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B IENES Y SERVICIOS DE LOS BOSQUES

No documento GEO ALC 3 (páginas 193-200)

M ENSAJES CLAVE

2.1 B IENES Y SERVICIOS DE LOS BOSQUES

La población de América Latina y el Caribe deriva una serie de bienes y servicios de los bosques, los cuales van desde bienes como madera, leña y/o plantas medicinales, hasta servicios (algunos de importancia internacional) como el control de la erosión, la regulación de las inundaciones y el clima, el reciclaje de nutrientes, o servicios de tipo cultural como la recreación, los sitios patrimoniales o aquellos con valores culturales especiales.

La madera, usada con propósitos comerciales y no comerciales, es uno de los principales bienes que se extraen de estos bosques. De acuerdo con FAO (2006), la extracción de productos forestales en América Latina y el Caribe para los años 2000 y 2005 alcanzó aproximadamente 450 millones de m3, por año (Gráfico 3.1). En 2005, la producción forestal de madera en rollo de uso industrial fue similar a la de leña, con una diferencia de tan sólo 20 millones de m3 (Gráfico 3.2).

Una subdivisión de la región de acuerdo con los ingresos derivados del bosque, para los datos disponibles para este mismo período, mostró que Sudamérica es hoy en día el principal proveedor de productos forestales de la región (FAO 2006, Gráfico 3.3). Además, FAO (2006) estima que las extracciones de madera en 2005 significaron más de 7 mil millones de dólares estadounidenses para la subregión de Sudamérica, de los cuales la mayor proporción (74%) correspondió a madera en rollo de uso industrial. Se resaltan también los productos forestales no maderables (PFNM), los cuales representan un 3,3% de la extracción total, con una ganancia estimada de 234 millones de dólares estadounidenses por año. En la región del Caribe, Haití

registró la mayor tasa de extracción de productos forestales en la subregión, unos 2,5 millones de m3, la gran mayoría (89,2%) para leña. En la región de Mesoamérica, Guatemala produjo cerca de 19 millones de m3, con una alta proporción (93%) destinada a leña.

En lo que respecta a extracción por país, Brasil se posiciona como el primer país, con una extracción de productos forestales que en 2005 alcanzó 290 millones de m3, de los cuales el 58% correspondió a madera en rollo de uso industrial, y con la cantidad restante destinada para leña. La alta tasa de extracción de

2000 2005 0 50 100 150 200 250 300 350 400 450 500

Mesoamérica Sudamérica Total

50,5 390,8 447

Caribe 5,7

5,5 53,3 398,2 457

GRÁFICO 3.1

América Latina y el Caribe: Extracción de productos forestales (En millones de metros cúbicos)

Fuente: Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO), 2006.

4,3 41,2

173,3 1,2

12,1

224,8

Caribe Mesoamérica Sudamérica Madera en rollo de uso industrial

(Total:238 millones de m3)

América Latina y el Caribe: Extracción de leña y madera en rollo de uso industrial en

para el año 2005

(En millones de metros cúbicos)

GRÁFICO 3.2

Leña 219 millones de m3) (Total:

Fuente: Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO), 2006.

productos forestales de Brasil se debe principalmente a la alta proporción de cobertura forestal de su territorio.

En general, aunque la madera es el producto forestal más importante en la región, como lo demuestran los datos, la leña y los PFNM son de la mayor importancia para el consumo local y el sustento económico.

En la región, la mayoría de los bienes derivados de los bosques han presentado un aumento en su producción desde los años 70s, con excepción de la leña y la producción de carbón vegetal, los cuales muestran una tendencia decreciente (Gráfico 3.3). A pesar de que Sudamérica tiene la mayor producción total forestal per cápita, en el caso de la producción de leña y carbón vegetal, Mesoamérica se presenta como la subregión con mayores niveles, con 551 m3, seguida de Sudamérica, con 521 m3 y el Caribe, con 145 m3. Dentro de las subregiones, el mayor productor anual promedio per cápita en Mesoamérica es Honduras (1.315m3), Guyana en Sudamérica (1.179 m3) y Jamaica en el Caribe (218 m3).

El mayor incremento en la producción de paneles de madera, papel y cartón para América Latina y el Caribe

en el período 2000-2005 se da en la subregión Caribe, con un promedio de 31m3 per cápita. En términos de producción a nivel país, Chile aporta 67 m3 per cápita en Sudamérica, seguido por México, con 42 m3 en Mesoamérica, y 14 m3 para República Dominicana en el Caribe. En promedio, la producción anual per cápita de paneles de madera para ALC es de 22 m3, y Chile produce casi cinco veces más que el promedio total (108 m3), seguido por Guyana (78 m3) y Brasil (41m3).

La producción más baja corresponde a Paraguay y Argentina, con promedios por país de 28 m3.

Por otra parte, los bosques son fundamentales para la vida de la población regional, especialmente las comunidades locales. En particular, el uso de PFNM tiene implicancias sociales, culturales, económicas y ambientales para numerosas comunidades rurales de la región (ver Delang, 2006; Ticktin y otros, 2007;

Recuadro 3.1). Estos bosques deberían considerarse como parte de una estrategia de conservación que vaya de la mano con el diseño y evaluación de prácticas de manejo, como de hecho se está implementando en algunas comunidades (Tickin, 2004, y sección de bosques del Capítulo II de este informe).

ALC El Caribe Mesoamérica Sudamérica 0

50 100 150 200 250 300 350 400 450

Producción total de madera en rollo de uso industrital

Metros cúbicos per cápita, promedio anual

1971-75 1976-80 1981-85 1986-90 1991-95 1996-00 2001-05

0 5 10 15 20 25 30 35

Producción total de tableros de madera Metros cúbicos per cápita, promedio anual

ALC El Caribe Mesoamérica Sudamérica 1971-75 1976-80 1981-85 1986-90 1991-95 1996-00 2001-05

0 5 10 15 20 25 30 35

Producción total de papel y cartón Toneladas métricas per cápita, promedio anual

ALC El Caribe Mesoamérica Sudamérica 1971-75 1976-80 1981-85 1986-90 1991-95 1996-00 2001-05 1971-75 1976-80 1981-85 1986-90 1991-95 1996-00 2001-05

ALC El Caribe Mesoamérica Sudamérica 0

100 200 300 400 500 600 700 800 900 1.000

Producción total de madera en rollo Metros cúbicos per cápita, promedio anual 0

100 200 300 400 500 600 700

1971-75 1976-80 1981-85 1986-90 1991-95 1996-00 2001-05

Producción total de leña y carbón vegetal Metros cúbicos per cápita, promedio anual

ALC El Caribe Mesoamérica Sudamérica 800

1971-75 1976-80 1981-85 1986-90 1991-95 1996-00 2001-05 ALC El Caribe Mesoamérica Sudamérica 0

20 40 60 80 100

Producción total de madera aserrada Metros cúbicos per cápita, promedio anual 120

GRÁFICO 3.3

América Latina y el Caribe: Bienes provistos por los bosques, total regional y por subregiones.

Fuente: Base de datos estadísticos (FAOSTAT), de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO), 2008.

Por siglos, la población local de la región ha utilizado los bienes derivados del bosque como parte de sus medicinas tradicionales, especialmente aquellas comunidades rurales e indígenas que viven cerca de los bosques. Aunque el uso de productos forestales para medicina tradicional es relativamente significativo, la información sobre utilización y niveles de dependencia para lucro económico no está disponible, como tampoco lo está la información regional sobre el uso farmacéutico del material genético proveniente de los

Fuente: Elaborado por R. López a partir de López, 2006; Mollinedo y otros, 2001.

El municipio de Ráquira, en Boyacá, es considerado la capital artesanal de Colombia y se caracteriza por sus trabajos desarrollados en arcilla, así como por los diversos tejidos de sacos, canastos, hamacas, y alfarería en general; cuenta con 13.300 habitantes de los cuales aproximadamente 1.250 son artesanos y el 75% de su economía se basa en este renglón.

Del total de especies registradas para el municipio de Ráquira (287), se encontró que el 46% presenta uso actual o potencial y la actividad de la alfarería emplea 42 especies utilizadas como leña y 19 especies en la categoría de artesanal, donde sobresalen los bejucos Smilax floribunda y Smilax aff. tomentosa, y otras especies como Indigofera suffruticosa (índigo), empleada como tinte y Juncus effusus (esparto) utilizada en cestería. Estas especies constituyen un insumo prioritario para realizar planes de manejo relacionados con los modelos de aprovechamiento y estudios de mercado que garanticen un beneficio económico a los campesinos y artesanos de la región (López 2006).

Casos igualmente exitosos de comunidades locales que se han visto altamente beneficiadas (tanto en lo social como en lo económico) por el uso de los bosques para la extracción de productos no maderables pueden encontrarse en otras áreas de América Latina y el Caribe (la Reserva Maya en Guatemala, como lo reportan Mollinedo y otros 2001).

Promoción del manejo forestal para los PFNM en América Latina y el Caribe:

Caso de estudio en Boyacá, Colombia

RECUADRO 3.1

bosques. Sin embargo, existen algunos ejemplos del uso de ingredientes provenientes de plantas del bosque, como la quinina, que se extrae de la corteza de algunas especies del género Cinchona (p. ej., C. officinalis) para sintetizar medicamentos para el control de la malaria (Chivian, 2003). Una preparación derivada de este mismo grupo de especies es utilizada desde hace tiempo por las comunidades indígenas de la región de la Amazonia para el tratamiento de fiebres.

Los bosques secos tropicales también proveen una importante serie de bienes y servicios (Recuadro 3.2) y constituyen una reserva de recursos genéticos. También son áreas importantes para el desarrollo de actividades productivas sostenibles. Por ejemplo, los bosques secos albergan recursos genéticos de parientes silvestres de especies de plantas domesticadas, tales como Cucurbita spp., Annona cherimolia, Carica microcarpa subsp.

baccata y Grias peruviana, entre otras. Algunas especies tienen un valor comercial potencial, como es el caso de Hylocereus polyrhizus, Bromelia pinguin, Malpighia punicifolia y Opuntia dillenii. Plantas ornamentales como Bougainvillea peruviana y algunas especies de orquídeas también poseen alto valor económico.

Además, en la región se registra la presencia de numerosas especies de madera dura tales como las de los géneros Tabebuia, Hura, Heliotropium, Capparis, Cordia, Phyllanthus o Prosopis, utilizadas en la industria maderera. Otras especies son usadas como alimento, como es el caso de Malpighia emarginata, Maclura tinctoria y Geoffroa spinosa (Aguirre y otros 2001; World Wildlife Fund, 2001a y 2001b; Neill, 2000; Proyecto Bosque Seco, 1999; INEFAN, 199; Josse, 1996). Estos ecosistemas boscosos también registran la presencia de especies con potencial en acuicultura, como es el caso de Dormitador latifrons y Macrobrachium spp. (Neill, 2000).

Bosques y ecosistemas secos de Colombia: Caribe y Andes

RECUADRO 3.2

Los bosques secos han experimentado históricamente altos niveles de conversión a tierras agrícolas y ganaderas, siendo considerados como uno de los ecosistemas más amenazados y menos conservados en el trópico (Grau y otros, 2008;

Sánchez-Azofeifa y otros 2005, Vieira y Scariot 2005). Colombia no es ajena a este proceso, pues se estima que originalmente existían cerca de 80 mil km2 con una disminución para la década de 1950 de más de la mitad (Díaz, 2006) y una superficie actual entre el 1,5 y 2% de su área original. Pese a que los ecosistemas secos poseen una diversidad de especies inferior a la encontrada en otros ecosistemas, son refugios secos del Pleistoceno y, por tanto, han jugado un papel importante en la evolución de la biota sudamericana (Ojeda y otros 1998).

Pennington y otros (2000), diferencian para Colombia dos regiones secas: la planicie del Caribe, que se comparte con Venezuela, y los valles interandinos que van desde Venezuela hasta Perú, siendo la primera de ellas la que tiene figuras de conservación de orden nacional. Adicionalmente, existen algunos enclaves azonales ubicados en la región andina en alturas superiores a los 1.000 m.s.n.m., cuya importancia radica en ser bancos genéticos in situ y fuente de leguminosas forrajeras (Rodríguez y otros 2006).

Bienes y servicios ecosistémicos

Los ecosistemas secos presentan un valor más allá de los bienes directos que se pueden obtener de éstos; la regulación climática, el control de inundaciones, el mantenimiento de la fertilidad del suelo, el control de polinización por parte de abejas nativas y la biorregulación son beneficios para los seres humanos que están siendo reconocidos en la actualidad (Maass y otros 2005). Se caracterizan por ser actuales centros de endemismo (Hernández y otros 1992), que en algunos grupos biológicos como plantas puede ser superior al 20% (Josse, 1996). Las bellezas escénicas que exhiben estos paisajes se han constituido en un recurso valioso para el desarrollo del turismo ecológico; adicionalmente, algunas áreas, entre ellas los parques nacionales presentes, son de importancia paleontológica, arqueológica y cultural.

Como proveedor de productos maderables y no maderables (leña, frutos, plantas medicinales y ornamentales, resinas, alcaloides, fibras), se encuentran especies con potencial forestal tales como Pachira quinata, Jacaranda copaia, Maclura tinctoria, Anacardium excelsum, Ceiba pentandra, Bursera simarouba, y varias especies de los géneros Acacia y Tabebuia que han sido usadas en procesos de forestación y con alto potencial de ser implementadas en restauración y secuestro de

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Fuente: Elaborado por N. Rodríguez Eraso a partir de Grau y otros, 2008; Sánchez-Azofeifa y otros, 2005; Vieira y Scarios, 2005; Ojeda y otros, 1998;

Rodríguez y otros, 2006; Vitoria de la Hoz, 1998; Gamarra, 2007; Maass, y otros, 2005; Hernández y otros, 1992; Josse, 1996; López y Cavelier, 1997; MADVT, 2004; Bisigato y otros, 2005; Gamarra, 2007; UPME, 2005; Ulloa, 2007; Diaz, 2007; Quesada y otros, 2001; IAvH, 1997; IDEAM, 2004; Restrepo y otros, 2005.

RECUADRO 3.2

Viene de la página anterior...

carbono. A nivel de productos no maderables, se han identificado 98 especies de origen nativo en los remanentes de los valles secos interandinos y 76 especies para los ecosistemas secos azonales (López y Cavelier, 2007) muchas de las cuales están relacionadas con aspectos culturales y tradiciones ancestrales.

Muchos cultivos básicos para la seguridad alimentaria –trigo, cebada, algodón, tabaco, tomate, fríjol, calabaza- se originaron en zonas secas, constituyéndose una fuente para mejoramiento genético y resistencia a plagas y enfermedades (MADVT, 2004).

Presiones

La ganadería extensiva ha sido identificada como uno de los principales factores que conducen a la desertificación a nivel mundial (Bisigato y otros 2005) y la mayor parte de los suelos de estos ecosistemas en Colombia se encuentran sobreutilizados para tal fin, porque si bien 2,3 millones de hectáreas son adecuadas para ganadería, un total de 5,9 millones son dedicadas a esta actividad, albergando un total de 7.750.339 cabezas de ganado, que representa el 30% del hato ganadero del país (Gamarra 2007).

Las zonas secas en Colombia han sido subutilizadas para agricultura a excepción del valle del río Cauca donde se desarrollan grandes ingenios azucareros y esto se relaciona con las limitaciones climáticas. Sólo la palma de aceite y el maíz tradicional tienen rendimientos superiores en estos ecosistemas. Localmente, las comunidades indígenas que habitan estos ecosistemas (wayúu), tienen sistemas precolombinos de agricultura de subsistencia y pastoreo de cabras y en las zonas andinas la ocurrencia de fuegos inducidos causa degradación de tierras.

Las presiones económicas y sociales generan fuertes impactos sobre el ecosistema. Pese a la tecnología aplicada, el impacto de las actividades mineras sobre el ambiente y las poblaciones aledañas es significativo por la contaminación del recurso hídrico y la contaminación atmosférica, con consecuencias para la salud humana. El uso y la tenencia actual de la tierra (latifundista), la escasez de agua y la degradación del suelo, el aumento de fuertes procesos erosivos traen consecuencias sobre el calentamiento global, la desertificación y la pérdida de los servicios ambientales. Desde la perspectiva ambiental, el uso de flora y fauna, que hacen las comunidades locales desde tiempos prehispánicos, ha causando deterioro de las poblaciones naturales, conllevando a una disminución selectiva de las poblaciones y desapariciones locales (Ulloa, 2007).

Impactos y su incidencia en la provisión de bienes y servicios ambientales

La pérdida de biodiversidad, debida, entre otros, a procesos de fragmentación que, junto con los tamaños reducidos de remanentes, alteran las interacciones entre la flora y la fauna, ocasionan la extinción biológica por efecto de cascada, con un impacto negativo en la actividad de los polinizadores, el éxito reproductivo de algunas especies y el mantenimiento de poblaciones que requieren de areales de distribuciones más amplios (Díaz, 2007, Quesada y otros 2001, IAvH, 1997).

Asociado a la destrucción de los hábitats se encuentran los procesos de sabanización con gramíneas antropozoogenas para la cría de ganado vacuno y caprino, con implicaciones fuertes para la conservación de la biodiversidad regional y aceleración de la aridización (Ulloa, 2007). Finalmente, las actividades de cacería y extracción ilegal de especies maderables y no maderables han ocasionado reducción de poblaciones, llevándolas a diferentes categorías de amenazas.

El proceso de desertificación causa pérdida de biodiversidad, y tiene repercusión negativa en la calidad de vida (epidemias) y el desarrollo económico de las comunidades locales, aumentando sus niveles de pobreza y la escasez de agua y causando pérdidas de productividad por degradación del suelo. Asociado al fenómeno de desertificación, se ha detectado que históricamente las sequías en las zonas secas pueden relacionarse con el fenómeno cálido del pacífico (El Niño), impactando la producción agrícola (seguridad alimentaria) y ganadera y el abastecimiento de agua a ciudades y comunidades rurales, donde “los índices de escasez y vulnerabilidad del recursos hídrico muestran tendencias preocupantes actualmente, y no sostenibles en el abastecimiento de agua para los municipios” (IDEAM, 2004). Varias actividades humanas que generan deforestación, conversión de suelos, minería, entre otras, causan aumento de flujo de sedimentos y tasas de erosión en las cuencas hidrográficas ocasionando anomalías hidrológicas en la región con sus consecuencias para la población (Restrepo y otros 2005).

Los bosques proveen servicios de regulación que son vitales para el bienestar humano, en aspectos tales como la regulación de la temperatura, el establecimiento de refugio y hábitat para muchas especies, a la vez que juegan un papel en la reflexión de la radiación solar, la regulación del aire y el agua, el control de la erosión, las enfermedades, plagas y amenazas naturales. Además, el bosque juega un papel en la regulación climática global y regional mediante la captura y el almacenamiento de carbono.

El secuestro de carbono a través de sumideros como la biomasa, la hojarasca, las raíces e incluso la materia orgánica de los suelos de los bosques, alcanza una importancia particular, especialmente si se lo ve como una de las respuestas ante los efectos del cambio climático, y como tal ha sido incluido en la modelación de escenarios que lleva a cabo el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) (IPCC, 2007).

La mayoría de las funciones de regulación derivadas de los bosques dependen en gran medida de la biomasa.

En 2006, FAO (2006) reportó que el stock de biomasa del planeta en bosques correspondía a 529,5 gigatoneladas de carbono. De este total, los bosques de América Latina y el Caribe albergan 170 gigatoneladas.

Cuando esta cifra se pondera por la superficie, se deduce que América Latina y el Caribe almacena el 32% de las existencias de carbono en bosque del planeta, en un área que sólo alcanza el 15% de la extensión terrestre del planeta. Realidades como esta demuestran la importancia del recurso natural boscoso desde el punto de vista de las fuentes globales de carbono, no sólo para los habitantes de la región, sino también para el planeta en general.

Los servicios ecosistémicos que proveen los bosques de la región no pueden subestimarse. En 2006, se llevó a cabo en la ciudad de Valdivia, Chile, un Congreso Internacional sobre Servicios Ecosistémicos en el Neotrópico, el cual reunió a científicos de la región que trabajan en esta materia. El principal servicio identificado por los participantes fue la regulación del recurso hídrico, específicamente las fuentes de agua de los bosques naturales. Por ejemplo, en Valdivia, se encontró que las cuencas con cobertura de especies nativas tenían en el verano un índice de flujo de corriente (flujo rápido/precipitación) de entre 0,65 y 0,80; en contraste, el bosque dominado por plantaciones tenía un flujo de corriente de verano de 0,05-0,34 (Lara y otros, 2006), es decir, el bosque ayuda a retener el agua en los suelos. En Chile existen evidencias de otros servicios de regulación de importancia, tales como la dispersión de semillas que llevan a cabo las aves. Es

por ello que una reducción de la cobertura boscosa, la riqueza o la diversidad podría afectar negativamente la dispersión de semillas y la regeneración natural de los ecosistemas (Reid y otros, 2006).

Un caso que aún causa controversias es el de las plantaciones forestales y los servicios de regulación, específicamente como sumideros de carbono (Recuadro 3.3). Árboles jóvenes de crecimiento rápido extraen carbono de la atmósfera a un ritmo mucho mayor (Birdsey, 1992). En consecuencia, cabría esperar que

No documento GEO ALC 3 (páginas 193-200)