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El modelo básico de la conversación

No documento conversando con qoyllurit´i (páginas 176-181)

4.2. CONVERSAR ES INTERPRETAR

4.2.2. El modelo básico de la conversación

El concepto de juego desempeñó un papel importante en la estética alemana, como en Kant y en Schiller. Gadamer se distancia de ellos por la carga de significación subjetiva propia de estos filósofos93 y se aproxima al trabajo antropológico cultural del historiador holandés Johan Huizinga, en su estudio Homo Ludens de 1938, que destaca el momento lúdico inherente a toda cultura94. Gadamer reinterpreta esta lectura desde la experiencia del arte y se refiere al juego como el modo de ser de la propia obra de arte95.

Ateniéndose al uso lingüístico metafórico del término juego, Gadamer observa que en todos los casos se hace referencia a un movimiento de vaivén que no está fijado a ningún objeto final, un movimiento de vaivén sin un objetivo en el cual desembocar y, por tanto, un movimiento que se renueva en constante repetición. La pura realización del movimiento es juego: “El movimiento de vaivén es para la determinación esencial del juego tan evidentemente central que resulta indiferente quién o qué es lo que realiza el movimiento.

El movimiento del juego como tal carece de sustrato. Es el juego el que se juega[…]”96. La consideración lingüística manifiesta que el verdadero sujeto del juego no es la subjetividad del que juega sino el juego mismo. El juego prima sobra la conciencia del sujeto. Si Gadamer centra su atención en el modo de ser del juego es para considerar el modo de ser de la obra de arte porque, análogamente, el “sujeto” de la experiencia de arte no es la subjetividad del intérprete sino la obra de arte misma que posee una esencia propia, así como la tiene el juego, independiente de la conciencia de los jugadores.

92 La cursiva en la palabra básico es para destacar que Tracy asume aspectos del modelo gadameriano que, a su entender, necesita de correctivos como el empleo de teorías críticas y de la dialéctica de la comprensión y explicación de Paul Ricoeur, como señalamos en la segunda parte de la tesis. Conviene en este momento destacar que Gadamer no presenta una metodología para el diálogo; insiste en que propone un análisis filosófico y no metodológico del diálogo constituido por el particular movimiento del cuestionar. Este reclamo no es primariamente epistemológico sino ontológico. El modelo gadameriano se centra en el evento ontológico de la comprensión dialógica que ocurre, acontece. Cf.

TRACY, Western Hermeneutics, p. 3.

93 Gadamer quiere liberar a este concepto de la significación subjetiva que domina a toda la nueva estética y antropología, “no nos referimos con él al comportamiento ni al estado de ánimo del que crea o del que disfruta, y menos aún a la libertad de una subjetividad que se activa a sí misma en el juego”.

GADAMER, Verdad y Método, p. 143.

94 Cf. GADAMER, Verdad y Método, p. 147.

95 Cf. GADAMER, Verdad y Método, p. 143. Gadamer desarrolla la teoría del juego cuando trata de la ontología de la obra de arte y su significado hermenéutico, p. 143-181 de Verdad y Método.

96 GADAMER, Verdad y Método, p. 146. Coloca como ejemplos los “juegos de luces”, el “juego de las olas”, “juego de fuerzas”, “juegos de palabras”.

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Si se trata de un juego, quien marca de esta manera la pauta del mismo no es la subjetividad del que juega o de los que juegan sino el propio movimiento de vaivén del juego.

Tracy, siguiendo a Gadamer, señala que los jugadores no están ahí para jugar su propio juego

“sino para perder su habitual autoconciencia en el movimiento propio del juego”97. El juego tiene la capacidad de liberar el yo-centrado para enfrentar algo diferente y hasta extraño; las referencias finales, como dice Gadamer, quedan de algún modo particular en suspenso98. Perder la habitual autoconciencia es abandonarse al juego, dejarse llevar por él. Un buen ejemplo, observa Tracy, es ver jugar a los niños o a los animales, pues comprenden “cuando dejarse ir y simplemente jugar”99.

Abandonarse al juego es tomarlo en serio. El juego tiene una seriedad propia que remite no a un sujeto sino únicamente a la seriedad del juego mismo. En palabras de Gadamer, quien no toma en serio el juego es un “aguafiestas”100. Tracy dirá que un jugador auto-consciente es la peor cosa que puede ocurrir en un juego101. Un aguafiestas o un jugador auto-consciente impiden la interacción, el movimiento, la conversación, que es una clase peculiar de juego.

“La conversación es otra clase de juego”102. Si es una clase de juego ¿cuál es la naturaleza del movimiento? La lógica del cuestionamiento, la lógica de las preguntas y respuestas entre los interlocutores de la conversación. Estos pueden ser, por ejemplo, dos personas, un lector y el texto, la reflexión de un pensador solitario, un teólogo sistemático y

97 TRACY, Plurality, p.17. “No es extraño después de todo, que Albert Camus afirmara que había aprendido ética jugando al futbol de muchacho en Argelia”. Nos recuerda también el rol, defendido por Platón y Aristóteles, que desempeñaban los ejercicios físicos en la Paideia griega.

98 Cf. GADAMER, Verdad y Método, p. 144.

99 TRACY, Plurality, p. 18. Coincidentemente el “juego” de dos niños es central en el relato de la aparición del Señor de Qoyllurit´i, un clásico religioso andino que estudiaremos en el siguiente capítulo: “Pasó la noche y al extender los rayos el sol de la mañana siguiente salió de la cabaña (Marianito Maita, de doce a catorce años) con todos sus animales hacia el lugar donde citó esperarle (un niño rubio, de la misma edad, con el que se había encontrado el día anterior); como en efecto lo encontró en el mismo paraje donde se encontraron el día anterior, donde pasaron el día junto con los ganados en juegos distraídos, conversaciones amenas y recibía para su alimentación un pan por día, no sintiendo hambre en otras horas distintas. Así pasaron un tiempo largo hasta que un indio cabañero[…] vio con sorpresa que el hijo menor de Maita jugaba con un niño blanco lo que juzgó fuese una casualidad de hallarse algún cazador alojado en la casa de los Maita[…]”.FLORES LIZANA, Carlos. El Taytacha Qoyllur Rit´i. Sicuani: IPA, 1997, p. 31-32.

100 GADAMER, Verdad y Método, p. 146.

101 TRACY, In there hope for la Public Realm?, p. 604. En Plurality coloca el ejemplo del actor auto- consciente que fácilmente arruina una representación si la actuación es autoconsciente. Cf. Plurality, p. 35.

102 TRACY, Plurality, p. 18.

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un clásico religioso. Aprendemos a jugar el juego de la conversación - afirma Tracy- cuando dejamos que el tema en cuestión, el asunto, tome el control de la misma; cuando dejamos que ese cuestionar sobre el asunto imponga su lógica, sus demandas, su propio ritmo. Es una experiencia que toda persona reflexiva puede realizar en el diálogo con un amigo, en un encuentro casual o en la sesión de un seminario académico siempre y cuando, como en todo juego, los interlocutores se dejen llevar, abandonen la autoconciencia y entren en la lógica del vaivén de la pregunta y de la respuesta del cuestionamiento: “Entonces uno experimenta la realidad ontológica de ser-jugado”103.

Como todo juego, la conversación tiene reglas generales que deben tomarse en cuenta cuando la dinámica del cuestionamiento comienza a resquebrajarse. Podemos enumerarlas: 1) decir sólo lo que se tiene que decir, 2) decirlo de forma tan precisa como se pueda, 3) escuchar y respetar lo que dice el otro, por diferente que sea a nuestro pensamiento, 4) estar dispuesto a corregir o defender las opiniones propias si son rebatidas por el otro participante en la conversación, 5) estar dispuesto a debatir si fuese necesario, 6) sufrir el necesario conflicto, 7) cambiar de opinión si la evidencia lo recomienda104. En cierto sentido estas reglas generales tienen el sabor de los ya conocidos imperativos trascendentales de Lonergan: “Sé atento, sé inteligente, sé responsable y, si es necesario, cambia”105. Las reglas, sin embargo, no pueden sustituir la acción de cuestionar. Por el cumplimiento de las reglas no se llega a la comprensión; el único camino es la conversación y su lógica de preguntas y respuestas.

Pero, siguiendo a Gadamer, no hay método que enseñe a preguntar. Sócrates enseña que todo depende de la “docta ignorancia”, de que se sepa que no se sabe. El saber que no se sabe conduce a la pregunta. El arte de preguntar es el arte dialéctico del seguir preguntando en búsqueda de la verdad. “Se llama dialéctica porque es el arte de llevar una auténtica conversación”106. En la auténtica conversación los interlocutores se ponen bajo la dirección del tema y el fenómeno hermenéutico encierra en sí el carácter original de la conversación y la estructura de la pregunta y la respuesta107.

103 TRACY, Western Hermeneutics, p.1. Tracy emplea el lenguaje deportivo de “to be in the zone”

para expresar la realidad del ser-jugado, significa lograr un “inaudito nivel de actuación”.

104 TRACY, Plurality, p. 19.

105 Cf. TRACY, Plurality, p. 19.

106 GADAMER, Verdad y Método, p. 444.

107 Cf. GADAMER, Verdad y Método, p. 445.

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En la lógica de la conversación el asunto controla, tiene el primado sobre la autoconciencia, arrebata a los interlocutores y estos se abandonan a él; pero ¿qué es el asunto?

En Analogical, Tracy, pensando en la conversación entre un lector y un texto, se refiere a “(el) asunto común expresado por la forma en el texto que provoca las preguntas para la precomprensión del intérprete”108. El asunto es una forma del texto que llama la atención del lector porque postula una verdad o una pregunta existencial fundamental ante las cuales el intérprete o el lector no puede permanecer indiferente. En Plurality, el asunto es la pregunta fundamental que forma parte del intento por llegar a ser más humanos, en concreto, las preguntas que los clásicos religiosos tratan de responder.

Cuestiones provocadas por la contingencia o la mortalidad radicales, cuestiones evocadas por la transitoriedad de todas las cosas humanas;

cuestiones que acompañan al reconocimiento de la contingencia histórica y social de todos los valores admitidos y de todas las convicciones con las que se vive; la cuestión del sufrimiento, experiencia contrastante por excelencia;

la cuestión del significado de ese tedio[…]; la cuestión de por qué sentimos alguna responsabilidad que nos lleva a vivir una vida ética aunque no podamos demostrar racionalmente porqué debemos ser éticos […]; la cuestión de cómo comprender la opresión padecida por tantos seres vivos, así como el recuerdo subversivo del sufrimiento de los muertos que sigue vivo en las narraciones, sagas y cuentos populares de todos los pueblos […];

la cuestión de por qué poseemos una confianza fundamental que nos permite avanzar y que no es reducible a ninguna de mis otras confianzas […]109. En el asunto radica el poder de todo clásico de demandar atención porque el asunto es portador de posibilidades liberadoras de significado y de verdad110. Entrar en interacción con los clásicos es abandonarse, entonces, al movimiento de preguntas y respuestas sobre el asunto en búsqueda de la verdad, cediendo el espacio a la diferencia y a la alteridad. No significa, sin embargo, que el abandono de la autoconciencia a la lógica del cuestionamiento, sea también el abandono de atención y de crítica. Tan solo significa que el yo no controla, no impone sus anteriores juicios de valores ni arma estrategias de autonomía y neutralidad. Recordemos que el yo es jugado. Verdaderamente, declara Tracy, “el yo debe estar, en tanto sea posible, completamente atento y críticamente inteligente pero, en el diálogo

108 TRACY, Analogical, p. 136, nota 8.

109 TRACY, Plurality, p. 86-87.

110 El capítulo 8 de Analogical, titulado “The Situation: the emergence of the Uncanny” aporta ejemplos de preguntas fundamentales sobre el sentido o sin sentido en autores como Eliot, Camus, Weber, Sartre, Hemingway, Bergman, Kierkegaard, Dostoyevsky, Nietzsche; las preguntas fundamentales que surgen de eventos históricos demoníacos como el nazismo, el fascismo, Auschwitz.

Hiroshima, Guernica.

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debe reconocer que él no controla el diálogo, que en realidad nunca está plenamente auto- presente o auto-transparente”111.

El yo-en-diálogo-con-el-otro a través del juego de la conversación es siempre un yo que interpreta, delibera, descubre, escucha, debate, cambia de opinión; en otras palabras, el yo-en-diálogo es un yo-siempre-cambiante. Precisamente este ser del yo-siempre- cambiante manifiesta la finitud y la historicidad del yo. Finitud porque el yo-en-diálogo-con- el-otro nunca logra auto-transparencia o plena auto-presencia, permanece siempre como una tarea incompleta. Historicidad porque el yo-en-diálogo-con-el otro siempre encuentra su comprensión excedida por el evento de la comprensión dialógica que experimenta en el evento dialógico de la comprensión del otro. “La comprensión dialógica es un evento que acontece; es un golpe (“blow”) a la ordinaria autoconciencia reflexiva”112.

La interpretación como conversación, sin embargo, puede no llegar a ocurrir, bien porque el intérprete no se deja cuestionar, permanece muy autoconsciente de su verdad113 o bien trata de interpretar el pensamiento del autor o las condiciones socio-históricas del texto con relación a la recepción de la audiencia original. Gadamer lo expresa de una manera breve y genial: “para ser capaz de conversar hay que saber escuchar. El encuentro con el otro se produce sobre la base de saber auto-eliminarse”114.

El no oír y el oír mal se producen por un motivo que reside un uno mismo.

Sólo no oye, o en su caso oye mal, aquel que permanentemente se escucha a sí mismo, aquel cuyo oído está, por decir así, tan lleno del aliento que constantemente se infunde a sí mismo al seguir sus impulsos e intereses, que no es capaz de oír al otro. Este es, en mayor o menor grado, y lo subrayo, el rasgo esencial de todos nosotros. El hacerse capaz de entrar en diálogo a pesar de todo, es a mi juicio, la verdadera humanidad del hombre115.

La incapacidad para el diálogo, siempre con Gadamer, viene de aquel que dice

“contigo no se puede hablar”. Y el otro enmudece o aprieta los labios “con amargura”. La incapacidad para el diálogo es siempre el diagnóstico que hace alguien que no logra entrar en

111 TRACY, Western Hermeneutics, p.1.

112 TRACY, Western Hermeneutics, p. 1.

113 Gadamer dice que el que está seguro de saberlo todo no puede preguntar nada, expresión del habla inauténtica que en el hablar sólo busca tener la razón. Para poder preguntar hay que querer saber,

“saber que no se sabe”, la docta ignorancia de Sócrates. Cf. Verdad y Método, p. 440.

114 GADAMER, Hans-Georg. La incapacidad para el diálogo. In:______Verdad y Método II. 7.ed.

Salamanca: Sígueme, 2006, p. 208.

115 GADAMER, La incapacidad para el diálogo, p. 209.

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diálogo con el otro116. Alguien quien, en última instancia, no acepta el riesgo de la alteridad y la diferencia que el otro representa. Tracy es enfático al insistir que el diálogo obra como diálogo solo si el otro es permitido, a través de la dinámica del vaivén de la pregunta y la respuesta, como un genuino otro y no como otro-proyectado por la necesidad del yo de definirse a sí mismo.

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