CAPÍTULO III: LOS FUNDAMENTOS (1939-1949)
2.2 La finitud como nota esencial del ser humano
El ser humano es finito, pero lo es de un modo particular, por cuanto es espíritu finito.
Rahner intentará demostrar, por un lado, que esta finitud, en cuanto es una finitud humana, no es cerrada, limitada a una dimensión puramente inmanente; y por otro lado, mostrará que solo a partir de y en la experiencia de finitud se abre el ser humano a la dimensión trascendente. En su itinerario argumentativo toma como punto de partida el hecho de que el ser humano se pregunta por el ser. Para que esa pregunta tenga sentido se requiere la
“cuestionabilidad” [Fragbarkeit] y la “problematicidad” [Fraglichkeit].
2.2.1 La cuestionabilidad
Es la capacidad que tiene el ser humano de preguntar, lo cual es posible porque, de algún modo se conoce aquello por lo que se pregunta.20 Porque el ser humano es espíritu puede distanciarse de los entes por el conocimiento, a través de la objetivación del mundo, y
19 Cf. RAHNER. Hörer des Wortes, 44-46.
20 Cf. RAHNER. Hörer des Wortes, 72.
60 por la acción, a través de la libertad.21 La condición trascendental apriórica de esta subjetividad, es decir, de un conocer que signifique juicio y libertad es la “precaptación”
[Vorgriff]. Aprehender un “esto” [Diesen] particular como particular es posible cuando se capta bajo un concepto universal,22 pues percibir la limitación de lo singular es posible porque ese acto de aprehensión se extiende a más de lo que es aquello singular. Este “más” solo puede ser aquel ser que es horizonte y fundamento último de los objetos posibles y de la posibilidad de conocerlos. Es horizonte porque nunca es un “objeto” al lado de otros. Por la precaptación la conciencia capta el objeto en su limitación y al mismo tiempo en su referencia a la totalidad de los objetos posibles. Este modo de conocer implica un movimiento, pues la precaptación
es una “facultad” -dada a priori con la esencia humana- del movimiento dinámico del espíritu hacia la amplitud absoluta de todos los objetos posibles, un movimiento en el que los objetos particulares son en cierto modo aprehendidos como etapas particulares de ese movimiento hacia la meta.23
Este movimiento es provocado porque es el ser el que atrae hacia sí ese movimiento del espíritu. La precaptación es la condición de la experiencia de finitud, la cual solo se pone de manifiesto cuando se trasciende y supera lo finito. Es precaptación del ser en sí ilimitado,24 pues en ella, como condición del conocimiento y del actuar humano, se afirma la existencia de un ser absoluto, es decir, Dios, incluso cuando esto no se explicita; así
se puede y se tiene que decir: La precaptación tiende hacia Dios (…) en el sentido que el ser absoluto es coafirmado siempre y fundamentalmente a través de la amplitud por principio ilimitada de la precaptación.25
El ser humano vive en un continuo tender hacia lo absoluto en una continua apertura hacia Dios y por ello es espíritu. Esta apertura es condición de posibilidad de lo que él es y ha de ser.26
21 Cf. RAHNER.Hörer des Wortes, 84.
22 Cf. RAHNER. Hörer des Wortes, 88.
23 „Er ist ein a priori mit dem menschlichen Wesen gegebenes Vermögen der dynamischen Hinbewegung des Geistes auf die absolute Weite aller möglichen Gegenstände, eine Hinbewegung, in der die Einzelgegenstände gleichsam als Einzeletappen dieser Zielbewegung ergriffen“. RAHNER. Hörer des Wortes, 92.
24 Cf. RAHNER. Hörer des Wortes, 98.
25 „Kann und muß man sagen: Der Vorgriff geht auf Gott (...) in dem Sinn, daß das esse absolutum durch die grundsäztlich unbegrenzte Weite des Vorgriffs immer und grundsätzlich mitbejaht ist“. RAHNER. Hörer des Wortes, 100.
26 Cf. RAHNER. Hörer des Wortes, 102.
61 2.2.2 La problematicidad
El problema, la pregunta surge en el ser humano porque efectivamente no conoce aquello por lo cual pregunta, lo cual significa que existe una distancia entre el que pregunta y lo preguntado, dado que quien pregunta es ser pero no es el Ser. La problematicidad es constitutiva de la experiencia humana en cuanto ésta es contingencia, es decir, el hecho de estar arrojado en la existencia [Geworfenheit]. El ser humano debe asumir su contingencia para hacer una verdadera experiencia humana, a fin de hallarse en la luminosidad del ser que debe ser necesariamente afirmada, pues “la verdadera infinitud del ser se manifiesta solo para aquel que da un sí decidido a su propia finitud y contingencia”.27 Ahora bien, esta afirmación de la contingencia es al mismo tiempo –paradójicamente- la afirmación de su existencia como algo incondicional, pues en la contingencia se descubre algo absoluto: la ineludibilidad [Unausweichlichkeit] con que el hecho contingente exige ser afirmado, en otras palabras, su existencia descarta por sí misma la posibilidad de su negación. Solo en esta necesidad de una relación sabida para con lo necesario es el ser humano la trascendencia hacia el ser en general.28
Ahora bien, en el poner como absoluto algo contingente se experimenta voluntad, pues algo contingente no tiene en su esencia quidditativa ninguna razón de afirmarla absolutamente. Esto hace que lo así afirmado aparezca como puesto en su contingencia por una voluntad ajena.29 Así es posible afirmar que es el Ser Absoluto, Dios, el que libremente pone al ser humano en su contingencia y él “es el hacia-dónde de la precaptación del espíritu humano, pero lo es precisamente por el hecho de aparecer como el poder libre frente a lo finito”.30 Desde aquí surge otra pregunta: ¿Cómo entender esta acción libre de Dios para comprenderla como luminosa en sí y no como puro vacío u oscuridad? Para encontrar la respuesta debemos colocar como base una comprensión del conocimiento como presencia-a- sí. Si esta presencia-a-sí es perfecta, entonces el conocimiento será pleno. De este modo, la acción libre no es la posesión de algo extraño, sino la realización [Erfüllung] de la propia esencia, toma de posesión de uno mismo, de la realidad de su propio poder creativo sobre sí
27 “Der wahren Unendlichkeit des Seins wird nur inne, wer die Entschlossenheit zur eigenen Endlichkeit und Geworfenheit hat“. RAHNER. Hörer des Wortes, 128.
28 Cf. RAHNER. Hörer des Wortes, 128-130.
29 Cf. RAHNER. Hörer des Wortes, 130.
30 „...ist das Woraufhin des Vorgriffs des menschlichen Geistes, aber er ist es gerade dadurch, daß er als die freie Macht erscheint gegenüber dem Endlichen“. RAHNER. Hörer des Wortes, 132.
62 mismo.31 La acción libre es, por tanto, luminosa en sí misma. Si parece oscura lo es para un conocimiento que trate de comprenderla persistiendo en mantenerse fuera de ella, pues
para comprender el acto libre es necesario participar [mitvollziehen] de la posición misma del acto, repetirlo asumiendo [nachvollziehen] y así producirlo a partir de sí. Solo así el ser libre puede ser presente-a-sí (es decir, comprender).32
La acción libre que es presencia-a-sí es amor, pues éste es la voluntad luminosa que quiere la persona en su singularidad irrepetible e indeducible. Lo contingente es sostenido en el libre amor de Dios para consigo mismo. El amor es la lámpara del conocimiento de lo finito y el conocimiento la claridad luminosa del amor. Dios ama lo finito y, en cuanto lo ama, tiene el ente finito participación en la luminosidad del ser. De este modo, solo en la lógica del amor llega la lógica a comprender la libertad del ser.33
Por tanto, este horizonte de la trascendencia no es neutro, pues en él se produce una actividad volitiva y, por tanto, se afirma necesariamente un bien, como condición de posibilidad de esta trascendencia. Con ello el propio ser humano aparece como dotado de valor. De este modo él es la trascendencia hacia el bien absoluto, hacia Dios.34 La decisión libre es siempre una decisión que da forma a la persona misma, pues va formando en cada acción una ley de su obrar y vivir, haciéndose él mismo bueno o malo. Se forma así en cada ser humano un “orden de amor que le es propio” [eigene Ordnung der Liebe] , según el cual conoce y actúa.35 Por consiguiente, la verdad del conocimiento de Dios no está de por sí asegurada, pues va a depender de este propio orden o desorden de amor.
De aquí resulta que
[la] ascesis [entendida] en sentido de la disposición a una autocrítica de su propio orden de amor, y de la disposición para juzgarlo desde el necesario resto36 del recto orden del amor y para ordenarlo siempre de nuevo y en forma más adecuada, según la luz creciente del entendimiento- es un momento interno de la filosofía concreta en el ser humano real.37