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La enseñanza de enfermeria y la enfermera instructora

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Academic year: 2017

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SOR GENOVEVA CONTRERAS

Directora de la Escuela de Enfermeria de Costa Rica

La enfermería en su sentido más amplio viene de muy antiguo, pero como profesión, data de época reciente, y en la mayoría de nuestros países latinoamericanos, se encuen- tra luchando todavía por ser reconocida como tal; en algunos casi lo ha conseguido ya, mientras que en otros todavía está lejos de la meta. El nivel que la enfermería puede llegar a alcanzar en cada país depende, en parte no pequeña, del nivel cultural y eco- nómico de1 mismo, pero aun así, lo que un grupo de enfermeras entusiastas y decididas a triunfar, unidas por un mismo ideal, puede llegar a hacer por elevar el nivel de su profe- sión, a pesar de circunstancias exteriores ad- versas, no tiene límites, y la historia del de- senvolvimiento de la enfermería en numero- sos países nos lo demuestra.

Muchas de las primeras figuras de la pro- fesión se hicieron a sí mismas; por ejemplo, no podemos atribuir a la sumarísima instrw- ción sobre enfermería que Florence Nightin- gale recibió en el Kaisserweth la prepara- ción necesaria para su futura actuación en este campo; sin embargo, teniendo en cuenta que personas de calibre semejante no son muy numerosas en cada generación, debemos reconocer que la preparación básica que la enfermera recibe tiene una influencia tras- cendental en su futura actuación profesional.

El campo de la enfermería abarca mucho más que el simple dominio de técnicas y procedimientos; la habilidad manual es ne- cesaria, pero no lo es menos un amplio cono- cimiento de las causas, tratamiento y pre- vención de la enfermedad. La enfermera debe ser capaz de interpretar las necesidades de salud del individuo y de la familia, y de contribuir a la promoción del más alto nivel de salud posible en la colectividad donde

* Presentado en el Primer Congreso Latinoame- ricano del C.I.C.I.A.M.S., celebrado en Buenos Aires en septiembre de 1957.

trabaja. En el pasado, la preparación de la enfermera estaba cent,rada casi completa- mente en el hospital. Se reconoce hoy que éste es para el paciente ~610 un aspecto de1 cuadro total de su estado de salud y, por tanto, la enfermera debe estar capacitada para prestarle los cuidados más esmerados, ya se encuentre en el hospital, en la clínica, en el hogar, en un centro de rehabilitación o en cualquier otro centro de salud de la colec- tividad. Estos cuidados deben ser planeados y llevados a cabo de acuerdo con las necesi- dades de cada paciente, y éstas pueden ser físicas, espirituales y sociales. EI paciente no es un problema patológico abstracto y ais- lado, sino un ser humano enfermo. La noción que la enfermera tenga del paciente como persona que forma parte de una familia y de un grupo social de mayor orden, es la base de toda su concepción de la enfermería y, por lo tanto, de su actuarión profesional.

La enfermera verá en cada enfermo un individuo con necesidades comunes a todos y derivadas de su condición humana, com- puesta de alma y cuerpo, y con necesidades especiales impuestas por su personalidad y problemas particulares. Reconocerá el+valor e importancia de todas estas necesidades de su paciente, porque tiene una visión justa de la naturaleza humana, de su unidad y de su inapreciable valor. La enfermera reconocerá que el enfermo que necesita de sus servicios es el paciente que se halla en el hospital u otro centro, el trabajador de la fábrica, el niño de la escuela, el anciano, Ia joven madre, el recién nacido.

Es int,eresante observar, a través de los últimos tres o cuatro lustros, el cambio de acento del aspecto puramente científico de la enfermedad, a1 psicosociológico, y las con- secuencias de este cambio en la enfermería. De aquí que el moderno punto de vista de ésta abarque mucho más que el simple

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cuidado físico del enfermo. Como Sor Olivia expone muy bien: “La enfermería en su más amplio sentido puede definirse como un arte y una ciencia que se relacionan con el pa- ciente completo: cuerpo, mente y espíritu; promueve su salud espiritual, mental y física por la enseñanza y el ejemplo; se inte- resa por la enseñanza y promoción de la salud tanto como por el cuidado del enfermo; abarca el ambiente social, espiritual y físico del paciente y presta servicios de salud tanto a la familia y a la colectividad como al individuo”.’

El interés universal sentido ahora por alcanzar el mayor grado de salud posible en cada país y el reconocimiento de la pre- ponderancia del papel que cabe a la enfer- mera como parte integrante del personal que vela por la salud, ponen sobre los hombros de aquella responsabilidades muy vastas. Esella actualmente quien lleva a cabo la mayor parte de la enseñanza de salud a los pa- cientes y las familias; a los cuidados que presta al enfermo se agrega el tener que coordinar los de los demás especialistas en el campo de la salud; además, debe asumir la responsabilidad de la dirección, supervisión y, con frecuencia, la enseñanza del personal auxiliar de enfermería, que la necesidad obliga a emplear en tan gran escala en los países latinoamericanos y al cual, desgracia- damente, en la mayoría de los casos, se le asignan tareas para las que no está prepa- rado. Para que la enfermera pueda asumir estas responsabilidades y satisfacer estas necesidades es indispensable una adecuada preparación profesional básica. De esto se deduce que la escuela de enfermería es el fundamento esencial del desarrollo de la profesión.

La función de la escuela de enfermería, así como la de la escuela de medicina, de odonto- logía y otras, es la de preparar profesionales

1 Sor Olivia Gowan: Administration of college and university programs in nursing from the view- point of a nurse educator. Proceedings, Workshop on Administration of College Programs in Nurs- ing, Washington, D. C. Catholic University of America Press, 1944, pág. 10.

competentes para prestar servicios en una rama especial de la salud. Parte muy im- portante del proceso de formación profe- sional de estas estudiantes se hace en ei hospital, pero no se debe esperar que Ia escuela de enfermería asuma la responsabili- dad de proporcionar toda la atención que el paciente requiere. Si así lo hiciera descuida- ría su propia función de preparar profesio- nales para el servicio de la colectividad entera, y la pérdida para la sociedad sería mayor que las ganancias obtenidas por unas pocas instituciones que recibiesen servicios económicos de las estudiantes.

Ahora bien, hay varios elementos funda- mentales para que una escuela de enfermería funcione debidamente, pero de todos, el más importante, el que mide la calidad de la escuela, es su personal docente, ya que no hay centro docente que pueda superar el nivel pedagógico del profesorado. El número de profesores será función de los objetivos de la escuela, de sus instalaciones, del número de estudiantes y otros factores, pero en la calidad de este personal no debe influir que la institución sea grande o pequeña; tan esencial es una facultad competente en una escuela de 50 alumnas, como en una de 300 0 más.

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ción decidida de las instructoras en todos los aspectos de la labor educativa es esencial. Con el fin de que esta participación sea efectiva, el cuerpo de instructoras debe tener una organización apropiada y efectuar reu- niones regulares. Si el grupo es pequeño tra- baja generalmente como un solo comité, pero en caso contrario, dará mejor resultado el nombrar diversos comités permanentes y a veces también temporales, los cuales darán cuenta de sus gestiones y decisiones al grupo total.

La enfermera instructora, como todo profe- sor de una institución docente, debe estar personal y profesionalmente preparada para enseñar. Como observa Haggerty, “una fa- cultad competente se considera universal- mente como prueba evidente de la excelencia de un centro educativo”.2 El éxito de una escuela depende directamente de la eficacia de su cuerpo docente; es más, el éxito de la estudiante, una vez que deja el umbral pro- tector de la escuela y entra en el mundo profesional, es reflejo de la competencia de sus maestros. Esto se aplica especialmente a la enseñanza de la enfermerfa, ya que, por sus características especiales, el contacto en- tre instructora y estudiantes es más estrecho y prolongado y, por tanto, su influencia va mucho más allá de la mera enseñanza de conocimientos y técnicas. Su concepción de la vida y de la enfermería, sus ideales, sus actitudes, su sentido de los valores, afectarán profundamente los de sus estudiantes, y ~610 una recta noción de la enfermería podrá enseñar a la enfermera el exacto significado de su vida de trabajo. La mayoría de las estudiantes son muy jóvenes, su carácter y personalidad todavía dúctiles y suscep- tibles de ser moldeados por la influencia personal y el ejemplo constructivo de sus instructoras. Si éstas creen y practican elevados principios de conducta personal y profesional, si están animadas por el deseo sincero de ayudar a sus estudiantes, ejerce- rán la mayor y más benéfica influencia sobre sus alumnas.

2 Melvin Haggerty: The Faculty Ga the Evalua- tion of Higher Institutions. Chicago, University of Chicago Press, 1937, Vol. 2, pág. 1.

Por todas estas razones, la cuidadosa selección de las instructoras es para una escuela de capital importancia. Factores que deberán tomarse en cuenta en la candi- data son: carácter y personalidad, prepara- ción profesional, experiencia profesional y cultura general.

Mucho podría decirse sobre cada uno de estos aspectos, pero sólo citaré algunas de las cualidades necesarias a la instructora, quien, en primer lugar, deberá ser una competente enfermera. Entre estas cuali- dades tenemos: estabilidad y madurez emocional, capacidad para dirigir y organi- zar, interés y preparación para la enseñanza, amplitud de criterio, salud mental y física y sólidos principios morales corroborados con su propia vida. La instructora debe tener también preparación especial para la ense- ñanza y muy particularmente en el campo clínico que tendrá a su cargo. Es indispen- sable además que sienta verdadero aprecio y entusiasmo por su profesión. Kirch dice, refiriéndose a la buena maestra: “Tendrá para su noble empeño el entusiasmo del idealista y la fe que mueve montañas, sin los cuales ningún buen trabajo se completó nunca”.3 Esto se aplica con más razón aún a la maestra enfermera, cuya vocación es doblemente noble. .

Desgraciadamente, en todos nuestros países hay gran escasez de enfermeras con todas estas cualidades y preparación y, además, en la América Latina tampoco abundan los medios apropiados para pro- porcionar a las enfermeras una preparación avanzada en las diversas ramas clínicas, y en la administración y enseñanza. A falta de una preparación más amplia y completa, la asistencia a cursos cortos, la lectura de publicaciones apropiadas, la participación en programas de educación en servicio, en seminarios y reuniones, y el trabajo en colaboración con colegas de mayor compe- tencia, pueden ser una valiosa ayuda para los miembros más jóvenes e inexpertos del grupo. Un programa de orientación para toda nueva instructora, bien planeado y

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llevado a cabo, es siempre esencial, pero de mayor necesidad si cabe, cuando la escuela se ve en la necesidad de tomar candidatas que, aunque prometan, no han recibido una preparación adecuada. Es necesario también que la escuela tienda a mantener entre sus instructoras una atmósfera democrática y estimulante que promueva el perfecciona- miento profesional y personal de cada una de ellas, y cree condiciones de trabajo condu- centes a este mismo fin.

El preparar enfermeras dignas de este nombre es una tarea que requiere todo el entusiasmo, toda la devoción, todas las energías y capacidad de trabajo que una instructora, con las cualidades y prepara- ción ya citadas, puede desplegar. No es esto tarea suave y no puede atraer a aquellas personas que temen las responsabilidades, que no les gusta la actividad o prefieren trabajar aisladas; pero sin duda proporciona verdaderas e intensas satisfacciones a quienes les gusta emplear al máximo sus aptitudes y capacidades, planear y trabajar con otros, participar ampliamente en la generosa tarea de la educación. iCómo dudar, pues, que la escuela de enfermería se mide por el calibre de sus instructoras? Aunque mi propia experiencia sea tan limitada, al pensar en nuestra Escuela de Enfermería de Costa Rica, no puedo menos que reconocer todo lo que debe a sus instructoras. Sin su constante interés y entusiasmo, sin la incansable generosidad con que prodigan su tiempo y esfuerzo, sin su inagotable deseo de supera- ción, en una palabra, sin su devoción, jamás habría llegado a ser lo que es.

SUMARIO

La enfermería ha evolucionado a través de los siglos hasta llegar a ser ahora una

verdadera profesión, aunque en algunos países todavía no es tenida como tal. En cuanto a la atención del paciente, se ha pasado del punto de vista puramente cientf- fico al concepto de cuidados totales de enfermería : físicos, espirituales y sociales, basados en las necesidades privativas del paciente en todas estas esferas. La enfermera con buena base religiosa deriva de la apre- ciación exacta de la naturaleza humana y de los motivos sobrenaturdes que la mueven, una visión de su profesión que le servirá de guía e inspiración en la tarea de coordinar estos principios durante el desempeño de sus funciones.

Los adelantos de la ciencia y la ampliación del campo de acción de la enfermera requie- ren de ésta una preparación profesional sólida y completa que sólo se puede obtener en una buena escuela de enfermería. Las escuelas de enfermería son centros docentes que tienen por objeto la preparación de enfermeras. En este proceso se contribuye al cuidado del paciente, pero no es esto su objetivo inmediato. Si se sacrifica el primero al segundo, bajando así la calidad de la educación dada a la enfermera, la colectivi- dad y en última instancia también los hospitales, serían los perjudicados. El ele- mento de mayor importancia en una escuela es su facultad, y de ésta, el cuerpo de ins- tructoras, que es el que asume mayores responsabilidades docentes y administrati- vas. Para un funcionamiento efectivo, este grupo debe estar organizado. En la ense- ñanza de enfermería. el contacto entre instructora y estudiantes es más estrecho; la influencia personal, mucho mayor que en otros campos, por esto la futura actuación profesional de la alumna será un reflejo de los principios, ideales, preparación y eficien- cia de sus instructoras.

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Referências

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