CAPÍTULO 1: EL TEÓLOGO Y SU LUGAR NATAL
5. A MODO DE CONCLUSIÓN
48 Después de todas las consideraciones realizadas, es bastante evidente que el ídolo no deja libre al ser humano ni tampoco respeta la distancia originaria desde la que el ser humano se constituye como persona. La perspectiva de análisis adoptada por Gesché a partir de la idolatría permite explicitar con mayor claridad que, en las problemáticas suscitadas, no se trata tanto de la cuestión de si Dios existe o no, sino quién es Dios, para que el ser humano no vea en Él un enemigo que lo condiciona, sino la realidad que lo funda y lo lleva a su máxima realización.
La dinámica idolátrica rechaza el distanciamiento. El verdadero Dios me salvaguarda por su propio distanciamiento y sólo quiere una relación de deseo.
Esto tiene que ver con otra cuestión importante que aparece como consecuencia de este falso dios teológico y genera la realidad del politeísmo: “¿qué Dios queremos nosotros?, ¿qué Dios elegimos?, ¿quién es mi Dios: el dinero, la ciencia, el poder, mi yo o mi Dios? (LD, p. 166)
Gesché es reiterativo en esta idea cuando afirma que la preocupación de la teología no es con la negación de Dios y si con su falsificación. La preocupación de los teólogos no tendría que ser tanto con el ateísmo y sí con el politeísmo. La falsedad del politeísmo radica en que destruye al ser humano al proponerle confiar en varios absolutos. Por lo tanto, la fe es una elección de un sólo Dios. La formulación del credo cristiano es muy claro `Creo en un sólo Dios`. Lo contrario de la fe no es el ateísmo, sino el politeísmo, ya que estamos ante la posibilidad de muchos dioses.
49 Él llevó a serio las críticas de los humanistas ateos, de los filósofos modernos y contemporáneos, intentó escuchar los planteos de los maestros de la sospecha, de Nietzsche, Feuerbach, Freud, etc. El ambiente de la Facultad de Lovaina-la nueve le permite desarrollar su trabajo de investigación, docencia, diálogo y debate con las problemáticas, cuestionamientos y desafíos presentados por la realidad del mundo actual.
Su tarea teológica tiene una perspectiva claramente hermenéutica. Esto significa en la perspectiva de Paul Scolas,
una audacia, la audacia de una nueva óptica, de un pensamiento renovado, de una propuesta renovada de aquello que esconden en nuestra vida las antiguas palabras, muchas veces empleadas y desvalorizadas. Palabras como Dios, destinación, predestinación, fe, prueba, sabiduría, esperanza, salvación, fidelidad, cuerpo[…] (CCD, p. 8)
Esta inquietud de renovación teológica, de diálogo con el mundo hace parte del itinerario existencial y creyente de Adolphe Gesché. A lo largo de su obra, podemos percibir la preocupación de nuestro autor ante los desafíos de su tiempo. Que el mundo escuchara la fe, no era sólo una premisa teórica, era un deseo que se traducía en el esfuerzo de su estudio y reflexión teológica por aproximar Dios al ser humano contemporáneo. Inspirado por las intuiciones de renovación de la Nouvelle Théologie y animado por el Espíritu del Concilio Vaticano II, intentó conocer y descifrar el latir del corazón humano y del mundo que lo rodeaba. Con una perspectiva claramente pastoral, buscó obstinadamente no perder el diálogo con el mundo moderno, apostando por una teología que desde sus profundos fundamentos antropológicos pudiera aportar una nueva iluminación sobre el ser mismo del ser humano y de Dios.
En su variedad y aparente desorden temático, en su calidad y creatividad literaria, Gesché revela un deseo inquebrantable de abordar los grandes temas de la teología cristiana desde perspectivas nuevas, preguntando a las respuestas, cuestionando las verdades inamovibles y escuchando lo qué revelan los lugares natales de los principios teológicos proclamados por el cristianismo.
Su preocupación era hacer creíble y entendible a Dios y los fundamentos de nuestra fe para el ser humano contemporáneo. Como Rahner, él está convencido que “la
50 Iglesia deberá reflexionar a fondo y con una sinceridad radical, sobre lo que ella piensa cuando habla de Dios”.84
Pero también quisimos situar a nuestro autor dentro de los teólogos que con su reflexión teológica contribuyeron para mantener vivo el espíritu del Concilio Vaticano II.
Sabemos que la asimilación del Concilio ha encontrado resistencias a lo largo de estos años, tensiones que lamentablemente todavía continúan. La gran tentación de rescatar los modelos tradicionales, las uniformidades teológicas, las claridades inmutables aún está presente en la Iglesia
Adolphe Gesché, ya lo hemos visto, nació teológicamente en un momento en que Dios era un peligro para el ser humano (ET, p. 172) . La realidad del ateísmo y del llamado ateísmo humanista fue una experiencia importante, no sólo porque atravesó su itinerario existencial y teológico sino porque dejó huellas en su teología. El objetivo de su trabajo fue el de intentar hacer creíble la fe en Dios en diálogo con nuestro tiempo.
Cuatro años antes de morir, escribirá un artículo donde volverá a hablar del ateísmo. Ya en la madurez final de la vida, presentará el ateísmo desde la intersignificación entre Dios y el ser humano, uno de los ejes teológicos más importantes de la identidad cristiana y de la teología geschiana.
[…] no bastará nunca clamar: Señor, Señor, sin preocuparse del hermano, para poder entrar en el reino de Dios y permanecer en la verdad del monoteísmo cristiano. Pues significa ser en cierto modo un ateo, y un ateo de un ateísmo que va más allá que decir simplemente que Dios no existe. Se es verdaderamente ateo y de un ateísmo que desconocen los ateos cuando no se proclama su prójimo al mismo tiempo que se proclama a su Dios. En esto está el verdadero ateísmo, el ateísmo cristiano, si lo podemos llamar así.
Aquí se es propiamente ateo, porque al ignorar al hombre se coloca uno ipso-facto fuera de Dios, se separa uno de él (a-théos)85.
Sin duda, la cuestión del ateísmo lo llevó a percibir el riesgo latente y real de falsificar a Dios. En una ocasión, refiriéndose a la colección Dios para pensar que estaba escribiendo, reveló: “quise hacer una obra de teología, tornar a Dios legible en el discurso de los seres humanos. Porque esto es posible”86. Nietzsche, el profeta de la muerte de Dios, tenía
84 Esta frase de Rahner es citada por Gesché en L´annonce de Dieu au monde d´aujourd´hui., Malines, Centre de formation théologique et pastorale du Diocèse de Malines-Bruxelles, 1968, p. 10
85 GESCHE, Le christianisme comme monothéisme relatif. Nouvelles réflexions sur le Et si Deus non daretur”. Revue Théologique de Louvain, n 33, 2002, p.482
86GESCHE, in Chroniques , p 324
51 razón cuando dijo que mientras Dios siguiera existiendo en el lenguaje de los humanos, no se podría afirmar de verdad que Dios ha muerto y permanece muerto. Dios existe en el lenguaje de los seres humanos como palabra. Una palabra que se nos impone con anterioridad a nuestra decisión personal de afirmación o negación. “La palabra Dios deviene ausente, obsoleta, como si hubiera perdido el sentido y la sonoridad” (ET, p. 161)
Recuperar el sentido y - ‘la sonoridad de la palabra Dios es tarea de la teología y será el esfuerzo del teólogo de Lovaina a lo largo de su vida.
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