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En Cristo: “Lo que debo hacer y padecer con, en y por ÉL”

CAPÍTULO II- ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL: UNA MISTAGOGIA

3. En Cristo: “Lo que debo hacer y padecer con, en y por ÉL”

La mistagogia ignaciana es consecuencia del acontecimiento de Dios en la vida del Peregrino, el modo como fue alfabetizado para descubrir las marcas del Espíritu que producen la consolación y distinguir la desolación. El fue introducido en el misterio de Dios trino y desde allí “comprendió todas las cosas con otros ojos”

Comprender la propia vida a la luz de los misterios de la vida de Cristo, no como mero hacer cosas por Él, sino reconociéndolo a Él como el camino disponerse a dejarse llevar.

Conducido por el Espíritu en el acompañamiento se trata de prestar atención a las palabras que narran ese camino que Dios, en Cristo, va haciendo en su criatura. Desde allí intentar ayudar a percibir el modo como Dios, en su Espíritu va configurando a su criatura con y en Cristo. En el proceso de la contemplación Dios acontece inmediatamente quebrando toda distancia entre Creador- criatura. Es la experiencia de encuentro en la que Dios trino visita a su criatura.

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En la contemplación es el Espíritu quien actúa disponiendo a la persona para acoger el acontecer de Dios en ella. En la medida que se contempla los misterios de la vida de Cristo, está siendo plasmada en el interior de tal modo que sus valores y opciones van constituyendo el horizonte de la persona. Acompañar esta configuración en Cristo, supone profunda percepción del modo como Dios actúa, para poder colaborar con su obra. No se puede adelantar a la acción del Espíritu, ni inmiscuirse en la relación entre el Creador y su criatura, sino “mantenerse como el fiel de la balanza”

. La lección que Dios imprimía en su corazón era su Palabra, su propio Hijo. Conducido por el Espíritu el Peregrino fue poco a poco siendo conformado con Cristo, de modo que ya no podía peregrinar sino en Cristo.

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422 Cf. [EE. 197].

423 Cf. Au. 30.

424 Cf. [EE. 15, 4-6].

. Debe permanecer en el medio, no de la relación, sino en el cruce de caminos, y dejar que Dios se comunique “inmediatamente con su Criatura y la criatura con su Creador”.

117 El llamado al seguimiento radical de Jesucristo es una invitación a compartir con Él su vida, misión y destino, por el camino pascual: “para que siguiéndome en el pena me siga también en la gloria”425. El seguimiento a Jesús se verifica en el camino pascual que en lo cotidiano presenta múltiples posibilidades de “hacer y padecer por amor a Cristo”426

La “historia sentida y gustada internamente”

. Somos llamados a acoger y asumir el realismo de las consecuencias de la vivencia del seguimiento en un mundo roto y dividido, para trabajar con y en Cristo por el Reino.

En el proceso el acompañante intenta verificar el impacto que la realidad produce en la relación con el Señor, porque no se trata de una huida de la realidad y sino compromiso con ella como Jesús. Esta es la vida que celebramos en la eucaristía y desde ella somos enviados a anunciar a Jesucristo vivo en medio nuestro.

427 en la contemplación es la que se realiza en la celebración del memorial del misterio pascual de Cristo, en cada eucaristía. Uno con y en Cristo celebramos la vida recibida y acogemos la vida entregada de Jesús en nosotros. Cristificados somos enviados al mundo a “hacer que todos sean discípulos de Jesucristo”428

El Peregrino comprendió con hondura la eucaristía .

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En la eucaristía, al recibir el Cuerpo de Cristo se realiza plenamente la fusión de horizontes. La mistagogia del acompañamiento espiritual tiene en la eucaristía su continuo punto de partida y llegada no como repetición sino, como actualización, por la acción del Espíritu. Es el lugar donde se recibe de nuevo el envío a anunciar al resucitado presente en el mundo. Cada eucaristía ayuda a comprender el mundo como lugar teológico donde Dios en como lugar teológico de mayor gracia que lo configuró con y en Cristo. Las mayores experiencias de comunión con su Señor y, en Él con la Trinidad, las vivió como verdadero encuentro sacramental en cada celebración eucarística.

425 Cf. [EE. 95, 5].

426 Cf. [EE. 197].

427 Cf. [EE. 2, 2].

428 Cf. Mt 28, 19.

429Cf. El proceso de las experiencias místicas en el Diario Espiritual.

118 Cristo continua llamando a “todos y cada uno en particular”430

Conclusión

El horizonte de la vida de Cristo conduce a la interpretación de la biografía espiritual.

En el proceso de la mistagogia del acompañamiento espiritual se trata que la persona sea consciente de la gracia recibida en el bautismo: por, con y en Cristo comprenderse incorporada al misterio pascual de Cristo. De tal modo que pueda ir asimilando el camino de configuración con la vida de Cristo por la acción del Espíritu que conduce la contemplación.

En el acompañamiento se trata de ayudar a la persona a leer el texto de su vida a la luz de otro Texto: los misterios de la vida de Cristo y desde allí descubrir que el seguimiento no se trata solo de hacer cosas por el Señor, sino dejarse conducir por su camino.

Solo a la luz de los misterios de la vida de Cristo se puede discernir las mociones de consolación y desolación para descubrir la voluntad de Dios que se manifiesta en su criatura.

Conducido por el Espíritu quien acompaña puede desentrañar las marcas y comprender el sentido de la lección hasta llegar a descubrir la Palabra de Dios impresa en el interior de su criatura.

Quien acompaña tiene también la función de ayudar a contextualizar la experiencia personal, de modo que llegue a comprender que no se trata solo de prestar atención a lo que se pasa dentro, sino que esta vida interior cobra todo su sentido a la luz de los misterios de la vida de Cristo celebrado en la eucaristía.

Teniendo como telón de fondo el camino mistagógico de las Cuatro semanas de Ejercicios, hemos podido comprender el proceso de configuración con Cristo, vivido por el Peregrino. Camino que abre para ayudar a otros peregrinos en su seguimiento a Jesús. Lo que acontece en los Ejercicios permite descubrir lo que sucede en la vida espiritual.

para colaborar con Él en el trabajo por el Reino.

430 Cf. [EE. 95, 4].

119 A través de las palabras que narran la experiencia de Dios, en la persona acompañada y su reacción con el Señor, quien acompaña puede escuchar a Dios que se revela y disponerse obedientemente a acoger la Palabra.

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CAPÍTULO III - ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL: UN MINISTERIO PROFÉTICO

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Introducción

Las marcas que va dejando en nuestro corazón el paso de Dios que se “comunica inmediatamente con su criatura”, encuentra su pleno sentido y orientación a la luz de los misterios de la vida de Cristo. El Espíritu actúa en la persona en quien Dios se inscribe escribiendo su Palabra y en la que acompaña esa experiencia. Leer y descubrir el contenido de la lección, es la acción del Espíritu en nosotros.

El Peregrino percibió la presencia activa de Dios en su interior, así como la diversidad de movimientos que se agitaban dentro. Descubrió que Dios se “comunica inmediatamente con su criatura abrazándola” y que su corazón es el lugar donde Dios se revela. Comprendió que el lenguaje de la consolación describe un camino de configuración con Cristo. El nombre Peregrino es expresión del camino interior en el cual él fue iniciado y conducido por iniciativa de Dios trino. Enseñado por Dios aprendió a leer las marcas del Espíritu y distinguir lo opuesto. Formado en las ciencias del Espíritu se tornó maestro del discernimiento y partiendo del aprendizaje de su propia experiencia acompañó a otros en el camino.

En una carta a sor Teresa Rejadell432

431 Utilizamos este término intentando rescatar su fuerte sentido bíblico teológico. Aplicado al acompañamiento espiritual permite descubrir el don concedido a la iglesia primitiva para interpretar la Palabra de Dios inscripta, por medio del Espíritu, en cada uno. No siempre estaba identificado con los ministerios ordenados.

432 Cf. Carta a sor Teresa Rejadell. [Epp. 1, 99-107]. op. cit. p. 733. “Donde hartas veces nos podemos engañar es que después de la tal consolación o espiración”.

“Espiración” es una palabra técnica utilizado en la doctrina trinitaria para referirse al modo como el Espíritu procede del Padre y del Hijo.

, el Peregrino define la consolación como espiración, es decir presencia del Espíritu en nuestro corazón. Es quien va escribiendo el querer de Dios en el interior de las criaturas. Es el mismo Dios quien orienta por el camino del Hijo, a través de su Espíritu, por esto la función de quien acompaña a otro a orientarse no puede ser más que dejarse conducir. Escuchar atentamente y ver a través de las palabras lo que Dios dice y hace en su criatura. En actitud obediente como quien se deja conducir sin ver más que a través de las palabras. Por medio del Espíritu que actúa, por un lado inspirando las

121 palabras que intentan traducir la acción de Dios y por otro inspirando la escucha obediente de quien acompaña, para descubrir a Dios trino que se revela en las palabras.

Esta experiencia determina un tipo de profetismo de a dos en el acompañamiento espiritual, no porque sea un “oráculo o una salida de sí más allá de la conciencia”433