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Fiebre amarilla

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CRÓNICAS

FIEBRE

AMARILLA

Y

Mod$cacio?~es de los reglamentos vigentes.-La Comisión de la Fiebre Amarilla nombrada por el Comité Permanente de la Oficina Internacional de Higiene Pública, creyendo que las nuevas informa- ciones adquiridas sobre el virus y la epidemiología de la fiebre ama- rilla modificarían algunas de las conclusiones formuladas por la Tercera Subcomisión Epidemiológica de la Convención Sanitaria Internacional de 1926, ha presentado para aprobación un nuevo texto

de los principios fundamentales en que debe basarse la profilaxia internacional de la fiebre amarilla. El cambio más importante con- siste en fijar en 3 días en vez de 5 el período desde el principio de la enfermedad, durante el cual el enfermo puede infectar los mosquitos. Además, reitérase que los criaderos del Aedes aegypti quedan siempre en las cercanías inmediatas de las casas, y que los mosquitos alados abandonan muy raramente el sitio donde nacen. La comisión llama también la atención sobre el peligro de propagación de la fiebre amarilla que podría surgir al llevar a cabo investigaciones de labora- torio en países no infectados donde existen estegomias. Las propo- siciones de la comisión han sido aprobadas por el comité. Una vez reexaminadas por los países interesados le1 texto es ahora estudiado por los países representados en la Ofic,ina Sanitaria Panamericana.-

RED.], la comisión se propone estudiar la conveniencia de adaptar ciertos artículos de la Convención Sanitaria Internacional de 1926 a

las nuevas ideas. (Sesih de obre., 1929, del Comité Permanente de la Ojicina Internacional de Higiene Pública.)

Estado actual.-Resumiendo las últimas investigaciones realizadas acerca de la fiebre amarilla, Agramonte l declara que el agente cau- sante de la misma no se ha descubierto todavía; el virus infectante se halla en la sangre, no solamente durante los 3 primeros días de la. enfermedad, sino también en el período de incubación, pocas horas después de la picada del mosquito infectado; puede pasar a través de la piel íntegra del mono, y es posible, por lo tanto, que pueda ser igual respecto al hombre; además del clásico Aedes aegypti, también pueden transmitir la fiebre amarilla otras 5 especies de mosquitos africanos; parece posible la preparación de una vacuna protectora, y el suero de convaleciente (mono) es profiláctico experimentalmente. Los des-

‘Agramonto, A.: Rev. Mod. & Cir. Habana 35: 91 (fbro 28) 1930.

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cubrimientos de la Comisión Americana de 1900-1901 han sido nuevamente comprobados durante esta era de activas y provechosas investigaciones en Africa y en el Brasil. Para Agramonte la erradi- cación de la fiebre amarilla, ya definitiva en los Estados Unidos, en el Istmo de Panamá y en Cuba, puede ser también un hecho en los otros pa.íses de América por la aplicacibn de medidas nunca antes implanta- das, y que SC derivan lógicamente del resultado de los trabajos reali- zados en 1900-1901.

Veracruz.-Yglesias 2 repasa la historia de la campaña contra la fiebre amarilla en Veracruz, en particular desde que Licéaga, presi- dente, por entonces, del Consejo Nacional de Salubridad, reviviera en

1901 la idea que siempre había tenido de desterrar de Veracruz la enfermedad, si bien la campaña no fué iniciada hasta el lo de septiem- bre de 1903. Inspirándose en la campaña realizada en la Habana en

1900-1901, Licéaga fijó estas dos condiciones : aislamiento del enfermo para que no fuera picado por un mosquito, y extinción de los mosquitos. Veracruz había sido siempre, con la Habana y Río de Janeiro, uno de los tres grandes focos de fiebre amarilla en América. En Veracruz el número de casos había llegado a 5,322 de 1893 a 1903, con 2,230 defunciones, variando respectivamente de un máximum de 1,268 y 594 en 1899 a un mínimum de 5 y 3 en 1897. Los resultados beneficiosos de la campaña empezaron a apreciarse desde su iniciación : en efecto en el año 1903 se registraron 1,075 casos con 375 defunciones, I: y en 1904 sólo 73 y 12, respectivamente. Desde entonces siguió la

disminución hasta 1909, en que sólo se anotaron 3 y 3 y se dió por extirpáda la enfermedad. Esta no se ha vuelto a presentar salvo en un pequeño brote en 1920, que fué prontamente aniquilado. La erradicación podía haberse dado por lograda desde 1907, puesto que el último caso se observó en febrero de ese año, sin presentarse ninguno más hasta julio de 1908. El costo en Veracruz fué relativamente pequeño. En la Habana se gastaron en 1901, $2,000,000, es decir, a razón de $10 por habitante. En Río de Janeiro gastaron de 1903 a 1907, $1,500,000, ó sea a razón de $6.66 por habitante. En Veracruz sólo hubo disponible $30,000 anuales en un período de 5 años y 6 meses, o sea a razón de $0.75 por habitante. Licéaga hizo mucho, pero sus trabajos fueron de gabinete y teóricos. De paso, la ciudad de Veracruz le debe al mismo Dr. Licéaga el contar ahora con un buen servicio de drenaje, nivelación y pavimentación, y abasto de agua potable. La realización de la campaña quedó a cargo de los 4 médicos designados: el autor, y el Dr. Narciso del Río, delegados del Consejo Superior de Salubridad;,el médico cantonal de Veracruz, Dr. Anastasio Iturralde, y el Dr. Carlos Manuel García, así como el ingeniero José Ugalde. El presupuesto mensual de menos de 5,000 pesos fué suminis- trado, mitad y mitad, por el Gobierno Nacional y el del Estado.

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OFICINA SANITARIA PANAMERICANA [Mello

Leptospira icteroides.-En relación con los estudios sobre la fiebre amarilla que lleva a cabo el Instituto Rockofeller, Muller y Tilden 3 tuvieron ocasión de examinar, por medio de cultivos y de inoculación en el cobayo, la sangre obtenida de casos diagnosticados como fiebre amarilla en Río de Janeiro. El número de ejemplares cultivados llegó a 66, y 2 de ellos rindieron cultivos del Leptospira icteroides. Los 2 cultivos fueron inyectados intraperitonealmente en los cobayos, en los que apareció una enfermedad ictérica y febril al cabo de 3 días, que produjo la muerte dentro de 7 a 8 días, acompañándose de hemorragias en los músculos abdominales, pulmones, corazón, riñón, intestino, estómago, y retroperitoneo. Los leptospiras fueron cultivados de la sangre de los cobayos constantemente después de la incubación. Un incidente importante y por ahora inexplicable en el caso de uno de los dos enfermos, es que el suero enviado después del Brasil y obtenido a los 85 dfas de iniciarse la enfermedad, no acusó una reacción positiva de Pfeiffer con el leptospira. El cultivo de leptos- pira patógeno de esos dos casos en una enfermedad diagnosticada como fiebre amarilla durante la epidemia de 1928-29 en Río de Janeiro reviste mucha importancia, pues no sólo explica las semejantes y más numerosas observaciones de Noguchi en 4 diversas epidemias de fiebre amarilla, sino que pone de nuevo sobre el tapete la relación del leptospira con la fiebre amarilla sudamericana, ya averiguado que un virus filtrable produce la fiebre amarilla en Africa y el Brasil. Hay dos posibles explicaciones; una, que en el pasado se han con- G fundido clínicamente la enfermedad de Weil y la fiebre amarilla durante las epidemias de la última, y otra que en ciertos casos de fiebre amarilla se presentan leptospiras en la sangre como invasores secundarios. Estos experimentos culturales indican la conveniencia e importancia de determinar, mediante más cultivos y pruebas en animales, la relación de ambas dolencias mencionadas.

Fijación del complemento.-Frobisher 4 declara que la prueba de fijación del complemento parece ofrecer un medio de identificar por lo menos un porcentaje útil de los convalecientes de la fiebre ama,rilla en una comunidad. En lo que pudo determinarse con el pequeño número de sueros disponibles, la reacción parece ser específica. Hay que buscar antígenos más susceptibles, y que determinar la utili- dad de la prueba perfeccionada con numerosos ensayos en campaña En conjunto, el autor realizó 272 pruebas: 97 en hombres y monos normales; 75 en hombres y monos repuestos e inmunes; y 100 en convalecientes de otras enfermedades. Como antígenos, utilizó los extractos salinos del hígado y bazo de los monos que habían tenido fiebre amarilla, y de los normales. En más de 100 pruebas realizadas anteriormente, probó varios antígenos, a saber: orina procedente de

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los monos muertos de fiebre amarilla; extractos acuosos y akohólicos de las vísceras; y suero extraído de los monos al presentarse la primera alza térmica debida a fiebre amarilla; pero los resultados fueron menos fidedignos que con el antígeno salino. Los resultados del autor concuerdan con los de Aragão, en que los sueros amaríllicos obtenidos durante el primer día de fiebre no acusaron reacciones poderosas o frecuentes, y en que el suero de los convalecientes no fijó el complemento. cuando había presentes antígenos sifilíticos. Aun- que los antígenos utilizados procedían de tejidos de monos inoculados con el virus de la fiebre amarilla africana, obtuviéronse reacciones positivas con los sueros humanos procedentes de Sudamérica y los sueros de monos inoculados con virus brasileño.

Investigaciones sobre el mosquito.-En su estudio, Roubaud 5 mani- fiesta que el estegomia de la fiebre amarilla, (Aedes aegypti), aunque claramente termófilo, puesto que los observadores convienen en de- clarar que no puede vivir a menos de las isotermas de 20’ C., no se acomoda permanentemente a una temperatura alta. Una vez deposi- tados los huevos en el agua, los microbios de ésta obran sobre aquéllos de un modo semejante al que las diastasas del tubo digestivo actúan sobre los huevos de los vermes parásitos, o los quistes de los proto- zoos intestinales. Los huevos durables de los aedinos pueden ser concebidos como representando un modo de adaptación a los agentes microbianos exteriores, y que toda la existencia larvaria de la especie depende de los microbios presentes. Hasta ahora, la principal medida puesta en practica contra ese mosquito es la lucha antilarvaria, sobre cuya eficacia no cabe duda; sin embargo, los resultados obtenidos exigen una vigilancia incansable, activa e incesante, que es difícil mantener año tras año. Para Roubaud, los equipos destinados a la destrucción de larvas deben recibir medios de obtener resultados más completos, mediante la busca y la esterilización de los huevos latentes. La destrucción de los huevos adheridos a la cara interna de los reci- pientes o criaderos habituales, puede ser realizada de diversos modos, según las circunstancias. Lo más sencillo sería el raspado cuidadoso de la superficie, o llamear el anterior. En otros casos podría esterili- zarse con hipoclorito de sodio. La javelización no bastaría para impedir el empollaje de los huevos o la destrucción de las larvas, pues precisa una dilución de 1:lOOO de la solución comercial de cloro, o sea 96 Gms. de cloro por litro. Esta esterilización de los criaderos daría a la obra profiláctica mayor eficacia sin aumentar sensible- mente el trabajo y sustituyendo así la busca exclusiva de las larvas, con la visita y la esterilización sistemática de todos los criaderos, atacando sobre todo los gérmenes latentes, evitaría el desánimo y el descuido que son casi de rigor cuando cesan las epidemias.

6 Roubaud: An. Inst. Past. 43: 1093 (sbre.) 1929.

Referências

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