In memoriam
DOCTOR FRED L. SOPER 1893-1977
Director de la Oficina Sanitaria Panamericana, 1947-1959, Director Emérito, 1959-1977
El día 9 de febrero del presente año se cerró otro capitulo de la histo- ria de la salud pública internacional con el fallecimiento del Dr. Fred L. Soper en su estado natal de Kansas, E.U .A. No hay más que recordar su larga y fructífera carrera para reconocer su contribución en beneficio de los pueblos de América Latina y el resto del mundo.
Poco se sabe acerca de su vida de estudiante en el Rush Medical College, donde obtuvo el titulo de médico en 1918, o lo que lo indujo a alejarse de su país e incorporarse a la Fundación Rockefeller en 1920 para ir a combatir la anquilostomiasis en el Brasil. Pero este fue el principio de una serie de actividades a las que dedicó su vida, siempre con un espíritu de conquista e ignorando lo que en muchas ocasiones debe haber sido una derrota.
Ya con su doctorado en salud pública de la Universidad Johns Hopkins, pasó a ser Director Regional de la propia Fundación en 1927, cargo que ocupó hasta 1942. En este período reunió a un grupo, sin carácter oficial, de especialistas en salud pública para realizar investigaciones sobre el control de la fiebre amarilla. En una época poco favorecida por condiciones ambientales propicias en el trópico
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El Dr. Hugh S. Cumming, Director saliente, y el Dr. Sopet, Caracas, Venezuela.
1948 El Dr. Soper con el Dr. Brock Chisholm,
primer Director General de la OMS.
Firma del acuerdo con la OMS mediante el cual la OSP empexb a funcionar como Oficina
Regional jn.zra las Américas.
brasileño, organizó sus limitados recur- sos humanos y materiales alrededor de
un concepto, estricto en disciplina pero verdaderamente eficaz, que llegó a
constituir una leyenda en los anales de la lucha contra las enfermedades. En
un mundo que se reducía a pasos agigantados con el advenimiento de
nuevos medios de transporte y que a la larga favorecía a los insectos vectores, el Dr. Soper y su grupo emprendieron una carrera veloz contra las fuerzas de la
naturaleza que rehusaban dejarse sub- yugar por el hombre. Carecían de las ventajas de la tecnología moderna y sin embargo tenían una inspiración en esa
persona que, con su convicción firme e
inalterable, los conduciría a un nuevo campo de acción, el de la erradicación
de enfermedades. El Gobierno del
Brasil le brindó su apoyo, no solo en su
incansable labor contra la fiebre ama- rilla sino también en la campaña que
había organizado contra la malaria,
que amenazaba extenderse a toda la
zona tropical de las Américas en 1938 como resultado de la introducción del
mosquito Anofiheles gumbiae proce-
dente del Africa.
Posteriormente, pero sin jamás aban- donar su vocación y su dedicación a estas dos enfermedades predilectas, ni en su mente ni de hecho, el Dr. Soper
participo por un tiempo como funciona- rio civil en la Comisión del Tifus de los E.U.A. y se trasladó a Egipto donde
realizó estudios sobre el empleo de
polvos insecticidas para combatir la
mortífera forma de fiebre tífica que había causado estragos durante todas las guerras que precedieron a la segunda
conflagración mundial y en el período
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el Dr. Soper, en 1943, prestó servicios en Argel y después en Italia donde demos- tró, de manera asombrosa, el valor de la nueva tecnología con polvos insecticidas para el despiojamiento, que ayudó a los ejércitos aliados a poner fin a las epidemias de tifus en Europa al final de
la Segunda Guerra Mundial.
En 1947 el Dr. Soper fue elegido Director de la Oficina Sanitaria Pana- mericana y, con el apoyo de los Gobier- nos de los países del Hemisferio, convirtió su programa, bastante redu- cido y poco activo, en uno dinámico y de rápida y acertada expansión. Si bien la Oficina se favoreció al firmar el Dr. Soper el acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, mediante el cual se convirtió en Oficina Regional de esta para las Américas, la OSP contaba ya con 47 años de experiencia y era el orga- nismo de salud pública interguberna-
mental más antiguo del mundo. Por
consiguiente, durante los 12 años bajo
su dirección, la Oficina emprendió
importantes campañas contra las enfer- medades transmisibles e inició otros tantos proyectos en los que aunaron sus esfuerzos grupos que hasta ese momento
habían estado trabajando en aisla-
miento. La enfermera, el médico veteri- nario, el odontólogo, el ingeniero sani- tario, el estadístico y otros se unieron al equipo de salud pública internacional y comenzó la era de intercambio de espe- cialistas y de cooperación técnica que a la larga llevarían los beneficios de sus experiencias a todos los países y logra- rían importantes avances en este campo. Después de haber sido reelegido dos veces al cargo de Director, se le designó Director Emérito en 1959. En ese año y en 1960 el Dr. Soper prestó servicios como consultor en cuestiones de salud al
El Dr. Soper y el Dr. M. G. Candau, Director
General de la OMS.
El Dr. Soper fue reelegido Director de la OSP en 1950 y en 1954.
1959
Presentación del pergamino en el que se cita la resolución de la
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programa de ayuda exterior de los E.U.A., y en los dos años subsi- guientes tuvo a su cargo la dirección del recién organizado Laborato- rio de Investigaciones del Cólera en Dacca, Bangladesh. A partir de
1962 trabajó durante varios años, en calidad de consultor a tiempo parcial, en la Oficina de Salud Internacional del Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos.
En su labor de más de medio siglo, el Dr. Soper fue autor de más de un centenar de trabajos que fueron publicados en revistas de medicina y salud pública de numerosos países. Su libro, Hacia Za conquista de la salud, que apareció en 1972, es una verdadera obra de solidaridad entre los pueblos, y su último esfuerzo, La historia de Za salud pública en América Latina, que será publicado con carácter póstumo, consti- tuirá un testamento de incalculable valor del que ya han sido y tinuarán siendo beneficiarios los habitantes del mundo entero.