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JON SOBRINO

2.2 Conferencia de Puebla

34 les permita poder reconocer la existencia de estructuras socio-políticas que favorecen, muchas veces, la relación de injusticia entre los habitantes del continente14.

35 Así, después de diez años de la II Conferencia de Medellín, los obispos se reúnen en Puebla, para dirigir nuevamente su mirada al mundo latinoamericano con el propósito de examinar, con visión de pastores, -al igual como lo hicieran en la II Conferencia-, y no como maestros en materia social, política o económica, algunos aspectos del actual contexto socio- cultural y de motivar a todos los habitantes de Latinoamérica a que se esfuercen por superar su actual condición de vida19. El análisis que llevan a cabo los obispos de la realidad del continente, a nuestro modo de ver, tiene dos líneas de evocación. Una primera, dar a los pueblos de América Latina un mensaje iluminado por la esperanza y que se sustenta en el Evangelio que la Iglesia predica como Buena Nueva, el cual convierte y transforma los esquemas mentales y afectivos, ya que comunica la grandeza de la existencia humana prefigurada en Jesucristo. Otra segunda, la de exhortar a todos los integrantes conscientes de la sociedad a que revisen sus proyectos y reconozcan su modo de actuar, especialmente cuando no favorecen el equilibrio social de los pueblos latinoamericanos, proyectos que atentan, además, contra el sentido de Dios presente en la conciencia de los pueblos20.

Al examinar la realidad, los obispos hablan, en primer lugar, de las situaciones que expresan esperanzas. Destacan que la persona latinoamericana posee una actitud innata de acogida hacia los demás, comparte lo que tiene y es solidaria con la desgracia ajena.

Reconocen en ella el crecimiento de una mayor toma de conciencia de su dignidad, de su capacidad de participación y organización a nivel político y social, y que muestra, también, mayor interés por los valores autóctonos de los pueblos a los cuales pertenece (DP 17). En ese sentido, forma parte del proceso histórico vivido por América Latina, la afluencia de diversas culturas y razas que dio origen a un nuevo mestizaje de etnias, de formas de vida y pensamiento que favoreció la formación de una nueva raza (DP 5). De ahí que existen diferencias en el desarrollo de las diversas culturas, donde unas son más precarias que otras, lo que influye, también, en la marginación y destrucción de ciertos valores que pertenecían a la antigua y rica tradición de los pueblos (DP 52). América Latina es un continente donde se discursos, el papa había dado a entender que no había un apoyo al modelo de cristiandad, que no proponía nada que diera a entender que la Iglesia debía situarse en la sociedad política, que hiciera alianzas con las clases dominantes y que el estado debiera ayudarle en el desarrollo de su función pastoral. Al contrario, sus palabras expresaron, más bien, la exigencia de la libertad religiosa y de no entrar en el plano de lo político. A partir de ahí, los teólogos de la liberación se hicieron visiblemente presentes, aunque no fueron invitados para ser participantes internos, lo fueron por los obispos que solicitaron de su asesoría. Cf. DUSSEL, La Iglesia latinoamericana, p. 49.

19 Cf. III CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO. Mensaje a los pueblos de América Latina. En: CELAM. La evangelización en el presente y en el futuro de América Latina. Puebla:

Conclusiones de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE, Mayo de 1979, p. 61. De ahora en adelante será citado como DP en el texto mismo, indicándose el número del párrafo correspondiente.

20 Cf. III CONFERENCIA, Mensaje, p. 47.

36 da el encuentro de tres mundos culturales: el indígena, el blanco y el africano, enriquecido, a su vez, por otros grupos migratorios (DP 307). Por ello, el mestizaje racial y cultural ha marcado profundamente la dinámica histórica de los pueblos y todo indica que lo seguirá marcando en el futuro (DP 409).

En relación con lo anterior, los obispos hablan de las dificultades y los desequilibrios presentes en la realidad de Latinoamérica, principalmente en los últimos años. Expresan preocupación por las angustias que afligen a los pueblos del continente. Afirman que es “un escándalo y una contradicción con el ser cristiano, la creciente brecha entre ricos y pobres”, ya que “el lujo de unos pocos se convierte en insulto contra la miseria de las grandes masas”

(DP 27)21. La miseria en que viven grandes masas es calificada de pobreza inhumana, puesto que perjudica la dignidad de las personas ya en sus condiciones básicas de vida, por no conseguir superar la mortalidad infantil, la falta de vivienda adecuada, la baja calidad de la salud, los salarios de hambre, el desempleo y subempleo, la desnutrición, entre otras. En este contexto, es importante ver que los obispos logran descubrir y expresar las causas que originan esa inhumana pobreza. Para ellos, la pobreza no es fruto de una etapa casual de la historia, sino el resultado de situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas existentes en los estados internos de los países latinoamericano, lo que, también, se ve reflejado a nivel internacional. Esos mecanismos de organización socio-económicos llevan a producir “ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres” (DP 28).

En el ámbito de lo político, la III Conferencia sostiene que en los últimos años “se advierte un deterioro creciente del cuadro político-social” en los países de América Latina (DP 507). A la problemática económico-social, se suman las angustias que surgen del abuso de poder de los regímenes de fuerza existentes en los países del continente (DP 42). Además, los obispos reconocen la presencia de dos ideologías que han favorecido la creciente falta de respeto por la dignidad de las personas; ellas son, la ideología marxista y la ideología de la seguridad nacional. La primera, señala Puebla, se ha inspirado en políticas que hacen uso de la fuerza y ha generado un aumento de la violencia en la convivencia social. La segunda, ha ayudado a fortalecer el carácter totalitario de los regímenes de fuerza y ha favorecido, así, el abuso de poder y la violación de los derechos humanos (DP 48-49)22.

21 En el tiempo de la preparación de Puebla, a nueve años de Medellín, Bentué expresa que “los obispos se encuentran con un continente semejante al de entonces, en su realidad social y económica. América Latina sigue siendo pobre, dependiente y subdesarrollada… Grandes masas siguen sumidas en la miseria, privadas del acceso a la educación, a la salud, a la vivienda, a la alimentación y a otros bienes básicos para una vida digna”.

BENTUÉ; FERARI, De Medellín, p. 83.

22 Señala Bentué que frente a la realidad política, el episcopado presenta diferencias en relación a la Conferencia de Medellín, debido al hecho que en el tiempo de la realización de Puebla las condiciones políticas han

37 En base a la observación sobre la realidad de América Latina, la III Conferencia afirma que la Iglesia, como Madre y Maestra, “debe discernir e iluminar, desde el Evangelio y su enseñanza social, las situaciones, los sistemas, las ideologías y la vida política del continente”. Por lo cual, considera importante reconocer la urgencia pastoral que exige toda esa realidad de Latinoamérica e iluminarla a partir del principio evangélico que la verdad es la que hace libre a todas las personas23.