo a ver a G en oveffa y le regalo un hermoso par de pulseras de oro. Mi perplejidad respecto a mi com pañera de viaje. M onólogo. C o loq uio

con el capitán. A solas con la francesa

574

C a p ít u lo III

Salgo feliz de Bolonia. El capitán nos deja en R cggio, donde paso la noche con Henriette. N uestra llegada a Parma. H cnriettc recupera las ropas de su sexo; nuestra mutua

felicidad. Encuentro algunos parientes, pero no me doy a conocer

(9)

C a p ítu lo IV

Tom o un palco en la ópera a pesar de la resistencia de H enrietie. El señor D ubois viene a vernos y come con

nosotros; broma que le gasta mi amiga. Razonam iento de Henriette sobre la felicidad. Vamos a casa de D ubois; m aravilloso talento que mi esposa

despliega. El señor du Tillot. M agnífica fiesta que ofrece la corte en los jardines; fatal encuentro. Tengo

una entrevista con el señor d ’ Antoine, favorito del infante

604 C a p ítu lo V

Henriette recibe al señor d ’ Antoine. Pierdo a esa adorable mujer y la acom paño basta Ginebra. Paso el San

Bernardo y regreso a Parma. Carta de Henriette. Mi desesperación. Se me une de la H aye. Lamentable

aventura con una actriz: sus consecuencias.

Me hago santurrón. Bavois. Enredo de un oficial fanfarrón 618

C a p ítu lo VI

Recibo buenas noticias de Venecia, adonde vuelvo llevándome a de la H aye y a Bavois. Excelente acogida de

mis tres am igos, y su sorpresa al verme convertido en m odelo de devoción. Bavois me devuelve

a mis antiguas costum bres. De la H aye, un auténtico hipócrita. Aventura de la joven

Marchetti. G ano a la lotería. V uelvo a ver a Balletti. De la H aye abandona el palacio Bragadin. Me marcho a París

636 C a p ít u lo V II

Mi paso por Ferrara y aventura cómica que allí me ocurre. Mi llegada a París el año 17 5 °

6 5}

C a p ítu lo V III

Mi aprendizaje en París. Retratos. Singularidades. Mil cosas más

668

C a p ítu lo IX

Mis torpezas en la lengua francesa, mis éxitos, mis numerosas amistades. Luis XV.

Mi hermano llega a París 693

C a p ítu lo X

Mi incidente con la justicia parisina. M adcm oisclle Vesian

72 1

C a p ítu lo X I

La bella O ’ M orphy. El pintor impostor. Hago la cábala en casa de la duquesa de Chartrcs.

Abandono París. Mi estancia en Dresde y mi partida de esa ciudad

744

C a p ít u lo X II

Mi estancia en Vicna. Jo sé II. Mi partida para Venecia

765

C a p ítu lo X II I

D evuelvo el retrato que había robado en Viena. Voy a Padua; aventura durante el viaje de retorno:

consecuencias de esa aventura. Encuentro de nuevo a Teresa Imer. C o n o zco a M llc. C . C.

781 C a p ítu lo X IV

Avances de mis amores con la bella C . C . 796

(10)

C a p ítu lo X V

Continuación de mis amores con C . C .

El señor de Bragadin pide para mí la mano de la joven. Su padre se la niega y la mete en un convento. De la Haye.

Pierdo en el juego. Asociación con C roce, que repone mis fondos. D iversos accidentes

8 12 C a p ítu lo X V I

Vuelve a sonreírm e la fortuna. Mi aventura en D olo. Análisis de una larga carta de mi amiga. Mala

pasada que P. C . me juega en Vicen/a. Mi escena tragicóm ica en la posada

828 V olu m en 4 C a p ít u lo I

C ro ce expulsado de Venecia. Sgom bro. Su infamia y su muerte. Desgracia acaecida a mi querida C . C .

Recibo una carta anónima de una monja y le respondo. Intriga amorosa

843 C a p ít u lo II

La condesa C oron ini. D especho am oroso. Reconciliación. Primera cita.

Divagación filosófica

8 5 7

C a p ít u lo III

Continuación del capítulo anterior. Prim era cita con M. M. Carta de C . C . Mi segunda cita con la monja en mi esplendido casino en Venecia. Soy feliz

871

C a p ítu lo IV

C ontinuación del capítulo anterior. Visita

al locutorio y conversación con M. M. C arta que ella me escribe y mi respuesta. N ueva entrevista en el casino de M urano en presencia de su amante

888

C a p ít u lo V

Regalo mi retrato a M. M. Presente que me hace ella. Voy a la ópera con ella. Juega y me obliga a ganar el dinero

perdido. Conversación filosófica con M. M. Carta de C . C . L.o sabe todo.

Baile en el m onasterio; mis proezas com o Pierrot. C . C . viene al casino en lugar de M. M.

N oche estúpida que paso con ella 905

C a p ítu lo V I

C o rro serio peligro de perecer en las lagunas. Enferm edad. Cartas de C . C . y de M. M. Reconciliación. C ita en el casino de Murano. C onsigo saber el nombre del amigo de M. M., y

consiento en invitarle a cenar en mi casino con nuestra común amante

922 C a p ít u lo V II

Cena a tres con el señor de Bernis, em bajador de Francia, en mi casino. Propuesta de M. M.: la acepto. Consecuencias.

C‘ C . me es infiel fin que pueda quejarme

9 37

C a p ítu lo V III

El señor de Bernis parte cediéndom e sus

derechos sobre el casino. Sabios consejos que me da: el poco caso que les hago. Peligro de perecer con M. M.

(11)

N os quedam os sin casino y cesan nuestras citas. G rave enfermedad de M. M. Z orzi y Condulm cr. Tonina

9 5i C a p ítu lo IX

Continuación del anterior. M. M. se restablece. Vuelvo a Venecia. Tonina me consuela. Mi am or por M. M. se debilita.

El doctor Righellini. Singular conversación que tuve con el. Secuelas de ese encuentro relativas a M. M. El señor M urray

desengañado y vengado

9 7 2

C a p ítu lo X

El asunto de la falsa monja termina de una forma divertida. M. M. se entera de que tengo una amante. Es vengada por el indigno Capsoccfalo. Me arruino en el juego; incitado por M. M. vendo poco a poco todos sus dia­ mantes para tentar a la fortuna, que se obstina en serme con­

traria. C ed o Tonina a M urray, que le asegura una dote. Su hermana Barberina la sustituye

988 C a p ítu lo X I

La bella enferma. La curo. Intriga urdida para perderme. Acontecim iento en casa de la joven

condesa Bonafede. La Erberia. Visita dom iciliaria. Mi entrevista con el señor de Bragadin. Me arrestan por

orden de los Inquisidores de Estado 1003

C a p ítu lo X II

Bajo los Plomos. Tem blor de tierra 10 18

C a p ít u lo X I I I

D iversos incidentes. Com pañeros. Preparo mi evasión. Me cambian de calabozo

1038

C a p ítu lo X IV

Prisiones subterráneas llamadas los Pozos. Venganza de Lorenzo. Inicio correspondencia con otro prisionero, el padre Balbi; su carácter. C oncierto mi fuga con el. De que forma. Estratagem a que

utilizo para hacerle llegar mi espontón. Éxito. Me dan un com pañero infame; su retrato

1073 C a p ítu lo X V

Traición de Soradaci. M edios que empleo para atontarlo. El padre Balbi concluye felizm ente su trabajo. Salgo de mi

calabozo. Reflexiones intempestivas del conde Asquin. M omento de la partida

«095 C a p ítu lo X V I

Mi salida del calabozo. Peligro en que estoy a punto de perder la vida en el tejado. Salgo del Palacio Ducal, me em barco y llego a tierra firme. Peligro al que me expone el padre Balbi. Estratagem a que me veo obligado a emplear

para separarme momentáneamente de el 1 1 1 4

V olu m en 5 C a p ít u lo I

Voy a alojarm e en casa del jefe de los esbirros. Paso una noche deliciosa y recupero totalmente mis fuerzas y la salud. Voy a misa; encuentro em barazoso. Recurso violento que me

veo obligado a utilizar para conseguir seis ccquícs. E stoy fuera de peligro. Mi llegada a Munich.

E pisodio sobre Balbi. Parto hacia París. Mi llegada a esa ciudad, asesinato de Luis X V

(12)

El ministro de Asuntos Extranjeros. El señor de Boulogne, intendente general de Finanzas. El señor duque de C hoiscul. El abate de Lavilla. El señor Páris du Vernai.

Institución de la lotería. Llegada de mi hermano a París, procedente de Drcsde: es admitido

en la Academ ia de pintura

i i 49 C a p ítu lo III

El conde Tirctta de Treviso. El abate la C oste. La Lam bcrtini, falsa sobrina del papa. Rem oquete que da a

Tirctta. T ía y sobrina. C o lo q u io al amor de la lumbre. Suplicio de Damiens. E rro r de Tirctta. C ólera de Mmc.

X X X ; reconciliación. Soy feliz con Mlle. de la Meure. La hija de Silvia. Mlle. de la M eure se casa; mis celos

y mi resolución desesperada. Feliz solución 1 1 68

C a p ítu lo IV

El abate de la Ville. El abate G aliani. Carácter del dialecto napolitano. Voy a Dunquerquc con una misión secreta.

É xito. Vuelvo a París por la carretera de Am iens. Mis despropósitos bastante cóm icos. El señor de la Brctonniérc. Mi inform e agrada. Recibo quinientos

luises. Reflexiones 1 206 C a p ít u lo V

El conde de la Tour d ’Auvergnc y Mmc. d ’ U rfé. Cam illa. Mi pasión por la amante del conde: ridicula aventura

que me cura. El conde de Saint-Gcrm ain 12 2 2

C a p ít u lo V I

Ideas erróneas y contradictorias de Mmc. d ’ U rfe sobre mi poder. Mi hermano se casa; proyecto concebido el día de sus

C a p í t u l o II

bodas. Voy a Holanda por un asunto de finanzas del gobierno. Recibo una lección del judío Boas.

El señor d ’A ffry. Esthcr. O tro Casanova. Vuelvo a encontrarme con Teresa Imcr

1244 C a p ítu lo V II

Mi fortuna en Holanda. Mi regreso a París con el joven Pompeati

1 269 C a p ítu lo V III

Halagadora recepción de mi protector. Locuras de Mmc. d ’U rfe. Mme. X C V y su familia. Mme. du Rumain

12 9 1 C a p ít u lo IX

Prosigo mi intriga con la amable Mlle. X C V . Vanas tentativas de aborto. El aroph. Fuga c ingreso en un

convento de M adcmoiscllc

1 3 1 5

C a p ít u lo X

N uevos incidentes. J.- J. Rousseau. Fundo una empresa com ercial. Castclbajac. Me incoan un proceso

crim inal. El señor de Sartinc

■339

C a p ít u lo X I

Soy interrogado. D o y trescientos luises al escribano. El arresto de la com adrona y de Castclbajac. Miss da a luz

un varón y obliga a su madre a ofrecerm e una reparación. Mi proceso queda sobreseído. Miss parte para Bruselas y va

con su madre a Venecia, donde se convierte en gran dama. Mis operarías. Mmc. Barct. Me roban, me encarcelan

y me ponen en libertad. Parto para Holanda. La inteligencia de H elvecio. Piccolom ini

(13)

V o l u m e n 6

C a p í t u l o I

Retrato de la sedicente condesa Piccolom ini. Q uerella y duelo. Vuelvo a ver a Esther y a su padre, el señor D. O . Esthcr sigue fascinada por la cábala. Falsa letra de cambio

de Piccolom ini; consecuencias. Piden rescate por mí y corro el riesgo de ser asesinado. O rgía con dos paduanas;

consecuencias. Revelo un gran secreto a Esther. Desenm ascaro al granuja de Saint-G crm ain; su fuga.

Manon Ballctti me es infiel; carta que me escribe para anunciarme su m atrim onio; mi desesperación. Esther pasa un día conm igo. Mi retrato y mis cartas a Manon llegan

a manos de Esther. Paso un día con esta encantadora mujer. Hablam os de matrimonio

1385 C a p ít u lo II

D igo la verdad a FIsther. Parto para Alem ania. Mi aventura cerca de C olon ia. La mujer del burgom aestre; la conquisto. Baile en Bonn. Acogida del elector de C olonia. A lm uerzo en Brühl. Primera intimidad. Cena sin invitación en casa del general Kettlcr.

Soy feliz. Mi marcha de C olon ia. La pequeña Toscani. La sortija. Mi llegada a Stuttgart

14 18 C a p ít u lo III

A ño 1760. La amante Gardela. Retrato del duque de W ürttcm berg. Mi com ida con la G ardela y sus consecuencias. Reencuentro desgraciado. Ju ego , pierdo cuatro mil luises. Proceso. Fuga afortunada.

Mi llegada a Zurich. Iglesia consagrada por Jesu cristo en persona

1446

Tom o la resolución de hacerme monje. Me confieso. Dilación de quince días. Giustiniani, capuchino apóstata.

C am bio de idea, y su causa. Locura en la posada. Cena con el abate

1468 C a p ítu lo V

Mi marcha de Zurich. Aventura burlesca en Badén. Soleurc. El señor de Chavigny. El señor y la señora d e...

Interpreto una comedia. Me finjo enferm o para conseguir que mi suerte siga adelante

1482 C a p ít u lo VI

Mi casa de campo. Madame D ubois. Mala pasada que me hace la infame coja. Mis tribulaciones

' 4 9 9

C a p ítu lo V II

Continuación del capítulo anterior. Mi partida de Soleurc

• S ¿ 5

C a p ít u lo V III

Berna. La Mattc. Madame de la Saône. Sarah. Mi marcha. 1.legada a Basilca

• 549

C a p ítu lo IX

F.l señor 1 laller. Mi estancia en Lausana. Lord Roscbury. La joven Sacconay. Disertación

sobre la belleza. La joven teóloga

' 5 7 '

C a p ítu lo X

El señor de Voltaire; mis discusiones con ese gran hombre. Una escena en su casa a propósito del A riosto. El

duque de Villars. El síndico y sus tres bellas.

(14)

Disputa en casa de Voltaire. A ix-cn-Savoic. El marqués Désarm oiscs

1 5 9° C a p ítu lo X I

Mis aventuras en A ix-cn-Savoic. Mi segunda M. M. Madame Z

16 20

(15)

Medallón de Casanova en 1788. Grabado de Jean Berka.

U N A C R U Z E N D U C H O V Félix de Azúa

La más antigua metáfora que conocemos es aquella que nos estimula a ver en todas las criaturas y fenóm enos un reflejo nuestro, com o si el mundo fuera un espejo y toda la creación se hubiera hecho a nuestra semejanza. Los técnicos la llaman «me­ táfora antropológica» y consiste en creer que todo nace, crece, se reproduce y muere, como solemos hacer los humanos. N o sólo plantas y árboles, mamíferos c invertebrados, sino también las cordilleras, los volcanes, los mares y los hielos, el cosmos en­ tero, nacerían, crecerían y acabarían muriendo como un humano cualquiera.

La fuerza inmensa de esta metáfora influye incluso en nues­ tro modo de entender la historia, con imperios o naciones que pasan de un momento prim itivo a la plena madurez y luego a una decadencia anunciadora de la muerte. Sin embargo, todos sabemos que es tan sólo una ficción poética. N i los imperios, ni los árboles, ni las cordilleras nacen, crecen y mueren, entre otras consideraciones porque no hay nada en el mundo natural que tenga alma, sea de árbol, de elefante o de territorio. Sólo las al­ mas nacen y mueren; sólo los humanos tenemos alma, es decir, conciencia. Esa conciencia es propiam ente conciencia de la muerte y no atormenta sino a los efímeros mortales. N o hay que engañarse, lo único que mucre en el cosmos son las almas.

Bien pudiera ser que la tremenda potencia del libro que el lector tiene en sus manos obedezca a que es una de las más per­ fectas formas que se le ha dado a la metáfora antropológica, el nacimiento, desarrollo, decadencia y muerte de un hermoso ani­ mal contada por él mismo. Casanova expone su vida como una

(16)

brillante floración en uno de los más frondosos jardines del siglo XV1I1, la República de Venecia; le sigue un crecimiento deslum­ brante en las cortes más poderosas de Europa; viene luego una madurez robusta, aunque algo pálida, durante la cual esa viva lumbre se va achicando poco a poco; y por fin una decadencia insoportable a la que sólo la muerte puede aliviar. Muchas, in­ numerables han sido las vidas que se han contado según esta me­ táfora que solemos llamar «biográfica», es decir, que dibuja una vida biológica de nacimiento a muerte, pero posiblemente la de Casanova sea la más perfecta desde el punto de vista artístico, la de m ayor riqueza constructiva y reflexiva.

Siendo una metáfora, la incógnita primera es la de su veraci­ dad. ¿Es cierto todo lo que Casanova cuenta en su pretendida autobiografía? La pregunta es estéril. Si sólo hubiera narrado «la verdad», el libro conocido como Histoire de ma vie creo que ca­ recería de interés literario, aunque bien podría haber sido un gran documento para historiadores y sociólogos. Lo asombroso es que, en su estado real, Histoire de ma vie es, además de un documento de singular importancia sobre la vida europea en el siglo x v m , también una obra maestra literaria, un relato que conmueve, exalta, divierte, inspira, solaza y excita tanto la luju­ ria como el raciocinio.'

i. 1.a documentación que aporta Casanova sobre la vida europea del xvm es gigantesca. Uno de sus últimos biógrafos (Alain Buisine) ha censado las ciudades en las que vivió el tiempo suficiente como para tener aventuras o experiencias notables: Venecia, Padua, Corfú, Cons- tantinopla, Ancona, Roma, Ñapóles, Dresde, Praga, Vicna, I.yon, Milán, Mantua, Cesena, Bolonia, Parma, Vicen/.a, Ginebra, París, Dun- querque, Amsterdam, I.a Haya, Munich, Colonia, Bonn, Stuttgart, Es­ trasburgo, /urich, Badén, Berna, Basilca, Lausana, Aix-les-Bains, Grenoble, Aviñón, Marsella, Metz, Antibes, Genova, l.ivorno, Floren­ cia, Turin, Londres, Riga, Mitau, San Pctcrsburgo, Moscú, Berlín, Wesel, Leipzig, Ludwigsburg, Aix-la-Chapelle, Augsburgo, Madrid, Toledo, Zaragoza, Valencia, Barcelona, Montpellier, Nîmes, Aix-en- Provence, Praga, Spa, Varsovia, Niza, Pisa, Siena, Sorrento, Trieste, G o­ rma y Duchov. Esto sin contar los múltiples regresos a París, Bolonia o Venecia. F.s algo inaudito en su tiempo, cuando viajar era peligroso y quebraba la salud del más brioso. Por ejemplo, Diderot murió en esas fechas como consecuencia de un viaje a Rusia, lanta movilidad ha in- lundido sospechas sobre actividades de espionaje que pudo llevar a

XXVI

Al arte de Casanova se lo debemos, y ese arte consiste propia­ mente en haber construido un personaje indudablemente ama­ ble, simpático, inteligente, vigoroso, sagaz, curioso por la ciencia de su tiempo, de ideas perfectamente modernas, con una energía sobrehumana para resolver problemas prácticos, en fin, un galán absoluto. Aunque también un sinvergüenza, un estafador, un ti­ mador, un mentiroso, un vanidoso, un aprovechado. Nada oculta Casanova, o bien, si se prefiere, lo que oculta salta a la vista del lector perspicaz. C om o en toda obra de arte moderna, son las sombras lo que construyen la parte luminosa del héroe.

Para conseguir semejante tour de forcé es preciso advertir sobre una peculiaridad casi detectivesca del m anuscrito, cuya enrevesada historia dejamos para un apéndice técnico. Está de sobras documentado que Casanova quería escribir su vida desde que nace hasta 1797, y tal es el título original. Sin embargo, la historia se interrumpe con chocante brusquedad en 1774. Ello es debido a que el final de Casanova, los terribles años de su vejez (y no son pocos) habrían precisado otra narración distinta y aun opuesta. Una cosa es exponer sin pudor la decadencia de la edad, cuando Casanova es expulsado de todas las cortes europeas y no tiene dónde caerse muerto pero aún está entero. Y otra cosa es contar cóm o cayó muerto, en efecto, durante trece espanto­ sos años en un infierno apartado del mundo, consumido a fuego lento, muerto en vida. Esc final no es galante, no es diecioches­ co, para ser narrado habría precisado el talento de un escritor moderno, un Dostoievsky, por ejemplo, ebrio de metafísica, o un Thomas Bcrnhard ebrio de resentimiento. Casanova, sin em­ bargo, no es un romántico sino un clásico, y carece de órgano para la desolación, el resentimiento, la melancolía o la metafí­ sica. Su muerte, según le dicta su conciencia, no le importa a nadie, o a nadie debería importar. Por lo tanto, queda fuera de

l ’histoire de ma vie.

La interrupción del relato en 1774 elimina oportunamente la cabo Casanova. Hay que contar, además, con la magnífica capacidad de Casanova para divertirse en los más diversos ambientes, desde las cor­ tes de los grandes monarcas a la amable atención de una cocinera de posada, de modo que tenemos el retablo completo de todas las clases sociales de la Europa dieciochesca.

(17)

parte insoportable de la metáfora, el borde abismal de la vida: su insignificancia, el enigma de nuestra mortalidad. N osotros, lectores modernos, estamos obligados a preguntarnos: ¿de que le habrán servido esos magníficos años juveniles, cuando C asa­ nova saltaba de cama en cama, de corte en corte, se pascaba cu­ bierto de diamantes y se permitía recibir cumplidos de Federico de Prusia y de Catalina de Rusia, si al cabo hubo de soportar más de diez años en estado de piltrafa humana? Por fortuna, C a ­ sanova no era un escritor moderno y ni se le ocurrió que esc pu diera ser asunto para dar a leer al público educado, de manera que su historia es una exaltación de la potencia biológica en es­ tado puro y tan sólo una insinuación de que ese poder es tran­ sitorio. C om o inspirado por Nietzschc, el veneciano bailó una última furlana sobre su propia tumba, mientras admiraba los brillos y resplandores del tiempo pasado.

El gran héroe atcmporal, Aquiles, moría joven por la envidia de los dioses. Casanova, que ya no podía creer en ninguna divi­ nidad, sustituye la mano de los dioses por su propia pluma y de­ capita al ser que ha creado cuando todavía sus brillos no se han apagado por completo. De esc modo consigue algo que Proust replantearía de un modo radical (y moderno) un siglo más tarde: que el esplendor sólo permanece vivo en el arte literario y que hay que escribir contra el presente, contra el fracaso del instante, en busca de un tiempo irremisiblemente perdido, si uno quiere mantener en este mundo el precioso tiempo pasado, aquel en el que era posible decir: «Detente, instante, ¡eres tan hermoso!». N o con otra intención escribe Casanova su Histoire de ma vie, para que su esplendorosa juventud no se vea vencida y humi­ llada por la calumniosa vejez, para que la ironía filosófica no ría rencorosa desde una esquina del libro esperando su momento y afilando la guadaña.

Siendo así que nadie mejor que él va a contarnos su vida, li mitaremos esta introducción a unos cuantos asuntos que pue­ den orientar al lector. Y el primero de ellos es: ¿a qué «vida» se refiere el título? Porque Casanova vivió decenas de vidas y no una sola; es el suyo un caso de síntesis colosal en la que es posi­

XX VIII

ble adivinar por lo menos cinco destinos potenciales, aunque por fin venciera el menos cómodo para él. Vivió la vida de un se­ ductor, pero también la de un eclesiástico, músico, inventor, p o ­ lítico, científico, geómetra, médico, quím ico (o alquímico), economista, ¿qué vida no vivió? Este hombre tanto se dedicaba a proporcionar atractivas muchachas a Luis X V (la célebre M a­ demoiselle O ’M orphy cuyas nalgas de melocotón aún se pue­ den admirar gracias a Boucher) como le escribía un estudio a la emperatriz de Rusia para adaptar el calendario ortodoxo al euro­ peo.1 Y sin embargo, cuestión que a él le desagradaría profun­ damente, ha quedado para siempre decretado como aquel que sedujo a cientos de mujeres, el fenómeno sexual de Europa. Ésta es su herencia trivial.

¿Sedujo Casanova a muchas mujeres? Para empezar, rara vez seduce sino que más bien se deja seducir, es decir, acepta de buen grado las ocasiones que se le presentan. Eso sí, adivina muchas más ocasiones de las que un ciudadano vulgar es capaz de in­ tuir... o asumir. Nunca fuerza la situación, jamás violenta a nin­ guna de sus amantes c incluso tiene una reserva sensible que le impide, por ejemplo, aprovecharse de mujeres ebrias. N o hay nada extraño o exagerado en la vida amorosa de Casanova, como no sea algo que, en efecto, es infrecuente: que se convierte casi siempre en amigo y protector de sus antiguas amantes. Muchos casanovistas lo han subrayado: el veneciano es el anti-Don Juan, su contrario y enemigo. A llí donde el aristócrata sevillano, in­ fectado por la teología, se muestra vengativo, psicópata, m isó­ gino y engañador, en ese mismo lugar luce el burgués veneciano cómplice de las mujeres, su secuaz y su salvador en más de una ocasión. De otra parte (permítaseme la humorada), tampoco fueron tantas. N o más de las que muchos estudiantes actuales conocen bíblicamente entre el bachillerato y la licenciatura.*

2. Como ejemplo de sus trabajos científicos (y en razón de que lo menciono), el lector curioso puede ver el titulado Proposiciones de un

diputado de la república de las letras, sometida al profundo juicio de la emperatriz de todas las rusias, Catalina II, con el objeto de hacer coin­ cidir el calendario ruso con el europeo. Fue traducido y editado por La Gaceta del FCE en su n.° 132 (diciembre de 1981).

3. En cambio, fue severamente castigado por estas tan inocentes

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Pues, a pesar de todo (¡oh asombro, oh admiración!), toda­ vía era capaz de seducir cpistolarmente a dos o tres buenas mu­ jeres (jóvenes) que le enviaban sopas, dulces, mensajes, regalitos, compañía escrita y, sobre todo, afecto. Fue allí, jugando al es­ condite con la locura, cuando, para distraer el insoportable dolor de una vejez miserable, comenzó la redacción de este libro plus­ cuamperfecto, el más completo homenaje que se ha escrito jamás a la energía de la juventud, al gozo supremo de lo inmediato, el placer de respirar, de tener músculos clásticos, nervios templa­ dos y el deseo tenso como un felino que olisquea gacelas.

Seguramente com enzó a redactar estas memorias hacia 1789 (¡año memorable!) durante los interminables inviernos bohe­ mios, pero las fue puliendo y recscribicndo en sucesivas ocasio­ nes hasta que el texto que ahora conocem os estuviera listo posiblemente hacia 1797-98. La revolución y las guerras napo­ leónicas, que 110 terminarían hasta 18 14 , hicieron del manuscrito una pieza secreta y preciosa, conocida por muy pocos y difun­ dida sólo entre los amigos del Príncipe de Lignc, gran guerrero y amigo de Waldstcin, el cual había tomado una particular afi­ ción por el anciano Casanova, y a quien éste copió parte del texto para uso personal del magnate, lo que originaría un lío ma­ yúsculo en la posterior recepción del manuscrito definitivo.

Conocem os también el detalle más triste de este final des­ piadado. Aún retocaba su obra en 1798 cuando, tras innumera­ bles cartas pidiendo clemencia, le llegó un segundo perdón del Dogo veneciano. Com padecida, la máxima autoridad de la Se­ renísima otorgaba su favor para que el anciano de Duchov re­ gresara a m orir en su ciudad natal, como había rogado por men­ sajería a lo largo de innumerables y fríos inviernos bohemios. N o pudo ser. El bibliotecario de Duchov, personaje estrafalario por el que nadie estaba ya interesado y que todos tenían por un incomprensible capricho del duque (hacía ya muchos años que Waldstcin no ponía los pies en su castillo, afanado de batalla en batalla en las campañas napoleónicas), se apagó con la carta del Dogo en la mano. Sería enterrado de mala manera en aquel lugar oscuro sin que nadie pudiera sospechar el monumento a la feli­ cidad que había escrito el extravagante bibliotecario de un duque quizás inexistente. Nunca se han recuperado sus huesos.

XXX11

Cuenta uno de sus biógrafos, G u y Endorc (aunque lo tengo por invención, ya que ningún otro lo señala), que sobre su tum­ ba clavaron los lugareños una cruz tan pobre y malparida que cayó al suelo con la primera tormenta. Desde entonces, algunas mozas que acudían al camposanto de noche para encontrarse con sus amigos salían despavoridas cuando la falda se les en­ ganchaba en los restos de la cruz derribada. ¡Q ué éxtasis no ha­ bría supuesto para la mano de hueso del veneciano haber tan sólo rozado como una brisa aquella piel de veinte años, la dorada piel del mundo viviente!

A L G U N A S P R E C I S I O N E S

La bibliografía de Casanova es tan inmensa com o laberín­ tica. De manera que sólo doy unas informaciones básicas sobre lo que acaba el lector de leer.

Hasta el momento, la mejor biografía es la de J. Rivcs Childs,

Casanova, A N ew Perspeclive (Paragon House, 1988), aunque

la última que yo he podido leer es la de Alain Buisinc, Casanova.

L'Européen (Taillandicr, 2001), que no añade gran cosa a Childs.

C o m o introducción literaria sigue siendo muy entretenido el

Casanova de Stcfan Zw eig, aunque data de 1929 y está plagado

de errores.

Los casanovistas españoles son numerosos y activos. El epi­ sodio de Casanova en España es uno de los más graciosos e ins­ truye sobre la abyecta situación moral y política de la España de esa época. Lo recoge el libro Giacomo Casanova. Memorias

de España (Espasa, 2006), sumamente interesante. En el apén­

dice, Marina Pino relata una de las más chuscas historias del pe­ riplo catalán del veneciano: «Casanova, el conde, la bailarina y el obispo: ¿drama o vodevil?».

Las terribles humillaciones del anciano bibliotecario están reunidas en un libro de temible lectura. Son las cartas que escri­ bió un Casanova histérico y mentalmente desequilibrado en sus últimos años: G . Casanova, Lettres écrites au sieur Faulkircher (L’Echoppc, Caen, 1988).

Sobre la cuestión específica de Casanova y sus amantes se ha

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publicado recientemente un trabajo de Judith Summcrs, Casa­

nova's Women (Bloom sbury, 2006), dedicado a identificar las

mujeres reales que se ocultan bajo iniciales o con nombre su­ puesto en el escrito de Casanova, pero no ha sido recibido con entusiasmo por los casanovistas.

Es de uso muy útil la publicación canónica de los casanovis­ tas: L'Interm édiaire des casanovistes, editada por Helmut Watz- lawick y Furio Luccichenti. Suscripciones: 22, Ch. de I’Espla- nadc-CH 12 14 Vernicr (Suiza).

X X X IV

N O T A D E L T R A D U C T O R Mauro Arm iño

Pese a los consejos recibidos de no escribir memorias, pese a la íntima convicción que Giacom o Casanova tenía de no escri­ birlas, y pese a los momentos en que la idea de destruir lo es­ crito lo dominaba, lo cierto es que, a lo largo de la Historia de

mi vida, la pasión dominante del autor es dejar constancia fiel de

lo vivido a través de un reportaje de su existencia, la más movida del siglo

xvm:

dejar el retrato de sus amores, pero también ala­ bar y defender sus distintos oficios y saberes, aunque de algu­ nos, com o el cabalístico, él mismo se sonría. Además, sin que el propio autor lo sepa, por debajo de esa vida contada, de las am­ biciones que en todo momento expresa, late, lleno de contradic­ ciones, un pensamiento ¡lustrado encarnado en un individuo «ejemplar» y único: Casanova, que asimismo deja una visión muy peculiar de la Europa de mediados del siglo XVI11; visión muy pe­ culiar, pero también el solo testimonio abarcador de varias fa­ cetas de la vida europea en la literatura del siglo. Casanova quiere ser veraz y verídico, y lo es en la casi totalidad de sus páginas, salvo los escudos que la vanidad, el amor de sí mismo y la justi­ ficación de ciertos actos culposos le impulsaron a poner en de­ fensa propia ante el propio espejo. Tan veraz y verídica como quiso serlo la gran autobiografía de la época moderna, las C on­

fesiones que Jean-Jacqucs Rousseau' había empezado a escribir

veinte años antes (1766) y que aparecieron postumas, en 1782 y 1. «No daré a mi narración el título de Confesiones, porque, des­ pués de que un extravagante haya mancillado esa palabra, ya no puedo utilizarla [...], pero serán unas verdaderas confesiones como pocas lo han sido hasta hoy», escribe Casanova en las últimas páginas de la His­

toria de mi fuga, aludiendo a Rousseau.

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1789; en el verano de este último año, y tras una grave enferme­ dad, Casanova inicia el primer manuscrito de sus memorias.

El primer problema que Casanova se plantea es elegir la len­ gua de escritura; nacido en la lengua italiana, aprendió más fran­ cés al hilo de sus aventuras que durante el estudio adolescente de esta lengua. Sin embargo, será el francés la lengua que elija para narrar su vida, y lo razona: el francés es la lengua común, la

koiné en la que se expresa el mundo que Casanova ha deseado y

en el que ha perseguido introducirse, el de la aristocracia y no­ bleza europeas que, de Moscú a París y Madrid, pasando por Polonia y Prusia, utiliza la lengua de Montaigne como un título más que la distingue del resto de sus connaturales. Com o de cos­ tumbre, Inglaterra quedaba al margen del continente en esc em­ pleo del francés por sus clases aristocráticas; y Casanova, en contrapartida, aborrece el inglés, que no aprenderá nunca.

Esta lengua francesa que emplea está impregnada de caracte­ rísticas específicas que el propio Casanova no sólo admite sino que defiende, recordando el estilo impregnado de términos pro­ cedentes de su lugar de origen de Tcofrasto o de Tito Livio. C a ­ sanova cree que la escritura define y precisa su realidad vital, a pesar de los abundantes italianismos que inserta en un francés donde además abundan arcaísmos, barbarismos y giros forza­ dos, y que tiene poco que ver con el francés «clásico» del siglo

xvm,

el que encarnan Rousseau y Voltaire.

«El lector comprenderá enseguida que nada está más lejos de mis intenciones que las preocupaciones por el estilo», escribe C a ­ sanova en el prefacio a la Historia de mi fu g a .1 Porque Casanova va a escribir hablando; el suyo es un relato oralizado que zaran­ dea la lengua para cargarla de vigor, de inmediatez, de un uso de los tiempos verbales donde parece estar hablando con una per­ sona o un grupo de amigos que tuviera enfrente. Es un relato al amor de muchas lumbres que va haciendo a un oyente cercano -quizá a sí mismo mirándose al espejo, para verse retratado en la mente de su lector- en su retiro de Dux, cuando está convencido

2. Histoire de ma fuite des prisons de la République de Venise qu'on appelle les Plombs, I.cip/.ig, 1788 (Praga, diciembre de 1787).

Salvo el añadido del prefacio, el texto quedó incorporado a la Historia

de mi vida tras una revisión que apenas altera el texto de partida.

X X X V I

de que, dada su edad, la Fortuna lo ha desasistido y las mujeres pasan a su lado sin sentir el deslumbramiento que les procuraba de manera instantánea en sus años mozos; sin posibilidades de continuar su vida errabunda, tiene horas, días, semanas y años por delante. Cinco años de escritura febril le permitirán llegar al tomo undécimo de la Historia de mi vida. «Escribo desde el al­ ba a la noche y puedo aseguraros que escribo también durmien­ do, porque siempre sueño en escribir», dice en una carta. Pero las revisiones a que somete el manuscrito tienen más que ver con los hechos y lo narrado que con la narración, con la escritura.

Esa oralidad casanoviana rompe con los estilos franceses del siglo, aunque no con todos. Si tiene poco que ver con la lengua encastrada en lo clásico de Rousseau, es bastante lo que la cm- parenta con la ligereza, la fluidez y hasta cierto punto la orali­ dad -p o r supuesto distinta- que Voltaire prestó a su obra más duradera en el tiempo, N ovelas y cuentos, y en la que el filósofo autor de pomposas tragicomedias apenas creía; pero esos cuen­ tos han salvado el nombre de Voltaire com o autor de ficción y lo vuelven totalmente nuestro contemporáneo. La frescura del estilo de Casanova le permite alcanzar a todo tipo de lectores -cosa que no ocurre en una obra de m ayor calado y significación como las Confesiones de R ousseau- con sus imperfecciones de relato oral, con los sabrosos italianismos, con los graciosos e in­ esperados giros que da a la sintaxis francesa. La revisión de la abultada cantidad de folios escritos a pluma que fue haciendo Casanova no podía resolver varios de los problemas estilísticos y formales de su Historia.

Llegado el momento de la traducción, los italianismos tenían que diluirse, y carecía de sentido reproducir las incorrecciones gramaticales de un texto cuyo carácter más original es el com u­ nicativo. En el relato de su paso por España, por ejemplo, C a ­ sanova intenta reproducir algunos términos de la lengua caste­ llana; lo hace de oído, y en este caso, cercanos al lector español, así los he dejado, con su anómala transcripción. Más problemas plantean los nombres de lugares y personas, que Casanova es­ cribe en muchas ocasiones de maneras distintas: los nombres y apellidos rusos, polacos, españoles o ingleses, también transcri­ tos de oído, adoptan formas diversas que he unificado;

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ncrlos sólo podía perturbar la lectura. En cuanto a los términos geográficos, hay ejemplos incomprensibles de distinta grafía: So- lcurc, población francesa en la que estuvo y por la que pasó C a ­ sanova en varias ocasiones, llega a adoptar bajo su pluma hasta cuatro grafías distintas; si de un término como ése resultan tantas diferencias, qué decir de los complejos apellidos rusos o polacos. Carecía de sentido, repito, no revertir a su transcripción oficial los centenares de nombres de persona y de lugar que aparecen en la Historia de mi v id a ;' en el índice onomástico, de todos modos, hay constancia de las diversas grafías que, en muchas ocasiones, ya poseían en la época apellidos no demasiado fijados.

BREVF. H I S T O R I A OKI. T K X T O

Los manuscritos de la f listoirc de ma vic de Casanova co­ rrieron un destino proceloso y nada ejemplar. Su sobrino Cario Angiolini, llegado a Dux para atender a Casanova en su enfer­ medad una semana antes de su muerte, recogió todos los ma­ nuscritos y se los llevó a Drcsdc. Permanecieron en el ámbito familiar hasta 1820, año en que la familia vende el manuscrito al editor Brockhaus de Leipzig. Se empieza a preparar entonces una primera edición «depurada» de los pasajes considerados es­ cabrosos, en traducción alemana que el editor encarga a Wilhclm von Schütz y que aparece en doce volúmenes entre 1 822 y 1828. Es el propio Brockhaus quien, en colaboración con la editorial francesa Plon, edita por primera vez el texto original francés, igualmente en doce volúmenes, entre 1826 y 1838. Se encarga de la edición Jcan Laforgue, que también purgó el original de los pasajes que se consideraban escabrosos y lim pió el texto de los abundantes italianismos c incorrecciones lingüísticas en que incurría Casanova.

Ambas ediciones sirvieron de fuente a todas las demás pu­ blicaciones de la H istoire de ma vie , casi medio millar (tra­ ducciones incluidas), hasta la aparición de la edición

Brock-3. Tarca difícil en la que debo agradecer la meticulosidad de la re­ visión de Santiago Celaya, corrector de Atalanta.

XX X V III

luus-Plon de 1960, que parte del manuscrito autógrafo de C a ­ sanova y lo transcribe íntegramente, respetando la ortografía y la puntuación del autor. Sin embargo, algunas ediciones ante­ riores —véase en la Bibliografía el apartado Histoire de ma v ie , que sigue la evolución del enriquecimiento de las ediciones sig­ nificativas- fueron aportando notas y comentarios que situaban al lector en el contexto histórico y personal casanoviano; un nu­ meroso puñado de casanovistas se volcaron en el análisis de los viajes, las peripecias y los personajes que pasaban por la Histoire

de ma vie, rectificaron y precisaron pasajes en los que la memo­

ria engañaba a Casanova, eliminando las sombras que velaban la realidad y la veracidad de casi todo lo narrado.

Ciento sesenta y dos años después de la muerte de Casanova, y tras casi ciento cincuenta años -desde las lecturas de Schütz y Laforgue, en los años veinte y treinta del siglo XIX- de inaccesi­ bilidad, los manuscritos de Casanova seguían guardados bajo llave por sus propietarios, la familia Brockhaus, con la justifi­ cación de preparar una edición que fuera definitiva, «plan muy loable, remitido sin embargo a d calendas grecas a causa de las guerras y sucesivas crisis económicas que afectan a Alemania», escribe el casanovista Helmut W atzlawick; plan que pudo aca­ bar con los manuscritos durante el bombardeo de Leipzig al final de la segunda guerra mundial: por fortuna, un camión militar los trasladó en junio de 1945 a Wicsbaden, tranquila y pacífica ciu­ dad de aguas termales. Pero, a pesar de utilizar los viejos textos, la edición de La Sircne de 1924, dirigida por Raoul Véze, ya había conseguido interesar, caso extraordinario, a los principales casa­ novistas del momento; ofrecía el texto acompañado de toda suerte de informaciones que se han convertido en la base de un corpus muy completo. Posteriorm ente, se añadieron notas y datos que acercan al lector a la realidad de la época, al entorno ca­ sanoviano y a la veracidad de lo narrado. La edición Brockhaus- Plon de 1960-1962, preparada en el mayor secreto por Angelika y Arthur Hübschcr, ponía un punto y seguido casi exhaustivo a la aventura del manuscrito «escondido», que desde entonces que­ daba, con su recopilación de notas y sus nuevos índices, a la vista del lector en perfecto estado, como también hace su secuela, la edición Robcrt Laffont de 1993.

(22)

Los nombres de los casanovistas que aportaron sus búsque­ das y hallazgos a la edición de La Siréne, de la que nacen en bue­ na medida las notas y los índices que ya forman parte en cierto modo del texto de Casanova, son éstos: Gustav G ugitz, Charles Samaran, Raoul Veze, Aldo Ravá, Picrre Grellet, C ario Curiel, Joscph Le G ras, Horace Bleackley, A. Francis Stcuart, Edouard M aynial y Tage E. Bull. H ay que ampliar la nómina con otros posteriores: Robcrt Abirached y Elio Zorzi, responsables de la edición de Gallim ard (La Pléiadc, 1958), y Hclmut Watzlawick y Alexandrc Strocv, encargados de la edición R obcrt Lafíont (1993). Entre todos ellos, en el transcurso de los setenta y cinco últimos años del siglo X X , se ha conseguido elaborar un corpus

de anotaciones que descubre, desbroza y alza los velos que sobre personajes, lugares y fechas pusieron Casanova y su desfalle­ ciente memoria a lo largo de tan volum inoso texto. Sus trabajos, resúmenes e índices son la fuente de las notas que acompañan a esta edición de la Historia de m i vid a . N o me ha parecido opor­ tuno añadir sus iniciales tras cada uno de sus aportes concretos, objeto en muchos casos de precisiones y correcciones por casa­ novistas posteriores.

Esta nueva edición, la primera en lengua española del texto íntegro y sin los cortes ideológicos o morales que castigaron las anteriores traducciones, sigue el texto de la Historia de mi vida a partir de los manuscritos originales, tal com o lo reprodu­ cen las ediciones Brockhaus-Plon (1960-1962) y Robcrt Lafíont

( •9 9 3)- _

En la cronología que sigue a esta nota he procurado señalar la trayectoria mínima de los hechos de la vida de Casanova, aun­ que esos hechos se limiten casi siempre a los constantes viajes de su errancia europea, junto con algunos, sólo algunos, de los nombres de aquellas mujeres que supusieron una piedra blanca en su memoria, las piedras blancas que, florecidas, aún le trac el recuerdo a su retiro de Dux.

Xt

C R O N O L O G Í A

1697 Nacimiento de Gaetano Giuseppe Casanova, padre de Casanova. «708 27 de agosto: nacimiento de Zuanna (Giovanna) Farussi, más co­

nocida como Zanetta, madre de Casanova.

*724 27 de febrero: matrimonio de Gaetano Casanova, comediante, y de Zanetta Farussi, futura comediante.

1725 2 de abril: nacimiento de Giacomo Girolamo Casanova en Ve­

necia. En su relato Nè amori nè donne, ovvero la stalla ripulita (Venecia, 1782), Casanova da a entender que su verdadero padre es el senador Michele Grimani. f de mayo: Giacomo es bauti­ zado en la iglesia de San Samuele.

1726/34 Infancia en Venecia junto a la abuela materna. Marzia Farussi, mientras el padre y la madre están de gira por Europa como ac­ tores.

■727 1 de junio: nacimiento de Francesco, hermano de Casanova.

1732 28 de diciembre: nacimiento de Maria Maddalena Antonia Ste­

lla, hermana menor de Casanova.

1733 18 de diciembre: muerte de Gaetano Casanova a los treinta y seis

años de edad. Episodio de la bruja de Murano.

■734 ¡6 de febrero: nacimiento del hijo menor de los Casanova, Gae­

tano Alvise. Por motivos de salud, Zanetta lleva a Casanova a vivir a Padua, primero en el pensionado de la señora Mida, luego en el del doctor Gozzi. Primeros estudios. Bettina.

173 j Zanetta sale de gira hacia Pctersburgo, dejando a sus hi jos con su madre.

1737 Acompañado por el doctor Gozzi, Casanova va de Padua a Ve­ necia para encontrarse con su madre, de paso por la ciudad. 28 de

noviembre: se matricula en la Universidad de Padua.

XL I

(23)

174'

1738/39 Estudios de derecho en Padua.

Octubre: regresa a Vcnecia, a casa de su abuela, y viaja regular­

mente a Padua para examinarse. En Vcnecia empieza a trabajar en el despacho del abogado Manzoni.

1740/41 14 de febrero: inicia la carrera eclesiástica; es tonsurado en la igle­ sia de San Samucle por el patriarca de Vcnecia.

Frecuenta la casa del senador Malipicro y conoce a Teresa lmcr. Episodios de Nancttc y Marton Savorgnan.

22 de enero: recibe de manos del patriarca de Venccia las cuatro

órdenes menores.

19 de marzo: primera predicación sin éxito que le lleva a renun­

ciar a la carrera de predicador.

Finales de marzo: pasa en Padua los exámenes de tercer curso

de Leyes.

Abril: viaje a Corfú, y quizás en mayo a Constantinopla. Regre­

so a Corfú. En octubre está en Casopo.

2 de abril: se encuentra en Vcnecia. Vive con la abuela materna

en la calle della Commcdia. Hace prácticas de leyes con un abo- ' gado; sigue estudiando ciencias en Santa Maria della Salutc.

Junio: se doctora in utroque jure en Padua. Estancia en Pasiano:

Lucia de Pasiano.

18 de marzo: muerte de la abuela materna, Marzia Farussi. Ca­

sanova y sus hermanos tienen que dejar la casa de la calle della Commcdia y se dispersan. Breve periodo en el seminario de San Cipriano, de Murano; y breve encarcelamiento en la fortaleza militar de Sant’Andrca, de donde sale a finales de julio. Segundo viaje a Pasiano.

Agosto-octubre: trabaja para el abogado Marco da Lezze. Por

voluntad de Zanctta, la madre lejana, Casanova entra al servicio del obispo de Martorano, Bernardo de Bernardis.

18 de octubre: embarca en Chioggia, en el séquito del embajador

Andrea Vil da l.ezzc, para llegar a Roma, donde lo espera de Bernardis para llevarlo consigo a Martorano.

27 de octubre-24 de noviembre: cuarentena en Ancona: la bella

griega.

Diciembre: después de pasar por Lorcto, llega a Roma a pie para

seguir a mediados de enero al obispo de Bernardis a Ñapóles y Martorano.

'743

X l.ll

1744 Regreso a Nápoles, donde a finales de febrero pane para Roma. En Ancona, aventura con Bellino-Tcrcsa (Angiola Caroli). Pasa por Sinigaglia, Pésaro, Rímini, Bolonia y Vcnecia. En mayo está en Ñapóles de nuevo; en junio, importante idilio con doña Lu­ crezia. En esc mismo mes entra en Roma al servicio del cardenal Acquaviva. Encuentros con Benedicto XIV, la marquesa G., Bar- baruccia y Roland. A finales de año, probable regreso a Vcnecia.

'745 A primeros de año renuncia a la carrera eclesiástica y entra en la militar al servicio de la República. Viaje a Corfú (relación con la señora Foscarini) bajo el mando de Giacomo da Riva. / de julio: viaja a Constantinopla con el nuevo baile Venicr, que presenta sus credenciales el 3 1 de agosto; Casanova asegura haber vuelto en el viaje de retorno del antiguo baile, Dor.j, que llegó a Corfú el ■ de noviembre. Regresa a Vcnecia, donde trabaja en prácticas con el abogado Manzoni. Teresa lmcr se casa en Viena con Angelo Pompeati. Su amiga Nancttc Savorgnan contrac ma­ trimonio; Manon entra en un convento. Nacimiento de Cesa- rino, hijo de Casanova y Teresa Lanti; y de Leonilda, hija de Casanova y de doña Lucrczia.

'746 Se gana el sustento como violinista en el teatro San Samucle du­ rante el carnaval.

18-20 de abril: conoce al senador Matteo Bragadin, que se con­

vertirá, al igual que sus amigos Marco Dándolo y Marco Bar­ baro, en protector de Casanova hasta el fin de sus días. En agosto aún trabaja en el despacho de Marco da Lczzc. Aventura con la condesa A. S.

1747/48 Sigue viviendo en Vcnecia.

16 de agosto de 1748: presenta una denuncia por falsificación

contra Pictr’Antonio Capretta. En diciembre apadrina a un niño, Murat. Aventura con Cristina. Viajes cortos a Mcstre, Pregan- ziol y Trcviso.

1748/49 Entre finales de 1748 y principios de 1749 tiene que abandonar Vcnecia para evitar a los Inquisidores de Estado, que lo siguen por sus prácticas cabalísticas y piden a Bragadin y a sus amigos que lo hagan salir de la ciudad. En su huida llega en abril a Mantua, pa­ sando por Vcrona, Milán (donde encuentra a Ballctti y a Marina) y Crcmona. Verano en Ccscna, en espera de salir para Ñapóles. Conoce a Hcnricttc, con la que vive una intensa pasión en Parma.

XLIII

(24)

17$o Henriette vuelve a Francia vía Ginebra en febrero. Casanova re­ gresa a Italia y se establece en l'arma, para regresar a Vcnecia en abril, donde lo acogen Bragadin y sus amigos. Un premio de la lotería le permite llevar una activa vida mundana. A finales de mayo encuentra a Antonio Stcfano Ballctti, con quien decide ir a París, pasando por Ferrara, Bolonia, Rcggio y Turin; en junio está en Lyon, donde ingresa en una logia masónica. En agosto llega a París.

1751/52 En París frecuenta a su amigo Ballctti y la buena sociedad. Traduce al italiano la ópera Zoroastro (1751), estrenada en el Teatro Real de Dresde e interpretada por su madre Zanetta. En el verano de 1752 escribe, en colaboración con un tal F'rançois Prévost d’Exmcs, una comedia: Les lbessaliennes, ou Arlequín

au sabbat; estrenada en cl Théâtre-Italien el 24 de julio, alcanzó

cuatro representaciones. Hacia mitad de octubre deja París para ir, vía Metz y Francfort, a Dresde, donde visita a su madre Za­ netta.

1753 Escribe para su madre la comedia La Moluccheide, que se estrena durante el carnaval. A finales de abril dc)a Dresde, pasa por Praga y Vicna -donde vive un mes y conoce a Pietro Mctastasio-, y llega a Venecia el 29 de mayo. Nuevo encuentro con Teresa Imer. Estrecha su amistad con Pietro Capretta y conoce a su hermana, Caterina (C. C.): ardiente pasión que lo impulsa a pedírsela como esposa al padre; este envía a su hija al convento S. Maria degli Angcli de Murano, en el que Casanova conocerá en noviembre a M. M. (¿Marina Maria Morosini?). En diciembre, primer en­ cuentro con el embajador de Francia en Venccia, el todavía abate de Bernis.

1754/55 Durante todo el primer año, y hasta enero de 1755, Casanova mantiene relaciones amorosas a cuatro bandas con el abate de Bernis, M. M. y Caterina Capretta por compañeros de juego. In­ terviene en las disputas y debates de los ambientes teatrales, en­ frentándose al abate Chiari. Iraba amistad con el patricio Marcantonio Zorzi. Nacimiento en Bayrcuth de Sophie (Sofia), hija de Teresa Imer y Casanova. En enero de 1755, el abate de Bernis abandona Venecia con destino a Parma; volverá en abril para recibir las órdenes menores y el diaconado. Desde ese mes de enero, los Inquisidores de Estado ponen sus ojos en

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nova, que el 26 de julio de 1755 es arrestado y encarcelado en los Plomos, en el Palacio Ducal.

La noche del 3 1 de octubre al 1 de noviembre se evade de los Plomos. Llega a Munich vía Mestre, Treviso, Borgo y Bolzano, pero su meta es París; en diciembre está documentado su paso por Augsburgo; en Estrasburgo conoce a Mme. Rivière y a sus hijas.

■ 757/58 El 5 de enero de 1757 llega a París, el mismo día en que Damicns atenta contra I.uis XV en Versalles. Frecuenta y hace amistad a lo largo de esos dos años con los Ballctti (inicia sus flirteos con Manon), los hermanos Calzabigi, la marquesa d’Urfé, el conde de Lamberg, Mmc. du Rumain... Relación amorosa con Mllc. de la M -rc. Asiste desde un balcón a la ejecución de Damicns el 8 de marzo. Bernis, ministro de Estado desde principios de año, es nombrado el 19 de junio ministro de Asuntos Extranjeros, y encarga a Casanova una «misión secreta» en Dunqucrquc.

i f de octubre de 17f/: primera autorización de la lotería de la

Escuela Militar, que Casanova ha propuesto y organiza.

27 de enero y 7 de febrero de 17f 8: decretos que autorizan la

lotería, cuyo primer sorteo tiene lugar el 18 de abril. En este mes, Casanova es nombrado «recaudador particular» de la lotería de la Escuda Militar. En septiembre, Bernis obtiene el capelo cardenalicio. Muere Silvia Ballctti. En octubre obtiene un pasa­ porte para Holanda con un vago encargo del gobierno francés, y viaja a La Haya. Hasta finales de año reside en esa ciudad, en Amsterdam y en Rotterdam. Se encarga de vender acciones de Mmc. d’Urfc con sustanciosas ganancias para su propieta­ ria. Se encuentra con Teresa Imer y conoce a la hija de ambos. Sofia, y a otro vastago de Teresa, Giuseppe Pompeati, alias d’Aranda.

759 En enero está otra vez en París. Nuevo encuentro durante el car­ naval con Giustiniana Wynnc, que en abril huirá al convento de Conflans-l’Archeveque para dar a luz. Alquila una suntuosa mansión, la «Pctitc Polognc», en Cracovia-cn-bcl-Air. El 28 de agosto es detenido, denunciado por Castclbajac a causa del im­ pago de una letra de cambio; tras varios días de cárcel, es liberado gracias a la intervención de Mme. d’Urfé. De una fábrica de pa­ peles pintados creada por Casanova deriva un asunto poco claro:

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una posible acusación por fraude le obliga a abandonar rápida­ mente París a mediados de septiembre; se refugia en 1 lolanda. Del primer ministro Choiseul ha conseguido una carta de reco­ mendación para d’Affry, embajador francés en 1.a l laya. Kl 22 de diciembre, Casanova es condenado in absentia.

1760 Viaja por Holanda, Alemania y Suiza, con la bolsa bien provista gracias a la marquesa d’Urfé. En febrero, nuevo encuentro con Manon Ballctti, que se casará en julio; en ese mes pasa por Lau- sana y llega a Ginebra, donde vivirá de principios de septiembre hasta noviembre. En abril firma por primera vez con el nombre de caballero de Seingalt, que adopta. Visitas a Voltaire en julio y septiembre. Viaja con Rosalia después de haber conocido a la se­ gunda M. M., a la marquesa de Prie y a Mlle. du Rumain, y por Toulon, Antibes y Niza llega a Genova; a mediados de diciem­ bre está en Roma, donde conoce a Mengs, a Winckclm.11111 y Ma­ riuccia. A finales de año viaja a l.ivorno. Pisa y Morencia, donde vuelve a encontrar a Bellino-Teresa y conoce al hijo de ambos, Cesarino. También conoce a la Corticelli y a Rcdcgonda. 1761 Gira por Italia, que arranca hacia el 20 de enero y tiene por des­

tino Ñapóles, donde encuentra nuevamente a doña Lucrczu y conoce a su propia hija l.conilda, así como al duque de Mata lona. Luego pasa por Bolonia, Módena, Parma, Turín, cruza la frontera y se dirige a Chambcry, donde vuelve a encontrarse con la segunda M. M. Pero su destino es París, adonde llega pasando por Estrasburgo, Augsburgo, Munich y de nuevo Augsburgo, en otoño. Su criado Costa le roba.

1762 En enero llega a París por cuarta vez. En primavera embarca a la Corticelli en sus planes cabalísticos con la marquesa d Urtc. Pasa el verano en Suiza y el otoño en Iurín, de donde será expulsado en noviembre. Durante esta etapa convive durante breves perio­ dos con la Corticelli, Ratón y Agata.

1763 Continuos viajes durante todo el año desde su regreso, en enero, aTurín: Pavía, Milán, Castel Sant’Angclo, Genova y París, para cruzar el canal de la Mancha (11 de junio) y llegar a Londres a mediados de ese mes en compañía de su criado Clairmont y de Giuseppc Pompeati. Encuentros o reencuentros con Bellino- le- resa, la marquesa d’Urfé (segunda operación de regeneración en primavera), Clemcntina, la Crosin, Rosalía, la marquesa

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tino Grimaldi, f Icnricttc ( 15 de abril); y en Londres, con Teresa Imer, convertida en la empresaria Mmc. Cornelis, y su hija So­ fia. Vuelve a relacionarse en la capital inglesa con los Muralt­ Favre. Encendida pasión por la portuguesa Paulina. Amores frustrados con una prostituta, la Charpillon, cuya presunta muerte lo lleva a intentar suicidarse; denunciado por la Charpi­ llon, el 27 de noviembre es detenido y tiene que defenderse ante el juez Fielding.

'7^*4 Enero, relaciones con las hannoverianas. En primavera colabora con Ange Goudar en la redacción de L ’Espion chináis. A finales de marzo, y a resultas de un asunto poco claro de dinero, aban­ dona precipitadamente Londres. Pasa al continente por Dover y Calais, viaja por Europa y se reencuentra con distintas perso­ nas, desde Mlle. de la M--rc al conde de Saint-Germain o Rcde- gonda. Se instala en Berlín a finales de junio; recibido por Federico II, Casanova rechaza el empleo de tutor de jóvenes ca­ detes que el monarca le ofrece. A mediados de septiembre deja Berlín, pasa por Riga y llega a finales de diciembre a Petersburgo, donde conoce a la zarina Catalina II.

176$ Excursión hasta Moscú en mayo. En octubre abandona Rusia y llega a Varsovia, donde es recibido con todos los honores y donde pasa nueve meses.

1766 El 5 de marzo sostiene con el conde Branicki un duelo cuyo eco recorre toda Europa pero le hace perder el favor del rey. Expul­ sado el 8 de julio de Polonia, pasará el resto del año viajando a Breslavia, Dresde (nuevo encuentro con su madre, con la Cas- telbajac), Praga (Bellino- Ieresa) y Viena (Pocchini).

1767 Expulsado de Viena el 24 de enero, pasa a principios de febrero a Munich y Augsburgo, donde permanece hasta junio-julio. Luego inicia una nueva gira que le lleva por Maguncia, Colonia, Spa, Lieja, Luxemburgo, Mctz, Verdun y París, adonde llega a finales de septiembre. El 14 de octubre muere en Venecia su pro­ tector Bragadin. Su amiga Charlotte, a la que ha llevado consigo desde Spa, da a luz y mucre, así como el niño, el 31 de octubre. En este mismo mes vuelve a encontrar a la Corticelli en París, de donde es expulsado mediante una lettre de cachet cuando se dis­ ponía a viajar a España. A finales de noviembre inicia el viaje que lo va a llevar de París a Madrid por San Juan de Luz, Pamplona,

Referências

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