En tre el ‘san o tem or’
y el ‘m iedo irrazon able’:
la Cam pañ a Nacion al
Con tra el Cán cer en
Méx ico
Bet w een hea lt hy fea r
a nd unrea sona ble
fea r: Mexico’s Na t iona l
Ca m pa ign a ga inst Ca ncer
Ana María Carrillo
Professora do Departamento de Salud Pública/Facultad de Medicina/Universidad Nacional Autónoma de México
Ciudad Universitaria. Facultad de Medicina Edificio B, 6o piso
04510 – México D.F. - México [email protected]
Recebido para publicação em setembro de 2009. Aprovado para publicação em abril de 2010.
CARRILLO, An a María. En tre el ‘san o tem or’ y el ‘m iedo irrazon able’: la Cam pañ a Nacion al Con tra el Cán cer en México. História, Ciências, Saúde – Manguinhos, Rio de Jan eiro, v.17, supl.1, jul. 2010, p.89-107.
Re su m e n
Este trabajo estudia los prim eros esfuerzos socialm en te organ izados en México para com batir al cán cer. An aliza el papel que desem peñ ó la Cam pañ a Nacion al Con tra el Cán cer, que se aplicó en tre 1941 y los tem pran os 1990, en la utilización de los servicios de tratam ien to y detección de cán cer, el tem or irracion al a la en ferm edad desarrollado por algun as person as san as y, en el extrem o opuesto, las falsas esperan zas que la propagan da san itaria despertó en m uch os en ferm os, la discrim in ación de éstos y la creen cia popular de que el cán cer era un a en ferm edad con tagiosa, en tre otros aspectos. Se ocupa, tam bién , de los in ten tos de recopilar in form ación epidem iológica por parte de las autoridades san itarias y de las dificultades para obten erla. Fin alm en te, an aliza los alcan ces y lím ites de la luch a con tra el padecim ien to.
Palabras clave: cán cer, cam pañ a, tem or, esperan za, discrim in ación , México.
A bst ract
The article exam ines the first socially organized efforts to fight cancer in Mexico. It analyzes how the National Cam paign Against Cancer (Cam paña Nacional Contra el Cáncer), which ran from 1941 to the early 1990s, played a role in the use of cancer treatm ent and detection services. It also explores the irrational fear of cancer that som e healthy people developed and, at the other extrem e, the false hopes the sanitary cam paign raised am ong m any of the ill, while looking as well at
discrim ination of these ill and the popular belief that cancer was contagious. Another focus is on efforts by sanitary authorities to collect epidem iological inform ation and the challenges they ran into. Lastly, it analyzes the scope and lim itations of the fight against this disease.
Los orígenes de la lucha contra el cáncer en México
H
asta fin ales del siglo XIX, el cán cer fue visto com o un a en ferm edad in dividual que se resolvía en la relación de los pacien tes con sus m édicos; pero en el cam bio del siglo varios facultativos com en zaron a percibirlo com o un a am en aza para la sociedad y com o un problem a de salud pública que reclam aba un ataque coordin ado.1 En esa época, las in vestigacion es sobre cán cer recibían un n uevo ím petu gracias a las disciplin as de laboratorio. “Se vio a la biología experim en tal, en ton ces em ergen te, con sus n um erosas subdivision es – la ‘cien cia de la célula’ (citología), la ‘cien cia del tejido’ (h istología), la ‘cien cia del creci-m ien to’ (ecreci-m briología), y la ‘cien cia de la h eren cia’ (gen ética) –, cocreci-m o la clave para en ten der los m isterios de la vida y de la m uerte” (Krem en tsov, 2002, p.8).Duran te el régim en de Porfirio Díaz (1876-1910), los m édicos m exican os h abían parti-cipado en con gresos in tern acion ales – in cluyen do varios sobre padecim ien tos específicos, com o tuberculosis y lepra – y h abían organ izado cam pañ as san itarias, algun as de ellas de carácter n acion al, con tra en ferm ed ad es in fecciosas (p este, fiebre am arilla, p alu d ism o, tuberculosis y sífilis) (Carrillo, 2002a). Luego, m ostraron preocupación por las en ferm edades n o tran sm isibles; el In stituto Patológico Nacion al estudió al cán cer desde fin ales del siglo XIX (Boletín ..., 1895-1896) y los m iem bros de la Academ ia Nacion al de Medicin a discutieron con frecuen cia sobre el diagn óstico, el tratam ien to y el pron óstico de la en ferm edad.2
Este trabajo estudia los prim eros esfuerzos socialm en te organ izados en México para com batir al padecim ien to.3 An aliza el papel que desem peñ ó la Cam pañ a Nacion al Con tra el Cán cer (en adelan te tam bién Cam pañ a Nacion al o Cam pañ a), establecida en 1941, en la utilización de los servicios de tratam ien to y detección de cán cer por parte de la población ; el tem or irracion al a la en ferm edad desarrollado p or algu n as p erson as san as, y, en el extrem o opuesto, las falsas esperan zas que la propagan da san itaria despertó en m uch os en ferm os, la discrim in ación de éstos y la creen cia popular de que el cán cer era un a en fer-m edad con tagiosa, en tre otros aspectos. Se ocupa, tafer-m bién , de los in ten tos de recopilar in form ación epidem iológica por parte de las autoridades san itarias y de las dificultades para obten erla; y an aliza los alcan ces y lím ites de la luch a con tra el padecim ien to. Las fuen tes em pleadas in cluyen en trevistas a m édicos, pren sa m édica y política y docum en tos de arch ivo h asta h oy n o estudiados.4
El Tercer Con greso Médico Latin oam erican o, realizado en Mon tevideo en 1907 y en el que México estuvo represen tado, estableció en tre sus con clusion es la n ecesidad de prom over cam pañ as con tra el cán cer uterin o (In strucción Pública..., s.d.). Las prim eras cam pañ as con sistían básicam en te en educar al público – por m edio de con feren cias, folletos o artículos periodísticos – sobre los sign os tem pran os de la en ferm edad y la n ecesidad de con sultar de m an era regular al m édico; tam bién en h acer llam ados a los m édicos m ism os para que extirparan el m al por m edio de cirugía, cuan do esto aún era posible (Patterson , 1987).
Un a excepción fue el Hospital Morelos para en ferm as con sífilis, dirigido por el doctor Man uel Macías, en el que tam bién ten ían cabida todas las en ferm as con cán cer en cualquier periodo de la en ferm edad (Quiroz Rodiles, 1933); por ello, para algun os, ah í existió “en em brión el prim er cen tro an tican ceroso de México, por el añ o 1900” (Villela, 1939, p.428). Den tro d e lo q u e algu n os au tores califican com o la era m od ern a d el com bate al p ad ecim ien t o (Hyt er, 2003), en 1910 se realizó en Berlín la Segu n d a Co n feren cia In tern acion al sobre In vestigación del Cán cer.5 Man uel Barreiro – quien tuvo un a larga estan cia en Fran cia y Alem an ia, duran te la cual estudió radiología y asistió a varios con gresos in tern acion ales en represen tación de México – m an dó al país un as in struccion es sobre la curabilidad del cán cer que con ten ían doce pun tos; los prim eros eran precision es sobre la en ferm edad y los restan tes se referían a los m edios para com batirla: extirpación quirúrgica, calor, cáusticos-quím icos, rayos X, radio y electricidad.6 La Con feren cia de Berlín h abía con cluido que el cán cer era prim itivam en te un a en ferm edad local, que com en zaba por un tum or m in úsculo en algun a parte del organ ism o, el cual posteriorm en te se exten día a otras don de form aba n uevos tum ores.7
Un o s añ o s d esp u és, algu n o s facu lt at ivo s m exican o s h iciero n llam ad o s p ara q u e gobiern os, p rofesion istas y p articu lares p restaran aten ción a la en ferm edad. El p rim er proyecto form al de luch a con tra el cán cer en México fue elaborado por Gon zalo Castañ eda – quien acababa de regresar al país después de tom ar cursos de clín ica quirúrgica, gin ecología y cirugía de vien tre en las facultades de París, Lon dres, Berlín y Vien a – (Prun eda, 1947). Este m édico expuso en el Cuarto Con greso Médico Mexican o (ciudad de México, 1910) un a elaborada propuesta sobre la n ecesidad de que el Estado auspiciara y organ izara un a luch a sistem ática con tra el cán cer. En su trabajo com batió, en prim er lugar, la idea, n o sólo popular sin o tam bién de la profesión m édica, de que el cán cer era n ecesariam en te m ortal; propuso con stituir un a Jun ta Cen tral de Luch a Con tra el Cán cer que se ocuparía de la con den sación estadística, así com o de h acer in vitacion es a m édicos, parteras tituladas y en ferm eras para que participaran en el com bate a la en ferm edad. La pren sa m édica y la pren sa política prestarían gran des servicios al objeto de la cam pañ a publican do avisos, artículos, recom en dacion es e in struccion es; con feren cias con tra el cán cer serían in corporadas a la en señ an za popular de la h igien e pública; cartillas elem en tales sobre el padecim ien to, red actad as en térm in os sen cillos y p rácticos, serían rep artid as p rofu sam en te en tre las fam ilias; tam bién desem peñ arían su papel la cátedra, la escuela y el libro. La cam pañ a ten dría que con tar con un gabin ete de an atom ía patológica y otro de in vestigación y con un pabellón quirúrgico. El propósito de Castañ eda era fijar el in terés en un problem a cuya solución técn ica y práctica – en su opin ión – com petía al Estado, a la cien cia y a la sociedad (Castañ eda, 1911).
m ortalidad por cán cer n o era despreciable, por lo que la luch a con tra este padecim ien to ten ía q u e ocu p ar el lu gar q u e le p erten ecía en tre las q u e se realizaban con tra otras en ferm edades.
Sin em bargo, a escaso m es y m edio de la realización del Cu arto Con greso Médico Mexican o, com en zó la revolución . El régim en porfirista h abía prom ovido la m odern ización del país y el desarrollo de la cien cia y la salud pública, pero se h abía caracterizado tam bién por la explotación de los trabajadores, falta de dem ocracia y represión . Por eso, m ien tras se celebraban los adelan tos que el país h abía ten ido de 1810 (añ o del in icio de la Guerra de In depen den cia) a 1910, el descon ten to popular tom aba form a y la revolución se pon ía en m arch a.
En 1914, Ven ustian o Carran za – prim er jefe del Ejército Con stitucion alista – decidió de m an era arbitraria la desaparición del In stituto Patológico Nacion al (Costero, 1964) y diez añ os de gu erra civil n o sólo im pidieron em pren der n u evas accion es de salu d pú blica, com o la cam pañ a con tra el cán cer, sin o que lim itaron en gran m edida las realizadas h asta en ton ces, las cuales n o serían reorgan izadas h asta el térm in o de la luch a arm ada, duran te el gobiern o del gen eral Álvaro Obregón (1920-1924) (Carrillo, 2002b).
Un a de las recom en dacion es del Sexto Con greso Médico Latin oam erican o fue que los delegados de las repúblicas de Am érica en las que n o existiesen in stitucion es especialm en te dedicadas al estudio del cán cer tratasen de obten er de sus respectivos gobiern os la creación de tales establecim ien tos, con el com prom iso de com un icarse un os a otros, en periodos pruden ciales de tiem po, el resultado de las in vestigacion es que realizaran . Algun os m iem bros del Departam en to de Salubridad Pública (en adelan te, tam bién Departam en to de Salubridad o Departam en to) – en esa época (1922) m áxim a autoridad san itaria del país –opin aron que h abía asun tos m ás urgen tes, prácticos o n ecesarios de los que las autoridades san itarias debían ocuparse, m ien tras que fracasarían con el problem a del cán cer, en ferm edad in curable. Otros, en cam bio, con sideraron que las autoridades san itarias debían decidirse a em pren der, aun que fuera m odestam en te, la cam pañ a con tra el cán cer: “Saldrem os n osotros con la satisfacción de h aber dejado siquiera los cim ien tos” (Dictam en ..., 3 jul. 1923).
El Departam en to de Salubridad Pública en com en dó la in vestigación sobre la en ferm edad al In stituto de Higien e. Las autoridades de dich o in stituto decidieron aceptar el en cargo y propusieron al Departam en to que el cán cer fuera declarado en ferm edad de aviso obligatorio (Ocaran za, 26 m ar. 1923). Casi al m ism o tiem po, el gobiern o m exican o en vió a Europa al doctor Fran cisco Reyes para que visitara cen tros cien tíficos dedicados a com batir el cán cer y escribió a sus cón sules en ese con tin en te para que se aseguraran de que fuera debidam en te aten dido. A su llegada a México, Reyes dio a con ocer que en Europa, de acuerdo con todas las estadísticas, el n úm ero de en ferm os de cán cer iba en aum en to con stan te; la en ferm edad atacaba in distin tam en te a todas las clases sociales, a la m ujer un poco m ás que al h om bre, y era un a de las causas m ás frecuen tes de m uerte después de los 40 añ os (Reyes, 1923).
trataba de las form as gen itales del cán cer; así com o al h ech o de que la profesión m édica estuviese “regen teada por m uch os in dividuos caren tes de la capacidad y la cultura un i-versitaria in dispen sable para saber diagn osticar el cán cer en un a tum efacción m uy pequeñ a y aparen tem en te in ofen siva y poder diferen ciar cuáles [eran ] las n eoplasias m ás accesibles a los rayos curativos, de las que, por el con trario, debían ser reservadas al bisturí”. Hizo un llam ado a apren der el ABC de la luch a an tican cerosa y “practicarla con fe religiosa”. Sugi-rió que todos los m édicos, parteras y particulares dieran parte de la existen cia de en ferm os atacados de cán cer o sospech osos de estarlo, y que, en caso n ecesario, se obligara a éstos a recibir tratam ien to (Reyes, 1923).
Aun que el Departam en to de Salubridad Pública solicitó in form es sobre defun cion es por cán cer a todas las en tidades del país, n o aceptó que se con siderara a la en ferm edad de declaración obligatoria, com o propon ían Reyes y el In stituto de Higien e, argum en tan do razon es de orden legal y “las m olestias y boch orn os que el exam en del m édico in spector ten dría forzosam en te que origin arles a las m ujeres can cerosas” (Ditam en ..., 3 jul. 1923).8 Ten drían que tran scurrir dos décadas an tes de que fuese em pren dida un a cam pañ a form al con tra la en ferm edad y se creara un in stituto dedicado de m an era exclusiva a la in vestigación y tratam ien to de los cán ceres, y casi seis décadas an tes de que se estableciera un sistem a de registro de padecim ien tos on cológicos. Sin em bargo, h ay in form es de que desde esa época el Departam en to de Salubridad in ten sificó la propagan da sobre h igien e e in cluyó el tem a del cán cer en tre los grupos obreros (Salubridad Pública..., 1923).
En 1925, ya den tro del periodo presiden cial del tam bién gen eral Plutarco Elías Calles (1924-1928), que fue m uy activo en salud, n ació la Liga Mexican a Con tra el Cán cer, im pulsada por Julián Villarreal, quien estim uló a otros m édicos en pos de esta cruzada (Villela, 1939). Ese m ism o añ o, fue establecida un a sección de cán cer en el In stituto Nacion al de Higien e, com o se h abía propuesto un os añ os an tes; com o resultado de los estudios bibliográficos y clín icos efectuados por dich a sección , en 1928, se publicó el libro Los cánceres.
En el segun do sem estre de 1928 y el prim ero de 1929, el Departam en to de Salubridad Pública – al fren te del cual estaba en ton ces el m édico Bern ardo Gastélum – en cargó a los derm atólogos Jesús Gon zález Urueñ a e Ign acio Morán que coordin aran el Prim er Cen so d e Can cero so s en México . Dich o cen so fu e p resen t ad o y co m en t ad o p o r Co n rad o Zuckerm an n – cirujan o y gin ecólogo obstetra, especializado en tum ores m align os – en el folleto den om in ado El cáncer en México, en el que propon ía in iciar un a cam pañ a n acion al con tra la en ferm edad (Subsecretaría de Asisten cia, 1965-1975).9
Las autoridades san itarias m exican as establecieron relacion es tem pran as con la Un ión In tern acion al Con tra el Cán cer – asociación in depen dien te localizada en París y fun dada en 1933 para luch ar con tra este padecim ien to en todo el m un do –, la cual desde su origen puso én fasis en la educación , tan to profesion al com o del público, acerca de la preven ción , la detección tem pran a, el tratam ien to y la cura de la en ferm edad. En 1938, ya den tro del sexen io del gen eral Lázaro Cárden as (1934-1940) – probablem en te la época de m ayor im pulso a la salud pública en la h istoria de México –, a in vitación de la Un ión In tern acion al, se realizó en México la Prim era Sem an a del Cán cer y se rep artió am p liam en te el folleto
La Campaña Nacional Contra el Cáncer y la institucionalización de la oncología
En el con texto de un a preocupación m un dial por lo que se con sideraba el problem a crecien te del cán cer, en jun io de 1941, el Departam en to de Salubridad Pública fun dó la Cam pañ a Nacion al Con tra el Cán cer y puso a cargo de la m ism a a un a oficin a especial, la cual trabajó duran te cerca decin co décadas. Su in ten ción era reun ir a todas las fuerzas cien tíficas, sociales y econ óm icas, con el objeto de desarrollar la luch a con tra el cán cer (Zuckerm an n , 1968).
Los trabajos se in iciaron tom an do com o base los siguien tes presupuestos: se con ocían ya algun os m edios que eran capaces de evitar, h asta cierto lím ite, la aparición de los cán ceres; el exam en h istopatológico de las n eoplasias era el m edio de h acer un diagn óstico exacto; en m uy alto porcen taje, el cán cer en período in icial y aun en estado avan zado era curable por m edio de la cirugía extirpadora y las radiacion es: rayos X y radium (Subsecretaría de Asisten cia, 1965-1975).
En ese m om en to el presiden te de México era el gen eral Man uel Ávila Cam ach o (1940-1946) y el jefe del Departam en to de Salubridad Pública, el m édico Fern án dez Man ero, el cual en cargó la dirección de la Cam pañ a a Guillerm o Mon tañ o, quien acababa de regresar al país después de especializarse en gastroen terología en Alem an ia, In glaterra y Estados Un idos (López Rodríguez, 1992; Historia de la Sociedad..., 2004). Poco después, en 1943, el Departam en to de Salubridad Pública y la Secretaría de Asisten cia (fun dada en 1938) fueron fusion ados para crear la Secretaría de Salubridad y Asisten cia, a cargo de la cual quedó la dirección la Cam pañ a Con tra el Cán cer.
Las m etas fun dam en tales de la Cam pañ a eran la in form ación en asun tos de cán cer a los m édicos gen erales y los profesion istas con exos y la form ación de person al especializado; la organ ización de cen tros can cerológicos, con m iras al establecim ien to de un In stituto Nacion al An tican ceroso q u e se en cargara tan to de realizar in vestigación com o de dar aten ción a los pacien tes con cán cer, in depen dien tem en te de su situación social o econ óm ica; y, fin alm en te, la educación de la población (Notícias diversas, 1941). Con respecto a la prim era de ellas, los directivos de la Cam pañ a con sideraban a la profesión m édica com o el elem en to básico en la luch a con tra el cán cer; por ello, propon ían ten erla bien in form ada desde el pregrado. Había cursos específicos para los pasan tes de m edicin a que salían en servicio social11, a los que se proveía del Manual de cancerología básica, y otros para los m édicos gen erales de los estados. En opin ión de Horacio Zalce (1962) – especializado en cirugía on cológica y que en un periodo dirigiría la Cam pañ a Nacion al Con tra el Cán cer – para que ésta triun fara era n ecesario crear en la clase m édica un a con cien cia an tican cerosa, com parable a la an titu bercu losa, fom en tada por el organ ism o respectivo. La Cam pañ a buscaba, asim ism o, despertar el in terés por la en ferm edad en tre los estudian tes de posgrado, m edian te libros, artículos, con feren cias, dem ostracion es clín icas, jorn adas can cerológicas y, sobre todo, cursos de especialización . Algun os de éstos eran dictados por los m ás destacados on cólogos de México (Subsecretaría de Asisten cia, 1947-1968).
Middlessex de Lon dres (Zuckerm an n , 7 jul. 1958), y al regresar a México fun daron cátedras, form aron sociedades, com o la Sociedad Mexican a de Radiología y la Sociedad Mexican a de Can cerología, editaron La Revista Mexicana de Oncología y, en 1943, organ izaron el Prim er Con greso Mexican o de Cán cer. La Cam pañ a Con tra el Cán cer colaboró con el grem io m édico y con las sociedades m édico-cien tíficas en esas tareas (Zuckerm an n , 1963). En octubre de 1948, tuvo lugar en la ciudad de México el Con greso In teram erican o de Can cero lo gía y t o d o s lo s gast o s q u e ést e o casio n ó fu ero n p agad o s p o r la Cam p añ a (Subsecretaría de Asisten cia, 1947-1968).
Por lo que toca a la aten ción m édica, en 1922, se h abía fun dado en el Hospital Gen eral de la ciudad de México el Servicio de Can cerología, den om in ado en ton ces Pabellón de Radium , el cual se tran sform ó en 1938 en la Un idad de Can cerología de dich o h ospital. A in icios de los añ os 1940, en la capital del país, h abía servicios especializados en el Cen tro Médico Nacion al del In stitu to Mexican o del Segu ro Social13 y en los h osp itales Ulises Valdés, de la Mujer y Juárez, así com o en algun os h ospitales de los estados. De diversas m a n era s, la C a m p a ñ a p a rt icip ó en la crea ció n y m a n t en im ien t o d e lo s cen t ro s an tican cerosos estatales en Guadalajara, Mon terrey, San Luis Potosí y Mérida, por ejem plo, en vián doles ciertas can tidades de radium (Subsecretaría de Asisten cia, 1947-1968).
Com o en otros lugares, h abía la percepción de que el cán cer era sobre todo un asun to de m ujeres.14 El diagn óstico precoz del cán cer cérvicouterin o com en zó a fin ales de los añ os 1940, cuan do la Cam pañ a Nacion al Con tra el Cán cer estableció en el Hospital Jesús Alem án Pérez (h oy de la Mujer) clín icas de detección para todas las pacien tes que acudían a con sulta extern a o in tern a (Subsecretaría de Asisten cia, 1947-1968).15 En 1979, el m édico Germ án García – quien laboraba tan to en el Departam en to de On cología del Hospital de la Mujer com o en el Departam en to de En ferm edades Neoplásicas del Hospital Españ ol de México – p resen tó en la Academ ia Nacion al de Medicin a u n trabajo sobre los 75. 855 casos de detección de cán cer del cuello uterin o realizados en el Hospital de la Mujer desde 1949 h asta ese añ o (García, 1970). Él y Julieta Calderón – ún ica m ujer que dirigió la Cam pañ a Con tra el Cán cer – son con siderados los fun dadores de la citología vagin al en México.
Pero, sin duda, el h ech o m ás sign ificativo para la aten ción de pacien tes on cológicos y para la en señ an za e in vestigación en cán cer fue la creación , en 1946, del In stituto Nacion al de Can cerología (México, 18 dic. 1946), el cual realizó actividades con jun tas con la Cam pañ a desde su n acim ien to (Zuckerm an n , 1951). Para la erección del que se con sideraba un gran in stitu to an tican ceroso, se con tó desde lu ego con ap oyo estatal, p ero tam bién con la colecta en tre el público; adem ás de su objeto econ óm ico, la colecta m ism a fue con siderada u n a cam p añ a d e p ro p agan d a cu lt u ral a favo r d e la m ed icin a p reven t iva y cu rat iva (Zuckerm an n , 20 m ayo 1947).
La educación del público
Realidad y esperanza en el cáncer y El cáncer y usted). Se in virtió tam bién en la realización de pláticas en cen tros obreros, cooperativas, asociacion es y escuelas; con feren cias y m esas redon das; actos culturales y películas didácticas o recreativas; organ ización de días y sem an as an tican cerosos16 y exh ibición de películas cin em atográficas (educativas o com erciales).17 La fin alidad era desarrollar en el público un a ‘con cien cia del cán cer’, en ten dida com o form a de educar a las person as para que acudieran al m édico particular o in stitucion al, “an te el m en or sín tom a, la m ás leve sospech a o aún en estado de salud aparen te”, para exám en es periódicos (Com ité Técn ico de la Cam pañ a Nacion al Con tra el Cán cer, 1963, p.436) y en alertarlas para tem er todas las in duracion es dolorosas del sen o, todo escurri-m ien to an orescurri-m al, las ulceracion es de la len gua o de los labios, los tuescurri-m ores de la piel que crecían o las perturbacion es digestivas persisten tes que se acom pañ aban de en flaquecim ien to (Subsecretaría de Asisten cia, 1947-1968).
Esto se logró. A fin ales de la década de los 1960, decía Zuckerm an n (1968) que a in icios de la cam pañ a, el 75% de los cán ceres eran vistos en etapa avan zada; m ien tras que cuan do él escribía, sólo en tre el 45 y 50% era visto en esa etapa. Pero luego los m édicos se dieron cuen ta de que parte del público h abía desarrollado un a “n eurosis fóbica” debido a la cual se presen taban a con sulta “en ferm os im agin arios, torturados por el espectro del cán cer”; sugirieron , por ello, que la cam pañ a de educación dirigida al público fuera in ten sa, pero pon derada, a fin de despertar “un san o tem or” pero n un ca un “pán ico irrazon able” a la en ferm edad (Villarreal, 1930, p.454). De acuerdo con el radiólogo Rodolfo Díaz Perch es (1989), para evitar lo que los can cerólogos den om in aban can cerofobia, se em pezó a h ablar de on cología, defin ida por él com o eufem ism o feliz para den om in ar a esta especialidad.
La propagan da en tre el público in sistía en dos pun tos prin cipales: dejado a su evolución n atural, el cán cer era siem pre m ortal; en cam bio, los cán ceres eran curables si el en ferm o ocurría tem pran am en te al m édico (Com ité Técn ico de la CNCC, 1963). Algun as de las frases cortas em pleadas en la propagan da an tican cerosa eran las sigu ien tes: “El cán cer puede ser previsto o descubierto oportun am en te si se h acen exám en es m édicos periódicos”; “Si es usted joven , h ágase exam in ar por su m édico un a vez al añ o; si ya cum plió los 40 añ os, h ágase exam in ar por su m édico un a vez cada seis m eses”; “El dolor suele ser un sín tom a tardío en el cán cer; n o lo espere para h acerse exam in ar un a lesión sospech osa”; “No se deje acon sejar por person as profan as a la m edicin a que le h arán perder su tiem po y la oportun idad de curarse de su cán cer”. Los salubristas respon sables de la cam pañ a an tican cerosa culpaban a los en ferm os de su propia m uerte por n o acudir a tiem po a los servicios de salud: “Much as de las person as que sufren y m ueren de cán cer, sufren y m ueren por su propia desidia” (Subsecretaría de Asisten cia, 1947-1968). En los casos en que los en ferm os n o eran adultos sin o n iñ os, la culpa se dirigía h acia sus padres.18 Pero, aun que los pobladores con sultaron con frecuen cia crecien te a los especialistas, el cán cer siguió au m en tan d o.
(Kuri Morales et al., 2003). En 1970, los tum ores m align os ocupaban ya el prim er lugar com o causa de m uerte en tre el grupo de edad com pren dido de los 45 a los 64 añ os (el correspon dien te a la edad productiva) (Zalce, 1970). Por ello, los salubristas con sideraron que debían elim in ar de la Cam pañ a las ideas en tusiastas que podían con vertirse en falsas n o cio n es y esp eran zas; algu n as lo calizacio n es d et ect ad as a t iem p o p o d ían ju st ificar pron ósticos esperan zadores; otras eran de pron óstico som brío (Cam pañ a..., 1970-1974).
Por otro lado, duran te m uch o tiem po la población creyó que el cán cer era un a en ferm edad ‘con tagiosa’, asun to im putable, en parte, a las autoridades san itarias. En su proyecto de cam pañ a, ya Reyes (1923) h abía plan teado que el cán cer debía ser de declaración obligatoria puesto que m uch os autores aceptaban que era un a en ferm edad trasm isible. Coin cidían con esta idea autoridades de alto ran go del Departam en to de Salubridad Pública. Con sultado sobre la petición del director del In stituto de Higien e de que, con fin es estadísticos, el cán cer fuese in cluido den tro de las en ferm edades declarables an te la autoridad san itaria, el doctor Everardo Lan da – vocal en cargado del Servicio de En ferm edades Trasm isibles del Departam en to de Salubridad – m an ifestó n o ver in con ven ien te sin o ven taja en acceder a ello, pues esta preven ción se tom aba en las en ferm edades in fectocon tagiosas y el cán cer h abía sido con siderado com o en ferm edad trasm isible (Carta del vocal..., 4 jun . 1923).
El Departam en to de Salubridad n om bró a un a com isión para estudiar esta propuesta. De acuerdo con ésta, el problem a de la etiología del cán cer era aún debatido. Recon ocía que poco se sabía sobre la n aturaleza del cán cer, si bien la teoría parasitaria h abía en con trado adeptos de recon ocido m érito en todo el m un do e in cluso se citaban “h ech os in dudables” que probaban el carácter con tagioso de la en ferm edad. “Se h a dich o que con los progresos de la civilización , el cán cer va en h orrible aum en to de frecuen cia en todas las clases sociales y este solo h ech o, que n adie pon e en duda, obliga por sim ple razon am ien to a pen sar en la posible trasm isión del m al por m icrobios, cuya m an era de difusión y pululación n o es fácil por ah ora defin ir” (Dictam en ..., 3 jul. 1923).
Hayter (2003) h a señ alado que en esos añ os, en varios lugares del m un do, los can cerólogos em pleaban term in ología tom ada de la bacteriología: “los pacien tes con trajeron la en fer-m edad”; “parte del cuerpo fue in fectada por la en ferfer-m edad”. En el país, h acia fin ales de los añ os 1960, el In stituto de Luch a Con tra el Cán cer de Guadalajara, Jalisco, aseguraba en su propagan da: “El cán cer NO es con tagioso y NO es producido por m icrobios” (Subsecretaría de Asisten cia, 1947-1968; el subrayado es suyo). Pero todavía en la década siguien te, para lograr la autorización de la autopsia en caso de pacien tes fallecidos por cán cer, los m édicos decían a los fam iliares que era n ecesario sacar el cán cer para que pudieran velar el cuerpo sin peligro (Cam pañ a..., 1970-1974). No era, pu es, extrañ o qu e m u ch os pobladores se opusieran a que se con struyeran cen tros de aten ción de en ferm os con cán cer cerca de las zon as en las que vivían (Villarreal, 1930).
agregar su in cu rabilidad cu an do trasp asaba su localización p rim itiva. Desde el p rim er program a oficial para un a cam pañ a an tican cerosa, Reyes (1923) h abló del “fan tasm a del cán cer” com o “azote” que flagelaba a la h um an idad. Aseguró que la luch a con tra el padeci-m ien to ten ía los padeci-m ispadeci-m os caracteres de padeci-m oral social y de bien público que h abían llevado a las autoridades a perseguir, codificán dolos en leyes proh ibitivas, el uso de sustan cias h eroicas y el abuso de bebidas alcoh ólicas, y llam ó a em pren der un a ‘cruzada’ para com batirlo. Más tarde, las autoridades san itarias propusieron realizar un a cam pañ a san itaria y m oral con tra “el m orboso m align o”; al tiem po que se referían al alcoh olism o com o un “cán cer social” (Subsecretaría de Asisten cia, 1947-1968).
De acuerdo con la term in ología de la época, las células “desafiaban ” las reglas de creci-m ien to y estructura; “se revelaban ”. Si en otros países se llegó a defin ir a las células can cerosas com o “bolch eviques” que desobedecían las reglas n orm ales de crecim ien to y se exten dían a las células san as para “corrom perlas” (Hayter, 2003), en México, Mon tañ o (1943-1944, p.79-80) decía: “La célula del cán cer puede m uy exactam en te ser com parada a un m iem bro de un a sociedad que, sien do h asta ese m om en to un buen ciudadan o, se con vierte brusca e in opin adam en te en un an arquista; en un in dividuo que, poseído de un espíritu de des-trucción de todas las leyes y de todos los órden es, com ien za a vivir in depen dien te sin ten er en cuen ta n ada n i a n adie”.
Con frecuen cia cada vez m ayor, se vio al cán cer com o un a en ferm edad de la civilización , ligada al con sum o de alcoh ol, tabaco y exceso de alim en tos.19 Esta asociación del cán cer con un a vida dem asiado placen tera o in dolen te, le dio al padecim ien to un a dim en sión m oral (Joh n Fergson citado por Hayter, 2003); por ello, de la m ism a m an era que con la sífilis, un diagn óstico de cán cer iba m uch as veces acom pañ ado de vergüen za. En los 1950, las autoridades san itarias m exican as con sideraban que h abía que doblar lo que aparecía en las estadísticas com o m ortalidad an ual por cán cer porque se h acía frecuen te om isión de la causa can cerosa en los certificados de defun ción , a petición de los fam iliares (Cam pañ a..., 1970-1974).
Censos y registros de cáncer
Las autoridades san itarias sabían que para obten er recursos econ óm icos y de otro tipo debían con tar con in form ación estadística de todas las region es del país sobre la m ortalidad y la m orbilidad p or cán cer; p ero fu era p or ocu ltam ien to de los fam iliares o p or otras razon es, com o diagn óstico in adecuado o in suficien te cobertura m édica de la población , descon ocían el problem a real del cán cer en el m edio m exican o.
Después del Prim er Cen so de Can cerosos en 1929, h ubo otros esfuerzos por con tar con in form ación fidedign a sobre el n úm ero de en ferm os y m uertos por este m al. Desde sus orígen es, en 1941, los respon sables de la Cam pañ a Nacion al Con tra el Cán cer tuvieron en tre sus m etas realizar labores estadísticas y de docum en tación , si bien en fren taron diversos obstáculos para lograrlo (Barajas, 27 feb. 1951). Tam bién desde su creación , el In stituto Nacion al d e Can cerología en vió a la Un ión In tern acion al Con tra el Cán cer, a la q u e estaba afiliado, los datos clasificados sobre los casos que aten día (El In stituto..., 1954).
En 1959, la Secretaría de Salubridad y Asisten cia realizó la Prim era In vestigación Nacion al de Can cerosos (Subsecretaría de Asisten cia, 1947-1968). Con m eses de an ticipación , en vió cartas a todos los m édicos y h ospitales de la República Mexican a en las que les explicó el procedim ien to que seguirían y m ás tarde les m an dó los cuestion arios que debían llen ar. Les pidió que an otaran los casos de cán cer de los que tuvieran con ocim ien to duran te la sem an a com pren dida en tre el tres y el 10 de n oviem bre de ese añ o y precisaran n om bre, edad, sexo, estado civil, raza [sic], con dición econ óm ico-social, ocupación , diagn óstico clín ico, diagn óstico h istopatológico y tratam ien to. El resultado, en su m om en to, se con sideró pobre: respon dieron 1.323 m édicos y 371 h ospitales (63% de los cuales eran del Distrito Federal) que reportaron un total de 4.094 en ferm os de tum ores m align os en la República Mexican a. Sin em bargo, En rique Barajas (1970) – que dirigió tan to el In stituto Nacion al de Can cerología com o la Cam pañ a Con tra el Cán cer – calificó al estudio com o “un en sayo orden ado” y la Secretaría con sideró que h abía ten ido un a im agen que se acercaba a la realid ad clín ica cotid ian a y su gería d eterm in ad as orien tacion es: 1.692 casos (42,84%) correspon dieron a localización en gen itales fem en in os y de ellos, 1. 381 (33,17%) eran de cérvix; el ren glón siguien te correspon día a piel, con 633 casos (15%); de m am a se reportaron 509 casos (12,43%) y de estóm ago, 104 (2,54%). En éste y otros reportes, com o el Registro Region al de Casos de Cán cer Para la Costa del Pacífico, h ospitales y m édicos oscilaban en tre el en tusiasm o, la in diferen cia y el tem or; m uch os m édicos se n egaban a proporcion ar in form ación sobre su con sulta privada, am parados en el secreto profesion al y dudosos del uso que se pudiera dar a la in form ación (Cam pañ a..., 1975-1976).
La Cam p añ a Con tra el Cán cer com en zó tam bién a elaborar el m ap a d e recu rsos can cerológicos de la República Mexican a en que estaban señ alados cen tros, h ospitales e in stitutos de radioterapia existen tes en diversos estados. Trataba de evitar la con cen tración de los servicios en la ciudad de México y recon ocía que quizá h abía algun os cuya existen cia descon ocía. Desde los añ os 1960, h ubo un registro de los servicios de citología y an atom ía patológica en el país, con la in ten ción de procurar crearlos en aquellas en tidades en que todavía n o los h abía (Subsecretaría de Asisten cia, 1947-1968; Cam pañ a..., 1970-1974).20
La Cam pañ a se propon ía, igualm en te, establecer y desarrollar el Registro Nacion al de En ferm o s N eo p lásico s, co n la co lab o ració n d e la So cied ad M ex ican a d e Est u d io s On cológicos, los h ospitales de seguridad social y otras in stitucion es; com o trabajo in icial de este registro, difun dió en tre los m édicos de la república, un a h istoria clín ica propia para en ferm os n eoplásicos (Cam pañ a Nacion al Con tra el Cán cer, 1976).
am pliación de su presupuesto y estableció registros region ales en diferen tes zon as de México (Barajas, 1970). Con d ich os registros, las au torid ad es san itarias bu scaban con ocer la exten sión de la en ferm edad, la m orbilidad, la in ciden cia an ual, la prevalen cia y la ten den cia; los estadios clín icos en que eran vistos por prim era vez los pacien tes; el tiem po tran scurrido en tre los prim eros sín tom as y sign os y la aten ción por prim era vez en cen tros de can cerología; los resultados del tratam ien to a corto, m edian o y largo plazo y la superviven cia de los pacien tes; las desercion es, las can alizacion es, las recurren cias de cada tipo de cán cer con los diferen tes tratam ien tos y la vigilan cia de los casos (Cam pañ a..., 1970-1974, 1975-1976). En 1982, la Secretaría de Salubridad y Asisten cia estableció form alm en te el llam ado Registro Nacion al del Cán cer, cen tralizado por la jefatura de la Cam pañ a en la ciudad de México, com o parte de la in fraestructura básica de las accion es con tra la en ferm edad. Este sistem a de in form ación , que reportaba casos de cán cer, se con sideró fun dam en tal para con ocer el patrón epidem iológico que presen taban las diferen tes patologías on cológicas de la población y para evaluar el im pacto de las m edidas de preven ción y con trol ten dien tes a dism in uir la m orbilidad y la m ortalidad que causaban estos padecim ien tos (Hern án dez, López, 1993).
En 1992-1993 se firm ó un acuerdo en tre la Dirección Gen eral de Epidem iología de la Secretaría d e Salu d , el In stitu to Nacion al d e Can cerología y la Socied ad Mexican a d e Patólogos para crear el Registro Histopatológico de Neoplasias Malign as en México. A diferen cia del an terior, este registro tien e un a lim itación m uy im portan te: n o es de base poblacion al; com o n o se registran pacien tes n i se da in form ación sobre el lugar de don de proceden esas piezas de patología, n o es posible estim ar tasas reales de in ciden cia o de prevalen cia de cán cer. Sin em bargo, tien ela ven taja, en com paración con aquél, de que lo qu e ah í aparece com o cán cer cervicou terin o o cán cer de testícu lo tien en u n a altísim a probabilidad de serlo, porque se an ota después de la observación de un patólogo (Kuri Morales, en e. 2006). Desde 1998, se in stituyó el Sistem a de Notificación Sem an al de Casos Nuevos (que in cluye al cán cer cérvico-uterin o y a las displasias de cán cer de m am a, de pulm ón y de estóm ago) (Kuri Morales et al., 2003).
La Dirección Gen eral de Epidem iología es gen eradora de in form ación y la provee a los usuarios. Por ejem plo, a los program as de salud del adulto y del an cian o que se ocupan de la preven ción del cán cer; a la Dirección de Equidad de Gén ero y Salud Reproductiva que tien e en tre sus prioridades la detección tem pran a del cán cer cervicouterin o y del cán cer de m am a, por la relevan cia e im pacto que estos dos padecim ien tos tien en en el grupo de las m ujeres, y, en gen eral, a cualquier in teresado en la in form ación , com o las person as que están h acien do in vestigación clín ica (De la Rosa, en e. 2006).
Descentralización y reflexiones finales
1982-1985). En teoría, los recursos h um an os, m ateriales y fin an cieros dejaron su carácter vertical; pero, en la práctica, la descen tralización ocurrió al tiem po que el presupuesto en salud era red u cid o casi a la m itad (Birn , 2005) y tod os los p rogram as, in clu yen d o la Cam p añ a Nacion al Con tra el Cán cer, fueron afectados.
En 1990, el cán cer ocupaba ya el segun do lugar com o causa de m ortalidad gen eral en México, com o ocurría en países desarrollados (Kuri Morales et al., 2003). Sin em bargo, un a diferen cia con éstos era que en México el cán cer cérvicouterin o seguía sien do un im portan te problem a de salu d pú blica. Ju an Ram ón de la Fu en te – secretario de Salu d du ran te el periodo 1994-2000 – avisó que la Cam pañ a Nacion al Con tra el Cán cer desaparecía y se creaban program as n acion ales de preven ción y con trol de cán cer cérvicouterin o y de m am a, que eran los flagelos fun dam en tales para la m ujer m exican a (Garza Salazar, en e. 2006).
Para en ton ces, el organ ism o h abía laborado duran te cin co décadas, en las cuales diseñ ó su respuesta al cán cer con el m odelo de las exitosas cam pañ as con tra las en ferm edades in fecciosas. Los objetivos gen erales, plan teados en 1941, cuan do com en zaban sus program as – educación del público, educación de los profesion ales y aten ción de los en ferm os con cán cer en cen tros especializados – seguirían sien do los m ism os h asta su desaparición . En sus accion es, h ubo siem pre un a estrech a relación en tre clín ica, laboratorio y salud pública. A lo largo de su vida, la Cam pañ a Nacion al Con tra el Cán cer tuvo varias lim itacion es. En 1954, con taba sólo con el n om bram ien to del jefe de la m ism a (Zuckerm an n , 12 feb. 1947) y h ubo periodos en que dejó de recibir fon dos duran te varios m eses. En 1966, por ejem plo, en la época en que Rafael Moren o Valle era secretario de Salubridad y Asisten cia, Zuckerm an n – en ton ces director de la Cam pañ a – tuvo que prestar de su propio din ero para las labores de la m ism a, pues duran te seis m eses ésta n o recibió la asign ación que le correspon día, a pesar de que h abía estado trabajan do n orm alm en te (Zuckerm an n , s.d.). Por m ás de trein ta añ os la Cam pañ a careció de sede. En 1974 y 1975, obtuvo tres m illon es de pesos com o presupuesto; pero en 1976, se le destin aron sólo 750 m il. En cam bio, un añ o después logró am pliar su presupuesto a n ueve m illon es de pesos y obtuvo un local com o sede oficial de la cam pañ a (Logros de la Cam pañ a..., 1976). En 1977, el doctor José Noriega Lim ón – quien h abía sido director del In stituto Nacion al de Can cerología – escribió que en los trein ta añ os an teriores (en realidad eran 35), la Cam pañ a Nacion al Con tra el Cán cer h abía desarrollado un a labor con stan te, pero su im pacto en la n ación h abía sido restrin gido, sobre todo por sus lim itados fon dos; en su opin ión , el apoyo h abía sido escaso, tan to por parte del público com o de las autoridades (Noriega Lim ón , 1977).
Aun que después de la desaparición de la Cam pañ a Con tra el Cán cer, las autoridades san itarias cen traron su aten ción en el com bate al cán cer cérvicouterin o, y h ubo avan ces en este cam po, en el país siguieron m urien do por su causa 12 m ujeres cada día y otras 12 a causa de cán cer de m am a (Lazcan o et al., citados por Berum en -Cam pos, 2003). Los program as con tra los cán ceres en la in fan cia ten ían poco tiem po de h aber com en zado; m ien tras que el program a con tra el cán cer de próstata n o h abía podido com en zar por escasez de recursos, falta de sen sibilidad de la población m asculin a h acia la preven ción del m ism o y poco in terés de los m édicos para detectar factores de riesgo (Lara Esqueda, en e. 2006).
y con tra las que poco se h izo (Moh ar Betan court, dic. 2005). En el h om bre, los cán ceres que se presen tan en pulm ón , traquea y bron quios ocupaban el prim er lugar de m ortalidad: 16% de los varon es m exican os fallecen por esta causa21, a pesar de lo cual el cán cer de pulm ón n o está sujeto a program a. El cán cer de las vías aéreas se explica en buen a m edida por el h ábito de fum ar; de h ech o, el tabaquism o ocasion a m ayor n úm ero de en ferm os con cán cer que la com bin ación de todas las otras posibles causas descritas para este grupo de en ferm edades, y tam bién pese a ello, las cam pañ as m asivas con tra el tabaquism o son pocas y de m ín im o im pacto (Moh ar Betan court, 2003).
De 1922 a 2001, la proporción de m uertes por cán cer en México creció casi 22 veces, al pasar de 0,6% a 13,1% de las defun cion es ocurridas por todas las causas y en todos los grupos (Kuri Morales et al., 2003). Hace 15 añ os, el cán cer era la segun da causa de m uerte en la población gen eral y la prim era en el grupo de 15 a 64 añ os de edad. Actualm en te, los cán ceres son desglosados de acuerdo con las estipulacion es de la Clasificación In tern acion al de las En ferm edades. Sin em bargo, los tum ores m align os de tráquea, bron quios y pulm ón ; del estóm ago; del h ígado; de la próstata; y del cérvix del útero ocuparon , respectivam en te, los lugares 13o, 14o, 15o, 16o y 19o den tro de las prin cipales causas de m ortalidad gen eral en 2005. En 2007, den tro de las causas de m ortalidad según grupos de edad y sexo, la leucem ia ocupó el octavo lugar en h om bres y el sexto en m ujeres de 1 a 4 añ os; el segun do en h om -bres y el prim ero en m ujeres de 5 a 14 añ os; y el sexto en h om -bres y el cuarto en m ujeres de 15 a 19 añ os. En los h om bres de 65 añ os y m ás, el tum or m align o de próstata ocupó el octavo lugar y los de tráquea, bron quios y pulm ón , el décim o; y en m ujeres de ese grupo de edad, los tum ores m align os del h ígado, del cuello del útero y de la m am a ocuparon los lugares n oven o a 11o (Secretaría de Salud, 2009). A pesar de esta situación , la luch a con tra otros cán ceres – in cluyen do los que están relacion ados con el proceso de trabajo y, en gen eral, tod os los q u e afectan a los h om bres – h a sid o totalm en te aban d on ad a o n u n ca fu e em pren dida22, por lo que la vuelta a un a política n acion al de preven ción del cán cer parece im postergable.
NOTAS
1 En algu n o s p aíses, est a p reo cu p ació n fu e m ás t em p ran a; en Est ad o s Un id o s, p o r ejem p lo , la Ley Nacion al d el Cán cer se rem on ta a 1871 (Son tag, 1985).
2 Si bien la asociación n o in stitu yó su sección d e can cerología h asta 1944.
3 Desd e h ace d os d écad as y m ed ia, h istoriad ores d e d iversos p aíses – p rin cip alm en te d e Gran Bretañ a y los Estad os Un id os, p ero tam bién d e Fran cia, Esp añ a y Can ad á, en tre otros – se h an ocu p ad o d e la h istoria d e la lu ch a con tra el p ad ecim ien to. Algu n os d e ellos son : Patterson , 1987; Med in a Dom én ech , 1996; Clow, 2001; Pin ell, 2002; Hayter, 2003; Moscu cci, 2005.
AG RADEC IM IEN TO
4 En la serie Cam p añ a Nacion al Con tra el Cán cer, d el Arch ivo Histórico d e la Secretaría d e Salu d , México (en ad elan te AHSSA), h ay seis cajas con 84 exp ed ien tes, los cu ales con tien en p rogram as, evalu acion es, gráficas, resú m en es, n orm as y ap licacion es d e la Cam p añ a q u e h e con su ltad o p ara elaborar este artícu lo. Los exp ed ien tes van d e 1945 a 1985; es d ecir, d ejan fu era los p rim eros añ os d e la m ism a, p or lo q u e h e rastread o éstos en otros fon d os d el m ism o arch ivo. Agrad ezco a An a Macch etto Barocio su colaboración en la bú sq u ed a y selección d e algu n as d e estas fu en tes.
5 La p rim era se reu n ió en Fran kfu rt, en 1906 (Gaon a, 1999), p ero n o h e en con trad o n in gú n rep orte d e q u e algu n a d elegación m exican a h aya asistid o a ella.
6 Sobre la recep ción d e estos d escu brim ien tos en México, véan se Betan zos Cervan tes, 1997 y Gaon a, 1999. 7 Rep rod u cid as en El Coahuilense. Periódico Oficial del Estado de Coahuila de Zaragoza, Saltillo, 25 en e. 1911, p .1.
8 Rep rod u zco los térm in os can ceroso o can cerosa cu an d o ap arecen en citas textu ales y n o tien en en m i trabajo n in gu n a con n otación p eyorativa.
9 En los Estados Un idos, el First Nation al Can cer Su rvey, realizado en tre 1937 y 1939, pu ede ser con siderado la p ied ra u n d acion al d e la ep id em iología d el cán cer y m u ch as d e su s in n ovacion es fu eron d esp u és ap licad as a la ep id em iología m od ern a (Lillien feld , 2008).
10 La Un ión In tern acion al Con tra el Cán cer aú n existe y tien e m ás d e 270 m iem bros d e 85 p aíses; véase www.u icc.org/ in d ex.p h p ?id =501.
11 Realizad o d u ran te u n añ o en la com u n id ad , al térm in o d e su s estu d ios en au las y h osp itales. 12 Med in a Dom én ech y Rod rígu ez Ocañ a (1994) abord an las cam p añ as con tra el cán cer y con tra la m ortalid ad in fan til com o vías p or las q u e se asen taron en Esp añ a las esp ecialid ad es m éd icas, al calor d e p roblem as recon ocid os com o socialm en te im p ortan tes y q u e d eterm in aron la m ovilización d e p erson as, in stitu cion es y d istin tos n iveles d e gobiern o.
13 El In stitu to Mexican o d el Segu ro Social (IMSS,) p ara trabajad ores d e em p resas p rivad as fu e cread o en 1943; m ien tras q u e el In stitu to d e Segu rid ad y Servicios Sociales p ara los Trabajad ores d el Estad o fu e cread o en 1959, d esp u és d e u n largo p eriod o d e h u elgas en em p resas estatales.
14 Para el caso d e Gran Bretañ a, véase Moscu cci, 2005. 15 Y otra clín ica en el Hosp ital Ju árez.
16 Véase, p or ejem p lo, Program a, 1952.
17 En su estu d io sobre la relación en tre la m ed icin a y el cin e m exican o, la h istoriad ora Ju lia Tu ñ ón (2005) an aliza estas ú ltim as: “San ta”, en su s cu atro version es (Pered o, 1917; Moren o, 1931; Foster, 1943; Góm ez Mu riel, 1968), “Am ar fu e su p ecad o” (Gon zález, 1950), “Cam elia” (Gavald ón , 1953), “La d u d a” (Galin d o, 1953), “El d olor d e los h ijos” (Zacarías, 1948) y “Mi m ad re es cu lp able” (Soler, 1959), las d os ú ltim as sobre el cán cer en la in fan cia; si bien p ara ella estos trabajos, d e gran d ram atism o, n o eran u n a p u blicid ad con scien te sin o u n a m an ifestación d e q u e la em ergen te p reocu p ación p or el cán cer se veía reflejad a en la cu lt u ra.
18 Sobre este asu n to, véase Kru eger, 2004.
19 Au n q u e algu n as form as d e tu m ores m align os, com o los osteosarcom as, se h an observad o en restos d e rep tiles d e la era m esozoica. (F. Gu erra citad o p or Borrego Rom án , 1993).
20En 1963, h abía 49 laboratorios d e citología y an atom ía p atológica (Zu ckerm an n , 1963). En la actu alid ad , existe u n a Red Nacion al d e Cen tros Estatales d e Can cerología.
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