OCTAVA CONFERENCIA SANITARIA PANAMERICANA
El obrero es una carga pesada y sus enfermedades significan pérdidas en la producción y su asistencia cuesta grandes sacrificios al
Estado.
Seguramente la enfermedad, más que cualquier otro factor, es la causa de la ruina y la miseria del trabajador. Como se ve, la salud de la clase trabajadora es un problema social y económico de primera magnitud: abarca todas las faces de la vida pública, empieza con el niño, se toca con la vida escolar, y se torna dominante durante la edad activa; y finalmente, cuando el obrero, después de una vida de utilidad y esfuerzo descansa de sus labores, tiene derecho a esperar en su vejez la reparación consiguiente.Por lo expuesto, se ve claramente que la casi totalidad de los problemas que se presentan cuando se quiere utilizar al hombre y obtener su máximum de producción son del exclusivo dominio del tiédico y por lo tanto la organización del trabajo tiene que ser fundada en los conocimientos de la fisiología, de la psicología y de la higiene.
En resumen ‘lLa Octava Conferencia Sanitaria Panamericana declara que: La salud y el bienestar de la clase trabajadora está íntimamente ligada a la salud pública y al engrandecimiento econó- mico de un país, y los daños derivados de la industria causan a la nación graves perjuicios, disminuyen el rendimiento actual y sobre- todo el rendimiento futuro de la población, minando su salud, por lo que recomienda a los diversos países de América la necesidad de establecer organismos especiales dentro de la administración sanitaria, encargados de todo lo que se refiera al trabajo y a la higiene industrial, a fin de colocar a los obreros en las mejores condiciones de vida y de trabajo de acuerdo con sus aptitudes fisicas y mentales.”
(0 Paz Soldán,
(f 1 S. Lorente, ,, : ’ ” (0 B. Caravedo, r’ *- ” ’ Delegados del Perú a Za Octava
Conferencia Sanitaria Panamericana.
Las Bases en que se Apoya la Creación del Ministerio
de
Higiene
ib, el Dr. CARLOS ENRIQUE PAZ SOLDÁN
Delegado del Per15 a Ia Octava Conferencia Sanitaria Panamericana
La guerra mundial fué algo más que una horrible matanza. Marca el comienzo de una era, el alumbramiento trágico de nuevas con- cepciones sobre el sentido y el valor sociales de la vida humana.
cionales prepotentes para maltratar, acortar y aún impedir que su vida alcance plena realización.
Y como entre las enseñanzas fecundas del período bélico ninguna ha sido más demostrativa que aquella que ha permit’ido comprobar que la salud es la sólida base de las actividades y la fuente pródiga de las grandes satisfacciones humanas, hoy los deseos de la muchedumbre piden la plena ejecución de los postulados promisores de la medicina social. Quiere, que los triunfos de la higiene durante las horas de terror en que la Parca movía con vehemencia implacable su segur sobre las más floridas razas de la Europa y aún del mundo, continúen durante las horas de la paz y de la reconstrucción, para garantía de un porvenir penosamente ganado con sangre y con dolor.
iPor qué no aplicar, se pregunta, en la vida cotidiana las mismas normas que la higiene impuso, por obra de una administración severa, en las horas de la guerra?
iPor qu6 no continuar ejecutando fielmente aquellas prácticas que tantas vidas salvaron cuando estaba desatado el huracán de la muerte?
Estos anhelos difusos pero hondos de la conciencia popular son sin duda los que han generado esa fuerza que hoy preside a la efectiva coordinación de las labores médico sociales de las naciones, tan característica de la época que estamos viviendo.
Imponer en las horas del trabajo, del orden y del sosiego inter- nacional y nacional, las mismas reglas que tanto contribuyeron a amenguar los daños producidos por la contienda universal, tal la linea de conducta que se vislumbró por el mundo al acallarse la voz trágica de los cañones.
Esto explica el afloramiento magnifico de tantas instituciones como los ojos contemplan, que aún cuando diferentes en sus aspectos y programas, coinciden en un mismo pensamiento y están animadas de una misma voluntad: redimir a los hombres de la tortura de la insalubridad, de las amenazas de la miseria, de los embates de la injusticia social y de las acometidas de la muerte.
187 En campos más limitados, en Ia actividad nacional de cada pueblo, este mismo anhelo se exterioriza y exhibe, incoercible y potente, en ese nuevo órgano de acción polftica y social que se llama el Minis- terio de Higiene, desconocido hasta ahora pocos años, y que es el encargado de aplicar en beneficio de la raza las admirables conquistas y los progresos evidentes de la .medicina social.
La aparición de este nuevo órgano de sensibilidad y de examen del Estado, tanto en aquellos paises brotados de la guerra, como en aquellos otros que no obstante siglos de organización política com- prendieron la enorme importancia de atender a esta nueva exigencia de la prosperidad nacional, ha traído por consecuencia la eviden- ciación de realidades hasta entonces mal conocidas o apreciadas de la vida de los pueblos.
Por eso, los Ministerios de Sanidad recientemente organizados se han visto, desde el primer momento de su actividad, superados por la tarea abrumadora entregada a su acción. Y es precisamente de su obra renovadora y redencional de donde procede la más novedosa de las faces de la vida política actual del Estado.
Es por la obra de investigación y de enfoque de las realidades sociales relativas a la salud y a la enfermedad, términos extremos que limitan la tarea del nuevo órgano del Estado, por la que los Ministerios de Sanidad han logrado demostrar su importancia y han ido alcanzando, cada vez con mayor fervor, las adhesiones de los pensadores y de los grandes estadistas, unánimes en hacer suyas aquella sentencia de Cicerón, renovada por los políticos más conspí- cuos del mundo, de Disraeli a Wilson, de que la salud del pueblo es la ley suprema del Estado.
Mas la aceptación de esta reforma no ha sido tan fácil como pudiera suponérsele. La resisten y combaten precisamente aquellas caducas instituciones que ven con fundado recelo en la actividad de este nuevo órgano de acción política y social el anuncio de su inevitable ocaso. Y la estorban, asimismo, no pocos factores tradicionales y prejuicios que mal se avienen con la marcha progresiva de los pueblos hacia cumbres de mejoramiento social, más altas y puras que las que puede concebir la rutina, el egoísmo o el interés.
Conocer tales causas de oposición al Ministerio de Sanidad, y a la aplicación de la medicina social a la vida de la nación, es decir a la política sanitaria,-que no es otra cosa que el arte de convertir en realidades los preceptos rígidos y científicos de aquella-es cuestión de grande interés para llegar a precisar la forma como deben los higienistas luchar por la creación de tan esencial y moderno sector de la actividad del Estado.
La primera y más poderosa causa de oposición al modelamiento del Ministerio de Sanidad es la dispersión técnica, la falta de unidad existente en casi todas partes para los negocios sanitarios. Es muy
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cierto lo que sobre este particular consigna la Sección de Higiene de la Sociedad de las Naciones, en el prólogo de sus meritorios estudios comparativos sobre la organización sanitaria de los diferentes-paises: “Las instituciones sanitarias, dice, no proceden, al mismo título que las instituciones políticas, de una unidad orgánica y no pueden desa- rrollarse según un plan definido. Las innovaciones y cambios sobre- veíviclos en el curso de 10s años han sido, en su mayor parte, la 07wa del azar. Es la vida misma la que planteaba sus problemas. Las necesi- dades del momento decidían, en suma, de la intervención del legis- lador y de la administración. Se concibe que en tales condiciones cl problema sanitario se presente completamente diferente según el tiempo y el lugar considerados. Las armas técnicas y las fuerzas morales de cada Estado son absolutamente diferentes y por esto dan a cada organización una fisonomía particular.”
Esta dispersión tknica, estas creaciones sucesivas y desconectadas unas de otras, hijas de la necesidad o de la angustia del momento y que no brotaban de un concepto primario, de una carta orgánica y fundamental de política sanitaria, es el gran obstáculo que desde sus principios ha detenido, primero la creación y más luego el avance del Ministerio de Higiene, ya que estas diferentes organizaciones, a favor del tiempo, han acabado por adquirir cierta libertad que mal las dispone para aceptar los reatos de un gran pensamiento rector y las necesarias disciplinas para una coordinación superior puesta al servicio de un programa nacional de redención humana.
La segunda causa de oposición a la vida del Ministerio de Higiene est% representada por la existencia de numerosos órganos sanitarios con años y aún sigIos de tradición pero que al presente se. ofrecen como órganos desviados de esta finalidad esencial. Me refiero a los hospitales, que brotados en otra época como satisfacción a las solici- taciones de la caridad cristiana y más luego exponentes del pago de aquella imaginaria deuda sagrada, que inventaron los constituyentes franceses, del Estado para con el desvalido y el enfermo, hoy comien- zan a ser mirados como los insustitufbles instrumentos de la medicina social para la realización de sus promesas.
La petrificación en la era caritativa o en la era de la justicia social y de la “deuda sagrada” de los hospitales, tal la sima que impide el avance veloz de la política sanitaria en el primordial capítulo de la asistencia médico social.
todavía no generalizado en la conciencia pública, si bien hondamente
i
sentido por sJtos y nobles espíritus.
Para la mayoría, el hospital es el lugar para el pobre, el sitio de albergue para la hora en que la miseria y la enfermedad dejan sentir su acción sobre aquellos que no pudieron o no supieron luchar contra sus acometidas. Y la desgracia es que en esta mayoría, están precisamente las instituciones que gobiernan en muchos pafses la vida hospitalaria, cuyo misoneismo, vanidad o prejuicio ofrecen la más intensa oposición a la organización del Ministerio de Higiene.
Precisar renovándolas, las ideas sobre lo que debe ser un hospital moderno, tal la áspera tarea que se brinda al Ministerio que defende- mos y tal el campo en donde puede, con mayor seguridad, realizar sus proezas victoriosas contra la insalubridad, las enfermedades y la muerte.
Por último, causa importante que estorba la realización del Minis- terio de Higiene, es la confusión en que se hallan muchos, incluso higienistas eminentes y capaces, que no quieren percibir que la higiene cuando ha de aplicarse a la vida social, a los hombres y a sus intereses y prejuicios y sentimientos, es esencialmente cosa polftica, tal vez la más polftica de todas, pues los preceptos sanitarios han de imperar en la vida íntima, cotidiana de cada individuo.
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La medicina social, que es universal en tanto que doctrina y técnica, se convierte, cuando quiere aplicar sus imperativos de bien a la vida individual, unidad de la vida colectiva, en hecho de con- vivencia social, en norma de relación interhumana, en una palabra, en acto esencialmente político. Y es que no hay problema sanitario, por aparentemente técnico que se le imagine, que no esté mtimamente tramado con un problema sociaI, con un problema humano. Resolver el primero es fácil, gracias a las investigaciones y a las búsquedas felices de la ciencia, resolver, en cambio, el problema social y humano que le está involucrado es difícil, si no le aplicamos métodos políticos capaces de producir tal resultado.
La falta de percepción de este dualismo explica no pocos fracasos de excelentes iniciativas en favor de la sanidad pública y da la clave para tantas amarguras como en veces respiran los escritos y discursos de eminentes higienistas.‘
A su vez, la ignorancia de los políticos que no han visto este fecundo campo de éxitos que es la polftica sanitaria, gran dispensadora de beneficios sociales, hace que crean cosa absurda esta incorporación de la higiene a las diarias atenciones del Estado.
Ahora bien, conocidas las causas que estorban o retrasan la trans- Formación del Estado para adecuarlo mediante el Ministerio de Higiene a las realizaciones médico sociales, es fácil señalar los reme- dios para tal situación y marcar los rumbos que deben seguirse para obtener cuanto antes tan sustancial reforma, clave y signo del triunfo de la política sanitaria.
Reivindicar la autoridad del Estado sobre las cuestiones que interesan a la salud de la pobláción en todas sus fases; dar unidad técnica y polftica a la solución de las mismas; y disipar los errores y prejuicios que han ido creciendo y afirmándose por la ausencia del Ministerio que defendemos, tales los rumbos seguros para obtener la ansiada victoria.
Y como medio auxiliar para tal empresa, pero indispensable, educar la opinión pública haciéndola ver los aspectos económicos de la salud y las ventajas que derivan en todo orden de cosas de una raza sana y fuerte capaz de sent,ir las ansias del progreso y con conciencia suficiente de sus destinos históricos.
Para concluír con este estudio examinemos brevemente, en una síntesis general, cuales los problemas propios que compete resolver a este Ministerio de Higiene. Aím cuando las proposiciones nuestras están encaminadas al Perú, la semejanza social y política del mundo americano que piensa y habla en español o portugués, las convierte en utilizables para todo el continente.
Si la medicina social es, por definición, el estudio de Za población humana en función de los ambientes geo-cósmico y social, para conocer las acciones y reacciones mutuas de modo de$jar las leyes de la salud y íle la prosperidad biosocial del hombre lógicamente se infiere que la tarea que corresponderá al órgano técnico y político de sus realiza- ciones, el Ministerio de Higiene, no puede dejar de inspirarse en tales conceptos.
El problema de la población y los problemas de los ambientes tendrán que atraer su atención y ser objeto de sus investigaciones y modificaciones.
ÓcTAvA CONFERENCIA’ SANITARIA PANAMERICANA
El problema de la infancia puede, dentro de este punto de vista, ser considerado como el primer capftulo del problema de la población. Y la amplia atención de que es objeto traduce el creciente interés social sobre estas cuestiones, sin dejar de representar la satisfacción de imperativos de piedad y de amor, tan incoercibles tratándose de la vida y la salud de los niños.
Defensa de la población desde la infancia para tutelar el capital biológico de la raza y asegurar su perpetuación y su poder, tal el primer asunto para las atenciones del Ministerio de Higiene.
Pero esta defensa implica, asimismo, la transformación de los ambientes en donde se agita y vive la humanidad: el ambiente geo- gráfico; el ambiente cósmico al parecer inmodificable pero susceptible de ser estudiado en sus influencias sobre los hombres y por tanto de prevenir sus posibles daños y el ambiente social, el más complejo y mútable y el que sin lugar a dudas mayor importancia tiene para la vida humana, tales los campos infinitos abiertos a la acción del ’ Estado, mediante el Ministerio que propugnamos.
Para modificar el ambiente geográfico está el saneamiento, la obra inmensa de la ingeniería sanitaria, pasmo de la época y maravilla del trabajo y la inteligencia humanos. Agua potable, alcantarillados, pavimentos, canales de regadíos que no permitan empantanamientos dañosos, viviendas salubres, campos cultivados, lugares de recreación y de belleza, escuelas, hospitales y mil otras cosas más que el genio del hombre ha inventado en siglos de oscura labor tenaz, he aquí dominios propios del Ministerio de la redención humana que es el Ministerio de Higiene.
Para modificar el ambiente cósmico, se necesitan estudios sobre el clima y sobre la adaptación de la vida humana a sus exigencias. No hay que olvidar que para la higiene el clima, es decir el ambiente geo- cósmico, es, según la incisiva definición de Euclides da Cunha, que el Profesor Afranio Peixoto reproduce: “la traducción fisiológica de una condición geográfica,” renovación genial de las sentencias del sabio de Cos.
Y por fìn, para modificar el ambiente social que en suma depende de la voluntad de los hombres y de la influencia colectiva, está la acción polftica inspirada en las enseñanzas y principios de la medicina social. Este ha sido el último campo ganado a la obra sanitaria, y por tanto el que mayores resistencias ofrece para su transformación. Pero es asimismo el que brinda los mas brillantes frutos, las mejores cosechas de bien, las que mayores resultados procuran a la obra generosa de la política sanitaria.
sanitaria de las masas, la justicia médico social que da a cada uno lo que le corresponde como sujeto de derecho poseedor de ese derecho inalienable que es la salud, he aqui direcciones para esta acción polftica y social del Ministerio de Higiene.
Si en vez de hacer un trabajo de síntesis doctrinaria, hiciéramos‘ un trabajo de análisis sobre el Ministerio de Higiene, formularfamos detalladamente las reparticiones administrativas y las direcciones legales por donde hay que realizar este órgano del Estado moderno. Pero basta la exposición doctrinaria que venimos haciendo para que se aprecie la urgencia en que se hallan los pueblos de América de dar vida a este Ministerio que es el llamado a resolver muchos y muy graves problemas continentales.
Para concluir, quiero presentar a la consideración de la VIII Conferencia Sanitaria Panamericana en forma de un voto, la expresión cabal del pensamiento que estas páginas encierran, el cual será, por lo demás, la repetición de los que anteriormente se han hecho en los grandes certámenes de la higiene en América. Helo aquí :
La VIII Conferencia Sanitaria Panamericana:
Reitera su adhesión a la reforma del Estací0
para
prepararlo a larealización pol&ca de la higiene;
Declara que sólo por el funcionamiento de un Ministerio consagrado exclusivamente a los negocios médico sociales es posible la plena ejecu- ción de una polJtica sanitaria nacional e internacional;
Y en consecuencia recomienda a los gobiernos qlte no lo han hecho todatia la creación de este nuevo Ministerio de Estado.
Bases Fundamentales
papa la Organización
de la Defensa
Social contra la Toxicomanía
Por los Doctores SEBAS’I’Iti LORENTE y BALTAZAR CARAVEDO
Delegados del Perû a la Octava Conferencia Sanitaria Panamericana