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JON SOBRINO

3.1 Perspectiva evangelizadora

Si comenzamos dando una mirada a la perspectiva evangelizadora de la II Conferencia de Medellín, Jon Sobrino destaca que ella es el resultado de “una feliz coincidencia” entre las expectativas de los pueblos latinoamericanos y la Iglesia, y la concreción latinoamericana del Concilio Vaticano II. Los documentos de Medellín son la palabra del magisterio que expresa en sí misma la verdad de la realidad de América Latina31. En esta segunda Conferencia, resalta Ronaldo Muñoz, los Obispos animan a toda la Iglesia a una misión evangelizadora y liberadora que, al mismo tiempo, tenga en cuenta y promueva una pastoral de conjunto en la perspectiva de una eclesiología de la comunión32.

Las Conclusiones de Medellín, contienen dieciséis temas o documentos, como también se les llama, los que se agrupan en torno a tres grandes materias: la del ser humano, la de la

31 Cf. SOBRINO, Jon. Puebla. Serena afirmación de Medellín. En: Revista Diaconía (1979) 9; pp. 27-59, p. 28.

32 Cf. MUÑOZ, Ronaldo. Para uma eclesiologia latino-americana. En: SOTER E AMERINDIA (Orgs.).

Caminhos da Igreja na América Latina e no Caribe. Novos desafios. São Paulo: Paulinas, 2006, p. 311.

40 evangelización y la de la Iglesia.33. En el primer grupo se consideran los temas justicia, paz, familia y demografía, educación y juventud. En este primer grupo de temas el Documento propone, como fundamento doctrinal, la voluntad de Dios que quiere que todas las personas sean liberadas de las esclavitudes a que el pecado las ata, lo que aquí entendemos por base teológico-evangelizadora. Como expresión de la esclavitud del pecado, Medellín señala el hambre, la miseria, la opresión y la ignorancia. Para liberarlas de esa situación de pecado es que Dios envió su Hijo, en la plenitud de los tiempos (DM I, 3). El segundo grupo lo componen los temas de la pastoral popular, pastoral de élites, catequesis y liturgia. Se plantea la fe como el principio teológico que lleva a superar las motivaciones inauténticas de la religiosidad de los pueblos latinoamericanos y que fortalece el dinamismo interior del acto mismo de creer, fruto de la acción del Espíritu Santo (DM VI, 7). El tercer grupo lo integran los temas: movimientos de laicos, sacerdotes, religiosos, formación del clero, pobreza de la Iglesia, pastoral de conjunto y medios de comunicación social. Se propone en este conjunto, como criterio teológico-pastoral, la unidad en la misión y la diversidad de carismas34.

Desde el ámbito teológico-doctrinal, la II Conferencia Episcopal basa su planteamiento de reflexión en las tres grandes líneas, como ya fueron enunciadas más arriba.

Con la primera gran línea de reflexión sobre la “opción por el ser humano”, la Conferencia de Medellín vuelve su mirada sobre la persona latinoamericana, consciente de que “para conocer a Dios es necesario conocer al hombre”35. Ese mirar de la Conferencia se dirige, desde la fe en Cristo, a la totalidad de la persona humana, como sujeto de la historia y protagonista de su propio destino, para que experimente que está llamada a alcanzar mayor plenitud y a dar una respuesta de fe a Dios, y a continuar con el diálogo de salvación que Dios sigue realizando en medio de la historia de América Latina (DM XIV, 7).

La segunda línea, la “opción preferencial por los pobres”, es resultado de la preocupación de la Iglesia frente a la realidad de miseria que vive la mayoría de los pueblos de Latinoamérica. Este tema se desarrolla más en el documento que trata sobre la “pobreza de la Iglesia”. En él los Obispos explicitan que el mandato particular de Jesucristo, que prevé la evangelización de los pobres, debe llevar a la Iglesia a atender preferencialmente a los más pobres y marginalizados del continente, de manera que el mensaje se haga accesible a ellos y la Iglesia, en solidaridad, denuncie las injusticias y la opresión que sufren (DM XIV, 9).

33 Cf. BENTUÉ; FERARI, De Medellín, p. 64. También: DM, p. 20; FIGARI, Reflexión sobre Medellín, p. 15.

34 Cf. DM, p. 133; 141; 157; 171; 185; 195.

35 Cf. Señala Luis Fernando Figari que el Episcopado Latinoamericano, al asumir en Medellín una opción explícita por el ser humano, se ha colocado en la misma línea de inspiración, que él llama de “antropocentrismo teologal” del Concilio Vaticano II y del Papa Pablo VI. Cf. FIGARI, Reflexión sobre Medellín, p. 105.

41 Asevera Ronaldo Muñoz que la Iglesia en Medellín llama a la solidaridad de todos los cristianos-católicos para con el pueblo pobre y marginado, y propone la continuidad de su misión desde la perspectiva de llevar a cabo una evangelización liberadora36.

La tercera y última línea de reflexión a considerar, refiere a la necesidad de liberación que tienen los pueblos latinoamericanos. El Documento de Medellín afirma que llega hasta los oídos de los pastores de la Iglesia el grito sordo de miles de personas del continente que claman por liberación (DM XIV, 2). El hecho que el Documento no se detiene en tratar el tema de la liberación propiamente tal, manifiesta que ella aparece como un horizonte importante de la II Conferencia. Señala Figari que Medellín entiende la liberación desde la perspectiva global de la evangelización y del desarrollo integral de la persona. Así, la liberación se relaciona con el desarrollo, pero sin dejar de lado la dimensión sobrenatural que éste comporta y que influye en el alcance de plenitud de la vida cristiana37. De esa manera, los Obispos incluyen el tema de la liberación en el del desarrollo integral de los pueblos cristianos de América Latina.

La III Conferencia, por su parte, sobre la base de lo ya trabajado por Medellín, continua adelante la tarea evangelizadora de la Iglesia. Tres grande focos temáticos orientan la reflexión teológico-doctrinal. Uno primero es el tema de la Evangelización, propiamente tal, hacia donde converge todo el Documento38. La Evangelización es reflexionada en cuanto a su contenido, a su significado, a los lugares, a los medios y al servicio misionero de la Iglesia. Desde una mirada general, se puede decir que la evangelización, de acuerdo a la reflexión de Puebla, tiene como meta la comunión y la participación, y como camino para su realización, la idea de la liberación39. Su punto de partida, indica Sobrino, es la desigualdad entre los muchos que tienen poco y los pocos que tienen mucho40. Por tanto es, frente a lo que representa esa realidad, que la Iglesia se pregunta sobre lo que ella puede ofrecer; interrogante a la cual responde que lo que ofrece es el hombre Jesús “en lo que tiene de eficacia histórica”;

esto es, “ofrece lo que debe ocurrir en nombre de Jesús”41. A partir de la relación interpretativa entre la persona de Jesús y la realidad histórica de América Latina, Sobrino plantea que puede hablarse de un inicio de la concepción de la teología de la historia, en vista a la tarea evangelizadora de la Iglesia latinoamericana, ello, porque aparece en correlación la

36 Cf. MUÑOZ, Para uma eclesiologia, p. 311.

37 Cf. FIGARI, Medellín, p. 159.

38 Cf. ALESSANDRI, O futuro, p. 30.

39 Cf. Ibid., p. 31.

40 Cf. SOBRINO, Puebla, p. 45.

41 Cf. Ibid., p. 49. También DP, n. 3

42 realidad socio-cultural, política y económica de Latinoamérica y la misión de la Iglesia de anunciar la Buena Nueva42.

Un segundo foco de reflexión refiere a las causas de la extrema pobreza que caracteriza a los pueblos del continente. Medellín ya había afirmado que en América Latina se estaría ante una situación de pecado. Puebla vuelve sobre el mismo tema, pero esta vez expresa un juicio teológico al respecto cuando llama de “pecado social” a las estructuras de injusticia del continente. El Documento expresa que al mirar, a la luz de la fe, las angustias y frustraciones que afectan la vida de los pueblos de Latinoamérica, se reconoce que ello tiene su origen en el pecado que toca dimensiones personales y sociales amplias (DP 72-73). Ahora bien, Puebla entiende como pecado esa estructura de inhumana pobreza que existe en América Latina y que representa una situación antievangélica, porque atenta contra las relaciones de comunión con Dios y de las personas entre sí. Considerado eso, asevera Gutiérrez, Puebla plantea que hay culpables y víctimas y que eso es algo que hay que declararlo por medio del análisis estructural del orden social, unido al juicio y a la denuncia desde la fe cristiana43.

A partir de lo anteriormente expuesto, puede decirse, entonces, que el tema de la pobreza tiene una fuerte presencia en todo el Documento de Puebla. Si bien es cierto, como señala Gutiérrez, que fue ardientemente debatido en la III Conferencia y el documento

“Opción preferencial por los pobres” encontró serias resistencias, por parte de algunos de los asistentes a la Conferencia, sin embargo, el tema acabó imponiéndose, puesto que es una verdad que expresa lo real y concreto de la vida del pueblo pobre y marginado del continente44. Efectivamente, en la cuarta parte, al iniciar el capítulo primero, el Documento de Puebla comienza haciendo un nexo entre Puebla y Medellín. Expresa que la Iglesia vuelve a tomar “la posición de la II Conferencia que hizo una clara y profética opción preferencial por los pobres… con miras a su liberación integral” (DP 1134). Retoma, así, ante la opción por los pobres, afirma Gutiérrez, una postura profética que, asumido desde una actitud de solidaridad, entiende con ello una forma de concretizar su opción preferencial por los pobres45. Sin embargo, cabe resaltar que Puebla afirma, también, que, siendo preferencial la opción por los pobres, no es por ello exclusiva46, y fundamenta esa opción destacando que la pobreza, que es una realidad que sella la vida de las mayorías de los latinoamericanos, forma

42 Cf. SOBRINO, Puebla, p. 49.

43 Cf. GUTIÉRREZ, Pobres, pp. 380-381.

44 Cf. Ibid., pp. 368-369.

45 Cf. Ibid., p. 370.

46 Cf. Ibid., p. 371.

43 parte de uno de los signos mesiánicos de Jesús, cual es, la de evangelizar a los pobres (DP 1130). Por tanto, los pobres, junto a los jóvenes, constituyen la riqueza y la esperanza de la tarea evangelizadora de la Iglesia en Latinoamérica (DP 1132).