FUNCION E IMPORTANCIA DE CKA REVISTA DE SALUD PUBLICA”
MARCUS ROSENBLUM
Editor Ejecutivo de Public Healtlt Reports de la Secretaria de Salud, Educnción y Bienestal de Estados Unidos de América
Todo intercambio de información cien- tífica tiene por objet’o mejorar el bienestar de la humanidad. Este propósito fundamental no es óbice para la búsqueda de conocimien- tos por si misma, antes al contrario, le sirve de apoyo. Sin una sociedad sana, la búsqueda de conocimientos resulta deficiente. Por con- siguiente, una revista que facilite informa- ción relativa al mejoramiento de la salud pública, desempeña una función estratégica en las comunicaciones científicas.
Una revista de tal naturaleza puede empe- zar por un simple registro de cifras de población, nacimientos y defunciones. El paso siguiente ya no es tan sencillo ; consiste en analizar el alza y baja de las cifras y, especialmente, las condiciones relacionadas con dicho aumento y reducción. Un tercer paso puede ser el de considerar las cifras y edades más convenientes a un momento y lugar determinados. Pero este paso perte- nece todavía a un futuro lejano.
Debido a que las necesidades y condi- ciones de la salud difieren tan considerable- mente de un lugar a otro, convendría que hubiera más revistas dedicadas a cuestiones especfficas locales. Si bien una vacuna puede ser eficaz contra la viruela en cualquier parte del mundo, hay diferentes formas de empaquetarla, administrarla y aplicarla, y la necesidad de la misma varía de un punto a otro, así como los medios de utilizarla. Por consiguiente, la utilización de un inyector que sirve para proteger a varios miles de personas al día en Malaya, puede resultar de valor escaso o nulo en un lugar de población más reducida. Asimismo, un &udio epide- miológico de gran importancia para Hawaii puede tener poca o ninguna significación
*Presentado en el Congreso de Ciencias del Pacífico, Honolulu, Hawaii, el 23 de agosto de 19Gl.
para otras partes del mundo. Cada región necesita información especializada.
Naturalmente, muchos desearían tener sus propias revistas sanitarias, pero no saben con seguridad cómo se fundan y funcionan. Cuando SC piensa en fundar una revista, acuden a la mcnt,e dos clases de pensamien- tos: unos logicos y otros arbitrarios. Por ejemplo, es agradable pensar en que el nombre de uno aparezca impreso, quizás acompañado a la propia fotografía, o imagi- nar que uno es cl redactor jefe que ayuda a
los autores a presentar sus artículos para la publicación. Asimismo, tan pronto unas cuantas prrsonas han formado una sociedad, piensan en tener un registro impreso de SLIS
actividades, algo que les sirva de publicidad personal ante sus amigos y wrinos. La vanidad humana representa hoy uno de los factores más firmes de muchas clases de publicaciones.
Sin embargo, para proceder con toda lógica, el primer paso es averiguar qué clase de informarion hay que merezca la pena hacer llegar a las personas qrw puedan utilizarla. Aun cuando dicha información exista, no llega a la imprenta por sus propios
medios, sino que hay que reunirla y organi- zarla. CHay investigadores y escritores que puedan hacaer este trabajo? cHay alguien que pueda asumir la función de dirwtor, que se tome la molestia de aprender los métodos y normas de editar y documentar una revista, que aplique su buen juicio a la selección de información para ser publicada? ;Hay lec- tores bastantes para justificar que est,a información se imprima? No rs preciso que haya muchos: algunos de los trabajos cicn- tíficos más importantes escritos hasta la fecha, como los de Willard Gibbs, ~610
interesaban a la sazon a unos cuantos lec- tores. Pero una revista que ha de aparerer
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con regularidad, sea anual, trimestral o mensual, necesita tener lectores bastantes para alentarla a subsistir. Pero aun con todos estos problemas resueltos a satisfac- ción, queda aún el más importante, a saber,
<quién sufragará la publicación?
Si no se cuenta con un organismo guberna- mental, una sociedad profesional o un bene- factor que pague los gastos de editar la revista, sobran las demás preguntas. Pocas probabilidades hay de conseguir bastantes suscriptores para sostener una revista y la perspectiva de conseguir apoyo económico de los anunciantes no es mucho más hala- güeña. Al propio tiempo, el valor de una revista de salud pública está tan reconocido y su costo es tan relativamente modesto, que no será imposible conseguir ayuda de las fuentes anteriormente indicadas, o sea, organismos gubernamentales, sociedades profesionales o filántropos privados.
Como la labor de distribución y circula- ción de la revista diferirá de un punto a otro, no es preciso analizarla aquí, salvo para recomendar que no se hagan gestiones costosas para conseguir subscriptores : lo que cuesta lograr una subscripción suele exceder de la cantidad que se puede cobrar, en justicia, por el servicio. El método más corriente es el incluir una subscripción en la cuota regular de miembro de una sociedad profesional 0 enviar la revista sin más trámites a los que ocupan determinados puestos.
Suponiendo que una publicación de tal índole pueda fundarse, ha de cumplir ciertos deberes que, a primera vista, pueden pasar desapercibidos. En general, se entiende que una revista de salud pública cumple una serie de indudables servicios :
a) Pone a las autoridades sobre aviso con respecto a oportunidades y necesidades.
b) Constituye un repositorio y una fuente de datos.
c) Contribuye a definir objetivos y a en- sanchar las fronteras de los conocimientos.
A diferencia de las revistas dedicadas sobre todo a un campo especial de conoci- mientos, a publicar hallazgos científicos siste-
máticos por su valor int’rínseco, una revista de salud pública aspira a aplicar conocimien- tos en pro del bienestar humano.
Los servicios psicológicos que una revista presenta son menos conocidos en general. El establecimiento de un cuerpo de disciplina profesional no se consigue enteramente me- diante el adiestramiento o la asociación con los colegas. El término disciplina está bien elegido para indicar que el individuo que ejerce una profesión aprende a disciplinarse y a aceptar la disciplina de sus colegas. Esto se logra en gran parte informando o escri- biendo. La revista, al facilitar un registro profesional, estimula al escritor a preparar, mediante métodos normales, informaciones difíciles acerca de hechos concretos. Le obliga a estar dispuesto a sufrir inspección, no sólo por parte de sus colegas, sino de sí mismo. El hecho de elaborar un trabajo para su publicación obliga al escritor a evaluar rigurosamente sus ideas y métodos. Por tanto, la mera existencia de la revista, al animar a un escritor a publicar un informe de su trabajo o de sus hallazgos, constituye un acicate del mejoramiento de la disciplina científica. Vna revista bien organizada pro- porciona, asimismo, al autor novel experta orientación técnica emanada de autoridades que, probablemente, son a su vez colegas eminentes. Si una revista cuenta con perso- nal de redacción competente, puede prestar considerable ayuda al autor en la tarea de componer un trabajo, de forma que el texto, las ilustraciones, cuadros y gráficas capten la atención del lector y le ayuden así a proseguir debidamente la lectura.
No debe escatimarse la importancia de la labor del editor en cuanto a evitar ambigüe- dades e interpretaciones erróneas. Las pági- nas dedicadas a la correspondencia en las revistas científicas están llenas de cartas que atestiguan hasta qué punto la falta de claridad, por parte del autor o del lector, puede tergiversar lo que se pretende decir o se dice.
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dediquen cierta atención preliminar tanto a la mecánica, como al aspecto humano de las publicaciones.
Como las necesidades y medios difieren de un punto a otro, rada revista debe utilizar sus propios procedimientos editoriales. Pero unos cuantos han de ser universales:
1. Todos los trabajos deberán ser riguro- samente revisados por autoridades compe- tentes en la materia. Si bien estas observa- ciones suelen ser anónimas, hay que animar a dichas autoridades a que firmen sus respectivos trabajos.
2. Se ofrecerá a los autores ocasión de ver las observaciones hechas por sus revisores y de aprobar o corregir el trabajo revisado antes de su impresión.
3. Todos los trabajos deben ir acompaña- dos de un resumen, de fácil reproducción en otras pltblicaciones y que garantice la exacti- tud de la reproducción.
4. Se hará un esfuerzo concienzudo para emplear las formas de numeración, fechas, nomenclatura, documentación y títulos de las revistas más destacadas de la especiali- dad, para facilitar el trabajo de bibliote- carios, editores, autores e investigadores.
5. Se enviarán ejemplares de la revista a las debidas hemerotecas, así como a los editores de publicaciones donde se repro- ducen compendios o el resumen de los trabajos.
Nn el curso de esta labor, los editores de- ben recordar, romo SC ha observado ya, que la cuantía de lect,ores cs menos importante quuc la calidad de los trabajos. Las buenas VO- laboraciones, una vez publicadas, adquieren inmortalidad: sirven dr antorcha c ins- pirari6n a las generaciones futuras.
Al mismo tiempo, conviene recordar que hay un público lector, aparte del grupo a que principalmente se destina la revista, que merece también consideración.
De acuerdo con lo dicho al principio, de que cl cultivo de la ciencia da mejores frutos en una sociedad sana, puede definirse una sociedad saludahlr como aquella donde la educación popular crea un clima de compren-
si6n y apoyo de la ciencia bien entendida como empeño intelrctivo, 0 como principio rector de los destinos humanos. Una de las grandes tareas del mundo actual es dar a conocer el saber acumulado cn bihlioteras y laboratorios a fin dc que éste se disfrute y utilice cn la mayor medida posible. Incluso en países avanzados, como Estados Unidos de América, los médicos no pueden disponer de los frutos de la investigación, para su uso en clínicas u hospitales, sino dispués de una gran demora. En las reuniones de los con- gresos bullen los comentarios acerca de maravillas mecánicas y electrónicas desti- nadas a facilitar el intercambio de informa- ción científica. Y es rierto que la publicación de informes es indispensable, romo lo es también la labor de enumerar, clasificar, archivar y recopilar información. Pero, para las aplicaciones prácticas se depende funda- mentalmente del cerebro humano.
Uno de los métodos más satisfactorios de pasar información del laboratorio al servicio de la clínica ha sido en lo esencial humano, y no mecanizado. Gn distinguido médico ha logrado sucesivamente en dos ciudades, que expertos de las escuelas de medicina sclec- cionen lo esencial de las publicaciones sobre determinadas cierwias médicas y personal- mente lo pasen al personal de los grandes hospitales de cada ciudad. A su vez, misiones de estos hospitales, mediante demostraciones personales, transmiten la información a los hospitales menores dc las rcrranEas y a las clínicas y sociedades médkas. De este modo, cl mensaje no si>10 se envía sino que se entrega. So es qur la profesión médica rarczra dr revistas propias o que no se sienta inclinada a leerlas, sino que, simplemente, el selewinnar la informsrii,n importante se lleva a caaho mejor en las escuelas de medi- cina, y la entrega de la misma es más eficaz si va acwmpañada de lina demostraci6n personal.
de los más seguros.
Septiembre 196.%‘] REVISTA DE SALUD PUBLICA 223 Y si la tarea de transmitir información
científica es ta.n ardua incluso entre los refinados y bien entrenados profesionales de la medicina, cuánto más difícil no resultará transmitirla al público en general. &ómo ha de aprender el público bastante ciencia para que el mundo, unido ya por la electró- nica y los aviones cohetes, pueda estar unido también en abordar, según criterios científi- cos, los asuntos humanos? En este punto es donde la labor de una revista de salud pú- bLica se vincula con la marcha de la historia. Además de su responsabilidad para con un pequeño número de autores y lectores, la re- vista tiene la obligación más amplia de in- formar a profesores, autores de artículos cien- tíficos, directores de programas de radio y otros que hacen llegar la palabra a milloner de personas. A toda revista científica incumbe la responsabilidad de alentar a los autores a que informen los resultados de sus investi- gaciones y demostraciones que puedan for- talecer la capacidad del lector de ensanchar sus conocimientos. A veces, basta un simple
recorte de una revista científica, enviado por correo a un periodista, para que, en un periódico local, aparezca un art’ículo de divulgación científica que llegue a millones de personas.
La aceptación popular del espíritu científico es indispensable a los fines del bienestar humano. Si los conocimientos de genética, antropología, nutrición, geo- grafía, patología, radiaciones ionizantes, agricultura y otras disciplinas pesaran como merecen en el pensamiento popular, podrían mitigar la gran mayoría de las tensiones que hoy amenazan la continuidad de la vida en nuestro planeta. El efecto de la ciencia en el pensamiento popular puede ser tan impor- tante para la futura historia de la humani- dad, como el intercambio de información entre especialistas científicos.