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(II)

ASTROBIOLOGÍA: ENTRE LA CIENCIA Y LA EXPLORACIÓN

(Roberto Aretxaga Burgos)

RESUMEN

Argumentamos que únicamente el enfoque que hemos dado en llamar

exobiológico crítico justifica suficientemente la especificidad de la astrobiología

y, por tanto, su razón de ser. Discutimos el problema de la cientificidad de la astrobiología como exobiología crítica, a la vez que mostramos su condición de

empresa exploradora aventurada. Concluimos caracterizando la astrobiología

como exploración científica y apuntando algunas cuestiones implicadas desde un enfoque social de la ciencia y la tecnología.

1. EL OBJETO DE LA ASTROBIOLOGÍA

Desde que en 1953 el astrónomo soviético Gabriel Tikhov utilizara por vez primera el término “astrobiología”3, éste ha experimentado algunos cambios en su significado. El último intento por fijarlo es el realizado por la Agencia Espacial Norteamericana (NASA) en 2002, que define la astrobiología como el

estudio del origen, evolución, distribución y futuro de la vida en el Universo.4

En este primer apartado expondremos cuatro posibles interpretaciones de la anterior definición de astrobiología, en función de otros tantos modos distintos de entender su objeto de estudio, considerar su actividad y valorar su interés.

a) Enfoque exobiológico

Roberto Aretxaga (1963) es Doctor en Filosofía por la Universidad de Deusto (1998), Especialista Universitario en Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS) y miembro del Equipo de Investigación de Filosofía Española del Siglo XX del Departamento de Filosofía de la Universidad de Deusto (Bilbao). Sus líneas actuales de investigación son el pensamiento de García Bacca y las implicaciones filosóficas de la astrobiología. Dentro de esta línea destaca su labor como promotor, director y coordinador de la serie de colaboraciones multidisciplinares “Astrobiología y Filosofía” en

Letras de Deusto, así como de la sección del mismo nombre en el Proyecto Educativo de Filosofía en Red

CIBERNOUS. Es autor de numerosos ensayos sobre las relaciones entre filosofía y astrobiología, tema con el que ha intervenido en diversos foros nacionales e internacionales, como la Seventh Trieste Conference on Chemical Evolution

and Origin of Life: Life in the Universe: From the Miller Experiment to the Search for Life on Other Worlds (por

invitación), organizada por el ICTP, NASA, ESA, et al. (Trieste, Italia, 2003). Página Web temática: <http://astrobiologiayfilosofia.blogia.com>. Su otra línea de investigación es el pensamiento de Juan David García Bacca, sobre el que ha realizado numerosos estudios y ensayos, destacando su tesis doctoral La filosofía de la técnica

de Juan David García Bacca (1998), investigación tomada como base en 2004 por el Ministerio de Ciencia y

Tecnología de la República Bolivariana de Venezuela para la conceptualización de varios de sus programas. Es reseñable también su labor en el Congreso Internacional de Filosofía: Centenario del Nacimiento de J.D. García Bacca (Bilbao, 2001) como miembro del Comité Organizador, ponente y co-editor del libro de actas, así como su participación como co-autor (por invitación) en la obra conmemorativa Juan David García Bacca: “Vivir dos veces despierto”

1901/1992 (Caracas: Banco Central de Venezuela/Fundación Juan David García Bacca, 2005), galardonada con el

Premio Nacional del Libro de Venezuela en su III edición (2005). 3

Baruch S. Blumberg, “The NASA Astrobiology Institute: Early History and Organization” Astrobiology, Vol. 3, nº 3, (2003), pp. 464.

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Consiste en considerar la astrobiología como exobiología, de modo cuando se dice que la astrobiología estudia la vida en el Universo, ello se interpreta en el sentido de que su objeto de interés son las formas de vida posiblemente existentes en otros lugares del Universo distintos de la Tierra.

Esta forma de entender la astrobiología logra, sin duda, dotarla de especificidad frente a otras disciplinas, pero su énfasis en el aspecto exo, relegando o desatendiendo otros relacionados con la vida en la Tierra, la hace vulnerable a dos críticas de peso: la de fantasear sobre las formas de vida alienígena y sus posibilidades de existencia (al no disponer de un referente conocido que atempere la actividad imaginativa)5, y la de encontrarse más próxima a la metafísica que a la ciencia (al no constituir su objeto de estudio

fenómeno alguno)6.

b) Enfoque biogeocentrista

La clave de este enfoque radica en el supuesto que vertebra su discurso: la excepcionalidad de la vida terrestre en el conjunto del Universo (biogeocentrismo)7.

Una buena definición debe delimitar con exactitud aquello que el objeto o fenómeno al que se refiere es, frente a lo que no es. El biogeocentrismo se haría fuerte en el hecho de que esta condición no parece cumplirse en el caso de la astrobiología, lo que tendría consecuencias funestas para ella.

Así, si se admite que para la astrobiología el término “vida” tiene exactamente el mismo significado que en biología y que, como ésta, lo emplea para referirse al único tipo de vida conocido -el terrestre-, la existencia de diferentes ciencias que ya se ocupan, desde hace tiempo y con notable éxito, de los diversos aspectos del fenómeno de la vida (su origen, evolución,

5

Sucede entonces lo que Platón denuncia de algunos saberes cuando dice “que no hacen más que soñar con lo que existe, pero que serán incapaces de contemplarlo en vigilia mientras, valiéndose de hipótesis, dejen éstas intactas por no poder dar cuenta de ellas. En efecto, cuando el principio es lo que uno no sabe y la conclusión y parte intermedia están entretejidas con lo que uno no conoce, ¿qué posibilidad existe de que una semejante concatenación llegue jamás a ser conocimiento?” (República, Libro VII, 533 c).

6

En su Crítica a la Razón Pura, Kant afronta la tarea de establecer los límites del conocimiento humano. Como resultado de su titánica labor, el filósofo alemán concluye que el conocimiento humano sólo es posible en cuanto científico, y éste únicamente si interviene la experiencia sensible. Así, sólo es posible obtener conocimiento (ciencia) de los fenómenos (que son el resultado de unificar y ordenar las sensaciones en el espacio y el tiempo), pues sólo ellos son objeto de experiencia sensible. En consecuencia, la metafísica, que versa sobre objetos de los que no es posible obtener intuición (experiencia) sensible alguna, no será ciencia. Ello no obsta, sin embargo, para que Kant defienda un

uso regulativo, o heurístico, de las ideas y, por tanto, la utilidad de la metafísica.

7 Entendemos por biogeocentrismo “la doctrina que atribuye un carácter único a la evolución biológica que ha tenido lugar en la Tierra, desde una bacteria hasta los seres humanos” (Julián Chela Flores, “Marco cultural de la astrobiología”, Letras de Deusto (Universidad de Deusto, Bilbao), Vol. 33, nº 98 (2003), p. 214) o, brevemente, “the

belief that life has occurred only on Earth” (Julián Chela Flores, “Search for the Ascent of Microbial Life towards Intelligence in the Outer Solar System”, en R. Colombo, G. Giorello and E. Sindoni (eds.) Origin of the Life in the Universe. Edizioni New Press: Como, 1998, pp. 143-157. Hemos desarrollado este tema en “Astrobiology and Biocentrism” (R. Aretxaga, en J. Seckbach; J. Chela Flores; T. Owen; F. Raulin (eds.), Life in the Universe. From the Miller Experiment to the Search for Life on Other Worlds. Dordrecht (The Netherlands): Kluwer Academic Publishers,

2004, Serie Celular Origin and Life in Extreme Habitats (COLE). Versión española: “Astrobiología y Biocentrismo”,

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distribución y futuro) obliga a la emergente disciplina astrobiológica a justificar debidamente su especificidad frente a tales ciencias o a desaparecer.

Sin embargo, cuando se afirma que la astrobiología es “el estudio del origen, evolución, distribución y futuro de la vida”, lo que se dice resulta tan genérico e impreciso que, en rigor, nada define: no suministra información suficiente para determinar la especificidad del estudio astrobiológico, frente al que ya vienen realizando las ciencias de la vida actualmente operativas.

Podría pensarse, entonces, que la tan esperada singularidad se hallara contenida en el único elemento que resta por atender de entre los que integran la definición: en el Universo, pero no es así. Decir que la astrobiología estudia la vida en el Universo es, en realidad, no decir nada nuevo: el hecho de ser la terrestre la única clase de vida conocida en el Universo convierte en sinónimos los términos “vida” y “vida terrestre”, lo que implica que el único estudio científico posible de la vida en el Universo sea el de la vida en la Tierra.

En conclusión: el biogeocentrismo entiende que la definición de astrobiología elaborada por la NASA no es una buena definición porque no delimita ni un objeto ni una actividad específicos. Y puesto que la astrobiología no puede justificar debidamente su particularidad frente a las actuales ciencias de la vida, deberá desaparecer. Consecuentemente, el término “astrobiología” resulta prescindible por innecesario, ya que, además de redundante (no añadir nada nuevo a lo que hacen las ciencias de la vida), resulta engañoso (el prefijo “astro” induce a creer que se refiere a algo que en realidad no designa). Más aún, la persistencia en su uso injustificado podría hacer pensar que la astrobiología sea un subterfugio para conseguir fondos y apoyos a proyectos de investigación que de otra forma, y por razones de diversa índole, no podrían obtenerse.

Sin duda, el biogeocentrismo tiene a su favor la ausencia de prueba de existencia de vida extraterrestre, pero comete un error al interpretar esta ausencia de prueba como prueba de la ausencia y dar por seguro que no hay vida fuera de la Tierra. El biogeocentrismo convierte en prescripción (no puede

–no debe- haber vida fuera de la Tierra) lo que en el actual estado de

conocimientos sólo se puede considerar una situación de hecho formulable descriptivamente: hasta el presente no se ha encontrado evidencia indiscutible

alguna de la existencia de vida fuera de la Tierra. Este exceso explica la

sinonimia arriba indicada.

c) Enfoque metodológico

Denominamos así a aquel que sostiene que el sentido y especificidad de la astrobiología habría que buscarlos no tanto en su objeto de estudio, que no sería otro que la vida en la Tierra (salvaguardando con ello su condición de

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ciencia), como en la forma de abordarlo: transdisciplinarmente. En cuanto a las técnicas utilizadas para ello, éstas no diferirían de las empleadas en su labor por cualquier otra ciencia (incluidas las de la vida).

El enfoque metodológico, o transdisciplinar, admite que la astrobiología utiliza el término “vida” en el mismo sentido en que lo hacen las ciencias biológicas, y que hay ciencias que ya se ocupan competentemente del estudio de su origen, evolución, distribución y futuro. Sin embargo, entiende que la superespecialización de tales saberes e investigaciones resulta un problema a la hora de afrontar la creciente complejidad que el fenómeno de la vida manifiesta bajo la mirada de las nuevas técnicas de investigación. Esta situación exigiría una mayor y más estrecha colaboración entre disciplinas y campos del saber antes alejados o sin conexión. Desde esta perspectiva, la especificidad astrobiológica consistirá en aportar a las ciencias de la vida la mirada transdisciplinar que precisan para alcanzar una mejor comprensión de su objeto de estudio.

Las fecundas aportaciones de la astrobiología al conocimiento de la vida en la Tierra, así como su demostrada capacidad para generar nuevos desarrollos tecnológicos, justificarían suficientemente su importancia y oportunidad y, por tanto, los diferentes apoyos que precisan sus proyectos de investigación.

Pero el enfoque metodológico se expone a una objeción nada desdeñable: si la única especificidad de la astrobiología consiste en la transdisciplinariedad que aporta al estudio de la vida en la Tierra, ¿por qué seguir manteniendo el prefijo “astro”, y continuar hablando de “astrobiología”, en lugar de buscar una denominación más acorde con el tipo de especificidad defendida por dicho enfoque? Responder a esta cuestión nos conduce directamente a una cuarta concepción de la astrobiología, más radical y comprometida con el que fuera originalmente su objeto de estudio: la vida extraterrestre (enfoque exobiológico), pero de forma crítica.

d) Enfoque exobiológico crítico

Este modo de entender la astrobiología admite parcialmente la tesis del enfoque metodológico, pero lo considera insuficiente para caracterizar debidamente la especificidad de tal disciplina. La transdisciplinariedad puesta de manifiesto por dicho enfoque tendría su origen en las aportaciones que desde mediados de la década de los cincuenta vienen realizando tanto las ciencias de la vida como la exploración y las ciencias espaciales y planetarias, cuyos sorprendentes datos y descubrimientos habrían hecho posible una nueva forma de contemplar el fenómeno de la vida, que aquí denominaremos sub specie Universorum. De este modo, la perspectiva transdisciplinar

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apuntaría, como a su origen y sentido, hacia el ámbito en el que encuentra su explicación natural el uso del término “astrobiología”, es decir, al de la exploración y estudio de los astros, lo que incluye la consideración de la idoneidad de éstos para albergar vida de algún tipo, tal y como es el caso –y el único conocido hasta el presente- de nuestro bello planeta.

Pues bien, el aspecto crítico de este renovado enfoque exobiológico radica, justamente, en su peculiar manera de considerar la relación entre los elementos “vida” y “Universo” presentes en la definición de astrobiología. Así, mientras que las interpretaciones exobiológica y biogeocentrista coinciden en separar ambos elementos, aunque por razones bien distintas, la exobiológica

crítica asume una conexión esencial entre ellos procediendo a cargar el peso

de la definición sobre dicha conexión, concibiendo la astrobiología como “el estudio del origen, evolución, distribución y futuro de la-vida-en-el-Universo”. Esto significa que lo propio y peculiar de esta disciplina consiste en interesarse por el fenómeno de la vida terrestre –ciertamente el único caso de vida conocido hasta ahora en el Universo y, por tanto, el único por el momento con el que la astrobiología cuenta para un estudio científico- pero en tanto que episodio local (sub specie) de un fenómeno presente en otras partes del Universo –conjunto de Mundos- en virtud de su esencial conexión entitativa con él (Universorum). Por ello, cuando desde esta perspectiva se afirma que el objeto propio, específico, de la astrobiología es la vida extraterrestre, este término debe entenderse en el sentido de vida terrestre como modelo metodológicamente extrapolable al Universo.

El resto de este ensayo explicita los principales aspectos de este enfoque, que hemos dado en llamar exobiológico crítico.

2. LA ASTROBIOLOGÍA COMO CIENCIA.

Toda nueva forma de considerar un objeto genera una percepción diferente del mismo que da origen a una imagen inédita, característica y propia de esa nueva perspectiva. En el caso de la astrobiología entendida como

exobiología crítica, el objeto -la vida terrestre- es contemplado, como hemos

avanzado, sub specie Universorum. Bajo esta concepción, la vida aparece como un fenómeno esencialmente ligado al Universo, de modo que el único tipo de vida conocido –el terrestre- pasa a ser considerado un caso particular (un episodio local) de un fenómeno – la vida- extendido por el Universo como consecuencia de ser éste, a la vez y en uno, la matriz de la que emerge y el lugar en el que aquél se manifiesta. Desde esta perspectiva, la importancia de la astrobiología sería doble pues, por una parte, su interés por la posible existencia de vida más allá de la Tierra y su búsqueda permiten calar más hondo en la comprensión de dicho fenómeno (y ello con independencia del éxito en su búsqueda) y, por otra, dada la aparente conexión de la vida con el

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sustrato materio-energético del Universo, la misma existencia de la astrobiología vuelve real la posibilidad de demostrar científicamente (mediante observación y experimentación) el carácter universal del fenómeno de la vida, con todas las consecuencias que de ello pudieran seguirse para los diversos campos de la cultura y el saber humanos.

En cualquier caso, esa forma de comprender el fenómeno de la vida está revelando ser un eficaz generador de desarrollos científicos y tecnológicos en diversos campos, y lo que comenzó como un enfoque marginal se ha transformado actualmente en un conjunto de conocimientos, métodos, temas y problemas específicos de rápido crecimiento y evolución que reclama un espacio académico propio.

Pero, más allá de este aspecto práctico, nos interesa saber si bajo el enfoque crítico la astrobiología logra salir airosa de las acusaciones de falta de rigor racional (exceso de imaginación) y de metafísica (disciplina sin

fenómeno), a que se hacía acreedora bajo la forma de simple exobiología, tal

como apuntamos oportunamente.

Pues bien, si se admite que, hoy por hoy, no hay otro modo de abordar científicamente el fenómeno de la vida que tomando como objeto de estudio, de alguna forma, la vida en la Tierra, habrá que concluir que la astrobiología sólo será ciencia en la medida en que haga de ella su objeto de estudio. Ello implica, como se dijo, que en esa misma medida la astrobiología pierda su especificidad (tal como nota la crítica biogeocentrista) y que, en el caso de mantenerla, lo haga a condición de reducirla a una cuestión metodológica (enfoque transdisciplinar). Por el contrario, en la medida en que la vida en la Tierra ceda su sitio como objeto de estudio a la extraterrestre, la astrobiología ganará en especificidad perdiendo en cientificidad.

Consideramos, sin embargo, que este dilema tiene solución y que ésta consiste, justamente, en el enfoque exobiológico crítico. Así, el interés manifestado por la astrobiología hacia la vida en nuestro planeta, a diferencia de lo que sucede con las otras ciencias que también la estudian, no se agota en el fenómeno en si, sino que, como se dijo anteriormente, va más allá del mismo al contextualizarlo cósmicamente, apareciendo entonces como el único caso disponible de estudio, en principio, de un fenómeno que sería universal. Dicho de otro modo: lo que confiere carácter propiamente astrobiológico (exobiológico, en sentido crítico) a cualquier investigación científica sobre la vida terrestre es el propósito de profundizar en su conocimiento con la intención de descubrir o comprender mejor aquellos aspectos y mecanismos que permiten fundamentar racionalmente la posibilidad de su existencia en entornos no terrestres (su extrapolabilidad) y, por tanto, su búsqueda. En definitiva, la astrobiología como exobiología crítica parte del supuesto de que

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los términos “vida” y “vida terrestre” no son sinónimos y está dispuesta a demostrar científicamente su hipótesis.

Salvada la especificidad de la astrobiología, atendamos ahora a los fundamentos que sostienen la anterior suposición.

En ciencia, una teoría dominante es puesta en entredicho cuando la cantidad de hechos descubiertos que no puede explicar, o que la contradicen abiertamente, aumenta hasta el punto en que resulta desaconsejable, o intolerable, la introducción de nuevas hipótesis ad hoc. Pues bien, por una parte, no hay entre los conocimientos científicos actuales ninguno que prohíba, expresa o implícitamente, la extrapolación del modelo de vida terrestre a otros lugares del Universo. Por otra, tanto la acumulación de datos y descubrimientos aportados por los estudios de la vida en la Tierra y la exploración y las ciencias espaciales, como la dirección en la que apuntan y la creciente celeridad con que se producen en función de la mejora de las técnicas y aparatos de medición y observación, posibilitan el cuestionamiento del paradigma biogeocentrista. En efecto, los revolucionarios conocimientos aportados por la biología molecular y la genética sobre el origen, composición, estructura y funcionamiento de la vida terrestre, junto con los nuevos descubrimientos realizados acerca de su capacidad para sobrevivir y progresar en ambientes extremos, unidos a los suministrados por la exploración espacial -como la presencia de moléculas prebióticas en entornos extraterrestres y las condiciones atmosféricas y geológicas de otros mundos-, constituyen el fundamento que permite pensar la posibilidad de existencia de vida similar a la terrestre en entornos extraterrestres -cercanos, cuando menos-, y en la vida en términos de imperativo cósmico en vez del fenómeno azaroso altamente

improbable por el que es tenida dentro del paradigma científico biogeocentrista.

Y todo ello sin olvidar la asunción por parte de la astrobiología de la universalidad de las leyes de la física y la química, algo que las ciencias consagradas ya vienen haciendo desde hace mucho tiempo. En el caso de la astrobiología, esta suposición resulta crucial para legitimar la extrapolación del modelo de vida terrestre a entornos no terrestres; una posibilidad a la que contribuyó decisivamente Stanley Miller poniendo de manifiesto experimentalmente, en 1953, la intervención de dichas leyes en la aparición de los componentes básicos de la vida (moléculas prebióticas), lo que avalaría la consideración del sustrato materio-energético del Universo como crisol de la vida. Pero no sucede lo mismo con las leyes de la biología pues, a diferencia de la física y la química, que estudian sus objetos también en entornos distintos del terrestre, las ciencias de la vida sólo disponen del caso terrestre para su estudio, lo que no permite suponer la universalidad de sus leyes, entretejidas, además, de azar y necesidad. No obstante, este problema podría soslayarse apelando a la posibilidad de una evolución convergente, de la que

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la biología posee numerosas evidencias y casos bien documentados entre los vivientes terrestres.8

En definitiva, la astrobiología entendida como exobiología crítica ofrece argumentos suficientes para elaborar, defender e intentar probar su hipótesis principal de trabajo: la vida como fenómeno universal bajo ciertas condiciones

de aparición. De un modo más explícito: dado que conocemos de forma

bastante aceptable las condiciones de aparición que se dieron cita en el caso de la vida en la Tierra, y que su presencia se ve progresivamente confirmada también en otros lugares del Universo, puede suponerse sin temor a contravenir leyes fundamentales y conocimientos científicos bien establecidos que la no excepcionalidad de tales condiciones tenga su reflejo en la no excepcionalidad del fenómeno al que, en su momento, dieron origen en la Tierra.

Es claro que esta forma de proceder supone una inversión en la forma habitual de considerar el fenómeno de la vida, parecida en cierto modo a la ensayada hace siglos por Copérnico para explicar los movimientos aparentes de los astros. Si el célebre astrónomo polaco hubo de hacer un esfuerzo de comprensión que requería invertir la perspectiva de estudio de los fenómenos celestes, aquí sucede algo similar con relación al tema que nos ocupa: de considerar la vida en la Tierra como la única existente en el universo se pasa a verla como un caso particular (local) de un fenómeno universal; de la Tierra como planeta de condiciones excepcionales e irrepetibles, únicas, para el surgimiento de la vida, a la consideración de un Universo rico en condiciones favorables para el nacimiento de la vida y posiblemente, por tanto, rebosante de ella (Living Universe).

Así las cosas, la cuestión se centra ahora en considerar la cientificidad (la posibilidad de ser puesta a prueba) de la hipótesis defendida por la astrobiología entendida como exobiología crítica. En este sentido, hay que decir que el interés de la exobiología crítica por la vida terrestre ha permitido a esta disciplina disponer de una definición operacional -no esencial- para la expresión “vida extraterrestre”, suficiente –útil- para fundamentar y orientar científicamente su búsqueda. En efecto, la estrategia extrapoladora proporciona a dicha expresión un referente que hace posible tanto la formulación de enunciados con sentido (susceptibles de ser o verdaderos o falsos) como la elaboración de hipótesis científicas (suposiciones coherentes de las que pueden deducirse hechos observables o reproducibles, esto es, contrastables) acerca de tan escurridizo sujeto. Actuando así, el tema de la existencia de vida fuera de nuestro planeta abandona el ámbito de la

8

Cfr. Julián Chela Flores, “La evolución del comportamiento inteligente: ¿Existe evidencia de propósito en las moléculas complejas de la química?”, Letras de Deusto (Universidad de Deusto, Bilbao), Vol. 36, nº 110 (2006), pp. 9-36. <http://www.ictp.it/~chelaf/ss19-36.html>

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metafísica para convertirse en un problema científico, es decir, en una pregunta que admite respuesta experimental.

Resumiendo: la astrobiología entendida como exobiología crítica presenta dos objetos de estudio complementarios: la vida en la Tierra y la vida

extraterrestre (en el sentido aquí explicado). Únicamente éste último merece la

consideración de objeto de estudio propio, específico, de la astrobiología, pero dado que no hay evidencia empírica alguna del mismo, ni su existencia puede ser inferida a partir del corpus de conocimientos científicos actuales, en el estado actual del arte no puede afirmarse que el objeto de estudio propio de la astrobiología sea, en rigor, objeto (fenómeno) alguno, sino más bien un objetivo, una expectativa racional, una posibilidad fundamentada en suposiciones plausibles, datos y conocimientos científicos, susceptible de contrastación experimental. Pero hasta que eso suceda, si es que tal cosa puede realmente acontecer, la astrobiología llevará implícito un componente de incertidumbre que algunos confunden con metafísica pero que, como veremos, nada tiene que ver con ella.

3. LA ASTROBIOLOGÍA COMO EXPLORACIÓN CIENTÍFICA

Es un hecho que no disponemos de evidencia indiscutible de la existencia de vida extraterrestre; es un hecho que la pregunta por la posible existencia de vida en otros mundos distintos del nuestro acompaña a la humanidad desde antiguo y continúa haciéndolo aún en la actualidad; y es un hecho, finalmente, que no hay nada en el corpus de nuestros conocimientos científicos que permita concluir con certeza deductiva o bien la existencia de vida extraterrestre o, por el contrario, su imposibilidad. Sin embargo, tal y como apuntamos más arriba, la pregunta por la existencia de vida distinta de la terrestre en el Universo admite actualmente, en principio y por vez primera en la historia, una respuesta científica (experimental).

Décadas de estudios científicos del único caso de vida existente que nos consta -el de la Tierra- han dado como resultado un modelo de vida bastante bien conocido susceptible de extrapolación al Universo, lo que permite fundamentar racional, teóricamente, la idea de su posible existencia más allá de nuestro planeta, a la vez que orientar su búsqueda y estudio sirviéndose de él cual guía o brújula que permita saber en todo momento qué, cómo y dónde buscar (contrastabilidad teórica o en principio).

En cuanto a la posibilidad real, práctica, de contrastación de las hipótesis sobre el particular, hay que decir que existen las tecnologías y los conocimientos necesarios y suficientes para ponerlas a prueba, y hacerlo, además, con finura y rigor crecientes, tanto in situ (desarrollo de biomarcadores, naves exploradoras, sondas portadoras de laboratorios

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robóticos dotados de sistemas biosensores,…) como a distancia (radiotelescopios,…).

En definitiva, el hecho de poder fundamentar racional, teóricamente, la posibilidad de la existencia del objeto a buscar (vida extraterrestre) y de disponer de una estrategia coherente y realista de búsqueda, es decir, de contrastación (capacidad para orientarla y disponibilidad de los medios prácticos adecuados para llevarla a cabo con posibilidad de éxito), hacen de la actividad astrobiológica una búsqueda diligente (exploración) dotada de los métodos y técnicas experimentales y de observación apropiados (científica).

Como actividad exploradora, la astrobiología no tiene garantizado el éxito en su búsqueda, confiriéndole tal incertidumbre en su resultado carácter de aventura.

Así, aunque existen buenas razones para suponer la existencia del objeto buscado –la vida extraterrestre- y, por tanto, para la esperanza en su hallazgo, bien pudiera suceder que no existiese, lo que haría necesariamente infructuosa cualquier estrategia de búsqueda por muy coherente que ésta fuese. Otros factores de incertidumbre a tener en cuenta son la inmensidad del Universo a explorar o la posibilidad de que las hipotéticas formas de vida extraterrestre difieran tanto del patrón seguido en nuestro planeta que resulte imposible su reconocimiento.

Sin embargo, ni la lejanía ni la desemejanza son necesariamente obstáculos absolutos. La historia de la ciencia y la técnica muestra que a menudo la imposibilidad lo es sólo relativamente, es decir, en función de la capacidad tecnológica y de las ideas y conocimientos disponibles en un determinado momento histórico, pero que deja de serlo en una época posterior. No sería descabellado, por tanto, pensar que la misma actividad exploratoria pudiera servir como acicate del desarrollo científico y tecnológico que hiciera superable en el futuro esa momentánea imposibilidad inicial. Si, por el contrario, la imposibilidad de identificación o hallazgo de la vida extraterrestre existente fuese absoluta, es decir, realmente insuperable, y no tuviéramos modo de saberlo, estaríamos en la práctica ante una situación equivalente a la de la inexistencia de vida extraterrestre y, por tanto, de su búsqueda infructuosa.

La traducción epistemológica de todo ello podría ser la siguiente:

a) La hipótesis EVE -Existe Vida Extraterrestre- críticamente formulada:

algún otro lugar del Universo además de la Tierra alberga vida basada en iguales o similares principios y condiciones que la terrestre, es verificable (al

menos en principio), pero no falsable. Por más que se busque sin éxito vida extraterrestre, no habrá forma de saber con certeza si ello es debido a su inexistencia, o bien a su lejanía o desemejanza con la terrestre, por lo que siempre será posible mantener una actitud esperanzada de búsqueda en la

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creencia de que el problema se reduce a una cuestión de tiempo o mejora tecnológica. Pero la imposibilidad de falsación de una hipótesis constituye para algunos razón suficiente para negarle carácter científico (Popper)9.

b) La hipótesis NEVE -No Existe Vida Extraterrestre- (que podríamos formular así: ningún otro lugar del Universo, a excepción de la Tierra, alberga

vida) no es verificable. En efecto, debido al problema de la inducción los

enunciados universales no son verificables, y la hipótesis NEVE, como queda patente arriba, es un caso de enunciación negativa universal. Pero sí resulta, en cambio, falsable (lo que satisfaría la condición de los falsacionistas para considerar su cientificidad), bastando para ello un solo caso en contrario (lo que supondría la confirmación de la hipótesis EVE, a condición de eliminar toda posibilidad de introducir alguna hipótesis ad hoc, como, por ejemplo, la de contaminación planetaria por las propias naves exploradoras).

Así las cosas, parece lógico que sean los defensores de la hipótesis EVE quienes deban correr con la carga de la prueba, para lo cual disponen de dos vías: abogar en defensa de la hipótesis EVE (probando su verdad o inocencia: verificación) o actuando como fiscales contra la hipótesis NEVE (demostrando su falsedad o culpabilidad: falsación). Los defensores de NEVE, en cambio, no actuarían inteligentemente si intentaran probar su tesis: no les interesa hacerlo porque no tienen nada que ganar (el statu quo actual ya juega a su favor, de modo que en ausencia de prueba en contrario será inocente –verdadera- hasta que se demuestre lo contrario) y sí, en cambio, mucho que perder, pues al intentar su verificación (demostrar su inocencia) se arriesgarían a falsarla (probar su culpabilidad), con el agravante, además, de saber que tal demostración (la verificación) no es posible.

Como consecuencia de todo ello, surgen varios escenarios posibles, cada uno de ellos con sus pros y contras, resultando, además, que nos hallamos en la tesitura de tener que tomar partido obligatoriamente por alguno de ellos pues, dada la situación de facto en que nos encontramos (buscando ya científicamente vida extraterrestre), el no elegir es ya una forma de hacerlo:

9 Verificación y falsación son las dos formas que tiene la ciencia de contrastar sus hipótesis. Verificar consiste en comprobar experimentalmente que se dan las consecuencias previstas por –los hechos deducidos de- esa hipótesis, resultando entonces dicha hipótesis verdadera. Sin embargo, la verificación presenta varios problemas: se fundamenta sobre un esquema de inferencia lógicamente incorrecto, conocido como falacia de afirmar el consecuente (si la hipótesis es verdadera pasarán tales cosas; pasan tales cosas, luego la hipótesis es verdadera); no es posible verificar enunciados universales (problema de la inducción) ni probabilísticos. A pesar de todo, la verificación, acompañada de las debidas precauciones, es una forma aceptada y habitual de proceder científicamente. En vista de los problemas que presenta la verificación, el filósofo de la ciencia Karl Popper propuso la falsación como único procedimiento válido de contrastación de las hipótesis científicas: si la hipótesis es verdadera pasarán tales cosas; no pasan tales cosas, luego la hipótesis es falsa. Según Popper, la experimentación sólo es válida para falsar hipótesis, no para verificarlas, porque no es posible tener jamás la completa certeza de la verdad de una hipótesis, pero si de su falsedad. Por tanto, sólo las hipótesis falsables serían científicas. Aunque el esquema argumentativo de la falsación es irreprochable desde el punto de vista lógico y permite, además, contrastar enunciados universales, la falsación también tiene sus limitaciones: no es posible falsar enunciados particulares negativos ni probabilísticos; no toda hipótesis verdadera es falsable, y en ocasiones es posible utilizar hipótesis ad hoc para salvar teorías formuladas con proposiciones universales (una forma práctica de hacerlo, pero no lógica).

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a) Proseguir la búsqueda de vida extraterrestre: si decidimos hacerlo, y la hubiera, nos estaríamos brindando la oportunidad de hallarla, lo que, de suceder, seguramente contribuiría al progreso del conocimiento humano (sobre la vida, el Universo y el lugar que nuestra especie ocupa en él) y tecnológico (con sus correspondientes retornos hacia los ámbitos científico, industrial, económico o social, entre otros). Pero en el caso de no dar con ella (por no acertar a encontrarla, no poder hacerlo, no disponer de fondos suficientes para ejecutar múltiples experimentos destinados a identificar biomarcadores en la futura exploración del Sistema Solar o, simplemente, no existir), siempre quedarían las contribuciones de la exploración astrobiológica al conocimiento de la vida y el Universo, así como al progreso tecnológico.

b) Abandonar la búsqueda de vida extraterrestre: de hacerlo así, y no existir, habríamos tomado la decisión correcta, aunque nunca podríamos saberlo con certeza debido a la no verificabilidad de la hipótesis NEVE, a nos ser que algún nuevo descubrimiento o conocimiento permitiera inferir con certeza la imposibilidad de la existencia de vida extraterrestre de cualquier tipo más allá de nuestro planeta -lo que no parece muy probable ni verosímil- acabando así con la esperanza de encontrarla. Pero si abandonáramos y la hubiera, difícilmente podríamos hallarla contribuyendo de este modo con su descubrimiento al progreso del conocimiento humano. En este último supuesto, cabe también dentro de lo posible su hallazgo fortuito, lo que probablemente nos abocaría a una incomoda situación caracterizada por la perplejidad de afrontar una situación inesperada, la necesidad y urgencia de tener que hacerlo de manera irremediable, y la angustia de advertir la falta de preparación suficiente para ello.

Además de los apuntados, hay otros aspectos que también inciden sobre el carácter de aventura de la astrobiología, aunque en esta ocasión para hacer de ella una actividad aventurada. Puesto que no es posible demostrar la inexistencia de vida extraterrestre (inverificabilidad de la hipótesis NEVE), el hecho de encontrarnos ya embarcados, y al parecer sin remedio, en la exploración estelar obliga a considerar los peligros que entraña una actividad de tal naturaleza. Por esta razón, es imperativo que las misiones exploratorias cumplan el protocolo biológico -o de protección planetaria-, es decir, con todas las medidas de seguridad necesarias para prevenir y evitar posibles riesgos o amenazas tanto para la vida terrestre en general (incluida nuestra especie), como para cualquier posible forma de vida extraterrestre existente. Piénsese, por ejemplo, en una posible contaminación planetaria por microorganismos (posibilidad real desde el mismo momento en que han sido posibles las misiones exploratorias sobre el terreno, y de forma muy especial aquellas que contemplan el retorno con muestras o materiales exógenos para su posterior

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análisis en la Tierra). Igualmente debiéramos estar precavidos para posibles impactos socioculturales de un eventual éxito de SETI.

En definitiva, no es el grado de dificultad técnica o teórica de una investigación lo que la caracteriza como metafísica, sino la presencia de enunciados incontrastables en sus hipótesis lo cual, como se ha visto, no es el caso de la astrobiología.

4. CONCLUSIÓN

La consideración de la astrobiología como exobiología crítica salvaguarda la especificidad de esta disciplina emergente a la vez que transformar la escurridiza y polémica cuestión de la existencia de vida extraterrestre en un problema científico, es decir, en una pregunta que admite solución experimental, al menos en principio. Pero ciencia y exploración se rigen por parámetros diferentes. El carácter de aventura inherente a toda empresa exploradora se halla también presente en la búsqueda de evidencia empírica de un fenómeno, la vida extraterrestre, cuya existencia por ahora es nada más (y nada menos) que una posibilidad racional. Además de aventura, la astrobiología es una disciplina esencialmente polémica por su peculiar enfoque del fenómeno de la vida (sub specie Universorum), por lo que tiene de aventura exploradora aventurada y, finalmente, por las implicaciones de su actividad para los diferentes campos del saber y la cultura humanos, en especial de verse su labor coronada por el éxito.

Todo ello hace de la astrobiología una disciplina de fronteras necesitada de investigadores que sean, a la vez y en uno, científicos audaces y aventureros cabales; personas de mirada pionera capaz de trascender el horizonte de lo inmediato y cotidiano para asomarse al otro lado del límite. Al fin y al cabo, ¿qué habría sido de nuestra especie sin la capacidad de nuestros ancestros para soñar con el otro lado de los límites y el coraje de fisgar tras ellos? ¿Qué quedaría del espíritu humano de renunciar a su afán explorador de fronteras?

Pero ¿se halla la humanidad en condiciones económicas, morales, sociales y políticas de intentar, y soportar, tal aventurada empresa?; ¿justifican la cantidad y calidad de los retornos científicos y tecnológicos generados por las investigaciones astrobiológicas las cuantiosas inversiones que éstas demandan y, de ser así, bajo qué criterios?; ¿acaso constituya la astrobiología, con el consentimiento interesado y tácito de los astrobiólogos, la excusa idónea que, bien orquestada y mejor publicitada, sirva para devolver a la sociedad el interés por la exploración espacial, logrando vencer así sus reticencias hacia las costosas inversiones en este terreno?

Es un hecho que, además de los aspectos teóricos abordados en este trabajo, existen alrededor de la ciencia y la investigación otros intereses

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implicados, legítimos la mayoría de las veces, que también deben ser contemplados a la hora de decidir qué, quién, cómo, cuándo y con qué recursos investigar, o acerca de quién deba tomar tales decisiones y de su idoneidad para hacerlo. La astrobiología, tanto por su condición híbrida de ciencia y exploración como por lo peculiar de su actividad y objeto de estudio, es un campo especialmente propicio para el surgimiento de este tipo de consideraciones críticas de carácter social involucradas necesariamente por la forma actual de hacer ciencia y tecnología.

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